Los personajes de Ranma no me pertenecen, escribo esta historia sin ánimo de lucro y por el mero hecho de entretener
Lost in my memories
Capítulo 10
Soy su prometida… Las palabras de la chica frente a ella retumbaron en la cabeza de Akane.
―Perdona, no me has contestado.
La morena salió de su ensoñamiento, negó con la cabeza y miró a la mujer a los ojos ―Yo… soy Akane… ―dijo en un hilo de voz.
―¡Ran-chan! ¿Dónde te escondes? ―La prometida entró a la residencia sin ser invitada, mirando por todos los rincones de la sala de estar.
Akane cerró la puerta, se dio cuenta de que le temblaban las manos, al instante, el dolor de la traición le atravesó el pecho, había sido una idiota… Por supuesto que él tendría a alguien esperándolo y ella era sólo su diversión mientras se encontraba fuera de casa. El dolor comenzó a transformarse en rabia por haber sido una ingenua y confiar en él tan ciegamente como lo había hecho desde el principio.
―Él no está aquí… pero debe de estar al llegar. Yo… mejor me voy… ―Estaba dispuesta a irse con lo puesto, la camisa estilo chino roja de Ranma, aunque luego pensó que mejor no, no quería nada que le recordara a él, pero necesitaba ponerse algún conjunto para poder salir a la calle, no quería saber nada más de Ranma Saotome en lo que le restaba de vida.
―De eso nada, tú no te vas a ir a ningún lado hasta que llegue. ¿Dónde está el baño? Vengo directamente desde el aeropuerto y necesito refrescarme.
Akane señaló la puerta del baño, Ukyo dejó su maleta y entró, justo antes se giró hacia la morena ―No te muevas de ahí, mi prometido tiene que explicarme qué hace una chica en su apartamento y quiero que tú estés delante.
Cerró la puerta del baño y Akane se quedó con la mirada perdida hasta que escuchó unas llaves en la cerradura.
―¡Ya estoy en casa! ―Akane se dio la vuelta hacia él con el ceño fruncido y una rabia que le ardía en la garganta. Él sonrió al verla pero su expresión cambió rápido al ver que Akane no le respondía―. ¿Ocurre algo? ―La chica se acercó rauda y le dio una fuerte bofetada en la mejilla. El impacto psicológico fue tan grande que Ranma se quedó unos segundos con la cara ladeada, sin comprender la reacción de la chica. Dudaba que se hubiera puesto así por haber llegado tarde sin avisarla, algo había sucedido.
―¿Cómo has podido hacerme esto…? ―Al escuchar la voz estrangulada de Akane Ranma reaccionó, cuando la enfrentó vio que tenía los ojos humedecidos.
―¿Hacerte qué? ―preguntó sinceramente e intentando ser lo más cauteloso posible, no tenía la menor idea de lo que estaba hablando la morena.
―¡Estás prometido! ¿¡Te lo has pasado bien jugando conmigo!?, ¿¡ha sido estimulante!?, ¿¡divertido!?, ¿¡cuando regresaras a Japón ibas a dejarme una nota de agradecimiento por los buenos ratos!?
―¿¡De qué demonios me estás hablando!? ―Ranma desvió la mirada hacia la maleta que estaba en el salón, en ese momento la puerta del baño se abrió y la joven salió.
―U-Uchan… ¿Qué estás haciendo aquí? ―La voz de Ranma se tornó ronca y seria.
―¿Que qué estoy haciendo? Me dice tu madre hace dos meses que una tal Akane Saotome le ha contestado al teléfono y que tú no has querido darle ninguna explicación, que cada vez que hablas con ella e intenta sacarte el tema le dices que estás ocupado. He venido a ver qué está haciendo mi prometido con una chica mientras yo me mato a trabajar en el restaurante.
Akane no perdía detalle de la expresión de Ranma, al escuchar la palabra prometido pareció que al azabache se le había aclarado la mente, inmediatamente miró a la morena ―A-Akane… déjame que te explique…
―Así que es cierto… ―murmuró en un hilo de voz.
―¿¡Qué!? ¡NO!
―¿¡Cómo puedes negarme!? ―gritó Ukyo mientras se acercaba a Ranma. Al llegar a su altura apoyó la cabeza en su pecho―. Te he echado de menos…
El coronel palideció, Akane sintió su corazón partirse en mil pedazos y corrió a su habitación, no podía presenciar esa escena tan íntima.
―¡Akane! ¡Akane, déjame que te explique! ―Ranma intentó librarse del abrazo de Ukyo pero ella lo tenía bien retenido. Escuchó un portazo y el cerrojo echarse.
El hombre de la trenza sintió unas ganas inmensas de estrangular a Ukyo en ese momento, la sujetó por los hombros y la apartó ―U-chan, te estás equivocando.
La chica murmuró ―He venido a rescatarte… tu madre estaba muy preocupada, me decía que una chica te había engañado, ¿la has dejado embarazada y por eso has tenido que casarte con ella y te da vergüenza contárselo?
―¿E-embarazada? ¡No! No creo…―Ranma miró al techo fugazmente y luego volvió a centrarse en la castaña después de mover la cabeza de forma negativa rápidamente―. No me he casado con ella… y no tienes que rescatarme de nada… ¿Por qué no me has dicho que venías? Te lo hubiera explicado.
Ahora fue Ukyo la que lo miró molesta ―¿Que por qué no te he dicho que venía? Porque hace más de un puto año que me esquivas y que no me coges el teléfono, es más, seguro que no has abierto ninguna de mis cartas.
―Sabes que me resulta muy difícil verte después de lo que pasó…
―¡No fue tu culpa! ¡Jamás te culpé por eso y lo sabes! Él fue quien decidió quedarse allí… ―Los ojos de Ukyo comenzaron a llenarse de lágrimas que luchaban por no salir. Ranma la abrazó y le besó en la coronilla.
―Perdóname… no pude traerlo de vuelta después de habértelo prometido ―El azabache cerró los ojos y respiró hondo, la chica le rodeó su cintura con los brazos y apretó fuerte.
―Le echo tanto de menos…
―Lo sé… Yo también…
Akane terminó de enjugarse las lágrimas, no tenía que haberse encerrado en el cuarto, tenía que haberse ido directamente, incluso con lo puesto, al menos se llevaría consigo la camisa favorita de Ranma para hacerle rabiar, quizá había tenido la esperanza de que él fuera a buscarla como siempre hacía cuando tenían puntos de vista diferentes y se peleaban, pero esta vez no fue así, no golpeó la puerta de su cuarto intentando que ella le dejase entrar para hablar. Comprendió que sobraba, tres siempre eran multitud. Así que se levantó de la cama y abrió la puerta. La escena que contempló la dejó completamente helada. Sintió un espantoso nudo en el estómago y en la garganta, ver a Ranma abrazando a otra mujer hacía que le hirviera la sangre, pero luego pensó que la otra mujer era ella. Así que sin pensarlo dos veces, caminó deprisa mirando hacia el suelo.
―Akane… ―Ella echó a correr y llegó hasta la puerta de entrada, asió el picaporte pero sintió los brazos de Ranma rodearla, inmovilizándola.
―¡No me toques! ¡Suéltame ahora mismo! ―la chica gritaba y se retorcía entre los fuertes brazos de Ranma, sabiendo de antemano que no le iba a resultar fácil salir de ese amarre a no ser que él la soltara por voluntad propia.
―¡Déjame que te lo explique! ¡No es lo que tú crees! ―El azabache intentaba que le escuchara pero Akane no estaba dispuesta a ello.
―¿¡Qué tienes que explicarme!? ¿¡Me vas a decir que no me has engañado!? ¿¡Que no has jugado conmigo!? ¡No quiero escucharte! ¡Te digo que me sueltes o gritaré tan fuerte que la señora Liu me oirá y vendrá!
―¡Yo no te he engañado! ¡¿Por qué eres tan cabezota?!
Ukyo decidió intervenir, ya había observado lo suficiente para darse cuenta de que Ranma sentía algo muy fuerte por esa chica, lo conocía desde hacía muchos años.
―Akane, ¿verdad? ―La morena dejó de retorcerse y miró a Ukyo, que la observaba con una amplia sonrisa―. Permíteme presentarme de nuevo, me llamo Ukyo Kuonji, soy la hermanastra de Ranma.
Akane abrió los ojos de forma desorbitada ―¿H-hermanastra? P-pero antes tú… me has dicho que eras su…
Ukyo suspiró ―Sé lo que te dije, ¿me dejas que te explique por qué lo he hecho? Ran-chan, ¿por qué no preparas un té?
El azabache se quedó inmóvil, aún sujetando a Akane por miedo a que se le escapara y decidiera salir huyendo a pesar de la nueva noticia, aunque la encontró bastante más relajada aún sentía esa tensión en su cuerpo ―Y-yo… no…
―Akane no se va a ninguna parte, ¿verdad? ―Le dijo mirando a la chica mientras seguía sonriendo. La morena asintió dándole la razón.
El hombre de la trenza poco a poco aflojó el agarre de Akane con todo su dolor, la chica se sacudió cuando se vio libre y caminó hacia la barra de la cocina, seguida de Ukyo. Ranma se pasó al otro lado y comenzó a preparar té sin quitar un ojo de los movimientos de Akane, la castaña se sentó a su lado y la tomó de las manos.
―A ver… Cuando el padre de Ranma murió y él regresó a Japón nos hicimos muy amigos, él terminó sus estudios en mi instituto y ahí fue donde surgió nuestra amistad. Su madre y él venían a menudo a nuestro restaurante y… para no aburrirte, nuestros padres, ambos viudos, comenzaron a salir… Al final decidieron casarse y Ranma y yo nos convertimos en hermanos.
―Pero, ¿qué tiene que ver eso con que me digas que eres su prometida? ―Ranma sirvió el té mirando con ojitos de cachorro arrepentido a Akane pero ella no le devolvió la mirada, aún no le habían aclarado nada.
―Bueno… eso lo usábamos como señal para sacar al otro de un apuro. si estábamos en una fiesta o en cualquier sitio y el otro notaba, o le hacía notar, que lo rescatara de un acosador o acosadora, nos acércabamos y decíamos que éramos prometidos. Él me ha quitado muchos babosos y yo a él muchas arpías. Al decirle a mi madrastra que te llamabas Saotome saltó una alarma en ella y, como aquí el señor ―dijo cabeceando hacia Ranma―, no le aclaró nada, me pidió que viniera a ver qué estaba pasando.
―¿T-tu madre piensa que soy una a-arpía…? ―soltó con voz apesadumbrada.
―No, no, no, no… ―Se apresuró a decir el azabache—, le contaré y así se quedará tranquila.
―¿Me explicas a mí primero por qué vives con una chica que lleva puesta tu camisa roja favorita? Que no dejabas ni que tu madre la lavara, preferías hacerlo tú a mismo. Y… por qué se apellida como tú ―dijo esbozando media sonrisa traviesa. Ranma y Akane se sonrojaron.
Ranma le contó a Ukyo todo lo acontecido con Akane desde el momento del atentado del centro comercial hasta ese instante, saltándose la maravillosa noche que había pasado con ella, aunque sabía que no era necesario contarle eso a Ukyo, lo conocía demasiado bien y él mismo se delató ante la pregunta del supuesto embarazo de la morena, a lo que, extrañamente, no le pareció para nada desagradable.
―¿¡Que has perdido la memoria!? ―Ukyo gritó emocionada y Akane asintió dudosa―. Pero, ¿no recuerdas nada de nada?
―Bueno… Hace poco creo que soñé con mi madre y a veces me vienen flashes de lugares o veo personas borrosas que no consigo distinguir pero, aparte de eso, no recuerdo nada anterior al atentado ―respondió la joven.
Hubo un minuto de silencio, Akane miró a Ranma buscando una explicación de por qué su hermanastra se había quedado mirándola fijamente sin mediar palabra, la respuesta del azabache fue un movimiento de hombros, dándole a entender que él tampoco comprendía qué le ocurría.
Ukyo se puso en pie de un salto y gritó: ―¡Esto es muy emocionante! ―Akane casi se cae del asiento y Ranma por poco aterriza en el suelo de la conmoción. Ukyo se puso las manos en el pecho y comenzó a andar en círculos― ¡Parece una película! ¡La hermosa joven rescatada por el apuesto militar, ella pierde la memoria, él la acoge y poco a poco surge el amor, se casan y crean una familia.
Ranma y Akane se pusieron rojos a partir de la palabra amor, continuando con se casan y crean una familia.
―U-Uchan… te estás emocionando demasiado.
La castaña se aproximó y volvió a coger las manos de Akane ―Gracias por hacer que deje de ser el huraño en el que se había convertido. Estoy volviendo a ver a mi mejor amigo, un atisbo de lo que era antes de…
El rostro de la joven ensombreció y Akane se dio cuenta ―Ukyo, ¿te pasa algo? ―preguntó.
La castaña le dirigió una sonrisa forzada y acto seguido miró a Ranma ―He venido también porque quería mostrarte una carta que me envió Ryu y me dejó muy preocupada, quería que me dieras tu opinión. Es lo que he querido hablar contigo desde que regresaste de Corea, pero tú no querías verme, te mandé copias de la carta pero sé que no abrías mi correo, hasta denegaste mi acceso en…
―U-chan, por favor… ―dijo mirando a Akane fugazmente.
―Ah, ¿aún no se lo has contado…?
Akane ladeó la cabeza sin saber de qué estaban hablando.
―Le conté lo que pasó en Corea pero no le he hablado de él, ni de ti, ni de lo que pasó cuando regresé…
―¿No me has contado qué? Pensé que confiabas en mí… ―dijo apesadumbrada la morena.
Ranma se acercó a ella y se puso delante ―No quería meterte aún más en mis miserias, quería mantenerte al márgen, no… no quería que tuvieras una mala imagen de mí, me odiaras y decidieras marcharte… Ya bastante me expuse con aquel episodio… ―refiriéndose a cuando perdió el control en sueños y ella tuvo que calmarlo.
―¿Por qué iba a tener una mala imagen de ti? Me estás asustando… ¿Quién es ese Ryu que habéis mencionado?
―Ran-chan… déjame a mí. Tu amorcito es un idiota, Akane.
―Gracias U-chan ―respondió el aludido.
―Ryu era mi prometido y el mejor amigo de Ranma ―Akane observó cómo el azabache se puso tenso y se pasó la mano por el rostro―, él también era militar y estuvo en el frente, en Corea. Ranma estaba en otra unidad pero le ordenaron cambiar a la de mi prometido, estaban siendo asediados y todos los días tenían muchas bajas. Antes de reunirse con el escuadrón de Ryu, Ranma tuvo que volver a Japón unos días, nos vimos y yo… le hice prometer que cuidaría de él y lo traería de regreso a mí sano y salvo… ―La morena vio cómo los ojos de Ukyo se llenaban de lágrimas, buscó a Ranma con la mirada y lo vio pasándose las manos por el cabello, nervioso―. Jamás debería haberte pedido algo así, Ran-chan…
―U-chan…
―Supongo que te contó que los rodearon y los masacraron… ―Akane asintió.
―Ryu murió como un héroe ―intervino el azabache―. Intentó rescatar a una familia que se quedó rezagada pero… bueno… ―No quería decirle a Ukyo de su boca que una de las granadas le cayó al lado y le había hecho pedazos, aunque ella ya lo supiera por los informes que le mandaron a la familia de Ryu. Esa última imagen de su amigo, la mirada que cruzaron ambos antes de su fatídico final era lo que perturbaba el sueño de Ranma todas las noches, la impotencia de no haber podido hacer nada por él, el no haber cumplido la promesa que le hizo a Ukyo… Era su pesadilla noche sí y noche también, salvo una excepción, las dos veces que había dormido con Akane, esas dos noches en las que encontró paz y pudo dormir tranquilo. Desde el principio lo sintió, ella era capaz de expulsar los demonios que vivían en su interior.
Akane se puso las manos en la boca ―Dios mío… eso es terrible…
―Ran-chan no se perdonó la muerte de su unidad y la de Ryu, martirizándose por no haber cumplido su promesa, por más que le dijera que no había sido su culpa.
―¡Pero lo fue! ¡Yo estaba al mando! ¡Tenía que saber dónde estaban mis hombres! ¡Tenía que haber previsto ese ataque! ¿¡Por qué tuve que sobrevivirlos!? ¡Ellos eran mejores que yo! ¡Ryu era mejor que yo! ¡Tenía a alguien esperándolo! ¡Un futuro! ―El hombre de la trenza comenzó a temblar, Akane se levantó y corrió a abrazarlo, Ranma la estrechó fuertemente.
―¡No vuelvas a decir eso! ¡No fue culpa tuya Ranma! Tienes que perdonarte… ―dijo Akane con lágrimas en los ojos. Sintió muchísimo lo sucedido al prometido de Ukyo y amigo de Ranma pero dio las gracias porque el azabache saliera vivo de esa catástrofe.
―Lo que me daba vergüenza contarte es que después de eso y, tras varios intentos de incorporarme al servicio de nuevo, me dieron la baja temporal y me internaron unos meses en un hospital psiquiátrico…
Akane le tomó el rostro con las manos e hizo que la mirara ―Fuiste muy valiente, sabías que no estabas bien y luchaste para superarlo. Eres un superviviente y te respeto por ello. Jamás me avergonzaría de ti por algo así… Ella te ha dicho que no fue tu culpa, ¿cuándo vas a aceptarlo tú también?, ¿cuándo vas a perdonarte?
Ranma la observó con orgullo, cómo podía haber tanta sabiduría en una chica tan joven que no recordaba ni quién era ―Eres lo mejor que me ha pasado en la vida… ―Acto seguido la besó muy dulcemente.
―Ejem… No se come delante de los hambrientos… ―dijo Ukyo ya más recuperada, limpiándose con una triste sonrisa las últimas lágrimas.
Ranma y Akane se separaron avergonzados, ni siquiera repararon en la presencia de la castaña.
―Lo siento… esto… Es bastante tarde, ¿queréis que os invite a comer fuera? ―Ranma observó la hora en el reloj―. Cuando regresemos prometo que nos sentaremos y leeré la carta de Ryu…
Ukyo suspiró y sonrió ―Pues la verdad es que te lo agradecería, me muero de hambre. Y gracias por lo de la carta.
Ranma entrelazó las manos de Akane y ella lo miró con un precioso sonrojo en sus mejillas ―La necesito a mi lado cuando lo hagamos, ¿te parece bien?
La castaña asintió ―Bueno… iba a buscar un hotel donde hospedarme pero veo que tienes una habitación libre.
―Es el cuarto de Akane… ―titubeó.
Ukyo lo miró con los ojos entrecerrados y una sonrisa maliciosa ―Pero ahora duerme contigo… ¿no?
―B-bueno… S-s-sí… p-p-pero…
Akane se tapó la cara con las manos, roja por el bochorno.
―Ay, Ran-chan, pareces un adolescente… Creo que jamás te había visto así de idiota por alguien.
―¡U-chan! ―Le recriminó.
―Ven, Akane ―Ukyo le ofreció la mano―. Vamos a escogerte ropa para salir a comer y así te voy poniendo al día de qué hacer para controlar a Ranma.
―¡U-chan!
Akane le dio la mano y ambas se perdieron en el cuarto de la morena, Ranma no pudo más que sonreír, realmente había echado de menos a su hermanastra y amiga pero un nudo se le formó en el estómago al recordar la dura prueba que le aguardaba cuando regresaran del almuerzo, leer algo escrito por Ryu, lo último que le dijo a Ukyo antes de morir… No sabría si sería capaz de soportarlo, y si lo hacía sería por una razón, porque Akane estaría a su lado, lo que le hizo sonreír de nuevo. Se lo volvía admitir, estaba enamorado de esa chica hasta las trancas, no sabía si ella le correspondía de la misma manera pero lucharía porque así fuera.
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Regresaron dos horas después de pasar una bonita velada, recordando viejos tiempos, contando anécdotas de su adolescencia y juventud. Akane se rio de lo lindo con las historias que Ukyo le contaba sobre Ranma, algo que a él no le hizo mucha gracia ya que lo dejaba en evidencia en más de una.
Pero en cuanto cruzaron la puerta del apartamento el aire se tornó enrarecido y pesado, la sonrisa de Ranma se borró y Ukyo parecía taciturna, Akane apretó la mano del azabache, que la llevaban entrelazadas para decirle sin palabras que ella estaba allí, apoyándolo, él la miró agradecido, subió las manos y besó los nudillos de la joven.
Ukyo entró en el cuarto de Akane, provisionalmente el suyo por un par de días y salió con la carta en la mano. Sin mediar palabra se la entregó a Ranma, él pareció dudar al cogerla pero luego respiró hondo y lo hizo.
Ranma y Akane se sentaron en el sofá y Ukyo en un sillón al lado de Ranma. El azabache volvió a tomar aire y abrió el sobre con manos temblorosas, la morena le puso la mano en la pierna para volver a decirle que estaba a su lado. En cuanto vio la letra de su mejor amigo un nudo se formó en su garganta, se restregó los ojos con los dedos y volvió a fijar la vista.
―Puedes leer en voz alta si quieres… ―le dijo la castaña.
―No creo que pueda…
―De acuerdo, voy a preparar un té, ¿os hago uno? ―preguntó Ukyo. Ambos negaron con la cabeza, la joven se levantó y los dejó solos.
Ranma, sacando fuerzas de la nada sujetó la carta con las dos manos y comenzó a leer en voz alta finalmente:
Mi preciosa petisue: El tiempo transcurre demasiado despacio cuando tú no estás a mi lado…
Ranma dejó de leer y carraspeó ―U-chan…
La castaña se acercó sonrojada ―Sí, lo siento, el principio de la carta es bastante íntimo… Lee a partir de aquí. ―Señaló a mitad de la página.
Gracias a dios que enviaron a Ranma a dirigir esta unidad, el anterior coronel era un inútil total, creo que ascendió en un sorteo porque no es normal ser tan inepto, por su culpa han muerto muchos compatriotas, yo hasta llegué a pensar que jamás regresaría a Japón pero ahora vuelvo a tener fuerzas y esperanzas renovadas, el día en el que pueda volver a besarte está cada vez más cerca.
Ranma dejó la carta en el sofá, se echó hacia atrás y se puso las manos en la cara.
―Ranma… ―preguntó Akane preocupada. El azabache la miró, con los ojos brillantes, como si estuviera reteniendo unas lágrimas que no permitía que salieran.
―Estoy bien… ―dijo con la voz estrangulada. Tras unos instantes de intentar calmarse volvió a coger la carta y continuó leyendo.
Aunque hay algo que me tiene intranquilo, ¿recuerdas lo que te conté cuando estuve con el ejército chino? Acusé al mayor y tuve que declarar contra él por varios actos poco honorables. Ni siquiera en guerra se permiten esas atrocidades y menos aún con los civiles, aunque pertenezcan al otro bando. Me he enterado de que ha sido expulsado del ejército, debería estar contento pero es que hay algo que no me cuadra… Estos ataques que hemos tenido de forma constante, da igual la posición que tuviéramos, acababan descubriéndonos. Quizá tanto tiempo en el frente me ha vuelto paranoico pero creo que hay traidores entre nosotros, es más, casi estaba convencido de que el mayor podría ser uno de ellos. Aunque desde que Ranma está aquí todo ha dado un giro, así que igual estoy confundido y sólo es la mala defensa de un inepto que no debería estar al mando. No le he dicho nada a Ranma porque seguro que son tonterías mías y no quiero echarle más mierda de la que tiene encima.
Bueno cariño, espero que te llegue esta carta, esta tarde van a intentar enviarlas, todos los compañeros han escrito una. Por cierto, Ranma te manda saludos y dice que cuando regresemos tienes que prepararnos todos los okonomiyakis que queramos, yo más bien creo que deberíamos buscarle una buena chica pero ya sabes lo exigente que es.
Espero verte pronto, futura señora Kumon :)
Siempre tuyo, Ryu.
Ranma se puso en pie como un resorte y comenzó a dar vueltas como si de un tigre enjaulado se tratase.
—Lo sabía, lo sabía… no era normal la forma en la que nos rodearon… —Ranma murmuraba para sí mientras continuaba dando vueltas—. Yo había asegurado todos los flancos, ellos conocían perfectamente nuestra posición y dónde estábamos cada uno de nosotros.
—Ranma… —Akane se levantó y caminó a su lado, él la miró unos instantes. La morena sintió un gran desazón al ver la expresión en los ojos del azabache. Eran una mezcla de rabia e impotencia.
—¿Opinas lo mismo que Ryu? —intervino Ukyo.
—Te prometo que esto no quedará así, lo investigaré a fondo y daré con los culpables. ¡Pero maldita sea por qué no me dijo nada! Necesito que me dé el aire…
El hombre de la trenza cogió su abrigo y salió dando un portazo, Akane se quedó mirando la puerta, abrazándose a sí misma. Sintió una mano sobre su hombro.
—Debería ir tras él —dijo la morena dando un paso al frente pero Ukyo la detuvo.
—Dale su espacio, tiene que gestionar esto sólo pero te va a necesitar mucho cuando regrese. Ven, tómate un té conmigo. —La chica asintió y ambas caminaron hasta el sofá, antes de llegar Ukyo cayó de rodillas al suelo y comenzó a llorar desesperadamente.
―¡Ukyo, ¿estás bien?!
―Lo siento mucho Akane… No era mi intención hacer pasar de nuevo por esto a Ranma pero no puedo vivir sospechando que la muerte de Ryu, la de su unidad, fue urdida por nuestros propios aliados.
―Seguro que Ranma querría tener esa información, creo que será una forma de poder pasar página.
Ukyo la miró con los ojos anegados en lágrimas ―Os deseo de corazón que vosotros podáis vivir vuestro amor, Ran-chan es un buen hombre.
La morena se sonrojó, ella tenía muy claros sus sentimientos, en algún momento desde que entró a su vida se había enamorado de él, lo que no sabía era si era realmente correspondida. Dio un último vistazo a la puerta, anhelando correr detrás de él para abrazarle y decirle que todo saldría bien, pero sabía que no sería suficiente. Lo que Ranma había vivido había sido horrible y más aún si había habido traición de por medio.
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El hombre de la trenza regresó pasada la una de la madrugada, había estado parte de la tarde deambulando por la ciudad y el resto de las horas se había llegado al cuartel para intentar buscar información del superior que mencionaba Ryu en su carta. Ahora ciertas situaciones vividas en Corea desde que llegó a la unidad de Ryu cobraban sentido, principalmente lo acontecido aquella fatídica noche.
Cuando entró todo estaba a oscuras, resultaba obvio debido a las altas horas que eran, abrió la puerta de su dormitorio con mucho sigilo. Distinguió un pequeño bulto en un lado de la cama, sonrió de medio lado, era la única que podía hacerle ver un pequeño rayo de esperanza en toda esa espiral de autodestrucción. Se quitó la ropa y la dejó colgada en una silla, se acercó sin hacer ruido, levantó el edredón y se acostó. Necesitaba su contacto, que hiciera desaparecer como siempre sus demonios pero no sería justo despertarla para que le hiciera sentir mejor cuando él se había largado por la tarde sin decir nada. Así que con todo el dolor de su corazón se giró dándole la espalda y cerró los ojos.
Al instante sintió el calor de un cuerpo pegado al suyo y unas pequeñas manos rodeándole la cintura.
—Me tenías muy preocupada… —dijo con la frente pegada a la espalda de Ranma.
Él se dio la vuelta para poder estar de frente a ella —No quería que me vieras en ese estado, necesitaba despejar mi mente —dijo mientras le apartaba un mechón de la cara.
—Yo te dije que me quedaría contigo… que te ayudaría… siento muchísimo todo lo que tuviste que pasar.
Ranma la acercó hacia él y la abrazó con fuerza —Lo llevo mejor porque estás conmigo. No sé cómo lo haces pero cuando te tengo cerca logras que me tranquilice.
La chica sonrió y se abrazó a él aún más ―No parece que te haya ayudado mucho antes ―Ranma le levantó el mentón y la besó.
—Créeme que si no hubieras estado ahí mi apartamento estaría en ruinas ahora mismo —dijo el azabache entre beso y beso.
—Eres un exagerado —contestó Akane mientras acariciaba su espalda.
Poco a poco los besos de Ranma se volvieron más demandantes y fogosos, no quería hablar, la necesitaba a ella. Akane le respondió y en menos de un segundo el azabache ya tenía una de sus manos acariciando el vientre de la joven de forma ascendente hasta llegar a su pecho. Cuando Ranma lo estrujó Akane dio un respingo y se separó con la respiración entrecortada.
—Espera…
—Perdona, ¿te he hecho daño? —preguntó Ranma intentando también controlar su agitada respiración. Esa chica lograba ponerlo de cero a cien en milésimas de segundo.
—No es eso… es que… me da mucha vergüenza hacerlo con tu hermanastra durmiendo en el cuarto de enfrente. ¿Y si nos oye?
Ranma sonrió ladino y le besó el cuello rozando sensualmente con la punta de su lengua —Podemos hacerlo en silencio…
—Ranma… de verdad que no puedo…
El hombre de la trenza cesó inmediatamente lo que estaba haciendo —Está bien, ya te dije que pararía en el momento en el que me lo pidieras —. La atrajo hacia él y le besó la coronilla.
—¿E-estás enfadado? —musitó la joven.
Ranma hizo que lo mirara —¿Enfadado? Jamás podría enfadarme contigo, no seas boba.
La chica suspiró y se acurrucó en su torso —No me digas boba —añadió con un mohín divertido.
—Pues no digas bobadas —se rio, escuchó a la chica quejarse—. Anda duerme, es tarde.
—¿Mañana tienes que ir a trabajar?
―Sí, pero saldré temprano, te lo prometo. Ukyo y tú podéis hacer turismo mientras yo estoy en el cuartel.
―Eso suena bien, le pediré que me cuente más historias tuyas.
Ranma enarcó una ceja ―No sé si eso me hace demasiada gracia.
La chica rio divertida ―Buenas noches.
―Que descanses ―El azabache le dio un beso en la frente y la abrazó, si volvía a besarla en los labios no se fiaba de poder parar.
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Akane miró el reloj de reojo, aún eran las 3:30 de la madrugada. Había intentado dormir pero se encontraba demasiado nerviosa, Ranma seguía abrazándola pero parecía profundamente dormido, aunque le costaba vislumbrar su rostro en la oscuridad de la noche.
La chica comenzó a acariciar el brazo de Ranma, el que tenía el tatuaje del dragón, el cual encontraba tremendamente sexy. Se mordió un labio y continuó con sus caricias suaves, recorriendo su nariz, su mentón y su boca. Bajó despacio tocando sus pectorales con las yemas de los dedos. Suspiró de excitación, recordó la noche anterior y sintió la humedad aflorar en su bajo vientre.
—¿Qué es lo que quieres? —dijo una voz ronca y sensual.
Akane se quedó quieta al saberse descubierta en su travesura —Y-y-yo… n-nada…
—¿Estás segura? Yo no lo diría por la forma en la que me acariciabas. Sé que es difícil dormir a mi lado y no querer arrancarme la ropa interior.
Si hubiera habido luz en el dormitorio Ranma podría haber visto hasta qué tono de rojo era capaz de alcanzar Akane —No te lo tengas tan creído —su orgullo salió en su defensa.
El azabache colocó a la chica de espaldas al colchón y se colocó encima, enredó sus manos con las de ella y las alzó por encima de su cabeza.
—Di que me deseas… como yo te deseo a ti…
Akane gimió al sentir a Ranma totalmente duro sobre su intimidad, él movía las caderas en una tortuosa lentitud mientras le daba besos húmedos en el cuello.
—Ranma… —jadeó la morena tras otro movimiento de cadera del azabache.
—Me vuelve loco cuando me nombras… Pídemelo… dime que quieres que te haga mía ahora mismo…
—Y-yo… sí… t-te deseo… ―Akane separó los labios y emitió un leve gemido mirando de forma intensa e incitando a Ranma.
El azabache se inclinó hacia delante y apretó su boca contra la suya mientras le desabrochaba su camisa roja que le quedaba tan condenadamente bien. Se había convertido en la prenda favorita de Ranma pero para Akane. Deslizó la camisa suavemente por los hombros hasta dejar los pechos de la chica al descubierto, la luz de la luna entraba tímida tras las ventanas pero era lo suficientemente brillante para poder admirar las curvas de la joven.
―Eres preciosa…
Una tímida sonrisa apareció de los labios de la morena, ella comenzó a acariciar su barbilla y se acercó hasta que sus lenguas hicieron contacto, lo que hizo enloquecer a Ranma. Recorrió su cuerpo con sus amplias y varoniles manos por encima del pecho, la cintura, la cadera, rodeando hasta que llegó a los glúteos de Akane y los apretó, haciendo que la chica emitiera un sonido de sorpresa.
El azabache la giró y la puso de espaldas, le quitó la ropa interior y él hizo lo propio con la suya, acarició su espalda haciendo que a la chica se le erizara la piel, se pasó la lengua por los labios al ver el trasero de Akane, era jodidamente perfecto. Se inclinó hacia ella y la obsequió con ardientes besos en el cuello y en el hombro mientras su mano continuó descendiendo hasta la intimidad de la chica. Ella emitió un gemido al sentir los dedos de Ranma trazar círculos alrededor de su clítoris. La morena apoyó la cabeza en la almohada y él tuvo una mejor visión de toda ella. Estaba caliente y húmeda y eso hacía que su erección palpitara de excitación. Anhelaba fundirse con ella lo antes posible pero también deseaba verla disfrutar. Sintió cómo la chica se movía anhelando un mayor contacto, Ranma comenzó a darle vueltas a su pulgar dentro de ella lo que ocasionó un grito ahogado de parte de Akane. Aceleró el ritmo y observó cómo se aferraba con más fuerza a las sábanas. Los gemidos de la chica eran cada vez más fuertes y seguidos anunciando que estaba muy cerca de terminar pero Ranma quería que ella se corriera estando dentro de ella, así que la alzó sobre su regazo haciendo que quedara sentada a horcajadas de cara a la pared y la colocó en su erección. Akane clavó sus uñas en los muslos de Ranma y echó la cabeza hacia atrás, recostándola en el hombro del azabache. Él aprovechó para mordisquear el lóbulo de su oreja. Ella comenzó a subir y a bajar con movimientos intermitentes.
―Joder, Akane… ―dijo apretando los dientes mientras subió sus manos hasta sus pechos y empezó a pellizcar sus delicados pezones.
―¡Ah! ―gritó ella de forma salvaje y sexy.
―¿Estás bien?
―SÍ, SÍ, OH DIOS, SÍ
Ranma le tapó la boca, si seguía gimiendo así de alto no podría aguantar por mucho tiempo, el verla tan excitada lo estaba llevando al punto de la locura. Poco a poco el hombre de la trenza la levantó y le dio la vuelta, la penetró con fuerza y ella gritó de placer en respuesta. Se echó hacia atrás hasta que su cabeza y sus hombros descansaron sobre el colchón.
Ranma la observó deleitándose con lo impresionante de la imagen; el cabello corto de Akane revuelto sobre las sábanas, los ojos cerrados, la boca abierta y el trasero levantado, guardaría esa imagen en su mente bajo llave. En un impulso le agarró las caderas y volvió a entrar y salir.
―SÍ, SÍ… MÁS FUERTE… ―suplicó la morena.
Ranma pensó que se correría en ese instante al escuchar las súplicas de la chica pero quería darle todo lo que ella pidiera, así que siguió moviéndose con más dureza. Akane gritó y él cesó pensando que le había hecho daño.
―¡No! ¡Por favor, no te pares!
Esas palabras hicieron desatar los instintos animales de Ranma, la tomó una y otra vez embistiendo aún más duro, con el sudor resbalándole por la frente y el cuerpo, intentando retrasar el momento de liberarse hasta que, en una de las embestidas, la escuchó gritar al alcanzar el clímax. El azabache dio un último empujón y se unió al orgasmo de la joven dejándose caer sobre el cuerpo de ella.
Ambos estuvieron unos instantes en silencio, sin aliento, intentando calmarse después de disfrutar de una sesión de sexo salvaje.
Ranma consiguió moverse a un lado de la cama y se quedó bocarriba, con las manos laxas al lado de su cuerpo.
―Eres increíble… ―susurró.
La chica se sonrojó y no supo qué contestar, como respuesta se abrazó a él, Ranma los cubrió a ambos con el edredón, aunque la primavera asomaba aún hacía un tiempo húmedo y frío afuera.
―Tengo algo que contarte ―dijo de pronto el hombre de la trenza.
Akane se giró y se puso de lado, apoyando el codo en la cama ―Dime.
Ranma adoptó la misma posición que ella ―Creo que tengo una muy buena pista para averiguar quién eres.
Los ojos de Akane se abrieron de par en par ―¿En serio? Cuéntame más, por favor.
―Me he topado con unos informes de hace unos 13 años, era la noticia del asesinato del embajador de Japón aquí en Shanghai y la desaparición de su esposa y su hija de 5 años. No encontré el nombre de la niña pero había una foto adjunta ―Akane lo escuchaba muy atenta, sin parpadear apenas―. La niña se parecía a ti muchísimo, está en blanco y negro pero te juro que vi tus ojos y tu sonrisa en ella ―sin saber porqué Akane se ruborizó al escuchar las palabras de Ranma―. Según decía el informe esa niña tenía 5 años cuando desapareció y luego recordé el sueño que me contaste y todo tomó forma.
―¿Cómo se llamaban? El embajador y su esposa ―preguntó con el corazón latiéndole a mil por hora.
―Soun y Naoko Tendo.
―Entonces… ¿dices que es posible que yo sea Akane Tendo?
―Es una posibilidad, pero no quiero que te hagas demasiadas ilusiones, intentaré contactar con la familia del señor Tendo a ver si pueden darme más información, no sé si podamos hacerte algún tipo de prueba para confirmar que eres esa niña. Tengo que investigar un poco más y bueno… Ahora también el caso de Ryu va a ocupar gran parte de mi tiempo, ¿podrás tener paciencia? Esto que me ha dicho Ukyo es bastante serio e importante.
La chica asintió sin dudarlo un instante ―Haz lo que creas conveniente. Yo seguiré esforzándome por recordar.
Ranma le dio un beso en la frente y ambos se recostaron de nuevo en la cama dispuestos a dormir después de otro día intenso.
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El olor de algo muy familiar inundó las fosas nasales de Ranma, la reacción fue casi inmediata, se incorporó sentándose en la cama y continuó oliendo al aire.
—¿Qué ocurre? —preguntó Akane con voz somnolienta restregándose los ojos.
—¿No hueles eso? —respondió el azabache mientras se ponía la ropa interior y buscaba la parte de abajo del pijama que le regaló su madre.
Akane olfateó el aire colocándose la camisa roja de Ranma —Mmm, ¿viene de la cocina?
—No puede ser otra cosa —Ranma la miró con una enorme sonrisa antes de abrir la puerta del dormitorio y salir, la chica lo siguió.
—¡Buenos días chicos!
—U-chan, no me digas que estás cocinando lo que creo que estás cocinando —dijo ansioso.
La castaña asintió feliz —Estoy preparando okonomiyakis, ayer Akane me llevó al supermercado para comprar lo que me hacía falta.
Ranma se sentó al otro lado de la barra de la cocina y Akane a su lado —No me lo puedo creer, hace tanto que no pruebo uno…
—¿Qué es un okonomiyaki? Huele de maravilla —intervino la morena.
—¿Nunca has probado uno? —preguntó Ukyo sorprendida.
—Bueno… si lo he hecho no lo recuerdo —respondió con una tímida sonrisa.
—¡Ay, lo siento Akane! ¡Ha sido muy torpe de mi parte! Pues es una comida típica japonesa, preparas una masa y le añades los ingredientes que quieras, se cocina a la plancha, puedes hacerla de verduras, carne, pescado… admite todo tipo de alimentos.
—Parece fácil —dijo la morena, Ranma la observó de reojo, Akane podía tener muchas cualidades pero había demostrado con creces que la cocina no era una de ellas.
—Mucha gente hace okonomiyakis pero nadie puede igualar a los de la familia Kuonji —habló Ranma sin despegar los ojos de la plancha, le faltaba poco para empezar a salivar.
—Además son ideales para recuperar fuerzas… ¿Verdad Ran-chan?
—¿Qué? Sí, sí… —contestó sin prestar atención ya que seguía con la vista fija en la tortilla.
Ukyo sirvió los okonomiyakis y los tres se dispusieron a desayunar.
—U-chan están espectaculares —dijo Ranma con la boca llena.
Akane observó la alegría con la que el azabache devoraba el okonomiyaki y deseó saber cocinar así de bien para verlo disfrutar comiendo lo que ella le preparase.
—Está buenísimo, Ukyo —le dijo la morena mientras se metía otro trozo en la boca.
—Te puedo enseñar cómo se prepara y así podrás cocinarlos para este glotón —señaló a Ranma.
—¡Eh, yo no soy ningún glotón! Mi cuerpo solo toma alimentos sanos, tengo que cuidar estos músculos —ambas chicas pusieron los ojos en blanco.
—La verdad es que no soy muy buena cocinera… —respondió apenada Akane.
—Todo el mundo puede aprender, a mí de pequeña también se me daba fatal, es cuestión de práctica.
Akane se sintió un poco más reconfortada y animada para aprender a cocinar.
—Por cierto Ran-chan, ¿qué fue eso tan convincente que le contaste anoche a Akane para que ella te diera la razón tan efusivamente? —dijo comiendo un trozo de tortilla como si nada.
Akane se quedó con la boca abierta a medio camino de seguir comiendo y Ranma comenzó a toser porque se le quedó atragantado un pedazo en la garganta.
—¿Q-qué… ? —preguntó el azabache después de escupir el trozo de comida que tenía atorado.
—Y no sabía que eras creyente Akane —Ahora miró a la morena con ojos maliciosos.
—Oh, Dios mío… —Akane soltó el cubierto y se puso las manos en la boca.
—Sí, justo eso —rio Ukyo.
—¡Te lo dije! —Akane comenzó a golpear a Ranma en el brazo con los puños cerrados— ¡Me estoy muriendo de vergüenza y todo es por tu culpa!
—¿Por mi culpa? ¡Fuiste tú la que me despertó de madrugada buscándome! ¿¡Qué culpa tengo de ser tan irresistible y tan sumamente bueno!?
—¡Ahh, cállate! ¿¡Cómo puedes decir algo así delante de tu hermana!? ¡¿No te da vergüenza?!
—¡No te hagas la inocente delante de ella! ¡Me incitaste con tus armas de seducción! ¡Yo solo fui una víctima de tus encantos! —Ranma se levantó y comenzó a reír a carcajadas. Akane lo seguía intentando pegarle cada vez más roja por la vergüenza que le estaba haciendo pasar.
—¡Mentiroso! ¿¡Qué va a pensar Ukyo de mí!? ¡Eres un idiota!
—Eso deberías haberlo pensado anoche antes de aprovecharte de mí —No podía parar de reír, cuánto más enfadada estaba Akane más quería molestarla. Seguro que luego se lo haría pagar con creces pero estaba aprendiendo cómo hacer que le perdonase rápidamente.
—¡Te vas a enterar!
Ukyo observaba la escena con una sonrisa melancólica en los labios. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que había visto a Ranma reír de aquella manera. Se alegró de saber que a su madrastra solo le llevaría una buenísima noticia y le dio las gracias al cielo de que Akane hubiera aparecido en la vida de Ranma. Gracias a ella había podido ver a su mejor amigo de nuevo, como era antes de la guerra.
—¿Queréis dejar de hacer el payaso? Y sentaros a comer que se va a enfriar.
Ranma y Akane agacharon la cabeza y obedecieron de inmediato, el desayuno continuó entre anécdotas.
—Os veo luego —Ranma se despidió rápido de las chicas y se fue al cuartel.
Tras cerrar la puerta Ukyo preguntó: —¿Quieres que te enseñe a preparar el okonomiyaki favorito de Ran-chan.
—¡Sí! —respondió entusiasmada Akane.
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Ranma se pasó la mañana irritado, cuando llegó al cuartel otros asuntos requirieron de su atención y no pudo investigar nada de lo referente a la carta de Ryu. Afortunadamente gran parte de su equipo salió de maniobras y el lugar estaba bastante tranquilo. Miraba constantemente la hora lo que no favorecía que el día pasara rápido. A parte de no avanzar en lo que él pretendía tenía la mente en Akane y Ukyo, debería de haber pasado el día con ellas, ya que su hermanastra le anunció antes de irse que regresaría a Japón esa misma tarde, no podía tener desatendido el restaurante por mucho tiempo. Cerca del mediodía comenzó a recoger todo, metió los informes que estaba examinando en los cajones de su escritorio y salió.
—¿Ya se marcha? —Suyin, una de las secretarias se puso de pie junto con el personal que allí había cuando Ranma salió de su despacho.
—Sí, dígale al capitán Hibiki cuando regrese al cuartel que mañana necesito que se pase por mi despacho a primera hora.
—Pero el capitán estará por la mañana en la reunión que usted le ordenó que fuera, van a exponer la situación en Corea. Es la que usted tendrá dos días después con los altos mandos.
—De acuerdo, pues cuando regrese de esa reunión. Tengo prisa —Se colocó el abrigo y la gorra y salió disparado rumbo a su casa.
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Ranma y Akane llevaron a Ukyo al aeropuerto, la castaña abrazó a Akane antes de irse —Por favor cuida de él —le susurró. Akane miró de reojo a Ranma con un ligero rubor en las mejillas y asintió. Después se dirigió a su hermanastro y amigo—. Te he dejado una copia de la carta en el recibidor.
—Te iré informando en la medida en la que vaya averiguando cosas.
Ukyo asintió satisfecha, se acercó al azabache y le abrazó —Ran-chan no la fastidies con Akane, ¿de acuerdo? —murmuró.
—Creo que he oído que anunciaban tu vuelo —dijo cambiando de tema a propósito, le encantaba sacarla de sus casillas y aparte ella debía de saber que a él no le gustaba tratar esos temas tan íntimos.
—No tienes remedio… —respondió la castaña rodando los ojos—. En fin pues ya me marcho, ha sido un placer conocerte Akane y disculpa una vez más por lo que pasó a mi llegada.
Akane movió las manos nerviosa —No le des más vueltas, todo está arreglado. Es más, soy yo la que debería pedir disculpas también por mi comportamiento.
—En fin… No me gustan las despedidas así que me voy ya, os quiero en Japón pronto —lanzó un beso al aire, sujetó su maleta y se fue.
Ranma y Akane miraron atentos cómo se perdía entre el bullicio de la gente.
—No te preocupes, U-chan, si realmente hubo algo turbio en la muerte de Ryu te prometo que lo averiguaré y castigaré a los causantes —pensó el azabache apretando la mandíbula. Akane se dio cuenta de lo tenso que se encontraba Ranma y le sujetó de la mano, haciendo que esa tensión desapareciera prácticamente al instante.
—¿Nos vamos a casa? —preguntó la morena. La intensa mirada azul de Ranma la puso nerviosa.
—¿Te apetece cenar ramen? Necesito una ayudante para hacerlo y tú pareces la indicada.
Akane sonrió —Me apetece mucho.
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Al día siguiente la morena salió al supermercado, estaba ansiosa por probar la receta de okonomiyakis que le enseñó Ukyo, tras unas cuentas pruebas un poco desastrosas por fin hizo una que le salió bastante buena. Sería toda una sorpresa para Ranma y ella no podía esperar el momento de verlo disfrutar comiendo algo preparado por ella.
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—Estas reuniones son una pérdida de tiempo —dijo Ryoga a Kirin regresando al cuartel—. ¿Pretenden que más chinos mueran por los intereses de los japoneses? Ni siquiera deberíamos haber entrado en conflicto con los coreanos.
—China ya libra sus batallas para tener que cargar con las de Japón —secundó Kirin reforzando las quejas de su capitán.
—Y ahora a ver qué quiere Saotome, te juro que estoy harto de verle la cara a diario, siempre observando a todos por encima del hombro, como si fuéramos sus siervos.
—Ya lleva, cuántos, 3 o 4 meses aquí, ¿no?
—¿Sólo? Se me ha figurado como un año… Espera, para aquí, me apetece comprar algo frío.
Kirin paró delante de un supermercado y Ryoga se bajó del auto. Todos los ojos de los alrededores seguían con la mirada al militar que había entrado en el local. Abrió la nevera para sacar un refresco cuando la vio, ¿en serio era ella o se trataba de una visión? Pero no era ninguna visión, allí mismo, en la sección de congelados leyendo algo con mucha atención se encontraba la chica que le había robado el sueño desde que se cruzó en su camino, la causante de su frustración. No podía creer que hubiera tenido tanta suerte, sabía que Taro estaba desesperado buscándola por todos lados y él sin pretenderlo la había encontrado.
Se acercó con cautela, después de lo ocurrido la última vez lo más seguro es que ella saliera despavorida, pero él la retendría y la obligaría a acompañarlo, sólo pretendía hablar, sabía que la convencería para ello y si no lo escucharía a la fuerza.
Cuando estuvo a su altura justo detrás de ella a Akane se le cayó el envase que estaba leyendo. Ryoga fue más rápido y lo cogió antes.
—¿Se te ha caído esto?
Continuará…
¡Hola a todos! Un poco más y no puedo publicar hoy… pero aquí estoy cumpliendo como las buenas. Son las 11 de la noche y mñn doblo turno en el hospital así que en breve me voy a la cama.
¿Qué os ha parecido el capítulo de hoy? Apuesto a que nadie sospechaba que Ukyo y Ranma eran hermanastros muahahahaha. Estoy deseando leer vuestros reviews para que me comentéis y daros una vez más las gracias infinitas por los que me dejasteis el capítulo anterior.
Quisiera resolver una duda que me plantearon en uno de los reviews, la época en la está sucediendo la historia, sinceramente no lo tenía muy claro, lo que sí era seguro es que no existía aún internet pero que tampoco fuera hace demasiado tiempo. Así que pongamos que la historia transcurre entre 1980 y 1981 más o menos. Espero haberte aclarado esa duda
He revisado el capítulo aprisa y corriendo así que si encontráis alguna falta o algo raro os pido perdón.
Sin más, darles las gracias a mis queridas betas y a mis loquillas que siempre están al pie del cañón apoyándome, os adoro! el siguiente capítulo, si no hay problemas lo publicaré el 11 de febrero, digo si no hay problemas porque estaré en plena mudanza y esas cosas.
Os deseo que disfrutéis lo que queda de finde! Nos leemos!
Sakura Saotome :)
