Los personajes de Ranma no me pertenecen, escribo esta historia sin ánimo de lucro y por el mero hecho de entretener

Lost in my memories

Capítulo 12


Ranma no pudo pegar ojo en toda la noche, al día siguiente regresaría su unidad después de haber descansado de las maniobras, y lo peor era tener que estar en el mismo lugar que Hibiki. Desde que Akane le contó lo que le sucedió en el supermercado no podía quitarse de la cabeza la idea de que ese oficial con el que se había encontrado era Ryoga. Que algo en el pasado le había ocurrido con él, y su instinto junto con la reacción de Akane no hacían más que ratificar que no era algo bueno.

Miró a su izquierda y allí estaba ella, durmiendo tranquilamente entre sus brazos, el corazón comenzó a latirle como un loco, era tan hermosa, y no solo por fuera, ella era todo lo que buscaba en una mujer, parecía que se la habían hecho totalmente a medida… y por esa razón estaba más asustado que nunca, solo el pensar en poder perderla le hacía sentir una enorme angustia en su interior. Le acarició con suavidad la mejilla y ella inconscientemente se acercó aún más a él, sabía que cuando la abrazaba para dormir ella se relajaba y no tenía pesadillas y eso le henchía de orgullo. El saber que Akane se sentía completamente segura a su lado, porque así era, no sabía en qué momento decidió que daría gustoso su vida por ella y ese sentimiento tan fuerte hacía que sintiera este temor tan grande que conseguía quitarle el sueño.

—Ranma… —murmuró ella esbozando una leve sonrisa.

El hombre de la trenza se sorprendió, la creía dormida —Dime, estoy aquí…

Pero no halló respuesta, Akane seguía profundamente dormida, eso significa que estaba soñando con él y parecía un sueño agradable. El azabache sonrió pletórico, ¿sería muy cruel despertarla en ese momento? La necesitaba tanto… Pero lo pensó mejor, no perturbaría su sueño por mucho que lo desease, lo que sí se permitió fue acercarse lentamente para robarle un beso, aunque solo fuera un ligero contacto con esos labios que lo volvían loco, como toda ella. La miró unos instantes antes de besarla, le acarició el labio inferior con suavidad y se deleitó con el rostro de la joven. Sus labios estaban entreabiertos, parecían invitarlo para hacer lo que estaba pensando. Lentamente posó su boca sobre la de ella, sólo un roce, pero fue suficiente para que su miembro le traicionase ansioso por ella.

Maldita sea… —pensó el joven coronel. Cuando se iba a retirar e ir al baño a lavarse la cara con agua bien fría Akane comenzó a corresponderle el beso.

La morena entreabrió los ojos y ambos se miraron intensamente mientras seguían besándose —¿Ya es de día? —susurró con las mejillas arreboladas.

El hombre de la trenza sonrió, esa sonrisa suya tan seductora que hacía que la intimidad de Akane comenzara a humedecerse en el acto —Aún no, siento haberte despertado, no podía dormir y me ha apetecido mucho besarte —habló mientras enredaba sus dedos por los morenos cabellos de ella.

Akane enrojeció aún más si era posible —N-no me importa que me despiertes de esa manera.

Ranma esbozó una sonrisa de medio lado traviesa —¿Ah, no? —Ella negó adorablemente moviendo la cabeza a uno y otro lado—. ¿Tienes sueño?

—No… —contestó con un hilo de voz mientras jugaba con la trenza azabache.

—Mejor…

De nuevo buscó sus labios, esta vez de manera más demandante y Akane le respondió de la misma forma, haciendo que el azabache se apresurara a introducir su lengua buscando desesperada la de Akane. ¿Cómo un beso podía excitarlo tanto? Y lo que más le excitaba era saber que ella se sentía igual que él, que lo deseaba de la misma manera. Ranma sintió cómo se le erizaba todo el cuerpo cuando los dedos de la joven se hincaron por su espalda.

―Quiero sentir tu piel contra la mía… ―susurró Akane en el oído del azabache, éste percibió cómo le ardía el vientre de puro deseo. La observó intensamente mientras le deslizaba la parte de arriba de su pijama hasta deshacerse de él, arrojándolo al suelo. En ese momento ambos notaron el calor del cuerpo del otro.

Ranma volvió a abalanzarse sobre su boca buscando anhelante la lengua de Akane, ella le puso la mano en la nuca para atraerlo aún más. Cuando se quedaron sin aliento el joven coronel comenzó un reguero de besos por su cuello, lo cual hizo que el vello de Akane acabara erizándose. El recorrido concluyó en los senos de la joven, Ranma introdujo sin pensárselo un pezón en su boca y comenzó a succionar mientras su lengua jugueteaba con él, la chica echó la cabeza hacia atrás y emitió un ligero gemido al principio, que fue en aumento cuando notó los ávidos dedos de Ranma introducirse en su humedad.

—Necesito más de ti… —dijo Ranma mientras volvía a repartir besos por el cuerpo desnudo de Akane a la vez que se deshacía de la ropa interior de ambos.

—¿Qué vas a hacer? —susurró la chica entre suspiros, al instante sus manos agarraron con fuerza las sábanas cuando la lengua de Ranma comenzó a lamer su clítoris delicadamente, intercalado con pequeñas succiones― Ran…ma… ―La chica comenzó a mover sus caderas sutilmente. El azabache aceleró el ritmo, sintió a Akane temblar de placer― ¡Para, para, para!

Ranma se detuvo de inmediato pensando que de alguna manera le estaba haciendo daño, pero cuando sus ojos hicieron contacto enseguida entendió, ella quería terminar pero no de esa manera. Se introdujo en Akane y él sintió su pequeño cuerpo estremecerse, Akane emitió un ligero jadeo al notar la invasión que se fue intensificando a medida que Ranma se movía a un ritmo regular, reposado, disfrutando el momento. Se inclinó para volver a besarla y cuando sintió que la chica elevó sus caderas para profundizar sus embestidas, enloqueció por completo. Akane echó la cabeza hacia atrás cuando estaba a punto de llegar al orgasmo, él le cubrió la boca para aplacar sus gritos y hundió su cabeza en el cuello de la joven uniéndose a ella cuando llegó al éxtasis.

Tras recuperar la calma, Ranma se hizo a un lado y yacieron con los cuerpos entrelazados mientras se acariciaban el uno al otro.

—A-Akane… ―Ranma titubeó al pronunciar su nombre, la chica lo miró curiosa.

―¿Sí? ―lo alentó a continuar.

―Y-yo… Yo.. Yo te…

El corazón de la joven comenzó a bombear aceleradamente, ¿iba a decirle que la amaba?, ¿podría ser posible? Porque ella también sabía su respuesta y era indudable: yo también. Akane pudo apreciar auténtico pavor en la mirada de Ranma.

El joven coronel luchaba por mantener la calma, sus labios estaban apretados, como dudando si decir lo que tenía atorado en la garganta y que estaba deseando soltar desde hacía mucho tiempo. ¿Por qué era tan difícil confesar sus sentimientos hacia ella? Quizá lo que le ocurría era que no se sentía digno de ser correspondido. En el fondo su sensación era que no tenía derecho a ser feliz y a que lo mirasen de la manera en que lo hacía Akane, con admiración, y esperaba que también amor…

Ambos se miraban sin decir nada, Ranma abrió la boca y en ese instante sonó el despertador, rompiendo por completo el momento. Alargó el brazo y lo apagó más duramente que de costumbre.

—¿Ya es la hora de irte? ―preguntó Akane, Ranma captó un halo de tristeza en su voz.

―Aún no, puse el despertador para levantarme antes y entrenar un poco pero ahora que estás despierta no me apetece nada salir de la cama.

Akane sonrió y se acurrucó entre sus brazos —Pues no vayas…. Te trajiste un montón de papeles, ¿no puedes trabajar aquí como otras veces? —dijo con voz melosa mientras acariciaba la espalda del azabache.

Él besó su coronilla —Ya me gustaría pero esta semana voy a estar entre reunión y reunión, ni siquiera sé si pasaré por el cuartel, quizá para coger unos dosieres que me dejé.

—Mmm, no te preocupes, aquí estaré cuando regreses.

—Sabes que me gustaría pasar más tiempo en casa pero la guerra no parece dar mucha tregua, seguramente haya que mandar más soldados a combatir, tanto japoneses como chinos.

—No sabía que la situación fuera tan delicada, eso significa que tú tendrías que regresar a Corea… —Ranma notó la voz de Akane quebrarse y sintió su menudo cuerpo temblar y no precisamente por el frío.

—En principio no, pero depende de los acontecimientos —La chica se mantuvo en silencio y el azabache intentó tranquilizarla—. No te preocupes sin necesidad, de momento no hay perspectivas de que yo regrese al frente.

—¿Te quedarás conmigo? —susurró la joven.

—Siempre…

Ranma la escuchó exhalar un suspiro y su cuerpo relajarse entre sus brazos poco a poco. Se quedaron abrazados durante 20 minutos, sin hablar, solo acariciándose el uno al otro.

—Ya no me da tiempo de hacer ejercicio, ¿quieres dormir un poco más o desayunar conmigo? —El hombre de la trenza tuvo que romper ese ambiente a pesar de que se encontraba en el mismísimo cielo.

—Desayunar contigo.

—Perfecto.

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Ya era casi mediodía cuando Ryoga y su unidad aparecieron en el cuartel, habían pasado toda la mañana entre charlas de estrategia y prácticas de tiro. Sólo tenía un pensamiento ese día, enfrentar a Ranma y recuperar a Akane.

―Buenos días capitán Hibiki ―saludó la secretaria, éste pasó por su lado sin responderle, directo a su objetivo―. ¡Capitán! ¡El coronel Saotome no se encuentra en el despacho! ¡Esta semana estará en la sede principal de reuniones!

Hibiki se giró y sonrió de medio lado ―Ya lo sé, sólo vengo a… recoger un dossier que me ha pedido que le lleve ―pensó que igual Saotome escondería algo relacionado con Akane.

―Ah, claro… lo siento mucho capitán…

―Tú solo me has informado, es tu deber. Por cierto Jia li… ese labial te sienta de maravilla ―Ryoga le guiñó un ojo y a la chica le subieron los colores. Eso la distraería un rato, sabía que ella estaba colada por él.

Cerró la puerta tras de sí, afortunadamente las persianas estaban bajadas, Saotome siempre trabajaba así, ¿por qué tanto misterio? Se fue derecho a la mesa e intentó abrir los cajones, cómo no, estaban cerrados con llave. Cogió un clip e intentó abrirlos. Le costó un poco pero finalmente lo consiguió. Tenía varias carpetas que deberían estar colocadas en los archivos, tomó la primera y la abrió, hablaba de un tal Soun Tendo, el que fuera embajador de Japón en China y de su asesinato, recordó ese suceso de cuando él era adolescente, tendría unos 12 años aproximadamente, ese caso estaba más que cerrado, ¿por qué le interesaba a Saotome? Cuando abrió el segundo se quedó congelado, comenzó a pasar las fichas de su unidad cuando combatió en Corea, estaban todos sus compañeros, incluyéndose él, Mousse y el japonés que estuvo con ellos, ese tal Kumon, culpable de la investigación de su socio y de su posterior expulsión del ejército.

Abrió el segundo cajón, ahí encontró una foto; en ella salía el propio Ranma junto con Kumon y una chica japonesa muy bonita, le dio la vuelta y había algo anotado: Espero que en la siguiente foto que nos hagamos aparezca por fin una chica a tu lado, te escribiré desde Corea, cuídate cuñado. Y la firmaba Ryu. ¿Qué cojones significaba eso? ¿Acaso él sabía algo? Comenzó a sudar frío, Mousse sabría qué hacer, cerró de nuevo los cajones y se dispuso a salir cuando alguien abrió la puerta.

Se encontró con la figura imponente de Ranma, la expresión de éste cambió al verlo, frunció el ceño y apretó los dientes, respiró hondo y entonces habló: ―¿Qué demonios está haciendo en mi despacho, Hibiki?

―Le estaba buscando, coronel ―Ryoga también habló entre dientes, la tensión entre ambos podía cortarse con un cuchillo.

Ranma entró y cerró la puerta ―¿Y no le basta con que Jia Li le diga que no estoy? Dígame por qué coño ha entrado sabiendo que no iba a encontrarme ―dijo con un tono de voz casi golpeado y muy fuerte.

Ryoga sonrió levantando una ceja ―Es usted un gran actor, coronel… tiene mi total admiración ―sonó sarcástico mientras el prominente colmillo asomaba pinchando su labio inferior.

Ranma entrecerró los ojos, ¿qué es lo que habría averiguado Hibiki? ¿Acaso sabía que lo estaba investigando?

―¿Ahora se ha quedado mudo? Cuando me preguntó aquella vez por Akane estaba de lo más parlanchín.

Al escuchar el nombre de Akane, Ranma perdió los papeles, sujetó a Ryoga de la chaqueta del uniforme y le estampó contra los archivadores ―¡¿Qué fue lo que le hiciste?! ¡Te juro que como le hayas puesto la mano encima te arranco los ojos y se los doy de comer a los buitres, cabrón!

Ryoga comenzó a reír ―Eres un hijo de puta, la has tenido retenida todo este tiempo, ¿sabe la doctora que trata a Akane que tú la conocías de antes? Es cierto que ella ha perdido la memoria… Cuando me la encontré en el supermercado pensaba que me estaba vacilando, no me lo podía creer, pero tirando de algunos contactos he confirmado que realmente no sabe quién es. Te aprovechaste de eso, ¿eh? ¡Te aprovechaste de su inocencia!

Ranma volvió a sacudir a Ryoga, esta vez contra la pared ―¿¡Sabes lo mal que estuvo el día que se encontró contigo!?, ¿¡qué cojones le hiciste!?

―¿Cómo puedes ser tan hipócrita? ¡Yo no le hice nada! ¡Fue Taro el que abusó de ella porque sabía que yo le gustaba! ¡Lo hizo por celos! ¡Jamás le haría daño y jamás le mentiría! ¿Ella sabe todo esto? ―La cara de Ranma palideció―. Ya veo que no… Nadie sabe que ella es mayor de edad, ¿verdad?

―¿Qué estás insinuando con eso…? ¡No me creo nada de lo que me digas! ―Ranma sentía cómo su sangre hervía hasta el punto de ebullición.

―Por eso te dieron su custodia pero… ¿qué pasaría si esa doctora se enterara de que ha entregado a Akane a un militar altamente peligroso? Que ha pasado una temporada en el psiquiátrico por violencia hacia sus compañeros… ¿Crees que me darían a mí la custodia de Akane? Yo sí puedo demostrar que la conozco y que podría cuidar de ella…

Los ojos de Ranma se tornaron rojos de ira, las venas del cuello parecían a punto de reventar de la tensión, su respiración cada vez estaba más agitada, sin poder contenerse por más tiempo echó el puño hacia atrás y golpeó a Hibiki en la mejilla ―¡CÓMO LE PONGAS UNA MANO ENCIMA ESTÁS MUERTO, HIBIKI! ¿¡ME OYES!? ―El azabache le sujetaba el pecho con una mano y con la otra le golpeaba continuamente. Ryoga reía a cada golpe lo que enfureció aún más a su agresor―. ¿¡DE QUÉ COÑO TE RÍES!?

En ese momento la puerta se abrió y entre varios oficiales intentaron separar a Ranma de Ryoga, el cual tenía la cara totalmente ensangrentada.

―¡Coronel!, ¡pare! ―Saffron y Kirin luchaban por despegar a un Ranma fuera de sí, había perdido totalmente el control. Con mucho esfuerzo y ayudándose de una tercera persona lograron separarlo de Hibiki, aún así seguía revolviéndose e intentando quitarse a los hombres de encima para rematar lo que había empezado.

―¡TE LO ADVIERTO, HIBIKI! ¡NO TE ACERQUES A ELLA O SERÁS HOMBRE MUERTO! ¡YO MISMO TE MATARÉ CON MIS PROPIAS MANOS, ¿OÍSTE?!

Ryoga se tocó la mejilla e hizo una mueca de dolor extremo ―Le he oído yo y toda China, coronel. Esto es lo que Japón nos envía, a un demente. ¡No tendría que haber salido del psiquiátrico! ¡Tendrá noticias mías! Dele recuerdos a Akane de mi parte… o no, ya se los daré yo cuando la tenga conmigo.

Ranma se logró zafar en un santiamén de los hombres que lo sujetaban. Estaba en medio de una crisis, necesitaba ayuda, pero afortunadamente pudieron sujetarlo antes de que llegara otra vez hasta Hibiki que, aunque mostraba un semblante despreocupado y hasta cínico, en el fondo sabía que Ranma Saotome lo haría picadillo en unos segundos y no le daría tiempo a reaccionar. Si ni el mismo Taro, que lo había derrotado en el Black Ahiru, era rival para ese loco.

―¡Salga del despacho, capitán! ―gritó Kirin, quien a duras penas podía retener a esa mole fúrica, ¿qué cojones había pasado? Sabía que la relación entre ellos dos no era la mejor pero no hasta el punto de llegar a las manos. Desde luego Japón les había metido un gol mandando a aquel desquiciado cuando todavía debería estar en tratamiento.

—¡Soltadme ahora mismo! —bramó Ranma furioso.

—¿¡Para que vaya en busca del capitán!? ¡Tenía la cara que parecía un mapa! ¡Rece para que no lo suspendan, coronel! —le encaró Saffron.

Ranma pareció reaccionar por fin a las palabras de su subordinado, había vuelto a perder el control, Saffron tenía razón, seguramente iban a suspenderle temporalmente por agredir a un compañero. ¿Y Akane? La estaba poniendo en peligro.

—Estoy bien, pueden soltarme, no voy a ir en su búsqueda. Les doy mi palabra.

Los hombres parecieron dudar pero tampoco querían desobedecer a un oficial superior así que con mucha cautela fueron aflojando el agarre. Ranma se sacudió el traje y se miró los nudillos de la mano derecha, la venda que Akane le había puesto estaba llena de sangre una vez más. Tenía que llevarse los expedientes antes de que no le dejaran entrar a su despacho, debía de buscar la manera de protegerla ahora que Hibiki la había localizado. Una vez que se encontró solo cogió lo necesario, se colocó el abrigo y los guardó debajo.

—Co-Coronel Saotome… —dijo Jia Li con voz temblorosa. Ranma se paró, inhaló aire y se giró hacia su dirección. La chica tragó en seco antes de continuar hablando— Ha llamado el general Wáng…

—¿A qué hora tengo que ir a verle? —contestó Ranma secamente. Sabía de sobra que iban a suspenderle y ahí estaba la confirmación.

—Dentro de una hora en su despacho de la sede central.

—Bien —dio media vuelta y salió con paso airado ante los ojos curiosos y escrutadores de todos los allí presentes.

El hombre de la trenza subió al auto, puso las manos en el volante y gritó de pura frustración, creía que había mejorado pero el solo hecho de creer a Akane en peligro lo volvía fuera de sí y ahora sí que la había expuesto. Encendió el motor y se dirigió a su apartamento, dejaría los documentos allí antes de presentarse ante el general.

En cuanto abrió la puerta buscó desesperado a la joven de cortos cabellos ―¡Akane! ¿Estás aquí? ―Se tranquilizó cuando prestó atención y escuchó el sonido del agua cayendo en la ducha. Entró al dormitorio, cogió una maleta y comenzó a llenarla con la ropa de la morena.

La chica cerró el grifo, le había parecido escuchar la voz de Ranma pero era muy temprano para que fuera él. Aún así tomó una toalla y se cubrió el cuerpo con ella, se puso unas zapatillas de conejitos que el azabache le regaló para estar en casa y salió del baño. Escuchó ruido en el dormitorio.

―¿Ranma? ―preguntó mientras avanzaba hacia allí. Cuando abrió la puerta él se giró y sus miradas se cruzaron, la de él era de alivio de encontrarla a salvo y la de ella era de incertidumbre al ver lo que estaba haciendo. El hombre de la trenza se acercó y la abrazó―. ¿Qué te pasa?, ¿nos vamos a alguna parte?

Los penetrantes ojos azul mar de Ranma y ese semblante entre triste y nervioso hicieron saltar las alarmas de Akane. De pronto sus avellanados ojos fueron directos a la herida del azabache.

―No es nada ―se adelantó a la pregunta de Akane.

―Dijiste que no volverías a mentirme, presiento que algo no va bien, cuéntamelo.

El joven coronel suspiró ―En 20 minutos me iré a la sede central, me ha llamado el general Wáng, van a suspenderme Akane, seguramente sea algo temporal pero no estoy seguro.

La chica arrugó el entrecejo ―Pero… ¿por qué? ¿Tiene algo que ver con tu herida? ¿Y por qué estás llenando una maleta con mi ropa?

―Sí, tiene que ver con mi herida, agredí a un compañero ―Akane cubrió su boca con las manos y dio un paso atrás, Ranma sintió cómo si alguien le hubiera arañado el corazón, ¿por qué se alejaba de él? ¿Le daba miedo?―. Yo… Akane… él quiere hacerme daño y lo va a intentar a través de ti, conoce tu existencia y… lo que significas para mí… En principio pensé en que te fueras con la doctora, ella te buscaría un sitio para quedarte pero luego descarté esa opción porque lo primero que hará será buscarla a ella para que le diga tu paradero y quitarme tu custodia. Así que creo que lo mejor sería que te fueras de la ciudad un tiempo, donde sólo yo supiera tu paradero.

―¿Quitarme tu custodia? ¿Y yo no puedo negarme?¿O me cuentas todo esto porque quieres deshacerte de mí? ―su voz se fue apagando a medida que pronunciaba la pregunta.

―¿¡Qué!? ¡No! ¡Claro que no!¡Pero ese tipo es peligroso! ¡Aunque tú pidieras quedarte conmigo no te dejarían dados mis antecedentes! ¡Y más aún después de lo que ha pasado hoy! ¡Solo quiero protegerte! ―dijo sujetándola de los hombros.

―¿¡Y crees que esa es la mejor forma de protegerme!? ¿¡Dejándome sola!? ¡No me malinterpretes, no tengo miedo! ¡Pero la única forma de que ambos estemos bien es estando juntos! ¡Yo estaría preocupada por ti todo el tiempo y tú lo estarías por mí! ¡Si el motivo es mi supuesta seguridad, que sepas que no voy a ir a ningún lado sin ti! ¡Y es mi última palabra! ―El labio inferior de la chica comenzó a temblar, pronto ese temblor le pasó a su cuerpo. Ranma no pudo más que mover la cabeza negando, coger una manta y ponérsela sobre los hombros.

―Quítate la toalla, vas a pescar un resfriado ―dijo resignado. Por supuesto que él no quería separarse de ella pero no sabía hasta qué punto sería capaz de llegar Hibiki sólo para quedarse con Akane, pero el ver a su chica tan firme y decidida a irse con él lo hizo suspirar aliviado. Akane obedeció, se descubrió el cuerpo, Ranma la envolvió con la manta y la acercó a él refugiándola en un abrazo tierno y protector―. ¿Por qué eres tan cabezota?

La chica no respondió, solo se relajó entre sus brazos, no sabía si algún día recuperaría la memoria, lo que tenía claro es que quería pasar el resto de su vida con él ―¿Qué vamos a hacer ahora? ―preguntó.

―Tengo que presentarme sin falta ante el general o me considerarán un desertor, ve preparando lo necesario, no le abras a nadie, si llaman a la puerta haz como si no estuvieras en casa. En cuanto pueda vendré y mañana buscaremos un apartamento en otra parte de la ciudad. Sólo necesito la confirmación de que eres Akane Tendo para arreglarte los papeles e irnos a Japón. Allí también pueden seguir tratándote.

Akane levantó la cabeza y sonrió tímidamente ―¿Quieres que me vaya contigo a Japón? ―hacía unos instantes que la quería alejar de él y ahora le pedía justo lo contrario.

―Si tú quieres… Si decides quedarte en Shanghai me quedo contigo, tú decides. Siento siquiera haberte propuesto separarnos, aunque fuera una temporada.

―Me encantaría conocer a mi familia… si realmente la tengo y claro… estar contigo… ―Akane se tapó la cabeza con la manta muerta de vergüenza por lo que acababa de decirle a Ranma, a él le pareció lo más bonito que alguien jamás hubiera dicho o hecho por él.

Le descubrió la cabeza y se acercó para darle un dulce beso en los labios, ¿acaso pensaba que podría vivir sin esos besos?

—No hay tiempo que perder, haz lo que te he dicho, yo espero no tardar en regresar.

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Ryoga salió con prisas del cuartel y se dirigió a la residencia de Mousse, golpeó la puerta repetidas veces, cada vez con más fuerza.

—¡Mousse, Mousse! ¡Abre, maldita sea!

El moreno de larga cabellera abrió la puerta mientras se recolocaba sus gruesas gafas —¿Se puede saber qué coño quieres? No armes escándalo —Se quedó observándolo un momento— ¿Qué cojones te ha pasado?

Ryoga entró sin ser invitado, Mousse cerró la puerta.

—¿Estás solo? —preguntó nervioso el capitán.

—Rouge está en la ducha, ¿me cuentas ya qué te ha pasado para tener la cara así? ¿Te has vuelto a pelear con Taro?

—Dile que se vaya y no, no ha sido Taro —Ryoga se movía nervioso por el recibidor.

—Ah… Hola Ryoga —Rouge apareció con el cuerpo cubierto con una toalla pequeña que le tapaba lo justo. Su expresión era de pura sorpresa al ver la cara magullada del capitán del ejército chino. Éste le dio la espalda, no le resultaba agradable que lo vieran de esa guisa pero pensó que lo que tenía que contarle a Mousse era muy importante y debía hacerlo en persona.

—Vístete y vete al local —ordenó Mousse, a lo que la joven solo asintió levemente y se dio la vuelta. Salió vestida en menos de 3 minutos, hizo una reverencia de cortesía y se marchó. Mousse se sirvió un vaso de licor y tomó un trago— Habla.

—Creo que Saotome nos está investigando.

Mousse levantó una ceja —¿Investigando? ¿El Black Ahiru?

―El Black Ahiru no, no creo. Entré en su despacho hoy buscando información sobre Akane, tenía los cajones del escritorio cerrados pero me las arreglé para abrirlos.

—Ve al grano —increpó.

—Tenía todos los expedientes de nuestra unidad en Corea y eso no es lo más curioso. A través de una foto averigüé que Saotome es el cuñado de Kumon…

Mousse bebió el resto de contenido del vaso y lo colocó con fuerza encima de la barra de la cocina —¿¡Y no sabes nada más!? ¿¡Has estado trabajando con ese japonés durante meses y no te habías dado cuenta de lo que tramaba!?

Ryoga tragó en seco —¿Yo qué iba a saber? No preguntó por nada de mi estancia en Corea, sólo me preguntó por Akane y muy sutilmente, no sé cómo ha decidido investigarnos. Mousse… lo que hicimos es alta traición… ¡Si nos descubren nuestra sentencia de muerte está dictada!

Mousse cogió a Ryoga por el cuello y lo obligó a sentarse en un taburete de la cocina —¿¡Crees que no lo sé, estúpido!? ¡Cálmate de una jodida vez! —Comenzó a dar vueltas por la estancia con las manos a la espalda—. Es muy difícil que llegue hasta nosotros, cubrí muy bien nuestras espaldas. No obstante… —Se giró y entornó los ojos.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó sabiendo la respuesta.

—¿Tú sabes dónde vive, no?

—Sí pero no por mucho tiempo. Por esto —dijo señalándose la cara— le han suspendido una temporada y me he enterado de que en una semana tendrá que viajar de nuevo a Japón.

—¿Lo tienes vigilado?

—Eh… sí claro… no quería que Akane se me escapara de nuevo. Le estoy pagando a un raterillo para que no la pierda de vista… y donde esté ella estará él.

—Muy bien, yo me encargo.

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Tras una larga reunión con el general Wáng se confirmó lo que ya sabía de antemano, había quedado suspendido hasta nueva orden y debía regresar a terapia inminentemente. Si los informes volvían a ser favorables volvería a su puesto de forma inmediata. Subió las escaleras hasta el apartamento, parecía que llevaba cemento en los pies de lo pesado que caminaba, solo le daba vueltas a la amenaza de Ryoga y de qué manera podría repercutir su suspensión en Akane. Si los informes de Ranma llegaran a manos de la doctora que trataba a la chica sin duda la apartaría de su lado y eso no podía permitirlo.

Abrió la puerta nervioso, pero pronto se relajó al verla aparecer frente a él.

—¿Qué tal ha ido la reunión? —preguntó intranquila.

Ranma dejó las llaves en el recibidor y se quitó la chaqueta y la gorra, a continuación se desabrochó los primeros botones de la camisa —Ha ido como me temía, estoy suspendido temporalmente.

Akane suspiró —¿Y ahora? ¿Lo sabrá la doctora? Yo no pienso separarme de ti…

Ranma se acercó hacia ella y la abrazó, inmediatamente sintió el temblor de la joven —Nadie te va a separar de mí, te lo prometo. Me han dado unas dos semanas para organizarme y regresar a Japón, donde tendré que retomar la terapia con mi doctor.

Akane lo miró con sus ojos avellana muy abiertos —Pero si te obligan a marchar yo no podré irme contigo… no tengo papeles porque no sé quién soy.

Ranma la sujetó por los hombros —Encontraré la solución, si no intentaré que me dejen quedarme en China y hacer terapia aquí, no tendría que haber ningún problema, así que estate tranquila.

La chica asintió, Ranma se acercó y le dio un suave beso en los labios.

—¿Has comido? —preguntó dirigiéndose a la cocina.

La morena negó con la cabeza —Estuve preparando las maletas, tengo el estómago cerrado, no me entra nada.

—No puedes estar sin comer, siéntate, prepararé algo rápido, tengo que revisar de nuevo unos documentos.

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Akane se quedó dormida en el sofá después de haber comido, Ranma se acercó y la cubrió con una manta ya que parecía que tenía algo de frío, se sentó en la mesa y sacó de nuevo todo lo referente a la antigua unidad de Ryu. Algo se le escapaba y tenía que darse prisa en averiguar qué era porque parecía que Happosai se encontraba en un callejón sin salida, cada vez que lo llamaba la respuesta era la misma "La paciencia es una virtud" ¿qué quería decirle con esa frase?, ¿Que no había avanzado nada? Se paró un buen rato en cada informe del personal, se detuvo a conciencia al llegar al del mayor Tzu. ¿Por qué le resultaba tan familiar? Estaba convencido de que no habían coincidido en Corea, ¿pero entonces? Él se jactaba de ser muy buen fisonomista pero ahí estaba con esa sensación extraña de déjà vu. Después de repasarlo una y otra vez algo en su cerebro conectó, cogió un bolígrafo negro y en la foto del mayor pintó cabello largo, le colocó un flequillo y le añadió unas gafas. Sujetó el papel unos instantes y apretó la mandíbula.

—Aquí estás hijo de puta…

Inmediatamente marcó el teléfono de Happosai.

—Oficina de Happosai Chen ―contestó la misma voz femenina de la última vez que contactó con su antiguo sensei.

―Necesito hablar con Happosai, es muy urgente. Dígale que soy Ranma Saotome.

―¿Tenía usted cita para hablar con el detective Chen, señor Saotome?

―¡No necesito cita para hablar con él! ¡Pásemelo ahora mismo!

Akane se incorporó en ese instante ante el grito de Ranma ―¿Ocurre algo? ―preguntó frotándose los ojos.

Ranma tapó el auricular ―Siento mucho haberte despertado pero creo que he dado con algo importante.

―No te preocupes ―La joven se levantó y se dirigió hacia donde estaba Ranma, sentándose a su lado.

―Señor Saotome, le pido por favor un poco de calma… el detective Chen está reunido en estos momentos y…

―¡Me importa una mierda que esté reunido! ¡Levante el culo de la silla inmediatamente y dígale que estoy al teléfono!

Akane se encogió al escuchar a Ranma, le puso la mano en el brazo y lo sintió relajarse casi de inmediato. Él la miró y esbozó una leve sonrisa, seguía teniendo el poder de calmarlo sólo con rozarlo.

―¿Esas son formas de hablarle a una señorita? Midori ha entrado llorando a buscarme, yo jamás te enseñé a tratarlas de esas maneras, muchacho.

―Seguro que te disculparás de mi parte, siempre tengo la misma discusión con ella cuando llamo, ya deberías de haberle dejado claro que no necesito cita para hablar contigo, ¿has encontrado algo nuevo?

―Te lo diré cuando lo tenga asegurado, si me distraes tantas veces…

―Es decir… que estás en un pozo sin fondo…

―¿Por quién me tomas? ¡Soy el mejor detective del mundo entero! ¡Pero nunca revelo nada hasta que no tengo las pruebas en mi poder!

―Pues añade esto, necesito que busques información sobre un local llamado Black Ahiru, el dueño es Mousse Tzu, el mayor de la unidad de Ryu. No sé si te servirá de ayuda o si está relacionado con esto, yo iré a hacerle una visita.

―¡Tú no irás a ningún sitio! ¡Y menos recién suspendido! ¿¡En qué coño estabas pensando, chico!? ¡Te creía más listo!

Ranma parpadeó un par de veces ―¿Có-cómo sabes eso? Si ha surgido todo esta mañana.

Escuchó una risita pretenciosa al otro lado de la línea ―Ya te lo he dicho antes… soy el mejor detective del mundo… por eso recurriste a mí.

―Como sea… Voy a dejar este apartamento mañana, te iré llamando. Ah… y recuérdale a tu secretaria que en cuanto lo haga me pase contigo inmediatamente.

―Suerte has tenido de que no te haya colgado.

―Happosai por favor… es muy urgente… quizá solo tenga una o dos semanas a lo sumo.

―¡Pues déjame trabajar! Pero te digo una cosa, puede que estés en el punto de mira, ten cuidado… ¡Y después de esta charla aprovecha y hazle el amor a esa tal Akane de la que estás…

Ranma colgó el teléfono y miró a Akane de reojo, ésta se hallaba totalmente colorada ―¿A-algún avance? ―preguntó tímida para intentar rebajar esa tensión que se había generado tras la última frase del sensei de Ranma.

―Confío totalmente en él, de todas formas lo llamaré todos los días por si hay avances.

La chica asintió ―¿Este es Ryu? ―dijo tomando la hoja de su expediente.

―Sí… ―el tono de Ranma sonó muy melancólico, Akane deseó no haber preguntado por él.

―Tiene cara de buena persona…

―Era el mejor.

Akane siguió pasando las hojas hasta que llegó a la de Mousse, la sostuvo sin apartar la mirada de la foto retocada, de pronto, la soltó sin más, como si el papel le hubiera quemado. Ranma observó cada uno de sus movimientos, sabía que Akane le había reconocido, aunque ella no lo supiera.

―¿Estás bien? ―preguntó el azabache.

―¿Qué? Eh, sí, sí… es que he tenido una sensación muy extraña.

El hombre de la trenza buscó un expediente en concreto y se lo mostró. La chica se puso de pie de un salto ―¿Fue este hombre, verdad? El que viste en el supermercado.

Akane asintió y lo miró estupefacta ―¿E-Es el que te ha amenazado? ¿El que quiere hacerte daño?

―Sí, pero no le dejaré hacerlo.

―¿Crees que está involucrado en lo que os pasó en Corea? De lo que hablaba Ryu en la carta.

―Estoy prácticamente convencido ―ambos quedaron en silencio durante unos instantes hasta que Ranma lo rompió―. Nos vamos a ir muy temprano, ¿por qué no descansas? Yo terminaré de empacar lo que falte en cuanto termine de revisar unos papeles.

―No tengo sueño, acabo de despertarme, terminaré las maletas mientras revisas eso.

―De acuerdo, enseguida estoy contigo.

La chica se acercó y Ranma le rodeó la cintura, dejando descansar su cabeza entre los pechos de Akane ―No sé qué hubiera hecho si hubieras decidido marcharte como te pedí… ―El sonrojo de la joven de ojos avellana fue instantáneo pero era incapaz de articular palabra alguna ―. Todo saldrá bien, te lo prometo.

―Lo sé…

.

.

.

Eran las cinco y media de la mañana cuando Ranma se aproximó a Akane, la cuál estaba dormida de nuevo en el sofá. Después de organizar casi todo lo que iban a llevarse se sentaron un rato a ver la televisión para despejarse y, el cansancio unido a las emociones de las últimas horas, les hizo quedarse dormidos. Ranma despertó sobresaltado debido a una pesadilla que tuvo, la cual se la pasó buscando a Akane todo el tiempo porque Ryoga se la había llevado. Fue una auténtica tortura ya que en el sueño no parecía nunca llegar a ningún sitio, pero al despertar la encontró acurrucada junto a él y eso le hizo respirar tranquilo. La acomodó con cuidado en el sofá y terminó de recoger lo que les había faltado.

―Akane… despierta, es la hora ―susurró en el oído de la morena.

―Mmmm ¿ya? ―habló sin poder abrir los ojos del todo.

―¿Quieres dormir un poco más mientras meto las cosas en el coche?

―No… no… yo te ayudo…

Se incorporó y estiró los músculos, debía de estar exhausta o se sentía terriblemente reconfortada con Ranma cerca porque no sabía cómo había vuelto a dormirse por segunda vez, debido al nudo constante que tenía en el estómago.

Bajaron a la calle con las pertenencias que consideraron llevarse, Ranma se acercó al coche y abrió la puerta del copiloto ―Hace fresco, métete mientras yo cargo las maletas atrás. Akane obedeció y se sentó, de inmediato Ranma se colocó a su lado, en el asiento del conductor ―Bien… pues vámonos ―. Arrancó el vehículo y nada más moverse el azabache puso el freno con fuerza y gritó: ―¡BAJA DEL COCHE, BAJA DEL COCHE!

Salió despavorido hacia la puerta del copiloto saltando por encima del capó, la abrió bruscamente y tomó de la muñeca a una confundida Akane.

―¿¡Qué ocurre!? ¡Ranma, ¿qué pasa?! ―dijo la morena mientras corría arrastrada por el hombre de la trenza a todo lo que sus piernas daban de sí.

―¡CORRE AKANE! ¡CORRE!

A los pocos segundos se oyó una fuerte explosión detrás de ellos. Ranma saltó sobre Akane para protegerla de posibles trozos de metal provenientes del coche.

Akane chilló con todas sus fuerzas cubriéndose la cabeza, miró a todos lados aturdida y asustada, de repente ya no estaba ahí, se encontraba en un centro comercial, escuchó una segunda explosión y todo comenzó a caer a su alrededor.

―¡Akane! ¡Akane, ¿estás bien?! ¿¡Estás herida!? ―Ranma intentó que reaccionara, parecía fuera de sí, como si estuviera en otro lugar. La chica alzaba las manos como protegiéndose de que algo no le cayera encima― ¡Akane, por favor! ―el grito de Ranma era más una súplica, la explosión parecía haberla dejado en shock. Él no estaba mejor, se visualizó de nuevo en Corea, en el último asedio que tuvieron y lo que ocasionó la muerte de su unidad, pero respiró fuerte para volver a la realidad, lo hizo por ella, no permitiría que le ocurriese algo malo. Su cabeza maquinaba a mil por hora, algo muy grave debía de haber descubierto para que lo quisieran borrar del mapa. Pero que hubieran involucrado también a Akane no lo perdonaría jamás.

Los gritos ensordecedores de la morena se mezclaban con los de la gente del barrio, muchos ya habían comenzado a moverse por la ciudad para empezar su jornada.

―¡Ayuda! ¡Por favor, mi hijo! ―Ranma escuchaba el llanto desolador de una madre, intentó mirar y solo veía siluetas de gente gritando y corriendo hacia todos lados pidiendo ayuda, a lo lejos oyó las sirenas de la policía acercarse a toda velocidad. Su deber era ayudar en la medida de lo posible, a pesar de estar suspendido.

―¡Ranma! ¡Ranma! ―Akane pareció reaccionar en ese momento y salir de su ensoñamiento.

―¡Estoy aquí! ¡Mírame, ¿vale?! ―dijo mientras acunaba su rostro entre sus manos, aunque ella seguía algo perdida, movía sus pupilas a un lado y a otro rápidamente y temblaba sin parar.

En cuanto sus ojos se encontraron ella se echó a sus brazos ―Me he acordado de la explosión en el centro comercial… ―dijo entre lágrimas sin apenas poder hablar―. Recordé tu voz buscando supervivientes. Sé que es una locura y que yo estaba inconsciente pero la recuerdo claramente ―Entonces la chica enfocó sus ojos en su alrededor. Ranma intentó que se incorporara― ¿Qué ha pasado? ―Su cara reflejaba el miedo y el desconcierto que sentía en ese instante.

¿Recordaba su voz? Entonces eso era lo que estaba reviviendo, la explosión le hizo activar ese recuerdo, aunque ahora no era momento de indagar ―Akane escúchame, había una bomba en el coche ―. Los ojos de la joven se abrieron sobremanera―. En cuanto nos movimos me pareció escuchar la cuenta atrás de un temporizador, he pasado muchos años combatiendo para no distinguir a la perfección ese tipo de detonador. Necesito que me digas si estás bien ―Ella asintió nerviosa―. Quiero que te quedes aquí y no te muevas.

―¿¡Qué!? ¿¡A dónde vas!? ―dijo sujetando la chaqueta de Ranma.

―Tengo que auxiliar a las personas que estaban cerca del coche, puede que haya heridos… Es mi deber…

La joven movió la cabeza enérgicamente arriba y abajo ―Estoy bien, ve y haz lo que debas, no me moveré de aquí ―intentó que su voz sonara firme pero no pudo evitar que se oyera temblorosa.

Ranma esperó unos instantes pero ella volvió a insistir en que estaba bien para que cumpliera con su deber. Él la besó en la frente ―Eres muy valiente, regresaré a por ti ―Y dicho esto corrió hacia las personas que aún intentaban entender qué había pasado y por qué estaban sosteniendo a sus seres queridos heridos por el impacto de algún trozo de metal.

Akane lo observó alejarse y perderse entre el humo y las llamas cuando sintió unos brazos rodearla por detrás, se quedó inmóvil, aterrada al pensar que podía ser ese militar que quería hacerle daño a Ranma a través de ella, pero tuvo una sensación extraña, simplemente se sentía entre protegida e incómoda, una combinación muy extraña. Se movió de tal manera que consiguió zafarse del hombre que la había abrazado y unos ojos grises entre aliviados y enfadados le devolvieron la mirada.

―Por fin te he encontrado…

Continuará…


Hola a todos! Me echábais de menos? Porque yo a vosotros muuuuchooo. Siento de verdad haber tardado tanto en actualizar, los que me conocéis sabéis que yo soy bastante rigurosa con esto pero me ha costado mil sacar este capítulo a la luz. Entre que no me salían las palabras al escribir y luego estoy viviendo una etapa un poco estresante en mi vida y sinceramente tampoco me apetecía sentarme a escribir, ni siquiera a dibujar que eso me relaja bastante, pero bueno, no sé si os gustará pero yo he dado lo mejor de mí e intentaré no demorarme en el próximo, pero no puedo prometo nada. De todas formas no sé si el siguiente será el último o me dará para dos capítulos, cuando empiece a escribirlo ya lo decidiré.

Poco más que deciros, que muchísimas gracias por los reviews y por vuestro ánimos. Sois grandes! Espero con ansias saber qué os ha parecido el capítulo, ya la ha encontrado Taro! Qué creéis que pasará? Le recordará? jijiji Lo sabréis en el siguiente.

Sin más darle las gracias a mis betas por sus correcciones, mi baby Sailordancer7, SusyChantilly, LumLumlove y Lucitachan (Lum y Luz, no he dado guerra con la bomba del coche eh? jajajajaja).

A mis loquillas que son las mejores!

Hasta el próximo capítulo! Nos leemos!

Sakura Saotome :)