Lost in my memories
Capítulo 13
Akane miraba de reojo buscando al azabache, pero no quería perder de vista al desconocido que se estaba tomando tantas familiaridades con ella, puede que no fuera el militar que había amenazado a Ranma pero quizá había mandado a alguien para llevársela o hacerle daño.
—¿Estás bien? Cuando venía hacia aquí escuché una fuerte explosión, llegué y encontré un coche en llamas y gente corriendo por todos lados, tuve un mal presentimiento y busqué por los alrededores y entonces te vi… —El hombre de mirada gris dio un paso hacia adelante para intentar acercarse a ella, la chica inmediatamente retrocedió y adoptó una pose defensiva.
—¿¡Quién eres!? ¿¡Qué quieres de mí!? ―Akane seguía algo desorientada tras la explosión, tenía los oídos atronados, escuchaba todo a su alrededor como si estuviera dentro de una burbuja.
El rostro de Taro se desencajó, su cuerpo se tensó en el acto, apretó los nudillos con fuerza, ¿era posible que no le recordara después de todo lo que había hecho por ella? El alivio de haberla encontrado fue transformándose en un devastador enfado por creerla débil para olvidarlo. Él jamás lo haría si hubiera sido a la inversa —¿Qué quién soy? ―cerró los ojos e intentó respirar para calmarse― ¿¡Entonces lo que me contaron era verdad!? ¡No es posible que me hayas olvidado! ¡Que hayas desechado 13 años de tu vida junto a mí! Aunque por otro lado… ¿Esa fue la razón por la que no regresaste a casa? ―suspiró algo más repuesto al creer que no había sido para huir de él― Y yo pensando que… ―Akane se quedó anclada en el asfalto, se colocó las manos en la cabeza porque un dolor agudo le atravesó la sien de un lado a otro, de repente todo quedó en silencio, ¿qué estaba insinuando ese hombre que tenía frente a ella?, ¿acaso era alguien de su pasado? Cerró los ojos con fuerza y gritó, ni siquiera escuchaba su propio alarido, el dolor de cabeza se estaba volviendo insoportable, quizá su cerebro estaba intentando recordar―. ¡Akane!
El hombre la atrapó entre sus brazos y en ese instante el sonido de todo lo que estaba ocurriendo a su alrededor regresó a ella, se revolvió intentando librarse de él ―¡Suéltame! ¡Te advierto que sé defenderme!
Taro notó cómo la furia volvía a envolverlo ―¡Akane, escúchame! ¡Soy yo, Taro! ¿De verdad que no te acuerdas de mí? ¡¿Quién crees que te enseñó a defenderte?! ¡Yo te instruí! ¡Todo lo que sabes de artes marciales es por mí! ¡Ahora vas a escucharme!
La joven se quedó de nuevo inmóvil ―¿Tú… fuiste el que me enseñó a luchar…?
Taro aflojó su agarre al notar que ella se relajó ―Sí… Escúchame… Te he estado buscando durante meses, creí que me habías abandonado, pero resulta que no me recordabas…
―¿Abandonado? ―La morena se tapó la boca con las manos― ¿Quién soy yo y qué relación me une a ti? ―pronunció con la voz quebrada temiendo una respuesta que no iba a gustarle.
Taro resopló y la soltó para poder enfrentarla a los ojos ―Eres Akane Ling, te di mi apellido en el momento que decidí que cuidaría de ti cuando te encontré sola con 5 años, ahora tienes 19, los cumpliste la semana pasada, el 15 de abril. Tú y yo siempre hemos vivido juntos y te marchaste hace meses por mi culpa… porque no supiste gestionar la pérdida de nuestro hijo, aunque aún no hubiera nacido yo lo deseaba y… no te apoyé lo suficiente cuando abortaste…
―¿Q-Q-Qué…? ¿Nu-nuestro hi-hijo…? ―La joven cayó de rodillas al suelo y volvió a sujetarse la cabeza, el dolor iba cada vez in crescendo más. ¿Ellos iban a tener un hijo?, ¿entonces eso significaba que era su esposo?, ¿que realmente tenía una vida en pareja antes de la explosión? Pero ella se había enamorado de otro hombre… Sintió unas náuseas horribles y una sensación de culpa como jamás había experimentado. ¿Qué debía hacer ahora? Ya no era la Akane de la que él le hablaba, esta Akane había o estaba construyendo otra vida con otra persona.
Taro se agachó para estar a su altura ―Pero ahora que te he encontrado podremos retomar por donde lo dejamos, volveremos a intentar tener un hijo, vamos a casa Akane, seguro que estando en un ambiente conocido pronto recordarás y podremos estar juntos de nuevo. No importa lo que hayas hecho mientras no estabas conmigo… ―dijo apretando la mandíbula. El hombre le puso las manos en la cara, ella no supo en qué momento comenzó a llorar―. Madre mía… estás preciosa pero no pareces tú… Has cambiado mucho.
La sujetó del antebrazo para que se levantara, consiguió ponerla de pie pero al iniciar el paso ella se mantuvo en el sitio ―¡No! ¡¿Cómo sé que no me estás mintiendo para alejarme de Ranma!? ¡No me iré a ningún sitio sin él!
El rostro de Taro comenzó a descomponerse, así que ese era el nombre del extranjero con el que luchó… y lo peor es que Akane parecía estar muy unida a él, demasiado.
—¡¿Que no vas a ningún sitio sin él?! ¡Claro que vas a venir conmigo así tenga que cargarte como un saco! ¡Buscaré al mejor loquero que haya aunque tenga que pelear todas las noches para pagarlo!
Taro la sujetó de la muñeca con fuerza y la obligó a caminar. Akane intentó aplicar una llave para zafarse de él pero fue inútil, parecía que ese hombre conocía a la perfección sus movimientos, ¿sería verdad todo lo que le había contado? Parecía algo totalmente increíble, ¿o la había estudiado bien para alejarla de Ranma? Apenas podía pensar, el dolor de cabeza no remitía, incluso parecía que se le acentuaba con el paso de los minutos.
—¡Te he dicho que no iré! ¡Déjame que vaya a buscarle y… ―se oyó una segunda explosión, Akane abrió los ojos desmesuradamente y comenzó a temblar, nuevos gritos de gente asustada se escuchaban por toda la calle, el humo no le dejaba ver nada y eso la hacía estar aún más nerviosa― Ranma… ¡RAAAAAANMAAAAAAA!― Por más que intentaba deshacerse de ese tal Taro para ir a buscarlo no podía, ¿y si Ranma había resultado herido en esa segunda explosión?― ¡Por favor suéltame, podría haberle pasado algo malo! ¡Tengo que saber que está bien! ¡Ranma, Ranma!
Las pulsaciones de Taro palpitaban aceleradas, esa angustia en la voz de Akane era totalmente nueva para él. Ella le había defendido y se había preocupado innumerables veces cuando llegaba maltrecho de alguna pelea, pero jamás la había visto en ese estado de desesperación, como si su propia vida dependiera del bienestar de ese cabrón. ¿Cómo había conseguido lavarle el cerebro de esa forma en tan solo unos meses? ―¡¿Qué coño sabes tú de lo que es pasarlo mal por alguien?! ¡No voy a consentir que me hagas de menos! ¡En casa haré que bajes del pedestal a ese extranje…
No pudo acabar la frase, sin saber cómo se encontró tirado en el suelo con el labio partido, se lo tocó y sintió la humedad de la sangre recorriendo su barbilla.
―¡Aléjate de ella!
Miró hacia arriba y la figura imponente de ese extranjero se encontraba sobre él, mirándolo con ojos de auténtico demente. Pero lo peor fue ver a Akane correr hacia él llorando a lágrima viva.
―¡Creía que te había pasado algo! ¡Estaba muy asustada! ―se abrazó a su cintura y él la rodeó sin perder de vista a Taro, su expresión cambió al reconocer al hombre del suelo. Taro distinguió un semblante de ¿miedo? ¿A él?
―Estoy bien, no debí dejarte sola.
El chico de ojos grises no entendía lo que decían porque estaban hablando en japonés, se incorporó y sonrió de medio lado ―¿Qué te pasa extranjero? Te ha cambiado la cara en cuanto me has visto, ¿temes que Akane se entere de lo que le has estado ocultando?
―¡Cállate! ―gritó el coronel.
Akane se separó levemente de Ranma, parecía confundida, ¿acaso ellos dos se conocían? ―¿Q-qué está pasando aquí?, ¿de qué está hablando?
―¡Te lo he intentado explicar pero tú no has querido escucharme! ¡Ese hombre por el que tanto sufres te ha estado mintiendo todo este tiempo! ―bramó Taro.
―¡Te he dicho que te calles! ―Ranma observó a Akane que cada vez se alejaba más de él― No le escuches, vámonos.
Alargó el brazo para tomarla de la mano pero la chica le rehusó ―¿Por qué dice que me has mentido…?, ¿le conoces?
―Akane, por favor…
―¿Ranma, no? ¿Por qué no le cuentas que has sabido todo este tiempo quién era ella? ―La chica volvió la cabeza hacia Taro y luego hacia el hombre de la trenza, su expresión de miedo la convenció cada vez más de que algo le estaba ocultando.
―¿E-es eso cierto…?, ¿to-todo lo que me ha dicho es verdad?, ¿s-soy s-su mujer?
―¡No! ¡No eres nada suyo!
―¿¡Entonces qué está pasando!? ―La joven se puso las manos en la cabeza, el dolor volvió a acentuarse, esto no podía estar pasando, ¿Ranma le había mentido todo este tiempo?
―¿¡Tú que cojones sabes la relación que teníamos!? ―increpó a Ranma― ¿¡Es que prefieres creer a tu querido colega Hibiki que a saber qué te habrá dicho!? ¡Porque apuesto que no te ha contado que intentó abusar de ella y que yo llegué a tiempo de evitarlo! ¡La salvé de ese degenerado!
―H-Hibiki… ―murmuró Akane, ¿el hombre que quería hacer daño a Ranma había intentado abusar de ella?, ¿esa era la razón por la que temblaba al oír su nombre?, ¿Ranma sabía todo eso y se lo había ocultado?, ¿por qué?
―¿Que Hibiki hizo qué…? ―dijo apretando los dientes. En el fondo siempre había tenido la sospecha de que Ryoga escondía algo muy oscuro respecto a Akane, esa manifestación de ella al escuchar su voz aquella vez en la cabina de teléfono o su encuentro en el supermercado no podían ser más que revelaciones de su memoria perdida. Lo mataría… No dejaría que llegase al juicio si en algún momento podía demostrar que tanto él como Tzu estaban implicados en la emboscada de su unidad. ¿Entonces? Si Ryoga fue el que intentó abusar de Akane y no Taro eso significaba que ella se entregó a él voluntariamente… ¿Podría Akane haber amado a ese hombre y él se interpuso entre ellos? Pero… encontró a Taro borracho y rodeado de putas, no era la mejor opción para ella. Él la cuidaría y sería siempre la única pero, ¿y si Akane recuperaba la memoria y con ella los sentimientos que tenía hacía Taro? El miedo a perderla se apoderó de él en ese instante.
Taro se acercó a ella ―Akane, tienes que creerme, él y yo combatimos hace meses en un local llamado Black Ahiru, tú viniste porque estabas preocupada por mí y le enfrentaste porque… Bueno, no estaba en mi mejor forma ese día e intentaste separarlo de mí porque me tenía acorralado, yo vi cómo él se quedó mirándote, parecía estar viendo a un ángel, lo sé porque yo tengo la misma sensación cuando te miro… Sé que cuando te encontró te recordaba perfectamente y no quiso traerte de regreso… ¡Jamás dejó que decidieras si querías quedarte en casa para recuperar la memoria! ¡Te quería solo para él! ―dijo señalando al aludido.
―¡Cállate de una puta vez! ―bramó el azabache―. Akane, eso no es del todo cierto… déjame que te explique…
―¡No! ―La chica se alejó de ambos― ¡Tú… me mentiste! ¡Dijiste que jamás volverías a hacerlo!
―Akane, escúchame, todo tiene un porqué… por favor dame la oportunidad de explicarme… ―A cada segundo que pasaba Ranma sentía que la estaba perdiendo por no haber sido sincero con ella desde el principio, siempre había temido que ocultarle esa información acabaría explotándole en plena cara y justo es lo que estaba sucediendo en ese momento.
Ranma intentó cogerla del brazo para que no saliera huyendo como parecía estar a punto de hacer pero sintió cómo Taro le agarró de la muñeca y se la retorció, haciendo que el azabache retirara el brazo.
―¡No la toques! ¡Ella es mía! ―El castaño se abalanzó sobre Ranma con el puño cerrado dispuesto a golpearle y Akane, en un acto reflejo, a pesar de estar completamente abrumada por toda la información recibida, se colocó delante del azabache. Los reflejos de Ranma actuaron rápido y adelantó los brazos poniéndolos en cruz cubriendo a la chica. Taro se detuvo justo antes de que el puño se estrellara contra el bloqueo del coronel. Su ira comenzó a crecer a medida que se daba cuenta de que a pesar de acabar de descubrir que ese extranjero le había mentido estaba dispuesta a defenderlo.
―Akane, ¿qué has hecho? Podría haberte hecho daño ―dijo entre preocupado y enfadado el hombre de la trenza, pero no enfadado con ella, si no con Taro por haber estado a punto de herir al amor de su vida.
Akane se giró hacia Ranma sin poder dejar de llorar ―Yo… no sé… tengo que irme de aquí… No puedo asimilar todo esto ahora mismo.
―Te lo pido por favor… Escucha lo que tengo que decirte.
Ranma colocó sus manos en los hombros de Akane y Taro no pudo soportarlo, agarró a Akane y la separó bruscamente del azabache, impulsándola a un lado ―¡Que no la toques! ¡Ella es mía! ―La inercia de esa separación fue tan fuerte que Akane cayó al suelo, lo último que escuchó fue el grito angustiado de Ranma pronunciando su nombre antes de que todo quedara en silencio y a oscuras.
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―¿Señorita? ¿Puede oírme? ―La dulce voz de una mujer hizo que Akane poco a poco abriera los ojos, aunque los párpados le pesaban como jamás recordaba, quizá era comparable con la vez que despertó en el hospital aquel fatídico día.
―¿Dón-dónde estoy…? ―dijo con la voz apenas audible y sin poder enfocar con claridad a la persona que tenía justo delante. Se tocó un lateral de la cabeza que le dolía horrores, descubriendo que la tenía vendada―. ¿Qué me ha pasado?
―Está en el hospital Jiahui internacional, la trajeron por la mañana muy temprano, se dio un fuerte golpe en la cabeza y perdió el conocimiento, su doctora vendrá a verla enseguida. ¿Necesita algo?, ¿quiere que avise a ese tal Ranma del que hablaba en sueños? Supongo que será uno de los hombres que la trajeron.
La joven se tensó al escuchar el nombre de Ranma y negó con la cabeza, le dolía más el corazón que el golpe recibido, la enfermera asintió aceptando la decisión de Akane y se marchó.
Una vez que se quedó sola en la habitación se levantó y se dirigió a la ventana, necesitaba que le diera el aire, andaba sujetándose a las paredes y al mobiliario que se encontraba de camino, todo le daba vueltas, pero antes de llegar a su objetivo la puerta se abrió dejando entrar a su doctora.
―Akane, no deberías levantarte, seguro que te sientes mareada―. La chica se sentó en una silla a medio camino, la médico se acercó y se agachó para estar a su altura ―Eres propensa a los golpes en la cabeza ―dijo bromeando para intentar animarla, ya que en los meses que la estuvo tratando jamás la había visto en ese estado, era como un zombie.
Akane hizo un amago de sonrisa pero no contestó ―¿Me dejas examinarte y me cuentas qué te pasó? He dado orden para que te hagan una resonancia, sólo para quedarme tranquila. Y me ha dicho la enfermera que no quieres que pase el coronel Saotome a verte… ¿Hay algo que me quieras decir? ¿Ha sido él el que te ha…
―¡No! No ha sido él… No ha sido culpa de nadie, fue un accidente.
―No me quiero meter donde no me llaman Akane pero yo confié en él al entregarle tu custodia y si tienes miedo por algo…
―No quiero verle por otros motivos… El coronel Saotome jamás me pondría una mano encima… ―Sin darse cuenta una lágrima comenzó a recorrer su mejilla―. No me pregunte pero necesito quedarme en otro sitio…
La doctora la miró comprensiva y al instante respondió: ―Mi hija se ha ido a estudiar al extranjero y su habitación está libre, puedes quedarte conmigo.
―¿C-con usted? No querría molestar…
―Insisto, es lo que debería de haber hecho desde el principio.
Akane asintió agradecida, le daba mucha vergüenza pero no tenía otro sitio al que ir ―Doctora Feng…
―Dime.
―Lo recuerdo todo…
La doctora abrió los ojos sorprendida ―¿Quieres decir antes del ataque al centro comercial?
La joven movió la cabeza afirmando ―Ha sido como si alguien activara un interruptor en mi cabeza, que me duele una barbaridad… Se me está llenando todo de imágenes y recuerdos, de personas y situaciones que antes no estaban ahí… Es una sensación extraña.
―Akane, eso es maravilloso, porque te llamas así, ¿no?
La morena esbozó una ligera sonrisa ―Sí, soy Akane Ling, tengo 19 años y vivo en el gueto de Shanghai… —dijo avergonzada por lo que la doctora pudiera creer de ella—. No tengo familia… sólo Taro ha sido mi familia todos estos años hasta que conocí a… ―dejó de hablar porque la tristeza la estaba consumiendo por segundos―. No quiero regresar al gueto, por eso le pedí ayuda, buscaré trabajo y me iré en cuanto sea posible.
―Tsch, ahora necesitas descansar, no te preocupes de nada, sólo de recuperarte. Esto es increíble… He leído de casos que se han dado como el tuyo pero jamás me había sucedido, quizá este nuevo golpe ha sido un milagro.
―Sí… puede ser… ―murmuró.
La doctora suspiró, siempre había sido una paciente alegre y vivaz y ahora parecía una planta mustia. Ella sabía que había algo entre el coronel y su paciente, sus miradas cómplices no daban lugar a dudas pero decidió no actuar no sabía bien el porqué, quizá porque hacía tiempo que no había sentido tanto amor en una sala y ella siempre se había considerado una romántica empedernida, aparte de que creyó que su paciente iba a evolucionar favorablemente, ahora, después de ver el estado deplorable en el que la encontró comenzó a preguntarse si había tomado la decisión correcta al no intervenir cuando se dio cuenta de que algo pasaba entre ellos, aunque ya era tarde para eso… ¿Qué habría ocurrido para que Akane, que se desvivía por él, no quisiera verle? ―Voy a examinarte y te prescribiré un analgésico más fuerte, enseguida vendrán a dártelo.
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La doctora Feng salió de la habitación de la joven y dos hombres sumamente nerviosos se abalanzaron sobre ella, había pasado dentro lo que parecía una eternidad.
―Doctora, ¿cómo está Akane? ―preguntó Ranma, en su rostro se reflejaba claramente la angustia y la preocupación.
La doctora intentó ser imparcial pese a que ya no lo veía como hace meses ―La paciente ha despertado y se encuentra algo mareada pero estable, no obstante voy a realizarle unas pruebas para descartar algún traumatismo interno que no se aprecie a simple vista.
Ranma resopló aliviado ―¿Puedo entrar a verla? ―preguntó esperanzado. Sabía que en breve debería marcharse, tenía que resolver el tema de su intento de asesinato pero ahora mismo lo más importante era ella y poder explicarle por qué hizo lo que hizo. Sólo esperaba que le perdonara.
―¡No pienso permitir que la vuelvas a ver! ¡Ya me has quitado tiempo de su vida! ―bramó Taro poniéndose delante del coronel. Ranma frunció el ceño y lo agarró de la camiseta pero lo soltó de inmediato en cuanto escuchó la voz de la doctora.
―¡Esto es un hospital, no un zoológico! ¡No pienso permitir este comportamiento! ―Los hombres intentaron relajarse pero era clara la tensión que afloraba en el ambiente. La doctora escudriñó con la mirada al castaño—. ¿Es usted el señor Taro Ling? —El hombre asintió—. Puede pasar a verla.
—¿¡Que pase él!? —Ranma no daba crédito a lo que estaba pasando.
—Coronel Saotome, ¿podría acompañarme a mi despacho? Tengo que hablar con usted ―al segundo miró hacia Taro―. Si quiere antes de irse puede pasarse por la consulta de enfermería a que le curen ese labio partido.
Taro rio con sorna ―Esto es una tontería, he estado peor ―El castaño avanzó hasta la puerta de la habitación, no sin antes dirigir una sonrisa burlona y triunfante al hombre de la trenza.
El azabache comenzó a caminar también en dirección a la habitación pero la doctora se interpuso —¡Doctora Feng, no puede dejar a ese hombre a solas con Akane! ¡Todavía no tengo claro que él no le pusiera una mano encima en contra de su voluntad!
—Soy consciente de ello, Akane me lo ha contado todo.
—¿Q-Que Akane se lo ha contado todo? ¿Qué me quiere decir con eso? ¿A-acaso ella?
—Acompáñeme —Sin dejar lugar a réplica comenzó a andar por el estrecho pasillo del hospital, Ranma dirigió una última mirada a la puerta de la habitación de Akane, inhaló aire profundamente y apretando los dientes siguió a la doctora, que ya había entrado a su despacho—. Cierre la puerta, coronel.
Ranma obedeció y caminó despacio hasta llegar a la mesa de escritorio, apoyando las manos en una de las sillas que había.
—Akane ha recuperado la memoria —soltó sin más. La cara del azabache era todo un poema—. ¿No se alegra? —dijo suspicaz mientras evaluaba su reacción.
—¿Qué? ¡Claro que me alegro! ¿Qué está insinuando? —Luchaba por controlar su ira interna pero no le era fácil sabiendo que en esos momentos Taro estaba a solas con Akane… y con una Akane que se acordaba de él…
―Lo que no me ha contado es por qué no quiere verlo y eso me lleva a un debate interno al pensar que quizá no fue la mejor idea que usted fuera su tutor.
Ranma se atusó el cabello y comenzó a andar por la estancia ―Yo sabía de dónde venía ella… Conocía el paradero de Taro y no se lo dije… por eso ahora no quiere verme —soltó sin medias tintas.
―¿Quiere decirme que todo este tiempo sabía dónde estaba su familia y lo ha ocultado a propósito? ¿Por qué? ―dijo secamente sin poder creer lo que estaba escuchando.
―¡No es su verdadera familia! ¡Y no dije nada porque esa persona que está ahora a solas con ella no es trigo limpio! ¡Vive en la calle y no tiene intención de salir de ella! ¡Lo investigué! ¡Es un ratero de tres al cuarto que lo único que hace es derrochar el dinero que gana, en peleas ilegales, en alcohol y putas! ¡Akane no se merecía esa vida! ¡Yo quería que tuviera la oportunidad de tener algo mejor, un futuro! ¡Es muy inteligente, sería capaz de llegar a lo que ella se propusiera pero no si seguía atada a ese tipo! ¿No lo comprende?
La doctora se ajustó las gafas ―Puedo entender su postura coronel Saotome pero no es nadie para decidir por ella, y supongo que ahora se ha dado cuenta, porque ella piensa como yo, ¿no es cierto? Le ha mentido todos estos meses y ahí están las consecuencias.
Ranma se sentó en la silla, puso los codos encima de la mesa y se sujetó la cabeza con las manos ―Escúcheme doctora, fui un estúpido, quise decírselo varias veces pero cuanto más tiempo pasaba más difícil se me hacía, tenía miedo de perderla, ella es… ―se atusó el pelo y la miró fijamente a los ojos―, es lo mejor que me ha pasado en la vida… Y ahora la he perdido… Pero si usted me dejara pasar a verla quizá podría explicarle por qué hice lo que hice y conseguir que me perdonase. Le juro que todo lo hice pensando en su bienestar, aunque debo de reconocer que también hubo mucho egoísmo por mi parte. Se lo suplico… sólo le pido cinco minutos.
―Coronel… no piense que soy una mujer fría y sin corazón, puedo leer muy bien a las personas y sé que usted me dice la verdad, pero aún así no puedo interferir en su decisión. Akane es una mujer adulta y ella es libre de decidir lo que quiere hacer con su vida.
Ranma se puso de pie como un resorte ―¿¡Y va a dejar que vuelva con él a la calle!? ¡¿A rebuscar en la basura por comida y a dormir prácticamente a la intemperie!?
―No tendría por qué darle una explicación pero si así se tranquiliza un poco ella, en principio, va a quedarse conmigo una temporada, la que quiera y necesite ―La mujer apreció un leve relajo en la postura rígida del azabache―. Creo que no tenemos más que hablar de momento, redactaré un informe exonerándole de la tutoría de la señorita Akane Ling.
―Akane Tendo, no Ling.
―¿Cómo dice? ¿Tendo?
―Estoy esperando una confirmación oficial, le haré saber en cuanto la tenga. Por favor… si le pregunto por ella, ¿me dirá cómo está? Sólo le pido eso.
La doctora Feng no pudo resistirse a esos ojos que le suplicaban anhelantes una respuesta afirmativa, pero tampoco podía ir en contra de los deseos de Akane, si ella le pedía que Saotome no supiera de su nueva vida, respetaría su decisión ―No se preocupe, está en buenas manos.
Ranma comprendió que tenía la batalla perdida ―Cuídela, por favor… ah, no hay que decir que cualquier gasto corre de mi cuenta, ella no tiene por qué enterarse ―Y salió del despacho con paso airado. Tenía la cabeza muy cargada, por un segundo estuvo a punto de mandarlo todo a la mierda y entrar a la habitación pero había algo que no tenía claro, los sentimientos de Akane hacia Taro. Puede que ella sintiera algo por él mientras no recordara su pasado pero ahora había recuperado la memoria, ¿y si también junto a ella los sentimientos que tuviera antes de la explosión? Seguramente así sería… Necesitaba despejar su mente, ella estaría bien con la doctora Feng y él tenía una labor, habían intentado asesinarlo y Akane se había visto involucrada, Quizá fuera mejor que se alejara de ella, no quería que por su culpa sufriera algún daño, si la manera de protegerla era no estando a su lado así sería.
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Cuando Taro entró a la habitación Akane estaba sentada en la cama mirando hacia la ventana. Pudo observarla en su esplendor con la puerta entreabierta, se veía muy absorta en sus propios pensamientos.
La joven, por otro lado, por fin podía unir el presente con el pasado, pero una sensación de vacío se había instalado en su pecho. Ya no había ansiedad ni desesperación, simplemente ese profundo hueco que no la dejaba reaccionar.
—Akane —llamó su atención, la chica inmediatamente giró la cabeza y sus miradas se encontraron.
Escuchó su nombre de una voz que no era la anhelada por ella, giró la cabeza y vio al hombre que la había acogido, sonrió con un asentimiento —Pasa.
El castaño cerró la puerta y caminó hasta llegar a la altura de la joven —¿Estás bien? Me has pegado un susto de muerte… No era mi intención lastimarte… Es que sabes que cuando peleo me ciego y… bueno, eso me pasa, la antigua Akane sabría cómo soy.
—Lo sé, te conozco demasiado bien, Taro —El chico quedó impactado ante su respuesta, ¿quería eso decir que había recuperado la memoria?—. Fue un accidente, no le des vueltas.
—Un afortunado accidente, parece ser —dijo con una amplia sonrisa—. ¿Me recuerdas entonces? ¿Recuerdas tu vida junto a mí?
—Sí, aún se me distorsionan algunos recuerdos pero la doctora dice que es cuestión de tiempo que todo vuelva a la normalidad.
—¡Eso es estupendo! ¡Y seguro que estando en casa vas a tardar menos! Me hubiera gustado cuidarte desde primera hora cuando pasó todo esto… Si lo hubiera sabido yo… ―se revolvió el cabello― Y no hubieras tenido que estar con ese… —dijo apretando los dientes al recordar que había pasado sus noches con otro hombre.
Akane lo observó y con voz pausada pero firme le dijo: —Taro… no voy a volver a casa.
Al instante el castaño frunció el ceño, molesto— ¿Qué coño estás insinuando? ¿Cómo que no vas a volver? Seguro que lo que te estén dando te está afectando más de los que puedes admitir, es el sedante ese, ¿no es cierto? Me dejaste solo, te fuiste a correr aventuras pero ya has regresado a la normalidad.
—Si me estás diciendo eso es que no entendiste por qué me fui… —dijo cerrando los ojos y frotándose la sien.
—¡Sí, te presioné demasiado, ¿y qué?! ¡¿Vas a dejar de lado todo lo que hemos vivido juntos?! ¿¡Pretendes irte con él, verdad!? ¡Después de haberte mentido! ¡Lo he visto en tu cara! ¡¿Te has encoñado con ese extranjero?!
—¡Baja la voz! —Ahí estaba ella, ese carácter indomable que la caracterizaba y que él tanto odiaba—. Él no tiene nada que ver en mi decisión. No voy a defender lo que ha hecho Ranma pero tú tampoco fuiste totalmente sincero cuando me encontraste.
—¿De qué hablas? ¡¿En qué no fui sincero?!
Akane tomó aire e intentó serenarse, la cabeza estaba a punto de estallarle —Taro… yo te quiero, pero no de la forma que tú quieres, te lo he dicho mil veces. Al contarme lo del… ya sabes… lo del bebé…
Taro la interrumpió ―Ni lo menciones ―dijo con la voz contenida.
―¿Por qué me dices eso?
―Porque si oigo indiferencia en tu voz, o alivio como cuando lo perdiste, no sé de lo que seré capaz.
Akane lo miró espantada ―¡No estás siendo justo conmigo! ¡Claro que me dolió pero, ¿y qué querías?! ¿¡Traer a un niño al mundo donde su vida sería vivir entre miseria y recoger comida de la basura!? ¡¿Esa es la vida que quieres dar a tu futuro hijo?! ¡Cuando me dijiste lo del bebé esta mañana creí que realmente estábamos juntos y que yo había huido de mi responsabilidad hacia ti!
—¡Pero Akane tú…!
—¡No, déjame terminar! —interrumpió la joven—. ¡Por un momento me sentí la persona más miserable del mundo por haberte engañado, pero yo jamás podría engañarte porque nunca hemos sido nada! ¡Siempre te he considerado mi hermano mayor!
—Los hermanos no hacen lo qué tú y yo hicimos… ¡Te entregaste a mí!
—¡Y fue el mayor error de mi vida! ¡Nunca debí permitir que pasara pero me sentía demasiado en deuda contigo y tú no hacías más que recordarme que estoy viva gracias a ti! ¿¡Qué querías que hiciera!? ¡Pensé que este asunto estaba zanjado antes de irme pero tú sigues viviendo en tu mundo! ¡Acéptalo de una vez! ¡Jamás voy a quererte como deseas!
La mirada gris del castaño se volvió fría como un témpano de hielo, alzó la cabeza, frunció el ceño, se acercó y habló bajito apretando la mandíbula —Si no regresas a casa conmigo cuando salgas del hospital no vuelvas a aparecer por allí…
La chica de ojos avellana habló compungida —¿Por qué tiene que ser todo o blanco o negro? Yo no quiero sacarte de mi vida.
—¡Pues vuelve conmigo! ¡He removido cielo y tierra para encontrarte! ¿¡Haría él eso por ti!? ¿¡También dejaste que te follara por agradecimiento!?
—¡Basta ya! —La joven se puso las manos en la cabeza y cerró los ojos con fuerza, el dolor la estaba matando pero aún así hizo un esfuerzo por recomponerse.
—¿Qué te pasa? ¿Llamo a la doctora? —se preocupó el castaño, sabía que se había pasado de la raya.
—¡No quiero que llames a nadie! ¡Lo único que pretendo es que entiendas por qué no quiero regresar! ¡Tú nunca quisiste salir de la calle y no es eso lo que deseo para mí!
Taro volvió a mirarla con frialdad —Lo entiendo perfectamente, la señorita ha probado el lujo y nuestra vida le parece miserable, no estoy a tu altura, a la altura de un coronel del ejército, ¿no?
Akane resopló y negó con la cabeza, estaba claro que jamás lo haría entrar en razón así que intentó tranquilizarse y no sonar alterada —Sabes que siempre he querido algo mejor, pero para los dos, si tú no tienes ambición por salir de la calle no pretendas arrastrarme contigo. Ya soy una mujer adulta, te agradezco infinito que cuidaras de mí pero comprende que no es la vida con la que yo sueño. Quiero estudiar y ganarme la vida honradamente, no rebuscar en la basura por comida caducada, ¿tan difícil es de entender? Seguro que tú podrías buscar un empleo y…
—Para —soltó sin más—. Yo siempre he vivido como he querido, sin darle cuentas a nadie, me he cuidado solo desde pequeño y no voy a consentir que alguien me mangonee haciéndome trabajar de sol a sol por unos míseros yuanes. ¿Esa es tu condición para estar juntos? ¿Cortarme las alas?
—No es mi intención cortarte las alas pero… creo que tampoco sería conveniente que volvamos a vivir juntos, pero nos veríamos de vez en cuando, piénsalo. Solo quiero lo mejor para ti.
El castaño frunció el ceño y apretó la mandíbula —No necesito tu caridad y ahora, si me disculpas, voy a prepararme para la pelea de esta noche.
—¡Taro, escúchame!
El luchador dio media vuelta y salió a paso ligero de la habitación, dando un portazo al cerrarla que hizo dar un respingo a la joven.
Al minuto entró una enfermera a administrarle un analgésico más potente para los dolores de cabeza y, nada más salir, la doctora Feng volvió a visitarla.
—¿Quieres compañía? Tengo un hueco antes de irme a almorzar.
Akane asintió muda, la mujer entró y cerró tras ella.
—Creo que todo era mucho más fácil cuando no recordaba quién era… —dijo con la sonrisa más triste que la doctora Feng había visto jamás. La mujer se sentó en su cama y le tomó la mano para consolarla, ya que de repente Akane comenzó a llorar sin previo aviso—. Esto… ¿él… sigue aquí…?
—Si preguntas por el coronel Saotome se fue hace un rato.
Más lágrimas recorrían el porcelánico rostro de Akane mientras sentía cómo el corazón se le rompía a pedazos. ¿Tan fácil le había sido pasar página? Le prometió que nunca la dejaría sola… Pero, ¿y qué esperaba después de haber pedido que no le dejaran pasar? Pensó que había tomado la decisión correcta, cuanto antes empezara a olvidarle mucho mejor. Aunque dudaba que alguna vez pudiera lograrlo.
—¿Estás segura de que no quieres verle? Akane, no estoy a favor de lo que hizo pero sé que él…
—No… me mintió cuando prometió que no volvería a hacerlo. ¿Quién sabe qué más me haya ocultado?
—Me ha pedido que le mantenga informado de tu estado, pero si tú no quieres respetaré tu decisión.
Akane alzó la cabeza y miró a la doctora con una firme decisión —No quiero que sepa nada de mí…
La mujer asintió —Así se hará.
—Doctora Feng… ¿podría dejarme sola? Yo… Necesito poner en orden mis pensamientos, no se ofenda por favor… Ha sido usted muy amable conmigo desde siempre.
La doctora sonrió comprensiva —No me ofendes, es normal que necesites espacio, iré a almorzar ahora y luego tengo que ver a un par de pacientes, intentaré estar contigo cuando te hagan la prueba, ¿quieres?
—Se lo agradecería mucho, no tengo vida suficiente para agradecer todo lo que está haciendo por mí.
—Descansa, enseguida te traerán la comida. Nos vemos luego.
En cuanto la doctora salió por la puerta Akane descargó toda la tristeza y la angustia que llevaba dentro, transformándolas en un llanto desconsolado. Lloró y lloró hasta que se quedó dormida de puro cansancio. Su último pensamiento fue Ranma.
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Ranma tomó un taxi y se fue directo a la sede principal, el General Wáng tendría que responder por él sí o sí. Fue el trayecto más largo de su vida, su mente lo torturaba continuamente con imágenes románticas entre Taro y Akane. Desde que ella entró en su vida había sido uno de sus principales temores, que al recuperar la memoria lo apartara y regresara con ese indeseable, bueno, de momento parecía irse con la doctora, ¿pero por cuánto tiempo?
Pagó al taxista y salió de manera apresurada, al intentar entrar por el arco de seguridad dos soldados le detuvieron.
—Disculpe, ¿tenía usted cita?
—¡No necesito cita! —Ranma intentó pasar pero los hombres le bloquearon el paso.
—¡Los civiles no pueden pasar sin cita previa! ¡Si osa resistirse tendremos que inmovilizarlo!
Ranma sonrió sarcástico, lo que más necesitaba en ese momento era descargarse con el primero que le pasara por delante y esos dos se lo estaban poniendo en bandeja.
—¡Coronel Saotome!
—¿Coronel? —Los hombres se miraron y tragaron en seco, seguramente les caería una buena reprimenda.
Kirin se acercó al arco de seguridad —Vaya pintas tiene… —Lo miró de arriba a abajo, Ranma iba desaliñado vistiendo una camisa estilo chino color azul de media manga, unos vaqueros azules y unas deportivas blancas, cubierto de hollín tanto él como la ropa—. El General anda como loco buscándole. Está esperándole en su despacho.
Ranma pasó sin decir nada, Kirin lo siguió, acostumbrado ya a ese humor tan característico desde que llegó, aunque tiempo atrás lo había visto algo más tranquilo volvía a ser el Ranma Saotome de cuando lo recogió en el aeropuerto, quizá más irritado que por aquel entonces.
El hombre de la trenza entró al despacho del general sin llamar a la puerta, lo encontró sentado en su silla hablando por teléfono, que colgó nada más ver entrar al coronel como un torbellino.
La secretaria del general entró corriendo detrás de él, parecía muy sofocada —Lo siento, no he podido frenarlo…
—No se preocupe, retírese —dijo el hombre moviendo la mano con indiferencia.
—Coronel Saotome, lo estábamos buscando, ¿dónde se había metido?
Ranma apoyó las manos en la mesa dando un fuerte golpe —¡Le dije que estaba en el punto de mira y usted no me creyó! ¡Quiero que haga venir a Hibiki ahora mismo! ¡Esto es obra suya! ¡Me estoy acercando a algo que puede perjudicarle y quiere quitarme de en medio sin importarle llevarse por delante a civiles inocentes!
—Coronel… haga el favor de sentarse y hablemos como dos adultos, no haga que le detengan por desacato a un superior, entiendo que esté nervioso pero no voy a consentir que me hable con esa falta de respeto.
Ranma se tensó, estaba tan sumamente ansioso y furioso que se le había olvidado que hablaba con su superior —General, solo le pido que me escuche… ¿Qué más pruebas necesita? ¡Tenía una puta bomba en el coche! ¿Cree que es coincidencia?
—Lo que creo es que desde su llegada ha cabreado a mucha gente.
Ranma enarcó una ceja — Y matarme supongo que es lo normal, ¿no?
—No he querido insinuar eso, no esté a la defensiva. ¿Quién dice que fueron a por usted en concreto? Igual sólo pretendían matar a un militar al azar.
Ranma apretó la mandíbula —¿Y qué medidas va a tomar al respecto? Porque esa bomba no la coloca un simple aficionado, es obra de un militar experimentado.
—Hasta que no investiguemos no podemos dar nada por sentado.
El azabache cerró los puños con fuerza, estaba claro que por muy aliados que se consideraran los chinos jamás echarían en falta la muerte de un japonés. Tendría que solucionar esto por cuenta propia.
—¿Me necesita para algo más? —contestó secamente.
—¿Y usted me lo pregunta? Sabe perfectamente cuál es el protocolo en estos casos. Salga fuera y le acompañarán para tomarle declaración, luego podrá irse a descansar, pero tenemos que saber dónde se encuentra en todo momento. Le daremos un localizador para que nos llame inmediatamente cuando le llegue el aviso, ¿necesita vigilancia? Puede disponer de hasta dos hombres ―habló con tal indiferencia que eso molestó al azabache en demasía.
—No, gracias —soltó irónicamente—. Lo que sí necesito es un coche, sin bomba esta vez, por favor.
—Coronel no me gusta su tono de voz, nadie está en su contra, quizá solo sea un ajuste de cuentas por algo de su pasado, un familiar que clama venganza por su hermano, esposo o tío muerto en Corea a sus órdenes, no descarte eso, he leído su informe ―replicó con sorna.
El hombre de la trenza se puso rígido, cuando le recordaban lo sucedido en Corea comenzaba a hiperventilar y a temblar, su ritmo cardíaco aumentaba y un sudor frío le recorría todo el cuerpo. Esa sensación desaparecía al instante con la presencia de Akane y parecía que había mejorado con la visita de Ukyo pero no, ahí seguía la misma emoción de angustia y culpa.
―Coronel Saotome ―Ranma parpadeó varias veces y dirigió su mirada ante el hombre rechoncho que tenía sentado enfrente―. Parecía que estaba en su propio mundo, le aconsejo que siga el protocolo a rajatabla, recuerde que ahora mismo está de baja, no cree más problemas.
Estaba claro que no iba a sacar nada más de ese hombre, así que con todo su autocontrol, se cuadró y realizó el saludo militar ―Con su permiso, general… ―se dio la vuelta de forma airada y caminó con paso firme hasta la salida.
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Mousse llegó al Black Ahiru irritado, su plan no había surtido efecto, ¿cómo había sido posible? Todo lo que hablaban de Saotome era cierto, ¿cómo se daría cuenta de que el coche llevaba un explosivo?, ¿le habrían dado un chivatazo? Eso era imposible, sólo él era conocedor del plan. Entró en su despacho y cerró la puerta de un portazo, tomó una botella de baijiu y se sirvió un vaso de chupito, se lo bebió de un trago. Cuando se estaba sirviendo el segundo escuchó unas pisadas rápidas que se acercaban, abrieron la puerta y una voz muy conocida por él resonó en la habitación.
―¿¡Qué coño pasa contigo!? ¿¡Cómo se te ocurre poner una bomba en un coche oficial del ejército!? ¡Me importa una mierda lo que le pase a Saotome pero has estado a punto de cargarte a Akane!
Ryoga sujetó el hombro de Mousse y le hizo girar hasta tenerlo de frente, el pelinegro de larga cabellera cerró los ojos e inspiró pausadamente, como intentando calmarse.
—No me alces la voz… —dijo escudriñando al militar con la mirada baja.
—¿¡Que no te alce la voz!? ¿¡Pensaste bien en lo que ibas a hacer!? ¡Esa bomba solo puede instalarla alguien con conocimientos militares en explosivos! ¡Estás cavando nuestra tumba!
—Ryoga… te lo advierto, hoy no es el mejor momento para tus sermoncitos. Lo tengo todo bajo control, nadie va a relacionarnos con ese ataque, y respecto a tu querida Akane, te buscas otra y ya está, hay miles de chicas bonitas por el mundo.
—¡Yo la quiero a ella! ¡Te lo he dicho miles de veces! —Ryoga se puso las manos en la cabeza y comenzó a dar vueltas por la habitación—. Estoy seguro de que van a tirar del hilo hasta dar con nosotros… —hablaba nervioso.
—¿Quieres calmarte de una puta vez? Si nadie se enteró de lo de Corea aún menos de esto. Ha podido ser cualquier banda terrorista o algún coreano cabreado con el ejército.
—¿¡Es que nada te importa!? ¿¡No estás ni un poco nervioso!? ¡Yo no voy a caer! ¡Si algo de esto sale a la luz te quedas solo! ¡No dejaré que arruines mi carrera por hacer las cosas sin pensar! ¡Deberías de haber consultado conmigo!
—¿Perdona? —respondió Mousse alzando una ceja― ¿Consultar contigo?
—¡Lo que oyes! ¡Tú ya estás centrado en el negocio y estás oxidado respecto a maniobras militares! ¡Maldita sea Mousse! Voy a ver si averiguo algo, te mantendré informado. No hagas nada más sin decírmelo.
El hombre del colmillo prominente comenzó a caminar hacia la salida.
—Ryoga —lo llamó Mousse. Éste se giró con desgana y vio a su amigo apuntándole con un arma.
—¿Q-qué co-cojones estás ha-haciendo? —tartamudeó.
—A mí nadie me dice lo que tengo que hacer y pienso que te has vuelto una carga más que una ayuda. Siempre has sido débil y pensándolo bien ya no te necesito.
—Pero Mousse yo…
Shampoo escuchó un estruendo en la oficina de Mousse, parecía el sonido de un arma al disparar, abrió la puerta despacio y con temor, la escena que se encontró la dejó completamente helada; Ryoga yacía bocarriba con un disparo en la frente, los ojos habían quedado abiertos y su expresión era de auténtico terror. La joven de largos cabellos violetas ahogó un grito colocándose las manos en la boca y comenzó a temblar.
—¿Qué haces ahí parada? Entra y cierra la puerta —dijo Mousse mientras guardaba su arma en el escritorio.
—Y-y-yo… debería irme… —respondió la atemorizada mujer.
—Maldito cabrón, me ha manchado la camisa de su asquerosa sangre nipona —miró a Shampoo con determinación—. Te he dicho que entres y cierres la puerta —siseó mientras se quitaba la camisa y se ponía otra limpia del armario que tenía en su despacho.
La chica no supo cómo su cerebro ordenó a su cuerpo moverse, cerró la puerta sin poder apartar la vista del cuerpo inerte de Hibiki, que parecía no dejar de mirarla. Sabía que Mousse era capaz de cualquier cosa pero jamás imaginó que pudiera hacerle algo a Ryoga.
—¿Por qué lo miras tanto? ¿Acaso te gustaba?
—¿Q-qué…? No… yo…
—Él me contaba las cosas que te hacía, deberías de alegrarte de no tener que tratar más con semejante depravado —El ex-militar se acercó a ella y le puso el dedo índice debajo del mentón, subió la mano hasta que los ojos carmesíes de ella hicieron contacto con los esmeraldas de él, a través de sus gruesas gafas—. Deja de temblar, no va a pasarte nada. Ahora avisa a Yao y a Ming para que me ayuden a deshacerme de este cobarde.
—S-sí… Voy… —Lo único que quería era alejarse de allí y que Ryoga dejara de mirarla.
—Y gatita… discreción por favor, no quiero que las chicas se pongan nerviosas, ¿de acuerdo?
Shampoo movió la cabeza afirmativamente sin abrir la boca y salió a cumplir con el cometido que le había impuesto Mousse, ¿qué iba a hacer? Si había sido capaz de matar a sangre fría a un compañero y supuestamente amigo qué no haría con ella el día que no le hiciera falta. Había pasado miedo otras veces, demasiadas, pero esta vez era distinto, Mousse estaba peor que nunca, tendría que dormir con un ojo abierto. ¿Y escapar? No era una opción, seguro que la encontraría y la mataría de la forma más cruel posible por haberlo abandonado. ¿Y contárselo a Rouge para que ambas planearan una escapada? No, no quería involucrarla, esa noche meditaría lo que hacer. Sin Taro por allí se sentía más sola que nunca, ¿dónde se habría metido?
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Ranma aparcó el coche en la parte perpendicular del Black Ahiru, casi derrapó al poner el freno de mano de lo deprisa que iba. Se bajó del vehículo y caminó a grandes zancadas hasta la puerta principal.
―¡Eh, eh! ¡¿A dónde coño te crees que vas?! ―bramó el portero del local que en ese momento salía del mismo.
Ranma lo cogió de la camiseta y lo estampó contra la pared ―¡¿Dónde está Hibiki?! ¡Si está ahí dentro dile que salga o entro yo mismo a buscarle!
―¿Qué escándalo es este? ―Mousse salió del local hablando muy calmado―. Vaya, qué alegría volver a verle, ¿va a pelear esta noche también, coronel Saotome? ―dijo con una sonrisa sarcástica.
El azabache sacó su arma y apuntó a la frente de Mousse ―Dejémonos de tonterías… Sé perfectamente quien eres, Mayor Mousse Tzu. Si estás dándole asilo al hijo de puta de Hibiki te llevo por delante a ti también sin pensármelo dos veces. No sé quién de vosotros puso la bomba en mi coche pero lo averiguaré… ¡Si ella llega a morir os juro que no os encuentran porque os haría pedacitos y los repartiría por todo vuestro jodido país!
El portero del Black Ahiru, Yao, iba a lanzarse sobre Ranma pero Mousse le hizo una señal para que se detuviera y le susurró: ―Busca a Ming para darle al coronel Saotome un obsequio del Black Ahiru… ―Yao asintió entendiendo las órdenes de Mousse y se adentró en el local―. Escúchame Saotome, no tengo ni puta idea de dónde está Hibiki, créeme que yo también lo estoy buscando. No es necesario que me apuntes, podemos hablar como personas civilizadas.
―¡Sé que habéis sido vosotros! ¡No intentes calmarme como si fuera un puto chiflado! ¡No vas a conseguir acabar conmigo!
―Mi paciencia tiene un límite, vienes a mi local, me apuntas con un arma y me acusas de algo que no he hecho, sinceramente si así tratas a todo el mundo no me extraña que quieran quitarte de en medio. Deberías de estar internado en un psiquiátrico y andas suelto por la calle como si nada.
―¡No te hagas el tonto conmigo! ¡Os he investigado! ¡Tú eras experto en explosivos cuando estabas en el ejército!
―Yo y muchos más militares, ¿te estás oyendo? No tienes pruebas y aún así estoy intentando que entres en razón. ¿O quieres traumatizar a todo el mundo que está presenciando esta escena?
Ranma entrecerró los ojos, miró a su alrededor y vio a varias personas del local y algunas que pasaban por allí observando con miedo. Un niño se agarró a las faldas de su madre y se colocó detrás de ella. En ese momento se dio cuenta de que no podía ajustar lo que tenía pendiente con ellos en ese instante.
―Dile a Hibiki que le estoy buscando y en cuanto a ti… te estaré vigilando ―guardó el arma y se dirigió hacia su coche.
―¡Debería denunciarte ante tus superiores! Puto loco…
Antes de llegar al vehículo el localizador que le había dado el general Wáng comenzó a sonar, ¿qué querrían ahora? ¡Si acababa de estar allí! Prefirió no añadir más desacatos a su expediente y en lugar de llamar decidió ir de nuevo al cuartel.
Mousse observó cómo Ranma se alejaba a toda velocidad, Yao se acercó en ese momento y se puso a su lado ―¿Ha habido algún problema? ―dijo el hombre de gruesas gafas.
―Todo en orden ―respondió el portero.
Mousse asintió y entró de nuevo al local, Shampoo corrió escaleras arriba hasta llegar a su habitación, cerró con llave y se sentó en la cama, cubriéndose con una manta a pesar del calor que comenzaba a hacer. Esto no podía seguir así, necesitaba hallar una solución.
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Ranma llegó de nuevo a la sede central, el general estaba en el patio con otros militares, entre ellos Kirin y Saffron.
―Ah, coronel Saotome, pensé que nos llamaría pero que haya venido hasta aquí es mucho mejor, porque era lo que iba a pedirle ―dijo el general atusando su grueso bigote.
―Acabo de irme y necesito gestionar algunas cosas, ¿para qué me ha mandado llamar, general?
―El teniente Saffron me ha informado de que el capitán Hibiki no ha llegado al cuartel, le han intentado localizar y no ha habido manera de contactar con él.
Ranma frunció el ceño ―¿Y qué tiene que ver eso conmigo?, ¿qué está insinuando?
―Creo que es algo lógico, usted amenazó de muerte a un compañero delante de todos y ahora ese compañero no aparece.
―Esa acusación es muy grave… No se lo voy a permitir aunque sea mi superior…
―¿Por qué siempre está a la defensiva? Siento si le ha parecido que lo culpaba, desde que llegó a China se le ha tratado muy bien, no se altere sin motivos.
―¿Sin motivos? ―Ranma se frotó la cara con las manos, estaba exhausto, tanto física como mentalmente. En cuanto se fuera de allí lo primero que haría sería hablar con Happosai y después llamaría al general Kuno para contarle lo que estaba pasando, o quizá probaría con otro ya que sabía de sobra que Kuno sentía animadversión hacia él.
―Necesito que se quede aquí hasta que Hibiki aparezca y nos aclare todo.
―General… ―habló pesadamente― No puede retenerme aquí sin pruebas de lo que está diciendo y lo sabe, Hibiki no es un crío, ¿que no ha ido a trabajar? Seguramente esté en casa de alguna chica y se haya quedado dormido o qué sé yo. Esto es absurdo… ―sabía que estaban abusando de su autoridad pero qué podía hacer, estaba solo en un país que no era el suyo.
―Es cierto, no le estoy reteniendo, sólo le pido como compañero que se quede y ayude a encontrar a otro compañero ―. Estaba claro que no iban a dejarlo marchar.
―¿Puedo hacer una llamada?
―Claro que sí, ya le dije que no está retenido…
Ranma observó cómo dos hombres se acercaban a su auto ―¿Están buscando una bomba? Apenas he dejado el coche fuera de la vista.
―No queremos arriesgarnos, es por su seguridad y por la del cuartel general. Ya ha sido víctima de un intento de asesinato, hay que ser muy meticulosos.
―¡General! ―Uno de los hombres que estaba inspeccionando el auto llamó enérgicamente al general Wáng, éste se aproximó dubitativo, Ranma lo siguió, no era posible que hubieran encontrado otro explosivo, apenas dejó el coche sin supervisión.
El militar experto en explosivos les indicó que se acercaran al maletero. Cuando llegaron, Ranma se quedó congelado en el sitio, por la parte de abajo goteaba sangre.
―¡Abran el maletero! ―ordenó el general.
Los hombres se quedaron de piedra al ver el contenido del maletero, Ranma era incapaz de articular palabra alguna, el cadáver de Ryoga Hibiki le devolvió una mirada descompuesta, de ojos secos y apagados. La boca abierta en un eterno grito de estupor. La sangre había dejado de manar, y se estancaba seca sobre sus mejillas y ropas, creando charcos negros como el petróleo. Las piernas encogidas, los brazos desmadejados. Blanco, frío. Muerto.
En menos de dos segundos el azabache se vio rodeado de militares que le apuntaban con sus armas.
―Ya hemos dado con el capitán Hibiki, ¡detengan al coronel Saotome inmediatamente!
Continuará…
Hola! Lo primero de todo siento muchísimo la tardanza en actualizar, nunca me ha pasado esto por tanto tiempo pero es que os juro que no me da la vida. Y ahora vosotros me la vais a querer quitar por este capítulo, no? Ups… sorry not sorry… muahahaha
Creo que no he escrito un capítulo en el que hubiera tanta tensión desde el principio hasta el final, ha sido agotador pero espero que haya merecido la pena la espera, aunque ahora mismo me odiéis un poquito :p
Tengo muchísimas ganas de leer qué opináis, debo anunciar que creo que quedan dos capítulos para acabar la historia, ya estamos llegando al desenlace! Muchísimas gracias por seguir ahí y por todos esos reviews y ese cariño que recibo por vuestra parte en mis redes sociales, sois grandes!
No me quiero enrollar mucho más, como siempre gracias inmensas a mis betas Sailordancer7, Lucitachan, Susychantilly y a LumLumLove (encargada de describir el contenido del maletero de Ranma jajaja quién mejor que la reina del drama para hacerlo? Gracias por echarme una mano porque tenía ya el cerebro frito).
Con suerte en junio que subo a Madrid podré ver a Lucitachan y a Lum que hace mil que no nos vemos y ya hay ganas de echar unas risas en persona. Crucemos los dedos para que se pueda.
Un montón de besos para mis locas, sois las mejores, os adoro chicas!
Y poco más que deciros, que espero no tardar demasiado en volver a actualizar pero no puedo prometer nada, que tengáis buen final de semana. Nos leemos!
Sakura Saotome :)
