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Pasó una semana desde su arribo a Escocia y a la villa de su padre, el castaño pasaba la mayor parte del día fuera; desde aquella noche, sólo había visto a su esposa un par de veces y eso porque pasó cerca del patio trasero cuando regresaba de montar.
-Mi lord – escuchó la voz de Charles – llegó esto para usted, es de su excelencia. - le extendió un pequeño papel.
Cuando Terry leyó el contenido frunció el ceño; pues su padre le decía que se quedarían en Escocia hasta nuevo aviso, que debía seguir al mando de la empresa textil que tenían en Edimburgo. El castaño estaba furioso, sabía que su padre hacia todo aquello para alejarlo de "las tentaciones", sonrió con burla, pues su padre no sabía que para él, era fácil conseguir tentaciones en cualquier ciudad.
-Ay duque – se acercó a la ventana – no conseguirá lo que tanto anhela, tal vez sea Tony el único que lo convierta en abuelo.
Estaba concentrado observando el jardín cuando algo llamó su atención, era nuevamente la empleada dirigiéndose hacia la casa que ocupaba su esposa, en sus manos llevaba una cesta; intrigado dejó su habitación.
-Mi lady, traje lo que me pidió.
-Oh gracias Dorothy. – se acercó para tomar la cesta y revisarla – sabes? Hoy tendré un picnic con Clint. – dijo emocionada.
-Quién es Clint? – oyó la voz de su marido.
-Mi lord! – una sorprendida Dorothy hizo una reverencia a su patrón, quien tenía el ceño fruncido mientras esperaba la respuesta a su pregunta.
-Un amigo. – respondió su esposa con un tono casual, mirándolo fijamente – en fin, es hora de irme, no quiero llegar tarde. – pasaba por su lado cuando sintió que el castaño la detenía del brazo.
-Aún no contestas mi pregunta. – Dorothy se retiró al ver la orden muda en la mirada seria de su patrón – quién es ese tal Clint?
-Ya le dije que es un amigo, acaso preguntó algo más?
A Terry le impresionó que su esposa no agachara la cabeza ante él o se mostrara sumisa ante el tono autoritario que estaba utilizando; al contrario, lo estaba desafiando con la mirada, mostraba ser muy diferente a cualquier mujer que conocía; todas bajaban la cabeza al estar frente a un hombre, y más si éste era su esposo, ni siquiera se les ocurría contradecirlos en sus decisiones; pero la rubia le contestaba con mucho descaro ni siquiera se amedrentaba ante su autoridad de esposo.
-Candice… no acabes con mi paciencia.
-Qué quiere que le responda… mi lord – pronunció de tal manera las últimas dos palabras que a Terry le sonaron como a insulto.
-Escucha… - estaba a punto de gritar cuando algo llamó su atención. – qué es eso?
-Es un mapache albino.
-Y de dónde salió? – su estado de ánimo estaba empeorando – por lo que sé, estos animales no son de esta región.
-Pues lo encontré cerca del lago, estaba solo y al parecer no tiene dueño.
-De acuerdo, puedes quedarte con él.
-Nunca le pedí su permiso. – contestó altiva. Terry la miró con una sonrisa imperceptible – si no tiene nada más que decir… mi lord, se me hace tarde, vámonos Clint… – se mordió la lengua al darse cuenta de su error, quería atormentar a su esposo, pues fue muy claro lo que él había asumido, que tal vez ella tenía un amante, quería darle un golpe a su orgullo.
Sin aclarar nada, la rubia se soltó del agarre de su marido, y seguida por Clint, se dirigió hacia el lago; tenía planeado un picnic con su pequeño amigo y nada ni nadie evitaría que lo llevara a cabo.
-Con que quieres jugar a eso – Terry se quedó observando a su esposa alejarse, por un momento se sintió burlado, saber que Candy podría tener un amante lo enfureció; pero no porque sintiera algo por ella, claro que no; sino porque, nunca permitiría que se burlaran de él de esa manera.
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Candy llegó al lago, tendió la manta bajo la sombra del que consideraba su árbol; Dorothy le contó que el lago estaba dentro de la propiedad del duque de Granchester; sabiendo eso, con más confianza y seguridad, la rubia visitaba el lugar a diario, le gustaba pasear y disfrutar de la naturaleza.
Clint corría de un lado a otro, subía y bajaba repetidas veces del árbol, causando la risa de la rubia, y para jugar con él se puso de pie.
-Estás con ánimo, verdad Clint? – aplaudió dos veces para llamar su atención – a ver si me alcanzas! – gritó empezando a correr, ya se había hecho costumbre para ambos correr y ser perseguido por el otro, así que Clint fue tras ella.
Corrieron por al menos quince minutos antes de regresar al lago, estaba exhausta sólo Clint parecía no haber corrido nada.
-Creo que estoy fuera de forma – se tiró sobre la manta – gracias a ti haré ejercicio más seguido. – respiraba agitadamente mientras Clint se acercaba preocupado.
-Se encuentra bien? – escuchar la voz de un hombre la asustó, se sentó de golpe buscando a quien le hablaba. – disculpe la asusté?
-Eh… no.
-Creo que encontró a mi mapache.
-Su… su mapache? – Candy miró a Clint, éste la miró con miedo, como si entendiera que los separarían. – si es suyo, por qué le tiene miedo?
-No lo sé realmente, nunca se acostumbró a mí. – le respondía con una sonrisa amable - algo contrario que con usted, al parecer la quiere mucho.
Candy lo miró con desconfianza, ese hombre había aparecido de repente y esa era propiedad privada, se supone que no debía estar ahí.
-Qué hace aquí?
-Vine a buscar a mi mapache, pero creo que ya tiene otra dueña.
-Otra dueña?
-No sería capaz de separarlo de alguien a quien él mismo escogió, y mucho menos al ver que usted lo quiere tanto.
-Claro que lo quiero. – afirmó con una leve sonrisa mientras acariciaba su cabecita.
-Sabe algo? – ella lo miró – estos animales son muy desconfiados.
-Ah sí?
-Así es – dirigió su mirada a Clint - es parte de su naturaleza para protegerse de depredadores.
-Cómo lo consiguió?
-Lo compré hace poco; pero nunca confió en mí, y cuando lo traje aquí para jugar un poco se me escapó y ya no pude encontrarlo.
Candy no sabía por qué; pero le agradaba hablar con ese hombre, su mirada y su voz eran le transmitían paz y tranquilidad. Hablaron un poco sobre animales, especialmente sobre mapaches y cómo la rubia debía cuidar a su amiguito. Él le contó que todo lo aprendió de un amigo que trabajaba cuidando a los animales del zoológico de Londres.
-Creo que ya es hora de irme - se puso de pie al darse cuenta que ya estaba atardeciendo.
-Me hubiera gustado volver a verla; pero parto esta noche a Londres.
-Tenga un buen viaje.
El joven vio alejarse a la rubia y perderse entre la arboleda; fue ahí cuando se dio cuenta que nunca le preguntó su nombre y tampoco le dio el suyo. Se sintió tonto; pero quien podría culparlo, la rubia lo había cautivado.
Esa misma noche debía partir a Londres; pero se prometió volver y buscar a la hermosa rubia de ojos color esmeralda.
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Candy regresó a casa en silencio, estaba sumida en sus pensamientos cuando escuchó la voz de una mujer, por su tono, parecía molesta; al acercarse vio a una rubia gritándole a Dorothy.
-Eres una estúpida e inútil!
-Qué sucede aquí? – interrumpió el griterío – quien es usted? – miró a una mujer de cabello rubio y lacio, sus ojos eran celestes, no podía negar que era bonita; aun con su enorme frente.
-Mi lady – Dorothy le hizo una reverencia.
-Le hice una pregunta, quien es usted? - miró fijamente a aquella mujer.
-Soy Susana Marlow. – le respondió altiva y prepotente.
-Y por qué le está gritando a Dorothy, señora Marlow?
Escuchar que le decía señora la enfureció. Claro, Candy lo había hecho a propósito, la joven debía ser mayor que ella con dos o tres años nada más.
-Señorita. – corrigió apretando la mandíbula.
-Bueno, señorita - su voz tenía un tono de burla - qué hace aquí?
-Poniendo orden en la casa de Terry, él me pidió que organizara su servidumbre. – sonrió levemente con la mirada fija en Candy.
Fue turno de Candy para fruncir el ceño; primero, por la familiaridad con que llamó a su esposo; segundo, por lo que éste le hubo pedido que hiciera; pero sobre todo, por la desfachatez de esa mujer al dejar en claro la relación que mantenía con su esposo.
-Dónde está él? – la pregunta fue para Dorothy, quien enseguida respondió.
-Mi lord no se encuentra en casa, mi lady. – en ese momento vio a Charles salir de la casa.
-Charles – el mencionado hizo una reverencia y atendía a su patrona – cuando llegue mi marido dígale que preciso hablar con él urgentemente.
-Sí mi lady.
-Dorothy se irá conmigo. – Dorothy sonrió agradecida – y cuando… la señorita – la mirada de desdén que le dirigió a Susana, confirmó el desprecio que sentía hacia ella – se vaya a su mancebía - Todos la miraron sorprendidos – me informan inmediatamente.
-Cómo te atreves! – Susana se acercó con la intención de atacar a la rubia; pero Charles se puso en frente. – me las pagarás – apretó fuertemente los dientes. Candy la miraba de manera altiva y eso la enfureció todavía más.
-Vamos Dorothy. – su voz serena, le indicó a Susana que no le afectó nada su actitud agreciba ni mucho menos su presencia ahí.
-Sí mi lady. – se apresuró en tomar la cesta que tenía la rubia en las manos.
Candy sonreía internamente por la cara que aquella rubia insulsa había puesto cuando mencionó el burdel; ni ella misma supo de dónde sacó el valor para hacerlo; pero no se arrepentía, fue claro la intensión de aquella mujer al nombrar a su esposo de manera tan familiar, además no era nadie para gritarle a Dorothy, a quien consideraba su amiga.
-Mi lady… - escuchó la tímida voz de Dorothy, Candy se giró para atenderla – mi lord se molestará por todo el alboroto de hace un momento. No quiero que se moleste con usted por mi culpa.
-No te preocupes por eso Dorothy. – le sonrió para tranquilizarla - de todas maneras ya está molesto conmigo por haberme casado con él. – pensó lo último.
-Pero mi lady…
-Conoces a esa mujer? – la interrumpió.
-Es… es la señorita Susana Marlow, su padre es dueño de la tienda de abarrotes del pueblo.
-No es la primera vez que manda en la casa, cierto?
-Eh… - se puso nerviosa y más cuando la rubia exigió respuesta con la mirada – las últimas semanas del mes pasado vino muy seguido acompañando a mi lord.
-Supongo que por eso se cree con derechos de mandar a los empleados a su antojo. – el silencio de Dorothy le confirmó que no se equivocaba.
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Ya era más de las seis de la tarde cuando Terry bajaba de su caballo, había ido a pasear por los alrededores, un ejercicio que realizaba cada madrugada y atardecer cuando estaba en Escocia, le gustaba mucho los campos de Edimburgo.
-Terry! – ni bien bajó del caballo sintió como Susana se abrazaba a él. – fue horrible Terry… ella me ofendió! – se quejó llorando, el castaño ya se imaginaba que algo así sucedería, no la pelea sino la sobre actuación de la rubia.
-Qué sucedió?
-Tu esposa! – su voz era aguda y chillona - Ella me insultó! – ahora estaba molesta y mágicamente las lágrimas desaparecieron. – tienes que castigarla por ofenderme – ordenó, sin embargo toda esa altives que hace segundos mostró ante el castaño, desapareció al ver el su rostro duro, ella sabía bien que no era porque la ofendieran; sino porque a él no le gustaba que le dieran órdenes, por eso dulcificó su voz – me desautorizó frente a tus empleados, solo porque estaba corrigiendo la ineptitud de una de las sirvientas.
-Dónde está en este momento? – preguntó a Charles quien había sido testigo de toda charada de la joven; Susana sonreía triunfante al imaginar que Terry podría en su lugar a su esposa.
-En su casa, mi lord.
-Manda a llamarla.
-En seguida señor. – obedeciendo la orden, Charles mandó a Mark a informar a Candy que su esposo requería su presencia.
-Mi lady…
-No te preocupes Dorothy, espérame aquí.
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Con la frente en alto y el porte de toda una dama, Candy, entró al despacho de su marido, quien estaba sentado frente a su escritorio y Susana parada junto a él con una leve sonrisa de triunfo.
-Me llamaste?
-Podrías contarme que sucedió esta tarde?
-Supongo que… - miró de arriba abajo a Susana – ella, ya te contó su versión de los hechos.
-Y ahora quiero oír los tuyos.
-Pues no me interesa justificarme ante ti. – su voz y su porte seguro, le indicaron a Terry que se había equivocado con ella, no era para nada una campesina, era toda una dama de sociedad.
-Lo ves Terry! – Susana lo tomó del brazo – sabe que no puede cambiar a su favor todo lo que me hizo.
-Necesito hablar contigo, a solas. – Candy no se amedrentó con la mirada seria y fría que le dirigía su esposo – así que pídele a tu querida que se retire. – le había dado el título de amante y eso la molestó, pues sus planes no eran ser la amante de Terry, sino su esposa.
-Terry…
-Déjanos solos. – la interrumpió con voz fría y molesta, ni siquiera la miró, su mirada seguía fija en su esposa.
-No me iré, me quedaré a tu lado como… - Lo que intentara decir Susana fue acallada por la mirada furiosa del castaño.
-Obedece. – con la mirada baja y totalmente humillada la rubia lacia abandonó el despacho; pero cuando pasaba junto a Candy se detuvo un segundo, la miró de reojo cuando ésta soltó una risita burlona.
-Maldita. – murmuró antes de cerrar la puerta.
-Ya estamos solos. De qué quiere hablar conmigo?
-No quiero a esa mujer en esta casa.
-Le recuerdo que la casa es mía. – sonrió de lado – acaso no recuerda que hace una semana intentaste huir y decidiste quedarte en la casa de la parte trasera de la propiedad?
-Pero…
-Ella es mi invitada.
-Una invitada que se cree la señora, dando órdenes a los empleados, gritándoles e incluso insultándolos. - Terry la miró sin comprender y fue el turno de Candy para sonreír – acaso tu querida no te lo contó? – la burla en su voz, no pasó desapercibida para el castaño.
-No es mi querida. – tenía la quijada tensa.
-Oh, Perdón! tu invitada. – corrigió con sorna algo que molestó al joven.
-Los empleados están para servir, para eso se les paga.
-Sí, están para servir; pero eso no quiere decir que esa mujer ni ninguna otra puede maltratarlos.
La pareja estaba levantando la voz y todo lo que decían era oído por los empleados, algunos tenían miedo de la reacción de su patrón, otros admiraban la fuerza que tenía su joven patrona al defenderlos.
-Acaso se quejan del trato que les damos? – se escuchó la voz de Terry – les pagamos muy bien y para qué? A la primera se esconden bajo tus faldas.
-Nadie se esconde bajo mis faldas, ninguno se ha quejado y estoy segura que no lo hubiera hecho, si no habría sido testigo de la agresión de esa mujer.
-Y dime, dónde está esa empleada en este momento? no la vi cuando llegué. Acaso tomó como excusa todo eso para librarse de sus labores?
-Claro que no! – Candy estaba furiosa – la llevé conmigo para...
-Entonces dele un mensaje de mi parte. – se puso de pie – dígale que está despedida.
Candy, al igual que los que habían escuchado las palabras de Terry, abrieron sus ojos sorprendidos por la decisión que hubo tomado el castaño.
-No puedes hacer eso.
-Es mi casa y hago lo que quiero. Yo pongo las reglas aquí.
-De acuerdo – aceptó resignada, logrando el miedo y la desilusión de sus empleados, quienes se miraron con tristeza y temor – entonces ya no trabajará para ti, yo pagaré su sueldo.
-Y con qué piensas pagar?
-Tengo una mesada, lo olvida mi lord? – Terry la miró fijamente al sentir la sorna en su voz – cada mes usted debe depositar cierta cantidad en una cuenta que mi padre y su…
-Lo sé muy bien; pero ese dinero está destinado para sus gastos personales, acaso podrá dispensar de sus vestidos y sombreros para mantener a una simple sirvienta?
-Eso, mi lord – lo miró enojada y desafiante – no es asunto suyo.
Sin decir nada más Candy se giró y abandonó el lugar, estaba molesta por el comportamiento de su esposo, y sólo para proteger a una cualquiera.
Terry, no estaba mejor que ella, se dejó llevar por la rabia y fue capaz de despedir a una inocente; él conocía muy bien el carácter de Susana, sabía que perdía fácilmente la paciencia y se desquitaba con los que creía eran inferiores a ella; nunca pensó en darle gusto despidiendo a la empleada, como minutos antes se lo había pedido y mucho menos discutir con su esposa; pero todo se salió de control cuando Candy no cedió y seguía con la misma altivez y seguridad.
-Maldita sea. – dijo molesto golpeando la mesa del escritorio con los puños – cuando dejarás de desafiarme?
Molesta, Candy estaba llegando a su casa, no dejaría que su esposo la humille y mucho menos que la convierta en una esposa sumisa que acepta la traición y humillación de ver a su mujerzuela adueñarse de la que debería ser su casa.
Antes de entrar y dejarse ver en ese estado alterado se dirigió al árbol que había cerca para sacar su frustración y minutos después ingresó a su casa con una sonrisa para quitar la culpa a su amiga, a quien le dijo que su esposo la había designado a ella para atenderla; feliz Dorothy agradeció las nuevas órdenes de su patrón y prometió atenderla como ella se merecía.
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Muy bien, qué les pareció? Ya apareció la gusi… jajaja; pero como en todas mis historias sólo está para crear ciertas reacciones en la trama. Espero que después de este capitulo les siga gustando la historia, ya que a muchas no les gusta que la rubia lacia forme parte de la vida del terroncito. Por otro lado me encanta la actitud de nuestra Candy, me fascina el carácter que está desarrollando.
Dejenme saber sus impresiones en los reviews y hasta el próximo capitulo.
Ahhh! Gracias por sus mensajes los aprecio mucho y me gusta saber sus opiniones.
Se cuidan mucho!
