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Una semana más había pasado y Candy no regresó a la gran casa. Como Dorothy era la responsable de llevarle la comida, y a ésta, Terry la había despedido, la rubia decidió que se usaría la pequeña cocina que había en la casa que habitaban; porque habían llegado a esa decisión? Pues al día siguiente del enfrentamiento entre la pareja, nadie llevó los alimentos para Candy; la razón fue que Terry no les había aclarado a los empleados que Susana no estaba al mando de la casa y que no tenía por qué dar órdenes a nadie, y como siempre salía a sus cabalgatas para después presentarse en las fábricas textiles, la rubia lacia aprovechó eso para prohibir que le llevaran comida a la patrona, que por órdenes de mi lord, no debían sacar alimentos de la casa; temiendo perder su trabajo los empleados obedecieron y cuando trataban de comunicarle esto a su patrón, Susana los interrumpía, hacía todo para estar siempre a su lado.

-Mi lady, sólo encontré esto. – le mostró la cesta con unos cuantos vegetales. – prepararé el almuerzo.

-De acuerdo. – respondió agradecida - Dorothy… - la joven la miró – por qué esa parte del patio está con esa cerca y la tierra se ve diferente?

-Oh! Es porque la señora Jane cultivaba algunos vegetales ahí. - La castaña vio la amplia sonrisa de su patrona y adivinó lo que pasaba por su mente.

-Hay algunas semillas aquí?

-Creo que vi algunas separadas en la repisa que está en el depósito.

-Perfecto! – aplaudió mientras saltaba emocionada – crees que podamos sembrarlas o es difícil de hacerlo?

-Es muy fácil mi lady, yo misma me encargo de eso.

-Claro que no, ya tienes mucho trabajo limpiando aquí para darte ese también, lo haré yo.

-Pero mi lady! – dijo horrorizada.

Candy no cambió de opinión, así que al día siguiente fue a la gran casa para buscar esas semillas, por suerte no tenía por qué explicar nada y lo mejor fue que Terry no se encontraba en casa; así que, con la ayuda de Mark, pudo encontrarlas fácilmente.

Con un enorme sombrero para cubrirse del sol, Candy hacía surcos en la tierra para poner las semillas; Dorothy estaba preparando el almuerzo, se sentía mal por dejar a su patrona realizar tan arduo trabajo; pero la rubia era tan testaruda y terca que no le dio opción.

-Pondremos letreros para saber que vegetal es?

-No es necesario mi lady, es fácil saber por sus hojas.

-Oh bueno – se sonrojó un poco – tienes razón – bebió un poco de limonada, estaba entusiasmada con la huerta. – bien! – se puso de pie – terminemos de sembrar.

Dorothy trataba de hacer el trabajo duro, ablandar la tierra y hacer los surcos mientras que Candy ponía el resto de las semillas, no se dieron cuenta que a lo lejos Terry las observaba.

Pasaron unos días más y como cada mañana, Candy se levantaba temprano para regar la huerta, fijándose siempre si había algún brote.

Ese día había amanecido con un sol radiante, apenas y eran las 6:30 de la mañana; pero Candy junto a Dorothy fueron a su pequeño huerto para ver si los vegetales que habían sembrado ya habían brotado.

-Dorothy mira! allá ya está brotando algo. – sacudió el hombro de su amiga mientras daba pequeños saltitos de emoción señalando hacia el lugar.

-Ahí sembramos el maíz, ese crece muy rápido.

-Ya quiero ver todo lo que saldrá.

-Debe ser paciente mi lady, algunos vegetales tardan mucho en crecer.

-Aun así estoy emocionada, es la primera vez que tengo y cuido un huerto.

La mañana pasó tranquila, por la tarde Candy salió a su acostumbrado paseo al lago acompañada de su inseparable Clint.

Jugaron e incluso la rubia decidió meter los pies al agua, no se metió a bañar, pues no sabía cuál era la profundidad del lago y mucho menos lo que había debajo.

-Ven Clint! – gritaba riendo mientras jugaba con sus pies en el agua – no seas miedoso, no entraremos, sólo mojaré un poco tus patitas.

Clint estaba entretenido jugando en el árbol, cuando escuchó la voz de su dueña, rápidamente bajó y se acercó a ella; Candy lo sostuvo en su regazo y comenzó a mojarle las patitas, fue así como la encontró Terry.

-Estás bañando a tu amigo? – dio un brinquito al escuchar esa voz.

-No, sólo lo estoy refrescando un poco. – Terry estaba parado detrás de ella; pero se dio cuenta de su tono hosco, prefirió ignorarlo.

-Y no le teme al agua? – miró a Clint quien estaba muy tranquilo – hay muchos animales que le temen al agua y sólo se acercan para beber un poco y esto por la sed.

-No, a los mapaches les gusta el agua.

-Y cómo sabes eso?

-Él me dijo todo lo que debía saber para cuidar bien de Clint. – sonrió levemente al decir aquello.

-Él? – endureció sus facciones.

-Sí, su antiguo dueño. – con tranquilidad, le contó que había conocido al dueño de su amiguito y que éste le había cedido a Clint, al ver que ambos se querían.

-Y no te dio su nombre? – estaba molesto y se notó por la dureza en su voz.

-No, no se lo pregunté.

-Sabes que te expusiste a un gran peligro? – levantó la voz – no puedes simplemente hablar con extraños y menos en lugares como este!

-No me grites – ella también se estaba alterando – además él no era peligroso, era amable y…

-Claro que iba a ser amable! Acaso crees que un secuestrador o un asesino te atacaría directamente sin asegurarse que lo hará con éxito?

-Él no es malo! – no sabía por qué estaba defendiendo a un desconocido, cuando ella misma desconfió de él cuando lo conoció. – me dio muchos consejos para cuidar bien de Clint! – se puso de pie. – además a usted que le importa! Si me secuestrara o asesinara lo ayudaría para conseguir su libertad y poder casarse con quien usted quisiese, incluso si es la ramera que cuida su casa!

Las palabras salieron como raudales de sus labios, y lo peor, sin consentimiento, estaba molesta con su esposo; pero se enfureció consigo misma al notar que se oyó celosa.

-Sí algo le llegara a pasar, no solamente su familia; sino también mi propio padre, a quien al parecer le agradas mucho, me haría pagar mi descuido.

Descuido, esa palabra la hizo sentir inútil y débil; quien se creía él para cuidar de ella como si fuera una niña pequeña e indefensa.

-Pues dígales que no soy una niña pequeña para que cuiden de mí. – dijo apretando los dientes – y que usted no tiene nada que ver conmigo.

Furiosa se puso de pie y se dispuso a volver a su casa, ni siquiera se puso los zapatos, sólo quería alejarse de él.

Terry se quedó inmóvil por la audacia de su esposa: primero defendió a un desconocido; luego, no le importó que hubo corrido peligro frente a un extraño; y finalmente le había gritado que él no tenía nada que ver con ella. Acaso no era su esposo? Cuando se giró para detenerla, la rubia ya había recorrido un buen trecho, así que resignado caminó detrás, muy lejos, de ella.

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Terry llegó a su casa de mal humor, el enfrentamiento que tuvo con su esposa le puso en ese estado, así que, afortunados fueron los empleados al no cruzarse en su camino, y Charles, por suerte sólo lo recibió y se retiró para realizar sus funciones; sin embargo no fue el caso de una rubia que tuvo que pagar las consecuencias del día.

-Terry! – Susana corrió hacia el joven y tomó su brazo, el cual fue bruscamente alejado – por qué no me dijiste que saldrías? – ignoró el rechazo – te he esperado durante horas, tus empleados son unos ineptos, ni siquiera sabían dónde estabas y...

-Qué haces aquí?

-Vine a verte – sonrió dulcemente.

-Y acaso yo te pedí que vinieras?

-Cómo?

-Me estás reclamando como si yo te hubiera invitado a "mi casa" – remarco las palabras – y te hubiera dejado plantada.

-Es-es que quería verte – se puso nerviosa – no pudimos vernos en toda la semana; además me has tenido abandonada el último mes y lo peor regresas casado y…

-En algún momento te hice algún juramento? – estaba molesto y lo hizo notar – desde el principio supiste que solo serías un entretenimiento; que si me casaba sería con una mujer de mi clase – la miró fijamente y notó las lágrimas que se asomaban a los ojos de la rubia – incluso ahora, nunca dejaré a mi esposa para estar con alguien que es inferior a mí.

-Cómo puedes ser tan cruel! – cayó de rodillas mientras se cubría el rostro para acallar su llanto – sabes que te amo más que a nada, solo me preocupo por ti… - seguía llorando – me preocupo por cuidar de tu casa.

-Pediré al cochero que te lleve a tu casa. – dijo girándose – tus padres deben estar preocupados por ti. – sabía que no era así, sus padres estaban felices con la idea de que su hija se vuelva la protegida del marqués de Granchester; incluso, sabía bien, que era su madre quien la alentaba para visitarlo, aun sabiendo que su esposa estaba con él.

-Terry… - el castaño se detuvo, aunque no se giró – tú estarás bien? – por suerte no lo estaba viendo, pues hubiera notado la cara de fastidio que hizo y habría tenido que soportar su reclamo y llanto nuevamente; estaba cansado y quería acostarse un rato.

-Sí. – dijo con voz cansina. – ahora vete. – dio unos pasos, pero inmediatamente se detuvo - Susana… - la rubia sonrió ampliamente imaginando que se acercaba una disculpa. – no vuelvas a dirigirte hacia mí de manera tan informal.

-Pero Terry! – la mirada dura y fija del castaño la intimidaron – s-sí mi lord. – y con eso el castaño siguió su camino.

La rubia se fue herida y humillada; pero eso sólo le duraría unos cuantos días antes de volver a visitar a Terry cómo si nada hubiese pasado.

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-Mi lady…

-Dorothy – la interrumpió – te dije tantas veces que me llamaras por mi nombre.

-Oh, por favor mi lady, no me siento cómoda haciendo eso.

-Ahh – soltó un suspiro – de cuerdo, necesitas algo?

-Es que… - parecía nerviosa – el domingo quisiera ir al pueblo con… Mark - la castaña se puso roja; Candy entendió que tenía una cita con él; Mark era quien se encargaba de cuidar a los caballos, lo había visto ir a visitar a Dorothy desde que se había mudado con ella.

-Claro, no te preocupes por el almuerzo, yo me prepararé algo de comer.

-Oh no mi lady! – se apresuró a hablar – yo dejaré todo listo.

-Nada de eso, ese día es tu día libre; disfrútalo sin preocuparte por nada. – Candy había llegado a apreciar a Dorothy – además quiero poner en práctica lo aprendido, dejaré algo para que juzgues mis habilidades culinarias. – le guiñó el ojo en complicidad.

-Muchas gracias mi lady. – dijo agradecida.

Ya tenían casi un mes viviendo juntas y Candy un mes viviendo en esa casa; sabía que pronto regresarían a Londres, pues su "luna de miel" se había programado sólo para un mes.

-Mi lady. – Charles la recibió con una reverencia.

-Buenos días Charles. – lo saludó con una sonrisa, algo que siempre desconcertaba a los empleados de aquella casa; pues nunca, alguien de la nobleza, se rebaja a saludar a un sirviente; pero la marquesa, los saludaba y con una sonrisa que era sincera - Está mi esposo?

-Sí mi lady. – respondió – está en su despacho.

-Gracias, iré a hablar con él. – se encaminó hacia el lugar y al llegar tocó la puerta esperando ser atendida inmediatamente; cuando le dio el ingreso, puso una cara de disgusto al ver que Susana estaba ahí parada frente a él y de espaldas a ella, hasta que giró un poco su cuerpo para mirarla.

-Necesito hablar contigo. – rápidamente, Susana miró a Terry sorprendida, era la segunda vez que la rubia le hablaba de esa manera, sin respeto ni sumisión; pero sobre todo, dándole una orden. – a solas. – Terry la miró fijamente, sin mostrar ninguna expresión en su rostro.

-Déjanos solos. – dijo sin retirar la vista de su esposa, anonadada Susana miró al castaño nuevamente – hazlo. – esa orden la molestó, sólo con ella era duro e intransigente y eso en el fondo le dolió. -Qué necesitas? – cuestionó al ver que la lacia dejaba la habitación.

-Dinero. – él la miró levantando la ceja – tengo que pagarle a Dorothy.

-Aún no se cumple un mes.

-Sí, si contamos la semana del mes que trabajó aquí. – respondió con una voz tranquila – acaso le pagaste de esas semanas que trabajó para ti? – una sonrisa se dibujó en su rostro al ver que su esposo abría el cajón de su escritorio y buscaba algo, dinero. – gracias – tomó lo ofrecido.

-Y esto es para ti – le ofreció otro tanto.

-No lo necesito. – rechazó el dinero, Terry pensó que su esposa era la mujer más orgullosa que había conocido. – cuándo regresaremos a Londres?

-Nos quedaremos aquí de manera indefinida.

-Cómo!?

-Agradécele a tu querido suegro; esa es su orden. – respondió sonriendo de medio lado – ahora… – la miró con sorna – necesitas el dinero?

Al sentir la burla en su voz y en su mirada, Candy se molestó, se giró y pretendía irse cuando volvió a escucharlo.

-Iba ir a buscarte.

-Ah sí? – se volvió para mirarlo.

-Fuimos invitados a una fiesta, a la cual no podemos faltar. – añadió al ver en los ojos de la rubia que se negaría a asistir.

-Cuándo es? – dijo resignada, ella sabía que no podían rechazar una invitación cuando estaban recién casados; eso daría mucho de qué hablar.

-El próximo sábado, es a las ocho. - Terry le dio los datos de las personas que los habían invitado. – iré por ti a las siete.

-De acuerdo.

Cuando salió del despacho vio a Susana esperando al fondo del pasillo, ni bien se dio cuenta que la rubia rizada salía corrió para entrar nuevamente.

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Finalmente el domingo llegó y a las diez de la mañana, Dorothy se despedía de su patrona. Candy sonrió al ver que se había arreglado ese día, dejó sus acostumbradas trenzas para lucir un hermoso cabello castaño, sujeto solo con unas horquillas.

-Ya me voy mi lady.

-Espera tengo algo para ti. - le extendió un sobre, cuando Dorothy lo abrió y vio su contenido lágrimas salieron de sus ojos. – es tu sueldo, te lo iba a dar mañana; pero creí que era mejor hacerlo hoy.

La castaña la abrazó con fuerza y agradeció su gentileza; había dado por perdido ese dinero al haber sido despedida, aunque Candy le había dicho que Terry la había destinado a ella; Mark sin saberlo, le contó lo que había pasado y lo agradecidos que estaban todos los empleados con su joven patrona.

-Disfruta tu día.

-Volveré temprano mi lady, preparé el almuerzo para usted.

Candy negó con la cabeza, pues le había pedido que no lo hiciera; pero sabía que no le obedecería.

-Sólo diviértete, no tienes que regresar temprano por mí; además estoy segura que cocinaste bastante y eso servirá para la cena. – con asentimiento Dorothy asistió a su cita.

Hacia demasiado calor y antes de que llegara la hora del almuerzo, Candy pensó en hacer un picnic, así que tomó la cesta y la llenó con fruta y queso para ella y Clint, recordó que la cocinera le había llevado pan recién horneado aquella mañana y lo añadió a su merienda.

-Espera Clint! – gritó al ver que su amigo corría hacia el lago. – eres muy rápido – dijo cuándo lo alcanzó – que te parece si nadamos un poco antes de comer. – mientras decía eso se quitaba el vestido, quedando sólo con un ligero camisón.

-Sabes que es peligroso hacer eso? – escuchó una voz masculina, una que conocía muy bien. Rápidamente recogió su vestido para cubrirse.

-Qué haces aquí!?

-Sólo disfrutaba del… paisaje. – la miró intensamente, provocando que su rostro se tiñera de rojo.

-Es mejor que te vayas.

-Yo llegué primero.

-Pero es mi lago.

-Le pertenece a la propiedad de los Granchester.

-Ahora yo lo soy, no? – el castaño simplemente asintió – y tú nunca vienes aquí, así que es mío.

-Cómo estás segura que no vengo aquí seguido? – rió con ganas al ver el desconcierto en el rostro de su esposa; pues él sabía que varias veces en esa semana, su esposa se había metido a bañar al lago, simplemente con sus enaguas o su ropa interior.

-Eres un sinvergüenza! - el castaño soltó una carcajada al escuchar el insultó.

-Vamos no te enojes, deberías estar agradecida de que cuide que ningún pervertido te espíe mientras te diviertes nadando. - Candy lo miró indignada y sorprendida por sus palabras. – qué haces? – cuestionó al ver que volvía a ponerse su vestido.

-Me marcho.

-Espera! – de un solo salto bajó de la rama en la que se acostaba – no tienes que irte, tenías planeado un picnic, verdad? – señaló la cesta.

-Pues ya no tengo ganas de realizarlo. Clint! – gritó para que el mapache la escuchara – vámonos.

-Vamos, si es por mí, no te prives de disfrutar de tu día. – su voz ya no tenía ese tono burlón – yo podría acompañarte, si me lo permites; nunca me llevaron a un picnic, ya sabes, mi padre estaba ocupado en el parlamento y mi madre murió cuando era pequeño.

-De acuerdo. – aceptó después de varios segundos de pensarlo – puedes acompañarnos.

-Gracias – dijo ayudando a tender la manta bajo el árbol.

-Trajiste bastante fruta – observó mientras se llevaba unas uvas a la boca. – te gustan mucho?

-Lo normal, esa la traje para Clint.

-Oh, me olvidé de él.

-Clint siempre me acompaña a donde vaya, lo quiero mucho. – sonrió con cariño mientras miraba al mencionado.

-Puedo… mhum – se aclaró la garganta – puedo tomar un poco de queso?

-Claro! espera te daré un poco de pan.

Comieron pan, queso y algo de fruta mientras seguían conversando. El ambiente era tranquilo y agradable. Candy se sentía algo nerviosa, pues no conocía esa actitud pasiva en su esposo, quien estaba sentado junto a ella mirando hacia el lago.

-Hay mucha paz y tranquilidad aquí, verdad?

-Sí, por eso nos gusta venir a diario, verdad Clint? – el pequeño hizo un ruido en respuesta.

Terry sonrió levemente al escuchar el "nos gusta" hablaba de Clint como si fuera una persona, miró al mapache recostado en su regazo mientras ella lo acariciaba. Un pensamiento pasó por su mente e inmediatamente se levantó como si se hubiera sentado sobre una aguja.

-Será mejor que me vaya. – Candy lo miró sorprendida – tengo mucho que hacer, no olvides nuestro compromiso. – diciendo lo último, el castaño se alejó de ahí.

Desconcertada por su cambio de actitud, Candy vio a su esposo marcharse, trató de recordar si había dicho algo que lo molestara u ofendiera; pero no recordaba nada.

Cuando regresó a su casa, se sirvió un poco del estofado que Dorothy había preparado para ella, no tenía mucha hambre, trató de despejar su mente de lo ocurrido en el lago, se fue a su huerta para comprobar el crecimiento de su vegetales.

Su domingo había sido tranquilo; más tarde cuando Dorothy regresó de su paseo le contó todo lo visto y lo mucho que lo disfrutó. Le alegró que su amiga haya disfrutado de su cita; sin embargo, por un segundo, sintió envidia de ella, de la dulce historia que estaba viviendo con Mark.

Más tarde la rubia se fue a dormir, al día siguiente iniciaría una nueva semana.

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Otro capítulo más! Gracias por sus mensajes, son muy alentadores. Me hace feliz que les esté gustando la actitud de esta Candy, es fuerte y no se deja derribar, aunque sienta que ya no puede soportar la situación. Y con respecto a Terry, recuerden que en esa época los criaban machistas, y éste es también mimado.

Bueno… el próximo capítulo lo publicaré el viernes o el sábado, si todo sale bien, pues he tenido problemas de conexión.

Tómense esta semana para reflexionar, tratemos de cambiar aquello que es negativo en nosotros y seamos más empáticos y generosos con quienes lo necesiten. Yo lo intentaré.

Bendiciones y cuidense mucho!