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Se había creado un gran alboroto en la villa de los Granchester cuando Dorothy llegó corriendo pidiendo que mandaran por el doctor. Charles al saber que era una orden del patrón, inmediatamente ordenó a Mark ir por él; pero cuando vieron llegar al marqués llevando a su esposa en hombros, todos los empleados se alarmaron, corrieron para ayudarlo, Doris la cocinera y esposa de Charles corrió a la cocina para preparar todo lo que necesitarían en caso de que fuera algo grave, sin darse cuenta dejaron a Clint detrás de la puerta.

-Es una torcedura de tobillo mi lord – el galeno salió de la habitación.

-Es grave?

-No mi lord, no hay de qué preocuparse. – habló de manera serena - Sanará en unas semanas. Sin embargo su esposa debe permanecer en cama, que no apoyé el pie para que cure óptimamente.

-Así se hará. – se giró hacia su mayordomo – Charles, acompaña al doctor.

-Sí mi lord. – mirando al médico le pidió que lo acompañará – por favor sígame.

Cuando Terry entró a la habitación sorprendió a Candy sentándose en la orilla de la cama con la intensión de levantarse.

-Qué estás haciendo? – dio un brinquito por el susto.

-Yo... regresaré a casa.

-Te quedarás aquí. – su voz era suave; pero igual sonaba como orden – el médico dijo que debes permanecer en cama por unas semanas, no puedes…

-Una semana!?

-Sí, y sin hacer ningún movimiento. – no corrigió que sería más de una, la rubia lo sabría después. – así la torcedura de tu pie sanará más rápido.

-De acuerdo. – aceptó, algo que tranquilizó al castaño – pero lo haré en mi casa.

-Esta es tu casa.

-No… no lo es. – desvió la mirada – no quiero quedarme aquí. - dijo bajito.

-Pues tendrás que hacerlo. – le estaba molestando la actitud testaruda de su esposa, o tal vez, el escuchar lo último lo había hecho sentir mal.

-Clint está solo, es mejor que me vaya y…

-Ya mandé a Dorothy por él.

-Por qué te importa tanto que me quede aquí?

-Ya te dije que si te pasa algo; no solamente tu padre, sino también el duque me lo recriminaran - dijo molesto, Candy lo miró igual o más molesta. – debes entender que aquí te recuperarás más rápido. - se tranquilizó, ella ya no dijo nada, pues en ese momento tocaron la puerta y enseguida escucharon la voz de Dorothy informando que traía a Clint con ella.

En cuanto la castaña ingresó, Clint saltó de sus brazos para ir a los de la rubia, quien amorosa lo abrazó.

-Clint! – acarició su cabecita – lo siento, no quise dejarte solo – se disculpó al escucharlo emitir un sonido lastimero o quizás de reproche.

Terry al ver la escena sonrió levemente, le sorprendió ver el cambio de su esposa; Clint era capaz de tranquilizarla; nunca pensó que un animal podría querer tanto a su dueño. Despacio y sin hacerse notar se dirigió a la puerta y antes de salir echó un último vistazo a su esposa y su mascota.

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Habían pasado cuatro días desde que estaba en la casa de su esposo, y lo veía sólo un par de veces al día; pero sabía por Dorothy que él se quedaba en casa y que se encerraba en su despacho.

El segundo día Elisa la había visitado, hablaron de todo: moda, chismes e incluso los sueños que la pelirroja quería cumplir. Gracias a su amiga, ese día no se aburrió en absoluto; sin embargo le había informado que la fiesta por el cumpleaños de su abuela se había postergado; ya que debían partir antes a Londres, pues la misma matriarca los había comprometido para asistir a una fiesta de presentación; pero le aseguró que iría a visitarla antes de hacerlo.

-Su desayuno mi lady.

-Gracias Sara. – se acomodó sentándose en la cama – por qué no lo trajo Dorothy?

-Está ayudando a Doris con la despensa.

-Cuando termine, por favor dile que necesito hablar con ella. – le dio a Clint un tazón con fruta picada.

-Sí mi lady – dio unos cuantos pasos hacia atrás – Disculpé, necesita algo más?

-No, eso es todo, gracias. – Candy era realmente amable con todos los empleados; por eso se había ganado el cariño de la mayoría.

A las diez de mañana, Dorothy le informó que tenía visita; al enterarse que era Elisa se alegró mucho.

-Por qué no subió aquí?

-Es que no está sola mi lady, viene acompañada de su primo, lord Andley.

-Oh, bueno – se sorprendió saber que Albert la había ido a visitar - diles que enseguida bajo.

-Pero mi lady, su pie…

-Pídele a Charles que venga para ayudarme a bajar.

-Sí mi lady.

Diez minutos después, Candy entraba al salón donde los primos la esperaban, en cuanto la vieron; Albert se puso de pie para ayudarla a sentarse.

-Gracias. – le agradeció con una amable sonrisa, la cual cautivó aún más al rubio. – me da gusto volver a verte Albert.

-Cuando Elisa me contó lo que te pasó quise venir a saludarte.

-Muchas gracias, es muy amable de tu parte.

-Y donde está Clint?

-No quise despertarlo, después de comer un gran platón de fruta volvió a dormirse.

-Al parecer es un pequeño muy consentido. – la rubia sonrió asintiendo tal afirmación.

Ambos se quedaron en silencio por unos segundos, sonreían levemente. Albert estaba encantado con la imagen sencilla de la rubia, vestía un vestido celeste cielo, se cubría con un chal azul marino y el cabello lo llevaba en una trenza de lado con algunos rizos sueltos decorando su rostro.

-Creo que me hice invisible.

-Oh Elisa! – se puso roja – disculpa mi grosería.

-No te preocupes Candy – dijo la pelirroja sonriendo de lado. – hoy te veo mucho mejor.

La rubia bajó la mirada algo avergonzada, pues entendió la insinuación de su amiga, ya que en su última visita le había comentado que le gustaría que se casara con su primo, quien parecía haber quedado prendado de ella.

Estaban en el salón tomando el té, hablando de los compromisos que Albert tenía en Londres y que si no fuera por estos, gustoso se quedaría en Escocia, el lugar que lo había cautivado, esa declaración sumado a la intensa mirada que le dirigió a la rubia, hicieron que se sonrojara.

-Oh disculpen! – fueron interrumpidos por una voz femenina – creí que Terry estaba aquí. – miró a la rubia rizada – debe estar esperándome en el despacho. Con permiso. – con una sonrisa de triunfo cerró la puerta.

-Y esa mujer, qué hace aquí?

-Ya la oíste, vino a ver a Terruce.

La mirada alegre y entusiasta de Candy se apagó, aunque trató de ocultarlo los primos se dieron cuenta. Hablaron por unos minutos más; pero el ambiente claramente había cambiado, ya no estaban bromeando ni sonriendo como antes.

-Ya es hora de irnos Candy. – Elisa se puso de pie seguida de su primo – en cuanto pueda regresaré y nos iremos a todos los bailes que podamos.

-Claro que lo haremos. – dijo sonriendo nuevamente – gracias por venir. – ambas se abrazaron, Candy sintió algo de consuelo en eso, se sintió humillada frente a sus visitas.

-Me alegra que te encuentres bien. – Albert besó el dorso de su mano.

–Gracias por venir a visitarme Albert. Tal vez la próxima vez, puedas también saludar a Clint.

-Eso me encantaría, creo que es muy perezoso para ser un mapache.

-Ya lo creo. – su sonrisa solo era amable, ya no era radiante y eso angustió al joven – bueno… seguiré al pie de la letra tus consejos para que no afecte su salud. – él sólo asintió.

-Nos veremos pronto querida – nuevamente Elisa la abrazó – no tienes por qué soportar todo esto, yo te ayudaré a alejarte de él cuando vuelva. – susurró al oído de su amiga, quien al separarse le dedicó una sonrisa triste de resignación, sabía que eso era imposible; pero aun así se lo agradeció.

Cuando los primos abandonaron la casa de lord Granchester comentaron lo sucedido anteriormente; bueno, Albert sólo escuchó a su prima, quien furiosa prometía alejar a Candy de ese hombre, que estaba acabando con la alegría, el entusiasmo y la actitud soñadora de su amiga.

Candy se quedó unos minutos más en el salón, esperando a Dorothy para que la ayudara a subir a su habitación. La rubia estaba concentrada mirando hacia la ventana pensando en las palabras que le había dicho su amiga, acaso podría irse e iniciar de nuevo?.

-Ya se fueron tus visitas? – la voz de su esposo hicieron que desviara la vista hacia él.

-Sí – su tono y mirada eran carentes de cualquier emoción – ellos tienen cosas importantes que atender, a tener que quedarse en casa ajena todo el día – miró detrás del hombro del castaño al decir lo último.

-Cómo te atreves a insinuar que…! – Susana se acercaba molesta hacia Candy cuando sintió la mano de Terry sobre su hombro. – Terry! Ella… - se giró para ver al castaño e inmediatamente bajó la cabeza – mi lord… ella está insultándome. – dijo bajito.

-La estás insultando Candice? – miró a su esposa, quien levantó la barbilla nuevamente de manera desafiante.

-Si la señorita se siente ofendida, por algo será. – miró fijamente al castaño – Dorothy, ayúdame por favor. – dijo al verla ingresar en la habitación, la castaña se acercaba a su patrona; pero en ese momento, fue Terry quien se acercó a su esposa.

-No debes apoyar tu pie, te lo dijo el médico. – intentó tomarla en brazos; pero Candy estiró su mano para evitar que se acerque más a ella.

-No necesito tu ayuda. – su voz sonó amarga; lo dijo bajo, sólo para que él la escuchara; su mirada fría lo congeló, nunca la había visto de esa manera – Dorothy, ayúdame por favor.

La castaña insegura de que hacer, se acercó a su patrona e hizo lo que le pidió. Candy trató de salir lo más digna posible de aquella habitación, apenas y apoyó el pie lastimado para no dar brinquitos y ser la burla de aquellos dos.

-Qué mujer más tonta. – murmuró con burla Susana, mas esto no pasó desapercibido por el castaño.

-Márchate. – dijo con voz ruda – y dile a tu padre que lo esperaré, sólo un mes más; pero eso es todo.

-Terr- mi lord! – corrigió rápidamente - por favor dele más tiempo, ya le expliqué nuestra situación. - suplicó

-Un mes. – diciendo esto se giró para dirigirse a las caballerizas, necesitaba despejar su mente. – y que sea él quien venga, ya no quiero que te presentes en mi casa, y cuando regrese, - la miró de soslayo – no quiero verte aún aquí - Diciendo esto salió de la sala, dejando a una sorprendida y angustiada rubia.

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Candy estaba sentada en su cama, esa mañana había sido abrumadora, cuando se fueron sus amigos descansó un poco; media hora después Clint había despertado con ánimos de jugar, eso la distrajo; pero más tarde, cuando Clint dormía otro poco, volvió a pensar en las palabras de su amiga.

-Su té mi lady. – Candy miró a la empleada, desvió su mirada hacia la puerta y vio otro servicio de té, antes de que preguntara algo, la empleada añadió – es para mi lord y a la señorita Susana. – la mirada de la rubia cambió a una entre molesta y sorprendida.

-Ella sigue aquí?

-Sí mi lady, está con mi lord en su despacho. – confirmó con inocencia.

-Dile a Dorothy que venga. – fue claramente una orden.

-Enseguida. – hizo una reverencia y dejó la habitación.

Molesta la rubia puso la charola sobre su mesa de noche, luego quitó las sábanas y se puso de pie, con cuidado de no apoyar el derecho; cuando Dorothy entró a la habitación vio a su patrona sacando un vestido del armario.

- Mi lady, Qué hace!? – preocupada se acercó a ella.

-Nos vamos a casa. – respondió furiosa – ayúdame con esto, le entregó el vestido y sin pudor se quitó el camisón de seda.

-Pero mi lady, el marqués dijo…

-No me importa lo que dijo, obedece! – alzó la voz – lo siento Dorothy, no quería gritarte – se disculpó al ver el rostro asustado de la castaña mientras ésta bajaba la cabeza en sumisión.

-No mi lady… yo lo siento… - dijo en voz baja ayudándola a vestirse.

-Dorothy… - tomó su mano – yo te considero una amiga – su voz sonaba muy arrepentida – no pretendía gritarte, es sólo que quiero irme a casa.

-Sí mi lady – no levantó la cabeza, y eso lastimó a la rubia.

Con cuidado y muy despacio Dorothy ayudó a Candy a bajar las escaleras, Clint iba detrás de ellas. La rubia tenía un brazo rodeando el cuello de la castaña, eso aligeraba su peso, caminaba con saltitos para no pisar con el pie lastimado; para su fortuna, no se encontraron con nadie en el camino.

-Déjeme cargarla mi lady. – dijo Dorothy cuando estaban a medio camino de la casa.

-No, soy muy pesada – dijo sonriendo, pues sintió que Dorothy ya no estaba molesta ni asustada de ella – de verdad disculpa que te gritara, es sólo que quería salir de ahí cuanto antes.

-No se preocupe mi lady; pero… - dudó un poco antes de seguir – por qué quería dejar la casa de su esposo?

-No pasaré por esa humillación nuevamente. – de reojo, la castaña vio dolor en los ojos de su patrona. – ella vino a visitarlo todo este tiempo, cierto?.

-Ella?

-Su meretriz – dijo con rabia.

-Mi lady… - dijo con pena.

-Yo sé que es algo normal… común en este círculo… - seguían caminando – pero… - se calló por unos segundos - es mejor que nos apresuremos - no quería compartir con nadie lo que sentía en ese momento; llegaron a su casa, con cuidado Dorothy la llevó a su habitación y la ayudó a recostarse.

-Iré por leña para preparar algo de comer.

-Sí, gracias.

Con una sonrisa triste, la castaña salió de la habitación y en cuanto cerró la puerta, escuchó los sollozos de su joven patrona, ella se había dado cuenta que estaba conteniendo las lágrimas, pensó que tal vez necesitaba sacar todo su dolor.

-Dónde está mi esposa? – vio frente a ella a su patrón, quien parecía estar muy furioso.

-Mi lord… - Terry ya estaba entrando a la casa y se dirigía hacia la habitación de Candy. – espere por favor! – la castaña se puso en frente extendiendo los brazos a los lados para impedirle el paso.

-Hazte a un lado - La furia se hizo más evidente en el rostro del castaño, su voz fue un claro indicio de ello, pues apretaba los dientes y tenía muy tensa la mandíbula.

-Por favor mi lord… - tenía la cabeza baja, no quería enfrentarlo con la mirada, le tenía mucho miedo – mi lady… ella no se encuentra bien.

-Por eso mismo estoy aquí! – rugió. – ahora muévete!

-No mi lord… - su voz temblaba – usted ya lastimó suficiente a mi lady.

Terry la observó sorprendido, nunca imagino que una simple sirvienta lo enfrentaría de aquella manera, la miró con furia, quería estrangularla por tal osadía; era una falta de respeto hacia él y hacia su familia, quienes pertenecían a la realeza.

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Candy estaba recostada de lado, las lágrimas luchaban por salir y cuando escuchó la puerta cerrase detrás de Dorothy ya no pudo retenerlas por más tiempo; como raudales salieron de sus bellos ojos, Clint se acercó a ella haciendo un ruidito lastimero, con su cabeza golpeó el de su dueña.

-Ya no aguanto más… - abrazó a su amigo quien parecía comprender su sentir – esto es demasiado, nadie puede aguantar tal humillación… se burlan de mí…

Escondió su rostro mojando en el pelaje de su mascota, trataba de acallar sus sollozos. Todo era horrible, nada se parecía a lo que se había imaginado de niña, cuando soñaba casarse con un caballero.

Cuando tenía 12 años y Elisa le contaba que tenía un pretendiente, que éste tenía dinero y la llenaría de vestidos y joyas; ella sólo pensaba en que no le importaba eso, ella quería que la amaran, le regalaran flores que le recitaran poemas y le dedicaran versos de amor en cartas perfumadas; pero su realidad distaba tanto de lo soñado y añorado. De repente escuchó la voz de Dorothy cerca, y poco después la de su esposo, se levantó de la cama de un salto y un leve quejido salió de sus labios; ya que olvidó nuevamente la lesión de su pie, no le importó; cojeando se dirigió hacia la puerta y al pasar por su coqueta vio su reflejo en el espejo y recordó que había estado llorando, presurosa se limpió las huellas de sus lágrimas, cuando escuchó nuevamente la voz de su esposo; pero esta vez se oía furioso.

-Por eso mismo estoy aquí! – escuchó su grito. – ahora muévete!

-No mi lord… usted ya lastimó suficiente a mi lady. – se decidió abrir la puerta y salir, la voz de Dorothy se oía con miedo.

-Déjalo pasar Dorothy… - la voz de Candy sonó suave; pero carente de sentimientos, frente a ella estaba su amiga, extendiendo los brazos para impedir a su esposo pasar; cuando miró a Terry, éste parecía molesto y también… arrepentido?.

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Día de publicación!

Les agradezco mucho sus lindos comentarios, estoy feliz de que les esté gustando la historia. Sinceramente quisiera publicar dos capítulos seguidos, en realidad esta historia la tengo avanzada; pero como ya me conocen soy de las que suele revisar bastante antes de publicar y eso causa que demore, que cambie ciertas cosas e incluso que modifique muchas situaciones. Así que espero que tengan paciencia y sigan disfrutando del fic.

Ahora sí, qué les pareció este capítulo? Pobre Candy, ya no soportó más la humillación de ver a quien supone es la amante de su esposo.

Se cuidan mucho, no dejen de proteger y cuidar de quienes lo necesitan, de aquellos amiguitos que no nos hablan; pero están siempre a nuestro lado en las buenas y las malas, dándonos su apoyo y cariño.

Hasta el sábado!