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Estaba furioso por todo lo acontecido aquella mañana, esperaba que cabalgar lo ayudara a despejar su mente… sacar toda su frustración.
El aire golpeaba su rostro, las imágenes de los árboles o el prado parecían pinturas disueltas por el agua, una simple mezcla de colores. Cuando sintió que había sido suficientemente, de manera ruda detuvo a su yegua, se sintió un canalla al ver el cansancio del pobre animal.
-Perdóname Teodora. – acarició a la yegua quien bajó la cabeza – soy un tonto por tratarte así mi querida amiga. – apoyó la frente en la de la yegua mientras ésta recibía la caricia de su dueño.
El castaño se sentó bajo el árbol, había rodeado completamente sus terrenos. Ahora estaba frente al lago, el mismo lugar donde había compartido el picnic con su esposa, recordó aquel día, lo habían pasado muy bien; pero también recordó el motivo de aquella cabalgata.
Flashback
Susana entró a su despacho después de recibir el consentimiento, parecía más feliz que de costumbre. Nuevamente, trató con ella los asuntos con respecto a la deuda que su padre tenía con la familia Granchester, y aunque no todo le favorecía; ella solo sonreía; no le preguntó el motivo de su aparente felicidad, pues no le interesaba ciertamente.
-No creas que no me doy cuenta de la intención de tus padres al mandarte a ti para tratar este asunto.
-Ya le dije que mi padre está muy enfermo. - se llevó las manos a la altura del pecho – mi lord… mis padres no pretenden nada al mandarme a mí, me ofende que insinúe tal cosa. – su voz sonó dolida – yo me ofrecí para venir a hablar con usted, lo considero un buen amigo… por lo que hubo…
-No hubo nada - la interrumpió – así que no insinúes cosas, si hasta ahora no les quité todo lo que tienen, es sólo por agradecimiento a lo que un día hiciste por mí; pero sobre todo por compasión. – se sintió herida, aunque no lo demostró - lo esperaré un poco más. - Se puso de pie, clara invitación para que se marchara; mas ella, antes de partir, hizo aquel comentario "inocente".
-Antes de irme quisiera disculparme con su esposa mi lord. – dijo apenada, al ver que él levantaba la ceja al no comprender el por qué, ella añadió – es que cuando llegué ella estaba hablando tan a gusto con lord Andley – vio el ceño fruncido del castaño – oh! Y una mujer más los acompañaba, me sentí tan avergonzada de interrumpirlos que quisiera disculparme.
-Recuerda lo que te dije - pretendió que no le importó lo anunciado; pero la seriedad en su voz y facciones le indicaron a la mujer que Terry estaba molesto - no volveré a tratar este asunto contigo.
-Se lo diré mi lord.
Pasaban por el salón cuando vieron salir a Sara y aprovechando eso, Susana, le preguntó si Candy seguía allí, la empleada les dijo que los invitados de mi lady acaban de irse y que ella mandó a llamar a Dorothy para que la ayudara a subir a su habitación. Sin pensarlo dos veces, Terry entró al salón olvidándose de Susana.
Fin de flashback
Cuando Candy rechazó su ayuda, se sintió desconcertado. Su voz, el cómo lo miraba, todo eso lo paralizó, nunca había sido rechazado por ninguna mujer; es más, muchas veces eran ellas las que aparentaban estar llorando o fingían tropezar para llamar su atención; pero su esposa hizo todo lo contrario, lo había golpeado cuando la cargo para llevarla a casa y la revisara el doctor, y ahora, le había impedido que la tocara siquiera.
-Por qué es tan diferente? – se cuestionó a sí mismo, luego miró a Teodora que comía pasto – las mujeres son muy complicadas, eh? – sonrió de lado y se apoyó en el tronco del árbol y miró hacia el cielo, las lluvias pronto llegarían - Bueno! Hora de irnos, tengo que hablar con mi esposa. – se subió a Teodora y emprendió la marcha de regreso.
-Bienvenido Mi lord. – lo recibió Charles con una reverencia. – disculpe mi lord…
-Ahora no Charles, tengo que hablar con mi esposa.
-Es sobre mi lady… mi lord... – Terry estaba en el cuarto escalón cuando lo escuchó, en seguida detuvo sus pasos, pues tuvo un mal presentimiento.
-Le pasó algo? Ya llamaste el doctor? Se cayó? – no dejaba hablar al hombre, quien de por sí ya temía su reacción.
-Mi lady… se fue…
No supo descifrar que sintió en ese momento, nunca antes había tenido aquella sensación. Sin decir nada volvió en sus pasos y dejó la casa, sabía dónde encontrarla, y hacia allá fue.
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-Déjalo pasar Dorothy… - la voz de Candy sonó suave; pero carente de sentimientos.
-Mi lady!
-Qué haces de pie!? – Terry se acercó a Candy al verla frente a él, parecía que apoyaba su pie derecho en el piso, algo contraproducente para su recuperación.
-Dorothy…- miró a la castaña – déjanos solos, por favor.
-Sí mi lady… - con una reverencia a ella y escondiendo la mirada de él, salió al patio.
-Déjame ayudarte… - trató de cargarla.
-No me toques! - ella lo rechazó nuevamente.
– Candice…
-Qué quieres Terruce? – estaba apoyada, agarrándose fuertemente del marco de la puerta. – vete… Qué haces!? – el castaño la cargó y la metió a la habitación – suéltame! – golpeó su pecho un par de veces antes de ser depositada en la cama.
-Por qué regresaste aquí? – dijo molesto, aunque no gritó, tenía la mandíbula tensa – el doctor dijo que debías permanecer en cama, eres una inconsciente, tu pie podría empeorar! - le gritó lo último.
-Y a ti qué te importa! – también le gritó, pero enseguida comenzó a llorar – ya estoy cansada… - escondió su rostro de él. – nunca quise nada de esto! – el castaño levantó la mano con la intensión de tocarla – ellos lo decidieron, yo nunca pedí casarme contigo… no quería hacerlo… - al castaño le dolió esa verdad.
-Candice… - su mano se detuvo a unos centímetros de tocar el cabello de la rubia cuando vio que ella levantaba la cabeza.
-No te preocupes, nadie se enterara de lo que me pasó - trató de calmarse; pero seguía llorando - ni tu padre ni el mío te reclamarán nada. – lo miró por unos segundos – voy a estar bien, puedes volver a tu casa. – nuevamente su voz sonó seca e impersonal.
Verla en ese estado, increíblemente lo afectó; había perdido el brillo en sus ojos, éstos ya no eran altaneros y tampoco lo desafiaban; acaso se había rendido? Él había ganado? Había acabado con ella?
-Estarás más cómoda allá. – su voz, no la reconocía, sonó suave y… dulce? – Candice…
-Prometo ser cuidadosa y descansar como indicó el doctor - volvió a hablar – por favor… me siento más tranquila aquí, me gusta esta casa, la siento como mía.
-De acuerdo. – después de unos segundos aceptó resignado – vendré a visitarte para ver como sigues. – ella sólo asintió con la cabeza, no lo miraba.
Terry regresó a su casa con un sentimiento de pérdida; quería que ella volviera a la casa, y no supo descifrar el verdadero motivo de aquel deseo; creyó que era por orgullo, para seguir teniendo el control de aquel juego de poder que había iniciado con su esposa; aunque reconocía que le gustaba aquel carácter desafiante y seguro de la rubia.
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Al día siguiente cuando estaba dirigiéndose a la cocina, escuchó la conversación que tenían las empleadas, hablaban sobre la visita que tuvo su esposa el día anterior.
-Es realmente apuesto! – dijo encandilada Sara – esa mujer que lo acompañó era su esposa?
-No – contestó Luisa – cuando les llevé el servicio, escuché que le dijo primo – Terry estaba a punto de entrar cuando mencionaron a su esposa. – mi lady es afortunada, el señor Andley estaba realmente preocupado por ella.
-Sí, verdad? – Sara sonrió con malicia – tú crees que, él y mi lady tengan un amorío? – al oír eso Terry apretó sus puños con fuerza y tensó la mandíbula.
-Sara! – Doris se molestó y le llamó la atención – cómo te atreves a decir eso de lady Granchester, ella ha demostrado ser intachable, además de ser buena con nosotros.
-Sí, puede parecer buena con nosotros; pero acaso crees que eso impediría que tenga un amorío, cuando su propio esposo trae a su querida a su casa? – Terry frunció el ceño, nunca había escuchado conversaciones ajenas, estaba dispuesto a entrar y despedir a aquella atrevida; pero decidió esperar para ver hasta donde era capaz de llegar – además fue claro que lord Andley está muy enamorado de ella.
-Será mejor que te calles – dijo Doris – ten cuidado con lo que dices; porque si mi lord te escucha, te despedirá enseguida y no creo que seas tan descarada para pedir a mi lady que abogue por ti como lo hizo con Dorothy.
-Já! – dijo con burla – según lo que veo, pronto tendremos otra patrona y es mejor congraciarse con ella como… – eso fue suficiente para el castaño.
-Y puedes decirme quién será, que hasta ahora no estoy enterado?
Las mujeres palidecieron al escuchar la voz de Terry entrando a la cocina, cuando giraron para verlo sintieron pavor. Sus ojos fríos, su expresión dura y su porte altivo; estaban realmente congeladas.
-Mi-mi… - no podía articular las palabras - mi lord… y-yo…
-Así que pronto habrá nueva patrona, eh?
-No mi lord… yo sólo bromeaba – Sara buscó ayuda en sus compañeras; pero en el caso de Luisa, bajó la mirada en sumisión; y Doris, ella negaba con la cabeza y con una mirada de: "te lo dije".
-Doris. – la mujer atendió a su patrón – busca un reemplazo para el servicio. – nunca desvió la mirada de la empleada – y está demás decirte que estás despedida. – miró con odio a Sara.
-Mi lord! – se arrodilló a sus pies – por favor mi lord… discúlpeme, nunca quise…
-Tienes 10 minutos para dejar mi casa… y la de mi esposa, Candice. - ni siquiera la miró y con leve empujón logró que lo soltara.
La furia en su mirada era una clara advertencia para todos, lo mejor era alejarse de él por unas horas y rogar que nada pase en la villa que los obligue a buscar a su patrón.
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Estaba furioso por lo que había oído; pero también, se dio cuenta que aquello era su culpa; él había provocado todo eso, entonces entendió mucho mejor la decisión de su esposa de regresar a la que había convertido en su hogar.
-Maldita sea! – gritó – ahora entiendo las lágrimas de Candice… demonios! la he humillado frente a todos… incluso frente al servicio – pasó sus manos por su cabello – acaso no es lo que quería? – se preguntó a sí mismo – no… eso no.
Se maldijo a sí mismo, recordando las lágrimas que Candy había derramado el día anterior. No le gustó ver a su esposa en ese estado; se dio cuenta que él admiraba lo fuerte y decidida que era.
-Doris! – la mujer dio un brinquito por el susto.
-Dígame mi lord.
-Ya se fue esa mujer?
-Sí mi lord.
-Qué es eso? – la mujer desmoldaba el pan.
-Acabo de hornear pan para mi lady. – empezó a cortarlo – cuando Luisa terminé de poner la mesa, se lo llevará.
-Yo lo haré. – dijo inmediatamente, logrando que la cocinera lo vea sorprendida. – prepara una cesta con fruta, pan y queso… hay algo más que le guste?
-Eh… si mi lord, en seguida preparo todo.
Con un asentimiento, Terry subió a su habitación, tomó un baño rápido y 10 minutos después, ya estaba en la cocina nuevamente.
-Ya está listo?
-Todo está listo mi lord. – con una sonrisa la mayor le extendió la cesta y vio a su patrón dejar la casa.
-Y esa sonrisa Doris? – Luisa entró a la cocina, la vio distraída y con una mirada soñadora.
-Nada… sólo pensaba que será un lindo día.
-No lo creo, parece que lloverá, las nubes se ven algo grises y se están reuniendo.
-Por eso, se están reuniendo.
Luisa la miró sin entender, a su parecer la mayor estaba siendo atacada por la edad; pero no dijo nada al respecto, sólo le informó que la mesa estaba servida; Doris le pidió que la levantara, pues mi lord desayunaría fuera.
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Terry caminaba con paso seguro hacia la casa de Candy, cuando estaba cerca pudo visualizar a Dorothy ayudándola a sentarse en la mesa que había en el pórtico con vista al jardín, por un momento se molestó, pues no estaba descansando como lo había prometido; estaba acercándose a ellas dispuesto a regañarla; pero cuando Dorothy se giró para regresar a la casa, dejó ver el rostro de la rubia, quien estaba sonriendo. Terry pensó que tenía una de las sonrisas más hermosas que había visto.
-Buenos días. – vio que la rubia se sorprendió al verlo ahí.
-Bu-buenos días.
-Doris te mandó esto – mostró la cesta, Candy lo miró incrédula, preguntándose si en verdad la cocinera era capaz de darle un encargo al patrón. – es pan recién horneado.
-Oh… gracias – no sabía que contestar, esta actitud en su esposo la desconcertaba.
-Mi lord! - Dorothy llegó nuevamente donde su patrona, ni siquiera levantó la mirada a su patrón – buenos días…
-Tráenos el desayuno – su voz sonó fría, aún no olvidaba el enfrentamiento del día anterior – aquí está todo lo que necesitas, trae té y jugo.
-En seguida mi lord. – con una reverencia tomó la cesta y entró a la casa para cumplir lo ordenado; pero antes le entregó a la rubia su chal.
-Cómo te has sentido? – cuestionó dulcificando su voz, mientras se sentaba frente a ella.
-Bien… mucho mejor, gracias – lo seguía mirando algo desconfiada.
-Me da gusto oír eso – se quedó mirándola por unos segundos - mañana vendrá el doctor a revisarte, y quisiera que lo haga en casa.
-Puede venir aquí.
-Candice…
-Esta es mi casa – dijo con firmeza - Sí te preocupa que hablen de…
-No me interesa lo que digan. – la interrumpió – realmente estoy preocupado por ti.
-Por qué?
-Porque eres mi esposa. – desvió la mirada – porque debo cuidarte y…
-No soy ninguna niña para que cuides de mí. – dijo molesta - si solo venías para eso…
-No! lo siento – se sentía raro disculpándose - no supe expresarme. – no se reconoció a sí mismo, desde cuando se comportaba de esa manera? – quiero… - se interrumpió al ver que Dorothy regresaba con el desayuno.
-Gracias Dorothy. – agradeció Candy, la castaña le sonrió amablemente en respuesta, y a Terry solo lo miró de reojo, una vez que les sirvió el té, los dejó solos nuevamente.
-Me odia, cierto? – dijo riendo mientras miraba por donde la castaña se había perdido.
-Y la culpas? – él la miró sonriendo de medio lado – te comportas como un ogro con los del servicio, acaso crees que todos deben amarte sólo porque sí?
-Wow… - no perdió su sonrisa – nunca nadie me dijo algo así.
-Siempre hay una primera vez, mi lord. – bebió un poco de té, sin dejar de mirarlo. – A lo que me lleva a preguntar, qué haces aquí? desayunando conmigo – lo miró inquisitivamente - acaso hay algo que deba saber? – pensó en que tal vez traía noticias de parte del duque.
-Candice, quiero disculparme contigo – de todas las cosas que imaginó que diría, ésta ni siquiera estaba entre las posibilidades.
-Por qué?
-Por los últimos acontecimientos. – vio la mueca de disgusto en el rostro de su esposa.
-No tienes que disculparte – dijo amargamente desviando la mirada hacia su pequeño jardín - Sé que es normal que tengas… - aún no lo miraba – a tu protegida cerca – Terry la miró desconcertado – pero… por favor, no la quiero en esta propiedad – lo miró fijamente - puedes ponerle una casa… o si gustas, puedes devolverme – había una exaltación en la última frase.
-No! Eso no… – ni siquiera lo pensó, las palabras salieron por sí mismas de su garganta – no es mi intensión devolverte a tu familia.
-Por qué? – de verdad quería saber la respuesta – piénsalo, podrías buscar tu felicidad junto a ella, si la amas...
-No se trata de eso – la interrumpió.
-Entonces?
-Sé que no fue correcto la manera en como actué; pienso que no tenemos por qué amargarnos por nuestra condición. – no supo por qué no le había aclarado que no tenía nada con Susana, solo quería dejar que Candy pensará que así era.
Candy lo miró tratando de descifrar a qué se refería exactamente; pensó que tal vez estaba tramando algo para castigarla por haber humillado tantas veces a Susana y por eso no quería devolverla a su familia.
-Candy… - era primera vez que la llamaba así – ya no irá a la casa, le dejé claro que no debe volver.
-Y crees que ella no buscará la oportunidad para hacerlo?
-Estoy seguro que lo intentará – afirmó – pero está advertida, no creo que me desafíe.
-Por qué haces todo esto?
-Sinceramente, no lo sé – fue sincero – sólo no quiero vivir de esta manera.
-De esta manera?
-Tú aquí… y yo allá – sonrió levemente – no nos conocemos en lo más mínimo, ni siquiera tenemos tema de conversación, eso es algo incómodo cuando estamos solos. – recordó la fiesta de lord Campbell - Creo que debemos aceptar nuestra realidad.
-Y cuál es esa? – achicó los ojos – fingir frente a la sociedad que somos felices y aceptar a tu amante? – pensó esto último empezando a molestarse.
-Aunque no lo queramos, nuestras vidas ya están unidas y sólo nos dejan dos opciones.
-Cuáles? – dijo intrigada.
-Seguir renegando por algo que no podemos cambiar; odiándonos y destrozándonos uno al otro hasta que sólo uno quede de pie – fue su turno para mirarla fijamente – o aceptar de una vez por todas que estamos casados y tratar de sobrellevarlo con madurez y respeto.
-Creo que eso deberías…
-Mira – la interrumpió – es agotador y frustrante no poder siquiera hablar con la persona que se supone estará contigo hasta la muerte.
-Hasta la muerte!?
-Acaso no escuchaste al sacerdote que nos casó?
-En realidad… no escuché nada de la ceremonia – miró hacia el árbol, una sombra apareció en su mirada.
-Por eso no dijiste nada cuando el sacerdote dijo que eras una novia muy pecosa?
-Qué!? - Lo miró sorprendida creyendo que en verdad pasó aquello, hasta que lo escuchó soltar una fuerte carcajada. – juhm eres un tonto! – dijo mirando a un lado, pero un segundo después ella también sonrió contagiada por aquella risa.
-Ya me lo habían dicho antes – seguía riendo; pero ya no de manera estruendosa. – entonces, que me dices? – dejó de reír – nos comportaremos como personas maduras?
-De acuerdo. – extendió la mano y él la tomó; pero en lugar de apretarla le dio un beso en el dorso.
-Supongo que puedo llamarte Candy – dijo con su peculiar sonrisa de lado. – y tú puedes llamarme Terry.
-Ok… Terry. – le gustó que ya no se vieran con recelo y mucho menos con odio.
Así, con un apretón de manos, Candy y Terry, decidieron empezar de nuevo.
El castaño había decidido dejar de lado la venganza en contra de Candy, pues fue claro para él, que ella también fue una víctima de las circunstancias. Las últimas semanas la había observado a lo lejos y se dio cuenta que no se parecía en nada a aquellas jóvenes aristócratas que él conocía; ella era muy sencilla y realmente amable. Aunque eso no quería decir que olvidaría todo y se enamoraría de ella, claro que no. Una cosa era dejar de torturar a la rubia y otra muy distinta vengarse de su padre, sería amigo de su esposa, sólo eso; mas nunca la tocaría para procrear descendencia.
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Cómo están? Hoy amanecí algo enfermita pero como lo prometido es deuda, aquí está el nuevo capítulo. Qué les pareció? Creen que Terry cambie su actitud realmente?
Se cuidan mucho y bendiciones para cada uno de ustedes y sus familias.
