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Después de aquel acuerdo, Terry visitaba a Candy para desayunar juntos; ambos se dieron cuenta que el otro no era tan desagradable como pensaban. Candy conoció a un Terry inteligente, poseedor de muchos conocimientos, además de ser muy gracioso.
Terry se sorprendió al saber que a su esposa no le interesaba hablar de vestidos y chismes; ella era muy culta, amante de la literatura y sobre todo compasiva.
-El tobillo de su esposa sanó perfectamente, ya puede retomar sus actividades rutinarias.
-Gracias doctor. – el médico trató de ocultar su sorpresa, él conocía al hijo del duque de Granchester y nunca lo había escuchado agradecer tan afablemente. – Dorothy acompaña al doctor a la puerta.
-Con permiso mi lord. Si necesita algo, no dude en llamarme. – Terry solo hizo un gesto de aceptación.
-Buenas noticias, cierto? – miró a una sonriente rubia.
-Las mejores que he tenido.
-Qué harás ahora que eres libre de ir a donde quieras?
-Pues… extraño mucho ir al lago. Creo que será el primer lugar que visite.
-Ya me lo imaginaba. – sonrió imaginándola corriendo junto con Clint - Supongo que harás un picnic.
-Supones bien, quieres acompañarnos?
-Lastimosamente tengo que ir a la fábrica, hay muchos papeles que debo revisar.
-Tuviste mucho trabajo últimamente, está todo bien?
-Sí, nada de qué preocuparse. – ella le sonrió aceptando lo que le decía. -Bueno, me marcho – acarició a Clint, quien ya no le tenía miedo - que tengas un buen día.
-Gracias, tú también. – sonrió levemente, le agradaba no estar siempre a la defensiva, poder hablar sin explotar cinco minutos después.
-Ah! Y no olvides la cena de mañana. – mencionó con una mueca de fastidio.
-Claro – sonrió ampliamente – Elisa ya me lo recordó. – miró la invitación que estaba en su mesa de noche.
Terry sólo la miró achicando los ojos. La fiesta a la que habían sido invitados era en honor al cumpleaños de la matriarca del clan Andley, estaba seguro que Albert Andley estaría ahí, pues era su tía o abuela, no lo recordaba ni le interesaba realmente, no tenía ganas de asistir; pero Candy era muy amiga de la nieta de la festejada y estaba seguro que su esposa sería capaz de ir sin él, levantando murmuraciones entre los invitados; así que no tenía más opción que asistir.
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Como lo había dicho, Candy fue al lago junto a su inseparable Clint, en su cesta no sólo llevaba los alimentos que degustarían, sino también las cartas que su familia le había enviado, ya había pasado más de un mes sin verla y querían saber cómo se encontraba.
La primera carta en leer fue la de su padre, algo escueta y carente de sentimientos; pero él era así, demostraba su afecto con hechos.
Le decía que esperaba que esté comportándose como una buena esposa y que lord Terruce esté cuidando bien de ella, que la quería y sólo deseaba su felicidad.
-Ay papá… - dijo soltando un suspiro. – si supieras como es mi matrimonio, aunque no puedo negar que últimamente, Terry se preocupa por mi bienestar.
La rubia soltó un sonoro suspiro, pensando, en qué le respondería a su padre. Bueno, trataría de ser honesta, hasta cierto punto, claro está.
Luego tomó la carta que le envió su tía, ésta era más cálida, le preguntaba cómo estaba, que esperaba que su luna de miel haya servido para conocer a su esposo y que lograran entenderse. También le expresó que hubiera querido ir a visitarla; pero que lastimosamente su salud no se lo permitía por el momento. Le contó sobre algunos chismes que recorrían el pueblo de Snowshill, y al final de la carta, le deseaba todo lo mejor en su matrimonio.
Finalmente tenía la carta de su hermana en sus manos, la miró y se lo pensó dos veces antes de leerla, ya se imaginaba lo que la misiva decía.
Como lo sospechaba, su hermana le decía que la extrañaba mucho, que no había día que no rezara para que sea feliz; pero también estaba esa parte donde la mayor de las hermanas White, le recordaba que debía estar orgullosa y agradecida por pertenecer a la familia de uno de los más altos nobles, los Granchester. Candy rodó los ojos al leer la parte donde le decía que no se mortificara si su esposo tenía una protegida, que el título de esposa y reconocida por toda lo sociedad la tenía ella, que mientras ella era la dueña de los días; la amante era de las noches, la clandestina… una simple distracción para su marido.
-Ay… Annie – dijo en un suspiro – nunca entenderé cómo pueden aceptar eso, qué sentido tiene compartir tu vida con un hombre que no te ama, formar una familia sólo para que su apellido prevalezca.
Candy apoyó la espalda al árbol y cerró los ojos, si bien había llegado a una tregua con su esposo y el ambiente entre ellos cuando estaban juntos había mejorado y era más tranquilo, ella no era feliz y creyó que nunca lo sería. Había dejado de leer sus hermosas novelas, donde el caballero luchaba por la damisela, donde el protagonista juraba amor eterno a su amada, ya no quería seguir soñando, decidió rendirse ante su realidad.
-Clint… - llamó a su mascota – que te parece si regresamos a casa – el animalito la miró mientras hacia un ruidito e inclinaba la cabeza en contestación – quieres quedarte un poco más? – parecía que el pequeño asentía – es día hermoso, verdad? Quieres bañarte? – se puso de pie y se acercó al lago – creo que no debo meterme aún, o si?
Quería nadar un poco, pero prefirió dejarlo para otra oportunidad, metió los pies al agua y Clint la imitó. A lo lejos un hombre la veía con ojos cautivados, le gustó su sonrisa; pero le encantó más su risa cantarina, evitó acercarse para no interrumpirla, claramente se estaba divirtiendo con su mascota.
Candy se secaba los pies para volver a calzarse los zapatos - Elisa debe estar volviéndose loca con los preparativos para mañana. – miró hacia donde se encontraba la mansión de los Andley. – me siento mal, debí haber ido para ayudarla en lago; aunque… es muy mandona y prefiero estar lejos de ella en estos asuntos – le dijo traviesamente a Clint – no me mires así Clint – miró al mencionado - no la conoces, le fascina tener el control y cuando no haces las cosas como ella quiere te grita. Bueno, al menos no sabe que ya estoy bien, mañana me disculparé por no ayudarla. – caminó rumbo a casa.
-Mi lady – la recibió Dorothy – Mark ya hizo lo que le pidió.
-En serio!? – dijo emocionada.
-Así es – contestó con el mismo entusiasmo – dijo que era un regalo por su recuperación.
-Qué amable. Vamos, quiero ver cómo quedó. – las jóvenes se encaminaron hacia el árbol que estaba frente a su huerta.
-Va a encantarle mi lady. – dijo emocionada la castaña.
-Quedó hermoso!- se acercó al árbol para ver mejor el columpio que Mark había armado para su patrona – ven Dorothy, probémoslo – la castaña se acercó – anda sube, yo te empujo.
-Oh mi lady, como se le ocurre. – dijo tímidamente - usted debería subirse y yo la empujo.
-Anda Dorothy, no hagas que te ruegue, quiero que tú seas la primera, estoy segura que tú le ayudaste cuando lo puso, verdad?
El sonrojo de la castaña afirmó que así había sido, se la imaginó sobre el columpio mientras Mark la empujaba, sonrió ante aquello, desde la primera vez que los vio juntos se dio cuenta que se querían mucho.
-Ahora es su turno mi lady – Dorothy se bajó para darle el lugar a su querida patrona - Candy reía cada vez que subía.
-Parece que estoy volando! – extendió los brazos como si fueran alas.
-Mi lady, no se suelte por favor! – dijo alarmada la castaña, tenía miedo que en una de esas Candy cayera al suelo.
-No te preocupes, tengo experiencia en esto. – contestó riendo.
-Divirtiéndose?
-Terry?! – automáticamente se giró para verlos.
-Cuidado! – Terry la vio caer desde lo más alto.
-Mi lady! – Dorothy se cubrió el rostro para no ver la caída de su patrona.
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Cuando Terry vio llorar a su esposa por su culpa, lo hizo sentir miserable; en ese momento decidió cambiar y comportarse de manera amable con ella. Ahora quería convertirse en su amigo, así sería más fácil para ambos sobrellevar su situación.
Ese día, regresaba temprano de la fábrica, en sus manos tenía un paquete para su esposa. Se dirigía a la casa de la rubia para entregárselo cuando escuchó su risa, al seguirla vio que la rubia estaba en un columpio cerca de su huerta; hacia allá se encaminó y al estar cerca cometió el error de hablarle y asustarla.
-Cuidado! – corrió rápidamente cuando la vio caer – estás bien? – la tenía en sus brazos, Candy estaba tan asustada que no podía hablar.
-S-sí… - estaba temblando.
-Discúlpame Candy, fue mi culpa por asustarte.
-Tú estás bien? – cuestionó preocupada – el columpio te golpeó – vio como el columpio había golpeado su espalda cuando la protegió de la caída.
-No te preocupes, estoy bien. – se puso de pie ayudándole a ella a hacerlo mismo; pero la sostuvo con sus brazos, pues la rubia estaba tan asustada que le temblaban las piernas evitando que se sostuviera por sí misma en pie. – Dorothy, trae un té para Candy.
-E-Enseguida mi lord – estaba paralizada por el susto.
-Y prepara uno también para ti. – la vio asustada.
Dorothy corrió a la casa para preparar un té para quitarle el susto a su patrona, cuando estuvo listo se los llevó, encontrando a sus patrones sentados en la mesita que habían acondicionado frente al jardín.
-De verdad estás bien? – preguntó al verla callada.
-Sí… ya estoy mejor. – tomó un poco de la infusión desviando la mirada, pues le ponía nerviosa que Terry la viera tan atentamente. – qué es eso? – señaló la caja que estaba tirada cerca de ellos.
-Ah! – el castaño tomó la caja – es para ti – se lo entregó.
-Para mí? - tomó la caja en sus manos sin creer que su esposo le diera un regalo – puedo abrirlo? – al ver que él asentía, lo hizo - es hermoso. – apreció al ver su contenido.
-Lo usarás mañana? – ya no se veía asustada.
-Claro que sí! – aseguró con una radiante sonrisa – gracias Terry.
Para olvidar completamente el incidente de hace unos minutos, Candy le preguntó a Terry sobre su trabajo, éste le habló sobre todo lo referente a la fábrica y la invitó a acompañarlo la próxima vez. La rubia aceptó gustosa, pues no le gustaba estar encerrada en casa, además de que en verdad le había interesado conocer las fábricas de su padre y las del duque de Granchester.
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Ya estaba lista, estaba segura que Terry no tardaría en ir por ella, se dio cuenta que era muy puntual para todo, la invitación era para las tres de la tarde y Terry le había dicho que iría por ella a las 2:30.
-Oh mi lady! Se ve realmente hermosa – apreció Dorothy cuando la vio.
-No exageres Dorothy.
-Pero es verdad mi lady, usted es realmente hermosa y ahora con ese vestido y su peinado…
Candy solo sonrió y volvió a verse en el espejo, llevaba un vestido blanco de seda; la blusa estaba decorado con perlas, las mangas eran sueltas estilo Julieta dejando parte de sus hombros descubiertos, era realmente hermoso.
-Mi lord ya llegó y la espera en la salita.
Dándose un último vistazo y soltando un suspiro, la rubia salió de la habitación para encontrarse con su esposo, quien estaba esperando impaciente por verla.
-Buenas tardes. – se giró cuando escuchó su voz, la vio hermosa con el vestido que le había regalado la tarde anterior.
-Estás hermosa Candy – la rubia bajó la cabeza al sentir que se sonrojaba por el halago.
-Tú también te ves…
-Hermoso? – bromeó el castaño, en el rostro de ambos se dibujó una linda sonrisa.
-Bien. – dijo rápidamente, estaba nerviosa, verlo ataviado en un traje blanco con una capa del mismo color, pues ese era el tema de la fiesta, a Elisa le gustaba dar temáticas a sus fiestas y esta vez eligió una fiesta blanca.
La pareja llegó a la fiesta y fueron recibidos por los anfitriones. La decoración de la casa era hermosa y acorde a la temática de la fiesta; aunque esta se llevaría a cabo en el jardín. El cual era realmente grande, Elisa se había esmerado en la decoración, las mesas con manteles de encaje blanco, organizadas estratégicamente dejando un espacio al centro; para cubrir a los invitados del sol, la pelirroja ordenó poner unas sedas bordadas con hilos dorados, la decoración fue con flores blancas, rosas y lirios, los preferidos de la festejada.
-Candy, estás preciosa. – Elisa se acercó a su amiga, ignorando en primera instancia a Terry.
-Gracias, tú también te estás hermosa.
-Tengo que estarlo, hoy seré la anfitriona. – dijo orgullosa – lord Granchester, bienvenido – dijo simplemente, recibiendo un asentimiento de parte del castaño.
-Y dónde está la tía Elroy, quiero saludarla y felicitarla. – trató de romper la tensión entre su esposo y su amiga.
-Bajará una vez que hayan llegado todos los invitados, ya la conoces. – la tomó del brazo para llevarla al jardín, donde Terry se encontró con unos conocidos.
-Candy! – escuchó la voz de Albert, aunque no fue la única, Terry también lo hizo y desvió la mirada hacia donde estaba su esposa.
-Albert. – le sonrió.
Terry miraba con el ceño fruncido, no le gustaba que el rubio tratara a su esposa con tanta familiaridad y odiaba que ella le sonriera como lo estaba haciendo.
-Lord Granchester?
-Eh? Disculpe… en seguida vuelvo. – sin decir más se encaminó hacia donde estaba su esposa. -Candy. – se paró a lado de la rubia y posó su mano en la cintura femenina con una sutil posesión.
-Terry… - le sorprendió la acción de su esposo. – les contaba el incidente de ayer.
-Por suerte estuvo ahí para sostenerla.
-No me lo habría perdonado si le hubiera pasado algo a mi esposa.
-Candy siempre fue una despistada, no mide sus acciones hasta que se lastima. – dijo Elisa con reproche. – si yo fuera usted lord Granchester, mandaría a quitar ese columpio.
-Elisa!
-Candy, si tu esposo no hubiera estado ahí, ahora estaríamos velándote.
-Creo que estás exagerando.
-Tu historial médico me respalda.
-Historial médico? – Terry miró a su esposa.
-Heridas de niños. – dijo con simpleza – ya sabes, rodillas raspadas, pinchazos de agujas, lo normal.
-Un brazo fracturado – Elisa imito la voz de su amiga. – se cayó de un árbol – aclaró cuando los hombres la miraron.
-Vamos Elisa, mejor atendamos a los invitados. – Candy la empujó para alejarse de los caballeros, antes de que iniciaran con sus preguntas o regaños.
La fiesta se estaba desarrollando de lo más tranquila y amena, después de haber felicitado a lady Elroy por su cumpleaños; por un buen rato, Terry no volvió a alejarse de su esposa, no le gustaba que Albert tomara cualquier excusa para acercarse a ella; sin embargo fue solicitado por uno de los invitados y aunque no quería tuvo que dejarla con su amiga.
-Ahora que estamos solas – susurró la pelirroja – has pensado lo que te dije?
-Qué me dijiste?
-De irte y dejar a tu esposo. – la llevó hacia una de las mesas alejadas. – nosotros vamos a ayudarte, te irás a América.
-América! – llamó la atención de un par de invitados.
-Shhh… - Elisa hizo un ademan para callarla con una mirada de regaño.
– Elisa, no voy a abandonar a mi esposo. – susurró con un tono ofendido y de regaño.
-Entonces, lo que vi hoy, no fue actuación? – al ver la duda en la cara de su amiga explicó – los he visto muy amistosos, y a él, muy posesivo contigo.
-Hemos llegado a un acuerdo. – Candy le contó de manera resumida lo que había hablado con su esposo.
-Ya veo… - dijo pensativa – pero mi oferta sigue en pie.
-De acuerdo – dijo riendo mientras negaba levemente con la cabeza – si ya no aguanto mi nueva vida, te buscaré para planear y llevar a cabo mi huida. – dijo en son de broma.
Tomadas del brazo volvieron a acercarse a la recepción; Elisa quería supervisar todo, nada debía salir mal, así paradas cerca de la pista de baile seguían conversando de trivialidades.
-Buenas noches. – un joven apuesto se acercó y tocó el hombro de la rubia para llamar su atención.
-Buenas noches…? – con su característica sonrisa la rubia lo saludó.
-Oh! disculpen mi falta de educación. – le sonreía coquetamente – mi nombre es, Anthony...
-Tony! – el joven, quien era un apuesto rubio de ojos celestes, fue interrumpido.
-Bert! – abrazó a su amigo en son de saludo.
-Creí que no llegarías.
-Pues aquí estoy, saludando a esta-estas hermosas damas. – corrigió, pero de nada sirvió, pues Elisa ya estaba ofendida, ya que fue muy claro donde estaba la atención del rubio.
-Déjame presentarte a mi prima Elisa. – miró a las damas – él es un buen amigo, Anthony Brower.
-Mucho gusto. – la seriedad en la voz de la pelirroja y como alejo bruscamente la mano después de haber sido besada, sacó una sonrisa en su primo.
-Y ella es Candice. – a Anthony le sonó tan lindo aquel nombre, que con una sonrisa besó el dorso de su mano, demorándose más de lo debido.
-Es un placer conocerla – no desvió su mirada de la rubia.
-Ya es hora de retirarnos. – Candy miró a su esposo, quien tenía el ceño fruncido, pues el castaño había visto a Albert nuevamente junto a su esposa y presentándola a otro hombre.
-Terry? – miró a quien lo nombró.
-Anthony? – miró sorprendido a su hermano. – qué haces aquí?
-Pues te pregunto lo mismo.
-Conoces a lord Granchester, Tony? – Candy, Elisa y Albert esperaban con atención la respuesta del rubio.
-Desde que usaba pañales. – dijo sonriendo – cómo has estado hermanito?
-Mejor que tú, claro está.
-Tu hermano? – cuestionó bajito la rubia, pero los caballeros la escucharon.
-Así es señorita, aunque no lo crea, soy su hermano mayor. – dijo de manera coqueta, Candy ni cuenta se dio de la acción.
-No es señorita – dijo Terry perdiendo la paciencia - es señora – el rubio lo miró asombrado al oír aquello– Anthony, te presento a mi esposa, Candice Granchester. – el castaño se dio cuenta que Candy había llamado la atención de su hermano.
Aunque el rubio trató de ocultar con una linda sonrisa su desilusión, no pudo engañar a su hermano, Albert ni a Elisa, la decepción que sintió al enterarse que aquella hermosa rubia era su cuñada se reflejó en sus ojos. Sin embargo, Candy, sin percatarse de nada, con una sonrisa lo saludó nuevamente y le dio la bienvenida a Escocia. Elisa sonreía internamente al ver la mirada celosa del esposo de su amiga cuando ésta abrazó a su hermano mayor.
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Cómo están? Gracias por sus lindas palabras, las aprecio sinceramente.
Qué les pareció el capítulo? La relación entre Candy y Terry está mejorando, será solo amistad?
Apareció Anthony! Creen que haga algo para llamar la atención de Candy?
Bueno, solo espero que hayan disfrutado de la lectura, el próximo capítulo, trataré de publicarlo el domingo, pues ahora estoy con mucho trabajo; pero haré lo posible.
Espero sus comentarios, se cuidan mucho!
