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La fiebre había cesado y Terry descansaba más tranquilo. Candy había despertado y al verlo dormir de manera serena, se tranquilizó; aunque seguía alerta, cuidando que la fiebre no regresara.
-Candy… Tengo sed. – su voz ronca y rasposa llamó su atención.
-Toma, bebe esto. – lo ayudó a levantar el torso y a beber la infusión.
-Qué es?
-Té de jengibre con miel, es bueno para la garganta.
-Gracias… - volvió a acostarse, ya se veía mejor.
-Descansa. – lo cubrió con una sábana. Por indicaciones del doctor, no debían cubrirlo con mantas, sino con algo más ligero. Terry no perdía detalle de su rostro.
-Te ves cansada… - hablaban en susurros.
-Estoy bien. – se quitó un rizo que caía en su frente, de repente se había puesto tímida.
-Qué hora es?
-Las 2 de la madrugada más o menos.
-Debería regresar a la casa… - intentaba levantarse.
-No es posible ahora, aún estás débil. – no permitió que se levantara de la cama, con delicadeza lo empujó para que volviera a acostarse.
-Y dónde dormirás tú si me quedo? – sonrió internamente, hace un momento la había visto sonrojarse levemente y ahora tenía sus manos sobre sus hombros y su cuerpo levemente inclinado hacia él.
-No te preocupes por mí. – dijo sonriendo, realmente Terry tenía mejor aspecto.
- No puedo quitarte tu cama. – observó que en la pequeña habitación, sólo había un tocador, una cómoda y una silla con una manta en el respaldo, supuso que su esposa estuvo ocupándola todo ese tiempo mientras lo cuidaba.
-Terry… - él la miró – no puedes irte ahora, podrías empeorar.
-Entonces… - tenía razón, si bien se sentía mejor, sabía que no lo estaba completamente – descansa a mi lado. - recorrió un poco dándole un espacio.
-Qué!? – se sonrojó nada más imaginarse acostada junto a él. – …tienes… que estar cómodo.
-Cof-cof-cof – de repente, Terry fue atacado por una fuerte tos.
El castaño se llevó una mano a la boca, estaba agitándose; Candy se acercó rápidamente a él para ayudarlo a sentarse, no contó con que su esposo rodeara su cintura y la atrajera hacia él.
-Terry! – estaba acostada junto a él mientras éste la miraba con una sonrisa.
-Ésta es la condición para que me quedé aquí y no regrese a la casa principal. – su voz era amigable – de verdad te ves agotada y no es justo que duermas en una incómoda silla.
-Tramposo. – dijo con un bostezo, sentir el cómodo colchón la hizo relajarse. Estaba realmente cansada y sin darse cuenta se quedó dormida enseguida.
-Eres realmente noble Candy. – no dejó de mirarla, delicadamente apartó uno de su rizos acomodándolo detrás de su oreja.
Una hora después Dorothy entraba a la habitación para suplantar a la rubia; pero verla dormida junto a su esposo, mientras éste rodeaba su cintura, provocó un intenso sonrojo; aunque sonrió levemente al verlos dormir tranquilos. Esta vez camino despacio y cerró la puerta con mucho cuidado para no despertarlos.
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Después de haber escuchado lo relatado por su padre, Anthony se sintió embaucado. Candy lo había cautivado desde el preciso instante en que la vio, la joven era realmente bella y cuando le sonrió al saludarlo, sumado a esto la hora y media que conversaron antes de que Terry se la llevara, quedó completamente prendado de ella.
-Maldita sea! – gritó de frustración. – ella hubiera sido mía… maldita la hora que decidí escapar a América!
Cabalgaba por los terrenos que le pertenecían a su familia para quitarse la frustración, algo que solían su padre y también su hermano.
-Si lo que dijo Elisa es cierto… entonces, ellos no deben ser felices – dijo meditando lo dicho por la pelirroja – tal vez… si hablo con Terry, puedo librarlo del matrimonio que odia. – bajó la velocidad de la carrera – sí, eso es! Libraré a mi hermano de esa unión, estoy seguro que se pondrá feliz y estará de acuerdo con recuperar su amada libertad, y yo… pero qué estoy pensando!? – se reprimió a sí mismo - Ella es la esposa de mi hermano… ahora es mi cuñada… mi nueva hermana…
El rubio dio vuelta, a todo galope regresó a la mansión de su padre y tomó su maleta para regresar a Escocia para hablar con su hermano menor. No le parecía justo que lastimara y humillara de esa manera a su esposa.
-A dónde crees que vas?
-Padre! – vio a su padre al final de las escaleras – pues tengo que regresar a Escocia.
-No irás a ningún lado – dijo con seriedad – tu abuelo te citó a palacio, ahora que sabe que estás de vuelta quiere hablar contigo.
-Pues su majestad tendrá que esperar y…
-Anthony! – la voz furiosa de su padre lo calló – siempre les di lo que querían, nunca me opuse a sus deseos de conocer el mundo, de vivir la vida; aun en contra de las ordenes de mi padre, antepuse sus deseos y sus caprichos; pero ya es suficiente, tenemos deberes con la corona y así como su majestad cumple con nuestros derechos y privilegios, nosotros también debemos cumplir.
Su padre tenía razón, Terry y él fueron testigos de todas las veces que su padre se enfrentó al rey para complacerlos. Incluso se enteró, que inventó que se había ido a Irlanda a resolver unos asuntos reales, solo para cubrir que había escapado y evitar el castigo de su abuelo por su rebeldía. No quería, pero por esta vez, pondría primero los deseos de su padre, ya después se escaparía a Escocia.
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Elisa se preparaba para salir, el día estaba hermoso y tenía planeado ir al pueblo y realizar algunas compras, le había enviado una invitación a su amiga para que la acompañara.
-Señorita Elisa.
-Beth, le entregaron la nota a Candice? – dijo acomodando su peinado.
-Eh, lo llevó James y todavía no regresa de la villa del duque de Granchester.
-Está bien, en cuanto regrese me informan.
-Sí señorita.
-Algo más? – cuestionó al ver que la empleada no se retiraba.
-Sí, la señora Elroy la manda llamar. – por unos segundos la pelirroja no dijo nada, se quedó mirándose en el espejo.
-En seguida voy. – dijo con la mirada seria - Dónde se encuentra en este momento?
-Está en la salita, el joven Albert se encuentra con ella.
La pelirroja achicó los ojos, ya se imaginaba lo que le diría, lo mismo que le estuvo diciendo desde hace más de dos años y ahora que se acercaba su cumpleaños sabía que su tía abuela y su madre serían más insistentes.
Esperó unos minutos más antes de bajar y reunirse con su abuela, sinceramente no tenía ganas de escuchar todo lo que sabía le diría. Pensó en que debió ir personalmente a invitar a Candy para acompañarla al pueblo y pasar una agradable mañana de compras.
-Me mandó llamar? – la joven entraba a la salita donde vio a su tía abuela y primo tomando té.
-Así es Elisa, toma asiento. – dijo señalando el lugar, cuando la pelirroja se sentó frente a ella – durante mi fiesta Lord Steel manifestó su deseo de desposarte.
-Ese viejo! – dijo poniéndose de pie y Albert quien miraba por la ventana el hermoso jardín, se giró sorprendido al escuchar a su tía.
-Tía! – dijo el joven – lord Steel tiene 58 años.
-Un hombre maduro que sabrá proteger a tu prima.
-Tía abuela… no puede hacerme eso…
-Pronto cumplirás 21 años, ningún joven respetable se fijará en ti, sólo llamarás la atención de algún oportunista.
-Tía, está exagerando – nuevamente habló Albert, pues si Elisa decía algo, el llanto que estaba conteniendo la traicionaría y lloraría como una pequeña niña – mi prima es joven y hermosa, ella puede encontrar a un caballero joven y respetable.
-Sólo pensamos en tu bienestar – se dio cuenta que la había insultado – los jóvenes de buenas familias, ya están comprometidos, no queremos que te quedes desprotegida cuando tus padres y yo faltemos.
-Yo siempre protegeré a mi prima…
-No será una solterona! – gritó finalmente – aprende de Candice. Mírala, cuan bien se ve junto a su esposo, para ser tan joven aceptó con madurez la decisión de su padre.
Elisa recordó todas aquellas veces que su tía abuela o su madre la compararon con Candy; la señora Paulina era muy amiga de su abuela Elroy, así que aquella temporada que su madre la dejó al cuidado de su tía abuela, fue cuando conoció a una niña de cabellos rizados y sonrisa amable.
Flashback
-Paulina – saludó Elroy a la recién llegada. – me alegra que aceptes mi invitación.
-Elroy, creí que partirías a América y ya no te vería hasta el próximo año.
-Decidí quedarme una temporada más, Sara y su esposo partieron hace dos días.
-Oh! Estás sola?
-No, Elisa se quedó para hacerme compañía.
-Qué bien! – dijo feliz – Candy se pondrá feliz al conocerla.
-La trajiste contigo?
-A eso fui a Londres. – caminaron hacia la mesa que estaban cerca de la ventana con el servicio de té. – extraña mucho a Rose, se la pasaba en el jardín todo el día, su padre la encontró muchas veces llorando, Annie intentó animarla y distraerla; pero nada funcionó, la sigue llorando.
-Es normal, era su madre y era muy unida a ella. – Elroy se llevó la taza a los labios – tráela mañana para que se conozca con mi sobrina.
-Si hubiera sabido que Elisa se quedó contigo la habría traído hoy mismo; pero creí que se aburriría con dos viejas.
-Tienes razón – dijo riendo por su apelativo – con quien la dejaste?
-Está con su nana, le dije que tardaría un par de horas. – bebió el té, recordó que la niña no había protestado por quedarse sola con su nana. – la traeré mañana.
Así como lo esperaron, Elisa y Candy se conocieron al día siguiente y congeniaron enseguida. Ambas tenían casi la misma edad y eso ayudó a que se interesaran en los mismos juegos; sin embargo, un día Elisa echó a Candy de su casa, gritándole que la odiaba y que ya no quería jugar con ella.
-Ya no quiero que vengas a jugar conmigo, no deseo ser tu amiga!
-Qué…? – los ojos de Candy se llenaron de lágrimas.
-Por tu culpa mi abuela ya no me quiere! – dijo llorando la pelirroja. – quiero que te vayas y no regreses!
-Qué sucede aquí? – Elroy y Paulina, seguidas por María, la nana de Candy, entraron a la habitación de Elisa al escuchar el alboroto.
-Abuela… – Elisa bajó la mirada.
-Sigues comportándote de esa manera grosera – la regañó – ya te dije que una señorita educada no tiene esos comportamientos con sus invitados. – Elisa ocultó su rostro lloroso, pero Candy la vio – deberías ser como Candy, ella es una niña educada y sabe comportarse como lo haría una señorita de clase.
Durante todo ese tiempo Candy había complacido a las mayores con su comportamiento tranquilo y sumiso. La pequeña rubia, no quería perder el afecto de su tía y es por eso que hacía todo lo que le decían e indicaban. Al contrario, Elisa, era muy mimada, al ser ella la única niña en la familia, sus padres y su tía abuela la consentían en todo lo que quería, eso había creado un carácter caprichoso y algo altanero en la niña pelirroja. Pero cuando Candy llegó y mostró aquel carácter, Elroy empezó a compararlas y ver los defectos en la actitud de su nieta.
-Ya no le grite! – Candy se puso frente a Elisa extendiendo los brazos a los lados – usted no sabe nada, Elisa es buena… - las lágrimas salían de los ojos verdes – ella no hizo nada malo…
-Candy… - Paulina se acercó a su sobrina – no seas maleducada.
-Es que Elisa no hizo nada malo… - dijo llorando - y la señora Elroy le grita sin motivo.
Elisa vio como Candy le gritó a su tía abuela, quien minutos antes le había alabado. Poco después se enteró por la misma Candy, que ella se comportaba y hacía lo que su tía y Elroy querían, solo para agradarles y contentarlas; ella deseaba que la quisieran como la quería su mamá, a quien extrañaba desesperadamente. Desde ese día Elisa se hizo más amiga suya, pues la rubia fue capaz de sacrificar el deseo que tenía solo para que ella no perdiera el cariño de su tía abuela.
Fin de flashback
-Claro abuela – dijo Elisa con una voz cansina – haré lo que debería hacer Candy. Al decir aquello su voz tomó un tinte de satisfacción.
-Me alegra que tú si comprendas y aceptes el papel que nos toca como mujeres de esta familia. – miró a su sobrino, quien encogiéndose de hombros regresó su mirada al jardín. – bien, ahora que ya lo hablamos, iré a mi habitación. - la mayor se puso de pie y se retiró al lugar mencionado.
-Claro que lo comprendo – murmuró desafiante.
-Ay no…! – el rubio dejó escapar un suspiro cansado.
Elisa sonrió levemente a su primo, quien la veía atentamente al entender los planes de la joven. Sabía que no se casaría con un hombre 38 años mayor que ella, y si suponía bien, tendría que llamar al médico familiar para que atendiera a su tía cuando la pelirroja llevara a cabo su plan.
-No te atreverás, cierto?
-No me deja otra opción.
-Elisa piénsalo bien, si huyes la tía abuela podría sufrir un infarto.
-No lo hará, ella es fuerte.- pensó en la posibilidad y le dio miedo – le dejaré una nota diciéndole que tuve que regresar a América y que no se preocupe.
-Elisa…
-No quiero casarme con un viejo! – gritó finalmente – si me quedó aquí… la tía abuela me obligará, debo irme antes de que lleguen mis padres, estoy segura que en ese momento me comprometerán.
-Es posible que la tía y el señor Steel, solo estén esperando la llegada de tu padre para pedir tu mano – su rostro reflejó su preocupación y pena por su prima - Tampoco quiero obligarte a que lo hagas; sólo tengo miedo que algo le pase a la tía Elroy.
-Le diré a Candy que se vaya conmigo. – dijo de repente – ven con nosotras Albert, así podrás conquistarla.
-Primero… - se llevó el pulgar e índice al puente de su nariz – no sabes si ella aceptará…
-Lo hará, es infeliz con su marido.
-Segundo – hizo como que no la escuchó – si cometes esa locura tengo que quedarme aquí para cuidar que no le pase nada a la tía Elroy; pero sobre todo para calmarla cuando lo descubra.
-No seas tonto Albert, en dos días mis padres estarán aquí; ellos evitaran que le pase algo, ven con nosotras, es tu oportunidad para estar con Candy.
-Ella es casada y no creo que huya, mancharía su nombre y su reputación – levantó el índice cuando la joven iba a decir algo - además, ni siquiera se lo has propuesto y ya estás asumiendo que irá contigo.
-Lo hará. – dijo tercamente.
El rubio meneó la cabeza de manera negativa ante la terquedad de su prima; pero dentro de él una pequeña ilusión creció, deseo que Candy aceptara seguir a su prima en esa locura y así tener la posibilidad de conquistarla, una vez que los padres de Elisa llegasen y viera a su tía más calmada las alcanzaría en América y su sueño de conquistar a Candy se haría realidad.
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Sintió un olor agradable llegar a su nariz, no quería despertar, pues se sentía cómodo y a gusto en lo que suponía era un buen sueño. Lastimosamente un leve movimiento lo hizo abrir los ojos; ante él estaba la imagen más hermosa que jamás se imaginó que tendría.
Por suerte la fiebre ya no se había presentado y eso había conseguido que Candy durmiera tranquilamente, aunque el cansancio que sentía ayudó a que no despertara bajo ninguna circunstancia.
-Eres muy hermosa – lo dijo tan bajito, que si no hubiera sido él quien lo decía, no lo habría escuchado jamás.
Junto a él estaba Candy, su cabello desordenado y unos cuantos rizos cubrían su rostro, tenía una de sus manos cerca de sus labios entre abiertos. Terry pudo detallarla con la mirada, se dio cuenta de lo largo de sus pestañas y las pequitas rosáceas que cubrían parte de su pequeña nariz. Aventurándose un poco más, bajó su mirada hacia el largo cuello de su esposa y finalmente vio el escote que presumía sus encantos.
Por primera vez desde que se casaron, Terry miró a su esposa como a una mujer, ya no como la chica con quien lo habían obligado a casarse.
-Mmm… - sintió como la rubia se movía para despertar; sonrió traviesamente, pues la tenía rodeada por la cintura, en toda la noche no se habían movido.
-Buenos días. – su voz era suave y ronca.
-Buenos días Terry, como amaneciste? – su voz era suave y somnolienta.
-Mejor que nunca.
-Me alegro que… - se dio cuenta en la situación en la que estaban, él rodeaba su cintura con sus fuertes brazos; y ella, rodeaba con sus piernas las de su esposo. – Terry! – lo empujó y se empujó a sí misma para alejarse; pero al hacerlo fue ella quien cayó de la cama.
-Candy! Estás bien? - se asomó al borde de la cama, encontrándola sentada en el piso sobándose la parte lastimada por la caída.
-Sí… estoy bien. – se puso de pie mientras hacia una mueca de dolor.
-Eres muy torpe – dijo riendo – debes tener cuidado, podrías lastimarte con semejante caída.
-No es tan alto, y no te burles que fue tu culpa.
-Mía? - se señaló a sí mismo. – fuiste tú quien me empujó y se empujó a sí misma sabiendo que estaba en la orilla de la cama.
-Me asustaste, además… tus manos estaban en… - se puso roja y eso causó una fuerte carcajada del castaño.
-Vamos Candy, no hice nada malo – la risa del castaño ya no era estruendosa.
-No te rías…! – antes de decir algo más escucharon un alboroto afuera – qué es eso? – se dirigió a la puerta para ir a averiguar de qué se trataba aquel alboroto.
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Regresé! Gracias por su paciencia y sobre todo por su comprensión, realmente estoy llena de trabajo; pero logré revisar y arreglar algunos detallitos del capítulo, que espero les haya gustado.
Al parecer Terry ya está sintiendo algo por Candy, me pregunto qué haría si se enterara que su hermano se siente atraído por su esposa…
Gracias por sus lindos comentarios y su gran apoyo. Se cuidan mucho.
