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Finalmente había amanecido y podría ir a ver a su amado, el día anterior se enteró que Terry estaba en la casa que habitaba su esposa; en ese momento sintió rabia, pues su aliada le había contado que él parecía interesado en su esposa.
-No creo que se interese en esa mujer insulsa.
-Pues si lo hubieras visto y escuchado, no tendrías dudas.
-Estoy segura que lo hizo solo porque su nombre se vería afectado por los chismes.
-Enfatizó mucho las palabras: "mi esposa", lo hubieras visto – dijo con un dejo de rabia – me dio mucho miedo…
-Hizo eso porque tú te pasaste al poner en entredicho su estado. – dijo furiosa – eres una tonta Sara.
-Tonta? – dijo ofendida – en serió creí que lo habías conquistado.
-Lo conquisté – dijo en seguida – él me ama y estoy segura que si no devolvió a su esposa, es porque su padre le quitará su herencia.
-Si quieres engañarte – se encogió de hombros – ahora dime, cómo vas a ayudarme?
-Qué quieres que haga?
-Necesito trabajo, tú prometiste que me pagarías si te ayudaba, arriesgué mi trabajo porque dijiste que él te había prometido volverte la señora de la casa.
-Acaso me ves con él? – la miró con burla – te dije que cuando sea su esposa te recompensaría, pero para eso aún falta.
-Y qué haré hasta entonces? no tengo dinero. – dijo preocupada.
-Por ahora le diré a mi padre que te dé trabajo en la tienda, una vez que me case con Terry y sea su marquesa, te llevaré a trabajas a la villa o al palacio que nos dé su padre. – la rubia imaginaba un lindo castillo lleno de sirvientes – ahora iré a visitarlo y rescatarlo de la custodia de esa mujer.
Sara la miró incrédula, ahora veía tan lejano aquel futuro; pues no pasó desapercibido para ella el instinto protector que tuvo el marques cuando la descubrió burlándose de su esposa.
-Fui una tonta… - dijo para sí, una vez que la rubia dejó la habitación – pero de verdad creí que estaba en el bando correcto… él no trataba y ni siquiera hablaba con su esposa, además las visitas que Susana le hacía y que el marqués nunca la echara… todo eso me engañó; pero al final, él se quedó y protegió la reputación de su esposa, y yo me quedé sin nada… qué haré ahora? – dijo casi en llanto.
Sara no tenía mucho tiempo de conocer a Susana, si se puso de su lado fue porque vio el trato frío que el marqués tenía con su esposa, siendo sincera consigo misma, tampoco había visto un comportamiento galante o escuchado palabras de afecto hacia Susana; pero el hecho de que el marqués la recibiera en su casa y mantuviera a su esposa en la casa que estaba al final de la propiedad, le hizo suponer que no dudaría mucho como marquesa y que la siguiente señora del marqués seria Susana; así que, jugando bien sus cartas, la empleada le insinuó su aprecio esperando una propuesta de parte de la rubia lacia, algo que no tardó mucho en llegar.
Desde su trato de "amistad y complicidad", Sara le informaba a Susana, todo lo referente de lord Granchester y su esposa. La rubia lacia le pidió que, con comentarios sutiles e inocentes, creara dudas en la esposa de Terruce, algo que aceptó y llevó a cabo con gran éxito. Ahora se arrepentía, pues no confiaba en que Susana sea la próxima marquesa, ya que la mirada y voz del marqués al proteger la imagen de su esposa, sumado a esto el que lo haya visto en varias ocasiones mirar hacia donde se encontraba la casa que habitaba la joven rubia, pues sí, se había equivocado de bando y ahora lo pagaba al quedarse sin trabajo y sin dinero para mantenerse.
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-Qué sucede afuera? - Candy abrió la puerta para salir y averiguar a qué se debía todo ese alboroto.
-Candy espera! – Terry, al reconocer la voz que gritaba en la salita, quiso detener a su esposa; pero la rubia fue más rápida al salir – maldición! – al pararse de golpe y por su reciente convalecencia, el castaño sufrió un mareo que lo hizo caer en la cama.
-Eres una sirvienta atrevida! – gritó una voz chillona intentando cruzar el umbral de la casa – quítate de mi camino de una vez por todas!
-Esta casa le pertenece a lady Granchester, no puede pasar sin su consentimiento.
-Esta casa y toda la propiedad le pertenece a Terry, no a esa mujer!
-Pues hasta que deje de portar el apellido Granchester, yo también soy dueña de esta propiedad. – la voz tranquila y serena de Candy llamó la atención – y como ahora estoy habitando esta casa, no le permito la entrada a cualquiera – remarcó la última palabra.
-Dónde está Terry? – dijo furiosa, pues supo reconocer el insulto – sé que está enfermo, necesito verlo.
-Qué haces aquí? - la voz dura se escuchó y la gélida mirada del castaño apareció detrás de Candy.
-Terry… - dulcificó su voz y su mirada. – me enteré que estabas enfermo… - no la escuchaba, su atención se centró en su esposa, quien tensando la mandíbula le decía:
-Saca a tu mujerzuela de aquí – murmuró mirándolo de reojo cuando Terry se paró a su lado, y con una voz aún más baja le ordenó – cuando regrese no quiero verlos en mi casa – Terry abrió grandemente los ojos al oír aquello, no solo por lo que dijo, sino por la frialdad con que lo dijo. El castaño se quedó estático, sin poder reaccionar de inmediato, solo la vio caminar hacia la puerta; entonces supo que aquella brecha entre ellos se estaba abriendo nuevamente.
-Candy… - la rubia salió con un porte altivo sin siquiera dirigirles la mirada a ninguno de los dos, sólo su fiel Clint la siguió.
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-Terry! - Susana corrió y lo abrazó, impidiendo que el joven siguiera a su esposa. - me dijeron que estabas muy enfermo y me preocupé por ti, tenía miedo que…
-Candy! – molesto, el joven tomó a Susana de los brazos y la hizo a un lado rudamente, cuando salió no vio a su esposa alrededor. – qué haces aquí? Te dije que no volvieras a mi casa! – se giró furioso hacia a Susana quien estaba detrás de él.
-Estaba preocupada, tuve miedo de que estando enfermo tu esposa sea capaz de hacerte algo, como envenenarte. - dijo con voz angustiada, como si aquello fuera a suceder.
La furia se incrementó en el castaño, cómo se atrevía siquiera a insinuar algo así; Candy lo había cuidado toda la noche, fue evidente que su esposa no había dormido mucho por estar al pendiente de él, y ahora venía esta mujer a insinuar que su abnegada esposa sería capaz de envenenarlo?
-Nunca… escúchame bien… - se paró frente a ella y le tomó bruscamente del brazo mientras la acercaba a su rostro – nunca más vuelvas a insinuar que mi esposa sería capaz de algo así.
Susana tembló de miedo, jamás lo había visto en ese estado de furia; no pudo responderle, pues no encontraba su voz, temía que si decía algo, él le arrancaría la lengua y la arrojaría a la chimenea.
-Mi lord – Charles llegaba acompañado del médico.
-Charles – el mencionado hizo una reverencia – en este instante, lleva a esta mujer al pueblo y dile a su padre, el señor Marlow - no apartaba la dura mirada de la joven – que hoy mismo desocupen la casa, y que le agradezca a su hija el que haya tomado esta decisión.
-Terry! – Susana comenzó a llorar – por favor, no tenemos donde ir, mi padre está enfermo y…
-Eso debiste pensar antes de venir y molestar a mi esposa, una vez te advertí que no lo hicieras y no me escuchaste, estas son las consecuencias; tú y tu familia dejaran la casa hoy mismo.
-Pero… - su llanto no la dejaba hablar.
-Asegúrate de que se vayan, no quiero saber que estén un día más aquí.
-Sí señor. – con una reverencia el mayordomo tomó del brazo a la joven y se la llevó.
-Marqués… - el médico, quien había presenciado todo aquello estaba incomodo al oír las súplicas de la joven Marlow y no ver ninguna reacción en el hijo del duque. – debo revisarlo y…
-Será en otro momento. – sin decir más el joven se encaminó hacia el bosque que llevaba al lago.
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-Soy una tonta! – se gritaba internamente la rubia – debí ir a buscar a su amante para que sea ella quien lo cuide, estoy segura que eso lo habría complacido más.
Candy caminaba furiosa hacia el lago, ver a esa mujer en su casa, como si tuviera derecho de reclamarle algo la enfureció. Ella sabía que Terry seguiría frecuentándola; pero le daba rabia que lo hiciera en la misma propiedad donde vivía, le había pedido que no la llevara a la villa, se sentía como una completa idiota por haber pensado que entre ellos había surgido una gran amistad.
-Pero qué estás pensando tonta! – Clint la miró asustado mientras seguía sus pasos – tu representas para él la pérdida de su libertad, por haberse casado contigo ya no puede ir a donde quiere, ya no puede salir abiertamente con ninguna dama, y sobre todo, ya no puede estar con esa mujer a plena luz del día.
De repente detuvo sus pasos, un pensamiento pasó por su mente, sí, ahora que lo pensaba no parecía una mala idea.
-Clint… - el animalito la miró – que te parece volver a tu patria? – Clint hizo su característico ruidito de entender lo que le decía – vamos Clint, dime… te gustaría volver a América? – sonrió ante la idea – vamos! Tenemos que hablar con Elisa.
Así, apresurando sus pasos, la rubia tomó otro rumbo, uno que la llevaba a la villa de los Andley; necesitaba hablar con su amiga e informarle lo que había decidido.
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Estaba desesperado, había ido al lago a buscar a su esposa, supuso que estaría en ese lugar, pues ella acostumbraba pasar sus tardes observando el hermoso lago y realizar encantadores picnics allí; pero no la había encontrado; una angustia creció en él, pues ella se había marchado molesta, no, furiosa con él y temía que algo malo le hubiese sucedido.
-Dónde estás Candy? – dijo mientras regresaba a la casa que habitaba la rubia, ya había pasado más de una hora y eso le preocupaba.
Recorrió la zona del lago como dos veces, luego caminó por el bosque de la propiedad gritando su nombre esperando que le respondiera, mas no pasó nada de eso.
-Regresó?
-No mi lord – respondió una angustiada Dorothy – mi lady todavía no regresa y estoy preocupada por ella.
-Dónde puede estar? – entonces pensó en su amiga, si, debía estar con ella. Sin decir nada se giró y se encaminó hacia las caballerizas. – Mark, Mi caballo! – ordenó al ver al joven asomarse al escuchar su nombre.
Terry galopaba hacia la casa de los Andley, esperaba que su esposa estuviera con la víbora de su amiga, pues sí, a Terry no le agradaba Elisa y sabía bien que a ella él tampoco le agradaba.
Se sintió más frustrado cuando le dijeron que la señorita Elisa había salido hacia el pueblo y que no había dicho a qué hora regresaría, cuando preguntó si había ido acompañada, sólo le dijeron que su primo había ido con ella.
-Dónde estás? – murmuró con verdadera preocupación mientras cabalgaba de regreso a la villa de los Granchester, esperaba encontrarla con su amiga y al ver que no estaba con ella, se asustó, pensó que si algo le pasaba a Candy, nunca se lo perdonaría. Desvió su camino y se dirigió nuevamente al lago y volvió a llamarla; pero no había respuesta, un pensamiento aterrador pasó por su mente y trató de visualizar algo en el lago, entonces pensó en Clint.
– Clint! – gritó – si Candy hubiera entrado al lago, él estaría cerca – Clint! Candy! – gritó mientras rodeaba el lago; pero nada, al final, pasó horas buscándola y no la encontró.
-Dorothy – Terry regresó a la villa – Candy…
-No regresó mi lord – las lágrimas de la empleada salieron sin control – la busqué por los alrededores y nadie la vio, mi lord…
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Horas atrás.
Candy se acercaba a la villa de los Andley cuando vio que un carruaje salía de la propiedad y por la ventana distinguió a su amiga, la rubia agitó sus manos para llamar su atención, algo que logró con éxito, pues de repente el carruaje se detuvo, su amiga sacó la cabeza y la llamó para que se acercara.
-Candy, me alegra verte. – dijo feliz la pelirroja.
-A mí también me alegra verte Elisa. – respondió la rubia.
– Candy, en este momento me dirijo al pueblo, quieres acompañarme?
-Claro, necesito hablar contigo.
-Yo también necesito hablar contigo de algo muy importante.
En el trayecto al pueblo, Elisa le contó a Candy su situación y el plan que tenía de irse inmediatamente a América, pues si esperaba un día más sus padres llegarían y la comprometerían.
-Oh Elisa, lo siento mucho.
-Albert me está esperando en la estación, él me está ayudando, comprará los boletos y me llevará hasta Inglaterra para que tome el barco a América.
-Y tu abuela…
-Ella piensa que me voy de compras al pueblo y como por lo general tardo mucho, Albert regresará para explicarle que me fui.
-Eli… - dijo con pena.
-Ven conmigo Candy – la rubia la miró – mandé una nota para que me acompañes de compras; pero cuando me enteré del plan de mi abuela, tomé la decisión. – era claro la tristeza en el rostro de Elisa - mi abuela mandó hace un momento una nota a lord Steel para cenar mañana con nosotros y hablar con mis padres, es por eso que decidimos adelantar todo. – vámonos Candy.
-Yo… ahora no puedo. – dijo bajando la cabeza y las lágrimas comenzaban a salir de sus bellos ojos – Elisa, decidí irme a América; pero no así, no como si hubiera hecho algo malo, no quiero que me señalen por abandonar a mi esposo y que levanten suposiciones mal intencionadas contra mí. Necesito hablar con Terry y dejarle claro que me iré.
-No puedo esperar.
-Lo sé, entiendo que tu situación es diferente; pero espérame en América, iré después.
-Ok, te mandaré la dirección con Albert, de acuerdo?
-Voy a extrañarte – Candy abrazó a su amiga, ambas lloraban por la pronta separación.
Cuando llegaron a la estación ambas jóvenes se acercaron a una cafetería donde Albert esperaba a su prima. El rubio se sorprendió al ver a Candy acompañando a Elisa, supuso que la rubia también partiría a América; sin embargo pronto salió de su error, pues la pelirroja le informó que su amiga sólo los acompañaría hasta que abordaran el tren.
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Ya estaba atardeciendo, Charles acompañado de los trabajadores de la villa buscaban a Candy por los alrededores. Terry estaba desesperado, mil ideas pasaron por su cabeza, incluso mandó a Mark al pueblo para buscar a su esposa, de manera discreta, claro está; mas al traer la noticia de no haberla encontrado su miedo a que algo malo le pasara se incrementó angustiándolo más de lo que ya estaba.
-Mark! La encontraste en el pueblo?
-No mi lord, nadie las vio en el pueblo.
-Qué? – dijo en un susurro, estaba desconcertado, pues la información que le habían dado fue que lady Elisa hubo ido de paseo al pueblo con su primo. – buscaron bien? – tenía la esperanza de que su esposa los haya acompañado, y aunque la idea de verla cerca de lord Andley lo enfurecía, prefería eso a saberla perdida o en peligro.
-Sí mi lord, preguntamos en todas las tiendas si habían visto a lady Leagan. – respondió Mark – nos dijeron que la señorita no había entrado a ninguna de esas tiendas.
-Pero… búsquenla en las propiedades vecinas. – su miedo se había incrementado, no había rastro de su esposa.
La desesperación de Terry era más notoria, él mismo había recorrido una y otra vez el bosque, había ido al lago como diez veces con la esperanza de que hubiera regresado allí, subió a los árboles, pues en varias ocasiones la había visto treparse a estos en compañía de Clint. Junto a Charles recorrieron los terrenos vecinos.
-Mark! – llamó al joven quien estaba dando algunas órdenes a los trabajadores – manda a un grupo a…
-No la encontramos mi lord. – uno de los jóvenes mozos se acercó a él interrumpiéndolo, se veía agitado por la carrera – mi lady no está en la propiedad de lord Carson.
-Busca en… - vio que un carruaje se acercaba al gran portón de la casa principal y distinguió la figura de su esposa bajar con la ayuda de un hombre, ignorando al joven, Terry apresuró sus pasos a la entrada de la villa.
-Candy!
Apenas se giró para encaminarse a su casa, Candy, escuchó la voz de su esposo llamándola y de repente sintió como los brazos masculinos la rodeaban. Por un momento que parecieron horas, se sintió aturdida y desconcertada, pues nunca, ni en sus más locos sueños se imaginó que su esposo la abrazaría y menos frente a sus empleados.
-Dónde estabas? – la separó de su pecho la miraba esperando una respuesta. – estaba muy preocupado por ti. – su mirada era dura; pero Candy pudo distinguir una genuina preocupación en sus ojos. -Dónde demonios te habías metido? – su voz sonó dura y molesta, exigente, buscando una respuesta inmediata.
-No es asunto suyo, lord Granchester. – no le gustó el tono que su esposo había usado con ella.
-Lord Granchester? – levantó la ceja derecha de manera inquisitiva – desde cuando soy lord Granchester para ti?
-Ya sacaste a tu amante de mi casa? – no le respondió, pues si lo hacía sonaría celosa, y ella, no lo estaba, o sí?.
-Aj… – dejó escapar un suspiro cansado – dónde estaba Candy? – relajó sus duras facciones y su voz ya no sonó furiosa.
-Por ahí. – desvió su mirada – ya sacaste a tu…
-No es mi amante. – la interrumpió.
-Oh! Lo siento, a tu protegida?
-Candy, por favor… - la tomó delicadamente de los hombros – déjame explicarte eso.
La rubia lo miró a los ojos, no quería escucharlo, estaba cansada de aquella situación, donde su esposo se burlaba de ella paseándose con su amante frente a todos; pero algo dentro de ella le decía que lo escuchara, tal vez era su propia curiosidad, así que, asintió levemente con la cabeza.
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Disculpen la demora, intenté publicar antes; pero el trabajo no me lo permitió. Gracias por no abandonar la historia y estar al pendiente de su desarrollo, agradezco y aprecio cada uno de sus comentarios. Intentaré publicar con prontitud el siguiente capítulo. Se cuidan!
