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Estaba parada en el andén, mirando hacia donde se había perdido el tren que llevaba a su amiga fuera de Escocia. Una lágrima se deslizó por su mejilla, sentía angustia y pena por la situación de Elisa, en realidad por todas las mujeres que se veían obligadas a casarse con quien no amaban, tal cual era su caso.

-Podré abandonarlo? – se dijo a sí misma – si pienso en alejarme de Terry, me duele… llegué a considerarlo un buen amigo – en su mente aparecieron todas esas mañanas que la había visitado y hablado con ella mientras desayunaban, las bromas que su esposo había hecho, demostrándole que no era tan serio como parecía. – no, tomé una decisión y voy a cumplirla, él merece ser libre y estar con la mujer que ama.

No se movía del lugar, la gente que llegaba a la ciudad la miraba de reojo, pues la presencia de Candy era notoria, especialmente para los caballeros, pues la belleza de la rubia era inusual. Cuando la joven volteó, se dio cuenta que un hombre la miraba fijamente, éste, al notar que había sido descubierto giró rápidamente su mirada hacia otro lado, simulando que no tenía interés en ella, entonces la imagen de Albert apareció en su mente.

-Albert… - susurró su nombre – será cierto lo que me dijo Elisa? – bajó la mirada avergonzada por aquellos pensamientos, se sonrojó profundamente al recordar lo que Elisa le había confesado antes de llegar a la estación. – "le gustas a Albert… Candy, cuando dejes a tu esposo, dale una oportunidad a mi primo. Estoy segura que él sí sabrá hacerte feliz" – esas habían sido sus palabras, aquellas que ahora mortificaban a la rubia. – no es posible… - se preguntaba como lo miraría a partir de ahora.

Antes de abordar el tren para acompañar a su prima, Albert la abrazó para consolarla por la tristeza que la rubia claramente sentía por decirle adiós a su mejor amiga, aquel abrazo duró más de lo necesario, o eso creyó ella, ya no sabía que pensar; las palabras de Elisa, claramente la confundían.

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Antes de regresar a la villa de los Granchester, Candy hizo tiempo en la pequeña cafetería que había en la estación. No quería volver aún a su casa, creía que esa mujer estaría todavía en la propiedad; además, si buscaban a Elisa la interceptarían a ella, pues todos sabían que era su mejor amiga y casi siempre estaba enterada de sus planes. Ya por la tarde tomó un carruaje de alquiler y junto a Clint regresó a la villa de los Granchester.

Apenas y se giró escuchó la voz de Terry llamándola, estaba molesto, aunque también se veía preocupado. De repente, él la abrazó, la rubia se desconcertó por completo, nunca se imaginó que Terry hiciera algo así; por lo menos, no con ella, a quien claramente había culpado por haber perdido su libertad.

Cuando el castaño le preguntó dónde había estado todo el día, como si ella tuviera que justificarse ante él, la enfadó mucho más, no le daría respuestas a su esposo sobre su paradero, pues él no se lo merecía. Estaba furiosa con Terry, por todo lo que había pasado aquella mañana.

-Candy… por favor… - la tomó delicadamente de los hombros – déjame explicarte eso. – su situación con Susana.

Aunque no quería escuchar nada respecto a su amorío con aquella mujer, Candy aceptó escucharlo; ella también deseaba dejar en claro su situación, ya no quería más sombras cerca de ella, además necesitaba hablar con Terry sobre sus planes futuros.

-Yo… también necesito hablar contigo.

-De acuerdo, vamos a la casa – que también quisiera hablar con él tranquilizó al castaño, pues temió que lo rechazara nuevamente.

-No, mejor vamos a mi casa. – quiso decirle que no le gustaba aquella casa, pues suponía que aquella mujer la frecuentaba regularmente y eso la incomodaba.

-De acuerdo. – aceptó algo decepcionado, ya que sabía lo que pasaba por la cabeza de su testaruda esposa.

Caminaron en silencio hacia la pequeña casa que habitaba la rubia. Candy iba unos pasos delante del castaño. Cuando llegaron y fueron visualizados por Dorothy, la dulce empleada corrió para recibir a su patrona y exponerle lo preocupada que había estado por ella, con una sonrisa de disculpa, la rubia, agradeció su preocupación, disculpándose por hacerla pasar un mal rato. "Afortunada", ese había sido el pensamiento del castaño al ver la actitud de su esposa con Dorothy, mientras que con él casi inicia un enfrentamiento.

-Candy…

-Déjame hablar a mi primero. – pidió la rubia, interrumpiéndolo.

-Claro, adelante. – estaba sentado frente a su esposa, la observó atentamente, parecía segura de lo que le diría y de alguna manera eso lo inquietó.

-Yo… he pensado en lo nuestro, es decir, nuestra condición. – no la interrumpió, aunque quiso hacerlo al oír la palabra condición – Terry, sé muy bien que extrañas tu libertad, de elegir amar a quien tu deseas – la miró extrañado – es por eso que quiero que nos separemos.

-Qué…? – apenas y se oyó su voz.

-Yo hablaré con mi padre, creo que merecemos…

-No. – dijo fuerte y decidido – no voy separarme de ti Candy.

-Acaso te gusta está situación? – se señaló a sí misma y también a él – ni siquiera nos conocemos.

-Candy...

-No me gusta nada de esto! – no lo dejó hablar se puso de pie y comenzó a pasearse por la sala agitando las manos de un lado a otro – acaso crees que me gusta ver a tu amante pasearse por tu casa? Crees que a una mujer le encanta sentirse una intrusa en su propio matrimonio?

-Candy! – la agarró del brazo impidiendo que diera un paso más.

-Suéltame Terruce. –estaba claramente molesta.

-No. – dijo con voz firme – no dejaré que te alejes y que sigas pensando que hay algo entre Susana y yo.

Candy lo miró finalmente dejando de forcejear, le sorprendió que le dijera aquello, ya que ella supuso que en cuanto dejó su casa, él tomó a Susana de la mano y se la llevó a la casa principal para contarle sobre su convalecencia.

-Entre Susana y yo, nunca – enfatizó la palabra – nunca hubo nada, nada más allá que agradecimiento.

-No me tomes por tonta Terruce. – dijo dando un paso hacia atrás para mirarlo a la cara.

-No lo hago – respiró para tranquilizarse, lo último que quería era pelear – déjame explicarte… por favor. – la miró a los ojos – antes de que tomes una decisión.

-No creo cambiar mi decisión. – desvió su mirada – no confió…

-Por favor Candy… solo déjame hablar. – pasaron los segundos como si fueran horas, luego vio a la rubia asentir y tomar asiento nuevamente, aunque no lo miraba.

Terry se tomó un momento para escoger sus palabras y también para tranquilizarse, estaba molesto y frustrado por la actitud y decisión que Candy había tomado. Al inicio tuvo el impulso de preguntarle si su decisión se debía a Albert Andley, ya que se dio cuenta del interés que éste tenía por su esposa y como ésta le sonreía y hablaba, era tan gentil con él, que sin saberlo lo alentaba; pero entendió que si hacía eso sería contra producente para él.

-Nunca tuve nada con ella – dijo finalmente – no era mi protegida ni mi meretriz, como suponías.

-Pero… tú eras amable con ella y…

-Sí, trataba de serlo; pero no por lo que crees. – ella lo miró incrédula – salvó mi vida, es por eso que tenía consideraciones con ella y su familia.

-Qué? – él tomó su mano, le alegró que ella no la alejara.

-Hace casi un año, en una de mis escapadas a Escocia – dejó salir un suspiro - regresaba a casa totalmente borracho, no sé cómo se me ocurrió regresar caminando desde el pueblo – Candy lo miraba atentamente - bueno, al cruzar el puente caí al agua helada y en mi estado etílico se me hizo difícil salir a flote.

-Oh por dios! – se llevó ambas manos a la boca para sofocar un grito.

- Era de madrugada, Susana estaba con su padre llevando sus productos para venderlos en el pueblo; al verme caer saltó y me sacó del agua… no le importó congelarse, su padre la ayudó a sacarme completamente del rio… - miró a Candy de reojo - en agradecimiento mi padre les permitió habitar la casa que tenemos en el pueblo, además de pagar la tienda donde venden su mercancía. Desde entonces ya no tienen que recorrer tanto camino y correr peligro de ser asaltados en el camino.

-Yo creí que… tú la amabas. – dijo bajito.

-Nunca tuve nada con ella, solo gratitud. – la rubia sabía que le decía la verdad, lo vio en sus ojos – pero ahora se excedió, regresaran a su pueblo.

-Y por qué nunca lo aclaraste! – le gritó molesta – dejaste que la insultara y que pensara mal de ti.

-Si la insultaste, es porque ella se lo buscó al insinuar cosas que no eran – dijo con simpleza – y para ser sincero, no sé porque nunca lo desmentí.

-De verdad… vas a echarlos? – él la miró sin entender – como dijiste… ella salvó tu vida y…

-Y te faltó al respeto – la interrumpió – si dejo que se quede, pensará que puede venir aquí y gritarte a su antojo, ella está confundiendo agradecimiento con amor.

-Pero…

-Además, a su padre le gusta las apuestas, y el muy abusivo, apostó algunos cuadros que le pertenecen a mi familia; yo pagué su deuda porque siempre les estaré agradecido por sacarme del agua aquel día; pero no somos unos tontos de quienes puedan aprovecharse. – la miro con una leve sonrisa – lo mejor será que regresen a su pueblo.

Candy sólo lo miró, no entendía aquel sentimiento que surgió en su interior; por un lado se sintió tranquila con aquella resolución; pero por el otro le dio pena aquella familia, era claro que la vida en la ciudad era mejor que en el pueblo, donde había muchas carencias.

-No sientas lástima por ellos – supo descifrar su mirada – estarán bien.

-Claro. – susurró, no quería ser responsable por la desdicha de una familia.

-Sigues molesta conmigo?

-Sí – dijo firmemente – me hiciste creer que traías a tu amante a la misma casa donde yo estaba.

-Lamento mucho todo eso. – Candy se puso de pie nuevamente – no sé por qué nunca te aclaré la relación que tenía con ella.

-Yo sí sé, querías humillarme – pensó molesta la rubia.

-Tal vez fue porque no nos conocíamos – continuó el castaño – estaba furioso por la decisión de mi padre – consideró que lo mejor era sincerarse con su esposa - si lo pienso bien… creo que te echaba la culpa a ti, por aceptar casarte conmigo…

-Yo no tuve la culpa! – dijo molesta por su acusación.

-Lo sé, a ti también te obligaron a casarte conmigo.

Candy recordó que a ella no le habían obligado a casarse con él, o por lo menos, no necesitaron amenazarla; sólo se lo informaron haciéndole creer que era su obligación como mujer de esa familia.

No tenía por qué molestarse con Terry al pensar que ella había deseado aquella unión, ya que la rubia aceptó la decisión de su padre sin hacer tanto alboroto, como lo había hecho él.

-Creo que de nada sirve culparnos por lo que ya está hecho - dejó salir un suspiro – lo mejor es ver hacia adelante… hacia nuestro futuro.

-Concuerdo contigo.

-Creo que… deberíamos separarnos.

Nuevamente esa propuesta, algo en el interior del castaño se inquietó, no quería dejar ir a Candy, no sabía exactamente la razón, no creía estar enamorado de ella; pero le gustaba su compañía.

-Me odias tanto, que sigues con esa idea aun después de saber que nunca hubo nada entre Susana y yo? – dijo dolido.

-Terry…

-Sé que te lastimé, que el daño que te hice no se cura con una disculpa; pero quiero demostrarte que estoy arrepentido por el trato que te di.

-No te odio… - bajó su mirada – te considero un amigo, por eso creo que lo mejor sería separarnos para que puedas buscar tu felicidad.

-Y tú? – delicadamente tomó su mentón entre sus dedos para levantar su rostro, quería que lo viera – serás señalada, te juzgaran por haber sido devuelta, si es que tu padre no te encierra en un convento, eso sería justo para ti?

-No creo que papá me encierre en un convento.

-Pero si te señalaran, es posible que no vuelvas a casarte. – le desagradó imaginarla en brazos de otro.

-Eso no es importante para mí.

-Pero para mí sí. – dijo decidido – he llegado a apreciarte Candy, más que a una amiga… - ella lo miró sorprendida – también me sorprende sentir por ti algo más que amistad. – lo había aceptado.

-No lo entiendo…

-Dame una oportunidad… déjame demostrarte que no soy esa vil persona que viste hasta ahora – no se reconocía, jamás había rogado a una mujer que le diera una oportunidad para conocerlo. – si te vuelvo a defraudar… yo mismo te llevó a Londres y le pido disculpas a tu familia.

Candy lo miró sorprendida, ella creyó que él agradecería que se hiciera a un lado y le devolviera su libertad; pero ahí estaba frente a ella, pidiéndole intentar arreglar los daños en su matrimonio.

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Un fuerte golpe la llevó al suelo, un hilo de sangre salió de su labio. Su madre lloraba en una esquina de la sala, el miedo en su rostro era visible, sabía que cuando su esposo terminara con su hija, ella sería la siguiente.

Su padre la veía furioso, el fuego en sus ojos la aterró, temió por su vida y la de su madre, ésta había sido su cómplice en todas sus decisiones.

-Qué tienes que decir al respecto!?

-Papá… - se llevó una mano a la majilla que ardía por el golpe – yo… no tuve la culpa…

-No debiste desafiar a la marquesa! – la joven se cubrió el rostro antes de recibir un nuevo golpe – te dije que te alejaras del marqués! Fue clara su primera advertencia…

-Yo…

-Y tú! – miró a su esposa, quien lloraba en la esquina – la alentaste, acaso no entendiste lo que te dije!?

-Yo creí que el marqués la quería…

-Le prohibió regresar a su casa! – levantó su mano – eso es cariño para ti!?

-No papá! – la joven tomó el brazo de su padre, evitando que golpeara a su madre – no la golpees… yo no obedecí… pero… lo arreglaré, le pediré perdón, le rogaré para que nos permita quedarnos en su casa y…

-No seas tonta – la empujó para que lo soltara – si te ven cerca de su propiedad, nos quitará la casa que nos dio en Traprain Law, lo perderemos todo!

-Cariño… Susi podría hablar con la marquesa y…

-Al parecer hablo con dos estúpidas! – dijo levantando las manos sobre su cabeza – el mayordomo del marqués fue muy claro, si ven a la tonta de tu hija – la señaló - si quiera a unos metros de la esposa de lord Terruce, inmediatamente perderemos la casa que nos dio en gratitud por salvarle la vida, el marqués ya nos demostró que no se tocará el corazón por nosotros. – se acercó a ambas mujeres – es lo único que nos queda, y no voy a perderlo por culpa de ustedes, así que ahora mismo recogen sus cosas para que partamos.

El hombre vio a su hija y esposa correr hacia las habitaciones para tomar sus pertenencias, estaba furioso, pues Charles lo había amenazado con entregarlo a las autoridades si no se iban esa misma noche; Terry ya lo había perdonado por haber apostado uno de los cuadros del duque; pero si desobedecía a sus órdenes, pasaría el resto de sus días en una prisión.

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Candy estaba parada frente a la ventana, todavía no le daba una respuesta a su esposo, no sabía que responder; no confiaba en que esa mujer se alejara de sus vidas y ya estaba harta de verla pavoneándose como señora de la casa.

-No… - al oír la suave voz de su esposa el castaño levantó la mirada rápidamente – no confió en que todo salga bien para nosotros…

-Intentémoslo…

-Por qué? – se volteó para verlo – Por qué es importante para ti?

-Siento algo por ti Candy… - se acercó a ella – y sé que tú también sientes algo por mí, aunque sea sólo amistad, lo sientes.

-Sí, es cariño, llegué a apreciarte como a un amigo Terry.

-Ok… pero yo quiero descifrar si lo que siento por ti es solo amistad.

-Qué quieres decir?

-Que te quiero. – acarició su mejilla – te quiero como a una amiga… pero… también como a una mujer.

La rubia abrió los ojos sorprendida, un profundo sonrojo apareció en sus mejillas y se extendieron por todo su rostro, su corazón comenzó a latir furioso, como si quisiera escapar de su pecho.

El castaño la miró con una tierna sonrisa, ya no tenía caso esconder lo que sentía, de nada servía engañarse, y aunque nunca se había enamorado, intuía que ese sentimiento que surgía por su esposa podría ser amor. En tan pocos días llegó a sentir aprecio y cariño por ella, reconoció sentir celos al ver cómo Albert se le acercaba y ésta le sonreía, incluso sintió celos de su hermano, rayos! Acaso estaba enamorado de ella?

-Dame una oportunidad Candy… déjame reparar lo que arruiné.

-Tengo miedo… - dijo bajito – enamorarme y que al final te des cuenta que no soy lo que quieres.

-En un par de semanas de convivir juntos llegué a quererte. – dijo seguro de sí – y si me das la oportunidad, verás que no te equivocarás.

-De-de acuerdo. – desvió su mirada al ver a su esposo sonreír ampliamente. – pero hay una condición.

-Cuál?

-Me quedaré aquí.

-Pero Candy, la casa principal es enorme y quisiera que te instales allá, es más cómodo.

-Para mí es más cómodo estar aquí. – estaba decidida.

-Ah… – dejó escapar el aire – de acuerdo – aceptó sus términos – pero podré venir a visitarte y desayunar juntos, verdad?

-Caro que sí. – finalmente le sonrió.

-Entonces te dejo descansar - ya había oscurecido – vendré mañana con el desayuno – se acercó a ella, quien creyó se despediría con un beso en el dorso de la mano – te veo mañana – dejó un suave beso en la comisura de sus labios, y antes de recibir un reclamo el castaño abandono la casa de su esposa con una enorme sonrisa, no sólo por dejarla roja como un tomate o por dejarla aturdida; sino porque finalmente se sinceró consigo mismo y también con ella, quien no lo había rechazado, más bien había aceptado intentar arreglar su matrimonio.

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Gracias por sus lindos comentarios! Sobre estos, pues… me gusta crear anticipaciones o suposiciones, jajaja, disculpen si es cruel, me parece emocionante crear reacciones en el lector.

Quisiera mucho publicar dos capítulos seguidos, incluso más; pero el tiempo que me toma escribirlos no me lo permite, en ese caso las haría esperar mucho más, ya que los capítulos que tenía adelantados terminaron en el 10. En este momento, el trabajo y las obligaciones en mi casa absorben mi tiempo, estoy en esa etapa donde debo escribir desde cero, y sumado al bloqueo que a veces tengo al querer transmitir lo que deseo, pues me retrasa el avance.

Gracias por su paciencia, como lectora entiendo que el deseo de saber qué pasará nos llena de anticipación y a veces de frustración. Agradezco su paciencia y comprensión.

Gracias por su apoyo y aprecio, recuerden que es reciproco.

Hasta el siguiente capítulo!