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El día era simplemente perfecto, era las nueve de la mañana; el sol brillaba en el cielo azul, el cálido aire veraniego era placentero; y ahí estaba ella junto a su esposo, con quien disfrutaba aquel delicioso desayuno que Dorothy había preparado para ambos.

-Qué planes tienes para hoy? – desde el día en que Candy le había propuesto separarse, Terry se esmeraba en acercarse a ella, y aunque la rubia se había mostrado distante, él la visitaba diariamente para desayunar juntos.

-Pues… no tengo nada planeado. – se llevó la taza de té a sus labios – creo que haré un poco de jardinería.

-Qué te parece si me acompañas a la fábrica?

-En serio puedo hacerlo!? – dijo algo emocionada.

-Claro que puedes. La empresa también es tuya.

- Siempre quise conocerla! – dio algunas palmaditas de emoción.

-Pues ve a prepararte para que podamos irnos.

-Claro! No tardaré nada. – dijo poniéndose de pie y corriendo hacia la casa.

Terry sonreía de manera espontánea cuando estaba con Candy, ya lo había admitido, se estaba enamorando de su esposa. Se propuso luchar por ella y enmendar todo el daño que le había causado desde que llegaron a la villa.

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Londres, dos días atrás.

La mansión de los White era todo alboroto, se había realizado una pequeña fiesta en honor al aniversario de bodas de Archivald y Anabel Cornwell.

-Annie, te ves hermosa.

-Gracias Patty, tú también estás linda.

-Hasta ahora no vi a Candy, dónde está?.

-No está en la fiesta. – aclaró – se encuentra en Escocia con su esposo.

-Oh es cierto! – se llevó la mano a la frente - Olvidé que el duque de Granchester tiene propiedades allá.

-Así es, Candy fue muy afortunada al ser elegida para ser la esposa del hijo del duque.

-Bueno… en eso tienes razón – lo dijo no muy segura. – aunque Candy siempre soñó con encontrar el amor verdadero, supongo que no le cayó bien la noticia de un matrimonio arreglado.

-Al principio no; pero lo aceptó.

Patty hizo una mueca de pena por la hermana menor de su amiga, ella conocía a Candy desde pequeña, se dio cuenta que la rubia era distinta a su hermana mayor, pues le gustaba la literatura, era soñadora y defensora de la libertad; le agradaba el carácter noble y rebelde de la rubia. También conocía la reputación del hijo menor del duque, cuando su esposo le contó sobre el enlace, sintió pena por la joven, pues su futuro sería tormentoso a lado de un hombre mujeriego como Terruce Granchester.

-Patty. – un hombre apuesto se paró junto a ella.

-Cariño - le sonrió al sentir como la mano de su esposo rodeaba delicadamente su cintura. – le preguntaba a Annie sobre Candy.

-Archie me contó que se casó con Terry.

-Así es. – Annie miró disimuladamente la mano del joven. – ella me escribió hace poco.

-Y cómo está? Espero que bien.

-Tiene que estarlo. – dijo Archie quien se acercó al grupo - le exigí a Terry que la tratara bien y que cuidara de ella.

Annie hizo una mueca de desilusión que no pasó desapercibida por su amiga, quien estaba frente a ella. La morena había esperado que su esposo rodeara su cintura como lo había hecho su cuñado con su esposa.

-Lo hará – contestó Stear, quien bebía de su copa – aunque no lo crean, Terruce, es un caballero, sabrá cuidar de Candy. No crean en todos los chismes que hay sobre los Granchester, ellos son hombres honorables y siempre cuidan de su familia.

Stear era un buen amigo de los hermanos Granchester, y aunque sabía que Terry era un rebelde y le gustaba la vida de fiesta, tenía fe en que su sentido del honor sería más fuerte para proteger y cuidar de la hermana pequeña de su cuñada.

El grupo conversaba sobre acontecimientos futuros, como la temporada de caza que organizaban algunos nobles en la campiña londinense o las próximas presentaciones de algunas señoritas de sociedad, cuando de repente todo se oscureció para una de las mujeres del grupo.

-Annie! – el grito llamó la atención de algunos invitados y con ellos los de la familia de la joven.

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Escocia.

Terry permanecía sentado en la mesa, esperando a que su esposa saliera de la casa para poder partir hasta la fábrica textil; observaba atentamente a su alrededor.

Candy había puesto mucha dedicación para convertir aquel lugar en un hogar; el jardín, el cual antes estaba descuidado y lleno de maleza, presumía ahora, una variedad de coloridas flores; el césped estaba cortado y limpio; pero lo que se llevaba los aplausos era la pequeña huerta, su esposa junto a Dorothy, habían hecho un buen trabajo al cultivar algunas hortalizas, era magnifico ver todo aquello que había logrado en tan poco tiempo. La admiraba y se sentía un canalla por todo el sufrimiento y martirio que le había causado, entonces recordó aquel día, cuando se enteró lo cerca que había estado de perderla.

Flashback

Después de haber hablado con su esposa Terry regresó a la casa principal, su deseo había sido llevarse a Candy con él; pero la rubia le pidió tiempo y que respetara su decisión de permanecer en la casita que había convertido en su hogar.

Al día siguiente, el castaño se dirigía a la casa de su esposa para acompañarla en el desayuno, cuando estaba cerca la vio parada cerca de su huerta, la cual estaba regando; la sonrisa que se dibujó en su rostro al verla se borró a medida que avanzaba y visualizaba a Albert Andley cerca de ella; ambos estaban de espaldas y no lo habían escuchado acercarse; pero él sí escuchó la petición que el rubio le hacía a su esposa y la respuesta positiva que ésta le dio.

-Lord Andley. – llamó su atención a propósito – qué placer verlo!

-Lord Granchester, disculpe que moleste tan temprano. – extendió la mano para saludar al castaño – pero era imprescindible entregar una carta de mi prima a su esposa.

-Lady Leagan no se encuentra en Escocia?

-Mi prima tuvo que viajar de improviso.

-Espero que no sea por algo malo.

-No se preocupe lord Granchester, todo está bien con la familia. – miró a Candy con una sonrisa, él sabía que la rubia estaba preocupada por su tía Elroy – no la molesto más mi lady – besó su mano – lord Granchester. – hizo un gesto con la cabeza, luego se giró para retirarse.

Terry pretendió que todo estaba bien, cuando le preguntó a su esposa sobre la visita de lord Andley, ella le respondió, de manera tajante, que sólo había ido a entregarle una carta de Elisa. El castaño no insistió más.

Por la tarde, ese mismo día, él también acudió a la cita; pero no se dejó ver por la pareja, como sabía el lugar exacto, el lago, siguió a su esposa y se escondió detrás de unos arbustos para que las hojas ocultaran su presencia.

-Albert. – la voz de su esposa le indicó que ya estaba ahí.

-Candy… - vio como el rubio se acercaba a ella – disculpe que la cite de esta manera; pero no quería que nadie nos oyera.

-Cómo está Elisa?

-Bien, llegamos a tiempo a Londres y pudo embarcarse con seguridad, por casualidad nos encontramos con un amigo suyo, Thomas Stevens.

-Tom estaba ahí!? – cuestionó la rubia con un tinte de emoción y felicidad en su voz – oh! No tiene por qué preocuparse entonces, él sabrá cuidar bien de Elisa.

-Es exactamente lo que me dijo, quedé tranquilo al saber que era un buen amigo de mi prima, y suyo también, claro está.

- Qué linda coincidencia! yo tenía conocimiento que el padre de Tom se había instalado permanentemente en América, no sabía que estaba de vuelta en Londres.

-Y está en lo correcto, sólo vino para llevar algunos ejemplares a América.

-Ahora estoy más tranquila, muchas gracias Albert. – Terry no perdía detalle de aquella conversación.

-Me alegra tranquilizarla; sin embargo, el motivo de citarla aquí, no es solamente ese.

-Ah… no? – dijo confundida, Terry achicó los ojos al suponer el motivo de Albert, estaba decidiendo en salir y enfrentarlo cuando escuchó nuevamente al rubio.

-No. – se oyó algo emocionado e inseguro a la vez – Elisa me contó sobre sus planes de separarse de su esposo – Terry abrió los ojos en sorpresa y apretó la mandíbula con fuerza, estaba decidido a tirarse a golpes sobre él; pero quería escuchar la respuesta de su esposa – cuando eso suceda, permítame escoltarla América para reunirse con ella, yo quisiera que…

-Albert – lo interrumpió – sobre eso… Elisa no debió comentarle nada. – se oyó avergonzada – no pretendo abandonar a mi esposo. – escuchar aquello tranquilizó al castaño, quien estaba a punto de salir.

-Elisa dijo… lo siento, seguro escuché mal y…

-No – lo volvió a interrumpir – sí le confesé eso a Eli; pero he cambiado de opinión. No voy a dejar a mi esposo. – fue firme, sabía por su amiga los sentimientos que Albert albergaba por ella y no quería alentarlo a algo que no iba a pasar.

-Siento incomodarle – dijo apenado – disculpa haber dicho que… en verdad lo siento.

-No te preocupes, sé que lo dijiste porque Elisa te lo pidió – no quería que desmintiera aquello, sería completamente incomodo, así que intentó no dejarlo hablar – me dijo antes de partir que te pediría que me acompañes cuando viaje a América.

El rubio solo sonrió, se dio cuenta de lo que la rubia estaba haciendo e internamente se lo agradeció. La instó a regresar y la acompañó hasta una parte del camino, recalcándole que él siempre sería un amigo en quien podía confiar.

Terry los vio partir y aunque hubiera querido enfrentar a Albert por su osadía, creyó que lo mejor era no hacer nada, ya Candy lo había hecho, lo había rechazado; pero el verdadero motivo era que no quería pelear con su esposa; él tampoco lo tenía seguro, le había hecho mucho daño y entendió el que llegara a aquella resolución; además si Candy se molestaba sería capaz de irse, abandonándolo por culpa de su carácter explosivo.

Fin de flashback

Recordar todo aquello lo ponía ansioso, hasta ese momento no había avanzado mucho con su esposa. Los días pasaban y ella seguía renuente a confiar completamente en él, es por eso que decidió invitarla a conocer la fábrica y pasar el día con ella, que lo conozca en todos sus ámbitos.

-Lista. – la voz de la rubia llamó su atención.

-Estás hermosa. – se acercó para besar su mano, acto que la sonrojó – mejor partamos para llegar a tiempo.

-Para qué?

-Ya lo verás.

Tomó su mano e internamente se alegró que la rubia no la alejara, como lo había hecho el día anterior.

-Dorothy – vio a la empleada en la puerta – estaremos fuera todo el día.

-Está bien mi lord.

-Todo el día?

-Te mostraré todo con respecto a la textilera, además hay algo que quiero proponerte.

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-Lord White. – la empleada se acercó al noble. - llegó lady Paulina y está esperando en la sala.

-Llegó alguna respuesta de Escocia?

-No, mi lord.

Cansado, el conde dejó escapar un sonoro suspiro, luego se dirigió a la sala para saludar a su hermana. La situación de su hija mayor lo inquietaba y agradecía que su hermana estuviera ahí para cuidar de ella.

-Pony.

-Will! - corrió para abrazar a su hermano – cuando me enteré… dónde está?

-En su habitación, Archivald está con ella.

-Mi pobre Annie. – se llevó las manos al rostro – ya le dijeron a Candy?

-Mandamos a un mensajero, espero su respuesta.

La mujer tomó asiento en el sofá, él se sentó frente a ella y le contó lo sucedido y todo lo que el médico les había dicho respecto a su caso. Cuando el hombre terminó de enterarla, la mujer lo abrazó para consolarlo; ella sabía que aunque su hermano parecía frío y duro con sus hijas, las amaba a ambas con gran fuerza. Era claro para ella que en ese momento él también sufría.

-Iré a ver a mi niña. - se puso de pie. – no quiero perder más tiempo.

-Te acompaño. – el conde se puso de pie y escoltó a su hermana hacia la habitación que ocupaba su hija.

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-Dónde estamos? - miró un gran portón que protegía un gran terreno, al fondo se visualizaba algunos corrales. – Creí que iríamos a la fábrica.

-Quiero que conozcas todo con respecto a la textilera.

-Y esto es…?

-La primera etapa. – ella lo miró sin entender – aquí obtenemos la lana.

-Vamos a trasquilar ovejas!? – preguntó emocionada.

-No exactamente – rió al imaginarla haciendo eso. – pero veremos cómo lo hacen.

Con una leve decepción en su rostro la rubia siguió a su esposo. Se acercaron a los corrales, donde había muchas ovejas reunidas, algunas se acercaron a la rubia, quien acarició sus cabezas con cariño.

-Son muy lindas y amigables.

-Por ahora - murmuró.

-No las lastiman, verdad? – dijo preocupada.

-Claro que no. – imitó a su esposa y acarició la cabeza del animal.

-Debí traer a Clint.

-Lo he visto más perezoso últimamente.

-No tanto; pero preferí dejarlo en casa porque en el pueblo hay mucho ruido y no quiero estresarlo o asustarlo.

-Decidiste bien, si se asusta y escapa podría tener un accidente. – vio como asentía preocupada – ven acerquémonos, ya están trabajando con el primer grupo.

Cuando se acercaron a un corral central, vieron a un grupo de hombres trasquilando a las ovejas y a mujeres tomando toda aquella lana y metiéndola en costales que otros hombres se cargaban en la espalda y los trasladaban.

-Mi lord.

-Rupert. – saludó a un hombre algo mayor – cómo va todo?

-Bien señor, marchamos a buen tiempo, no habrá retrasos este año. - miró a la rubia – mi lady. – hizo un movimiento con la cabeza.

-Ella es mi esposa, Candice Granchester.

-Marquesa, sea usted bienvenida. – hizo una reverencia.

-Oh! Mucho gusto, por favor no haga eso. – se refería a la reverencia que hacía el hombre – puede llamarme Candy. – Terry sonrió al ver el rostro de incredulidad del hombre ante la petición de su esposa, preocupado lo miró sin comprender si era una broma o no.

-Puedes llamarla lady Candice. – el hombre asintió y regresó a su trabajo.

-Dije algo malo?

-Claro que no, es sólo que es raro que alguien de la nobleza pida ser llamada con tanta familiaridad e informalidad; por lo general, siempre exigen respeto por su título.

Candy negó con la cabeza, ella sabía bien aquello; pero no creyó que eso molestara u ofendiera a los demás, pues fue claro que aquel hombre sí se había sentido incómodo y ofendido por su petición.

Terry la llevó hacia la cerca para que viera todo el trabajo; sabía que la rubia disfrutaría aquello. Cuando fue solicitado por uno de los administradores le pidió a su esposa que lo esperara en ese lugar; grande fue su sorpresa al regresar minutos después, ver a su esposa intentando trasquilar a una de las ovejas, los hombres agarraban con fuerza al animal para que no se soltase y lastimara a la marquesa.

-Qué te pareció?

-Me gustó mucho ayudar, aunque creo que los retrasé en su trabajo.

-No te preocupes por eso, lo hiciste muy bien.

-No mientas – lo miró – les di trabajo, los vi trasquilando nuevamente a la misma oveja.

-Para ser tu primera vez lo hiciste muy bien. – la miró con seguridad – ahora te mostraré el resto, luego iremos a la fábrica donde continua el proceso.

Le mostró los corrales donde las ovejas estaban separadas por especie y raza, luego se dirigieron a los telares de la propiedad, a una construcción donde las mujeres trabajaban la lana. Más tarde llegaron a la fábrica; pero Terry no pudo mostrarle todo lo que pretendía, pues un mensajero lo estaba esperando.

-Mi lord… - se acercó un joven delgado – esto llegó para la marquesa. – le entregó un sobre con la nota de urgente encima.

-Para mí? - se acercó para tomar el sobre, se preocupó al saber que era algo urgente, inmediatamente y con las manos temblorosa la abrió. Terry la miró atentamente y se preocupó al ver la expresión angustiada de su esposa – Annie… - dijo con la voz quebrada.

-Le sucedió algo?

-Tengo que partir a Londres.

-Qué… por qué? – pensó que tal vez tuvo algún accidente, entonces la imagen de su amigo llegó a su mente. – Candy, le sucedió algo?

-Ella me necesita, mi hermana me necesita.

-Pero… Candy… - la tomó de la mano y la llevó a su oficina donde cerró la puerta para que los curiosos no los oyeran – no entiendo, aquí solo dice que está embarazada. - dijo leyendo la carta que la rubia había recibido.

-Annie… no debe embarazarse, eso podría matarla.

-Cómo? – algo dentro de él lo alertó.

-Annie no debe embarazarse… - repitió entre lágrimas – ella podría morir…

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Cómo están? Qué les pareció el capítulo?

Agradezco tanto los comentarios que me dejan, me llenan de emoción y agradecimiento por sus lindas palabras y el gran apoyo que le dan a esta historia. Sinceramente leer todo aquello me inspira a seguir y no defraudarlas, ya viene la mejor parte!

Se cuidan mucho!