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Ya estaba amaneciendo y se sentía incómodo, no podía conciliar el sueño. Después de dar un sinfín de vueltas en la cama, decidió salir a tomar aire fresco.

La noche estaba fresca, algo húmeda por las recientes lluvias; pero esa noche en particular el cielo nocturno estaba despejado, millones de estrellas decoraban el firmamento.

-Ah… Candy… - dejó salir un suspiro – no debí dejarte partir. – sus pasos lo llevaron hasta la casa que hace una semana su esposa habitaba. – quién lo habría dicho… – sonrió ante aquello – me tienes pensando en ti todo el tiempo.

Se acercó al porche de la casa, donde estaba la mesita que siempre ocupaban para desayunar, luego, miró hacia donde estaba la huerta, le había prometido enviar a Mark para que se la cuidara mientras ella estaba en Londres.

Flashback

-Espera un poco más e iremos juntos a Londres.

-Terry… - se acercó a él – mi hermana me necesita, debe estar asustada.

-Tiene a tu padre y a Archie con ella. – dijo serio – solo será un par de semanas, tengo que hacer esta entrega, embarcar los pedidos a América y luego estaré libre.

-Son dos semanas, no puedo dejar sola a Annie, ella me necesita ahora. – se estaba impacientando - ella siempre estuvo cuando yo la necesité, incluso paso sus vacaciones conmigo, cuando se enteró que me rompí el brazo al caer de un árbol, no puedo dejarla sola.

-Pero…

-Terry – lo interrumpió - por favor entiéndeme, volveré en menos de una semana; no estaré tranquila si no veo cómo está mi hermana.

Renuente, el castaño aceptó. Al día siguiente la acompañó a la estación; le había ordenado a Mark que la escoltara hasta llegar a la casa del conde White, Dorothy también acompañó a su patrona; una vez que se encontrara sana y salvo en casa de su padre, Mark debía volver a Escocia.

Cuando el joven mozo llegó a la villa de los Granchester llevaba con él una carta para su patrón, la cual lo había dejado más inquieto.

Fin del flashback

El castaño entró a la casa y se acostó en la cama de su esposa, la misma que él había ocupado cuando se había enfermado y donde Candy lo cuidó hasta recuperarse.

-Sí… - sonrió pícaramente – fue ahí cuando terminé de enamorarme de ti – susurró – en mis delirios creí que soñaba verte junto a mi cama, cuidándome, hablándome – sonrió ampliamente – acariciando mi rostro y mi cabello mientras me dabas ánimos para recuperarme. – de repente su rostro se puso serio al recordar la carta que Candy le hubo enviado con Mark – "Terry… sé que te prometí que volvería en una semana; sin embargo me quedaré más tiempo, Annie me necesita, se encuentra muy mal y no quiero dejar sola a mi hermana. Espero que me entiendas y aceptes mi decisión." – esas habían sido sus palabras, las cuales lastimaron al castaño al darse cuenta que su esposa elegiría a otros antes que a él, le dolió internamente.

Terry se quedó a dormir en la cama de Candy, le gustaba que tuviera su aroma. Al día siguiente se levantó temprano, había tomado una decisión y la llevaría a cabo lo mejor posible.

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Ya había cuatro días desde su arribo a la casa de su padre, donde Annie se estaba quedando. Cuando Candy llegó, inmediatamente pidió ver a su hermana; la encontró recostada en su cama, se veía débil y triste. María quien hubo sido su nana, estaba junto a ella; después de saludarla decidió dejar solas a las hermanas.

Flashback

-Candy?

-Annie – se acercó a ella – cómo te sientes?

-Tengo miedo Candy – le dijo reflejando aquel sentimiento en sus ojos - no quiero morir y dejar a mi bebé solo.

-No morirás Annie.

-El doctor lo dijo… - comenzó a llorar – recuerdas… mi corazón no es fuerte, que lo mejor era no tener hijos o moriría… tengo miedo…

Candy abrazó a su hermana al verla tan débil y asustada, esos días no había comido ni dormido bien, sentía que de nada serviría si el resultado sería el mismo; el médico no les había garantizado la culminación de la gestación ni tampoco la vida del bebé y la madre, si llegaba a cumplirse los nueve meses.

Decidida a acompañar a Annie hasta que se sienta mejor, Candy le escribió a su esposo, indicándole que no tenía fecha de regreso, aprovechando que Mark partiría al día siguiente decidió enviarle una carta, donde le explicaba la situación en la que se encontraba su hermana.

-Candy, y si pasa lo de la última vez? – oyó la débil voz de su hermana.

-No pienses en eso. Ya verás que esté bebé si nacerá.

Lo que casi nadie sabía es que Annie ya se había embarazado antes, a siete meses de haberse casado, la morena le contó a su hermana que estaba en cinta, justamente ese fin de semana había ido a Snowshill para visitar a su hermana y tía.

En confidencia le dijo que ella era la primera en saberlo, pues su esposo estaba en Irlanda arreglando algunos negocios con Stear. Candy se sintió feliz al ser la primera en enterarse que sería tía; pero esa alegría terminó cuando dos noches después, Annie perdió al bebé que esperaba. El médico que la atendió le dijo que su cuerpo era débil y que al parecer su corazón no era tan sano como creía. Su tía Pony y Candy eran las únicas que sabían de aquella pérdida, Archie y su padre nunca lo supieron.

-No me siento bien Candy… el médico dijo que tal vez no nazca - comenzó a sollozar.

-Annie debes ser fuerte, hazlo por tu bebé. – la rubia la abrazó para consolarla.

-Quiero serlo; pero sabes que nunca lo fui. – se abrazó a la rubia como si fuera una niña.

-Lo eres… - dijo con cariño – Annie, siempre creíste que eras débil, solo porque seguías las órdenes de todos; pero eres fuerte, muy fuerte – se alejó para mirarla – recuerdas cuando murió mamá?

-Sí… - agachó la cabeza – la extraño tanto.

-Yo también; pero gracias a ti pude sobrellevar su muerte.

-Qué?

-Cuando ella murió se olvidaron de mí, yo también la había perdido - comenzó a llorar – recuerdo cuando tía Pony llegó, ella nos abrazó y se concentró en ayudar a papá; recuerdas que él se la pasaba encerrado y casi nunca lo veíamos? – Annie asintió – ella lo ayudó a él; luego estaba nana María… ella te cuidaba y consolaba; pero a mí… todos se olvidaron de mí…

-Candy… - dijo con culpa al recordar esa época; ella tenía razón, todos estaban sufriendo y se centraron en su dolor olvidándose de la más pequeña de la familia.

-Pero luego… fuiste tú quien me encontró, lo recuerdas? – cuando la rubia se había quedado en el jardín de su madre casi toda una noche llorando su partida – y desde ese momento nunca me dejaste sola, siempre me cuidabas, hasta que me fui con tía Pony a Snowshill porque tenías que ir al internado.

-Candy… yo…

-Gracias a ti ya no me sentí tan sola. Sí, aún extrañaba a mamá; pero tú me cuidabas y me llevabas de paseo junto con Paty para que yo me distrajera. Siempre has sido fuerte, escondías tu sufrimiento y dolor por perder a mamá para que yo no sufriera.

Annie abrazó a su hermana con fuerza, recordaba aquella época dolorosa y como se habían asustado todos al no encontrar a Candy en su cama, entonces fue ella quien recordó el jardín que ambas estaban arreglando junto a su madre y supuso que ahí la encontraría y así fue, la vio hecha ovillo en la mata de rosas que su madre había plantado con ella, la cargó a casa y desde ese momento la llevaba a donde fuera para distraerla.

-Lo haré… - susurró en llanto – lo haré por mi bebé y también por mí; porque quiero verlo crecer.

-Oh Annie! - la abrazó más fuerte, pero esta vez llorando de felicidad al ver la resolución en la mirada de su hermana mayor.

Fin del flashback

Se sentía más tranquila, sabía que su hermana se pondría mejor, esa depresión en la que estaba entrando había terminado, se quedaría un poco más para ayudarla a sobreponerse por completo y luego regresaría a Escocia.

-Mi lady. – escuchó que una de las empleadas de la casa la llamaba.

-Sí? – interrumpió sus pasos y se giró para atenderla.

-Llegó esto para usted. – le extendió una charola de plata con un sobre encima.

-De quién es? – dijo tomándolo en sus manos, al leer el remitente no pudo evitar sorprenderse. – gracias. – se giró y salió al jardín, quería leerlo ya mismo, Clint le seguía los pasos.

Cuando finalmente llegó a uno de los árboles más altos del jardín de la casa, se subió a una de sus ramas seguida y apoyada por su fiel mascota, desde ahí se podía observar casi toda la propiedad.

-Ok, qué crees que me dice Clint? – miró a su amigo – debe estar molesto por la decisión que tomé.

Estaba feliz, era la primera carta que recibía de su esposo, y después de aquella despedida, se emocionó al pensar en las líneas que éste le dedicó.

-Aquí vamos – dijo rompiendo el sobre y leyó.

-"Candice regresa enseguida a Escocia, es una orden. No te di permiso para quedarte más de una semana…"

Esas eran las primeras líneas de la carta que le produjo anticipación, se molestó y desilusionó al leer aquella orden; pero decidió continuar.

-"Sólo bromeo, como podría darte una orden como esa sabiendo que me arriesgo a perderte si te molestas conmigo, no soy tan tonto como parece, pues casi te pierdo por eso, verdad? Por otro lado, siento mucho por lo que está pasando tu hermana y mi amigo; pero sé que con tu apoyo se pondrá bien… yo soy una prueba de eso"

Sonrió al ver el cambio en aquellas líneas – es un verdadero tonto, verdad Clint? – dijo refunfuñando – le haré pagar por su broma, en verdad creí que me estaba dando una orden – dejó salir un suspiro y continuó leyendo la carta.

"han pasado dos días desde que partiste a Londres y siento que ha sido más tiempo, las horas pasan tan lento que hacen de tu ausencia una agonía. Los desayunos son ahora tan aburridos y las tardes tediosas, deseo que estés aquí conmigo, pues tú haces de mis días entretenidos y coloridos. No tardes en volver o iré por ti personalmente… te extraño tanto. Tuyo siempre TG"

Candy suspiró al leer aquella carta, tal vez no era tan romántica como las que leía en sus novelas; pero eran líneas dedicadas a ella, Terry las había escrito pensando en ella. Sonrió ampliamente al pensar si es que le hubiera costado escribirlas o le eran fáciles redactarlas.

-Creo que le enviaré una respuesta – miró a Clint – qué opinas Clint, le escribimos a Terry?

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Ya habían pasado tres semanas desde la última vez que había visto a Terruce, y la joven no perdía la esperanza de que él se diera cuenta que ella lo amaba y que era la mejor opción para ser su compañera de por vida.

-Su esposa lo abandonó?

-No lo sé, dicen que hace una semana dejó la villa y hasta ahora no regresa - le informaban – lord Granchester se quedó en Escocia, él sigue yendo a la textilera.

-Oh, qué felicidad! – dio saltitos mientras aplaudía con júbilo – entonces sí se separaron, Terry se dio cuenta que esa mujer no era buena para él.

-Posiblemente, no lo vi preocupado o triste por la partida de mi lady.

-Sara, te dije que esto pasaría. – dijo segura – él no amaba a esa mujer, ella solo representaba una obligación para él, seguramente su padre lo obligó a casarse con ella amenazándolo con quitarle su herencia.

-Bueno… qué harás ahora?

-Dejaré pasar unos días más antes de presentarme ante él. – se puso de pie y se acercó a la ventana de la pequeña casa que habitaba con su familia. – quien sabe… tal vez sea Terry quien venga a buscarme. – dijo coqueta.

-Lo dudo. – afirmó segura su compañera – nunca te dio indicios de querer estar a tu lado, además, la manera de cómo te echó del pueblo…

-Esa mujer lo obligó! – se molestó al oír burla en la voz de su amiga – estoy segura que él no quería enfrentar a su padre si esa mujer armaba un escándalo.

-Como tú digas. – dijo cansada de la terquedad de la rubia - ahora dime, ya hablaste con tus padres?

-No, si se los digo ahora; no me dejaran ir.

-Susi, necesitamos dar una respuesta. - se acercó a ella – no tendremos otra oportunidad para ganar dinero tan fácilmente.

-Ya lo sé. – la miró fijamente – pero no estoy tan segura, creo que no deberíamos aceptar, irnos a Irlanda con esa mujer… no lo sé.

-Mira, si estamos juntas compartiremos los gastos y ahorraremos más dinero, además si te vas y lord Terruce se entera, estoy segura que te buscará.

-Tienes razón. – dijo sonriendo ante aquella posibilidad.

-Así es, tus padres te informaran y volveremos en seguida.

-Sí… será claro para todos, a quien prefiere Terry.

-Entonces démosle nuestra respuesta a lady Finan, ya debe estar desesperada al no saber nada de nosotras.

Ambas jóvenes se pusieron de acuerdo en sus siguientes planes, visualizaban un buen futuro para ambas; una de ellas, pensaba en que al fin tendría dinero suficiente para no tener que trabajar como empleada de familias que la maltrataban y humillaban; y la otra visualizaba un encuentro romántico entre ella y el noble más apuesto que había conocido, el como la llevaría en brazos a su mansión donde la convertiría en dueña y señora a cargo de un sin número de sirvientes.

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Candy caminaba por el jardín de la casa de su padre; su tía Pony se había quedado con Annie haciéndole compañía. La rubia se sentía mal al ver el desánimo de su hermana mayor, estaba postrada en cama por órdenes del médico, reposo absoluto, esas habían sido sus indicaciones.

-Candy… - oyó que alguien la llamaba.

-Anthony – sonrió al ver a su cuñado acercarse. – buscas a Archie?

-En realidad no. – fue sincero – sé que está en la oficina, vine a verte a ti.

-A mí? – dijo sorprendida.

-Claro! Eres mi cuñada y casi no nos conocemos.

-Oh… tienes razón, somos familia y apenas y nos conocemos.

-Te molesta si te acompaño?

-No, en realidad ya estaba por regresar a casa, qué te parece si me acompañas a tomar el té en la terraza.

-Me parece perfecto.

Los jóvenes caminaron hacia la casa hablando sobre cosas irrelevantes como el clima y como este ayudaba al crecimiento de ciertas plantas. Más tarde mientras tomaban el té Anthony decidió mencionar a su hermano menor.

-Cómo está Terry? – Candy lo miró sin saber que responder exactamente – quiero decir, cómo tomó la noticia de que vengas a Londres?

-Bueno… no lo tomó muy bien, supongo.

-Cómo es eso?

-Es decir. Me pidió que esperara un par de semanas para que él me acompañe y no viaje sola. – oír aquello desconcertó al rubio, él creyó que a Terry no le había importado separarse de su esposa – Terry tiene mucho trabajo en la textilera, en realidad lo hace muy bien, todos los empleado lo respetan y obedecen sus órdenes sin quejas. – dijo con orgullo, pero el rubio supo detectar algo más en la voz de la rubia.

-Cuando Terry se propone algo, lo lleva acabo de la mejor manera hasta conseguirlo. – oír eso sonrojó a la rubia.

Hablaron un poco más sobre la situación de su hermana y Anthony le contó algunas cosas sobre la infancia de Terry. Candy reía al oír sobre las travesuras que su esposo hubo realizado al ser un niño; enterarse del cómo se salía con la suya y se libraba de las regañadas o castigos del duque cuando recurría a su madre, y más tarde a sus bromas y astucia.

-Ya es hora de que me marche – el rubio se puso de pie – recuerda que mi padre te invita a cenar este fin de semana a Granchester House, está deseoso de verte y saludarte.

-Gracias – sonrió amablemente – ahí estaré.

-Yo vendré a recogerte.

-No es necesario, no te molestes.

-No es molestia. – besó el dorso de su mano y con una linda sonrisa se despidió – nos vemos el sábado.

Oír que Terry quería acompañarla le confirmó que para su hermano Candy no era indiferente. El día que la conoció se dio cuenta de la actitud posesiva y celosa de su hermano, no ante él, sino ante Albert, quien claramente se sentía atraído por la rubia. Estaba claro para él, no tenía oportunidad con Candy, no sólo por lo que su hermano ya sentía por ella; sino también, por la misma de la joven, era obvio que ella ya estaba enamorada de Terry, lo vio en sus ojos y sonrisa al escuchar aquellas historias sobre el castaño.

Estaba contenta, le gustó saber más sobre su esposo; le fascinó conocer aquellas historias que nadie más que su familia y ahora ella, sabían de Terry. Sí, estaba segura que ninguna mujer sabía más que lo público; su esposo era muy celoso de su privacidad, bueno… con su vida familiar, de esa no compartía casi nada. A ella le había mostrado facetas que ninguna conocía.

-Terry… "Cuando Terry se propone algo lo lleva a cabo hasta conseguirlo" – esas habían sido las palabras de su cuñado y desde que se había marchado no dejaba de repetirlas en su mente, entonces recordó la despedida en la estación de Edimburgo.

Flashback

-Escríbeme cuando llegues a Londres, envíame un telegrama para que esté seguro que llegaste con bien.

-De acuerdo. – no entendía el comportamiento de su esposo, desde hace algunos días se comportaba atento con ella y quería saber siempre los planes que tenía. – pero no te preocupes, Mark y Dorothy me acompañan, no creo que pueda perderme. – bromeó.

-Bueno, no estoy seguro de eso, eres muy despistada.

-Claro que no! – fingió estar ofendida.

-Aun así… envíame ese telegrama. – dulcificó su voz y acarició su mejilla poniéndola nerviosa de repente.

-Ok. – aceptó bajando la mirada – Terry…?

-Sí?

-Cuida de mi jardín y mi huerta, mientras no estoy. – no supo por qué le pidió aquello, cielos! La puso muy nerviosa con sus actos.

-Descuida, cuando regreses en una semana – aclaró – estará perfecto como si no lo hubieras dejado.

Escucharon la primera llamada de abordaje, vieron a Mark ayudando a Dorothy con las maletas y dándoles privacidad para despedirse.

-Bueno… ya debo abordar – se sentía nerviosa.

-Sí, claro. – pero no se movían, él solo la miraba atentamente, de repente oyeron el segundo llamado y Terry la jaló hacia una esquina en medio de dos pilares.

-Terry? Qué… - sintió el abrazo de su esposo y como él rozaba la comisura de sus labios donde se quedó unos minutos aprovechando el desconcierto de la joven, todo parecía suceder tan lento.

-Voy a demostrarte que de verdad te quiero – susurró cerca de su oído – no me rendiré hasta que me aceptes completamente. – se alejó de ella y sonrió triunfante. Ella quería responderle; pero el tercer llamado se lo impidió.

Rápidamente la rubia subió al tren con la ayuda de su esposo, quien caminó junto al tren mientras este lo alejaba de ella, Candy no despegó su mirada de él hasta que el tren dejó atrás la estación. Cuando su esposo se perdió de vista se sintió triste, quiso bajar y quedarse junto a él.

Fin de flashback

Todo el día se la pasó pensando en lo sucedido en la estación, en la despedida entre ella y Terry, no escuchó cuando Dorothy le comunicaba que era hora de comer, no, claro que no, su mente estaba en Escocia junto a su esposo.

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-Mi lady…? – Dorothy estaba parada en la puerta. – mi lady…

-Candy! – la rubia se giró sorprendida hacia su hermana – Dorothy te está hablando.

-Qué? – dijo confusa, luego miró a la mencionada. – Dorothy?

-Mi lady, llegó esto para usted.

-Para mí? – se acercó y tomó en sus manos un ramo de rosas rojas que la joven le extendía.

-Creo que estás muy distraída. – Annie la miró con gracia.

-Qué? No es verdad. – sus mejillas se tornaron de un rojo intenso.

-Claro que sí. – afirmó la morena riendo de la actitud de su hermana menor. – te las envía Terruce?

-Eh? Sí… - dijo tímida.

-Son muy lindas. – internamente sintió envidia de su hermana.

-Dorothy… - se acercó a la empleada, que aún seguía en la habitación. – podrías llevarlas a mi habitación y ponerlas en agua? – se dio cuenta de la mirada triste de su hermana.

-Claro mi lady.

-Me alegra que todo haya salido bien entre ustedes.

-Cómo?

-Te dije que todo saldría bien, recuerdas? – la rubia asintió – aunque siendo sincera, creí que sólo aprenderían a convivir juntos, de verdad estoy feliz de ver que hay algo más.

-Terry es diferente a lo que aparenta. – no tenía caso negar nada, su hermana se sentiría mal si tratara de ocultar lo que era claro. – no es tan malo estar casada con él.

-Estoy feliz por ti. - bajó la mirada - muchas de nuestra condición quisieran tener aquellas atenciones. – la miró con tristeza – eres afortunada, sé que Archie me aprecia, me lo ha demostrado; pero en tan poco tiempo Terruce ha demostrado amarte.

-Amarme?

-Candy… - sonrió ante la inocencia de su hermana – Terruce ha hecho más de lo que los hombres casados hacen. Desde que llegaste no han parado de llegar arreglos de flores, verdad? – era verdad, pero la rubia las llevaba directamente a su habitación, esperando que su hermana no se enterar – y también sé que en poco más de una semana de estar aquí, ya te escribió dos veces.

-Cómo lo sabes?

-Las sirvientas hablan.

-Lo siento… no quería que te enteraras.

-No te sientas mal. - sonrió dulcemente - Archie no es cariñoso; pero es amable y respetuoso. - miró hacia la ventana recordando que su esposo amaba a otra mujer – respeta nuestro acuerdo y es atento conmigo, con eso me basta.

Candy se sentía triste pos su hermana, ella no hubiera soportado todo aquello. Si bien su cuñado era atento con su hermana, era claro que no la amaba; durante el día, el joven pasaba tiempo en la empresa, cuando llegaba se quedaba acompañando a su esposa por un par de horas, leyéndole y hablándole sobre temas que sabía le interesaban a su hermana; pero hasta ahí llegaba, no había palabras ni miradas de amor.

Ya en su habitación, Candy se acercó al florero que estaba sobre su cómoda, percibió el aroma dulce de las rosa y sonrió al ver el sobre dentro de éstas.

-Otra carta – sonrió feliz, pues con esa ya era la tercera, le dio pena Mark, pues era claro que Terry no lo dejaba descansar de su viaje para regresar nuevamente con otra carta para ella. – la leemos Clint? – el animalito se acercó a ella, quien se sentó en la cama, emocionada y sonriente abrió el sobre.

-"Mi cruel esposa, sigues torturándome con tu ausencia… no, no puedo llamarte de esa manera suena mejor llamarte mi dulce Candy…" – la rubia se sonrojó ante su nuevo apelativo. –"…Es tan lindo llamarte así, pues hay tanta verdad en esas palabras; fui tan tonto al no ver lo que valías desde el inicio y ahora cobro factura, desde que partiste a Londres mi vida es tan triste y aburrida, extraño verte de lejos el cómo arreglabas tu jardín, extraño los desayunos que compartimos juntos, extraño tanto las charlas que tuvimos; pero sobre todo, extraño tu compañía, anhelo que pase pronto el tiempo y pueda desligarme de este compromiso para poder estar junto a ti… mi amada esposa, iré a ti y cumpliré mi promesa…

Siempre tuyo… Terry."

-Terry… - dijo con un largo suspiro llevando la carta a su pecho, se recostó con una sonrisa mientras sentía que aquellas letras se adueñaban de su mente – de verdad… eres así de romántico? – miró a Clint – acaso es solo un sueño Clint? Siento que estoy en una de mis novelas favoritas - Clint se acercó más a ella y se acurrucó en su cuello – oh… no quiero que esto termine, no quiero despertar de este lindo sueño…

Y con ese deseo y miedo, Candy sucumbió al cansancio; al día siguiente debía reunirse con su suegro y de alguna manera tenía miedo de lo que le dijese, no de ella sino de su esposo, el duque era duro con sus hijos, según lo que sabía la gente, pues eso distaba bastante de la realidad y Candy lo sabría en aquella cena.

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Cómo están? Les dejo otro capítulo, disculpen la tardanza y cualquier error que encuentren en el capítulo no tuve mucho tiempo para revisarlo, ya quería publicarlo y no dejarlas con la espera.

Nuevamente agradezco sus comentarios, estos me animan bastante. Se cuidan mucho y tengan un buen fin de semana.

Hasta el siguiente capítulo!