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Candy miraba el jardín desde la ventana, aquel día le hacía compañía a su hermana, pues María estaba con su tía, le había acompañado a tomar el té con una de sus amigas, esperaba que llegara pronto para hacerle compañía a Annie, no le gustaba dejarla sola.
-Estás nerviosa? – la voz de Annie llamó su atención.
-Algo – se volteó para verla – nunca he estado en la casa del duque.
-No te preocupes - sonrió al verla tan nerviosa – fue claro para todos que él te apoya.
-Aun así, tengo miedo cometer algún error en la mesa o decir algo indebido.
-Vamos Candy! – dijo riendo verdaderamente – hablas como si nunca te hubieras sentado a comer en una mesa.
-Por los nervios puede que parezca eso. – rió contagiada por su hermana – ay Annie! – se acercó a la cama – cómo haces para no ponerte nerviosa cuando estás con los padres de Archie?
-La primera vez que cené con ellos, me dije a mí misma que todo estaría bien, aunque debo confesar que sí estuve muy nerviosa; pero la madre de Archie fue muy amable conmigo.
-Tuviste suerte, el duque tiene fama de ser muy estricto.
-Candy, papá ya te dijo que nada de lo que decían de él era cierto… bueno, con respecto a la trato con su familia.
-Ah… - dejó escapar un suspiro - eso no es garantía. – recordó la charla con su padre.
Flashback
-Cómo estás cariño? – saludó su padre al verla leyendo en la sala de estar.
-Hola papá - era raro escuchar a su padre decir palabras cariñoso, la rubia se enteró que él había empezado a hacerlo desde que Annie se pusiera delicada por su embarazo.
-Me enteré que el sábado tienes una cena con la familia de Terruce.
-Ah… sí... – bajó la cabeza – estoy algo nerviosa, no he compartido tiempo con el duque de Granchester.
-No tienes por qué estarlo, no es tan malo como parece o dicen. – sabía que su padre y el padre de Terry eran amigos, así como lo habían sido su madre y la duquesa – Richard sólo protege a su familia, te darás cuenta que es muy diferente de lo que dicen los chismes, o él mismo aparenta.
Candy sólo asintió, no creía que eso fuera verdad, pues Terry le había dicho que su padre era muy estricto y que siempre conseguía lo que quería utilizando el poder que su título le daba. Su padre era igual, usaba su título buscando respeto de los otros, a su parecer, toda la nobleza era así.
-Candy – lo atendió - me alegra tenerte nuevamente en casa, aunque las circunstancias no sean las que hubiera deseado; pero quiero saber, si Terruce está de acuerdo con que permanezcas tanto tiempo fuera de tu hogar.
-Papá… - qué le diría? Que fue ella quien tomó la decisión sin importarle la de Terry? No, su padre la regañaría y la pondría en el próximo tren rumbo a Escocia, además de avergonzarlo por aquel comportamiento – sí, él no se opone a que permanezca junto a Annie mientras ella me necesite.
-Bueno, creo que es muy noble de su parte permitirte cuidar de tu hermana.
-Eh… sí.
Le hubiera gustado decirle a su padre que ella no permitía que Terry mande en su vida; pero su padre tenía un pensamiento diferente, lo sabía por experiencia propia.
Fin de flashback
-Deberías ir a arreglarte, se te hará tarde.
-Aún hay tiempo. – se sentó en la silla que estaba cerca a la cama de su hermana – mejor dime, qué te dijo el médico?
-Me dijo que es bueno que esté más tranquila, eso ayuda a mi corazón, no debo exaltarme.
-Me alegra que estés más animada.
-Eso te lo debo a ti hermanita. – dijo sinceramente - ah! Se me olvidaba decirte que mañana vendrá Paty, qué te parece si tenemos un día de chismes.
-Estoy segura que Paty vendrá con buen material. Estoy dentro! – ambas jóvenes rieron, pues sabían que a Paty le gustaba enterarse de ciertas cosas de su círculo social; pero eso sí, nunca las divulgaba por ahí.
-Puedo pasar? – María asomó la cabeza por la puerta.
-Nana! – Candy se puso de pie - pasa, yo debo ir a prepararme para la cena en casa del duque de Granchester.
-Claro, no te preocupes, yo me quedaré con Annie.
-Recuerda Candy, todo saldrá bien, sólo relájate. – aconsejó su hermana.
Después de darle un beso de despedida a su hermana, la rubia dejó la habitación, aunque hubiera preferido quedarse, pues Annie se veía un poco triste; la mayor de las White le contó que estaba molesta con Archie por darle prioridad a los negocios de su familia que cuidar de ella y su hijo.
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Se paseaba de un lugar a otro por toda la oficina, en su mano tenía un vaso con el mejor brandy de Londres.
-Creí que ya te habías ido a casa.
-Stear. - se detuvo – entra, en realidad te estaba esperando.
-Qué sucede, te encuentras bien?
-No, no lo estoy. – dijo sentándose detrás de su escritorio. – es Annie, está molesta conmigo.
-Por qué? – se sentó en el sofá que estaba junto al librero – es por….?
-No. – lo interrumpió, pues sabía a quién iba a mencionar - me reclamó por no quedarme junto a ella hasta que nazca el bebé o… hasta que ella muera. – dijo con un dejo de molestia.
-Qué ella muera? – dijo sorprendido.
-Es por lo que dijo el doctor, su embarazo es delicado. – el mayor asintió con la cabeza – Annie quiere que me quede todo el día junto a ella, le molesta que venga a trabajar.
-Paty me dijo que Candy le hacía compañía, además de su tía y nana.
-Efectivamente – sonrió levemente – Candy le hace mucho bien, Annie ha mejorado bastante y gracias a eso es que puedo venir a trabajar; pero Annie no opina lo mismo. – achicó los ojos – cree que voy a visitar a Karen en lugar de venir aquí.
-Con respecto a ella, la has ido a visitar?
-No. – se levantó y se dirigió a la ventana seguido por la mirada de su hermano mayor – Karen me entiende, comprendió en la posición en la que me encuentro y prometió ser paciente.
-Archie – se acercó a él – esto no está bien, estás dividido en dos, tienes a tu esposa postrada en una cama con miedo de que en cualquier momento perderá a su bebé y...
-Y crees que yo no tengo miedo? – lo interrumpió molesto - quiero ser padre, siempre soñé con tener hijos que lleven mi apellido; pero no así! No acosta de su salud – se giró hacia su hermano – además también estoy molesto con ella, porque me engañó.
-A qué te refieres?
-La escuché contarle a María que este no era el primer bebé que esperaba.
-Cómo?
-Ella quedó en cinta pocos meses después de habernos casado. – dijo con rabia – lo perdió cuando fue Snowshill a visitar a Candy – miró fijamente a su hermano – lo entiendes? Ella me engañó, no me dijo nada para que no disolvamos el matrimonio.
-Supongo que tenía miedo a ser devuelta.
-Sí, eso es seguro. – se alejó – muchas veces le dije que quería que tuviéramos un hijo; esa era su oportunidad de ser honesta, de contarme lo que había pasado y lo que le dijo el médico sobre su salud.
-Qué habrías hecho si te lo hubiera contado?
-Eso no importa! – sabía exactamente lo que habría hecho – ahora me siento su verdugo, como si la hubiese sentenciado a ella y a mi hijo!
-Archie…
-Sí ella muere… y mi hijo… yo seré el único responsable, si lo hubiera sabido nunca la habría expuesto a todo esto.
-Hermano… - le tocó el hombro – todo saldrá bien, Paty me contó que Annie está más fuerte y el embarazo marcha bien.
-Es por eso que no voy a visitar a Karen, sé que eso la altera y no quiero que les pase nada – dejó salir un suspiro acongojado – Annie cree que la visito y ese es motivo de discusiones.
-Por qué no te tomas unos días libres a la semana, así Annie se sentirá más segura, sabrá que pones de tu parte para que ella y el bebé estén bien.
-Papá me dijo lo mismo. Ahora sólo vendré a trabajar tres días a la semana y solo por las mañanas.
-Me parece lo más acertado. – el menor de los Cornwell solo se encogió de hombros.
-Recibiste noticias de Terry?
-Sobre qué?
-Nada en particular, pero desde hace unas semanas atrás que no se comunica conmigo.
-Estás preocupado?
-No, cualquier cosa nos enteraríamos enseguida; es sólo que como Candy está aquí, creí que él se comunicaría con ella; pero hasta ahora no la ha llamado. - Archie no sabía sobre las cartas entre los esposos, en realidad, sólo Annie estaba enterada. – no quiero que Candy sufra por su culpa, ella es muy noble y buena, no merece que Terry la lastime.
Stear no dijo nada, sólo miró a su hermano menor, le parecía raro oírlo decir todo aquello, cuando él mismo tenía una protegida y se negaba a abandonarla; entonces, una idea cruzó por su mente, pero decidió no indagar en ello, pues no quería oír la respuesta.
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-Mi lady… - la rubia escuchó que tocaban su puerta – el chofer del Duque de Granchester vino por usted.
-Gracias Dorothy. – se miró una vez más al espejo y se dirigió a la salida.
-Oh, mi lady! – la miró emocionada – se ve usted hermosa.
-Gracias – sonrió – aunque creo que exageras.
-No, claro que no mi lady. – dijo rápidamente la empleada – usted es realmente hermosa.
-Bueno, bueno – se sonrojó – no me adules tanto que me da vergüenza.
Durante el trayecto a la mansión de los Granchester, Candy iba nerviosa, ya que había escuchado tantas cosas sobre su suegro, y no eran la de un hombre comprensivo y amable como le había dicho su padre; sino, las de un hombre duro y vengativo. Pensativa, miraba por la ventana las calles de Londres, implorando que todo vaya bien en esa cena.
-Mi lady - oyó la voz del chofer – ya llegamos. – le extendió la mano para ayudarla a bajar del coche.
Soltando un suspiro de manera nada elegante, la rubia avanzó hacia la puerta, donde fue recibida por un hombre mayor y vestido con un traje negro, supuso que era el mayordomo, por las maneras de dirigirse a ella y escoltarla hacia una sala elegante.
-Su excelencia vendrá en un momento mi lady. – hizo una reverencia antes de voltear y dejarla sola.
-Gracias. – dijo con un movimiento de cabeza. Cuando se quedó sola comenzó a observar la decoración. Centró su mirada en la chimenea, sobre esta había un cuadro con la imagen de una hermosa mujer de ojos azules, muy parecidos a los zafiros, sus labios mostraban una sonrisa muy sutil, presumiendo un lunar que hacía notar un hoyuelo. - Es hermosa – susurró.
-La mujer más hermosa que he conocido.
-Duque! – dijo girándose sorprendida.
-Cómo estás Candice? – la miró con una mueca que Candy creyó era una sonrisa. – disculpa que haya tardado.
-No se preocupe, no tiene que disculparse conmigo.
-Eres mi invitada, además de ser una dama, y a una dama no se la hace esperar.
Candy sonrió y bajó la mirada tímidamente. El padre de Terry estaba siendo muy amable con ella, entonces pensó que tal vez lo que le dijo su padre era cierto.
-Es la madre de Terruce y Anthony – sonrió melancólicamente, y era primera sonrisa que la rubia veía en su suegro – mi querida Eleonor.
-La amó mucho? – dijo sin pensar.
-Es la madre de mis hijos. – sólo dijo eso; pero su mirada decía más, mucho más. – Terry se parece a ella físicamente; pero Anthony sacó su carácter.
-Entonces ella no los dejó. – no quitaba la mirada del retrato – permanece viva en sus hijos.
-No se equivocó contigo.
-Cómo? – lo miró - la duquesa me conocía?
-Eleonor era muy amiga de Rose, se conocían desde el colegio. – miró a la rubia, esta vez con una sonrisa verdadera, no sólo una mueca. – ellas estarían felices por tu unión con Terruce.
-En serio?
-Estoy seguro, mi esposa y tu madre planeaban unir a sus hijos, ellas habrían hecho todo para que se enamoraran.
Enamorarse… esa palabra llamó su atención, su madre habría querido que ella y Terry se enamoraran; pero acaso no lo estaban ya? O por lo menos estaban en ese camino. Terry le había dicho que la quería y le enviaba cartas románticas, y ella, ella pensaba en él casi todo el tiempo, acaso no se estaban enamorando ya?
-Candy – vio a Anthony acercarse a ellos.
-Anthony, Cómo estás?
-Disculpa que no haya ido por ti. – besó el dorso de su mano.
-No te preocupes por eso, tu padre envió a su chofer por mí.
-Aun así, prometí ir por ti.
-Qué les parece si vamos al comedor – interrumpió Richard Granchester ofreciendo su brazo a Candy, la escoltó a la mesa seguidos por un ceñudo Anthony.
La cena no fue tan mala como ella se lo había imaginado, su padre tenía razón, el duque de Granchester no era nada a como lo describían.
Durante la cena Richard le habló sobre la amistad de su madre con su esposa, cosas que ella no sabía. Después de la cena pasaron a la sala de música, donde Anthony tocó el piano.
-Terruce también toca el piano, aunque eso ya debes saberlo, ya que practica cada día.
-Eh… sí – el duque la miró con una sonrisa que no supo descifrar, algo que la puso más nerviosa, pues no sabía casi nada de su esposo.
-Cuando era niño odiaba asistir a las clases de música, aunque tenía talento, eran otros sus intereses. – miró a su hijo mayor quien parecía concentrado. – era lo único que tenía en común con su madre, le encantaba el teatro.
Candy sonrió levemente, ahora entendía el comportamiento galante de Terry. Cuando leía sus cartas no podía evitar pensar que, tal vez su esposo recibía ayuda de algún poeta enamorado, pues ella solo conoció un carácter tosco y el bromista en él, nunca el romántico.
-Terry es muy apasionado en todo lo que hace, aunque no esté de acuerdo, se esmera en hacerlo bien. – la rubia olvidó que hablaba con el Duque.
-Terry? – preguntó el Duque, pues no creyó que existiese esa relación tan íntima entre su hijo y su nuera, no después de la última conversación entre él y su hijo.
-Sí, él… - abrió los ojos como si hubiera dicho algo malo – quiero decir Terruce – corrigió rápidamente.
-Me alegra que se lleven bien. – ella asintió - Cuando Terry se compromete con algo, lo lleva a cabo hasta el final.
-Terruce trabaja mucho para sacar adelante la textilera.
-Me lo imagino – la miró de manera afable – estoy feliz que haya avanzado. – no se refería a lo laboral y la rubia lo descifró en la mirada de su suegro.
-Gracias por su hospitalidad Duque… - se despedía.
-Nada de formalismos Candice, ahora eres parte de mi familia, puedes llamarme Richard.
-Y yo puedo llamarte así?
-Tú continuarás llamándome padre – Anthony sonreía de lado, le gustó el trato amable que su padre tuvo con Candy.
-Terry te llama Duque.
-Y así seguirá, ustedes me deben respeto.
-Sí, era muy diferente a lo que decían los chismes – pensó Candy mientras observaba a padre e hijo hablar – no son para nada personas arrogantes o los típicos aristócratas, que manipulan y dominan a los demás gracias a su apellido y título.
-Acompaña a Candice a su residencia. – ordenó a su hijo – y espero aceptes otra invitación cuando regrese de Francia.
-Será un honor.
-Cómo está Terry? – cuestionó el rubio mientras eran transportados en el coche – no he sabido de él últimamente.
-Está bien, se quedó en Escocia por un compromiso previo, debe entregar una carga de telas a América.
-Espero que por su trabajo no te haya dejado sola mucho tiempo. – la miró de reojo para ver su reacción.
-Me gusta que trabaje como lo hace – miraba atentamente su sortija de matrimonio – son muchas familias, las que dependen de la textilera – sonrió al recordar su visita a la fábrica – todos los trabajadores agradecen y admiran su compromiso con ellos.
-Lo amas, verdad? – su vista estaba fija al frente.
-Eh…? Yo… - su voz tembló, no se esperaba aquella pregunta.
-Disculpa Candy – se disculpó al sentirla nerviosa – estoy feliz que entre ustedes todo esté bien. Sé que Terry no es malo; pero a veces tiene un carácter que ni él mismo se aguanta, así que, creí que tal vez, no haya sido un caballero contigo.
-No te preocupes, Terry cuida de mí y siempre respetó mis decisiones.
El resto del camino lo hicieron en silencio, cada uno sumido en sus pensamientos. Anthony, recriminándose haberla incomodado con su pregunta; pero no pudo evitarlo, simplemente lo hizo sin darse cuenta, aunque no se arrepentía, pues fue claro la respuesta, ahora estaba conforme con su decisión. Mientras Candy, pensaba en todo lo vivido con Terry hasta ese momento, no habían iniciado bien; pero últimamente su relación había mejorado bastante.
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Cómo están? Disculpen por la demora al publicar esté capítulo, espero publicar el próximo capítulo el día sábado, ya lo tengo algo avanzado; así que intentaré terminarlo para este fin de semana, sino es antes.
Bueno, en este capítulo no aparece Terry; pero sí lo hará en el próximo, así que espero continúen con la historia.
Gracias por sus comentarios, como siempre los aprecio mucho.
Se cuidan mucho!
