✿*·..·°*°·..·°*°·..·°*°·..*✿

No era tan tarde cuando Candy llegó a casa después de la cena en casa del Duque de Granchester; pero aun así, no quería molestar a Dorothy, quien ya debía estar por acostarse.

-Bueno – dijo de manera cansada – creo que le preguntaré mañana. – caminaba hacia su recamara. – oh! Dorothy me asustaste. – se llevó la mano al pecho para controlar el susto que la castaña le produjo al verla en su habitación.

-Mi lady, disculpe, no quería asustarla. – se acercó a Candy para ayudarle a quitarse su abrigo. – la esperaba para…

-Llegó carta de Terry? – la interrumpió y aunque no quiso su voz sonó emocionada ante la idea.

-Lo siento mi Lady, hoy tampoco llegó carta de mi Lord.

-Oh – bajó la cabeza decepcionada.

-Le ayudaré a cambiarse. – se puso detrás de la rubia para ayudarle con el corsé; Candy se dejó ayudar en silencio, se veía desanimada. – tal vez la carta de mi Lord llegué mañana. – trató de animarla.

-Sí… es posible.

Dorothy dejó la habitación de Candy minutos después, vio a su patrona algo triste y fue claro para ella que se debía a que hacia un par de días que no llegaban cartas de su esposo. Candy se acurrucó bajo las sábanas, abrazada a Clint, quien parecía consolarla.

✿*·..·°*°·..·°*°·..·°*°·..*✿

-Cómo te sientes?

-Estoy mucho mejor, siento que mi bebé se hace más fuerte.

-Me alegra tanto oír eso. – Paty tomó la mano de su amiga – ya verás que todo saldrá bien.

-Eso es lo que pido cada día. – las amigas se sonrieron afablemente.

-Y tú qué tienes? – la castaña miró a Candy, quien estaba sentaba cerca de la ventana – ya estoy aquí hace más de quince minutos y tú ni me saludaste, estás bien Candy?

-Eh? – miró a la castaña.

-Candy estás bien? – se giró completamente hacia ella – siempre fuiste distraída; pero hoy te veo mucho más de lo común.

-Lo siento Paty. Sí, estoy bien. – sonrió para convencerla. – disculpa que no te saludara antes – se acercó para saludarla como se debía.

-Ayer, Candy cenó en casa del Duque de Granchester.

-En serio!? – dijo sorprendida y algo emocionada – ahora entiendo tu comportamiento; pobrecita, dicen que el padre de Terruce es poco amigable.

-No es así, anoche fue muy amable y hospitalario. – sonrió al recordar la gentileza con que la que la trataron la noche anterior.

-Me alegro que te todo haya ido bien. - dijo sinceramente – ahora cuenta, es cierto todo lo que dicen de él?

-Qué dicen de él?

-Bueno… - comenzó a susurrar – dicen que el Duque tiene una sala que siempre está cerrada con llave, ninguna persona, ni siquiera los del servicio, entra ahí.

-Una sala?

-Así es, existe dos versiones sobre lo que el Duque resguarda en esa sala.

-Dos? – preguntaron las hermanas al mismo tiempo.

-Sí, escuché a mi madre decir que ahí tiene cuadros y esculturas que valen una fortuna. – sonrió traviesamente – dicen que son escandalosas y que también pertenecen a la familia real, y que los Granchester los custodian para asegurarse que no caigan en manos equivocadas, tú viste algo?

-Bueno… no es que yo haya paseado libremente por la casa del Duque, pero… no, no vi ninguna sala que esté cerrada con llave. – Candy se preguntó si se referían a la sala donde tenía el cuadro de Eleonor, ahí había muchos cuadros de ella y el Duque, aunque no pudo ver con atención.

-Mmm… tal vez no la viste.

-Y cuál es la otra versión? – cuestionó Annie.

-Ah… pues – se llevó el índice a los labios – no creo ese, es absurdo.

-Por qué? – preguntó Annie nuevamente interesada.

-Dicen que en esa sala, el Duque de Granchester guarda pertenecías de algunos de los que él mismo ordenó desaparecer. – hizo una mueca – incluso escuché que guarda sus vestimentas como trofeo de quienes el mismo mató.

-Eso es una mentira! – dijo Candy ofendida.

-Ya lo sé. – dijo Paty como si nada – es por eso que dije que no creía en ese chisme, supongo que son habladurías de los enemigos del Duque.

-No puedo creer que haya gente tan maliciosa - seguía molesta – mira que inventar tal estupidez.

-Bueno es algo que se dice; pero nadie lo cree.

-Eso espero, no es justo que lo difamen de esa manera.

-Es cierto que el Duque de Granchester es un hombre serio; pero también es un hombre honorable y justo; eso siempre dice mi padre cuando escucha aquellos comentarios.

Candy no creía todo aquello que decían de su suegro, bueno, ella le tenía miedo por ser serio; pero jamás pensaría que fuera capaz de mandar a matar a alguien.

-Candy me dijo que le fue de maravilla en casa del Duque de Granchester. – dijo Annie para tranquilizar a su hermana, pues fue claro de su molestia.

-Así es, al inicio me sentía nerviosa por todo lo que decían del padre de Terry; pero el Duque no es como todos dicen, es muy amable e incluso fui testigo de lo bien que se lleva con su hijo Anthony.

-Me alegro por ti Candy, es lindo que la familia de tu esposo sea amable contigo y te trate bien.

-Así es, yo estoy feliz por mi hermanita – dijo Annie con sinceridad – la hubieras visto ayer, estaba muerta del miedo.

-Ya Annie! – dijo tapándose la cara – qué querías? Todos decían que era un hombre muy estricto e incluso cruel con sus comentarios.

-Papá trató de tranquilizarla; pero no lo logró. Candy es el tipo de: ver para creer.

-No me culpen por eso, las cosas debo comprobarlas por mí misma, para tener la completa certeza.

-En eso te apoyo; ahora Paty, cuéntanos sobre Lucile Hamilton. – dijo emocionada Annie – oí a una de las sirvientas decir que su padre la casará con el hijo de un comerciante americano, y esto, porque ella estuvo cerca de huir con un joven pintor. Es verdad? Supongo que tu madre se enteró de eso, ya que es muy amiga de Lady Hamilton.

-Sobre eso… - Patricia comenzó a contarle todo lo que sabía sobre aquel asunto; pero Candy apenas y la escuchaba, su mente viajó a cientos de kilómetros de ahí, específicamente a Edimburgo.

Patricia se había marchado hace más de una hora y la rubia no pudo pasar el día con su hermana y amiga; así como lo había planeado, pues no pudo evitar pensar en Terry, preguntándose qué estaría haciendo en ese preciso momento.

✿*·..·°*°·..·°*°·..·°*°·..*✿

Pasó dos días más y no tenía noticias de su esposo. Las cartas no habían llegado aún, estaba triste, pues se había acostumbrado a recibirlas.

Annie estaba en compañía de su esposo y a ella no le quedó más que ir al jardín a leer un poco; Clint corría por el alrededor, lo veía subir y bajar de los árboles muy contento.

-Extrañas Escocia Clint? – él sólo la miró – aunque el jardín de la casa es grande, no se acerca en nada a los terrenos de la villa de Escocia, verdad? – cerró los ojos – extraño el lago… nuestra casa y a…

-Mi Lady. – fue interrumpida.

-Dime Dorothy. – dijo esperanzada al verla.

-Llegó esto para usted, Mark acaba de llegar. – dijo sonriendo al ver la emoción en la rubia.

-Gracias. – agradeció con una sonrisa mientras su mirada se posaba en el sobre que Dorothy le extendía.

-Con permiso. – Candy solo asintió, tenía en sus manos la carta de Terry, esa que había estado esperando desde hace días.

-Oh Terry! – llevó el sobre a su pecho – por qué tardaste tanto en escribirme? – sin esperar más, la rubia rompió el sobre para leer su contenido.

"Querida Candy. – sonrió al leer lo primero – disculpa que no te haya escrito en los últimos días; pero he estado muy ocupado, me está yendo de maravilla en la fábrica. Bueno sólo quería saber si te quedarás más tiempo en Londres cuidando de tu hermana, espero que se encuentre bien, por favor mándame una respuesta con Mark.

Atentamente Terry."

Estaba desconcertada, no creía la falta de interés de su esposo en aquella carta, ni siquiera le había preguntado cómo estaba, había sido la carta más fría que jamás hubo leído. Sin darse cuenta, estrujó la misiva sin poder detener las lágrimas que escaparon de sus bellos ojos.

-Eres un tonto… - murmuró – acaso ya no tienes interés en… - no se atrevía a pronunciar la palabra conquistar, pues luego de esa carta se sentía como una tonta al haberse ilusionado tanto – habrá regresado… ella? – se preguntó sintiendo un pesar en su corazón.

-Me podría decir a quien se refiere con "ella", mi Lady?

Candy se giró rápidamente al oír aquella voz, no supo cómo reaccionar, hace unos instantes se sintió devastada al leer su carta; pero ahora, al ver a Terry frente a ella…

-Terry… - susurró su nombre – eres un tonto! – le gritó arrojándole la carta arrugada, y sin poder evitarlo se puso a llorar.

-Candy… - el castaño se acercó rápidamente a ella – estás bien? - estaba preocupado, si bien imaginó que su esposa le reclamaría por su broma, nunca imaginó que lloraría – cariño… disculpa que…

-Creí que ya no te interesaba – se abrazó a él.

-Eso no Candy… - la atrajo más a él, pues le gustó la iniciativa de su esposa.

-No me habías escrito hace días y… creí que ya no te interesaba hacerlo o saber de mí.

-Quería darte una sorpresa – tomó su rostro entre sus manos – pero no me salió bien. - limpió sus lágrimas.

-Sí, me sorprendiste. – se limpió las mejillas que aún estaban mojadas por sus lágrimas.

-Discúlpame por esa carta, sólo quería sorprenderte y decirte en persona que ya quería verte.

-Sabes que voy a vengarme, verdad? – murmuró apoyando la frente en el pecho de su esposo.

-Sí – dijo riendo de la actitud infantil y tierna de su esposa. – ahora dime si me perdonas.

-Está bien. – se alejó un poco de él – Terry… no tienes que entregar un cargamento a América en dos días?

-Pues… - la instó a sentarse nuevamente en el césped – ocupé todo mi tiempo libre para tenerlo listo y embarcarlo a América antes de tiempo. – ella lo miró sin entender.

-Es decir que…

-Partió a América esta madrugada. – dijo satisfecho – así qué, ahora estoy libre para pasar tiempo con mi esposa.

Candy no dijo nada, sólo lo miró con una radiante sonrisa. Internamente la rubia se preguntó si lo habría hecho solo por ella o había otro motivo; no le preguntó para no decepcionarse, quería creer que todo lo había hecho para estar con ella.

-Cuándo llegaste?

-Acabo de hacerlo. – lo miró – me moría por verte.

-En serio? – sonrió al escucharlo.

-No mentía en mis cartas, te extrañaba mucho.

-Yo… yo también te extrañé. – dijo tímidamente, Terry estaba más que feliz, escuchar de sus propios labios que ella lo extrañaba le alegró mucho.

-Candy... – ella lo miró con atención – sigues molesta conmigo por la frialdad de mis palabras en aquella carta?

-No, ya no. Pero sigo pensando que eres un tonto. – Terry soltó una fuerte carcajada. – supo que no lo olvidaría.

-Sí, lo soy. – aceptó y de manera espontánea se recostó sobre las piernas de Candy. – te molesta si descanso un poco? Estoy agotado - mentía – el viaje fue muy largo. – sólo quería aprovechar aquella oportunidad, Candy estaba aceptándolo y no perdería la oportunidad de acercarse más a ella.

-Cl-claro – aquel acto la sorprendió, era algo muy íntimo; sin poder evitarlo se sonrojó y agradeció que Terry cerrara los ojos, así no la vería en aquel estado.

-Es muy tranquilo aquí – murmuró, continuaba con los ojos cerrados – venías aquí a leer mis cartas?

-A veces - fue sincera - como llegaban de noche, las leía en mi habitación.

-Le di días libres a Mark. Creo que se lo merece – informó – no lo dejaba descansar mucho tiempo y ya le enviaba otra carta.

-Pobre – sonrió al recordar que las cartas llegaban muy seguido, su esposo confirmó lo que ella suponía. – tendrás que darle una buena gratificación.

-Ya lo hice - estaba relajado – no solo a él. A todo nuestro personal. – Candy sonrió al oír aquello, sentía aprecio por todos los empleados de la villa de Escocia.

-Imagino que les diste vacaciones. – automáticamente llevó sus manos a la cabeza castaña y comenzó a acariciarla.

El corazón de Terry dio brincos de alegría, su sueño se estaba haciendo realidad, era su cabello el que su esposa acariciaba, y no el pelo de Clint como aquella vez en el lago, cuando secretamente deseó ocupar su lugar.

-Así es… - aquellas caricias lo estaban relajando – vino conmigo… supongo que quiere disfrutar de Londres – la rubia sonrió al saber el verdadero motivo, iba a contarle a Terry hasta que lo vio sucumbir lentamente ante el sueño. Candy lo miraba dormir, pensando que era un hombre muy atractivo.

-Sí… - murmuró – estoy enamorada de Terry. – aceptó abiertamente, respondiendo a aquella pregunta que Anthony le hubo hecho y no había respondido.

Habían pasado un par de horas antes de que Terry despertara. Cuando el castaño abrió los ojos, se vio desubicado, creyó que estaba en uno de sus sueños. Ahí estaban ambos; su esposa leía una de sus novelas sentada bajo la sombra de un árbol; y él, recostado sobre sus piernas, despertando de una agradable y reparadora siesta.

El ambiente era tranquilo y agradable, se acostumbraría a eso rápidamente, miraba a su esposa concentrada en su lectura; Orgullo y prejuicio, era el título de aquella novela, ahora entendía la conducta de su esposa, seguía los consejos de Jane Austin.

-Despertaste. – la oyó decir y se vio obligado a levantarse.

-Cuanto tiempo me dormí?

-Como dos horas, sabías que roncas? – dijo riendo.

-Claro que no! – dijo a la defensiva – duermo como un ángel, tranquilo y hermoso.

Candy rió con ganas, aunque internamente concordó con él. A su parecer, Terry no tenía defectos físicos; sólo algunos con su carácter, era muy temperamental y rencoroso; pero no era malo, también le mostró un lado agradable, uno que la enamoró.

-Está empezando a refrescar, es mejor que entremos.

-Terry? – la ayudó a ponerse de pie.

-Dime.

-Dónde… dónde te quedarás? – el castaño la miró con una sonrisa de lado.

-Pues contigo. – dijo como si nada.

-Qué? Pero…

-Cuando llegué me encontré con tu padre, que iba de salida, él supuso que me quedaría contigo y le ordenó a Dorothy que llevara mi maleta a tu habitación.

-Mi papá…?

-Candy, nadie sabe sobre nuestra situación – que vivían en casas diferentes – para tu padre y los otros debe ser normal pensar que compartimos lecho. – la rubia se sonrojó – además, ya lo hicimos, recuerdas? – cuando amanecieron juntos en casa de la rubia.

-Pero… eso fue diferente.

-No te preocupes, no voy a propasarme contigo – una desilusión se apoderó de él - y para que te sientas más tranquila, dormiré en el piso.

Candy asintió con la cabeza, era verdad que nadie sabía sobre su vida de casada, y no iba revelarla ahora. Además Terry tenía razón, no sería la primera vez que compartieran habitación y él le demostró ser un caballero.

Así Terry tomando sus manos y entrelazando sus dedos, caminaron hacia la casa de los White. Candy se sentía tranquila y contenta de tener a Terry cerca. Él, por su parte, se sentía ilusionado, su esposa le había demostrado que ya no lo odiaba y que sentía algo fuerte por él; aunque no lo haya dicho en palabras, sus actos y miradas lo confirmaron.

..·°*°·..✿..·°*°·..

Con un día de retraso; pero aquí está un nuevo capítulo. Qué les pareció el reencuentro entre Terry y Candy?

Se cuidan mucho y espero que hayan disfrutado de la lectura.