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Estaba nerviosa, no era la primera vez que tenía a Terry en la misma habitación; pero si la primera, después de haber aceptado sus sentimientos y saber que Terry también la quería de la misma manera.
Cuando entraron a la casa fueron recibidos por su cuñado, quien le informó que Annie la estaba buscando y poco después se vio sentada en la mesa, acompañada por su padre y esposo, cenando y platicando de cosas triviales; ahora estaban solos y no sabía cómo actuar.
-Tienen una buena cocinera. – Terry rompió el silencio que se produjo en la habitación – la cena estuvo deliciosa.
-Eh…? sí.
-Qué pasa Candy, estás bien? – estaba sacando algo de su maleta. – en la cena estabas algo distraída.
-Estoy bien – desvió su mirada – es sólo que… no sé qué. – dijo de manera cansina.
-Si te incómoda mi presencia, puedo inventar una excusa e ir a la casa de mi padre. – internamente esperaba que Candy se negara a eso.
-No! - Terry sonrió ante su reacción – es decir… no es necesario, papá sospecharía.
-Candy… - tomó su mano y la instó a sentarse en el sofá cerca de la ventana - lo que menos quiero es que te sientas incómoda con mi presencia.
-No lo estoy – el joven levantó la ceja derecha – bueno… tal vez un poco; pero no es por ti, es por la situación.
-La situación?
-Recién aceptamos lo que sentimos el uno por el otro y… ya debemos compartir… - miró hacia la cama.
-Cariño – acarició su mano – ya te dije que dormiré en el piso.
-No quiero que duermas en el piso. – recordó cuando lo encontró enfermo – no quiero que estés incómodo, no me sentiría bien.
-Qué te parece si ambos dormimos en la cama – inevitablemente, la rubia se sonrojo ante la idea – prometo no hacer nada; es más, si gustas, pondremos una almohada como división.
-No te molesta?
-Molestarme, claro que no. – su voz era amable – pero sí me desilusiona un poco – fue sincero – lucharé para conquistarte completamente.
-No tienes que luchar para eso. – sonrió tímidamente – ya lo conseguiste; pero dame un poco de tiempo, sí?
-Ok, seré paciente.
-Será mi venganza por tu broma. – dijo para cambiar el ambiente algo incómodo que se produjo entre ellos.
-Me parece justo. – dejó salir una risita ante la ocurrencia de su esposa.
Se prepararon para dormir; Candy salió del cuarto de baño con una bata de seda y encaje, no era revelador; pero para Terry fue la prenda más sexy que había visto jamás, su esposa era realmente bella. Como lo había acordado, el castaño puso en medio de ambos una de las almohadas y aunque hubiera querido quitarla y abrazar a su esposa, prefirió mantener su palabra. Así, cada uno durmió de su lado de la cama; pero ambos pensaban que sería lindo hacerlo del mismo.
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Mientras que en la habitación de Candy y Terry, el ambiente era cómodo, en la habitación de Annie y Archie, el ambiente era completamente diferente.
-Estuviste con ella?
-Annie…
-Dime la verdad – estaba molesta – la sigues viendo. – lo acusó con amargura.
-Ya te dije que no – estaba cansado de lo mismo – no la veo desde hace semanas.
-Mientes.
-Sabes algo… puedes creer lo que quieras, al fin y al cabo no vas a creer nada de lo que te diga.
-Es porque siempre mientes.
-Nunca te mentí. – Archie hacía todo lo posible para no gritar, le hablaba con una voz tranquila y serena; pero a la vez cansada y levemente molesta.
-Ya no quiero que la veas. – un sollozo escapó de sus labios - por favor… hazlo por tu hijo.
-No te preocupes, no la buscaré – se acercó a ella – cuidaré de ti y de mi hijo.
Annie solo asintió mientras se secaba las lágrimas, levemente sonrió al oír a su esposo, él estaba intentando apoyarla y ella aprovecharía eso para acercarse a él.
Esa misma tarde una de las empleadas que la atendía, le informó que el esposo de su hermana había llegado; se alegró por Candy, pues eso significaba que las cosas iban bien entre ella y su esposo; pero un pequeño piquete de celos la atacó cuando, minutos antes de la cena habló con ella, y ésta le contara la broma de Terry para darle una sorpresa; aunque no quiso; le dolió recordar su situación marital, mientras ella y su esposo apenas se comunicaban, incluso estando en la misma habitación; su hermana y su cuñado ya habían avanzado bastante y todo por el interés de Terry para conquistarla.
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Ese día amaneció con una leve lluvia y al ser apenas las cinco de la mañana se sentía algo de frío. Terry sintió un movimiento en la cama, cuando estaba a punto de abrir los ojos para ver si Candy se estaba levantando, unas manos alrededor de su cuerpo lo sorprendieron.
Candy sintió frío y de manera automática buscó calor, al encontrarlo detrás de una barrera simplemente decidió derribarla y alcanzar la calidez junto a ella.
El castaño sonrió al sentir el cuerpo pequeño y cálido de su esposa cerca del suyo y arriesgándose un poco, se giró para corresponder a aquel ansiado abrazo.
-Terry… - murmuró su nombre cuando éste la abrazaba – te desperté.
-Valió la pena – la juntó más a su cuerpo, la rubia dejó escapar un suspiro mientras acomodaba su cabeza en el pecho de su esposo.
Candy dormía plácidamente mientras el día se aclaraba, a pesar de la lluvia y la leve neblina; por otro lado, Terry disfrutaba de la cercanía y el roce de sus cuerpos que no durmió desde que su esposa lo despertara. No deseaba levantarse, quería quedarse así todo el día; pero un toque en la puerta y después oír la voz de Dorothy informándoles que Lord William los esperaba para desayunar, le indicó que sus planes no serían posibles.
- Candy.
-Mmm? – la rubia se arreglaba el cabello en el tocador.
-Hoy tengo que ir a ver a mi padre, me acompañarías?
-Claro! – dijo feliz – tu padre se pondrá feliz de verte.
-Seguramente. – se acercó a ella y tomándola desprevenida besó su frente. – bajamos? – sonrojada sólo asintió tomando la mano que él le ofrecía.
Después del desayuno acompañados del padre de Candy y Archie, la pareja estaba rumbo a la casa del Duque de Granchester; los jóvenes esposos hablaban sobre los planes que tenían durante su estadía en Londres.
-Marqués, Marquesa – fueron recibidos por el mayordomo, quien les hizo una reverencia mientras los saludaba – sean bienvenidos.
-Buenos días. – Candy saludó con una sonrisa.
-Se encuentra el Duque?
-En este momento se encuentra en su despacho acompañado de Lord Willis.
-Cuando se desocupe infórmame en seguida.
-Así lo haré mi Lord.
El hombre hizo una reverencia antes de girarse y retirarse. Cuando estuvieron solos, Terry tomó la mano de su esposa y la llevó por el pasillo pasando por la sala que el mismo Duque le había mostrado.
-A dónde vamos?
-Ya lo verás. – la miró de reojo – es una sorpresa.
-Estás muy misterioso.
-Ya llegamos. – estaban frente a una gran puerta de roble – cierra los ojos. – sonriendo la rubia obedeció mientras él la instaba a caminar dentro de aquella habitación. – ok, ya puedes abrirlos.
-Oh! – se llevó las manos a la boca para evitar que un sollozo escapara de ella – cómo…?
-Ayer, mientras me contabas sobre tu visita y que conociste a mi madre a través de un cuadro, lo recordé, una vez mamá me dijo que tenía una buena amiga; pero como estábamos en Escocia no podía visitarla. Creí que querrías verlo.
-Claro que sí… - su voz se apagó a causa del sentimiento que aquella fotografía había causado en ella. – es… es mi mamá…
- Te pareces mucho a ella – tiernamente quitó de sus mejillas las lágrimas que Candy derramaba - eres completamente idéntica a tu madre.
-Papá suele decirme eso; que yo me parezco a mamá y que Annie se parece a él.
-Si quieres, podemos llevárnosla a nuestra casa.
-En serio!? – dijo emocionada – tu padre no se molestará si nos la llevamos?
-No lo hará, no te preocupes.
-Pero…
-Papá sólo guarda las fotos y cuadros donde está mi madre sola o con alguno de nosotros. Esta era la sala preferida de mi madre, aquí pasaba mucho tiempo; todo lo que hay en está habitación eran sus tesoros – miró hacia un sofá que estaba cerca de la ventana que daba al jardín - aquí solía leerme o contarme historias – Candy vio que esa sala era muy diferente a las otras, era femenina y había un librero en una esquina.
-La extrañas mucho, cierto?
-Yo era más unido a ella – miró la fotografía donde su madre y la de Candy estaban sentadas en una banca frente a unos rosales, vestían un uniforme de colegio. – me costó aceptar que ya no volvería.
-Fue igual para mí – también miraba la fotografía – Annie, y después Elisa, me ayudaron a sobrellevarlo; aunque…
-Es imposible olvidarlas, verdad? – la miró – nunca te acostumbras a perder a alguien que amas mucho.
-Imposible… - dijo bajito.
Se quedaron ahí, parados mientras se miraban sin decir nada; en ese preciso momento algo los unió mucho más, se comprendieron mutuamente, ambos habían perdido a sus madres casi al mismo tiempo.
-Me dijeron que estabas en casa… - Anthony entraba a la sala – Candy! – se acercó a ella – no sabía que tú también habías venido, el Duque se pondrá feliz de verte nuevamente.
-Cómo estás Anthony? – sonrió mientras su cuñado besaba su mano.
-Supongo que estoy mejor que tú, ya que estás acompañada de este ogro – miró a su hermano – por qué tienes el ceño fruncido hermanito? Envejecerás rápido.
-Eso no me preocupa. – su voz sonó muy seria, no le había gustado la manera amigable de su hermano al saludar a su esposa – creí que estarías en la oficina.
-Ya iba para allá; pero al ver que Candy está de visita, prefiero quedarme en casa.
-Oh, no es necesario! – se apresuró la rubia – no tienes que hacer eso, eres el jefe y no debes faltar.
-Así es Tony, eres el jefe y es tu responsabilidad estar presente en la empresa. – Terry sonreía de lado.
-Gracias por tu preocupación Candy – tomó nuevamente su mano causando que la sonrisa de Terry se borrara de inmediato – no hay mucho trabajo para hoy; pero iré por la tarde.
-Tal vez ahora si te necesiten. – Terry tomó la mano de su esposa alejándola de su hermano.
-Si lo hacen me llamaran. – Anthony no perdía la sonrisa – por qué mejor no esperamos al Duque en la terraza.
Anthony no les dio tiempo de rechazar su oferta, inmediatamente los instó a seguirlo hacia el lugar indicado; Terry no soltaba la mano de Candy, y ese acto le aclaró las sospechas que tenía de su hermano menor.
-Y dime Terry, Cuándo llegaste?
-Ayer por la tarde. – le respondió desinteresadamente sin apartar su mirada del jardín, Candy lo notó molesto.
-Terry envió el cargamento antes de tiempo. – dijo orgullosa inconscientemente posó su mano sobre la de Terry. – es muy comprometido con su trabajo.
-Siempre fue muy responsable, aunque se quejaba y trataba de hacer lo contrario, sacaba las mejores notas de todo el colegio. – el rubio notó como su hermano enredaba con su dedo el meñique de su esposa.
-Tenía que serlo, papá me amenazaba con quitarme la mensualidad.
-Sabes que no hubiera cumplido. – miró hacia Candy – mi padre solía amenazarnos con quitarnos la mensualidad para que lo obedezcamos o cumplamos con nuestros compromisos; pero aunque fallemos nunca lo cumplió. – aunque Candy sonreía; pero internamente se preguntó, si el Duque había obligado de esa manera a Terry para casarse con ella.
- Qué cosa nunca lo cumplió? – apareció el Duque – Candy, que alegría verte, hija. – Terry miraba asombrado a su padre, si bien sabía que su padre estaba del lado de Candy, nunca se imaginó que la apreciara de esa manera.
-Duque… Richard – corrigió ante la expresión del Duque – disculpe que hayamos venido sin anunciarnos.
-No te preocupes por eso, ya te dije que puedes visitarnos cuando gustes. – besó su mano – Terruce, qué gusto verte.
-Buenos días Duque.
-James me dijo que estabas esperándome.
-Así es; me gustaría hablar con usted en privado.
-De acuerdo; pero será después del almuerzo. – tomó asiento frente a sus hijos y nuera – ahora dime, cuánto tiempo se quedarán en Londres?
-No tenemos una fecha estipulada.
-Espero que durante tu estadía en la ciudad, ayudes a tu hermano con el trabajo de la empresa.
-Creo que Terry sería de buena ayuda en la empresa; pero le quitaríamos tiempo con Candy.
-No se preocupen por mí –dijo Candy apenada – entiendo que Terry debe colaborar con la empresa de su familia.
-Ayudaré en lo que pueda – quería mostrarle a Candy que era responsable – pero no será todo el día.
-Me parece perfecto. – el Duque sonrió orgulloso, su hijo había cambiado, el Terry de antes se habría negado de inmediato y hubiera salido molesto de la casa.
Candy estaba feliz, le agradaba que Terry compartiera con su familia; aunque, en realidad fueron Anthony y Candy los que más hablaban, el Duque participaba de vez en cuando; pero Terry se quedó callado, sólo contestaba cuando le preguntaban, afirmaba o negaba con la cabeza o simplemente hacía gestos en respuesta.
Poco después del almuerzo, Terry y el Duque se retiraron al despacho, mientras Candy y Anthony se quedaron en la sala conversando.
-Y bien? – entraban al despacho - de qué querías hablar conmigo? – dijo su padre poniéndose detrás de su escritorio – quieres regresar a Londres?
-Todo lo contrario. – el Duque no se esperó aquello, supuso que su hijo menor le pediría volver a Londres, donde estaban todo sus amigos y "amigas". – quiero pedirle algo…
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La pareja estaba en un carruaje de regreso a la mansión de los White; iban en silencio, ambos miraban por la ventana, hasta que Terry rompió el silencio.
-Si lo hizo… - Candy lo miró sin entender – me amenazó con quitarme toda mi herencia para que accediera a casarme contigo, te preguntaste eso cuando Anthony lo mencionó, cierto?
-Yo… - bajó la mirada a sus manos.
-Al inicio estaba furioso con él, con tu padre y… contigo.
-Te entiendo.
-Pero me alegro que lo haya hecho – ahora lo miró a él – gracias a él mi vida se unió a la de una hermosa y gran mujer.
-Oh Terry… yo no soy…
- Ya no imagino mi vida lejos de ti Candy - la miró intensamente – Te amo.
-Terry… – lo abrazó emocionada; sin embargo las palabras "yo también te amo" no salieron de sus labios y no supo por qué.
El castaño se acercó a la rubia y la besó, ella correspondió a aquel beso de la misma manera, tan intensamente como él lo hacía; no le dijo que lo amaba con palabras; pero sí con actos e incluso con sus miradas y sonrisas. Terry se dijo que la esperaría, que sería paciente hasta que ella se lo dijera.
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Disculpen la demora, estuve muy ocupada; pero finalmente pude terminar y publicar el capítulo. Espero que no abandonen la historia que ya se acerca a su final.
Gracias por sus comentarios y su apoyo, me animan bastante. Cuando estoy poco inspirada suelo leerlos nuevamente para recordarme que escribo para entretenerlas y ayudarlas a distraerse, así como muchas historias lo hicieron conmigo… se cuidan mucho!
