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Algunas semanas pasaron y la relación entre Candy y Terry iba de maravilla; por las mañanas Terry ayudaba a Anthony en la empresa y las tardes se las dedicaba a su esposa. Salían a caminar al parque, iban a cenar a los restaurantes más modernos o simplemente se quedaban en casa conversando.
-Annie, debes tranquilizarte.
-Estoy cansada Candy… yo estoy aquí – dejó que el llanto saliera – cuidando que mi bebé esté bien y él está con su mujerzuela.
-Annie – trataba de tranquilizarla – no es así, Archie está trabajando, Terry me contó que ya no ve a esa mujer.
-Miente! – apartó la mano de su hermana – lo está encubriendo!
-Terry no lo está encubriendo, incluso a veces Archie llega antes que él.
-Y quien te asegura que tu esposo no está viendo a sus antiguas novias. – Candy la miró sin creer lo que escuchaba – eh Candy!? Crees que él realmente cambió? Ambos deben estar encubriéndose.
-Ya basta Annie – dijo dolida – sé que Terry no es perfecto… es más – se acercó a la puerta – nadie lo es; pero estoy segura que me dice la verdad, yo confío y creo en él.
-Pues haces mal hermanita – dijo con amargura – recuerda que su padre lo obligó a casarse contigo; al final de cuentas, es hombre y los hombres traicionan.
-Te quiero mucho Annie; pero últimamente te la pasas haciendo insinuaciones sobre mi esposo; él no te hizo nada para que trates de desprestigiar su conducta.
-Candy… - se dio cuenta de su error – lo siento… yo…
-Será mejor que vuelva después – abrió la puerta.
-Candy… - la rubia dejó la habitación de su hermana sin mirar atrás, estaba realmente enfadada.
-María – buscó a su nana – por favor quédate con Annie.
-Estás bien Candy? – la vio muy seria y con el ceño algo fruncido.
-Sí, es que tengo que hacer algo y no quiero que se quede sola.
Rápidamente la rubia abandonó la sala donde se encontraba María y salió al jardín. Caminó apresuradamente seguida por su mascota hasta llegar a su árbol favorito.
-Espera Clint! – lo miró subir apresurado al árbol – eres un desconsiderado – llegó hasta la rama donde el mapache la esperaba – sabes que no soy tan ágil como tú.
La rubia se sentó en la rama mientras apoyaba su espalda en el tronco grueso de su árbol favorito, Clint se acomodó en su falda esperando los mimos de su dueña.
-Clint…? – el animalito la miró – crees que Terry sería capaz de volver con sus… con esas mujeres? – sólo recibió un ruidito como respuesta – sé que me ama, me lo ha dicho y demostrado; pero… lo que dijo Annie… y si llega a pasar?
La duda que sembró Annie en ella se hizo latente, el miedo de perder a Terry se incrustó en su ser; fue inevitable que las lágrimas salieran, se quedó en el árbol, viendo cómo la mañana se iba.
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-Me siento mal por lo que le dije – Annie estaba con María a quien le contó todo lo sucedido con su hermana.
-Por qué le dijiste todo eso?
-No lo sé… - dijo llorando – amo a mi hermana y lo último que quiero es lastimarla.
-Entonces discúlpate con ella. – acarició su espalda para tranquilizarla – cálmate Annie, no le hace bien al bebé ni a ti que estés en ese estado.
-Necesito hablar con Candy.
-Lo harás después, primero tranquilízate y que ella también lo haga.
-Debe estar molesta conmigo.
-Tal vez lo está en este momento; pero ya la conoces, entenderá que estás estresada y te perdonará en seguida.
-No lo creo – dijo bajando la cabeza – ella vino aquí para cuidarme y hacerme compañía y yo… yo lo único que hago es descargar mi amargura con ella.
-Annie.
-Me da envidia – aceptó finalmente – ella es feliz, y me gusta eso; pero me da envidia que su esposo se desviva por ella, cuando llega del trabajo la busca para pasar el tiempo en su compañía.
-Candy te contó eso?
-No… ella sabe que eso me lastimaría; no es secreto que Archie no me ama. – dijo lo último en un susurro – ella no me cuenta cómo le va con Terry; cuando pregunto a las sirvientas donde está Candy, siempre me dicen que está acompañada de su esposo.
-Pero eso no…
-Es la forma de cómo lo dicen. – la interrumpió – con ojos soñadores y cuando les pregunto por qué del gesto; se disculpan y dicen que ellas quisieran encontrar a un hombre tan atento y que esté así de enamorado cómo lo está él de Candy.
-Es normal que te sientas así; pero Candy no tiene la culpa.
-Lo sé – dijo con vergüenza – es por eso que quiero disculparme con ella.
-Lo harás después, ahora bebe ese té para tranquilizarte, no queremos que te pase nada y tampoco al bebé. – le pasó la taza con la infusión – luego duerme un poco, de acuerdo? – le decía de manera maternal.
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-Candy?
-Terry! – dijo feliz de verlo – ya llegaste, espera a que baje.
-O mejor subo yo. – dijo empezando a subir al árbol. – la rubia lo esperó y le dio espacio para que se acomode.
-Me alegra que ya estés aquí. – lo abrazó y escondió su cara en el pecho de Terry.
-Qué pasó? Estás bien? – intentó alejarla un poco para verla; pero ella no se lo permitió – Candy?
-Estoy bien… - dijo bajito – es sólo que te extrañé.
-Yo también te extrañé cariño. – besó su cabeza – ahora puedo verte? Extrañé ver esta carita repleta de pecas. – pasó su pulgar por éstas.
Candy lo miró con una hermosa sonrisa, estaba segura que Terry la amaba, ya no dudaría de su relación, ni tendría miedo de que la dejara. Eliminaría sus dudas para siempre.
-Quieres que salgamos a pasear al parque y luego te invite a cenar?
-No, quiero estar así contigo… solo nosotros dos – se sentó dándole la espalda y apoyándose a su pecho mientras él rodeaba su cintura y descansaba su cabeza en el cuello de ella. Terry creía que vivía un sueño, Candy estaba especialmente cariñosa esa tarde.
-Me encanta tu idea. – el castaño se quitó el saco y tapó a Candy con éste.
Ambos se quedaron ahí viendo como el sol se ocultaba, no dijeron mucho, sólo disfrutaban de la vista; cuando empezó a refrescar fue Terry quien la instó a volver a la casa.
Candy le había pedido cenar en su habitación y él gustoso aceptó, pues le encantaba tenerla para él solo.
-Nos invitaron a una fiesta. – informó el castaño.
-De quién?
-No recuerdo su nombre. – dijo sin interés – son unos amigos de mi padre, el Duque dijo que debemos asistir; pero si no quieres ir no lo haremos.
-Está bien. – dijo segura - me parece perfecto.
-En serio?
-Sí, he estado pensando que mientras permanezcamos en Londres, deberíamos asistir a las fiestas a las que nos invitan.
-Y ese cambio? – dijo inquisidor- hace unos días te negaste a asistir a la recepción que daban en casa de Lord Willis, incluso tu tía intentó convencerte.
-Pues ya cambié de opinión, me dieron ganas de asistir a esas fiestas. – no quería decirle cual era el verdadero motivo – pero si tú no quieres ir, está bien.
-No es que me muera por asistir a esas fiestas; pero si tú quieres, por mí no hay problema.
-Se preparaban para dormir cuando alguien tocó a su puerta, Candy miró a su esposo algo preocupada, tuvo miedo que a su hermana le haya pasado algo malo.
-Oh! Disculpe que los moleste Terruce – era María – podría hablar un momento con Candy?
-María? – Candy apareció detrás de Terry – le pasó algo a Annie? – dijo preocupada saliendo al pasillo.
-Candy, disculpa que los moleste; pero Annie ha estado deprimida desde esta mañana.
-Te contó lo que pasó, verdad?
-Está arrepentida – la rubia bajó la mirada – por favor ve a hablar con ella.
-De acuerdo. – entró un momento a su habitación para informarle a Terry donde estaría.
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Annie estaba recostada en su cama con la mirada perdida en un punto fijo en la pared, tenía el semblante triste.
-Annie, puedo pasar? – Candy asomó la cabeza por la puerta; María le había dicho que Archie estaba en el estudio con su padre y que su hermana estaba sola en la habitación.
-Candy! – la rubia entró a la habitación.
-Annie, lo que pasó hoy…
-Por favor discúlpame! – la interrumpió mientras estiraba la mano hacia ella para que se acercara. – todo lo que te dije hoy… - estaba llorando – lo siento mucho.
-No te preocupes por eso – tomó su mano – ya pasó.
-No Candy – la miró – descargué mi frustración en ti y no te lo merecías. – trató de calmarse – conoces mi situación con Archie mejor que nadie… y cuando supe lo atento y galante que Terry era contigo me dio envidia – bajó la mirada con vergüenza.
-Annie…
-No me malinterpretes – dijo rápidamente – me alegro por ti, quiero que seas feliz; pero yo también deseo algo parecido, odio que mi esposo busque a otra mujer, estoy cansada de fingir que acepto todo eso.
-Annie, por qué no hablas con Archie y le dices cómo te sientes?
-Él lo sabe. – dejó escapar un sollozo – se lo dije a los pocos meses de casarnos; Archie dijo que lamentaba no amarme como yo lo esperaba, que me apreciaba; pero que él ya estaba enamorado de otra mujer.
-Lo siento… - no supo que decir, lamentaba la situación de su hermana; ella misma sintió algo parecido cuando creyó que Terry estaba con Susana.
-Acepté mi situación – dijo nuevamente la mayor – en el colegio nos instruyen para atender la casa y a nuestros maridos, incluso una de las monjas nos habló sobre los derechos de los hombres.
-Los derechos de los hombres – dijo con molestia la rubia – me parece absurdo, y qué hay de nuestros derechos!
-Pues… ellos nos cuidan y nos dan un hogar. – la miró atentamente - Sin ellos estaríamos perdidas.
-Annie! – dijo sorprendida – realmente crees eso?
-Claro que no – dijo riendo – sólo jugaba contigo; sin embargo, la monja si lo creía, además… es cierto que nos cuidan; pero a qué costo? – murmuró lo último.
-Es injusto que te sientas así por él.
-No es tanto por él – ya estaba más tranquila – me frustra estar todo el día en una cama, quiero salir de compras, deseo asistir a reuniones de té con mis amigas, es eso lo que me molesta.
-Entonces hablemos con el doctor para ver si puedes salir al jardín y recibir más visitas.
-Me dijo que no tengo que hacer esfuerzos y debo estar relajada y tranquila.
-Eso lo entiendo, no creo que salir al jardín sea malo y afecte al bebé.
-Tienes razón, mañana mismo hablaré con él. – dijo animada – Candy… - la rubia la miró – me perdonas por lo de esta mañana?
-Claro que te perdono.
Antes de regresar a su habitación la rubia abrazó a su hermana para demostrarle que no estaba molesta, le prometió desayunar con ella al día siguiente.
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Cuando Candy entró a su habitación encontró a Terry con su libro en la mano, estaba tan sumido en la lectura que no se dio cuenta de su llegada.
-Es interesante, verdad?
-El señor Knightley está enamorada de Emma. – dijo sin apartar la mirada del libro – es tan obvio, cómo ella no se da cuenta?
-Pues… está más interesada en hacer de casamentera que no ve lo que sucede a su alrededor.
-A quién me recuerda? – dijo llevando el dedo a su mentón.
-Yo nunca estuve de casamentera – dijo subiendo a la cama – además… lo nuestro fue diferente.
-Y me disculpo por eso. – acarició su mejilla – lamento haberte ignorado y tratado tan mal cuando llegamos a Escocia.
-Ya es parte del pasado. – cerró los ojos para disfrutar de la caricia que su esposo le hacía – no quiero que eso afecte nuestro futuro.
-Yo tampoco. – llevó su mano a la nuca de la rubia y la atrajo hacia él para besar dulcemente sus labios.
-Es el momento para decírselo – pensó la rubia – te a…
-Cómo está Annie? – habló tan bajito que no la escuchó y por eso la interrumpió – Archie me dijo que estaba bien, aunque un poco deprimida.
-Eh… - quiso llorar por perder la oportunidad de decirle lo que tanto deseaba – sí, ya no soporta estar en cama todo el día, mañana hablaremos con el médico para saber si puede salir al jardín por algunas horas y recibir más visitas.
-No creo que se niegue si eso la tranquiliza, a veces es más deprimente estar encerrado y en cama todo el tiempo.
-Alguna vez estuviste en cama por mucho tiempo?
-Sí, cuando cumplí 9 años – ella lo miró esperando que continuara – estaba aprendiendo a montar, no tenía mucha práctica y me caí del caballo; por suerte no fue más que una pierna y la muñeca fracturadas, y no una parálisis total. – añadió como si nada.
-En serio? – dijo asustada.
-Se creó un gran alboroto y después muchas especulaciones.
-Especulaciones?
-Mi madre dijo que descansaría mejor en Escocia; mi padre llevó a nuestro médico de cabecera con nosotros.
-Sólo querían cuidarte.
-Sí – recordó como su madre lo había cuidado – pero no me dejaban hacer nada, me tenían en la cama todo el tiempo. – la rubia sonrió al imaginarlo reclamar y hacer berrinches por eso. – puedes creer que no me dejaron subir a un caballo en todo ese año?
-Yo hubiera hecho lo mismo – imaginó la situación – tendría miedo que vuelva a pasar y sea peor.
-No podemos vivir con miedo todo el tiempo.
-Sí; pero te imaginas si algo peor hubiera pasado? Puedo imaginar el temor que debieron sentir tus padres a perderte.
-No voy a negar que pienso igual que tú – se puso en la posición de sus padres – sin embargo, cuando eres tú el que tiene prohibido hacer casi todo, no lo ves así. Estar postrado en cama todo el día es más deprimente.
-Creo que no nos pusimos en el lugar de Annie.
-Sólo quieren cuidarla, a ella y al bebé. – acarició nuevamente su mejilla, le gustaba hacer eso - pero tener un poco de libertad será bueno para ella.
-Supongo que tienes razón.
-Siempre la tengo. – sonrió de medio lado.
-Presumido. – ella también acarició su mejilla – pero todavía no me dices cuales fueron las especulaciones.
-Ah… jah – bajó la cabeza con una sonrisa al recordar todo lo que habían dicho – bueno… la que más molestó a mi padre fue la que decían que: yo había muerto y que por eso mi madre había perdido la razón, dijeron que mi padre la había enviado y enclaustrado en la villa de Escocia.
-Qué crueles!
-Sí que lo fueron. – recordó el castigo que su padre hubo dado a la persona que había esparcido aquella estupidez – otros dijeron que había quedado paralítico y que por eso ya no salía más.
-Eso debió afectarte mucho.
-En realidad no – lo miró con duda – no lo supe hasta años después, cuando alguien me contó sobre eso y Anthony lo confirmó.
-Te protegieron. – sonrió al decirlo – sabes? Me agrada mucho tu padre y estoy segura que me habría agradado también tu madre.
-Ella te hubiera amado en seguida.
-En serio?
-Estoy seguro de ello, aunque tienes un carácter rebelde.
-No tengo un carácter rebelde.
-Cariño… nunca vi a nadie enfrentarse a un hombre así como tú lo hiciste.
-Bueno… eso es porque… bueno…
-Pero aun así, eres muy dulce – besó su mejilla – tu madre no se equivocó al ponerte ese nombre – besó su otra mejilla – en realidad eres muy dulce – se apoderó de sus labios y aunque hubiera querido continuar por ese rumbo, Candy lo alejó.
-Terry… yo te…
-Lo siento – la volvió a interrumpir – que te parece si dormimos, mañana debo levantarme temprano. – habló tan rápido que no la dejo decir nada más.
Terry acomodó a la rubia para poder abrazarla por la espalda, así como lo habían estado haciendo las últimas semanas. Candy quería decirle que lo amaba; pero al ser interrumpida en dos ocasiones, lo tomó como una señal; creyó que tal vez no era el momento adecuado, así que decidió esperar hasta sentirse más segura. Por su parte, Terry creyó que Candy se había sentido incómoda y no quería oír de sus labios un rechazo; es por eso que sugirió dormir de una vez. Ambos estaban sumidos en sus pensamientos hasta que poco después se quedaron dormidos.
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Tengan una buena semana!
Se cuidan mucho y gracias por sus comentarios.
