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Candy estaba en su habitación leyendo una de sus novelas favoritas; Annie estaba acompañada de sus amigas, las cuales no le agradaban mucho, pues eran las típicas esposas de hombres acomodados y ricos que solo piensan en vestidos y bolsos. La rubia deseaba tanto salir al jardín; pero una leve llovizna caía ese día.
-Qué día! – miró a Clint quien estaba recostado en un almohadón cerca de ella – hoy teníamos planeado salir a pasear al parque; pero con esta lluvia Terry no querrá salir.
-Mi Lady – Dorothy estaba parada en la puerta. - Tiene visita.
-Quién es?
-Es Lord Andley. – informó la empleada – la espera en la sala.
-Albert? – dijo pensativa – en seguida voy. – con un asentimiento Dorothy se retiró. – vamos Clint, Albert está de visita, estoy segura que querrá verte.
Cuando Candy entró en la sala para ver a su amigo, lo encontró de pie frente a la ventana observando absorto al jardín, por un instante se quedó mirándolo.
-Albert? – decidió hacerse notar.
-Candy – dijo con una sonrisa, le gustó verla tan bien – disculpa mi repentina visita.
-No digas eso, me agrada verte. – el rubio se acercó para besar el dorso de su delicada mano.
-Bueno, no quería perder más tiempo, pues estaba seguro que querrías recibir esto de inmediato – le mostró un sobre.
-Es de Elisa!? – dijo feliz tomando la misiva.
-Así es, llegó ayer y decidí venir a entregártelo personalmente. – Dijo entregándole la carta de su prima. – te gustará saber que se encuentra bien.
-Estoy tan feliz… estaba preocupada por ella. – lo miró – ya sabes, por la forma en que se fue.
-No te preocupes, mi tía nunca haría nada para perjudicar a Elisa, la quiere mucho, y aunque no estuvo de acuerdo con su acto, estaba tan preocupada por ella que envió un telegrama a su abogado pidiéndole que la cuidara.
-Me alegro. – quería abrir la carta, pero le parecía descortés hacerlo en ese momento – y cómo está la tía Elroy?
-Se encuentra bien, es más, está en Londres ahora.
-En serio?
-Llegó hoy conmigo, debes saber que le gusta la temporada de presentaciones.
-Es verdad. – dejó salir una risita.
-Y cómo estás? – la miró con una sonrisa amable – cómo se ha portado este pequeño?
-Estoy bien, me gusta estar cerca de mi familia y Clint se ha portado muy bien.
-Creo que se olvidó de mí. – dijo al ver que el animalito escapaba de su toque cuando él intentó agarrarlo.
-No creo que sea eso, Clint ha estado algo tímido, solo se acerca a Terry o a mí, no deja que nadie más que nosotros lo acaricie y mime. – escuchar aquel nombre de una manera tan natural le indicó al rubio que entre Candy y su esposo todo iba bien.
-Debe ser porque los quiere mucho y es celoso de ustedes.
-En serio crees eso?
-Así es, hay mascotas que sólo quieren que sus dueños los mimen, no aceptan a otras personas, aunque éstas sean de la misma familia y los vean seguido.
-No sabía eso. – tomó a Clint en sus manos para acomodarlo en su regazo - en verdad eres celoso de nosotros Clint? - dijo acariciándolo.
Albert la miraba atentamente, a su parecer Candy era la mujer más hermosa y tierna que jamás había conocido. Lamentó haber llegado tarde a su vida, hubiera querido tanto haberla conocido antes; ahora ya era tarde, claramente Terry había avanzado en su relación con ella y seguramente eran felices.
Pasaron una agradable hora conversando. La rubia había olvidado aquello que Elisa le dijera antes de marcharse, Albert le transmitía tranquilidad y paz, era muy amable; sin embargo, cuando llegó la hora de marcharse, el rubio la miró tan intensamente que se sonrojó, luego, cuando besó el dorso de su mano, tardándose más de lo debido, las palabras de su amiga llegaron a su mente.
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La lluvia no había cedido, así que una vez que Albert se retirara, Candy, regresó a su habitación para leer la carta de Elisa.
-Ay, Elisa… - dijo negando con la cabeza – te sorprendería saber que estoy enamorada de Terry – dijo sonriendo.
En la carta Elisa le contaba lo bien que le estaba yendo en América y que se había encontrado con Tom en su viaje de regreso y que últimamente estaban pasando mucho tiempo juntos, le gustaba su compañía. Al final de la carta le recordaba que ella le ayudaría con todo lo que necesitase para partir a América, que solo le dijera la fecha para que ella y Tom la esperaran.
-Creo que le escribiré una carta cuanto antes, tengo que sacarla de su error y quitarle la idea negativa que tiene de Terry.
Se sentó en la mesita que estaba cerca de la ventana, tomó una hoja y comenzó a escribir la misiva. Clint estaba recostado en su almohadón ignorándola, tal como ella lo estaba haciendo, pues su concentración estaba en la búsqueda de las palabras correctas para informarle a su amiga sobre su relación con su esposo y lo feliz que éste le hacía.
-Hola cariño. – solo fue consiente de la llegada de su esposo cuando éste besaba su cabeza.
-Terry! Llegaste. – dijo sorprendida, pero feliz.
-Qué hacías que te mantenía tan distraída?
-Recibí una carta de Elisa – dijo feliz – ahora le escribo una respuesta.
-Ah – dijo sin interés – y cómo está esa amiga tuya?
-Está bien, dice que le gusta más América que Europa.
-Entonces se quedará allá un buen tiempo? – cuestionó con una sonrisa.
-No te agrada, verdad?
-Sinceramente – la miró – no tanto, y eso – ella estaba a punto de responderle – porque me dejó muy claro que yo no le agradaba tampoco.
-Ella te dijo algo para que creas eso?
-Fue su actitud; pero está bien, en ese entonces me lo merecía.
-Terry… - se acercó a él.
-Fui un canalla contigo y ella debió darse cuenta de eso. – la atrajo más a él rodeando su cintura – creo que es una buena amiga.
-Lo es – dijo sonriendo mientras apoyaba su cabeza en el pecho de su esposo, se quedaron así unos minutos.
-Sabe que estás aquí?
-Ah! – se alejó y lo ayudó a quitarse el saco – Albert trajo la carta. – como estaba de espaldas, no vio el gesto de desagrado de su esposo – fue muy amable de su parte.
-Lo fue. – su voz sonó seca, intentó no decir nada en contra del rubio, pues no quería arruinar los avances que tuvo con su esposa, sabía que ella lo defendería si él lo insultaba y eso provocaría una fuerte discusión.
-Estará molesto? no lo creo, yo no me molestaría si recibe a una amiga o conocida – pensó - Sabes? – dijo mientras entraba al cuarto de baño para preparar el baño de Terry – Clint no quiso acercarse a Albert.
-Buen chico! – acarició al animalito, quien gustoso le mostró la pancita para que continuara.
-Albert dice que a veces las mascotas son celosas de sus dueños.
-Ah sí?
-Sí, dice que sólo se acercan a sus dueños y no permiten que nadie más que ellos, ni siquiera familiares, los acaricien o mimen.
-Y eso te molesta? – entró al cuarto de baño.
-No. – fue firme en su respuesta, se dio la vuelta para verlo – en realidad me gustó saber que Clint sólo nos quiere a nosotros.
-Es sólo nuestro y de nadie más? – la volvió a abrazarla sin apartar su mirada de la de ella.
-Nuestro… Clint – parecía hipnotizada por el castaño – sólo nuestro… - Terry ya no aguantó más y la besó, ella le correspondió con la misma urgencia; el castaño acarició sus hombros, luego pasó a su espalda, buscando el cierre de aquel vestido, sí, estaba dispuesto a convertir a Candy en su mujer en ese mismo instante, pues ella parecía querer lo mismo. Sin separar sus labios de los de la rubia, la guió hacia la habitación, donde, al chocar con la cama cayeron sobre ésta. Candy estaba embriagada por aquel beso y cuando Terry bajó a su cuello para besarlo fervientemente y sus manos recorrieron sus esbeltas piernas mientras sus labios se dirigían detrás de su oreja, dejó salir un sonido que su garganta nunca había producido. Lo estaban disfrutando, estaban entrando al campo de la pasión; lastimosamente unos toques en la puerta los interrumpieron.
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-Me mandó llamar tía?
-Sí Candy, quería anunciarte que mañana iremos de compras.
-De compras?
-Claro querida, necesitas un vestido para la fiesta a la que están invitados, y no vengas con qué ya tienes muchos. – dijo al ver que iba negarse a acompañarla – eres la hija de William White y esposa de un Granchester.
-Tía…
-Sin peros Candy, debes estar acorde a la ocasión, es tu primera aparición en sociedad después de casarte con el hijo del Duque de Granchester. - Después de aceptar con desgano los argumentos de su tía, la rubia se dirigía nuevamente a su habitación.
-Terry ya debió haberse bañado – pensó, de repente se sonrojó al recordar lo que estuvieron a punto de hacer, incluso ella sintió una urgencia porque sucediera – ay… - se llevó las manos a las sonrojadas mejillas – en qué cosas piensas Candice – se regañó.
-Terry…? – vio que la habitación estaba vacía, entonces se dirigió al cuarto de baño y asomó la cabeza – Terry…? - dijo bajito, lo vio aún en la tina, con los brazos apoyados a los lados de ésta, con la cabeza hacia atrás y los ojos cerrados. Su rostro se tiñó de un rojo más intenso cuando vio el pecho musculoso de su esposo, estaba a punto de retroceder cuando él giró su cabeza hacia ella y con una sonrisa le habló.
-Estás de fisgona?
-Qué? No! Yo… yo iba a…
-Puedes hacerme un favor? – ella sólo asintió – podrías pasarme una toalla? La dejé sobre la cama.
-Claro! – rápidamente regresó a la habitación y buscó lo pedido; Terry sonrió al verla huir con tal urgencia, se dio cuenta de algo que le gustó y mucho, su esposa lo había examinado con la mirada. – aquí tienes. – le extendía la toalla sin mirarlo.
-Gracias. – con sutil delicadeza acarició los dedos femeninos y sintió un temblorcito en ella.
-Eh… iré a ver a Annie – huyó nuevamente, pero en esta ocasión casi se golpea con el muro, el castaño estaba satisfecho con su reacción, lo deseaba, fue claro para él y aprovecharía eso.
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-Estás hermosa. – la elogió cuando vio a su esposa bajar por las escaleras con un vestido largo de tul escalonado en color verde y hombros descubiertos; su cabello rizado cubría su espalda, sostenido solamente con unas horquillas de esmeraldas que tenían el diseño de hojas.
-Gracias. – dijo tímida – entonces valió la pena toda la odisea que pasé ayer para encontrar este vestido.
-Ciertamente lo valió. – tomó su mano y besó su dorso.
-Ya se van? – William apareció frente a ellos. – cariño estás hermosa.
-Gracias papá. – se acercó para dejar un beso en la mejilla de su padre como despedida – nos veremos el lunes.
Richard Granchester les había invitado a Candy y Terry para quedarse ese fin de semana en Granchester House a las afueras de Londres.
-Disfruta de tu estadía en Granchester House, es una propiedad muy hermosa, estoy seguro que va a encantarte.
-En serio? – miró a su padre y luego a su esposo.
-Así es, tiene un gran bosque. – Candy sonrió al imaginar el lugar – al Duque también le gusta salir a cabalgar muy temprano, así que dice que tener uno cerca es práctico.
-Ya quiero verlo. – dijo emocionada – me mostrarás toda la propiedad, verdad?
-Sí lo haré; pero ahora será mejor que nos vayamos, no quiero llegar muy tarde.
Después de despedirse nuevamente de su padre, la pareja dejó la propiedad, durante el trayecto Candy le pidió a Terry que le contara más sobre la casa de su padre, a la rubia le gustaba mucho la naturaleza y saber que en la casa de Richard había magníficos jardines y un bosque la entusiasmaba bastante, además Terry le contó que en esa mansión él pasó mucho tiempo junto a su madre.
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Candy no se arrepentía de haber asistido a la fiesta, y mucho menos lo hacía Terry. Después de la cena pasaron al salón de baile; el castaño sacó a bailar a su esposa, le gustaba tomar su pequeña cintura elevarla y hacerla girar, los pasos de aquel vals eran fascinantes para él, pues le gustaba ver aquella sonrisa en los labios de su esposa.
-Estoy agotada.
-Acaso es un reclamo para su esposo?
-Por supuesto que no, es un buen bailarín – sonrió de manera coqueta – hasta ahora no me ha pisado.
-Ni lo hará. – se acercó peligrosamente a su rostro – no sería capaz de tal atrocidad.
-Lord Granchester – fueron interrumpidos por una mujer regordeta. – Lady Granchester.
-Lady Lewis. – besó el dorso de su mano – déjeme presentarle a mi esposa, Candice Granchester. Candice, ella es la Condesa de Lewis.
-Condesa, mucho gusto.
-Es muy preciosa. – sonrió al ver el leve sonrojo de la rubia al agradecerle el cumplido. - permítame secuestrar a su esposa Lord Granchester – rodeó el brazo de la rubia alejándola de Terry – Lady Granchester, hay un grupo de mujeres que quiere conocerla. – Terry no pudo oponerse a que se llevaran a Candy, la vio alejarse mientras ella giraba levemente la cabeza para verlo.
-Será un placer conocerlas. - Entre el grupo de mujeres estaba una en particular, una rubia lacia de ojos marrones que no le quitó la vista a la rubia.
-Es usted muy afortunada Lady Granchester.
-Afortunada?
-Atrapaste al hombre más codiciado de todo Londres, bueno… supongo que tu padre lo hizo.
-Kate! No seas impertinente – la reprendió una de las mujeres mayores, las más jóvenes sonrieron con disimulo.
-Supongo, Lady Williams – la miró fijamente - que usted deseaba ser la afortunada – todas miraron sorprendidas a Candy – lastimosamente a su padre no le alcanzó para su dote, o me equivoco?
Kate Williams estaba roja por la vergüenza, miró a sus amigas, quienes se reían casi descaradamente de ella. Candy no apartó su mirada de la rubia, a quien le molestó ver una altivez en el porte de, según ella, su rival.
-Lady Granchester, que le parece si vamos al balcón, desde ahí podremos apreciar el hermoso jardín de Lord Bennett. – Lady Lewis trató de calmar la situación, pues claramente ambas jóvenes estaban molestas y se desafiaban con la mirada.
-Disculpe mi comportamiento Lady Lewis. – dijo apenada.
-Kate suele ser muy impertinente. – Candy quiso corregirla y decirle que era una descarada – entre nosotras dos – se acercó para susurra en su oído – le dolió saber que Terruce se había casado, dicen que no salió de su cama durante un mes entero.
A su parecer, Lady Lewis estaba muy bien informada de ciertos asuntos de la sociedad londinense; la rubia quiso saber si Kate Williams había tenido algo con Terry; pero decidió no preguntar, pues temía la respuesta. Era claro que Kate era hermosa, era más alta que ella y tenía unos ojos marrones muy lindos.
Paso algunos minutos y ambas mujeres regresaron al salón, Lady Lewis fue requerida por un grupo de mujeres, y aunque a ella también invitaron a unirse, declinó la invitación alegando ir l tocador.
Con la mirada buscó a su esposo. No estaba en el salón, caminó alrededor tratando de no llamar la atención de los presentes, cuando vio un balcón que daba al jardín decidió salir por ahí, pensó en tomar un poco de aire antes de seguir con su búsqueda.
El jardín era realmente hermoso, caminó por un sendero de piedras que la guiaba a una gran fuente, quiso verla de cerca, pues de lejos se veía hermosa; en su camino disfrutó del aroma de una variedad de flores, se distrajo tratando de identificarlas.
-Por favor… - oyó la voz suplicante de una mujer, pensó que debía estar en peligro, así que se apresuró para ayudarla. – sólo una vez más… ellos te obligaron. – sólo escuchaba claramente la voz de la mujer, pues distinguió la voz de un hombre; pero habló tan bajó que no lo escuchó muy bien.
-Ya basta Kate! – estaba más cerca y reconoció la voz de su esposo. – deja de insistir…
-Terry… yo te amo – Kate y Terry juntos, la mente de la rubia era un remolino, pudo ver como su esposo la rechazaba, tenía el ceño fruncido; pero la mujer tomó su rostro y lo atrajo hacia ella para besarlo.
-Mujerzuela! – no pudo evitar aquel insulto, la miraba con furia, y cuando Terry alejó rápidamente a Kate para girarse, esa mirada fue dirigida a él.
-Candy! – salió tras ella.
-Deja que se marche – Kate lo detuvo del brazo – ella…
-Ella es la mujer que amo, entiéndelo de una vez por todas – había fuego en sus ojos – escúchame bien Kate, tú fuiste algo pasajero y te lo dije desde el inicio; Candy, es para siempre, me oyes? – se soltó con fuerza – no te atrevas a acercarte a ella nunca más.
No escuchó lo que la rubia le contestó, pues apresuró sus pasos para alcanzar a su esposa, quien debía estar por salir del jardín. Estaba por llegar al balcón que daba al salón por el que salió la rubia; pero algo llamó su atención, los zapatos de su esposa.
-Candy… - dijo acercándose cuidadosamente con los zapatos en la mano, ella estaba apoyada en el tronco de un árbol, escondida en la oscuridad.
-No te acerques Terruce. – no lo miró, su voz era dura y eso lastimó al castaño.
-Candy escúchame, por favor. – su voz sonó suplicante, no le hizo caso y se acercó más a ella – yo no… - una fuerte cachetada lo calló.
-Te dije que no te acercaras. – seguía furiosa – estoy molesta contigo.
-Yo no hice nada.
-Dejaste que esa ramera te besara!
-Cariño, yo no la besé, e…
Estaba aturdido, Candy lo había tomado por las solapas de su saco y lo atrajo hacia ella. Instintivamente rodeó su cintura para acercarla más a él, la rubia rodeó su cuello y despeinaba su cabello en la parte de la nuca. Realmente estaba confundido; hace unos instantes le había dado una fuerte cachetada y ahora lo estaba besando. No era tan tonto para separarse y preguntar qué estaba pasando, primero degustaría de aquel beso, después aclararía las cosas.
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Bueno, bueno, bueno… jaja, qué les pareció?
Candy está más osada, espero que les haya gustado este capítulo, sé que no les gusta el comportamiento mojigato de Candy; pero deben comprender que en aquella época la tacharían de atrevida e inmoral si mostrara una actitud moderna y liberal.
El siguiente capítulo se viene con todo!
Se cuidan mucho, saluditos y bendiciones.
