No todo lo que brilla es oro
Por Nochedeinvierno13
Disclaimer: Todo el universo de Canción de Hielo y Fuego es propiedad de George R. R. Martin.
Esta historia participa del Reto Multifandom #68: "Las estaciones del año" del foro "Hogwarts a través de los años".
Estación elegida: Primavera.
2
Lucerys Velaryon
Desde Desembarco del Rey
Lucerys Velaryon, nombrado Señor de las Mareas y Amo de Marcaderiva después de que el Serpiente Marina —el barco que había llevado a su abuelo, Lord Corlys, hasta los confines del mundo conocido— naufragara en el Mar del Ocaso durante una implacable tormenta, le indicó a su montura que descendiera sobre la playa.
Arrax obedeció. Plegó las alas y cayó en picado sobre la arena. Luke se deslizó por su costado y aterrizó muy cerca de la orilla.
En esa parte de la isla, al este de Villaespecia, la arena era fina y blanca, virgen de los hierbajos que crecían en los médanos que conducían a los acantilados. Lucerys le acarició las escamas blancuzcas y sintió el calor atravesando los guantes de piel de topo. «Los dragones son el fuego hecho carne», pensó.
Se tumbó donde la arena era más húmeda, dejando que las olas del Gaznate le lamieran los dedos de los pies, mientras observaba el cielo prístino de Marcaderiva. Una bandada de gaviotas emprendió vuelo cuando el dragón se agitó.
«Caza», le ordenó a su dragón en Valyrio.
Arrax emprendió vuelo una vez más y lanzó una llamara dorada. Las aves perecieron en una lluvia de plumas y fuego.
La carne aviar no era más que un aperitivo para un dragón como Arrax, que crecía exponencialmente cada año, pero le ayudaba a mantenerse despierto, activo.
Hacía cinco años que estaban en Marcaderiva y, si bien Arrax se había acostumbrado a rostizar el ganado que llegaba en barco desde el Garfio de Massey, su existencia era limitada. «Los dragones necesitan de otros dragones para sobrevivir, y nosotros también», eran las palabras de su madre, tan vivas en su memoria que escocían.
Por eso cuando el abuelo Corlys lo llevó a Marcaderiva para enseñarle a ser su sucesor, Luke envío un cuervo al Valle con una disculpa tardía. Dos lunas después, Rhaena Targaryen arribó a la isla, más hermosa que nunca y con una cría de dragón al hombro.
En el pasado, Rhaena Targaryen había sido su prometida. Hasta que Luke decidió disolver el compromiso por una promesa vacía. Ella nunca lo entendió, pero respetó su decisión con tanta dignidad como le fue posible y se marchó al Valle a ser pupila de Lady Jeyne, con el corazón hecho añicos y un huevo de la plétora de Montedragón. «Sabía que tu amor no residía en mí, pero nunca esperé una humillación de este calibre», le dijo.
Esa misma noche, su madre y Daemon discutieron hasta que hicieron temblar los cimientos de Rocadragón. Ella tampoco lo entendía y le hizo saber las consecuencias. «Nuestra alianza con los Velaryon pende de un hilo. Un doble compromiso fue la condición de lady Rhaenys para apoyar tu reclamo sobre Marcaderiva. ¿Cómo le diré que has despreciado a su nieta?»
«Yo también soy su nieto», quiso responder Luke, pero sabía que era una mentira. Poco importaba que Laenor Velaryon los hubiera proclamado como sus hijos frente a los ojos de los hombres, la sombra de la bastardía los perseguiría hasta el final de sus días. Un matrimonio con una Velaryon auténtica aseguraría que su estirpe no tuviera que enfrentarse a ese tipo de habladurías.
Siete años —dos antes de que su madre muriera y la guerra estallara, y cinco desde que Jacaerys había ascendido al Trono de Hierro— habían bastado para que el corazón de Rhaena se reblandeciera y pudiera entregarle su amistad. En ella encontraba esa alma cómplice que él necesitaba. Con cada luna que pasaba, maldecía haber actuado con tanta impulsividad.
«Si lo hubieras hablado conmigo, yo habría entendido. Pero no puedo volver a ser tu prometida, Luke. Lo entiendes, ¿verdad?»
Y por supuesto que Lucerys lo entendía. Él no se habría dado una segunda oportunidad, ni siquiera como confidente.
Decidió que era hora de ponerle fin a esos pensamientos tan pesimistas. Se incorporó, se sacudió la arena de la ropa y se encaminó hacia Marea Alta, el castillo que su abuelo mandó construir cuando el antiguo castillo de Marcaderiva no fue dignó del esplendor de la casa Velaryon.
Erigido en el punto más elevado de la isla, había sido construido con la misma piedra clara que Nido de Águilas —según le dijo Rhaena, pues Luke nunca había visitado el Valle— y revestido con planchas de plata que reflejaban la luz del amanecer.
Al llegar a la doble puerta de madera que era custodiada por guardias armados, se encontró con su prima.
Rhaena había dejado en el Valle los opulentos vestidos con los que Lady Jeyne gustaba vestir a sus invitados y había adoptado las ropas ligeras que se estilaban en la isla. Su pelo trenzado estaba recogido en una coleta alta que se bamboleaba al compás de sus pasos. Y, como no podía ser de otra manera, llevaba a su dragona consigo.
Lo que le perturbó a Luke fue la expresión de su rostro.
—¿Qué sucede?
Rhaena bajó la mirada.
—Ha llegado una carta de Desembarco del Rey.
Él no entendió su perturbación, teniendo en cuenta que recibían noticias asiduamente desde la capital. La diferencia radicaba en el lacre roto. Se trataba de un dragón tricéfalo, negro como la tinta que rasgaba el pergamino. Aquel era el símbolo personal de su hermano, el rey Jacaerys Targaryen.
—Pensé que era una carta de la Mano —se excusó Rhaena—. Tendría que haber visto el color del lacre. Joffrey usa uno azul. No era mi intención…
Luke se apresuró a leer.
—Jace ha sido envenenado —dijo como si su prima no lo supiera ya—. Y se solicita mi presencia en Desembarco del Rey.
«¿Cómo fue posible? —se preguntó—. Tiene siete caballeros juramentados para cuidarlo en todo momento. ¿Dónde estaba Joffrey cuando eso sucedió?»
—Iré contigo.
—Eso no es posible, Rhaena. Un Velaryon debe permanecer en Marcaderiva —sentenció. Nadie mejor que su prima para gobernar la isla en su ausencia—. Partiré de inmediato.
«¿Por qué me quiere a mí?» se preguntó mientras buscaba a Arrax con la mirada.
En el fondo, ya sabía la respuesta.
