Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.

*Éste fic está ligeramente inspirado en la novela "Break My Heart 1000 Times", de Daniel Walters. Recomiendo la película.

Notas de la autora: ¡Muchas gracias a Hibari, RocioFri e Inochan por sus reviews! Espero que les guste el capítulo.

Salvo la excepción de esta semana, voy a actualizar todos los viernes.

¡Disfruten la lectura!

•°•°•°•°•


•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•

Capítulo Dos

•°•

Sasuke Uchiha

•°•

•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•

Sasuke puede verlos, estoy segura de eso, lo vi en su expresión cuando se cayó de su bicicleta intentando no arrollar a la anciana, en sus mirada sorprendido, en sus gestos temblorosos. Él es como yo, él ve lo que yo veo.

Desde que desperté en el hospital he estado esperando por conocer a alguien más como yo, alguien que pudiera explicarme lo que pasa conmigo y cómo sobrellevarlo, aunque hace meses me había rendido, y ahora pasa esto. De repente encuentro a alguien, pero es la persona que menos hubiera pensado, y a la que menos le agrado. Bueno, a Sasuke en realidad nadie parece agradarle; tal vez por eso estoy tan nerviosa, aunque, siendo honestos, no es muy fácil decirle a alguien que sabes que puede ver fantasmas, porque tú los ves también, mucho menos si ese alguien es una persona con la que nunca intercambiaste más de tres palabras juntas. Sin embargo, me pregunto por qué Sasuke los ve también. Sé que su familia está muerta, ¿será que él los vio morir? Eso tiene sentido, pero no puedo preguntárselo; tal vez no quiera hablar de ello. Yo no quise hablar de Sai después de su muerte, y aún hoy me cuesta hacerlo, hablar de él cuando estaba con vida, pero me cuesta mucho más hablar de su muerte.

Pero decido no pensarlo demasiado, así que al día siguiente me despido de Sakura a la hora de la salida y espero junto al portón a que Sasuke salga con su bicicleta; sé que desde pequeños él siempre espera hasta que casi todos se vayan para salir, porque no le gustan las multitudes, aunque eso no es un secreto para nadie.

—¡Sasuke! —lo veo acercarse y rápidamente grito su nombre, agitando una mano en el aire, y por un segundo me siento como la vieja Ino, sintiendo cosquillas en el vientre cuando él levanta la mirada y posa sus ojos en mí, observándome sin ocultar su sorpresa, pero no se acerca.

—¿Qué quieres? —su pregunta es directa y carente de cualquier tipo de cortesía innecesaria, nada a lo que no esté acostumbrada viniendo de él después de conocerlo desde los tres años.

—¿Puedo hablar contigo? —es lo primero que me sale. Él levanta una ceja y me mira por un momento más antes de volver a poner sus dos manos en el manubrio de su bicicleta para continuar con su camino.

—No me interesa —dice, pasando junto a mí para salir del patio de la escuela. Entonces lo sigo.

—¡Espera! —grito, él se detiene otra vez y levanta la cabeza, hastiado, pero no dejo que eso me intimide —Necesito hablar contigo. Por favor. Necesito que me escuches y...

Sasuke se da la vuelta brevemente, molesto.

—Escucha tú: lo que sea, no me interesa —dice, dándome la espalda otra vez y montándose a su bicicleta. Pone su pie en el pedal y se pone los audífonos, marchándose de allí mientras me quedo observándolo.

Primer intento: fallo pobremente, así que suspiro y me voy a casa. Ya no tengo más que hacer aquí.

Recuerdo que Sasuke fue el único que no fue a verme ni me habló ni una sola vez desde el accidente. Hemos sido compañeros desde preescolar, y siempre formamos parte del mismo grupo de amigos, pero a pesar de que pasé casi toda mi vida suspirando por él, Sasuke apenas si notaba mi existencia. Ahora que ya no me interesa puedo aceptar el hecho de que aún cuando éramos niños él parecía odiarme; aunque no puedo culparlo. Desde que lo conozco hemos sido como dos extremos, muy distintos, yo siempre alegre y ruidosa, él callado y serio. Tal vez por eso me cuesta tanto decidirme a volver a hablarle. ¿Y si lo imaginé todo? ¿Qué tal si cree que estoy loca? ¿Cómo saber si lo que vi es real? Quiero hablar con Sasuke, pero al mismo tiempo tengo miedo de todo lo que puede desencadenar contar lo que me está pasando, sobre todo porque se negó tajantemente a hablar conmigo en mi primer intento, aún sin saber lo que quería decirle. ¿Qué clase de persona hace eso?

Por eso decido que para hacer que me escuche necesito pruebas, hechos que demuestren que él también ve a esas personas, ¿y cómo haré para lograrlo? Pues bueno, lo más lógico que se me ocurre es seguirlo hasta que él mismo me dé la respuesta.

...

La mañana siguiente llego a la escuela con la firme determinación de descubrir si, efectivamente, lo que me pasa a mí también le ocurre a Sasuke Uchiha. Aunque sé que lo que planeo es una locura, no tengo el valor de volver a enfrentarlo cara a cara, así que me hago a la idea de convertirme en una espía, igual que cuando era niña y seguía a Shikamaru y Chōji cuando no querían llevarme a jugar con ellos.

Sasuke llega al instituto en su bicicleta deportiva de color azul, igual que todos los días; le pone la cadena en el patio y después entra en la escuela, ignorando a todo el mundo como hace desde que recuerdo, pasando a través de un espíritu que desaparece al contacto. A simple vista no parece haber nada extraño con él; solo es otro alumno más que camina por el corredor. Él está en una clase diferente a la mía, como Shikamaru y Chōji, así que no lo veo hasta la hora del almuerzo, cuando pasa frente a mi salón mientras estoy hablando con Sakura. Ella lo saluda con emoción, igual que todos los días, y como todos los días él la ignora, desapareciendo casi al instante.

—Ahora regreso —le digo a Sakura. Ella parpadea y no sé qué dice porque me levanto y salgo a corredor, buscando a Sasuke con la mirada, y lo encuentro mirando por la ventana como ayer. Yo también me acerco al ventanal, dejando un par de metros entre ambos, y entonces la chica del tejado cae como todos los días, pero él ni se inmuta. Yo lo observo fijamente en busca de cualquier tipo de reacción, pero Sasuke no se mueve de ahí hasta que el timbre suena, y después rodea todo el instituto para regresar a su salón.

Intento olvidarme de Sasuke y de mi tonta manía de probar que no estoy loca y de que él también ve cosas que en realidad no están allí.

Lo mismo pasa los siguientes dos días; seguir a Sasuke en la escuela es aburridísimo, porque lo único que hace es ir a clases y a sus clases de música y natación, y cuando intento seguirlo fuera del instituto siempre me gana y consigue perdérseme de vista; porque vive al otro lado de la ciudad, lejos de la zona residencial. No obstante, no hay nada extraño ni que me haga sospechar de que él también ve fantasmas, así que para el jueves estoy segura de que todo ha sido producto de mi imaginación, por lo que intento olvidarme de Sasuke y de mi tonta manía de probar que no estoy loca y de que él también ve cosas que en realidad no están allí. Sasuke no da el más mínimo indicio de verlos; incluso pasa a través de ellos como el resto de las personas; ¿será que estoy tan desesperada por encontrar a otro como yo que empecé a imaginar cosas? Supongo que existe la posibilidad. Hubiera sido agradable tener a otra persona con quien hablar de esto, aunque esa persona fuera Sasuke, pero termino de convencerme de que él es como todos. Tal vez su bicicleta se rompió, o se resbaló en la acera. Eso fue lo que él le dijo a Sakura; quizá estaba diciendo la verdad.

—Hey, Ino —me doy la vuelta y miro a Chōji, que se acerca a mí con una sonrisa —¿Qué haces aquí? Shikamaru y yo te estábamos buscando. No te hemos visto en toda la semana...

—Sí, yo... No he salido a almorzar estos días. Estoy a dieta —digo lo primero que me viene a la mente, tratando de sonar lo más posible como la vieja Ino. Chōji parpadea, mirándome fijamente.

—¿Estás bien?

—Por supuesto —le sonrío. Quiero a Chōji como a un hermano, pero gracias al cielo él no es tan listo como Shikamaru, así que es mucho más fácil engañarlo.

—¡Genial! Nos tenías preocupados —suspira, sonriendo con más soltura —En fin, ¿quieres venir a la azotea? Shikamaru nos espera allí. Su mamá envió bolas de arroz.

Viéndome sin salida, miro brevemente a Sasuke, que sigue mirando por la ventana, ajeno a todo, así que decido dejar todo el asunto de una vez.

—Claro. Vamos.

—¡Estupendo! He querido hablarte de algo por semanas... ¿Recuerdas a esa chica, Karui...?

Chōji empieza a hablar muy entusiasmado de esa chica que conoció en un juego de feria, y aunque de verdad quiero ponerle toda mi atención, al pasar junto a Sasuke no pudo evitar mirarlo. Y de pronto, mientras mi amigo y yo doblamos en la esquina del corredor, es como si el tiempo fuera más lento, y al mismo tiempo que mis ojos se enfocan en el perfil de Sasuke, y veo que la chica del tejado de nuevo está cayendo, como todos los días, y en ese instante también me doy cuenta de otra cosa, casi imperceptible pero que está ahí, tan sutil que no he podido darme cuenta todas las veces anteriores. Sasuke sigue manteniendo la cabeza erguida, pero su mirada, sus ojos negros la siguen, siguen el cuerpo de Rin mientras cae hasta que desaparece en el suelo, mirándola fijamente; y entonces, con la misma sutileza, los ojos de Sasuke regresan al frente, como si nada hubiera pasado.

Y entonces ya no tengo dudas. Sasuke Uchiha es como yo. Ya no tengo dudas de que él también puede verlos.

Durante toda la noche me devano los sesos pensando en cómo hablarle, y en qué voy a decirle. Ir directamente al grano queda por completo descartado; no quiero ser intensa y asustarlo, yo me asustaría si alguien a quien prácticamente no conozco se me acerca de la nada y empieza a hablar de fantasmas. Además, en la escuela no hay privacidad para hablar, sobre todo porque las admiradoras de Sasuke lo siguen casi todo el tiempo, y en la calle mucho menos, porque cualquiera podría oírnos, y no es que me importe que los desconocidos crean que estoy loca, pero prefiero ahorrarme el momento incómodo. Así que el viernes decido seguir a Sasuke hasta su casa y hablarle ahí, en un lugar donde se sienta seguro de hablar conmigo y decirme la verdad. Eso suena bien en mi cabeza, pero aunque sé que él no sabe que he estado siguiéndolo, no quiero que lo descubra cuando me vea llegar tras él, por lo que intento averiguar su dirección por mi cuenta.

—Creo que mi madre no entiende que ya no soy una niña. ¡Es tan fastidiosa! —desvío la mirada de la salida y observo a Sakura, que como de costumbre me habla de su madre y sus distintos problemas con ella, y sé que suena mal, pero ésta vez mi mente está muy lejos, y no tengo la paciencia para fingir que la escucho.

—Sakura... ¿De casualidad tú sabes dónde vive Sasuke? —pregunto, interrumpiéndola. Ella entonces se queda callada y parpadea, sorprendida por mi pregunta.

—¿Dónde vive? ¿Por qué quieres saberlo? —inquiere, taimada, así que me encojo de hombros, haciéndome la indiferente.

—No lo sé, solo se me ocurrió, porque sé dónde vives tú, dónde viven Naruto, Rock, Kiba, Hinata... Todos nuestros amigos. Excepto Sasuke. Y como tú eres más su amiga, creí que lo sabrías.

Sakura pestañea una vez más y después lanza un suspiro que levanta su flequillo rosado y lo quita de sus ojos.

—No en realidad —levanta los hombros, recargando la cabeza sobre sus puños mientras mira a la pizarra —Ahora que lo pienso, Sasuke nunca nos dijo donde vive, y jamás nos ha invitado a su casa... Sé que cuando éramos niños vivía en el distrito que era de su familia, pero mi madre me dijo que ya nadie vive ahí desde la muerte de los padres de Sasuke...

—¿En el distrito de su familia? ¿Y dónde quedaba eso?

—Al norte por la avenida, creo. Prácticamente queda fuera de la ciudad.

—Al norte... —repito; nunca fui muy buena con los puntos cardinales, pero sé que al salir de la escuela Sasuke siempre va hacia el sur; lo sé porque la tienda de arte favorita de Sai queda por el mismo camino, y él siempre mencionaba que estaba al sur de la ciudad.

—Sí. Sasuke es muy reservado al respecto. Ni siquiera Naruto conoce su casa, imagínate.

El timbre suena en ese momento, así que Sakura regresa a su asiento y nos preparamos para la clase de Geografía.

Luego de la última clase del día me apresuro a ir por mis zapatos y espero a que Sasuke salga, lo cual hace casi a lo último, cuando prácticamente todos los demás ya se han ido. Él sale poniéndose los audífonos y entonces abre la cadena de su bicicleta, sacándola de la escuela. Yo lo sigo, llevando mi propia bicicleta para que sea más fácil seguirle el paso.

Lo veo caminar hasta media calle y solo entonces se monta en su bici, pedaleando a través de la anciana que hace una semana lo hizo caer. Espero que avance un par de metros antes de imitarlo y empezar a seguirlo, dejando al menos dos calles en el medio por si las dudas, observando su espalda y cabeza mientras avanza escuchando música.

Sasuke se detiene en la barrera y yo hago lo mismo, todavía dos calles detrás. Lo veo esperar a que el tren pase y después seguir camino, pero vuelve a detenerse frente a una farmacia, recoge algo y vuelve a subir a su bicicleta, pedaleando por cerca de diez minutos más hasta que casi abandonamos la ciudad.

Sasuke pedalea sin problemas hacia la parte alta de la avenida, cuando la calle comienza a ir en subida, haciendo que sea mucho más difícil seguirlo. Creo que mi condición física es pésima después de tanto tiempo sin hacer ejercicio, pero aun así me las ingenio para seguir, aunque no es necesario alcanzar mi segundo aire, porque Sasuke se detiene en la cima, frente a un templo sintoísta, sorprendiéndome cuando los veo rodear las escaleras para ir por el camino que recorre el templo hasta la cima. Él suspira y desmonta; yo también me detengo, escondiéndome tras un árbol mientras lo veo abrir el buzón del templo y revisar el correo, y me sorprendo al descubrir que parece vivir aquí, porque sigue avanzando hasta que le pierdo la pista por el asfalto ascendente.

Yo me quedo un momento a los pies de las enormes escaleras y suspiro; de todos los lugares posibles, nunca imaginé que él viviría en un templo. Sin embargo, todavía inmersa en mi papel de espía, decido subir las escaleras en vez de seguirlo por el asfalto, después de todo ambos caminos llevan al mismo lugar, pero me arrepiento cien escalones después, y apenas he llegado a la mitad del camino. ¿Por qué los templos siempre deben tener tantos escalones? ¿Por qué no pueden estar a la altura del suelo, como las iglesias cristianas? ¿Y por qué mi condición es tan mala?

Resoplo y sigo subiendo, observando que a medida que voy avanzando la vista de la ciudad se ve más y más asombrosa. Ahora entiendo porqué ponen estos lugares tan altos. Desde aquí puedes verlo todo, incluso el monte Fuji, casi al alcance de tu mano. Es simplemente hermoso, sobre todo cuando el atardecer empieza a caer y la luz resalta los tonos naranja del bosque que rodea el templo, y el viento empieza a jugar con las hojas, haciéndolas bailar lentamente mientras caen al suelo. Un lugar así sin duda no parece tener que ver con alguien como Sasuke Uchiha.

Finalmente, después de lo que me parece una eternidad, por fin llego a la cima, y no exagero cuando digo que me tiro sobre las escaleras como si acabara de subir el Himalaya. De verdad tengo que hacer algo con mi estado físico.

—Sasuke, ¿barriste las hojas debajo del Torī? —me sobresalto cuando escucho la voz de una mujer, así que de inmediato me escondo tras un pilar del arco Torī, asomándome para ver a una anciana salir de la casa tras el templo, vestida con una yukata de sacerdotisa blanca y roja —Mañana es sábado y tendremos visitantes —dice la mujer. Es una señora de edad, bajita, de piel arrugada y cabello blanco.

—Sí. Lo hice antes de ir a la escuela, abuela Chiyo —responde la voz de Sasuke, y entonces lo veo salir de dentro del templo, usando también una yukata azul y negra —También pasé por tus medicinas y recogí el correo. Te los dejé sobre la mesa.

—Bien. Descansa por hoy y vayamos a cenar para que hagas tu tarea. Tu hermano llegará tarde hoy de la universidad —le dice la anciana, indicándole que la siga dentro, y él deja la escoba junto a un poste.

—Cierro el templo y voy —dice Sasuke; entonces la vibración de mi teléfono me asusta, y por reflejo toco la pantalla para apagarlo, regresando la vista de inmediato hacia Sasuke, pero él y su abuela ya no están.

Qué extraño. No sabía que Sasuke tenía una abuela, ni un hermano.

Mi teléfono vuelve a vibrar; es mi madre, preguntando donde estoy, si llegaré pronto y avisando que casi es hora de cenar. El último mensaje dice que soy una hija muy desconsiderada por no atender sus llamadas y preocuparla de esa forma, y que me castigará por el resto de mi vida si no la llamo ahora. Así que suspiro, y asegurándome de que no hay nadie que me vea me doy la vuelta para volver a bajar ese millar de escaleras y volver por dónde llegué antes de que se haga realmente de noche.

Parece que mi charla con Sasuke tendrá que esperar para otro momento, pero al menos ahora sé dónde encontrarlo.

•°•°•°•

Mamá no me castiga por el resto de mi vida, pero sí por el fin de semana; el sábado por la tarde voy a la sesión con mi terapeuta, pero el resto del día y todo el domingo tengo que quedarme en casa y hacer mis tareas; ni siquiera puedo ir a la florería o usar mi teléfono, así que me la paso infinitamente aburrida hasta el lunes, cuando mi confinamiento al fin termina y puedo salir para ir a la escuela. Pero mi tiempo en prisión no ha sido tan malo; al menos tuve tiempo para decidir halar con Sasuke hoy mismo, y reflexionar sobre lo que le diré; también me dio tiempo de pensar en una mentira creíble para mi madre por si el tiempo llegara a írseme de las manos otra vez. Así que llegué a la escuela de un mejor ánimo que las semanas anteriores, porque al fin había logrado pensar un discurso coherente para hablar con Sasuke y ahogar cualquier duda de una vez.

Y apenas entro en el instituto tengo la sensación de que esté día todo irá bien, porque mi plan no puede fallar.

—¡Hey, Ino! —Escucho que me llaman por el corredor mientras termino de cambiarme los zapatos, y de inmediato le sonrío a Sakura, que se acerca desde la entrada. La espero junto a mi casillero, como es usual, hasta que de pronto siento que alguien sujeta mi muñeca y me jala con violencia hacia el corredor adyacente, metiéndome en un baño vacío antes de que pueda decir nada, y apenas escucho la puerta cerrarse tras de mí siento mi espalda chocar contra ella, y veo el furioso rostro de Sasuke Uchiha acercándose al mío al mismo tiempo que siento sus manos sosteniendo mis brazos, golpeándome la espalda contra la puerta nuevamente.

—¡¿Cómo demonios descubriste donde vivo?! —dice sin rodeos, y aunque es claro que se está conteniendo para no escupirme todo su odio a la cara, su tono hace que se me congele el corazón de inmediato. Y no sé cómo me atrevo, pero lo miro, sin poder contestar de inmediato, presa del pánico y la sorpresa de verme en aquella irreal situación —¡Dime! —Sasuke grita, irritado, golpeando la puerta junto a mi cabeza con su puño, haciéndome dar un brinco con temor, lo cual me hace aún más difícil contestar.

—Yo...yo... —balbuceo. Él suelta mis brazos, pero su puño no se mueve de la puerta.

—¿Me seguiste? —me quita las palabras de la boca. Luego lo veo taparse la cara con las manos y reír con ironía. Y ese sería un buen momento para salir corriendo, pero mis piernas no me responden —No te bastó con perseguirme en la escuela, también me seguiste hasta mi casa —gruñe, frunciendo el ceño —Hmp. Estás completamente lo-...

—Yo también puedo verlos —le suelto sin pensar, obviando el hecho de que él parece saber que he estado siguiéndolo, y en ese instante todo mi bonito discurso cuidadosamente planeado se va por el caño.

El rostro de Sasuke entonces se deforma con sorpresa y desconcierto.

—¿De qué...? —da dos pasos hacia mí, y sus piernas son tan largas que en un parpadeo estamos frente a frente, lo cual me intimida aún más. Ni aún en mis mejores días había estado frente a frente con Sasuke Uchiha; y ahora estoy aquí, temblando como una hoja.

—Y-yo, umm... Dije que puedo verlos. A los fantasmas, o sean lo que sean... Sé que tú los ves también. Me di cuenta el otro día en la calle, con...con la anciana —le suelto. Él parpadea, tan sorprendido como yo cuando descubrí que él los veía también. Está impactado, lo veo en sus ojos, y yo me siento igual.

—¿Cómo...?

—Mi accidente —contesto en un hilo de voz. La sorpresa en el rostro de Sasuke no disminuye. Le veo separar ligeramente los labios, como si quisiera decir algo, pero al final se arrepiente y vuelve a fruncir el ceño, alejándose mientras se pasa una mano por el rostro, cambiando de expresión al instante.

—No sé de qué estás hablando —dice de pronto, se aleja, sin dejar de mirarme, desconfiado —Y no sé lo que quieres, o lo que pretendes siguiéndome hasta mi casa, pero mantente lejos de mí —me advierte, empujándome de la puerta para poder salir.