Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.

*Éste fic está ligeramente inspirado en la novela "Break My Heart 1000 Times", de Daniel Walters. Recomiendo la película.

Notas de la autora: ¡Hola! Esta semana me atrasé un poco con la actualización, pero la próxima semana el capítulo llegará en tiempo y forma 😁 Muchas gracias a Marlen y a Juvia por sus reviews 😉

¡Disfruten la lectura!

Lady S.

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Capítulo Cuatro

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La otra chica de la azotea

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Los siguientes días son una tortura, no solo porque no puedo sacarme las imágenes de aquellas personas muriendo de la cabeza, sino porque el doctor Shimura volvió a medicarme como cuando desperté del coma luego de mi accidente, aunque las dosis de sedantes se acaban cuando descubren que solo he tenido un episodio, algo producto del estrés emocional, y aunque me atacan con preguntas no soy capaz de decirles la verdad, por lo que terminan asumiendo que algo que vi en la calle funcionó como catalizar para recordarme el accidente, y eso me hizo entrar en una crisis nerviosa. Está bien que crean eso, supongo, ya que es más fácil de manejar.

Lo único bueno de todo el asunto es que me dejan faltar toda una semana a clases, lo que significa siete días sin ver a Sasuke, cosa que agradezco, porque realmente no sé cómo podría mirarlo a la cara después de lo que pasó. No siento las fuerzas para enfrentarlo después de haber irrumpido en su antigua casa y de verlo de aquella forma que todavía me congela la sangre. Nunca había visto a nadie tan furioso en toda mi vida, y el recuerdo de sus ojos llenos de furia todavía me hacen temblar. Así que me quedo una semana entera en la cama, solo recibiendo las visitas de Sakura y Hinata; Shikamaru y Chōji no vienen no porque no quieran, sino porque les pedí que no lo hicieran. Con las chicas está bien porque evitan hablar de eso, pero sé que ellos querrán llegar al fondo de lo que pasó, y no quiero tener que mentirles, así que mejor no les digo nada. Rock Lee y Naruto también me visitan un día, éste último, más que nada, para que lo ayude con su tarea, y mientras resolvemos los ejercicios de matemáticas se le escapa que Sasuke tampoco ha asistido a clases hasta el jueves, y aunque me siento culpable no digo nada. Tal vez él intentaba evitarme sin saber que yo evitaría verlo primero.

El sábado siguiente, a la hora de siempre, mi padre me deja en el consultorio del doctor Shimura, pues después de lo sucedido decidimos de mutuo acuerdo no volver a andar sola por la calle a esas horas, sobre todo porque no me sentía segura andando sola por la calle sabiendo que Sasuke podría estar buscándome. Aunque tal vez solo son fantasías mías, pero de cualquier forma cada vez que recuerdo el odio en su mirada no me siento segura, y lo discuto con mi terapeuta, omitiendo el pequeño detalle de la tenebrosa escena muda de decenas de personas muriendo frente a mis ojos.

—Bueno, no conozco a ese joven, pero sí he oído de los asesinatos en el distrito Uchiha y sus terribles consecuencias. No me sorprende que el chico se haya sentido invadido y por eso reaccionara con tal violencia... ¿Se atrevió a golpearte?

—No. Creí que iba a hacerlo por cómo me miró, pero en ningún momento lo intentó. Solo me gritó.

—Entiendo... Debió ser duro para él que violaras la intimidad de su familia, ¿no sabes lo que pasó en ese lugar? —me debato por un segundo sobre qué decir, aunque al final niego con la cabeza, apretándome las rodillas con las manos; el doctor Shimura suspira —No me sorprende; eras muy pequeña entonces, pero los hechos fueron de tal magnitud que la noticia tuvo repercusión a nivel mundial. Fue una locura. Realmente algo muy macabro.

—¿Por qué? ¿Qué fue lo que pasó? —pregunto, fingiendo desconocer el asunto de las muertes. El doctor Shimura se acomoda los lentes sobre el puente de la nariz y suspira.

—A decir verdad, no he seguido el caso en profundidad, pero sé que los Uchiha solían ser un clan muy numeroso y prestigiado, policías en su mayoría. Todos vivían en el famoso distrito Uchiha, el barrio que tú conociste, y todos ellos fueron asesinados en ese mismo lugar. Todos excepto los hijos del jefe del clan.

—Sasuke —suspiro, abriendo los ojos con atención mientras miro al doctor —¿Pero cómo...? ¿Por qué?

—No lo sé. No recuerdo los detalles. Hubo muchas versiones, una más descabellada que la anterior, y no necesitas inmiscuirte en eso —dice, cambiando el tema de regreso a mi estado de ánimo, y aunque contesto a todas sus preguntas no puedo sacarme de la cabeza el exterminio de la familia de Sasuke. ¿Qué tuvieron que haber hecho para que alguien decidiera asesinar a todo un clan? ¿Por qué solo Sasuke sobrevivió? Aunque el doctor habló de 'hijos'. ¿Será que existe otro sobreviviente?

Mientras vuelvo a casa en el coche de mamá, intento recordar todo lo que sé de Sasuke. Sí, sabía que su familia estaba muerta, pero con la palabra familia creí que solo se referían a sus padres, no a todos los Uchiha. Recuerdo haber escuchado una broma de Naruto una vez, algo acerca de cómo reviviría a todo su clan cuando no le interesaba salir con nadie, pero en ese momento tampoco le había prestado atención a ese detalle. Y cada vez que pienso en eso suspiro, porque solo ahora me doy cuenta de que en realidad nunca supe nada de Sasuke, y que solo me conformaba con ver su lindo perfil, sin importarme quién era él en realidad. ¿Qué tan superficial era?

Más tarde, en la soledad de mi habitación, enciendo mi laptop y busco información en internet acerca de lo que la prensa denominó "La masacre Uchiha". Hay más de cincuenta mil artículos al respecto, de periódicos de todo el mundo, y es apabullante ver las fotos del mismo lugar que visité hace una semana, solo que con menos polvo y mucha menos destrucción. Las primeras noticias anuncian que fue un ataque perpetrado por la mafia Yakuza, pero con cada nueva información que leo, más macabra se vuelve la historia, pues todo el clan Uchiha, cerca de cien personas entre hombres, mujeres, ancianos y niños, habían sido envenenados con arsénico durante una fiesta familiar; y reconozco muchos de los rostros y partes de la casa en las fotografías de internet. Pero no todos fueron sido envenenados; cinco miembros de la policía del vecindario fueron asesinados en los alrededores con un arma de fuego, y solo dos por un arma blanca, el líder del clan y su esposa, los padres de Sasuke. Únicamente éste último y su hermano, de solo ocho y trece años respectivamente, sobrevivieron a la masacre sin un solo rasguño. Algunos periódicos dicen que Mikoto Uchiha, la mujer del retrato, protegió a su hijo menor con su propio cuerpo, y entonces me doy cuenta de que la mamá de Sasuke, esa mujer que protegía al aire, en realidad estaba protegiendo a su hijo menor; estaba protegiendo al mismo Sasuke.

Me llevo una mano a la boca, horrorizada por mi indiscreción. Creo que, aunque sigo aterrada, ahora entiendo el enojo de Sasuke, y las palabras del doctor Shimura regresan a mi mente: yo violé su intimidad, me metí en la historia de su familia, y la culpa me golpea como un puñal. Supongo que ahora todo tiene sentido, el que él también vea a los remanentes. Su experiencia cercana con la muerte fue ver morir a toda su familia frente a sus ojos con solo ocho años. ¿Qué clase de ser enfermo permite eso? ¿Qué clase de monstruo podría ser capaz de hacerle eso a un niño?

A medida que sigo leyendo, noto que las últimas noticias se dedican a aclarar algunos puntos perdidos, reforzando la teoría del ataque mafioso. Dicen que el veneno estaba en los bizcochos y pasteles que se habían preparado en la propia pastelería del distrito Uchiha, así como también en el vino de la cava personal del padre de Sasuke. Y en la siguiente nota, de un par de meses después de la masacre, todo da un giro aún más macabro que lo que he leído hasta ahora; solo entonces sé que otra persona ha sobrevivido al ataque, Itachi Uchiha, en ese momento de trece años de edad, hijo mayor del jefe del clan, hermano de Sasuke, y la persona que finalmente se había señalado como el respondable de poner el veneno en la comida y bebida, y quien había degollado a sus propios padres. En ese punto el horror que siento es indescriptible. La familia de Sasuke había sido masacrada...por su propio hermano.

De inmediato siento un nudo en la garganta y dejo de leer, preguntándome cómo es posible que existiera tanta maldad en un niño de trece años, y entonces recuerdo que la anciana del templo mencionó un hermano, y todo se vuelve confuso, pero, más que eso, me preocupa Sasuke. Me preocupa él, y cómo demonios voy a hacer para hablarle y pedirle perdón por ser tan indiscreta. Yo odiaría que alguien a quien prácticamente no conozco se metiera en algo tan doloroso y triste de mi vida, y siendo Sasuke tan reservado como es no puedo culparlo si ahora me odia todavía más.

Bien hecho, Ino, lo arruinaste todo.

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El siguiente lunes llego a la escuela temprano y espero a Sasuke en la entrada, mordiéndome las uñas como posesa. Es un hábito que antes odiaba, pero que ha sido muy útil desde la muerte de Sai; sé que no es algo muy higiénico, pero de alguna forma me relaja. Y necesito relajarme.

Diez minutos antes de la hora él aparece, montando su bicicleta a lo lejos, distraído igual que siempre, y entonces mis ansias aumentan, pero no me permito retroceder. Una semana ha sido demasiado tiempo para huir de él, así que debo enfrentarlo y disculparme por mi estúpido error. Ya no soy una niña; me equivoqué y lo acepto, y no quiero que Sasuke, siendo tal vez el único en todo el mundo que pasa por lo mismo que yo, siga odiándome porque de alguna forma lo necesito; es decir, necesito de alguien que me entienda, lo necesito con desesperación, y no importa si ese alguien es Sasuke. Además me siento en verdad horrible por todo lo que pasó, y ya no quiero seguir cargando la culpa, ni que Sasuke piense que no respeto su privacidad, aunque así haya sido... ¡Argh! ¡Tonta, tonta Ino!

Suspiro contra mis manos una vez, parándome delante del portón cuando veo a Sasuke más cerca por la calle; él baja de su bicicleta y al verme, sorprendido, se detiene un momento, de seguro adivinando que lo estoy esperando. Sin embargo, rápidamente hace como que no estoy ahí y pasa junto a mí, ignorándome, pero no le permitiré hacerlo.

—Sasuke —lo llamó. Él me ignora una vez más y sigue con su camino, aferrándose con fuerza al manubrio de su bicicleta —Sasuke, por favor, espera —lo detengo, animándome a sujetarlo por el brazo. Y él se deshace rápidamente de mi agarre, pero se queda allí, aunque ni siquiera me mira, por lo que vuelvo a suspirar, reuniendo el valor para hablarle —Yo... Lo siento. Por lo del otro día. Por seguirte otra vez y...lo demás —le digo; solo entonces me mira por el rabillo del ojo, aunque no hay ninguna expresión en su rostro —Sé que estuvo mal... No quise entrometerme en tu vida, y no fue mi intención ver a tu familia... Lo siento mucho. De verdad, no sabía... No tenía idea de lo que pasó, ni de lo de tu hermano —ante eso último él voltea al fin, y aunque la mirada que me lanza no refleja el mismo odio que la que me mostró en la casa de su familia, sé que me detesta.

—No sabes nada —dice, tan frío que me paraliza el corazón —Aléjate de mi si sabes lo que te conviene —gruñe al final, dándose la vuelta para entrar al instituto. Yo espero unos segundos antes de seguirlo, con el impacto de sus palabras todavía en el rostro. No sé porqué me siento así, pues esperaba que no quisiera ni siquiera verme, pero de todas formas sus gestos y aquella mirada en sus ojos oscuros ahora hacen que me sienta la persona más desagradable del universo. No obstante, mi regreso a la escuela genera una pequeña conmoción que hace que me olvide de Sasuke por el resto del día. De nuevo puedo sentir las miradas de lástima y los cuchicheos como el primer día; supongo que a estas alturas todos ya saben que tuve una crisis nerviosa, pero intento que no me importe. Yo ya lo superé, que ellos no lo hagan no es mi problema.

El resto de la semana los murmullos van disminuyendo, en parte porque Sakura y Chōji empiezan a repartir amenazas a todos los indiscretos, así que para el viernes todo vuelve a una relativa normalidad; lo único diferente es que Sakura no deja de quejarse todo el día por lo huraño e irascible que Sasuke parece haberse vuelto en esos días, y se pregunta qué podría haberlo molestado tanto al punto de ponerlo en ese estado. Claro que mantengo la boca cerrada. Ya han hablado demasiado de mí en la escuela como para seguir alimentando rumores. Pasan varias semanas más del incidente, como le llamaré al hecho de haber allanado la vieja casa de Sasuke; las flores de cerezo han sido cambiadas por hojas verdes y brillante, los días se vuelven más largos y calurosos, y las vacaciones de verano se pasan en un santiamén.

A mediados de septiembre comienzan los días frescos; las hojas se pintan de naranja y empiezan a caer lentamente en una danza siempre hipnótica. Desde la vuelta de las vacaciones, hace más de un mes, no he visto a Sasuke más que en contadas ocasiones, y ya nunca lo he visto pasar por mi salón. Creo que ahora se queda en su piso, y no sé si espera a que me vaya para salir, porque tampoco he vuelto a verlo a la salida, pero sé que sigue cerca, porque Sakura siempre lo menciona, volviendo a nuestra rutina de siempre.

Las cosas en mi vida también se normalizan. Mi cumpleaños llega más pronto de lo que hubiera esperado, y varios de mis amigos se auto-invitan a celebrar a pesar de que no tengo muchos ánimos. Es mi primer cumpleaños desde la muerte de Sai, y todo se siente demasiado extraño aún, aunque procuro disfrutar de la reunión mientras comemos pizza y jugamos Monopoly, algo que mi antigua yo no hubiera hecho jamás en su cumpleaños, y sin embargo aquí estoy, con pantalones de chandal y una sudadera tres talles más grande que aún conserva el aroma de mi novio muerto, compartiendo mi cumpleaños número dieciocho con las personas que más quiero en el mundo. Y es un festejo doble, porque ayer fue el cumpleaños de Shikamaru, así que hay dos pasteles que cortar.

Cerca de la medianoche, cuando todo casi termina, me encuentro a mí misma oyendo las penurias de Sakura y su fallido intento de hacer que Sasuke asistiera a mi cumpleaños. Yo le aseguro que no importa, que todo es perfecto tal y como está y que Sasuke y yo ni siquiera somos amigos, pero sigue molesta por su actitud.

—Ha estado muy insoportable estos días, y sabes que lo quiero, pero... ¡Dios! Qué carácter tan... tan... —Sakura hace una pausa porque ha empezado a hiperventilar, así que se toma un momento para calmarse y después cambia de tema —Por cierto, te extrañamos en Educación Física. Nadie lidera un equipo como tú, Ino-Cerda —dice, buscando pelea para reírnos un rato, aunque algo me distrae, así que no le sigo el juego.

—Sakura... ¿No crees que Hinata luce extraña? —murmuro, mirando a Hyūga Hinata beber un poco de gaseosa al otro lado de la sala mientras observa, como ausente, la partida de naipes de Kiba, Rock, Chōji y Naruto.

Sakura mira en la misma dirección y suspira.

—Se le declaró a Naruto hace unas semanas y él la rechazó. Ha estado así desde entonces.

—Oh... —digo, porque tiene sentido. Y sin embargo, me parece que hay algo más detrás de todo eso. Hinata nunca me pareció del tipo que se derrumbaría ante una negativa. Es tímida y callada, sí, pero siempre creí que por dentro era fuerte como una roca. Es curioso ver que me había equivocado.

Shin también pasa a saludarme en la noche, y me trae una caja con pinturas y pinceles de Sai, además de algunas otras cosas suyas que creyó que me gustaría tener, entre las que estaba su viejo suéter del instituto, el cual no dudo ni un segundo en ponerme.

Lo malo de volver a usar la ropa de Sai es que puedo pasar días sin quitármela y sin bañarme para no perder su aroma; sé que es asqueroso, pero me siento bien cuando huelo su perfume, porque, si cierro los ojos, es como si él todavía estuviera aquí conmigo. Shin dice que a veces a él le pasa lo mismo, entonces intento ser un poco menos egoísta porque recuerdo que yo perdí un novio, pero él perdió a su hermano.

Como yo, él también lleva una marca de aquel día en forma de cicatriz que surca su mejilla derecha, otra en su brazo y una más grande en el abdomen luego de que los médicos tuvieran que extirparle el bazo. El conductor ebrio que nos golpeó lo hizo por la izquierda, Shin y yo estábamos del lado derecho, si no habríamos sido nosotros quienes ahora estarían muertos. Para él la culpa de sobreviviente es aún peor, porque adoraba a su hermano menor, y sé que gustoso hubiera preferido morir en su lugar, pero ya no hay nada que hacer al respecto.

Shin y yo hablamos largo tiempo sobre cómo nos ha ido; él me pregunta por la escuela, y yo por su trabajo. Los dos nos ponemos al día hasta que es hora de que mis amigos se vayan, excepto Sakura que ya subió a dormir. Es una tradición que tenemos desde niñas quedarnos en la casa de la otra la noche de nuestros cumpleaños. Así que recibo los besos y abrazos de mis amigos en la entrada y me despido. Mi ex cuñado se queda un rato más ayudándome a limpiar, y después reúno el valor para pedírselo.

—¿Podrías llevarme allí? —pregunto mientras lo veo recoger unos vasos. El se detiene y me mira a través de una cortina de cabellos grises.

—Por supuesto —responde, y mientras los dos vamos en su coche recuerdo la primera vez que se lo pedí, luego de despertar del coma de tres días. Después de asimilar que ahora podía ver a los Rems, le pedí que fuéramos allí con la esperanza de ver a Sai, pero él nunca apareció, ni en ese momento, ni en ese lugar ni en ningún otro, y aunque aún mantengo la esperanza, temo que nunca pueda volver a verlo otra vez. ¿De qué serviría todo esto entonces si no puedo volver a verlo sonreír? Quisiera creer que el alma de Sai sigue por aquí, buscando resolver un asunto pendiente como Patrick Swayze en Ghost, pero lo cierto es que tal vez sea mejor que pueda descansar en paz, y no traerlo una y otra vez a sufrir su final como la chica de la azotea o los Uchiha.

El aire frío me golpea en el rostro cuando Shin detiene el coche y baja la ventanilla, sacándome de mis recuerdos.

—Sabía que querrías venir —dice, sacando un ramo de lirios blancos del asiento trasero. Yo le sonrío y bajo del coche, dando una bocanada de aire para aclimatar mis pulmones. Como un mes después de que despertara Shin y yo mandamos a colocar una placa con el nombre del Sai en el lugar del accidente donde él y el otro conductor perdieron la vida. El lugar está en las montañas, en el camino entre el templo taoísta y la ciudad, cerca del lago Saiko y el lago Yamanaka*, como si se tratara de una cruel obra del destino. La curiosidad y coincidencia de nuestros nombres fue una de las primera cosas de las que hablamos al conocernos, pero la coincidencia más macabra es que sea justamente aquí donde lo perdí.

Los padres de Sai se habían conocido muy cerca de este lugar, a la orilla del Saiko mientras iban de excursión al Monte Fuji, por eso él se llamaba así, y por eso habíamos visitado el lugar para celebrar que hubiese ingresado en la Universidad de Bellas Artes. Este sitio siempre fue especial para él, y ahora lo es para mí.

Dejo los lirios bajo la placa y suspiro; después de tantos meses es todo un logro venir aquí y no llorar a mares, pero aun así siento que me arden los ojos. Tal vez soy capaz de pararme aquí sin deshacerme en lágrimas, pero eso no significa que duela menos.

—¿Estás bien?

Asiento y doy un paso hacia atrás, cruzando la carretera hacia el mirador que la gente del templo mandó a construir en un hermoso gesto luego del accidente. Shin no tarda en acomodarse a mi lado y los dos nos quedamos observando la oscura y serena superficie del Saiko, como la última vez que estuvimos aquí.

—No puedo verlo...—se me escapa en un sollozo mientras siento la mirada curiosa de Shin sobre mis hombros.

—¿A qué te refieres?

—A Sai... No puedo... Él simplemente no está —respondo, y entonces las lágrimas comienzan y él me abraza. Sé que no entiende de lo que hablo; cuando desperté del coma y descubrí que podía ver personas que no estaban allí, busqué a Shin con la esperanza de que él también pudiera verlos, pero no podía. Tal vez porque no estuvo muerto y yo sí, pero supongo que nunca lo sabré —Quiero verlo otra vez —tiemblo, siendo tan honesta como no lo he sido en mucho tiempo —No hay nada que desee más en este mundo, pero no puedo... Él no está...

—Oh, Ino... —Shin suspira y sigue abrazándome con fuerza —Sai se ha ido —me dice, con la voz estremecida —Quisiera poder cambiar eso, pero mi hermano se ha ido, y ya no regresará. Debes dejar de aferrarte a él.

—No puedo —admito, al borde de las lágrimas —No puedo dejarlo ir. Y no quiero hacerlo... —mi garganta se cierra, y el amargo llanto comienza. Con Shin me siento libre de expresar mis verdaderos sentimientos; con él no necesito fingir que estoy bien, no necesito fingir que puedo vivir sin Sai. Él me entiende, pero también es mucho más fuerte que yo, y es la única persona con la que puedo compartir mi dolor sin que piense que estoy loca.

Shin suspira y se separa de mí lentamente, sujetándome de los hombros para mirarme a los ojos.

—Lo sé. No te estoy juzgando; sé que no estás lista, pero la vida sigue, Ino. Ambos amábamos a Sai, y sin embargo él ya no está...

—¿Y si aún pudieras verlo? —mis labios se mueven sin que piense en lo que digo —¿Qué pasaría si supieras que una parte de Sai podría seguir aquí, entre nosotros, y que aún así no puedes verlo? Es como si estuviera cerca, pero al mismo tiempo cada vez más lejos...

—Ino —Shin pone una mano en mi mejilla con cariño —Si yo creyera que realmente existe el cielo, desearía que Sai estuviera allí. Sabes que no soy una persona muy espiritual, pero no quisiera que el alma de mi hermano menor se quedara para siempre rondando la tierra porque no me siento listo para dejarlo ir. ¿No crees que sería injusto?

—¿De verdad crees que su alma podría seguir en la tierra? —pregunto. Shin se aleja un poco y se lleva una mano al mentón, pensativo.

—No lo sé. Me gustaría creer de verdad que existe algo más allá de lo que podemos ver, pero al mismo tiempo quisiera que Sai de verdad pudiera descansar en paz.

Asiento, y de nuevo abrazo a Shin. Se siente tan parecido a cuando abrazaba a Sai que casi es doloroso tener que soltarlo. Shin y yo nos quedamos unos minutos más, contemplando la oscura masa de agua bajo el frío manto de la noche, en silencio. Dejamos las flores y rezamos por él; le decimos lo mucho que lo extrañamos, y yo lo mucho que quisiera volver a verlo, y por unos minutos contemplo la carretera, esperanzada, como si el pudiera oírme en este lugar y entonces fuera a parecer para despedirse, pero no lo hace.

Cuando regresamos a la ciudad vuelvo a mirar hacia el lago, dándome cuenta de que un hombre está paseando por la orilla, bajo la luz de la luna. Y pienso en Sai otra vez; en que nunca podré dejarlo ir, porque aún lo necesito conmigo.

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Shin se va de la ciudad dos días después de aquella noche, a empezar de cero en su nuevo trabajo en Australia. Sakura me acompaña a despedirlo al aeropuerto, y él promete que me escribirá y vendrá a visitarme cuando tenga la oportunidad.

Los días en la escuela siguen siendo largos y tediosos, pero ahora, con la llegada del otoño, puedo vestir los suéteres y sudaderas de Sai sin problema, y eso hace que la vida, por un momento, se vea mucho mejor.

Con él en mi mente casi todos los días, apenas tengo tiempo para pensar en Sasuke, aunque hace poco volví a cruzármelo por los pasillos, e incluso algunas veces nuestras miradas tropezaron por accidente, y algunas de esas veces descubría sus penetrantes ojos negros sobre mí, pero cuando le regresaba la mirada Sasuke apartaba la suya con violencia y se iba lo más rápido posible. Desde hace un tiempo hasta aquí él parece tener la intención de acercarse para decirme algo, pero siempre se arrepiente a último momento y, molesto, sigue con su camino. Es curioso. Desde que conocí a Sai que Sasuke no había tenido mi atención por tanto tiempo.

Los días se hacen más fríos, y cada vez extraño más tener el cálido brazo de Sai sobre mis hombros, o su mano calentando la mía mientras camino a casa. Sakura y los demás intentan que no piense en eso, pero aunque consigo evitarlo durante el día, mis noches son solo para él; sueño con Sai, que volvemos a encontrarnos y es como si nada hubiera pasado. Él me sonríe, me besa, me abraza y me protege del frío; y somos felices, tanto como lo hubiéramos sido si no hubiese muerto. Pero entonces siempre despierto, y me encuentro sola en mi habitación, sola y más triste que nunca. Igual que hoy.

Me levanto de la cama y me observo en el espejo, decidiendo que tendré que volver a usar maquillaje para tapar las ojeras que se formaron bajo mis ojos. Hoy la mañana está fría, como es usual en octubre, así que enciendo el agua caliente de la ducha y la dejo correr hasta que está a la temperatura adecuada; me ato el cabello para no mojarlo y me meto bajo el agua tibia, frotándome con pereza hasta que decido que ya estoy lista. Estiro una mano para tomar mi toalla y entonces corro la cortina, gritando con sorpresa cuando descubro que hay alguien más dentro del baño; es tan grande mi sorpresa que resbalo y me golpeo la cabeza contra los azulejos de la pared, haciendo un gran estruendo que no incomoda en absoluto a la chica que está junto a la ducha, para frente al espejo de mi baño, vestida con un camisón blanco. Ella mira su imagen y parece que llora en silencio, lo que me dice que no es humana, sino otra reminiscente, así que intento que mi corazón deje de latir con pavor y la miro. No creo haberla visto antes; es una joven delgada, no muy alta, de cabello castaño y piel pálida. Parece extremadamente angustiada mientras observa su reflejo; se sujeta del cabello con desesperación, pero no puedo ver nada más porque entonces la puerta del baño de abre estrepitosamente, mi padre entra agitado y ella desparece.

—¡Ino! ¡Cariño, ¿qué pasó?! ¡¿Qué fue ese ruido?! ¡¿Estás bien?!

—¡PAPÁ! —grito, sujetando mi toalla con vergüenza para cubrirme —¡ESTOY BIEN, SALTE!

Papá se sobresalta, cubriéndose los ojos de inmediato.

—Lo siento, lo siento. Pero te escuché gritar. ¿Está todo bien? ¿Necesitas ayuda?

—¿Ayuda? ¡No, papá! ¡Solo resbalé! ¡Sal!

—¡De acuerdo! ¡Yo no vi nada! —dice, estirando una mano a ciegas para alcanzar el asa y cerrar la puerta. Podría reírme si no siguiera tan abochornada. Entonces resoplo, mirando el lugar que la chica ocupó segundos antes, todavía sorprendida.

Nunca había visto un Rem dentro de mí casa, mucho menos me lo esperaba. No conozco a la chica, así que no tengo idea de quién es ni de dónde ha salido, pero aunque sigo algo asustada me levanto y salgo del baño. Me visto y reviso que el golpe no haya sido grave, pero como no sangra decido que estoy bien. Tomo mis cosas para la escuela y bajo a desayunar; mamá pregunta por lo que pasó, y le aseguro que no ha sido nada. Entonces, riéndose, le recuerda a papá que ya no soy una niña, y que debe llamar antes de entrar.

—Mejor me voy —digo, terminando mi arroz mientras me levanto.

—¿Esa es otra sudadera de Sai? —pregunta papá, levantando una ceja al ver mi ropa; yo lo miro e imito su gesto —De acuerdo. No dije nada. Solo no dejes de bañarte esta vez, ¿quieres?

—No lo haré —suspiro, despidiéndome con una seña.

—Que tengas un gran día, Princesa.

—¿Quieres que pase por ti a la salida? —pregunta mamá, mirando por la ventana —Dicen que hoy lloverá.

—Está bien. Tengo mi sombrilla. Caminaré con Sakura.

—De acuerdo —mamá me besa la frente; es un gesto muy occidental —. Solo ten cuidado, ¿quieres?

—Sí. Los quiero.

Cuando salgo de casa noto que el sol no ha salido, y que parece que hoy no saldrá en todo el día. Qué bien. Me gustan los días nublados.

Espero a Sakura en nuestra esquina y caminamos juntas hasta la escuela, hablando de nada en particular hasta que las gotas empiezan a caer del cielo y tenemos que abrir nuestras sombrillas.

—Ugh. Adiós a mi partido de soccer —se queja ella, yo sonrío —¡Oh, es Sasuke! ¡Buenos días, Sasuke-Kun! —grita, parándose y estirando un brazo que mueve con entusiasmo. Yo también me detengo y muevo mi sombrilla para mirar; Sasuke camina por la otra vereda con una sombrilla azul cubriendo su cabeza. Es la primera vez que lo veo sin su bicicleta, pero de inmediato desvío la mirada, igual que él, que saluda a Sakura con un ligero movimiento de cabeza y sigue su camino delante de nosotras. Sakura bufa —¿Qué le pasa ahora?

—¿Quién sabe? —respondo, indiferente. He pasado meses sin hablar ni pensar en Sasuke, y aún así todavía es incómodo verlo; sin contar que cada vez que siento su mirada sobre mí es como si quisiera clavarme dagas con sus ojos. Es extraño, y muy molesto, pero intento que no me importe, después de todo está en su derecho de hacerlo.

—¡Sakura, Ino! —Ami, una chica del equipo de soccer de Sakura se nos acerca chapoteando sobre los charcos de la vereda y nos acompaña el resto del camino, quejándose del clima y hablando de jugadas con Sakura. Yo las dejo en la entrada del instituto porque mi teléfono suena y me detengo a atenderlo; es un mensaje de Shikamaru, que me recuerda que había prometido acompañarlo a comprar un regalo para el cumpleaños de Naruto esta tarde. Le respondo con un "Ok" y una carita sonriente, luego giro sobre mis pies y atravieso la entrada, caminando, despistada, hacia la escuela, buscando a Sakura entre los alumnos que corren a refugiarse de la lluvia dentro del edificio.

—¡Ino! —ella me llama, levantando el brazo para que la reconozca de entre todos los demás, aunque con ese cabello rosa sería difícil no hacerlo. Le sonrío y caminó hacia ella, sin prestar atención a nada más hasta que lo escucho.

—¡Cuidado! —grita Sasuke, y sin que pueda ver de dónde sale, siento como se lanza sobre mí, haciendo volar mi sombrilla y tirándome al suelo mojado.

—¡¿Qué dem...?! —me quejo, pero no tengo tiempo de decir nada más, porque entonces el cuerpo de la chica cae sobre el patio con un horroroso chapoteo. Por un segundo, todo se queda en un aterrador silencio, entonces alguien grita, y el pánico empieza a expandirse. De la nada, aparecen un montón de chicos y chicas de la nada, algunos con expresión de horror, otros con sus teléfonos en la mano, todos formando un círculo a nuestro alrededor, pero no nos miran a nosotros. Y no entiendo nada, hasta que sigo la mirada de Sasuke y la veo, yaciendo boca abajo bajo la lluvia, sus cabellos negros desparramados sobre el pavimento, y su uniforme mojado y manchado de la sangre que empieza a brotar de una herida que no puedo ver.

—¡Ella saltó! ¡Ella saltó! —exclama alguien, y varios más gritan con él; y en menos de un segundo aparecen los profesores, pero nadie se va, todos parecen congelados en su sitio, mirando a la chica que acaba de saltar de la azotea.

Y el grito se escapa de mi garganta tan rápido que no me doy cuenta, así que me aferro a lo primero que encuentro, que es el pecho de Sasuke, y él me deja, tal vez debido al impacto del que él mismo es presa, abrazándome con fuerza y dejándome esconder el rostro en su hombro, intentando escapar de la horripilante imagen que tengo delante mío.

Sobre el piso, envuelta en un charco de sangre que crece con la lluvia, el cuerpo de Hinata Hyūga yace sin vida.