Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.

*Éste fic está ligeramente inspirado en la novela "Break My Heart 1000 Times", de Daniel Walters. También fue adaptado a una película bastante buena.

Notas de la autora: Lamento la tardanza. Tristemente, mi abuela falleció hace solo unas semanas, y realmente fue muy difícil encontrar la inspiración para sentarme a escribir. Y sigo muy triste por haberla perdido, pero la vida sigue, y sé que a ella le hubiera gustado que siguiera escribiendo.

Espero que el capítulo sea de su agrado.

Saludos

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Capítulo Seis

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Desapariciones

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Nunca antes había pensado demasiado en cómo sería mi futuro, pues la universidad era algo que no me quitaba el sueño, y lo único que me preocupaba más que mis exámenes era lo que iba a usar en la fiesta de fin de curso hasta que Sai me convenció de lo importante que es planificar todo con tiempo.

Él era un artista, pero uno muy organizado. Durante su último año de preparatoria se había tomado muy en serio el asunto del examen de ingreso, y eso me enfadaba, porque casi no tenía tiempo para estar conmigo. Recuerdo que le gritaba y lo amenazaba con dejarlo si seguía anteponiendo sus estudios a mí; era muy tonta e infantil, hasta que vi su rostro al recibir sus resultados, y fue entonces que entendí lo importante que era para él, y eso lo volvió importante para mí.

Lo mismo pasa ahora con mis amigos. Aunque apenas es mediados de diciembre, la presión del examen de ingreso ya es palpable, sobre todo para Sakura, que se la pasa estudiando día y noche, pues a pesar de que es una de las alumnas más inteligentes de la escuela su familia es de clase obrera, y para ella entrar a la universidad es lo más importante del mundo, ya que sería la primera de los Haruno en lograrlo. Por eso se esfuerza el doble que cualquiera; otros como Naruto y Kiba, más perezosos, sufren en silencio mientras intentan llevar el ritmo de los demás, trabajando con maestros privados y poniendo mucha más atención de la que los he visto poner en clase desde...bueno, siempre. No obstante, en todo este esquema de estrés y presión, quien más me preocupa es Shikamaru.

Shika es un genio, uno muy vago, pero probablemente la persona más inteligente de toda la escuela, y sin embargo, los exámenes lo tienen tan presionado como a cualquiera. Desde hace semanas parece un zombie; apenas sale de su casa para ir a la escuela, sus ojeras llegan hasta el suelo, y parece haber adelgazado varios kilogramos. Quisiera ayudarlo, pero desde que decidió dejar las clases preuniversitarias para estudiar por su cuenta apenas lo veo, y aunque intento pasar tiempo con él lo cierto es que nuestros horarios jamás coinciden. Me preocupo por él, pero papá dice que es mejor darle su espacio, sobre todo ahora que de verdad parece interesado en su futuro.

De cualquier forma, con este ritmo tan agitado de estudio me resulta muy difícil pensar en la chica de mi baño y en Hinata, y con los días he llegado a pensar en que tal vez en realidad no hay nada que las relacione. Más y más Rems aparecen a diario, y otros desaparecen, como Rin, la chica de la azotea de la escuela, así que intento concentrarme solo en el examen, ya que las vacaciones se acercan y también los exámenes de final de semestre.

—Y entonces le dije que era un tarado por no saber que las fracciones no pueden sumarse si los denominadores no son iguales, ¿y sabes qué me respondió? ¡Que él no es bueno con los números enteros! —Sakura agita los brazos exageradamente para demostrar lo molesta que está con Naruto por la forma en que no se toma sus estudios en serio, y yo solo sonrío, porque sé que aunque lo llame tarado y parezca enojada, siempre volverá a ayudarlo, porque lo aprecia demasiado como para no hacerlo —Por cierto, ¿irás a clases hoy después de la escuela?

—Nop, hoy es sábado, no tengo clases —respondo, deteniéndome para quitar la nieve de una banca y tomar asiento con mi almuerzo. Aunque hace frío el sol de mediodía se siente muy bien.

—¡Ah, qué suerte! —Sakura resopla, dejándose caer a mí lado —Yo tengo álgebra y biología. Mi madre insiste en que estudie de lunes a lunes —se sienta a mi lado y desenvuelve su almuerzo con expresión taciturna, pinchando un trozo de pescado con demasiada violencia en lugar de tomarlo con ambos palillos —. Si no llego a entrar a una buena universidad le dará algo, créeme.

—Vas a entrar. Eres muy inteligente —le digo, y Sakura parpadea, mirándome como si esperara que hiciera una broma igual que antes, pero no lo hago, porque ni bien termina la oración la silueta de un extraño saliendo de la escuela llama mi atención —¿Neji? —me levanto y lo llamo, deteniéndolo antes de que salga de la escuela. Neji Hyūga se da la vuelta y parpadea en mi dirección, sorprendido durante unos instantes antes de reconocerme —Hola.

—Hola —responde, haciendo una pequeña reverencia, lo cual es irónico. Nunca creí que viviría lo suficiente como para ser reverenciada por el genio de los Hyūga.

—¡Oh, Neji, hola! —dice Sakura detrás mío, y él mira en su dirección, repitiendo el movimiento de cabeza —¿Cómo estás? No sabía que habías vuelto...

—Es solo por unos días —murmura, acomodando la caja que lleva en los brazos.

—¿Y qué haces aquí? —pregunto con curiosidad, llamando su atención nuevamente. Neji suelta un suspiro que fácilmente podría pasar por una exhalación y baja la mirada por unos segundos.

—Mi tío nunca pasó por las cosas que Hina-chan dejó en su casillero, y Hanabi aún no se siente lista, así que quise hacerlo antes de irme —señala, moviendo la caja para indicar que ahí está el último rastro de Hinata en la escuela.

—Entiendo —suspiro, mirando el sobrio cubo de cartón como si escondiera todos los secretos del universo; y en parte es como su así fuera —¿Te molesta si...?

—Claro —Neji baja los brazos un poco para permitirme ver el contenido. Hay varios libros de Inglés y Matemáticas, algunas libretas llenas de corazones pintados, varios lápices y algo que llama mi atención: un cuaderno forrado con un brillante papel rosa y un unicornio en la portada. Lo tomo y acaricio la tapa con cariño, porque fui yo quien se lo regaló a Hinata en su décimo cumpleaños. No puedo creer que todavía lo tuviera.

Dentro, veo varias fotografías nuestras pegadas, de excursiones escolares, cumpleaños y salidas de amigas; también noto que Hinata anotó en él muchas palabras hermosas, frases, letras de canciones, y cosas que quería hacer al crecer, como dar su primer beso y rescatar a todos los cachorros abandonados del mundo, todo tan dulce y cálido como lo fue ella, y eso hace que mi corazón se envuelva con su calidez.

—Yo le regalé este cuaderno cuando éramos niñas —comento al notar que Sakura y Neji se me quedaron viendo con curiosidad, entonces les muestro la primer fotografía, una de su cumpleaños número diez, donde estamos todos sus amigos, y mis ojos se humedecen, por lo que cierro el cuaderno y vuelvo a dejarlo en la caja —Lo siento —digo, pero Neji me detiene.

—Consérvalo —dice, moviendo la cabeza, y yo parpadeo.

—¿En serio?

—Sí —responde él —Obviamente significa mucho para ti, y a Hinata le hubiera gustado que lo tuvieras —dice, y yo le sonrío con agradecimiento, abrazando el cuaderno contra mi pecho.

—Muchas gracias. De verdad, no tienes idea de cuánto significa... —digo, a punto de llorar, mientras Sakura me abraza de lado para consolarme.

—No hay problema —Neji, con el rostro todavía parco, vuelve a levantar la caja, pero Sakura lo detiene.

—Espera —le dice, metiendo la mano dentro de la caja y sacando un viejo libro, Cumbres borrascosas, sujetándolo también contra su pecho —Este era su favorito. ¿Te importa si...?

—No, adelante —Neji le sonríe tenuemente, y luego sí acomoda la caja bajo su brazo, listo para marcharse —Sé que no soy muy bueno con las palabras —dice de pronto, mirándonos fijamente —, pero sé que Hinata las quería mucho, a las dos, y por eso le gustaría que tuvieran algo que les recordara a ella.

—Gracias —Respondemos Sakura y yo al mismo tiempo, haciendo una pequeña y respetuosa caravana para mostrarle que en verdad estamos agradecidas; entonces él se despide con un último movimiento de cabeza y sale de la escuela, desapareciendo por las calles sin mirar atrás.

Yo me quedo viendo el lugar por donde se fue por unos segundos, pensando en que quizá tendría que haber preguntado por Hanabi, la hermanita menor de Hinata, o preguntarle a él cómo se sentía, pues no lo hice la primera vez que lo vi hace unos días.

—Dios. Todavía no puedo creer que ya nunca la veremos —comenta Sakura después de un rato, secándose una lágrima rebelde con los dedos mientras se queda observando fijamente el arroz de su Bentō. Yo le sonrío una vez más y pongo una mano sobre su hombro para consolarla.

—Hey, vamos. A Hinata no le hubiera gustado que estuviéramos tristes —digo lo primero que se me ocurre, y, aunque sé que es verdad, no puedo dejar de pensar en lo mismo y sentir la misma angustia que sentí meses atrás luego de perder a Sai, preguntándome una vez más cómo es que alguien puede estar tanto tiempo contigo, y de un día para el otro saber que no volverás a verlo jamás.

Cuando las clases del sábado al fin terminan, acompaño a Sakura fuera del salón; nos encontramos con Sasuke y Naruto en el pasillo, así que salimos los cuatro juntos, pero nos separamos en la salida de la escuela, pues este último y Sakura tienen que ir a clases, y yo a mi sesión con el doctor Shimura. Apenas me quedo a solas con Sasuke no sé muy bien qué decir. Desde que fui a su casa no hemos vuelto a coincidir, y la extraña amenaza de su 'hermano' o lo que sea no ha dejado de llamar mi atención. No obstante, no tengo que decir nada, porque, por extraño que sea, es él quien habla primero, tan ufano como si en verdad fuésemos amigos.

—¿Y cómo van las cosas con la chica que se aparece en tu casa? —me suelta. Aunque no me mira, es claro que habla conmigo, pues no hay nadie más cerca.

—No lo sé. He evitado usar mi baño por las mañanas —comento, dando saltitos sobre la nieve para que no se me congelen los pies mientras espero; pronto empieza a nevar de nuevo, así que Sasuke saca su sombrilla y yo la mía.

—Todavía es incómodo —dice mientras estira una mano para tomar un copo de nieve, todavía sin mirarme; pero yo sí lo miro a él, sin entender —Ver a Hyūga Hinata en mi habitación —aclara. Yo me encojo de hombros, moviendo mi sombrilla hacia un lado para verlo mejor.

—Al menos no te atacó, ¿o sí?

Sasuke me mira, y creo ver el atisbo de una sonrisa que nunca llega a ser, porque él sigue mortalmente serio, mirando hacia la calle.

—No. No lo hizo —responde; luego los dos guardamos silencio por varios minutos mientras la nevada amaina poco a poco —Es absurdo, ¿no crees? —me suelta Sasuke tras unos segundos de indecisión.

—¿Qué cosa? —lo miro, curiosa; él chasquea la lengua y se mueve de tal forma que hace que su sombrilla negra lo cubra de mí por completo, y desde el otro lado contesta:

—Tú, yo, y esas...cosas que vemos —carraspea, pateando un cúmulo de nieve con aire indiferente —De todas las personas en la ciudad...

—Lo sé —lo interrumpo, porque lo cierto es que para mí él también es la última persona con la que esperaba estar teniendo esta conversación. Para mí, él siempre fue Sasuke Uchiha, el chico perfecto, no el que podía ver a los muertos, y supongo que él me despreciaba lo suficiente como para nunca creer que algún día podría tener algo en común conmigo. Y sé que tal vez eso debería ofenderme, pero lo cierto es que no lo hace —El mundo es un pañuelo.

Sasuke emite un ligero sonido afirmatorio con la garganta y mantiene la vista adelante. Parece que también espera a alguien, y es extraño que lo haga a mi lado. Me da risa pensar que mi yo pasado se hubiera vuelto loca de alegría, y ahora su cercanía solo me produce una ligera incomodidad como la que él parece sentir hacia mí. Creo que ahora estamos iguales al fin.

De repente, de forma inesperada, Sasuke gira su cuerpo y veo su rostro frente al mío. Él frunce el ceño con intriga, y después mira hacia sus pies, y de regreso a mí, dudando brevemente antes de soltarme su pregunta:

—¿Puedes verlo?

—¿A quién? —pregunto antes de darme cuenta de que se refiere a Sai. Supongo que cree que puedo ver el accidente una y otra vez como él la muerte de su familia, o al menos eso me dice su mirada. Quizá espera que el hecho de que alguien más pueda comprender lo que siente cada vez que regresa a su casa de la infancia le lleve algo de sosiego, pero de cualquier forma no pienso mentirle —Oh. No. No lo he visto desde el día en que él... —empiezo a hablar como si nada, pero la voz me falla sin que me lo espere. Sasuke entonces me mira, extrañado y algo incómodo, por lo que chasquea la lengua, encogiéndose de hombros.

—Creí que podrías —admite, y me entretengo un momento viendo el vaho escapar de sus pulmones y su perfilada nariz roja por el frío, igual que como siempre la tenía Sai en invierno.

—Yo también... No sé bien cómo funciona esto —me encojo de hombros e intento bloquear los pensamientos sobre mi novio muerto, cosa que estar cerca de Sasuke no ayuda mucho, pues una de las primeras cosas que noté de Sai al conocerlo fue lo mucho que se parecía a él. Quizá por eso me gustó en primer momento, pero me enamoré de él precisamente porque era todo lo opuesto a Sasuke Uchiha. Y eso me lleva a otra cosa, por lo que vuelvo a girarme hacia mi acompañante —¿Puedo preguntarte algo? —le suelto. Él me mira fijamente, gesto que interpreto como algo positivo —¿Cómo lo manejas?

—¿Qué cosa?

—Ver a los rems.

—¿Rems?

—Remanentes, ya sabes —respondo —me pareció adecuado dado que son solo como personas repitiendo eventos pasados, sin voz ni conciencia; remanencias, creo que tú usaste esa palabra, aunque también les digo Rems, para abreviar —explico; Sasuke asiente, aunque me ve como si estuviera loca —¿Hace cuánto puedes verlos?

—Muchos años —me gruñe. Es claro que está incómodo, así que, de nuevo, se forma un largo silencio entre ambos.

—¿Puedo hacerte otra pregunta? —suelto entonces. Sasuke resopla, pero no se niega —Yo... Sasori-san no es tu hermano, ¿o sí? Digo, vi una fotografía, y...

—No tenemos la misma sangre, si es a lo que te refieres —gruñe, dando el asunto por terminado, así que prefiero callar.

Nos quedamos callados nuevamente mientras esperamos, pero ninguno hace el intento por irse. Sasuke clava la vista al frente durante un par de minutos, y yo vuelvo a pensar en Neji y Hinata, hasta que su voz vuelve a distraerme.

—Creo que ella lo hizo.

—¿Qué? —pregunto, mirándolo sin entender a qué se refiere. Sasuke chasquea la lengua una vez más, sin quitar la vista de lo que sea que haya llamado su atención.

—Hinata Hyūga. Me preguntaste si creía que ella se había suicidado —me recuerda —Y mi respuesta es sí. Ella se quitó la vida.

—Lo sé.

—Pero no creo que sea por las razones que todos piensan —añade, y cuando voy a preguntarle a qué se refiere una bocina me interrumpe. Es el coche azul oscuro de Sasori, que se estaciona frente a nosotros.

Sasuke toma su mochila y se sube sin despedirse. Sasori me observa a través del parabrisas, así que lo saludo, aunque no me regresa el gesto.

Tras él llega mi madre con su camioneta, así que mi mente comienza a divagar sobre otras cosas. Sea lo que sea lo que piensa Sasuke, Hinata se quitó la vida, por las razones que sean; el doctor Shimura dice que no es sano pensar tanto en eso.

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El domingo me levanto a mediodía, ya que últimamente se me hace un poco difícil dormir por las noches, porque las pesadillas han vuelto. Aunque ahora no son imágenes de mi accidente, o de una chica ahogándose en un lago, sino solo recuerdos; soñé con el cumpleaños de Hinata, cuando cumplió diez años. Ella estaba radiante con su diminuto vestido de princesa, abrazada al cuello de su madre, cuando de pronto dos manos como garras salieron de la tierra, y se las llevaron a ambas hacia una absoluta oscuridad. Entonces desperté sobresaltada y con el corazón latiéndome como si acabara de correr una maratón. Me levanto de la cama de un salto, y mientras busco mis píldoras en la mesa de noche intento respirar profundamente para calmar mi pulso, consiguiéndolo después de un momento. Trago el medicamento y espero unos minutos más a que los calmantes hagan efecto. Antes odiaba tomarlos porque me atontaban casi todo el día y me hacían sentir inútil la mayor parte del tiempo, pero después de todo lo que ya pasado con Hinata el doctor Shimura ha estado de acuerdo con volver a dármelos, aunque en una dosis menor para que puedo tener una vida lo más normal posible, según sus palabras. Y pienso que eso es irónico, porque mi vida nunca volverá a ser normal, no importa qué.

Suspirando y con el corazón más tranquilo, me vuelvo a dejar caer sobre la cama, mirando hacia la ventana; parece ser un lindo día a pesar de la nieve acumulada, el sol brilla en lo alto del cielo y algunos vecinos juegan a hacer muñecos en sus jardines con sus hijos pequeños. Ayer nevó casi todo el día, y toda la ciudad sigue cubierta por ese grueso manto blanco.

Me pregunto si en la escuela también estarán jugando en la nieve. Como los domingos son días de recreación y deporte podrían hacerlo en el patio; yo estoy exenta de asistir por mi accidente, así que puedo quedarme en la cama todo el día si así lo prefiero, pero mi estómago reclama por comida, así que me levanto.

Mamá me sonríe cuando me ve bajar las escaleras; comemos sopa de miso y carne con vegetales, luego me siento a ver la televisión, aunque no hay nada bueno. Así que me aburro mandándole mensajes a Shikamaru que él ve pero no contesta, hasta que mi madre entra en la sala, poniéndose su abrigo de invierno.

—Ino, hija, ¿puedes ir al hospital a llevarle el almuerzo a tu padre? Tengo que supervisar la entrega de un pedido para una boda, y ya voy retrasada —me dice, a lo que asiento, recibiendo su beso en la coronilla —Ya está todo listo en la cocina. Cuídate, cariño. ¡Te quiero!

—Y yo a ti —respondo antes de que salga. Apago el televisor y me levanto para cambiarme; anoche me dormí con mis medias de invierno así que solo me sacó los pantalones y me pongo un vestido de lana, me calzo las botas de nieve, una bufanda gruesa, mi abrigo morado, los guantes y salgo de casa hacia la parada del autobús. Normalmente papá no trabaja los domingos, pero mamá dijo que en la mañana hubo un accidente, y uno de los heridos necesitaba asistencia psicológica, así que lo llamaron.

Afuera hace un frío que paraliza; el sol sigue brillando, pero su calor no es suficiente para que no se te entumezcan los dedos. Por suerte el autobús tiene calefacción, y en menos de diez minutos ya estoy dentro del hospital, protegida del clima helado.

—¡Ino-chan! ¡¿Cómo estás?! —escucho que dicen mi nombre y me doy la vuelta, quitándome los guantes y la bufanda para poder ver mejor a la mujer que se acerca con una sonrisa.

—Buenas tardes, Shizune-san —respondo, haciendo una reverencia.

Shizune fue una de las enfermeras que cuidó de mí luego del accidente, además de que la conozco casi de toda la vida, pues ha trabajado en el mismo hospital que mi papá por años. Ella me sonríe una vez más, dándome un fuerte abrazo.

—¡Te ves fantástica! —dice con alegría —Ya hasta caminas sin titubeos y todo. Me alegro tanto por ti...

—Gracias —respondo tímidamente, recordando los angustiantes días donde el dolor en mi pierna era tal que llegué a creer realmente que nunca podría volver a caminar correctamente. Fueron meses difíciles, los más terribles de mi vida, y la enfermera Shizune, como mis padres y mis amigos, siempre estuvo ahí para darme ánimos.

—Te dije que podrías —ríe, dándome otro cariñoso abrazo —Todos te echamos de menos en el hospital, pero estamos felices de que pudieras seguir con tu vida. Por cierto, harás el examen para entrar a la universidad en febrero, ¿verdad?

—Sí. Intentaré entrar en la Universidad de Tokio. Pero tal vez estudie en el extranjero, aún no lo decido —le sonrío, distrayéndome con el barullo de niños que ríen y aplauden, aunque no me sorprende mucho. A veces vienen voluntarios a dar espectáculos para ellos; hoy, a juzgar por el letrero de la recepción, es un show de marionetas.

—Te irá bien, ya lo verás. Eres una chica fuerte y decidida —Shizune me sonríe una última vez, mirando a su alrededor después —¿Buscas a tu padre?

—Sí. Mamá me envió con su almuerzo... ¿Sabes dónde está?

—Oh, el doctor Yamanaka está con un paciente, pero puedes dejarme su almuerzo a mí; lo pondré en la sala de médicos y apenas tu padre se desocupe le diré que pasaste.

—Claro, gracias —digo rápidamente, respirando con alivio al saber que no tendré que esperarlo dentro del hospital. Me agrada la gente que trabaja aquí, y quisiera poder saludar a mi padre, pero lo cierto es que no me siento cómoda regresando, y hasta ahora me doy cuenta. La peor época de mi vida la pasé en este mismo lugar, y a decir verdad no tengo ganas de recordar esos días otra vez —Hasta pronto, Shizune-San —me despido, haciendo otra reverencia, aunque ella me da un último abrazo antes de regresar hacia la sala de médicos con el bentō de papá. Pero antes de entrar se detiene, volviendo a mirarme.

—Oh, deberías quedarte a ver el show de marionetas —me dice, señalando la sala de pediatría con el mentón, donde los niños ríen y aplauden, eufóricos —Sasori-kun y sus marionetas son un verdadero éxito.

—¿Sasori? —repito en voz alta, y pienso en qué posibilidades hay de que haya más de un Sasori en la ciudad. Mientras tanto, Shizune amplía su sonrisa.

—¡Oh, sí! Sasori-kun y su abuela a veces hacen shows de marionetas para los niños enfermos —explica con una sonrisa —Lo hace desde que era un niño. Es un joven muy noble y dedicado, tal vez deberías conocerlo —sonríe nuevamente, despidiéndose con una mano antes de marcharse. Entonces la sala se llena de aplausos y cuando fijo la vista ahí veo al despeinado chico pelirrojo saliendo de detrás del escenario con su marioneta de hilos en la mano, saludando a los niños con tanta tranquilidad que no puedo creer que sea el mismo Sasori que me amenazó hace solo unos días para que no me hiciera daño a su hermano menor; y en eso estoy cuando de pronto siento todo mi cuerpo pasmándome al tiempo que veo que Sasori escudriña el pasillo a través del cristal y, con su torva mirada, me atrapa observándolo. Sin embargo, no me quedo a ver su reacción; enrollándome la bufanda otra vez alrededor del cuello giro sobre mis talones y me voy por donde llegué, tan rápido que es como si en un parpadeo estuviera de regreso en casa.

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Mientras estoy desayunando, la mañana siguiente, de repente me pregunto qué habrá pensado Sasori al verme en el hospital, pero sobre todo me pregunto cómo alguien que parece aún más frío que el propio Sasuke Uchiha es capaz de hacer algo tan noble por los niños enfermos. Parece ser todo un misterio después de cómo me amenazó en su coche, y siento que hay muchas preguntas que quiero hacerle al respecto a Sasuke, pero no me parece correcto seguir entrometiéndome aún más en su vida, lo cual es irónico ahora mismo.

En la tarde, después de la escuela, me despido de Sakura a la salida, como es usual, ya que ella va a un instituto preuniversitario diferente, y espero a mi madre para ir al mío, en el centro de la ciudad. Está nevando, así que me paso todo el trayecto mirando los copos que chocan contra mi ventana, tratando de distinguir su forma, hasta que llegamos. Cuando entro al salón hay solo un par de alumnos; no conozco a ninguno, así que tomo asiento junto a la ventana y espero a que entre el profesor. Minutos después aparece Sasuke; él me mira por un segundo, y en vez de ocupar su lugar frente a mí lo hace a mi lado, haciendo que varias de las chicas que llegaron tras él me miren con odio.

—Hola —masculla, con educación pero sin ganas.

—Hola —respondo, enderezándome para verlo mejor. Sasuke empieza a revisar su libreta, y de reojo noto que lleva las mangas de su camisa doblada, y no sé porqué me concentro en observar sus muñequeras; él las usa desde que puedo recordar, aunque nunca me había prestado atención, pues Sasuke no parece ser del tipo que hace cosas por la moda. Sin embargo, me distraigo cuando él habla de nuevo, sin mirarme.

—Sasori dijo que te vio en el hospital ayer.

—¿Eh? Ah, sí. Me sorprendió encontrármelo ahí —admito, dándome cuenta de que de pronto hablar con Sasuke ya no se siente incómodo o extraño; supongo que ambos ya atravesamos esa barrera —Lo que hace por los niños es muy lindo.

—¿Te dijo algo?

—¿Algo como qué?

Sasuke no responde, y tampoco puede hacerlo, porque el profesor llega y empieza la lección, por lo que tampoco tengo oportunidad de decirle que su hermano no me dijo nada, porque salí casi corriendo del hospital al verlo. Aunque sí le dijo que me vio, por lo que puedo estar segura de que me reconoció, y eso hace que me ardan las mejillas.

Las primera hora de clase se pasa rapidísimo, y a la hora del receso Sasuke y yo somos los únicos que no se levantan a socializar con el resto. Él lee en silencio mientras yo me dedico a garabatear cosas sin sentido en mis libretas; es algo que siempre hice, y antes, cuando empecé a salir con Sai, él solía tomar mis garabatos y convertirlo en obras de arte con su estilográfo. Sai siempre fue un artista, y hubiera sido de los mejores si no hubiese sido por el accidente, y pensar en eso hace que mi garganta amenace con cerrarse, así que dejo mi lápiz y desvío la vista, primero hacia la ventana congelada, luego hacia Sasuke, que sigue leyendo a mi lado, ignorando los alaridos del grupo de chicas que hablan cada vez más alto para llamar su atención.

—¿Qué lees? —pregunto, más por aburrimiento que por interés, además de verlo como una forma de deshacerme de mis pensamientos. Y veo a Sasuke parpadear, pero en ningún momento hace el intento de mirarme; lo único que hace es levantar su libro para dejarme leer la portada —¿Mil Ánimas Solas en Tokio? —leo en voz alta, y mi ceño se frunce solo; no sabía que ese tipo de lectura para turistas le interesaría a alguien como él, pero decido pasar eso por alto —¿Qué significa eso?

—Es latín —murmura Sasuke, terminando una página y pasando a la siguiente —Significa: 'Alma Desamparada'.

—¿Sabes latín?

—Entre otras cosas —responde, altanero, y frunzo el ceño. A veces se me olvida lo arrogante que Sasuke puede ser, como dice Naruto.

—¿Y encontraste algo interesante?

—Si te parece interesante que el que escribió el libro parece ver muchas películas de terror, entonces sí —responde entre dientes, pasando la página mientras yo recargo el mentón sobre mis puños, todavía mirando en su dirección.

—¿Nunca piensas en que tal vez haya más gente como nosotros cerca? —se me ocurre preguntar, cambiando de tema radicalmente; Sasuke me mira de soslayo, pero casi de inmediato vuelve a su lectura. Parece no agradarle eso de "gente como nosotros", y ahora que lo pienso a mí tampoco. Suena como si fuésemos alguna clase de fenómenos o algo.

—No es algo que me interese.

—Aun así. ¿A veces no te sientes muy extraño entre los demás?

—No —responde Sasuke, indiferente. Yo bufo. Por supuesto que no creería esa respuesta de Sasuke-no-me-mires-ni-me-hables Uchiha.

—Yo a veces creo que voy a volverme loca —admito; Sasuke me mira de reojo, levantando una ceja con sarcasmo que ignoro —Esto de no saber si lo que ves es real o no... A veces es agotador; y para mí es un alivio poder hablar con alguien de eso —digo con honestidad —¿No te pasa lo mismo?

—Vaya —mirándolo otra vez, me doy cuenta de que no está haciéndome caso, sino que sigue mirando las páginas de su libro como si yo lo estuviera ahí. Eso, por primera vez, me enoja.

—¿Me estás escuchando?

—No. ¿Cómo dijiste que se llamaba la chica que saltaba de la azotea de la escuela? —cambia de tema tan abruptamente que me cuesta unos segundos pillar el nuevo rumbo de nuestra conversación. Y cuando lo hago me olvido de mi enojo.

—¿Te refieres a Rin?

—¿Nohara Rin?

—Sí... —contesto, un poco insegura por la sorpresa. Sasuke entonces pone su libro en la mesa y me muestra la página que ha estado leyendo, la cual tiene de título: Ánima #326, Nohara Rin, la novia despechada —¿La novia despechada? —Mi ceño se frunce por lo descortés que suena eso. Bajo el título hay un pequeño párrafo con una historia, y el resto de la página está decorado con el dibujo abstracto de una chica con lágrimas en los ojos —"Nohara Rin —sigo leyendo en voz alta —fue una muchacha de diecisiete años que estudiaba en una de las tantas preparatorias de Tokio a finales de los años '80. Según su familia, Rin era una joven divertida, bonita y tímida que había estado muy enamorada de su compañero de escuela desde que tenían cinco años. Un día, él la invitó a una fiesta y durmió con ella, dando por resultado un embarazo. A pesar de su edad, la joven Rin estaba feliz de llevar al hijo del hombre que amaba en su vientre, pero al decírselo se enteró de la verdad más cruel de todas: él había dormido con ella por una apuesta, y nunca había correspondido a su amor. Humillada y herida, la joven no pudo cargar con su vergüenza, y entonces decidió tomar la decisión más trágica de todas. A pesar de que había sido expulsada de la preparatoria por su comportamiento inmoral, ella se puso su uniforme tan pulcramente planchado igual que siempre; atravesó los terrenos de la escuela y subió a la azotea, trabó la puerta desde el interior y cuando todos los alumnos estaban por entrar a clases se lanzó al vacío, muriendo en el acto. Hay quienes afirman que aún hoy se la puede escuchar llorando por los pasillos de cierta preparatoria de Tokio. A ella y a ese bebé inocente que nunca pudo nacer debido a la crueldad de los hombres" —termino de leer, sorprendida por la historia tan trágica. Y suspiro —Pobre Rin... Su historia es muy triste... ¿Por qué leerías algo como eso?

Sasuke aparta el libro de la mesa y otra vez chasquea la lengua; me doy cuenta de que es un gesto muy habitual en él. Y aunque mi pregunta fue totalmente retórica, él contesta de todas formas:

—Es por el templo. Cada año llegan turistas estúpidos buscando historias estúpidas de fantasmas —masculla, sonriendo de lado —De otra forma no comprarían amuletos ni inciensos.

—Al menos las historias no son mentiras —me encojo de hombros, tratando de ignorar las miradas molestas de mis compañeras, porque si hace unos momentos me odiaban porque Sasuke se había sentado a mi lado, ahora parecen querer asesinarme por hablarle con tal confianza y que él me conteste. No obstante, de repente pienso algo que me distrae —Ahora que lo pienso —digo, pensativa —, no he visto a Rin caer en días...

—Es verdad —murmura Sasuke, pensativo.

—¿Qué crees que haya pasado con ella?

—Sería imposible saberlo —gruñe, volviendo a su lectura, guardando silencio por varios minutos —He estado pensando —dice de repente, dejando de mirar su libro pasar girar la cabeza y observarme, bajando la voz —en la posibilidad real en que quieran comunicarse con nosotros —me suelta, acercándose un poco más para que nadie pueda oírnos, haciendo que sus fanáticas ardan de rabia —De otra forma no tendría sentido que Hyūga Hinata se apareciera justamente en mi habitación, ni que esa chica te atacase.

—Pero creí que ellos no podían comunicarse —frunzo el ceño de nuevo, pensativa —Son solo como escenas repetidas.

—Tal vez. Tal vez no. Ya no estoy seguro —Sasuke se encoge de hombros y cierra su libro —Quizá solo es coincidencia, ¿quién sabe? —bufa. Entonces el profesor de la segunda hora entra, y dejamos nuestra charla como si nada hubiera pasado.

•°•°•°•

Abro los ojos, cegada por la brillante luz del sol. No sé dónde estoy, pero es un lugar elevado, ya que puedo ver casi toda la ciudad desde aquí.

—¿Hola? —miro a mi alrededor en busca de alguien, pero parece que estoy sola; sin embargo, de pronto percibo la presencia de otra persona a mis espaldas, y me doy la vuelta de inmediato —¡Hola! —exclamo, mirando a la chica de largo cabello rubio que camina en línea recta por mi lado hasta llegar al final del edificio, sorprendiéndome al darme cuenta de que soy yo, pero de alguna forma no lo soy, porque me veo a mí misma parada en esa cornisa, mirando hacia el vacío. Y de repente doy un paso, y desaparezco de vista, cayendo hacia el vacío.

—¡No! —grito, saliendo abruptamente de mi sueño, sudando frío. Me cuesta un par de segundos despertarme del todo y normalizar mi respiración, y para cuando lo consigo suspiro y miro el reloj de mi teléfono. Aún es temprano, pero se me ha espantado el sueño, así que me levanto de la cama y voy al baño; me doy una ducha rápida, me seco el cabello con una toalla y me cubro con otra, parándome frente al espejo y lo limpiándolo con una mano para poder observar mi reflejo mientras me lavo los dientes. Luego, aprieto mis mejillas; desde hace días tengo un aspecto terrible, tal vez porque no he dormido bien en semanas, y eso empieza a hacer estragos en mi rostro. Me aplico algo de maquillaje para tener mejor semblante, termino de secarme y busco mi ropa; abotono mi falda, me pongo medias de invierno y ato mi cabello en una cola de caballo, atando también el mechón que siempre dejaba sobre mi rostro. Desde hace un tiempo ya no lo uso; Sai siempre decía que me venía mucho más bonita cuando no tapaba mi rostro. Me pongo uno de mis suéteres de lana de Sai sobre el uniforme y vuelvo a entrar a mi baño para sacar la ropa sucia. Muchas casas en Japón suelen tener un solo baño compartido por toda la familia, pero como mi vecindario era una colonia extranjera hace años, las casas fueron construidas de la forma occidental.

Recojo mi pijama del suelo y ordeno las cosas del lavabo, mi rutina normal; me vuelvo a mirar en el espejo para revisar mi maquillaje y es entonces que me doy cuenta de algo: aún no he visto a la chica de mi baño. Miro mi reloj entonces, notando con sorpresa que ya pasó la hora a la que solía aparecerse, y me quedo un rato más frente al espejo, esperando que pase algo, pero ella no aparece. ¿Es que acaso ya se terminó?, pienso, contemplando mi reflejo hasta que mi madre me llama para desayunar.

El resto de la mañana transcurre con relativa normalidad; voy a la escuela, tengo un examen en la primera hora y después hay una reunión del comité estudiantil. Sin embargo, a la hora del almuerzo tomo mi comida y me excuso con Sakura, aunque ella está demasiado ocupada resolviendo unos problemas de trigonometría, así que no me presta atención. Busco a Sasuke en su salón, pero no hay señales de él; no obstante, lo encuentro en el piso de abajo, comprando su comida en la cafetería. Yo no suelo comer aquí, por lo que me quedo en la puerta mientras lo veo llenar su charola, y solo me dirijo hacia él cuando se para frente a la máquina de bebidas, observando las opciones con ojo crítico.

—Hey —le digo, parándome a su lado; Sasuke me mira de reojo mientras pone un billete en la máquina y elige su soda.

—Hmp. Hola —responde, pidiendo dos latas de jugo de uva, luego su atención regresa a mí —¿Qué pasa?

—Es extraño, pero está mañana descubrí que la chica de mi baño... —me quedo callada cuando un grupo de segundo pasa junto a nosotros, mirándonos con sorpresa, cosa que me incomoda un poco —Ella desapareció —susurro. Sasuke entonces pone una lata sobre su charola y me mira por un segundo, ofreciéndome el otro refresco.

—¿Quieres? —pregunta, y hay un pequeño escándalo entre sus fans, que sueltan un molesto chillido.

—Gracias —acepto su gesto, desestimándolo de inmediato, pues ahora tengo otras cosas en las que pensar —¿No crees que es extraño?

—¿Extraño cómo?

—No lo sé. Es... —el murmullo de sus fanáticas se acerca, volviéndose más y más molesto, tanto que incluso a Sasuke, que ya debe estar acostumbrado, le molesta.

—¿Ya comiste? —me pregunta, ignorando los escandalosos alaridos. Yo niego, y, sorprendiéndome, sujeta mi muñeca y me lleva fuera del comedor, apresurando el paso para escapar de sus convulsionadas fans. Sasuke me lleva hacia el aula de música, que está vacía, y después cierra la puerta con cuidado de no hacer ruido —Odio cuando me siguen —dice después, sentándose en el suelo de madera, junto a la ventana, bajo los cálidos rayos de sol del mediodía. Entonces sujeto mi falda y lo imito, sentándome a su izquierda con mi bentō, después de todo no me creo capaz de salir a los pasillos y enfrentarme con sus hormonales fanáticas; esa etapa de mi vida ha quedado muy atrás ya. Aunque debo reconocerle a Sasuke que ha tenido una paciencia infinita todos estos años para aguantar lo mismo cada día de escuela, y al mismo tiempo me siento algo culpable por haber formado parte de ese grupo de locas chiquillas gritonas.

Sasuke acomoda la bandeja sobre su regazo y toma su almuerzo con mucho cuidado; saca un pañuelo azul de su bolsillo y limpia los palillos, después limpia su lata de refresco con mucho cuidado. Me pide la mía y repite el proceso, alcanzándomela solo después de mirar que esté limpia, sorprendiéndome con ese gesto que parece ser muy íntimo.

—Eres muy quisquilloso, ¿no? —le suelto. Él me mira de reojo, pero por espacio de unos segundos no dice nada.

—La higiene de las latas es muy deficiente —dice, limpiándose las manos con gel de alcohol que también saca de su bolsillo —; está comprobado que en las fábricas se almacenan en condiciones muy poco salubres y por su superficie circulan ratas que se orinan o defecan en ellas, dando lugar al riesgo de contraer leptospirosis, que puede resultar mortal. Pero si quieres morir de forma dolorosa, es tu problema —anuncia, terminando de limpiar la lata para dármela, entonces no puedo evitar mirarla con algo de impresión.

—Eso es asqueroso.

—El mundo es un lugar asqueroso —sonríe de lado, abriendo su lata mientras se cruza de brazos y pierde la mirada en la ventana un momento antes de empezar a separar sus vegetales de la carne, meticuloso, antes de empezar a comer con bocaditos lentos y medidos —Entonces, dices que la chica que se aparecía en tu casa desapareció, y decías que es extraño, porque...

—No sé cómo explicarlo, es solo que...me escribió ese mensaje, y después no he vuelto a verla.

—Cosas más extrañas pasan todo el tiempo —dice él, haciendo otra pausa para comer.

—¿Y Hinata?

—Aún sigue allí —se encoge de hombros, bebiendo un poco de jugo para después limpiarse con otro pañuelo y seguir comiendo. En ese momento no puedo evitar pensar que, en todos los años que llevo conociéndolo, nunca había visto a Sasuke de esa forma. Luce tan tranquilo como nunca lo había estado, no conmigo, al menos, y eso me hace pensar en que tal vez, por cansancio o lo que sea, al fin logré penetrar un poco en su coraza y conocer a un Sasuke que nunca antes había visto. Eso hace que, por un momento, la vieja Ino se sienta muy orgullosa de sí misma.

Luego, por varios minutos, los dos nos dedicamos a comer en silencio.

—Te vi hablar con Neji Hyūga el otro día. Creí que el ejército lo había enviado lejos.

—Oh, sí. Está aquí con un permiso y quiso pasar a recoger las cosas de Hinata... —le cuento, y en ese momento recuerdo nuestra charla esa misma tarde, y decido preguntar al respecto —El otro día dijiste que creías que ella se había suicidado, pero no por las razones que todos creían... ¿Qué significa eso? —digo, viendo a Sasuke jugar con los granos de arroz de su comida, tan concentrado como si estuviera contando los granos, cosa que no deja de hacer mientras responde a mi pregunta:

—¿Suicidarse porque el dobe la rechazó? Vamos, la Hinata que todos conocíamos solo se hubiera levantado y seguido adelante.

—No sabía que la conocías tan bien —comento, de acuerdo con sus palabras pero aún así muy sorprendida de que sea él quien las diga. No obstante, Sasuke no le da importancia.

—Nos conocemos prácticamente desde que nacimos, ¿o es que acaso tú no conoces bien al dobe y a Sakura?

—Sí, pero ellos son mis amigos. En cambio, tú nunca hablabas con Hinata. De hecho, tú nunca hablas con nadie.

—Eso es cierto, pero el que no hables con alguien no implica que no lo conozcas, sobre todo si han compartido el salón de clases desde jardín de infantes. Sin contar que Hyūga Hinata se la pasaba tras Naruto desde el primer grado, así que supongo que aprendí a conocerla estando con él —dice, y admito que cada palabra es verdad —Además, era callada y tranquila. Podría decirse que no me caía tan mal como el resto de ustedes —grazna, y aunque una vez más sé que debería ofenderme por sus palabras, lo cierto es que solo puedo reír ante su sinceridad.

—Hinata nunca podría haberle caído mal a alguien...—digo en un suspiro, apretando la tela de mi falda, sin poder dejar las manos quietas. Entonces, noto que Sasuke me observa fijamente, de nuevo con esa duda que me hace sentir incómoda, como si quisiera decir algo, pero no tuviera las palabras. Por lo general soy buena para entender a las personas, incluso, muchas veces, todos son como un libro abierto para mí, y entenderlas es tan fácil como si pudiera leerles la mente; pero con Sasuke es diferente. Él parece el libro más cerrado que he visto en mi vida.

—¿Eran...muy cercanas? —dice de pronto, pero aunque sus labios se mueven tengo la sensación de que no es todo lo que pasa por su mente, y odio no poder ver más allá.

—Podría decirse, supongo —suspiro, ignorando mi frustración de poder comprender del todo su forma de ser —De niñas ella, Sakura y yo éramos inseparables. Luego crecimos, Hinata era muy tímida y rara vez quería salir de su casa o hacer algo que no fuera comer pasteles o sentarse a leer un libro, así que Sakura y yo salíamos juntas y hablábamos de chicos mientras Hinata se dedicaba a la escuela y su casa; y de pronto solo éramos solo Sakura y yo. Supongo que es una forma muy tonta de terminar con una amistad, pero no creo que haya sido así para Hinata. ¿Sabes? Cuando tuve el accidente ella siempre estuvo ahí, sujetando mi mano y llorando conmigo. No me decía nada, pero solo con estar era suficiente. Y nunca pude agradecérselo... —digo en voz alta lo que me he negado a decir desde hace semanas, y no puedo evitar al fin romper en llanto.

Sasuke me da uno de sus pañuelos, y no dice nada más, solo me deja llorar en silencio, cosa que agradezco. Si bien he estado triste desde su muerte, aún no he llorado por Hinata; supongo que creí que ya no tenía más lágrimas después de la muerte de Sai, o tal vez pensaba en no preocupar más a los demás con mi llanto histérico. Pero con Sasuke no es así, con él siento que puedo llorar y desahogarme sin miedo a que me vea como la chica frágil que todos ven en mí; tal vez porque sé que a él no le importa, pero, por las razones que sean, hace que me sienta mejor, como yo misma, como si no tuviera que pretender que sigo siendo la misma Ino de antes. Con él me siento más yo misma que con cualquier otra persona, y eso es lo más extraño que me ha pasado, si no cuento el hecho de poder ver fantasmas.

Para cuando puedo calmar mi ataque de llanto, me doy cuenta de que Sasuke está mirando por la ventana, pensativo. Me pregunto si está pensando en lo tonta que debo parecerle, pero me digo a mí misma que no soy tan importante para él.

—Lo siento —dice entonces, todavía mirando por la ventana. Y aunque su tono es monótono y frío, realmente sé que lo dice en serio.

—Gracias —respondo, no por lo que acaba de decir, si no por dejarme desahogarme sin decir una palabra; y creo que él lo entiende, ya que asiente y sigue mirando por la ventana, suspirando lentamente —El otro día me preguntaste qué me había dicho Sasori —le digo tras varios minutos, para cambiar el ambiente y ser sincera con Sasuke; y eso llama su atención, porque sus ojos se posan en mí de nuevo, curiosos —Me dijo que si te lastimaba me haría algo malo.

—¿Eso te dijo? —la sombra de una sonrisa atraviesa su rostro mientras yo me encojo de hombros, terminando de limpiar mi rostro.

—Supongo que se preocupa por ti...—respondo, revolviendo mi almuerzo sin mucho apetito, aunque sí me tomo el jugo de uva.

—See. Supongo que lo hace —responde, e intento devolverle su pañuelo, pero con un seña me indica que lo conserve.

—¿Puedo hacerte una pregunta?

—Ya...

—Ya la he hecho. Me refiero a otra —no lo dejo terminar, adivinando lo que va a decir. Sasuke levanta una ceja, gesto que interpreto como una afirmación —¿Por qué vives con ellos? Con Sasori y su abuela.

—Porque ellos me encontraron —responde, indiferente, y me doy cuenta de que es todo lo que voy a conseguir de su parte.

—Pero...

—Dios, ¿nunca dejas de hablar, verdad? —me interrumpe, gruñendo —Hmp. Sigues siendo tan ruidosa como siempre —dice, rodando los ojos, y aunque él no le da importancia, sus palabras me impactan de una forma que no entendería.

Mis padres, mi familia, e incluso Sakura suelen decir que desde mi accidente hablo mucho menos, y eso es cierto, al menos con ellos, pero no con Sasuke. Con él, es como si pudiera volver a ser la Ino de antes, incluso sin darme cuenta.

Y eso, en realidad, aquí y ahora, no se siente tan mal.