Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.
*Éste fic está inspirado en la novela "Break My Heart 1000 Times", de Daniel Walters. También fue adaptado a una película.
Notas de la autora:
¡Holis! Volví después de mil millones de años xD No me maten, pero como estoy trabajando y estudiando apenas tengo tiempo de sentarme a escribir, pero igual estuve leyendo sus bonitos reviews, y quiero agradecerle a todas esas hermosas personas que me apoyan en mi primer Fanfic! No saben lo importante que es para mí, ya que tardé años en decidirme a publicar, pero gracias a todos los dioses encontré gente muy linda de la cual solo recibo apoyo y ayuda ❤
Este capítulo es más bien tranqui, pero en el siguiente se viene el drama. Promise!
Espero que les guste.
¡Abrazos y muchos besitos para todas!
Lady S.
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Capítulo Nueve
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La visita inesperada
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—¿Tienes frío?
La pregunta me desconcierta primero, hasta que me doy cuenta de que estoy temblando, pero no de frío, aunque Sasuke no lo sabe. Sin embargo, no lo corrijo.
—Estoy bien —miento, observando la espalda de Sasori todavía por el rabillo del ojo mientras sigo intentando entender qué acaba de pasar, y porque la extraña sensación en mi estómago no se va. Mis sentidos están como paralizados, y me siento tan aturdida que apenas puedo prestarle atención a Sasuke cuando vuelve a hablarme:
—Será mejor que entremos —arrastra las palabras, dándose la vuelta mientras hace un gesto para indicarme que lo siga, y aunque al principio me cuesta hacer que mis pies me obedezcan termino por seguirlo dentro de la casa, dejándome envolver por la calidez de la calefacción del pequeño recibidor mientras me quito los zapatos y el abrigo —¿Quieres algo de beber? —pregunta, Sasuke tras cerrar la puerta, más por obligación que por educación, me doy cuenta, pero en realidad no me molesta.
—Estoy bien —murmuro, apenas siendo capaz de recordar porqué estoy allí en primer lugar cuando mis sentidos de nuevo se despiertan —Oh, feliz Navidad —digo, sacando su regalo de mi mochila.
Él mira el paquete por unos segundos antes de tomarlo, totalmente sorprendido. Y se queda muy quieto cuando lo sujeta, como si no supiera qué hacer a continuación.
—Ábrelo —le sonrío, empezando a sentirme un poco más a gusto ahora que estamos los dos solos. Sasuke me mira por un momento antes de quitar el papel de regalo con un cuidado casi excesivo, como si tuviera miedo de romper su obsequio. Observa su libro durante unos segundos, y aunque no hay ninguna expresión en su rostro puedo notar que le agradó.
—No compré nada para ti —dice entonces, y es la primera vez que lo escucho hablar con algo de pena, lo que me hace sonreír.
—Eso no importa. Espero que te guste. Parecía interesante en la tienda.
—Es... —dice, mirándome tan fijo como Sasori hace unos momentos, pero sus ojos solo me trasmiten sorpresa, y una extraña clase de... ¿confort? Al menos hasta que el silencio se prolonga demasiado, porque empieza a ser incómodo que siga mirándome sin decir nada. Entonces lo suelta, como si hubiera estado conteniéndose desde hace tiempo y quisiera quitarse el peso de encima —Eres... Ahora eres menos ruidosa que cuando éramos niños, y no...tal vez no eres tan tonta como creía —murmura, bajando la vista al instante, igual que un niño apenado, y eso, luego de la sorpresa, de nuevo me hace sonreír.
—¿Sabes? Tienes formas muy extrañas de decir gracias —me río, y por extraño que parezca me parece ver también la sombra de una sonrisa en el rostro de Sasuke. Al menos hasta que la puerta tras él se abre de un empujón, sorprendiéndonos a los dos.
—¡Sasuke-kun, necesito que quites la nieve bajo los árboles antes de que los fieles...! —la señora Chiyo aparece de inmediato quitándose los guantes de jardinería y la gruesa bufanda de lana mientras habla, quedándose callada al vernos todavía en la entrada, curiosa, aunque no tarda en sonreírnos —Oh, no sabía que tenías visitas.
—Buenas tardes —hago una reverencia de inmediato, respondiendo a su sonrisa con otra —Lamento interrumpir así en su casa. Solo pasé a desearles una feliz...
—Ahora voy, abuela Chiyo —dice Sasuke, interrumpiéndome mientras esconde el libro bajo su brazo y sale de la habitación, dejándonos solas.
—¿Y cómo has estado, novia de Sasuke? —dice, haciendo que me sonroje hasta las orejas ybalbuceé cosas sin sentido.
—¡Que no es mi novia! —exclama Sasuke desde la otra habitación, irritado.
—Mi nombre es Ino, señora Chiyo —respondo tímidamente. La abuela de Sasuke me sonríe otra vez con su rostro arrugado y bondadoso.
—Oh, lo sé, Ino-chan, solo me gusta molestar a mis nietos —dice, quitándose el grueso gorro de lana que cubre su pelo gris y brillante. Creo que me agrada mucho la abuela de Sasuke —¿Te sientes bien?
—¿Disculpe?
—Luces un poco alterada. ¿Te sientes bien? —repite, intrigada —Mis nietos no te hicieron algo, ¿o sí?
¿Cómo lo sabe?, pienso, pero no digo nada.
—Estoy bien.
La abuela Chiyo aprieta los labios y levanta las cejas, algo escéptica.
—Te pareces a Sasori —suspira después de unos segundos, dejando su abrigo también en la entrada para entrar a la casa —. Todo siempre está bien con ese muchacho. Es un chico muy extraño, ¿no crees?
Me abstengo de contestar, así que solamente le sonrío otra vez mientras escucho los pasos de Sasuke bajando por las escaleras, listo para volver a salir de la casa.
—Iré a quitar la nieve del patio ceremonial —dice.
—¿Por qué no llevas a tu novia contigo?
Sasuke rueda los ojos, pero no responde a la provocación. Solo se gira hacia mí y levanta una de sus cejas oscuras cuando pregunta:
—¿Quieres venir?
—Claro —respondo sin pensarlo demasiado, tomando mi abrigo de nuevo para seguirlo fuera hasta el cobertizo. Entonces Sasuke vuelve a mirarme, ceñudo.
—No tienes que quedarte si no quieres —dice mientras saca la pala para nieve del cobertizo junto a las bolsas de sal.
—Quiero hacerlo —respondo de inmediato, encogiéndome de hombros —Y si quieres puedo ayudarte —ofrezco, y aunque me está dando la espalda puedo ver que él sonríe de lado, irónico.
—¿Sabes quitar nieve? —se burla, pero en vez de contestarle le quito la bolsa de sal y empiezo a arrojarla sobre la nieve más dura mientras siento su mirada penetrante de nuevo sobre mí.
—Mi familia tiene una casa de verano en el campo, y como mis padres nunca tuvieron un hijo varón no había nadie que ayudara a papá a limpiar la entrada cuando íbamos en invierno —comento mientras arrojo la sal y arrastro la bolsa por la nieve sin ningún esfuerzo —Así que yo ayudaba o nos quedaríamos atrapados dentro de la casa hasta la primavera —sonrío, orgullosa de esa parte de mí que nunca le había contado a nadie. No es que me avergonzara, pero palear nieve no es algo precisamente muy femenino, y es una estupidez ahora, pero supongo que en su momento no quería verme como alguien ruda. Pero con Sasuke no tengo que preocuparme por eso —No soy tan inútil como crees —informo cuando termino de llenar todo el tramo de camino de sal, volviendo a enfrentar a Sasuke, que ahora está recargado sobre la pala de nueve, mirándome desde el cobertizo como si fuera la primera vez que me ve en toda su vida.
—Al parecer no eres nada como creía —suspira después de unos momentos, desviando la mirada, incómodo, aunque su comentario solo me hace ampliar mi sonrisa.
—¿Y eso es bueno?
Sasuke separa los labios, pero al final se encoge de hombros y no dice nada; solo se limita a palear la nieve para despejar el sendero en completo silencio.
Nos lleva poco más de veinte minutos quitar toda la nieve, la cual no es tanta, ya que los inmensos y antiguos árboles del templo lo cubrieron bastante bien durante la nevada. Después Sasuke vuelve a guardar la pala y las bolsas de arena, y cuando regresa conmigo duda por un momento, pero finalmente pregunta:
—¿Cómo está tu pierna?
—¿Por qué?
Él duda otra vez durante un segundo, pero al final dice:
—Hay algo que me gustaría enseñarte. Sígueme —ordena, mirando un momento hacia su casa antes de empezar a guiarme tras el templo, saliendo de la propiedad hasta el bosque detrás de él. Nunca había estado en este lugar, ya que no forma parte se la visita turística al templo, pero no digo nada mientras camino tras Sasuke.
—No me estás llevando lejos para asesinarme, ¿o sí? —pregunto en broma luego de que me doy cuenta de lo lejos que estamos ya de la propiedad.
—Tal vez —responde Sasuke, y a pesar de que no hay ni el menor atisbo de burla en sus palabras supongo que debo tomármelas como otra broma.
A lo lejos, empiezo a escuchar el agua corriendo, más lenta de seguro a causa del hielo del invierno; entonces suspiro y empiezo a quedarme atrás cuando el suelo llano es reemplazado por rocas que sobresalen de él y que parecen tener miles de años. Sasuke me observa por el rabillo del ojo y ralentiza su marcha hasta que puedo alcanzarlo, me extiende su mano y me ayuda a subir entre las piedras hasta que el camino es llano de nuevo, y parece que hemos llegado a nuestro destino.
Detrás del templo hay un lago que recibe miles de visitas al año, porque muchos creyentes creen que es sagrado, pues aseguran que es tan antiguo como el mismo Japón, y que guarda millones de almas y secretos en sus aguas transparentes y calmadas. Conozco la historia porque es uno de los lugares más famosos de la ciudad, y mis padres solían traerme cuando era pequeña, aunque no recuerdo mucho. Sin embargo, me doy cuenta de que esta parte del lago no es la que solíamos visitar, sino una mucho más remota que no tiene pinta de haber sido muy visitada en el pasado.
Desde el lugar donde estamos puedo ver la otra orilla, donde los fieles hacen días de campo. No lo había notado antes, pero el bosque es realmente enorme, igual que el lago, cuyas aguas están congeladas y más quietas que nunca, igual que toda la vegetación que las rodea. No se escucha ni una sola ave, como si todo el bosque estuviera en una larga pausa.
—¿Qué hacemos aquí? —pregunto, buscando algunos remanentes por instinto, pues la última vez que seguí a Sasuke fue lo que quería enseñarme; sin embargo, ahora no hay nada, solo el aturdidor sonido del silencio.
—Solo espera —dice Sasuke —Está a punto de anochecer.
Él señala el débil sol anaranjado en el horizonte, apenas haciéndose notar por última vez a través de los nubarrones grises de la tormenta, y después se queda con la vista allí, como olvidándose de mi presencia.
Yo veo un tronco cerca del agua y me siento a descansar un momento poco antes de que la escasa luz desaparezca por completo y todo el bosque su suma en una espesa penumbra. Sin embargo, ni bien el sol termina de esconderse, una pequeña luz azulina pasa junto a mi oreja, asustándome. Entonces me levanto de un salto y me sujeto al brazo de Sasuke por instinto, y en ese instante más luces aparecen detrás de la otra, dando algunas vueltas antes de seguir el mismo camino hasta elevarse lentamente hacia el cielo. Y de pronto son miles de hermosas luces que forman una escalera hacia el firmamento. Yo las observo, asombrada, dándome cuenta de que todavía sostengo el brazo de Sasuke.
—¿Qué es esto? —pregunto, maravillada pero también algo incómoda, aunque a Sasuke no pareció molestarle que tomara su brazo y luego la soltara tan bruscamente.
—Creo que son almas... Las que no se quedan atrás —él se encoge de hombros, como yo, siguiendo el camino de las misteriosas luces con la mirada. Yo tardo unos segundos en recomponerme, y después lo imito, mirando el camino de luces que se elevan desde un punto que no puedo identificar. Es como ver el festival de fuegos artificiales, pero esas luces en lugar de transmitirme sorpresa o asombro me transmiten una increíble sensación de bienestar.
—Es muy hermoso —pienso en voz alta, intentando tocar una de las delicadas esferas, pero esta escapa antes de que mis dedos siquiera estén cerca. Sasuke exhala por la nariz, como riendo.
—Lo es. Es una lástima que nadie más pueda verlas —dice, mirándome de reojo un instante después, con ironía —O al menos creí que nadie más podía.
Sonrío un momento antes de volver a intentar atrapar una de las escurridizas luces. De repente hay un extraña paz en este lugar, como si ningún mal pudiera alcanzarnos aquí. Lo noto porque hasta Sasuke se ve relajado, como no lo había visto antes.
—Es mi lugar favorito en el templo —dice de repente, sin dejar de contemplar las luces en el cielo. Entonces me siento a su lado, y como aquel día en el templo, sin saber porqué me permito recargar la cabeza sobre su hombro. No sé qué es lo que me motiva a hacerlo, pero como la otra vez, aunque Sasuke se tensa, no dice nada.
—Gracias por compartirlo conmigo —le digo con honestidad, y casi de inmediato puedo sentirlo mirándome por el rabillo del ojo.
—No agradezcas. Es...yo te agradezco que estés aquí... conmigo —murmura, sorprendiéndome no solo con su torpeza, sino con la honestidad que brota de cada una de sus palabras. ¿Quién imaginaría que él y yo terminaríamos así algún día? Sonrío al recordar lo distinto que es el Sasuke que hoy veo al que había idealizado toda mi vida, y lo mucho que aún puede sorprenderme cuando creo que ya lo he visto todo sobre él.
Y entonces pasa. ¿Qué es esta sensación en mi pecho? Es casi como... como si mi corazón estuviera sintiéndose lleno de nuevo. Como si al fin hubiera llegado a un lugar seguro después de la enorme oscuridad. Y casi parece que Sasuke también se siente así.
Como si nada malo pudiera pasarnos mientras estemos juntos.
oOo
—Luces muy contenta el día de hoy.
Dejo de limpiar el estante y miro a mamá. Ella me sonríe con sus ojos redondos y castaños.
—¿Tú crees? —pregunto, un poco descolocada con su observación. Mamá, sin embargo, solo se acerca y me da un beso en la frente, mirándome de forma extraña mientras me acaricia el cabello como cuando era pequeña.
—No sabes lo feliz que me hace verte sonreír de nuevo... —dice —Me alegro que tu sonrisa no haya desaparecido junto con... —dice con tristeza, deteniéndose en el momento justo antes de decir su nombre; pero a pesar de eso, aunque mencione a Sai, hace que el dolor regrese como una puñalada directa a mi pecho, aunque, esta vez, intento no demostrarlo.
—Mamá, no exageres —digo, incómoda. Mamá retira su mano de mi cabeza y parece arrepentida por un momento, pero al final solo me sonríe, igual que siempre.
—Lo siento, hija... —responde, nerviosa mientras toma un paño para seguir limpiando los libros del estudio, cambiando de tema al instante —¿Sabes? Papá y yo estábamos pensando ir a la casa de las montañas por el año nuevo, ¿qué tal si le preguntas a Sasuke si quiere acompañarnos?
—¿A Sasuke? —pregunto, sorprendida. Mamá amplía su sonrisa.
—Sí. Él es tu amigo, ¿no? Y has pasado más tiempo con él últimamente que con Chōji y Shikamaru, así que creí que te gustaría invitarlo.
—Oh, bueno, no creo que acepte...
—¿Y por qué no? Podría ser una buena idea. Siempre dijiste que Sasuke necesita más amigos, y ahora tú también —me dice, haciéndome fruncir el ceño.
—¿Y desde cuando les interesa tanto lo que haga Sasuke? —refunfuño, aunque en realidad no busco una respuesta, pero mi madre me da una de todas formas:
—Tu padre le tiene cariño desde que trabajó con él —dice, sin darle importancia. Yo los miro a los dos, sorprendida.
—¿Sasuke fue paciente tuyo? —levanto la voz para preguntarle directamente a papá, que está limpiando los estantes de su oficina al otro lado del pasillo. Él responde tras unos momentos, frotándose suavemente la barbilla por un segundo, como si intentara recordar.
—Ah, sí. Apenas era un niño, acababa de perder a sus padres y tenía estas fantasías de ver personas en todas partes —recuerda, taciturno — Naturalmente era algo debido al shock que acababa de sufrir.
—¿Sasuke veía personas en todas partes? —Pregunto ahora, sin poder ocultar mi intriga. Papá frunce el ceño.
—Él les decía... ¿Cómo era? Ah, sí, remanentes —recuerda; después mueve la cabeza de un lado a otro, con lástima —Pobre niño, pero oí que mejoró al llegar a la adolescencia, aunque su caso lo llevaba otro doctor para entonces. Ahora tiene una vida perfectamente normal, como tú. Y por cierto, lo que dije no deberías repetirlo.
Asiento, porque entiendo que a veces se le va la lengua. Sin embargo, esta información es la más curiosa que le escuché decir en años. O al menos la primera que de verdad me interesa cuando dice algo de su trabajo.
—Invítalo —insiste mamá con otra de sus sonrisas. Yo ya no digo nada entonces, limitádome a seguir limpiando.
Sin embargo, como una hora después, de regreso en mi habitación, me encuentro a mí misma con mi teléfono en la mano y el número de Sasuke en la pantalla. Llevo cerca de diez minutos así, dándole vueltas al asunto sin decidirme. Y cuando por fin lo hago, decido no pensar cuando presiono la pantalla y contengo la respiración mientras espero junto al auricular. Ruego internamente que Sasuke esté ocupado y no pueda atender, pero todas mis esperanzas se derrumban cuando él atiende al segundo timbreo.
—¿Si?
La lengua se me pega al paladar. ¿Qué hago ahora? Mi boca se abre y se cierra como la de un pez, y entonces me siento muy estúpida, así que me aclaro la garganta, decidiendo que no tengo motivos para sentirme así.
—Hola...Sasuke... Soy Ino...
—Lo sé —empiezo a maldecir a Sasuke y sus respuestas rápidas y concisas, cuando él sigue hablando —¿Qué pasa?
—Amm... Nada en realidad. ¿Qué haces?
Me doy un golpe en la frente con la palma de mi mano. Nunca fue un problema para mí iniciar conversaciones, y ahora apenas puedo sostener una. ¿Qué diría la Ino del pasado?, pienso. Entonces Sasuke bufa, y puedo imaginármelo claramente frunciendo el ceño.
—¿Me llamaste para preguntarme lo que estoy haciendo?
Su tono es perplejo, pero aún así puedo distinguir una ligera nota de diversión; eso me relaja bastante.
—No. Sí. Bueno... Disculpa. No creí que realmente fueras a atenderme.
—¿Entonces me llamaste para que no atendiera? —pregunta, y yo me río sin poder evitarlo.
—No... —suspiro —Quería... En realidad, me gustaría preguntar... —empiezo a juntar valor, pero entonces se escucha algo crujir, y entonces hay un gran estruendo del otro lado de la línea, tras Sasuke, que jadea, como si se acabara de caer o algo así —¿Todo está bien?
—Ahora no puedo hablar. Lo siento. Te llamo luego —dice Sasuke, y entonces cuelga, dejándome con el teléfono todavía junto a la oreja, y una gran vergüenza encima.
Entonces me dejo caer sobre mi cama y suspiro, dejando que mi teléfono se deslice de mi mano hasta caer sobre la alfombra, demasiado abochornada como para siquiera preocuparme por eso.
Qué anormal eres, Ino, me digo a mí misma, preguntándome, ahora en serio, qué estaría haciendo Sasuke como para colgarme de esa forma. No es que me moleste. Quiero decir, aunque antes era algo inimaginable para mí, ahora entiendo que las personas no tienen que estar a mi disposición siempre, pero me preocupo por Sasuke. ¿Acaso estará bien?
Y mientras estoy en eso escucho el timbre de la puerta, y casi de inmediato escucho la voz de mi madre desde el piso de abajo:
—¡Ino! ¡Tienes visita! —dice, y me levanto tan rápido que me siento mareada.
¿Sasuke?, es lo primero en lo que pienso, y, todavía aturdida, me dirijo hacia las escaleras, llevándome la sorpresa de mi vida cuando, en vez de a Sasuke, me encuentro frente a frente con Neji Hyūga en mi puerta.
—¿Neji? —pregunto, sin poder creerme que realmente sea él, parado en medio de mi sala, con su imponente y elegante uniforme del ejército. Él me mira con sus ojos idénticos a los de Hinata por un segundo, apresurándose a quitarse la gorra para ponerla bajo su brazo y hacer una reverencia. Es casi como una de esas películas americanas del siglo pasado, pero la situación es tan extraña que mi mente se queda en blanco.
—Buenos días —dice Neji, con esa voz tan profunda y varonil que hace vibrar mis oídos. Mamá, detrás de él, me sonríe y hace gestos de aprobación que decido ignorar para no sentirme más rara de lo que ya me siento —Espero no molestar.
—No, está bien —termino de bajar las escaleras, sin dejar de mirarlo con curiosidad. Ni siquiera sabía que él recordaba el camino a mi casa, aunque tiene sentido, teniendo en cuenta que casi siempre era quien pasaba a buscar a Hinata cuando se quedaba aquí —¿Cómo estás? —No sé cómo actuar, así que me paro de puntas de pie y lo abrazo. Él se tensa un momento, pero responde poniendo su mano tímidamente en mi cintura por un instante antes de volver a su postura rígida y apartarse con suavidad.
—Bien, yo... regresé a casa por las fiestas. Aunque no pude llegar para la Navidad, me quedaré hasta el año nuevo —responde, y después se queda callado, como yo, que tampoco sé muy bien qué decir, porque es extraño volver a verlo, y lo es mucho más que esté parado en la sala de mi casa.
—Yo...
—Me preguntaba... —los dos hablamos al mismo tiempo, pero él se impone con su voz gruesa y varonil, la cual se contradice con su rostro, que parece contrariado e incluso algo avergonzado —¿Te importaría dar un paseo...conmigo? —dice finalmente, y aunque su pregunta me desconcierta, no dudo ni un poco en mi respuesta:
—Claro.
Voy por mi abrigo, y mamá me guiña un ojo por última vez cuando me despido de ella. Afuera hace tanto frío que no puedo evitar temblar un poco; Neji sube las solapas de su grueso abrigo de lana para abrigarse un poco más y entonces me doy cuenta de que no lleva bufanda. Eso se me hace extraño. Hinata nunca dejaba que nadie de su casa saliera tan desabrigado, sobre todo en invierno. Y pensar en ello me pone triste, porque si yo sigo extrañando a mi amiga, entonces debe ser aún peor para Neji. Quizá por eso me buscó, pienso mientras camino lado a lado con él en dirección al parque donde todos solíamos jugar de niños.
Ninguno dice nada durante el trayecto, aunque no por eso dejo de notar como Neji capta todas las miradas con sus ropas de soldado. Es muy atractivo, como lo era Hinata, pero obviamente mucho más varonil, y tengo que admitir que el uniforme de lana lo hace todavía más apuesto. Y me sonrojo al pensar que mi yo de doce años hubiera matado por estar en esta situación con el apuesto Neji Hyūga, pero tengo la sensación de que, lejos de mis fantasías de niña, él me buscó por un motivo muy distinto que una tonta cita; puedo ver en sus gestos el deseo de decirme algo, aunque parece que no puede decidirse.
—¿Está todo bien? —pregunto con cautela cuando nos detenemos frente a la fuente que Neji se sorprende un poco por mi pregunta tan directa, porque sus músculos se tensan al momento. Entonces se sienta sobre una banca cubierta de nieve, y yo hago lo mismo después de limpiarla un poco.
—Lamento haberme aparecido así en tu casa —dice, revolviéndose su ahora corto cabello castaño con una mano —Es solo que... —Neji suelta una especie de gemido ahogado que nunca llega a ser tal, porque parece estarse conteniendo con todas sus fuerzas de mostrar cualquier signo de debilidad —Todavía no puedo creer que ella se quitara la vida —me suelta, y entonces me sobresalto.
—Neji...
—Eras su mejor amiga —sigue hablando con la misma intensidad, mirándome fijamente a los ojos con una súplica silenciosa —. Creí que tal vez tú podrías ayudarme a entenderlo —hace una pausa mientras aprieta los puños sobre sus rodillas, desviando la mirada casi con pena —Yo solo...solo quiero entender... Quiero saber porqué lo hizo. ¿Qué fue lo que hice mal para que Hinata decidiera...?
—No —lo interrumpo, horrorizada por sus palabras. Sé que Neji siempre fue protector con Hinata, él la quería como a una hermana y siempre cuidó de ella, por eso no puedo soportar que piense eso. No puedo soportar la idea de que se culpe de algo tan atroz —Neji, nada de esto fue tu culpa. No debes sentirte responsable en ningún sentido.
—¿Entonces por qué lo hizo? —se altera, y eso se nota en su rostro pálido y triste cuando se levanta súbitamente de la banca y me da la espalda —Si yo hubiera estado aquí para ayudarle en lo que fuera que... —Neji hace una pausa, y su voz, quebrada y llena de dolor, se pierde en un hilo. Entonces no puedo contenerme, y como él me levanto de un salto, abrazándome a su espalda como si fuera un salvavidas. Como si yo lo fuera para él, negándome a dejarlo hundirse aún en contra de su voluntad.
—Debes dejar de culparte por esto —susurro —Y quisiera poder ayudarte, pero lo cierto es que no sé qué decirte. Yo tampoco estuve ahí para ella... —admito por primera vez, incluso para mí misma, y entonces hundo el rostro en la fuerte espalda de Neji, sintiendo las lágrimas picándome en los ojos —, tú estabas lejos, pero yo... lo siento. Lo siento tanto —el llanto al fin me gana, y mi agarre se afloja, igual que mis rodillas. Sé que hubiera caído de no ser por los reflejos de Neji, que se dio la vuelta en un segundo y me sujeto contra su pecho.
Es extraño, pero ahora él es mi salvavidas e impide que me ahogue en un inmenso mar de dolor y tristeza. Entonces lloro con fuerza, quebrándome como el día que desperté en el hospital, dejando salir todo el dolor y la culpa por haberme encerrado en mí misma y no haber sido la amiga que Hinata necesitaba, por no haber notado que algo andaba mal con ella, por no haber podido ayudarla.
Y Neji solo me abraza, dejándome llorar en su pecho como un bebé herido, abrazándome con más fuerza para no dejarme caer. Y eso es todo lo que necesito.
—Lo siento —sollozo cuando por fin empiezo a calmarme. Y aunque no quisiera salir de este lugar donde me siento tan segura, me obligo a dar un paso atrás y limpiarme el rostro, todavía más avergonzada que antes. Pero cuando intento bajar la mirada siento la mano de Neji sujetando mi barbilla con suavidad para hacer que lo mire. Sus ojos son los mismos que he visto tantas veces antes, pero ahora me pierdo en ellos y en toda la calma que me transmiten. Y aunque no dice nada no vuelvo a sentirme incómoda, sino todo lo contrario.
—Lo lamento si alguna vez te llamé superficial y tonta —dice entonces, sorprendiéndome tanto que tardó varios segundos en reaccionar.
—Nunca me llamaste así —digo, limpiándome los ojos otra vez cuando él suelta mi barbilla.
—No en tu cara —admite Neji, y aunque lo hace con total seriedad y honestidad no puedo evitar sonreír como si estuviera bromeando.
—Está bien. Supongo que había algo de verdad en tus palabras —me encojo de hombros, terminando de secarme las lágrimas con otra sonrisa, todavía sintiendo la presencia de Neji frente a mí, tan cerca que puedo sentir al cálido aire que escapa de su nariz y golpetea suavemente mi coronilla.
—Has cambiado —dice entonces —. Quiero decir, no como algo malo, sino que... de alguna forma me gustas más ahora que antes —mis ojos se abren con sorpresa cuando lo miro a los ojos una vez más, aunque ahora es él quien me evita, pasándose una mano por su corto cabello castaño con nerviosismo —. Siempre creí que eras una mala influencia para mi prima, y ahora... henos aquí
—Henos aquí —sonrío con nostalgia —Si te hace sentir mejor, siempre intentaba convencer a Hinata de que no debía hacerte caso solo por ser mayor. De hecho, siempre dije que eras muy pedante y aburrido. Pero Hinata decía que no eras tan pedante.
Neji sonríe. Nunca lo había visto sonreír, mucho menos a mí.
—Gracias —dice, mirándome de nuevo.
—¿Por qué?
—Por haberla querido tanto —responde, y de inmediato sé que de refiere a Hinata, y las lágrimas vuelven a picarme en los ojos. Sin embargo, allí está el abrazo protector de Neji para contenerlas.
oOo
—¿Ya empacaste todo?
—Casi —suspiro mientras me siento sobre mi maleta para intentar cerrarla. Y no es que esté llena porque quiera llevarme toda la ropa posible como años anteriores, sino porque la casa de mi familia está muy cerca de las montañas, y siempre hace un frío infernal allí, así que este año solo quiero llevarme todas las mantas más abrigadas que tenga en la casa. Así que estoy peleando con el cierre cuando mamá me suelta la pregunta del millón:
—¿Y ya invitaste a Sasuke? —dice, y me sorprendo de tal forma que resbalo de mi maleta y caigo al suelo sobre mi trasero. No he sabido nada de Sasuke desde hace mi vergonzosa llamada hace dos días; es decir, Sakura me habló de él y todos los demás ayer que la vi, pero no he vuelto a llamarlo, ni él me devolvió la llamada como dijo, aunque no es como si lo hubiese estado esperando.
—Lo llamé el otro día, pero no podía hablar... Y luego no supe nada de él. Supongo que ha estado ocupado —respondo mientras me levanto, frotándome el trasero para que pase más rápido el dolor del golpe, aunque no funciona mucho.
—Oh... ¿y por qué no lo llamas ahora? —dice mamá, con esa energía que yo solía tener en mis días más intensos —Podemos pasar por él de camino. Nos queda de paso. Llámalo.
—Ah...claro —respondo, porque sé que si no lo hago ella lo hará, y yo me voy a sentir muy avergonzada. Así que busco en mis jeans y tomo mi teléfono; busco el número de Sasuke y estoy a punto de llamar, pero dudo. Es extraño, pero hay algo que me impide hacerlo, así que dejo mi celular sobre mi cama y pongo mis manos en las rodillas, pensando en qué hacer y qué decirle. Pero entonces tengo una idea, aunque esta me aterra más que la primera.
Vamos, no seas tonta, me digo entonces, y sin dilatarlo más vuelvo a agarrar mi teléfono y marco sin siquiera detenerme a pensarlo.
Tal vez él ni siquiera atienda, pienso para darme el valor de no colgar, y ni siquiera termino de pensarlo cuando atienden antes del segundo timbreo.
—¿Diga? —mis mejillas se enrojecen cuando una voz masculina me habla desde el otro lado de la línea. De verdad no esperaba que me atendiera tan rápido. Quizá debería quitarme esta manía de llamar gente y esperar que no me atiendan.
—Hola, em... soy Ino. Yamanaka Ino —balbuceo, haciendo mi mejor esfuerzo por aparentar normalidad.
—Lo sé —responde él, y yo me doy otro golpe, mental esta vez; claro que lo sabe, yo misma le di mi número. ¡Tonta, tonta Ino!
—Emm... —carraspeo —Escuché que tu familia se fue de viaje por las fiestas, y que te quedaste en la ciudad, solo, así que pensé... creí que... No lo sé, tal vez sería una buena idea... —tomo aire profundamente —¿Quieres ir a la casa de campo de mis padres a pasar el año nuevo con nosotros? —Suelto, casi ahogándome con mi propia saliva por lo rápido que hablé. Y en los segundos que él tarda en procesar mi invitación empiezo a figurarme el inevitablemente rechazo; no obstante, del otro lado, escucho que Neji ríe por la nariz, y casi puedo imaginarme el gesto divertido en su mirada.
—Me encantaría.
