Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.

*Éste fic está inspirado en la novela "Break My Heart 1000 Times", de Daniel Walters, y también en la película de la novela, que se llama igual que el fic.

Notas de la autora: ¡Holis! Sé que pasó mucho tiempo, pero cuando me decidí a publicar mi fic realmente no tenía idea de lo malas que pueden ser las rachas se sequía de inspiración :3 Perdonen por tardar tanto, pero qué puedo decir, es la vida. Y aviso de antemano que tal vez haya algunos errores en el capítulo, ya que lo terminé lo más rápido posible para poder actualizar, pero voy a arreglarlos en cuanto tenga tiempo, que es todos los días mientras siga la cuarentena en mi país :v

Y quiero agradecer a todas las personas que leyeron y dejaron sus reviews, sobre todo a RocioFri, que es una de las fickers que más me inspira, y a Juvia, una lectora realmente fiel ❤

¡Espero que disfruten la lectura!

Lady S.

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Capítulo diez

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Año nuevo, heridas viejas

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El estallido de una rama quebrándose dentro del fuego me sobresalta, haciéndome levantar la mirada de mi libro y observar a mi alrededor por instinto. Y por un momento, tengo la sensación de que todo es perfecto; el sonido de la madera crujiendo entre las llamas, la chimenea calentando la habitación, la nieve cayendo afuera...cosas pequeñas que juntas me hacen sentir tan en paz como hace mucho no me sentía; como antes del accidente, aunque Sai ya no esté conmigo. Creo que es la primera vez que siento reconfortante algún lugar donde él no está.

Neji también tiene un libro entre sus manos, sentado frente a mí con la vista fija en las páginas de su novela de Stephen King; papá y mamá fueron de compras antes de que la tormenta nos azote y los coches no puedan salir, sin embargo es agradable ver que tienen la suficiente confianza como para dejarme sola otra vez; o bueno, al menos acompañada por alguien que no sea uno de ellos. Amo a mis padres y sé que se preocupan, pero ya tengo dieciocho años, necesito un poco de espacio.

—¿Qué ocurre?

—¿Eh? —doy un salto sobre el sofá, asustada por esa interrupción. Neji, en cambio, ni levanta la mirada de su libro; por el contrario, pasa la página mientras dice:

—¿Por qué estás mirándome?

—Yo no estoy... —intento mentir, pero al final me río —Lo siento, sé que yo te invité, pero todo esto es tan irreal. Es decir, si la Ino de doce años te viera aquí...

—Es precisamente porque ya no eres esa Ino que acepté venir —dice él.

—¡Oye! —me quejo. No sé qué tan en broma lo dice, pero aún así prefiero tomármelo con gracia —¿Tan mal estaba?

—No mal —Neji se encoge de hombros, levantando la vista por un segundo —Siempre fuiste muy linda, pero también chillona y vanidosa.

—¿Por eso no aceptaste salir conmigo? —pregunto entonces, aprovechándome de su sinceridad. Neji parpadea un par de veces y después suspira, mojándose los labios antes de seguir hablando.

—En parte. Tal vez hubiera aceptado si no hubieras apostado con Haruno que lo haría.

Mi cara se enciende con vergüenza. ¡No puedo creer que lo supiera! Quisiera desaparecer ahora mismo, aunque Neji no parece darle nada de importancia, solamente se levanta de un salto y pone mas maderos en la chimenea, contando los que quedan, que no son muchos.

—Bueno, creo que debería cortar un poco más de leña —dice, dejando su libro sobre la mesa del centro —¿Vienes?

Niego con la cabeza.

—Hace demasiado frío —miento, porque no me molesta el frío, sino la vergüenza que todavía siento y que no me deja respirar.

—Regreso enseguida —lo escucho decir mientras se pone el abrigo y abre la puerta, dejando entrar una ráfaga helada que me hace tiritar por un segundo.

Yo regreso la vista a mi libro, pero la regreso a la ventana en cuanto empiezo a escuchar el sonido del hacha partiendo la madera, quedándome fascinada con la imagen masculina de Neji Hyūga cortando troncos de leña, concentrándome en la forma en que los músculos de sus brazos se contraen por el esfuerzo cada vez que el hacha sube y baja. Sai nunca fue muy bueno para las tareas de la casa; papá se reía de él cuando sus brazos cedían al peso del hacha, o cada vez que resbalaba en la nieve; era muy inteligente, pero bastante torpe para algunas cosas. Creo que es eso lo que más extraño; yo lo amaba incluso con sus imperfecciones. Es una lástima que no haya tenido tiempo de decírselo.

Entonces empiezo a sentir las lágrimas picando en mis ojos, pero no tengo tiempo de dejar que la tristeza me lleve con ella, porque casi enseguida el sonido de mi teléfono me distrae, así que lo saco de mi bolsillo y observo la pantalla, abriendo los ojos con sorpresa al ver la foto en ella. Es una videollamada; de Sasuke. Y, sorprendida, deslizó mi dedo por la pantalla, y después de unos segundos en los que tarda la conexión, la imagen de mi desaliñado compañero aparece al otro lado, mirándome con sorpresa.

—Hola —digo de inmediato, limpiándome el rostro disimuladamente. Sasuke abre todavía más los ojos, como si no se hubiera esperado a que atendiera, y me observa fijamente por un momento; tengo la sensación de que está pensando en qué decir.

—Hola —murmura al fin, visiblemente incómodo. Después baja la mirada y se queda callado; parece que susurrar esa única palabra hubiera sido horriblemente agotador para él. Yo sonrío, intentando que se sienta más cómodo.

—¿Todo en orden? —digo, y a pesar de que mi pregunta parece asustarlo por un segundo, Sasuke vuelve a mirarme a través de la cámara, y de nuevo baja la mirada.

—Sí, yo... —se aclara la garganta y frunce el ceño, como si estuviera luchando por parecer tan indiferente y casual como siempre —Pasé por tu casa y no había nadie.

—Es porque estamos en la casa de campo, en las montañas; cerca del lago —respondo. Sasuke asiente lentamente.

—Ah —masculla, y otra vez se queda en silencio, momento que aprovecho para observarlo mejor, dándome cuenta de que las ojeras bajo sus ojos se ven más pronunciadas de lo usual, así como ese rictus imperturbable en su rostro pálido y cansado. Luce como si no hubiera dormido en días, o tal vez años.

—¿Estás bien? —pregunto al fin. Sasuke duda, y tarda un buen par de segundos en volver a hablarme:

—Hoy es el Año Nuevo.

—Lo sé —respondo; Sasuke duda otra vez, frotándose el mentón con nerviosismo. Nunca lo he visto hacer eso antes, así que no puedo evitar preocuparme todavía más por lo extraño que se ve.

—No me gusta esta época —dice al fin, haciendo que toda mi atención se centre en esas palabras.

—¿Por qué? —pregunto suavemente. Si algo he aprendido de Sasuke es que no obtendrás nada presionando; él es como una ostra, y cuanta más presión apliques, más se encerrará en sí mismo. Y así consigo que me mire nuevamente, pero justo cuando parece que va a decir algo escucho la puerta abriéndose otra vez, y esa brisa helada congelándome la espina en un santiamén.

—Ino, tus padres están aquí. Deberíamos ayudar con las compras —escucho a mis espaldas, y por la pantalla veo a Neji parándose detrás mío y observando mi teléfono mientras enarca una ceja con sorpresa —¿Uchiha Sasuke? Hola —dice, sin perder los modales; después sonríe tenuemente. Sasuke solo lo mira, perplejo, y no tiene tiempo de decir nada, porque enseguida se escucha el alboroto de mis padres entrando a la casa con las compras.

—¡Ino-chan, Neji-kun, ya estamos en casa! —saluda mamá, y me distraigo por solo un segundo, pero cuando vuelvo la mirada a la pantalla me doy cuenta de que la conexión se ha cortado, y la imagen de Sasuke desapareció por completo.

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Sasuke no vuelve a llamar, y aunque quiero llamarlo yo no lo hago. No sé por qué siento como si algo fuese mal, pero decido darle su espacio para que él mismo decida contarme; y si no lo hace, mañana le pediré a Neji que me lleve a la ciudad para verlo, aunque no sé si eso se pueda. Las noticias anuncian una fuerte tormenta para la madrugada, y se espera que mañana se cierren muchos caminos por la nevada, pero decido que podré solucionarlo.

En la noche dicen que podrían suspender los fuegos artificiales de año nuevo por el temporal, pero no tengo tiempo de escuchar la noticia completa porque le ayudo a mamá a sacar la carne del horno mientras papá y Neji juegan ajedrez en la sala, aunque lo dejan para ayudar a poner los lugares en la mesa. Y me concentro solo en este momento, compartiendo con mi familia y nuestro invitado, ayudando a decorar las galletas navideñas para el postre mientras mamá me observa y me sonríe. Entonces me siento culpable al pensar que no la he visto sonreír así desde el accidente.

Ojalá todos los días fueran así, pienso por un momento mientras veo a mis padres reír y jugar en la cocina, y recuerdo que antes del accidente todos nuestros días solían ser así, y eso hace que una punzada de culpa me vuelva a invadir. Sé que nada de lo que pasó es mi culpa, pero el que lo sepa no hace que lo sienta menos. Ojalá el accidente no se hubiera llevado las risas de mis padres también, pienso ahora, pero ellos no me permiten volver a caer en la tristeza. De algún lado empieza a sonar música navideña, y papá aparece con una gorra de Santa Claus y una nariz roja, invitándome a bailar con él. Yo me río y acepto su propuesta mientras mamá saca a bailar a Neji, quien, para mi sorpresa, acepta con gran caballerosidad. Y ahora todos reímos, celebramos y bailamos, incluso el serio Neji se ve feliz, tanto que me hace feliz también. Y cuando papá cambia de parejas bailar con él se siente tan natural como si lo hubiéramos hecho toda la vida. Neji toma mi mano, me hace girar y yo lo hago girar a él; nos divertimos como dos niños que no saben bailar (porque lo cierto es que los dos lo hacemos bastante mal), igual que mis padres, hasta la canción termina y mamá anuncia que la carne asada se enfriará si no comemos pronto.

Ella y Neji llevan la comida a la mesa, papá termina de llevar las copas y yo me quedo atrás para terminar con las galletas cuando mi celular suena, y aunque no quiero atender para no interrumpir la cena cambio de opinión apenas veo que es una llamada de Sasuke.

—¿Hola? ¿Sasuke? —digo de inmediato, atravesando la sala para ir al vestíbulo y tener algo más de silencio y privacidad.

Del otro lado hay un carraspeo

No —escucho que gruñen, y de inmediato me doy cuenta de que esa no es la voz de Sasuke —Es Sasori.

—¿Sasori? —pregunto, confundida —¿Qué haces con el teléfono de Sasuke? ¿Pasó algo?

No... Es decir, ¿Sasuke no está contigo? —pregunta, en tono neutro, pero aun así, por alguna razón, mi corazón se acelera con miedo.

—No —respondo, empezando a temblar con anticipación. Sasori entonces carraspea una maldición, preocupándome —¿Qué pasó con Sasuke? ¿Está bien?

Me temo que no lo sé —dice él —Se fue en la tarde y dejó su teléfono —suspira y hace una pausa mientras sus palabras retumban en mi mente —Eres la única amiga de Sasuke que conozco, y tu número fue el último al que llamó, así que yo... esperaba que estuviera contigo.

—No... —respondo, casi hiperventilando —No he visto a Sasuke en todo el día. ¿Por qué se iría de esa forma?

Es esta fecha; Sasuke siempre suele desaparecer en este día, pero están anunciando una gran tormenta, y temo que él... temo que quede atrapado en el temporal —dice Sasori, y entonces escucho una bocina; parece que está manejando, porque rápidamente añade —Tengo que irme. Seguiré buscándolo. Por favor, avisa si sabes algo —me pide antes de cortar la llamada, pero yo no reacciono.

¡Sabía que algo iba mal, lo sabía!, y ahora no sé qué puedo hacer para ayudar; estoy como paralizada. Escucho a papá llamarme para la cena, pero no me muevo; estoy tan preocupada que no puedo hacerlo. ¿Dónde puede estar Sasuke? ¿Por qué huiría de su casa en una noche así? Sasori mencionó algo de la fecha, pero no puedo asociarlo. Lo único que me importa es saber que él está bien, y que lograron encontrarlo.

Y entonces tengo una idea, así que tomo mi celular y llamo al teléfono de Sasuke, pero nadie atiende. Llamo otra vez, y de nuevo no puedo comunicarme, así que empiezo a desesperarme, sin saber qué más puedo hacer mientras por la ventana veo que empezó a nevar de nuevo, así que ni siquiera lo pienso. ignorando los llamados de mis padres, voy directamente al armario y busco mis botas y mi abrigo. Siento que todos me miran cuando paso junto a la mesa ya lista para comenzar la cena, pero no me paro a pensar en ellos.

—Ino, cariño, ¿qué haces? ¿A dónde vas con esta tormenta? —pregunta mamá, dejando de servir la carne.

—Tengo que volver a la ciudad. Tengo que ir a buscarlo —digo, sin prestar atención más que a abrocharme el abrigo correctamente.

—¿Qué? ¡¿A quién?! —pregunta papá, y tampoco lo miro cuando respondo:

—Sasuke. Desapareció de su casa —murmuro sin dar más explicaciones, terminando de ponerme la bufanda y un gorro de lana.

—¡¿Qué?! —mis padres se alarman; Neji levanta las cejas con sorpresa.

—¿Por qué? ¿Qué sucedió? —pregunta, sereno, haciéndome enojar, no con él, sino con toda la situación.

—¡No lo sé! ¡Pero debo ir a buscarlo! —grito, girándome para mirarlos a todos. ¡¿Por qué no solo pueden dejar de hacer preguntas y hacen algo?!, pienso, pero no digo nada. Papá abre los ojos con sobresalto, como si de pronto comprendiera la situación, pero no dice nada. Mamá, en cambio, se horroriza al verme abrigada y unir cabos.

—Hija, no puedes salir con esta tormenta —me dice, impacientándome todavía más. Pero no la escucho, solo camino hacia la puerta, abriendo la de un tirón, pero ella corre para volver a cerrarla, sin dejarme salir.

—¡Sasuke me necesita, mamá! —Le digo, ofuscada. No tengo tiempo ni la cabeza para negociar con ella ahora.

—Yo te llevo —nos interrumpe Neji, levantándose de la mesa y apoyándome con mi madre. Y ahora ella nos mira a los dos como si estuviéramos locos.

—¡No! ¡Ustedes no van a ir a ninguna parte con este clima! —añade papá, parándose junto a la puerta también y desesperándome todavía más.

—¡No hay tiempo, papá!

—Ustedes no irán a ningin lado sin nosotros. Tu padre y yo ayudaremos —dice mamá entonces, apresurándose a tomar su abrigo, y pasándole el suyo a papá, que no protesta, sorprendiéndome con ese cambio de actitud, que él apoya totalmente.

—Ustedes pueden ir en el coche de Neji, nosotros iremos en el nuestro —dice, poniéndose la bufanda alrededor del cuello, como mamá.

—Podemos ir a la escuela —dice ella mientras tanto —. Podría estar ahí. O en la casa de algunos de sus amigos.

—Sería mejor dividirnos —dice Neji, terminando de abrigarse también —Ustedes vayan a la escuela. Nosotros iremos al centro de la ciudad. Si nos damos prisa, podremos encontrarlo antes de que caiga la tormenta —ordena, y nadie más protesta.

Como lo dijimos, mis padres se van en nuestra camioneta, y yo voy con Neji en la suya; ambos coches van juntos hasta que salimos de la zona montañosa y podemos acelerar un poco más, aunque con mucha cautela por la nieve que sigue cayendo.

Neji maneja con cuidado; no estamos muy lejos de la ciudad, así que los coches se separan, y el nuestro se dirige al norte mientras le escribo a Sasori para decirle que mis padres y yo nos unimos a la búsqueda, y algunos lugares donde se me ocurre que Sasuke puede estar. Ni siquiera pasa por mi mente avisarle a nuestros amigos, tal vez porque estoy demasiado nerviosa para pensar en ellos.

—¿Dónde quieres empezar? —la apacible voz de Neji me saca de mis pensamientos, sobresaltándome ligeramente.

—Podemos ir al parque —propongo lo primero que se me ocurre, pero entonces se me ocurre algo mejor —¡No! ¡El templo Sengakūji! —exclamo, exaltada —¡Es su lugar favorito en la ciudad! ¡Sasuke debe estar ahí! —respondo, tan segura de que él debe estar allí que mi preocupación se transforma en una ansiedad atroz. Es difícil llegar hasta el templo con tanta nieve acumulada en tan poco tiempo, pero aun así recorremos casi media ciudad en tiempo récord. Nejo conduce hasta Sengakūji, y apenas frena abro la puerta y salgo del coche.

Como lo esperaba, el templo está casi todo cubierto de nieve, y está cerrado. Golpeo las puertas pero nadie responde; busco al cuidador, pero hay un cartel que dice que se fue de la ciudad por el temporal y el año nuevo.

—No hay nadie —dice Neji, leyendo el cartel atrás mío, pero no me quedo de brazos cruzados —¡Ino, espera! —lo escucho decir, pero no me detengo. Voy hasta la barda que prohíbe el acceso a los visitantes, y sin pensarlo la salto, pero esta vez la nieve suaviza mi caída. Entonces corro hacia los monumentos de las tumbas de los samuráis, chocando contra todos los remanentes que caminan por allí y se deshacen en un instante.

—¡Sasuke! —lo llamo, corriendo entre las nubes de humo formadas por los rems que choqué, manteniendo la esperanza de poder encontrarlo en este lugar, pero no hay nada. Sasuke no está por ninguna parte —¡Sasuke! —lo llamo una vez más, casi sin poder ver nada entre tanta gente yendo y viniendo. Me muevo tan rápido como puedo entre la nieve y reviso también tras los monumentos de piedra, pero tampoco hay nada allí.

—Él no está aquí —dice la voz de Neji entonces, llegando tras de mí —Ino, no hay nada aquí —me dice, caminando a través de dos hombres de atuendo tradicional que desaparecen sin que siquiera los note. Después su teléfono suena, y él se da la vuelta mientras me paro sobre unas bancas de piedra para poder tener una mejor vista, pero lo cierto es que no hay nada. Sasuke no está por ninguna parte —Era tu padre —dice Neji entonces, llamando mi atención otra vez —Lo siento, pero tampoco estaba en la escuela, pero lograron comunicarse con la familia de Sasuke, e irán todos a la estación de...

—¿Qué dijste? —mi lengua se mueve más rápido que mi cerebro, y Neji parpadea, sin entender mi pregunta.

—Que tus padres y la familia de Sasuke irán a la estación de policía a hacer un reporte. Tu madre quiere que...

—Su familia... —susurro, esperanzada ante una nueva idea del posible paradero de Sasuke —¡La familia de Sasuke! ¡Ya sé dónde está! —digo, y sin esperar un segundo corro de regreso al auto, y Neji otra vez tiene que correr tras de mí, aunque sin despeinarse ni un poco pese a que sus mejillas, como las mías, se ponen rojas por el frío.

—Bien. ¿A dónde vamos? —pregunta, encendiendo el motor y poniendo el coche en reversa para irnos.

—El viejo distrito Uchiha —respondo sin pensar. Él termina de alinear su coche en la calle y me mira.

—¿Qué?

—¡Solo sigue hacia el norte de la ciudad! —respondo, histérica, y Neji ya no hace preguntas. Pero aunque me siento mal por hablarle así no puedo disculparme, porque es mayor mi preocupación por Sasuke, sobre todo porque la nieve cae cada vez con más fuerza.

El resto del camino lo hacemos en un silencio solo interrumpido por la voz del locutor de la radio con las últimas noticias sobre el clima. Nos lleva cerca de veinte minutos más llegar a los límites del antiguo distrito Uchiha, y Neji se ve muy desconfiado cuando le digo que debemos detenernos, pero no puedo culparlo. Este lugar se ve mucho más sombrío de noche y con toda esa nieve acumulada a su alrededor. El invierno lo hace ver como una enorme y aterradora ciudad embrujada, aún más triste y abandonada que antes, pero no le hago caso a la sensación de temor que me produce. Me bajo del coche y Neji de nuevo me sigue a través de las pesadas y viejas puertas de la entrada, aunque a él le cuesta más pasar a través de la abertura por su talla y altura.

—¡Sasuke! —grito apenas estoy del otro lado, y mi voz hace un terrorífico y vacío eco a lo lejos.

—¡Sasuke! —llama Neji, y se produce el mismo efecto, pero no hay respuesta, y no podemos ver nada por la oscuridad completa, así que saco la linterna de mi teléfono, pero aun así no es suficiente para ver algo más allá de mi propia nariz —Espera aquí. Tengo una linterna en el auto —dice, regresando sobre sus pasos, pero no me quedo a esperarlo. Conozco el camino aunque solamente estuve aquí una vez, pero recuerdo cómo llegar hasta la casa principal, así que corro en línea recta, chocando con algunos montículos de nieve y raíces que no consigo ver a la carrera, pero levantándome de inmediato para seguir avanzando.

Es un sentimiento extraño, que me empuja hacia ese lugar, algo que no puedo explicar, igual que lo que sentí cuando hablé con Sasuke esta mañana. Y de pronto, choco de frente contra la oscura y espeluznante mansión Uchiha, haciendo que me detenga por un segundo, pero enseguida sigo avanzando y me adentro en la espesa y helada oscuridad de la vieja construcción. El viento helado silba desde todos lados en mis oídos como en una película de terror, las maderas húmedas y podridas crujen horriblemente bajo mis pies, y amenazan con romperse en cualquier momento, pero no soy capaz de andar con cuidado ni sentir miedo por mí propia seguridad. Lo único que me importa ahora es él.

—¡Sasuke! —grito mientras entro al salón, completamente desesperada y aterrada. Y no tardo nada en verlos de nuevo, igual que aquel día, todas esas personas comiendo, bailando y charlando animadamente, como si realmente estuvieran allí, con vida. Mi teléfono resbala de mis manos entonces, y por el golpe la linterna se apaga, y me sobresalto, con el corazón latiéndome como loco hasta que mis ojos se acostumbran a la oscuridad y noto que hay algo de luz de luna que se filtra a través de los hoyos de la madera en las paredes y los techos.

Y sigo moviéndome, pero no tengo que avanzar demasiado hasta que lo encuentro, tirado en el suelo, con las rodillas al pecho, igual que un niño asustado. ¡Es Sasuke, está aquí, y está bien! Y aunque me alegra mucho verlo, no corro hacia él, solo me acerco muy cautelosamente hasta estar a su lado; y sé que Sasuke sabe de mi presencia, pero no lo demuestra hasta que me dejo caer sobre el piso también. Entonces me mira fijamente por un segundo, y luego sus ojos oscuros se pierden en la fiesta silenciosa con nostalgia.

—Era Año Nuevo —dice de repente, sorprendiéndome —Mis padres siempre organizaban una fiesta en año nuevo, y nunca me dejaban asistir, pero esa noche me escabullí de mi cama y bajé —susurra; noto que tiembla, así que enseguida me quito mi abrigo para cubrirlo con él e intentar calentarlo —Yo estaba justo aquí —dice, y de reojo noto el horrible espectáculo de personas vomitando y cayendo al suelo, envenenadas, otra vez —Y los vi.

—Sasuke... —murmuro con pesar, pues la tensión es tal que puedo sentir su dolor como si fuera mío.

—Me había escondido bajo la mesa —siguió él, levantándose y dejando caer mi abrigo en el proceso —Quería ver los fuegos artificiales. No entendía porqué de pronto todos parecían tan enfermos... —susurra.

—Sasuke, tenemos que...

—También debí morir esa noche —dice entonces, apretando los puños con rabia —Fui el único que no comió ni bebió nada de la fiesta. Él me lo prohibió.

—¿Él?

—Itachi, mi hermano —responde, y lo veo tambalearse, temblando otra vez a causa del frío, y cuando me arrastro para recuperar mi teléfono y encender la linterna otra vez, me doy cuenta, con horror, de que sus labios están morados, así como sus manos y rostro.

—Tenemos que irnos —suplico, pero él se resiste a pesar de que tiembla de pies a cabeza, y cuando toco su mano me doy cuenta de que está tan frío como un muerto —Sasuke, ¡por favor! —le ruego, y él intenta alejarse, pero no tiene fuerzas, así que solo se le doblan las rodillas y cae en mis brazos, que lo sostienen por reflejo.

—¡Ino! —escucho entonces, con mis propias rodillas a punto de ceder al peso de Sasuke.

—¡Aquí! ¡Lo encontré! —gritó, y veo la luz de la linterna de Neji acercándose. Él me encuentra enseguida, y como yo hice se quita la chaqueta y envuelve a Sasuke, que está tan débil que no puede protestar.

—Tenemos que sacarlo de aquí —ordena, y como puedo lo ayudo a llevarlo por los brazos fuerza de la casa y del distrito, metiéndolo a la calefacción del coche tan rápido como podemos.

Aunque intenta negarse a que lo llevemos con un doctor, Neji no oye excusas y maneja tan rápido como puede mientras se comunica de nuevo con mi papá para avisarles a qué hospital estamos yendo. Sasuke tiembla todo el camino, por lo que Neji me ordena que lo abrace y que abrigue su cuello para mantenerlo caliente con mi propio calor corporal, y lo hago sin pensar aunque siento todos sus músculos tensarse, porque Neji parece saber muy bien lo que hace. De repente me doy cuenta de que estoy llorando, no sé si de tristeza, felicidad o enojo por casi haberlo perdido, pero solo me concentro en Sasuke y en darle calor hasta que el coche se para en la entrada de urgencias y varios médicos y enfermeras salen a buscarlo con una camilla, como si ya supieran que veníamos. Entonces me doy cuenta de que estamos en el hospital donde trabaja papá, y aunque sigo preocupada, me tranquiliza pensar que los doctores harán todo lo necesario para que Sasuke se recupere.

Sasori y su abuela no tardan en llegar junto a mis padres, que corren directamente a abrazarme mientras la familia de Sasuke pregunta por él a unas enfermeras que nos indican que solo tenemos que esperar. La abuela Chiyo entonces se gira hacia Neji y hacia mí y nos da las gracias, abrazándome y apretando la mano de Neji con afecto mientras Sasori nos agradece a su manera, a la distancia y con un suave movimiento de cabeza. Papá entonces entra en la sala de atención médica con su permiso de empleado del hospital, y casi media hora después sale otra vez, anunciándonos que aunque sufrió de una leve hipotermia de fase dos, con un poco de atenciones, bebidas calientes y reposo estará como nuevo. Incluso está consciente, por lo que su familia puede pasar a verlo. Entonces la señora Chiyo y su nieto entran juntos, y yo me quedo en la sala de espera con mi familia y Neji, que me hacen compañía.

—Al menos será un inicio de año interesante. No todos los días tienes tiempo de usar algo de lo que te enseñan en el entrenamiento de supervivencia en la vida real —escucho bromear a Neji, haciéndome reír con honestidad por primera vez en horas. Entonces lo miro, diciéndole lo agradecida que me siento con solo una mirada que él parece entender a la perfección. Su semblante luce casi brillante, como se debe sentir al saber que acabas de ayudar a salvar una vida; pero de repente su mirada cae con tristeza, y sé al instante que debe estar pensando en Hinata, porque, aunque hoy haya podido salvar a Sasuke, el no haber podido hacer lo mismo por ella debe pesarle más que nunca. Pero no dejo que la tristeza se lo lleve, así que lo abrazo tan fuerte como puedo y me quedo a su lado, no solo para que vea lo agradecida que estoy, sino para que sepa también que no está solo.

—Quizá debamos regresar a casa —dice mamá entonces, abrazando a papá de lado —No hemos comido nada, y me preocupa que ustedes dos tengan el estómago vacío después de todo lo que pasó —añade, y solo entonces me doy cuenta de que mi estómago hace rato ruge por comida, pero no quiero irme. Necesito quedarme.

—Quizá podamos comer algo en la cafetería —dice papá, mirando su reloj —Apenas son las diez, y debe seguir abierta por las fiestas.

—Comería cualquier cosa que tengan —dice Neji, manteniéndome junto a él con un brazo alrededor de mis hombros, y agradezco en silencio que me permitan quedarme, pero sobre todo que se queden conmigo.

Entonces la puerta de la sala de urgencias se abre, y la abuela Chiyo sale con Sasori, y caminan directamente hasta nosotros.

—Sasuke quiere verte —murmura el chico pelirrojo, hablándome a mí, pero sin mirarme a la cara. Yo me suelto del brazo de Neji, un poco confundida.

—Quizá nos permitan invitarles la cena después de haber arruinado su comida de Año Nuevo —dice la abuela Chiyo mientras su nieto me guía hacia la cama de Sasuke.

Él está sentado sobre el colchón, cubierto por una gruesa capa de mantas hasta la cintura; la calefacción está al tope, así que solo tiene puesta una bata de hospital. Toda su ropa fue removida, incluso sus muñequeras, por eso lleva los brazos descubiertos, haciendo que sea imposible no distinguir las cicatrices que surcan sus muñecas. Son dos líneas finas, ya cicatrizadas, una a cada lado que van desde el inicio de las venas hacia arriba y que me hacen contener la respiración, porque conozco ese tipo de heridas; las he visto muchas veces en el hospital, e incluso analicé muchas veces hacerme las mismas. Y algo en mi reacción parece haber revelado mi presencia, porque Sasuke se gira para verme, observándome fijamente durante varios segundos antes de esconder sus brazos bajo las mantas y regresar la vista hacia la ventana, como si se sintiera avergonzado. Después se queda callado por lo que parece ser una eternidad mientras yo no me atrevo a acercarme más, hasta que, finalmente y todavía con la mirada puesta en la nieve que congela el cristal, él rompe el silencio.

—No veo a los remanentes porque haya estado ahí el día que asesinaron a mi familia —dice, sobresaltándome con el tono áspero de su voz. Y como si hubiera recibido algún tipo de autorización avanzo hacia él, sentándome a los pies de su cama, cerca, pero lo suficientemente alejada para no invadir su espacio; Sasuke espera a que lo haga para mirarme y continuar, hablando como si cada palabra doliera enormemente —Los veo porque también estuve del otro lado —murmura, sacando los brazos de debajo de las mantas y contemplando las cicatrices de sus muñecas por un momento, haciendo que yo haga lo mismo.

—Trataste de suicidarte —digo en un suspiro, sin poder contenerme. Sasuke posa sus ojos fijos sobre mí al escucharme, moviendo la cabeza lentamente de un lado a otro.

—No lo intenté; estuve muerto, clínicamente muerto por más de veinte minutos —dice, desviando la mirada hacia la ventana otra vez; y lo escucho suspirar de forma que parece que intenta darse valor a sí mismo, como si necesitara sacar algo que lleva dentro desde hace mucho tiempo, algo que significa mucho para él, así que no digo nada, y solo lo dejo continuar a su ritmo —Fue en el mismo lugar donde me encontraste —sigue, sin dejar de mirar la nieve acumulada en la ventana —Tenía once. Casi doce.

Parpadeo, porque recuerdo que poco antes de su cumpleaños número doce desapareció por completo, como si se lo hubiera tragado la tierra; no regresó a la escuela, ni nadie volvió a saber de él en casi tres años, ni siquiera Sakura y Naruto. Los profesores nos dijeron que había tenido que mudarse al campo porque tenía un pariente enfermo, y cuando finalmente regresó durante el primer año de preparatoria nunca le dijo a nadie dónde había estado por tanto tiempo, por lo que la gente solo asumió. Algunos decían que se había ido a América con su tío, otros que se había ido a recorrer el mundo con su hermano mayor, o que había dejado la escuela para convertirse en una estrella de cine o de rock; ahora sé que nada de eso es cierto. Cualquier cosa que Sasuke haya pasado en esos años no se debe asemejar a nada de lo que las locas mentes de unas adolescentes pueden imaginarse.

—¿Y cómo...? —se me escapa decir, pero no puedo terminar mi pregunta, porque tengo un nudo en la garganta al pensar en lo terrible que ha sido su vida aún siendo solo un niño. El dolor de Sasuke se siente casi como si fuera propio, o peor, porque aunque quisiera sé que no hay nada que pueda hacer para aliviarlo, y eso solo lo empeora.

—Luego del asesinato de mis padres, mi tutor intentó que mi vida fuera lo más normal posible con terapeutas y psiquiatras, y estuve bien por un par de años, hasta que la presión fue demasiada —dice él, apretando los dientes un momento —Yo solo... —masculla, y las palabras parecen atorársele en la garganta —Solo quería dejar de sentir esa maldita culpa... Entonces, un día me escapé de la escuela, fui a mi vieja casa, tomé un trozo de vidrio y... —Sasuke se mira las muñecas otra vez, y no necesita decir nada más para que lo entienda. Después hay otra pausa larga, muy necesaria para que reúna el valor de continuar —Kakashi, mi antiguo tutor, me encontró casi muerto, y mi corazón finalmente se detuvo camino al hospital, hasta que lograron resucitarme —otra pausa, y suspira. Yo procuro mantener la boca cerrada, e incluso respirar lo menos posible —Y cuando desperté me di cuenta de que podía verlos. A los rems, y con un intento de suicidio a cuestas, no fue muy difícil para mi terapeuta asumir que sufría alguna clase de esquizofrenia, por lo que me enviaron a un hospital psiquiátrico sin dudarlo.

—¿Tu terapeuta? ¿Mi padre? —pregunto, sin poder creerlo. Sasuke asiente, y aunque entiendo lo doloroso que habrá sido en su momento, no parece haber odio o rabia en sus ojos.

—Él fue bueno conmigo. Solo que no podía... No había forma de que nadie me creyera, así que solo me dieron medicamentos, y me enviaron con más doctores. Nadie podía entender qué era lo que realmente pasaba conmigo —murmura, y un sentimiento de profunda empatía me invade; que te suceda algo como lo que nos pasa a nosotros y que no exista nadie es lo peor que podría pasarte; por eso jamás le dije a nadie las cosas que veía, o hubiera terminado encerrada en algún lugar como Sasuke, aunque no es lo mismo.

Mi accidente sucedió cuando casi era una adulta, y aun así fue extremadamente difícil sobrellevarlo; lo de Sasuke pasó cuando él era apenas era un niño. ¿Cómo podría un chico de doce años lidiar con todo esto? Esas cosas no deben pasarle a un niño tan pequeño. No deberían, pienso, y entonces siento las lágrimas calentando mis mejillas, pero las limpio de inmediato.

—Pero no todo fue tan malo —la voz ahora suave y serena de Sasuke me hace volver a mirarlo —Mientras estuve en el hospital conocí a Sasori y la abuela Chiyo —sonríe de lado, de forma casi imperceptible —Habían llevado su espectáculo de marionetas al ala infantil del hospital, y no sé qué fue lo que ella vio en mí, pero fue como si lo hubiera sabido al instante.

—¿Ella también los ve? —pregunto mientras sigo secándome las lágrimas. Sasuke se encoge de hombros.

—No lo sé. Nunca hablamos de eso, pero cuando llegué al templo... Supe de inmediato que ellos no eran personas normales. Sé que pueden ver cosas que los demás no, pero no creo que sea por las mismas razones que nosotros. Creo que existen personas que nacen con esa habilidad —susurra, torciéndose las manos con nerviosismo, pero liberándolas casi al instante —Ellos me ofrecieron un hogar, y la paz mental que no había tenido en mucho tiempo, así que mi tutor les cedió mi cuidado después de que lo convenciera de que no me llevara a América, donde debía irse por trabajo. Sabía que allá todo sería peor, y creo que él lo sabía también; así que la abuela Chiyo me sacó del hospital, y debido a mi supuesto estado de salud me permitieron hacer todos mis exámenes en casa, hasta que mis médicos estuvieron de acuerdo en que era hora de regresar a tener una rutina tan normal como el resto.

—Fue cuando regresaste a la escuela —asumo. Sasuke asiente con la cabeza.

—Nada cambió en realidad; solo aprendí a meditar, y a cerrar la boca y actuar con normalidad cada vez que veía algún remanente en la calle; hacer como si ellos no existieran, tanto que creo que en algún punto llegué a convencerme de ello —Sasuke suspira, y de repente se ve como si se sintiera tan ligero como el aire —Y entonces, cuando supe lo de tu accidente... Había pasado tanto tiempo negándomelo a mí mismo que nunca creí que tú... Que alguien que era como tú eras pudiera estar pasando por lo mismo.

—¿Por eso nunca fuiste a verme al hospital?

—Entre otras cosas —murmura, mirando las marcas de sus brazos con vergüenza. Entonces entiendo porqué siempre lleva muñequera consigo; supongo que jamás será fácil para él volver a ver esas marcas que inevitablemente le remontarán a un momento tan triste de su vida, pero sobre todo a un acto tan desesperado que en su momento vio como la única salida. Y no dudo que si yo no hubiera tenido a mis padres tendría las mismas cicatrices, pero Sasuke no tuvo a nadie; su vida ya había estado marcada por la tragedia incluso antes de tomar la decisión de acabar con ella.

Y mientras lo veo contemplar las marcas de sus brazos de forma ignominiosa siento que quiero decirle que todo está bien, que no me importan lo que significan esas cicatrices, pero las palabras simplemente no brotan. Sé que Sasuke necesita de mi apoyo, pero al mismo tiempo temo que confunda mi empatía con lástima, un sentimiento que quienes hemos pasado por situaciones tan horribles no podemos tolerar, así que no digo nada, pero me siento más cerca suyo, tratando de demostrarle que estoy aquí y que no iré a ningún lado. Y entonces no puedo evitar dar un saltito de impresión cuando siento el tacto tibio de su mano tomando la mía, pero en vez de retirarla aprieto la de Sasuke con fuerza, buscando sus ojos otra vez con los míos, pero los suyos están de nuevo en un lugar lejano, incluso más de la pequeña ventana de la habitación. Y él no dice, ni yo tampoco, pero nuestras manos unidas lo dicen todo.

•°•°•°•

Tengo que irme cuando una enfermera me dice que Sasuke aún debe descansar, así que me despido dándole un beso en la mejilla antes de entender lo que estaba haciendo. Ni siquiera a mis mejores amigos los he besado, pero la enfermera me saca antes de que pueda disculparme por mi extraña reacción.

En la sala de espera busco a mis padres y a Neji, pero solo hay algunas personas que no conozco esperando, así que me encamino hacia la cafetería cuando una pequeña mota de fuego flotando en la oscuridad tras las puertas de urgencias llama mi atención, aunque no es la diminuta luz lo que me hace acercarme, sino la figura del joven que sostiene el pequeño cigarro que se lleva a la boca con cierta frecuencia, haciendo bailar a la motita de fuego.

Sasori está parado en la acera frente a la entrada de ambulancias, fumando tan solitario como se lo ve siempre, contemplando el cielo como si estuviera esperando que suceda algo, aunque solo parece estar contemplando la nada mientras me acerco a él por la espalda, a tiempo para escucharlo estornudar de la forma más cómica que he oído en mi vida, igual que el arrullo de un gatito, así que no puedo evitar reír, delatando mi presencia.

—¿Qué haces aquí? —dice él, dándose la vuelta con el ceño fruncido; entonces, de nuevo, estornuda, arrojando el cigarrillo de su mano por accidente por la fuerte contracción de sus músculos.

—Deberías abrigarte más o terminarás enfermo —contesto, señalando su cuello desnudo porque a pesar de que la nevada cesó todavía hace mucho frío, a lo que él solo responde levantando las cejas con molestia.

—Y tú deberías dejar de decirle a las personas lo que deben hacer si no te lo preguntan —responde, levantando el cuello de su chaqueta mientras se frota las manos para calentarlas. Entonces me acerco y noto que él retrocede un poco, pero lo hace de una forma que parece tan natural que no puedo saber si lo hace para evitarme o no, así que hago de cuenta que no vi nada, y me paro a su lado, guardando silencio durante unos minutos hasta que me doy cuenta de qué es lo que vine a hacer aquí, junto a él.

—Dijiste que yo intento reemplazar a la persona que perdí con Sasuke —digo sin mirarlo, pero lo suficientemente alto para que me escuche. Y de reojo me doy cuenta de que él me mira en silencio, como esperando a que siga hablando, así que enfrento su mirada y prosigo —Y pensé que tal vez tenías razón, pero lo cierto es que no —admito, encogiéndome de hombros y bajando la vista a mis pies —No me quedo cerca suyo porque intente reemplazar a Sai; me quedo porque me gusta más la persona que soy cuando estoy con Sasuke que la que soy cuando estoy con los demás —finalizo, y ya sin nada más que decirle me doy la vuelta para marcharme cuando, para mi sorpresa, lo escucho.

—Jackson Pollock —murmura, haciéndome voltear con sorpresa y duda.

—¿Qué?

Sasori se encoge de hombros un momento, soltando una profunda inhalada de vaho de sus pulmones; después de unos segundos, sigue hablando:

—En la librería —me dice, mirándome de esa misma forma extraña en que me miró la última vez que hablamos en persona —. Te vi observar un libro con sus obras en la tienda antes de dirigirte a la sección de fantasmas.

—Oh —sonrío con nostalgia, obviando el hecho de que acaba de admitir que estuvo vigilándome el día que Sakura y yo entramos en su librería —Pollock era el artista favorito de...

—Creo que la palabra artista le queda grande —me interrumpe, pero, lejos de enojarme, me río, porque es exactamente lo mismo que le dije a Sai la primera vez que me mostró uno de sus cuadros.

—¿Y cuál es el punto?

—¿No lo ves? ¡Todo es el punto! —dice la vos exasperada de Sai en mi cabeza, y casi puedo verlo con la frente arrugada y los ojos apretados, parado justo frente a mí.

—Pues no lo entiendo. Solo son puntos y líneas que alguien parece haber escupido sobre el lienzo... En realidad es caótico.

—¡Exacto! Lo que Pollock quiere decirnos es que hay belleza incluso en el caos, solo depende del espectador encontrarla. Cualquiera puede apreciar una imagen bonita, pero se necesita un tipo de persona especial para poder ver la belleza donde todos los demás solo ven caos... Eso solo puede hacerlo un verdadero artista.

Pues yo creo que la palabra artista le queda demasiado grande.

Sonrío una vez más ante mis recuerdos, pero la voz profunda y ronca de Sasori me regresa a la realidad.

—Es irónico que llamemos arte a algo que parece ser el vómito del conejo del cereal —refunfuña, hablando mientras sostiene otro cigarro entre sus dientes, usando las manos como pantalla para encenderlo mientras yo me pierdo en mis pensamientos una vez más.

—Alguien me dijo una vez que se necesita un tipo especial de persona para poder...

—...ver la belleza donde todos los demás ven caos —él suelta el humo de la primera pitada y completa mi frase, levantando sus hombros después, como restándole importancia —Creo que ya lo he escuchado antes.

—¿Eres conocedor del arte moderno? —pregunto, irónica, pero también algo divertida; y mi sonrisa se ensancha cuando veo que una mueca parecida lucha por escaparse de los labios del hermano adoptivo de Sasuke, la primera que le he visto esbozar. Y es absolutamente maravillosa.

—No realmente —Sasori chasquea la lengua, y se pasa su mano libre por el rostro, como si quisiera esconder su sonrisa. Entonces un fuerte estallido nos sobresalta, y las luces de distintas formas y tamaños comienzan a apoderarse del cielo oscuro, haciendo que miles de guirnaldas de todos los colores caigan sobre la ciudad; entonces hay gritos, aplausos, bocinas y música que llega de todos lados. Parece que ya es medianoche, porque los fuegos artificiales no dejan de estallar sobre nosotros, haciendo que la oscuridad de la noche, por un momento, se vea hermosa.

Y miro a mi acompañante, dándome cuenta de que su mirada volvió a perderse en el cielo mientras una vez más deja caer el cigarrillo de sus dedos, absorto con el magnífico espectáculo de luces, hasta que, repentinamente, gira su cabeza y vuelve a mirarme como lo hizo en el templo, como si sus ojos castaños pudieran atravesarme el alma; y la sonrisa de sus labios se vuelve la más hermosa que he visto bajo las luces de colores que también reflejan su brillante mirada. Y de nuevo la sensación de tenerlo cerca es tan familiar y reconfortante que le sonrío.

—Feliz Año... —empiezo a decir, pero no puedo terminar de hablar, porque sin aviso siento una mano en mi cintura, y los labios de Sasori pegándose a los míos; y aunque al principio mi mente se paraliza, mi cuerpo estalla como si también estuviera lleno de fuegos artificiales, y mi corazón da un vuelco, como si reconociera esta sensación. Como si hubiera estado esperando mucho tiempo por este momento.