Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.
*Éste fic está inspirado en la novela "Break My Heart 1000 Times", de Daniel Walters. También fue adaptado a una película.
Notas de la autora:
Holis! Perdonen la tardanza, pero tuve muchas clases que planificar para el trabajo, tareas de la facultad y otras cosas, pero por fin pude terminar el capítulo.
Muchas gracias por todos sus reviews! Son geniales, chicas ❤
Espero que les guste el capítulo!
¡Abrazos y mucha salud para todas!
Lady S.
•°•°•°•°•
•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•
Capítulo Once
•°•
Confusión
•°•
•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•
El aire helado me despeina y entumece mi cara cuando reacciono. Entonces me doy cuenta de que otra vez estoy en la terraza de la escuela, parada al lado de la cornisa, y sé que debería tener miedo porque caer podría significar una muerte segura, pero no lo tengo. Por el contrario, siento como si los músculos de mis mejillas estuvieran sonriendo.
—¡Rin! —escucho que gritan, y me doy la vuelta como si estuvieran hablándome a mí, mientras siento que mis labios se estiran mucho más al escuchar las risas detrás mío. Sin embargo, antes de que pueda ver a la persona que me llamó (o a Rin), todo se vuelve oscuro, y mis ojos se abren con la primera luz de la mañana.
A diferencia de la última vez que soñé con esa azotea, me despierto tranquilamente, con una sensación extraña. Aquella voz... Es casi como si ya la hubiera escuchado antes, pero no puedo recordar dónde. ¿Cómo puede ser eso posible?
Me siento sobre la cama, y casi al instante el olor de la colonia de Sasori invade mi nariz, haciendo que todos mis pensamientos se concentren de nuevo en él y el beso que compartimos la noche de año nuevo. Es imposible que mi ropa todavía huela a él después de tantos días, pero ese aroma a colonia, café y tabaco, de alguna forma, sigue impregnado en mi nariz, igual que el nudo en mi estómago cada vez que recuerdo la forma en la que me sentí mientras estaba en los brazos del hermano de Sasuke; tan segura y a salvo, tan... amada. Todo es tan difícil de entender que no sé qué hacer; quisiera ir a buscar explicaciones, pero sería estúpido hacerlo. Sin embargo, ayer pasé dos veces por el templo, para ver a Sasuke, me decía, pero lo cierto es que esperaba ver a su hermano, por eso nunca me atreví a subir hasta la cima. ¡Dios, es tan embarazoso!
Me levanto de la cama y empiezo a arreglarme para la escuela; me pongo mi uniforme y una de las sudaderas de Sai para impregnarme de su aroma otra vez, pero ni siquiera así consigo que el de Sasori salga de mi mente.
Ese beso vuelve a mi mente una y otra vez. Me siento extraña y confundida, ¿cómo es posible que me sienta así por alguien a quien solo he visto tres o cuatro veces en mi vida? Y que, además, me detesta. ¿Qué más puedo pensar después de ver su mirada llena de horror después de besarme? Sin contar la manera en que huyó de mí, como si le diera asco o algo así. Incluso sus palabras: Aléjate de mí. ¿Qué clase de persona le dice eso a alguien a quien acaba de besar?
Toco mis labios casi sin darme cuenta, recordando la sensación de suavidad de los labios de Sasori sobre los míos. Después me tapo la cara con las manos, intentando desviar mis pensamientos hacia otra parte. Control, Ino, ¡control!
—¡Ino! ¡El desayuno, hija! —grita mamá desde las escaleras, así que me apresuro o tomar mis cosas y bajo a desayunar. Mis padres me preguntan de nuevo si me siento bien, así que pongo mi mejor sonrisa y digo que solo estoy un poco cansada y molesta porque terminaron las vacaciones. Por suerte dejan el tema cuando papá tiene que irse por una urgencia en el hospital, y yo también porque se me hace tarde para la escuela.
Busco mi abrigo para la nieve, y estoy a punto de ponérmelo sobre la sudadera de Sai, igual que todos los días, pero me arrepiento a último momento. Me quito la prenda sin pensarlo demasiado y me pongo mi abrigo sobre el uniforme, entro en mis botas para la nieve y abro la puerta en el preciso instante en que Sasuke levanta su puño para golpear. Yo parpadeo con sorpresa al verlo, y él hace lo mismo, quedándose congelado con su puño en frente de su cara.
—¿Sasuke? —pregunto, tan sorprendida que dejo de ponerme la bufanda para mirarlo, parado delante de mi puerta, con el brazo todavía en el aire.
—Hola —murmura, bajando su mano de inmediato y poniéndola tras la espalda mientras aparta la mirada a un costado, escondiéndose detrás de la lana azul de su bufanda —Yo… Hmp… ¿Vas a la escuela? —dice, aclarándose la garganta, y, por un segundo, creo ver algo de color en sus mejillas tan pálidas como las mías. Y eso me hace reír, no de Sasuke, sino de lo gracioso de tenerlo en mi puerta, preguntando si estoy yendo a la escuela cuando es lo más obvio del mundo. Pero es algo tierno que esté aquí, así que decido no torturarlo más de lo que ya parece estar torturándose a sí mismo. Supongo que debió ser muy difícil levantarse esta mañana y decidir pasar por mí a mi casa como si fuéramos dos mejores amigos. No que me sienta así, sé que no lo somos, pero también sé que después de todo lo que pasamos juntos este último tiempo, él podría ser la persona más cercana que alguna vez tuve, y eso, de repente, me hace sentir de mejor ánimo.
—Para allá iba, ¿quieres que vayamos juntos? —pregunto, sin darle mucha importancia. Él mi mira, y después se encoge de hombros, haciéndose a un lado para darme paso, como si no fuera la gran cosa.
Por varias calles, solo se escucha el sonido de nuestros pasos crujiendo sobre la nieve. El día está demasiado frío como para alguien más esté en las calles tan temprano, así que hay bastante silencio, por lo que intento romperlo haciendo la primera pregunta que me viene a la cabeza.
—¿Y cómo te sientes? —pregunto. Sasuke se gira para mirarme por un segundo, después gruñe por lo bajo, lo cual parece ser una costumbre en él, y levanta los hombros, dejando escapar un poco de vapor de su boca.
—Mejor, supongo. Solo estuve una noche en el hospital. El resto fue sopa caliente y el té de hierbas de la abuela Chiyo —dice, sorprendiéndome por soltar tantas palabras juntas, pero de cierta forma me alegra que tenga esa confianza, así que decido tenerla también.
—¿Tendré que preocuparme por ti el próximo año? —pregunto cuando tenemos que parar en una esquina. Sasuke me mira otra vez, sonríe tímidamente y yo sonrío en mi interior al pensar en que sus fanáticas morirían si vieran lo tierno que se vuelve cuando lo hace. Yo misma lo hubiera hecho hace unos años.
El resto del camino lo seguimos en silencio, no uno incómodo por la compañía, pero se siente raro. Bueno, no me incomoda Sasuke, solo la idea de que los demás crean que hay algo entre nosotros, igual que mis padres, supongo. Quiero decir, entiendo lo de "la vida sigue", y todo eso, y como dice mi madre, no tendría nada de malo salir con otra persona, pero para mí no se siente correcto, aún si solo es lo que otras personas creen. Supongo que no estoy lista ni siquiera para enfrentar ese tipo de rumores.
No tiene sentido, pero es como si estuviera engañando a Sai de alguna manera, lo que es extraño, porque no sentí nada de eso cuando Sasori me besó. Besarlo no se sintió para nada como una traición a Sai, sino todo lo contrario. Es tan…inexplicable. Me muerdo el interior de la mejilla para reprenderme por volver a pensar en eso, pero por suerte la voz de Sasuke vuelve a distraerme:
—¿Sabías que este año se cumplirán tres décadas de su muerte? —comenta Sasuke cuando llegamos frente a la escuela, y aunque al principio no entiendo de lo que habla, lo pillo cuando lo veo mirar hacia la azotea.
—¿De verdad? —suspiro, quedándome con la vista fija allí hasta que un copo de nieve cae sobre mi nariz y la congela —Vaya. Qué triste, ¿no crees?
—La gente muere todos los días —él se encoge de hombros y sigue caminando mientras se sacude la nieve del cabello y los hombros.
—Sí, pero no de esa forma —respondo, haciendo lo mismo —Quiero decir, el suicidio debe ser la peor forma de partir. Es terrible pensar que haya personas que lleguen a... —empiezo a decir, pero entonces me callo la boca, dándome cuenta de lo estúpido de mi error —Lo siento —murmuro, mordiéndome el interior de la mejilla otra vez.
Muy bien, Ino, ¡excelente! Eres una experta en meter la pata.
Sasuke abre la boca para responder algo, pero no dice nada, y yo quiero darme un golpe por hablar con tanta ligereza del suicidio después de saber todo lo que ahora sé sobre su historia, entonces pienso en qué puedo decir para arreglarlo, pero él no me da tiempo.
—Intenté quitarme la vida, no tienes que disculparte por eso. No te lo conté para que lo hicieras. De hecho...no sé por qué lo hice —murmura, y cuando consigo volver a conectar mis neuronas, un grito por el pasillo me distrae.
—¡Hey, Ino! —exclama Chōji, acercándose junto a un aletargado Shikamaru que apenas levanta una mano para saludarme.
Y cuando me doy la vuelta, Sasuke parece haberse evaporado.
—¿Pasa algo? —pregunta Shika, distrayéndome otra vez. Yo suspiro, regresando mi mirada a él.
—No es nada —respondo. Mis amigos se miran, no muy convencidos, pero no dicen nada.
—¿Y qué tal tu comienzo de año con el otro rey del hielo? —pregunta Chōji, caminando conmigo y Shikamaru hasta los casilleros. Yo parpadeo. Me había olvidado por completo de Neji, y eso hace que me sienta culpable por no haberle hablado desde que tuvo que regresar al cuartel, pero decido hacerlo más tarde, y le doy a Chōji un par de respuestas vagas mientras él y Shikamaru me acompañan hasta mi salón.
Durante la hora del almuerzo busco a Sasuke por los pasillos y el comedor, pero no lo encuentro. Parece que no está por ninguna parte, y solo vuelvo a verlo en nuestra clase de pre universitario, sentado en su lugar de siempre, mirando la nieve que se acumula en la ventana.
Tomo la silla junto a él para llamar su atención, y entonces me mira por un segundo antes de volver a pegar los ojos en la ventana.
—Me alegra que confiaras en mí para contarme —le digo, lo suficientemente bajito para que solo él me escuche. Sasuke vuelve a mirarme, y ya no quita su mirada —Y no quise hacerte enojar. Eres la única persona en el mundo que de verdad me entiende —admito, y por primera vez desde que lo conozco, veo los ojos oscuros de Sasuke abriéndose con sorpresa verdadera, pero no tiene tiempo de decir nada, porque el profesor entra pasando lista, y todo el mundo hace silencio.
•°•°•°•
Los siguientes días pasan sin más novedades que la de Sasuke parado todos los días fuera de mi casa para ir juntos a la escuela. No solo eso, además, empezamos a hacer nuestra tarea juntos, e incluso salimos un par de veces a dar algunas vueltas por la ciudad. ¿Cómo llegó a pasar esto? No tengo idea, pero de repente se convierte en algo normal vernos andar lado a lado por la ciudad, incluso para nuestros amigos. Ellos creen que tenemos algún tipo de conexión especial por haber perdido a un ser querido, sin imaginarse que esa es solo la punta del iceberg, pero es mejor que así lo crean o nos encerrarían a ambos en un manicomio. Aunque a mis padres les alegra que pase tanto tiempo con otro chico, como si Sasuke fuera alguna clase de ayuda terapéutica, ¿y por qué no?
Y los demás, por supuesto, empiezan a murmurar, aunque no los culpo; todo el mundo debe estar sorprendido de que alguien como Sasuke Uchiha pase tanto tiempo cerca de alguien como yo. Supongo que todos creen que seguimos siendo como el agua y el aceite, pero porque nadie puede ver más allá de lo que los dos queremos mostrar al mundo, pero Sasuke y yo nos vemos el uno otro como somos realmente. ¿Quién hubiera dicho que eso pasaría algún día? Yo no, ciertamente; por mucho que soñara estar cerca de Sasuke cuando era niña, no creo que alguna vez pensara que pudiera ser posible.
De hecho, todo lo que está pasando en mi vida últimamente es algo que nunca hubiera creído posible.
Para mediados de enero, se acercan los primeros ensayos del examen universitario, así que se vuelve inevitable que pasemos todavía más tiempo juntos estudiando, aunque ahora es Sasuke el que viene a mi casa. Le digo que es por mi pierna, que ha vuelto a dolerme, así que no puedo caminar hasta la cima del templo, pero lo cierto es que me aterra volver a ver a Sasori. O todo lo contrario. De cualquier forma, prefiero evitar ese problema y concentrarme en mis estudios por ahora.
El sábado antes del examen Sasuke viene a comer y después se queda a estudiar para el examen de matemáticas. Me sorprende lo cómodo que él se ve con mis padres, también con papá, que fue unos de los doctores que lo envió al hospital de niño. Creo que es algo que mi padre también tiene presente por la forma exageradamente amable en que lo trata. Por suerte mamá está ahí para controlar sus bromas tontas, aunque Sasuke no parece molesto por eso.
Cuando terminamos de comer, mamá regresa a la florería y papá al hospital, así que Sasuke y yo subimos a mi habitación con nuestros libros. Estudiamos por horas, solo levantando la mirada de vez en cuando para hacernos alguna pregunta sobre algún ejercicio o comparar resultados. Es algo que podríamos hacer por nuestra cuenta, claro, pero me gusta la compañía, sobre todo la de Sasuke, porque no mentía cuando le dije que era la única persona que de verdad me entendía en el mundo, y eso, ahora mismo, es lo que los dos más necesitamos.
Creo que en estos últimos días sí puedo considerarlo como un verdadero amigo, y eso, de alguna forma, me hace feliz. Tenerlo cerca, sentado en el suelo de mi habitación frente a mí, hace que me sienta como alguien más normal. Como si todo pudiera volver a ser como antes.
De repente, levanto la mirada y atrapo a Sasuke mirándome por encima de su libro, sin decir nada.
—¿Qué? —pregunto, riendo. Él baja la mirada en seguida, volviendo a concentrarse en su libro.
—Nada —gruñe, levantando su libro para taparse la cara, pero al instante vuelve a bajarla, frunciendo el ceño con un gesto extraño —¿Quieres ver una película? —pregunta, sin apenas sobresaltarme, pues no es la primera vez que tenemos una conversación así.
—¿Quieres ir al cine? —respondo, y Sasuke chasquea la lengua, cerrando su libro encima de sus piernas.
—No, estaba pensando en ir al muelle —responde con ironía, y yo me río. Tal vez sea extraño, pero el tono ácido de Sasuke, en vez de molestarme como lo hubiera hecho antes, me hace sonreír. Supongo que eso significa ser verdaderos amigos.
—Está bien, déjame tomar un suéter y te alcanzo abajo —le digo, levantándome de un salto. Sasuke se levanta también y sale de mi habitación mientras busco un suéter cómodo y grueso. Ni siquiera me preocupo en mi apariencia o en arreglarme, después de todo voy a ir al cine con Sasuke, esto no es una cita ni nada parecido, por eso me siento cómoda con la idea.
Afuera el cielo está gris y pesado; el suelo sigue cubierto de nieve, y hace mucho frío, pero no es nada extraño para enero. A mitad de camino al cine empieza a nevar otra vez, y como no saqué mi sombrilla Sasuke comparte la suya conmigo, y me sujeto a su brazo sin pensarlo para que podamos cubrirnos los dos. No sé si está bien, pero ni siquiera lo pienso. Sasuke se pone rígido por un segundo, pero no me aleja, eso es un gran logro.
El cine es pequeño, así que no hay mucha gente, aunque nos cruzamos con algunos remanentes en el camino que desaparecen en la ventisca. En invierno es más fácil identificarlos, porque la nieve los atraviesa, así que es sencillo saber quién es real y quién no, sobre todo por las ropas que usan. Nadie usaría shorts y una camiseta cuando estamos a cinco grados bajo cero. Creo que desde ahora el invierno será mi estación favorita.
Un viento helado me congela la nariz, así que escondo la cara en el hombro de Sasuke, y él me deja, pero me aparto cuando llegamos al cine y nos detenemos frente a la cartelera. Y como no puedo elegir ninguna que me llame la atención, Sasuke termina comprando boletos para una película coreana sobre zombis. No me convence la idea, pero después de media hora me termina atrapando por completo. Nunca he creído en zombis, de hecho, entre fantasmas, vampiros y todas esas criaturas de películas de terror me parecían los más estúpidos, pero para cuando salimos de la sala no puedo dejar de pensar en que si los fantasmas existen, entonces, en teoría, podrían existir zombis también y terminaríamos todos corriendo por nuestras vidas como en la película.
—Eso no estuvo tan mal —dice Sasuke cuando salimos de la sala de proyección.
—Nunca voy a volver a subirme a un tren —respondo, frunciendo el ceño; él ríe de lado. Ya no se molesta en ocultar sus sonrisas, eso es otro progreso —¿Crees que sería posible que eso pase? —pregunto cuando llegamos a las puertas del cine, tan perdida en mis locas teorías que no me doy cuenta de que Sasuke me abre la puerta. Es algo tonto, pero Sai nunca tuvo ese gesto tan caballeroso conmigo, y que sea Sasuke quien lo tenga me hace reír por dentro.
—La gente diría que no. Pero también dirían que no existen los espíritus —responde él, jugando con el mango de su sombrilla. Yo me río a carcajadas, mientras doblamos en dirección al parque para acortar camino; la nevada ya paró y hay varias parejas caminando por la calle, como algunos rems que atravesamos sin prestarles atención.
—¿Sabes? Estaba pensando en lo que me dijiste —le suelto cuando rodeamos la fuente de agua —Sobre Rin. Creo que soñé con ella el otro día.
—¿Nohara Rin? —pregunta Sasuke mientras nos sentamos sobre una banca; caen algunos copos de nieve en mi nariz, pero mucha menos que cuando salimos de casa. Yo asiento, y él hace un sonido con la garganta.
—Sí. Estaba en la azotea de la escuela, y alguien me llamaba. Bueno, a Rin —aclaro, frunciendo el ceño —Ella se veía contenta, no parecía alguien que estuviera a punto de tirarse. Fue...
—¿Extraño? —pregunta entonces, frunciendo el ceño con curiosidad mientras esconde las manos en los bolsillos de su abrigo —Hinata, ella y todo ese asunto de quitarse la vida porque alguien las rechazó. Es demasiado estúpido.
—No podemos saber lo que hay en la cabeza de las personas —levanto los hombros, pensando en lo que diría el doctor Shimura en mi lugar. Sasuke gruñe por lo bajo, entrecerrando los ojos un momento, después suelta un sonido irónico y su boca su curva hacia un lado.
—Es lo que diría Sasori —murmura, y mi cerebro se activa al instante, dándole permiso a mi lengua de hablar.
—¿Y cómo está él? —pregunto; Sasuke me mira y levanta una ceja, supongo que confundido por mi pregunta tan de sorpresa.
—¿Sasori? Bien, supongo —contesta, sin dejar de mirarme con algo de desconfianza —¿Por qué?
—Por nada en especial —finjo demencia y me miro las uñas como si de repente se hubiesen vuelto lo más interesante del mundo —¿Y sabes si...? —empiezo a decir, pero tengo la inteligencia suficiente para cerrar la boca antes de terminar mi pregunta. Sin embargo, la mirada inquisidora que Sasuke sigue teniendo sobre mí me pone más y más nerviosa.
—¿Qué? —indaga, frunciendo todavía más el ceño. Entonces me rindo, y volviendo a mirar mis uñas, digo, como si nada:
—Si tiene...umm... ¿una novia? —ya está, lo dije, pienso. En ese momento siento que mi corazón se acelera, y que Sasuke está mirándome, pero me niego a levantar los ojos hasta que me doy cuenta de que su gesto interrogante se transforma en una expresión irónica.
—A Sasori no le gustan las personas, debiste haberlo notado cuando te amenazó —rebuzna, y sé que debo dejarlo ahí, pero mi lengua parece odiarme esta tarde.
—Pero debió gustarle alguien alguna vez, ¿no?
—¿Por qué te interesa? —pregunta Sasuke, haciéndome mirar mis pies otra vez.
¿Por qué siempre me meto en estas cosas?
—No me interesa —niego, siendo salvada por la campana justo a tiempo antes de seguir dejándome en ridículo a mí misma —Olvídalo. Solo recordé un comentario que hizo Sakura cuando nos cruzamos con él en la librería antes de navidad.
—¿A Sakura le gusta Sasori? —dice él, con una expresión que va desde lo sorprendido hasta lo aliviado —Vaya. Qué bueno.
—¿Por qué te alegra?
—Sería un fastidio menos para mí —responde de inmediato, sacando una de sus manos de sus bolsillos y extendiendo la palma hacia arriba, como si estuviera atrapando copos de nieve en sus guantes. Yo aprieto los labios sin poder evitarlo, porque es mi mejor amiga de la que estamos hablando.
—¿Crees que el que alguien te quiera es un fastidio? —le digo, molesta, aunque estoy aguantando las ganas de reírme por la cara de satisfacción que me muestra.
—Y uno muy grande —contesta, y ahí no puedo evitar reírme con una carcajada, sin pensar en lo que digo a continuación.
—¿Nunca te has enamorado? —pregunto, aunque no me arrepiento, porque de verdad tengo curiosidad. Sasuke entonces deja de recoger copos con su mano y me mira, levantando su ceja derecha otra vez.
—¿Tú?
—Sabes que sí —sonrío, avergonzada. Los dos sabemos que me pasé gran parte de mi infancia enamorada de él, pero no es en eso en lo que pienso en realidad —Conociste a Sai.
—Pero de alguien que no sea él —dice, levantando su mano una vez más para seguir con su imposible tarea de recoger los copos antes de que caigan al suelo.
—No evadas mi pregunta —lo regaño, y entonces frunce el ceño, bajando su mano otra vez, y mirando para adelante mientras piensa la respuesta.
—No lo sé.
—¿No lo sabes? —me río, viéndolo encogerse de hombros —No lo creo. ¿Cómo podrías no saber-? —empiezo a decir, pero no puedo terminar mi oración.
Mi cuerpo se pone rígido y abro los ojos como platos. Sasuke se acercó tan rápido y me tomó tan por sorpresa que no pude hacer nada más cuando sus labios se presionaron contra los míos y me robaron las palabras. Su boca no se mueve, y la mía tampoco. Es apenas un roce, como un beso de niños, y, sin embargo, me paraliza la sorpresa.
Por años soñé en cómo se sentiría que él me besara, y ahora, no soy capaz de sentir nada más que confusión y estupor hasta que Sasuke se separa y se aleja, mirándome con vergüenza.
—Sasuke... —consigo balbucear, atónita aún. Él abre los ojos un poco más, y se mueve lo más lejos posible de mí sobre la banca.
—Lo...siento —dice él, levantándose de un salto —No sé en qué estaba pensando.
—Está bien —respondo como robot, sonriendo porque no sé qué otra cosa hacer —Está bien. No pasó nada.
•°•°•°•
El lunes temprano me asusta encontrarme con Sasuke por miedo a volver todo más embarazoso, pero no hay rastros de él en mi puerta cuando salgo para la escuela. Se siente raro hacer todo el camino yo sola otra vez, pero trato de no concentrarme en eso. Me preocupa más que Sasuke se haya enojado por mi reacción el otro día; prácticamente le hice lo mismo que Sasori a mí después de besarme, corriendo de él sin decir nada. Yo tampoco querría verme.
Todo es tan surrealista que no puedo explicármelo. Primero los rems, luego Sasori y ahora Sasuke. ¿Por qué me habrá besado? La respuesta obvia sería que le gusto, o al menos eso cree él. Sasuke debe estar confundido. Sí, eso debe ser. Pasamos mucho tiempo juntos últimamente, es fácil que la gente se confunda cuando eso pasa. Yo no lo hice porque estoy segura de que sigo amando a Sai, y que nadie nunca podrá ocupar su lugar. Sasuke es mi amigo, él solo se habrá dejado llevar por la confusión. Se veía muy vulnerable después de haber compartido su secreto conmigo, y supongo que eso confunde a cualquiera, aunque sería casi imposible saberlo a ciencia cierta con él. A pesar de prácticamente haber crecido juntos, si algo me enseñaron los últimos meses es que en realidad no lo conozco mucho, pero sí sé que no le gustan las preguntas, así que no las hago y decido darle su espacio, aunque tal vez solo esté escondiéndome de él.
Dios, ¿por qué tienen que pasarme estas cosas a mí? Todo estaba yendo tan bien, ¿por qué Sasuke tuvo que besarme?
—¿Estás bien? —sobresaltada por la interrupción de mis pensamientos, me giro hacia Sakura y parpadeo, sentándome derecha en mi lugar mientras recuerdo que se supone que estaba escuchándola.
—Sí, claro.
—¿Y escuchaste algo de todo lo que dije? —Sakura frunce el ceño, yo suspiro.
—Eh... Lo siento. Estaba pensando en otras cosas.
—¿Cómo Sasuke? —dice ella. Yo vuelvo a parpadear con sorpresa.
—¿Qué?
Sakura se encoge de hombros y revuelve su porción de arroz, pensativa. Después me mira, y sus ojos verdes se estrechan con curiosidad.
—¿Por qué Sasuke y tú de repente parecen tan cercanos?
Su pregunta me sobresalta, no solo porque me toma por sorpresa, sino porque creo que me asusta la respuesta.
—Es impresión tuya, frentona —me río. Sakura frunce el ceño.
—¿En serio? —me mira con sarcasmo, pero su atención enseguida se desvía hacia la entrada, y su rostro se ilumina de repente —¡Sasuke-kun!
Mis ojos automáticamente siguen a los suyos hacia la puerta del salón, sorprendiéndome al ver a Sasuke parado allí.
—Hola, Sakura —dice, mirándome después por un segundo antes de desviar la mirada a la ventana mientras deja un pequeño contenedor envuelto en un pañuelo con dibujos de diminutos gatos sobre mi mesa —La abuela Chiyo preparó bolas de arroz en la mañana y te envió algunas —murmura, sin dejar de mirar a la ventana.
—Oh. Gracias —contesto, algo incómoda por la mirada curiosa que Sakura tiene sobre nosotros más la obvia negativa de Sasuke a mirarme a los ojos.
—¿Quién es la abuela Chiyo? —pregunta mi amiga, y yo voy a responder, porque no hay nada que esconder, pero Sasuke se me adelanta.
—Es mi abuela. Conoce al doctor Yamanaka del hospital —responde sin más. Por suerte, Sakura está demasiado obnubilada mirándolo como para hacer más preguntas.
—¿Quieres almorzar con nosotras, Sasuke-kun? —Sasuke me mira por el rabillo del ojo, y no sé si nota mi inquietud o qué, pero enseguida niega con la cabeza.
—Ya comí —responde, volviendo a salir por donde llegó, y no puedo evitar suspirar con alivio cuando lo pierdo de vista.
El resto del día pasa con normalidad, y como es día festivo no hay clases vespertinas, así que camino con Sakura, Shino Aburame y Kiba Inuzuka hasta mi casa, ya que los cuatro vivimos en el mismo vecindario, hablando de nada en particular.
Kiba y Shino se despiden a unas calles de la casa de Sakura, y ella y yo seguimos hasta la suya, que está más cerca. Ella habla y habla sin parar, de nuestros profesores, el examen universitario, y las carreras a las que piensa aplicar. También habla de Sasuke, de lo distinto que se ve últimamente, más expresivo, e incluso un poco más amable; dice, esperanzada, que quizá sea momento de declarar sus sentimientos y que él la acepte. Yo no sé qué decirle. Por supuesto me alegraría que ella estuviera con el chico que siempre le ha gustado, por el que incluso se negó a ser mi amiga de niñas, pero una parte de mí no puede imaginarlo. Creo que Sakura debería conocerlo mejor antes de saber si de verdad es el amor de su vida; ella sigue idealizándolo, por eso temo que vuelvan a romperle el corazón. Como tal vez yo rompí el de Sasuke.
No. No pienses en eso ahora, Ino.
—Tal vez deberías tomarlo con calma —le digo cuando paramos en en la puerta de su casa. Sakura me mira, levantando las cejas.
—¿Por qué lo dices?
—Bueno, no sé mucho de Sasuke, pero por lo que he observado, parece ser del tipo que se aleja cuando intentan invadir su espacio personal. Sino piénsalo, ¿por qué nunca le gustó ninguna de todas las niñas que lo perseguíamos en la escuela?
Sakura parpadea y después aprieta los labios.
—Supongo que tienes razón. Quizá no sea bueno declarármele ahora —suspira, y después sonríe —El accidente te volvió muy sabia, Ino-cerda —se burla, despidiéndose con una mano mientras cruza la verja de su jardín —Te veré mañana.
—Adiós —nuevo la mano con pereza y sigo mi camino. Escucho a Sakura mover sus llaves mientras me voy alejando, y después el sonido de la puerta abriéndose y cerrándose. Saco mi celular para ver la hora, y lo que pasa a continuación es tan confuso que apenas tengo tiempo de procesarlo.
Un grito de horror se escucha por toda la calle; es un grito de mujer, es Sakura, o al menos eso me dice mi instinto mientras el celular se me cae de las manos y mis pies corren de regreso a su casa.
—¡SAKURA! —grito, empujando la puerta sin poder abrirla. Pateo, empujo y golpeo, pero la madera no se mueve hasta que alguien la abre del otro lado, y Sakura sale corriendo, tan rápido y tan alterada que choca conmigo y no se da cuenta, sin embargo, apenas nos cruzamos se abraza a mí tan fuerte que por un segundo me corta la respiración —¡¿Qué pasa?! —le pregunto, pero ella no hace nada más que llorar y balbucear cosas que no entiendo, hasta que sus rodillas se doblan y la hacen caer al piso, llevándome con ella por su peso.
Entonces, a través de la puerta abierta, puedo ver los pies que cuelgan sobre la sala. Mi corazón se acelera, mis ojos se abren como platos y mis fosas nasales se cierran por completo, mientras el pánico y la confusión me paralizan mientras, desde dentro de la casa, colgando en mitad de la sala, los ojos sin vida de la señora Haruno me observan.
