Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.

*Éste fic está inspirado en la novela "Break My Heart 1000 Times", de Daniel Walters, y también en la película de la novela, que se llama igual que el fic.

Notas de la autora: ¡Holis!

Me parece una locura que ya estemos en septiembre :0 Empecé este fic en enero, y pienso terminarlo antes de diciembre, así que ténganme paciencia chicas ;D

¡Espero que disfruten la lectura!

Lady S.

•°•°•°•°•


•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•

Capítulo Doce

•°•

Fuerte

•°•

•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•°•

—¡Rin!

Escucho que alguien grita, y mis ojos se abren casi al mismo tiempo, solamente para encontrarme de nuevo en la azotea de la escuela, cegada por la lluvia que golpea la losa con fuerza, y confundida por las risas que parecen rodearme por todas partes.

—¡Rin! —repiten, y me doy la vuelta, buscando la fuente del sonido, aunque apenas puedo enfocar la mirada y ver nada más que sombrillas abiertas bajo la lluvia y escuchar más risas. Risas de chicas.

—¡Ya voy! —escucho que responden detrás de mí, y entonces alguien pasa por mi lado, tapándose con una sombrilla de color morado; puedo sentir una corriente de aire frío, y al levantar la cabeza solamente puedo ver la espalda de una joven corriendo hasta las chicas que se esconden bajo los paraguas de distintos colores que parecen borrosas bajo el aguacero.

—¿Rin? —la llamo, sin darme cuenta, escuchando sus pies chapotear sobre los charcos de azotea. Y ella, para mi sorpresa, se para a mitad de camino, como si me hubiera escuchado. En ese instante puedo verla un poco más claro; es delgada, no muy alta, pero no puedo ver su cara, porque el paraguas le tapa toda la cabeza. Y cuando la veo darse la vuelta en mi dirección, cuando estoy a punto de verle la cara, la lluvia deja de sonar, y todo a mi alrededor desaparece en una enorme luz brillante.

Y entonces abro los ojos, despertándome, confundida, en mi habitación, sobre mi cama, con Sakura durmiendo a mi lado. Tardo unos cuantos segundos en acordarme de por qué está aquí, y de lo que pasó ayer.

Anoche todo fue una locura, como después de la muerte de Hinata. Había policías por todas partes, vecinos curiosos y gente llorando. El señor Haruno no dejaba de llorar, Sakura estaba en estado de shock, temblando durante horas hasta que papá le recetó unos calmantes para que pudiera dormir, y mamá decidió traerla a casa con nosotros mientras su padre se hacía cargo de todo lo demás.

Nadie dijo nada en el camino casa, pero papá y mamá se veían profundamente consternados, sobre todo papá, que conoció a la señora Haruno desde su infancia. No estoy segura de que alguien pueda creer que haya sido capaz de hacer algo como eso, tampoco yo, aunque en los últimos días la había notado extraña, pero supongo que ahora entiendo por qué. Quizá por eso me siento en parte culpable; tal vez una parte de mí cree que pude haber hecho algo, como con Hinata. Es una sensación extraña. Sé que debería estar alterada por pensar de esa manera, pero, aunque la mirada sin vida de la señora Haruno sigue en mi memoria, no me siento especialmente impactada teniendo en cuenta que prácticamente vi a mi novio y a una de mis mejores amigas morir frente a mí. Aprendí a ver la muerte como parte de la vida, supongo, por más trágica o repentina que sea, y eso me mantiene en paz, al menos por fuera. Por dentro, en mi mente, no puedo dejar de preguntarme qué es lo que está pasando, y cuando se va a terminar esta pesadilla en la que se ha convertido mi vida. Pero, sobre todo, por qué sigo soñando con Nohara Rin, como si su presencia fuera cada vez más y más fuerte.

Aunque decido que hoy no es el día para pensar en eso, y que, sea lo que sea lo que Rin quiera de mí, puede esperar.

Como un robot, me preparo para la escuela igual que todas las mañanas; me pongo uno de los suéteres de Sai sin pensarlo, tratando de que su perfume se impregne en mis poros otra vez para sentirme más segura con todo lo que me espera afuera de esta habitación. Después busco mi bolsa con cuidado de no hacer ruido para no despertar a Sakura. Papá y mamá ya están despiertos cuando bajo a desayunar, o no sé si durmieron siquiera, pero ninguno dice nada; mamá solamente me abraza y me sirve el desayuno para que comamos todos juntos.

—¿Cómo está Sakura? —pregunta papá, besando mi cabeza antes de sentarse.

—Sigue dormida —respondo, revolviendo mi plato de arroz sin muchas ganas. Mamá suspira, sosteniendo su taza de café debajo de su nariz por un instante antes de dejarla en la mesa.

—Tal vez sea mejor así. Ha pasado por un momento demasiado duro —murmura, acariciándome el pelo después —¿Y tú cómo estás?

Levanto mis hombros como por instinto.

—No lo sé. Bien, supongo. No se trata de mí ahora —respondo. Mamá se levanta y me abraza a su pecho, igual que cuando era una niña.

—¿Segura de que quieres ir a la escuela?

—Sakura dijo que me mataría si seguía faltando a clases —medio sonrío, recordando las últimas palabras de mi amiga antes de que cayera rendida ante los calmantes —¿Puedes cuidarla cuando despierte?

—Por supuesto. Tu padre y yo decidimos que no abriremos la florería hoy por respeto a los Haruno, y así puedo quedarme con Sakura y ayudar a su padre —dice, ahogando un suspiro —. Anoche llamé a la señora Chiyo para apartar el templo. La ceremonia será en la tarde.

—¿En el templo donde vive Sasuke? —pregunto, un poco incómoda al recordar a Sasuke y todo lo que pasó la última vez que lo vi —¿La ceremonia va a ser ahí?

—Nos pareció una buena idea —responde papá, dejándome ir sin terminar mi desayuno, ya que tengo el estómago revuelto, pero insiste en que me lleve una manzana para no desmayarme antes del almuerzo.

Mi primo Santa me llevará a la escuela de camino a la universidad; después de todo lo que pasó, papá y mamá no quieren dejarme sola, así que no protesto cuando tengo que irme más temprano de lo usual. A pesar de eso, casi todo el salón me está esperando afuera del instituto, o al menos eso me parece cuando se me abalanzan encima antes de que pueda pasar por la entrada.

—¿Qué pasó?

—¿Cómo está Sakura?

—¿Qué fue lo que viste?

—¿Es verdad que su madre se colgó?

Me empiezan a asfixiar con todas sus preguntas, pero no puedo culparlos, supongo. Sakura es la presidenta del comité estudiantil, y es muy conocida en la escuela, así que es normal que todos quieran saber de ella.

—Yo... Sakura y su padre están bien. La policía les dijo que debían quedarse en otra parte mientras investigaban, pero dicen que fue un suicidio —comparto la información que tengo, aunque sin más detalles de los necesarios —Hoy en la tarde será el velatorio, así que podrán verla ahí si quieren —murmuro. Para mi buena suerte, Shikamaru y Chōji llegan a mi rescate, espantando al resto. La sorpresa llega cuando es Shika quien me abraza primero, tan fuerte que pareciera que intenta asfixiarme, pero no le digo nada, porque tener a mis amigos cerca es lo que más necesito ahora.

—Todo esto parece una pesadilla —dice Chōji mientras los dos me acompañan a mi clase. Deduzco que mis padres hablaron con los suyos y los de Shika, así que no hace falta contarles nada, ya que tampoco preguntan —¿Y cómo está Sakura?

—Muy sedada —contesto, teniendo que despedirme de ellos en la puerta de mi salón, con la promesa de buscarlos en el recreo.

La mañana pasa sin más incidentes; nuestro preceptor pasa a informar lo que todos ya sabemos, y anuncia que el velatorio de la señora Haruno será en la tarde para quienes quieran presentar sus respetos a la familia. Después tenemos Inglés, y Kurenai-sensei hace lo posible por llevar la clase, pero lo cierto es que todos están muy dispersos.

En el recreo no se habla de otra cosa. Es molesto, pero al mismo tiempo sé que es inevitable. Fueron demasiadas muertes para un solo año en la comunidad, tantas que es difícil entenderlo, así que todos hacen preguntas, o inventan cosas, como que vimos a la señora Haruno colgándose mientras su hija le rogaba que no lo hiciera y otras estupideces por el estilo. Me pregunto si Sakura pasó por lo mismo después de mi accidente, siendo acechada con preguntas solo por ser mi mejor amiga. Aunque ella nunca me dijo nada sobre eso, supongo que se lo debo ahora que los papeles están invertidos. Pero al menos tengo a mis amigos, que no dejan que los demás se acerquen a hacer más preguntas incómodas, al menos hasta que termina el descanso.

El resto del día me lo paso recargada contra mi escritorio, sin prestar atención a nada de lo que pasa en el salón, pero no puedo concentrarme en nada. Si cierro los ojos, vuelvo a ver a la señora Haruno colgando de la viga de su casa, y si no la veo a ella veo a Rin en la azotea. O al menos creo que es ella, no sé. No entiendo nada de lo que está pasando ni cómo puede estar relacionado con Nohara Rin, o por qué mi subconsciente la mete en todo esto.

Casi como por costumbre, meto la nariz entre la lana de mi suéter, tratando de que el aroma de Sai me tranquilice, como si él estuviera aquí conmigo. Hace tiempo no lo hacía, pero los días como hoy son los peores, porque siento que lo extraño y lo necesito tanto que me duele el alma; quisiera que él estuviera conmigo, abrazándome y diciéndome que todo estará bien para que yo lo crea. Desearía tanto que estuviera aquí, porque él sabría cómo hacerme sentir segura otra vez. Él era la única persona que podría hacerlo.

Era, repite una voz en mi cabeza, tomándome por sorpresa. Entonces, casi sin quererlo, recuerdo el día de la muerte de Hinata, cuando Sasuke se quedó conmigo en todo momento, sujetando mi mano como si la suya fuera como un salvavidas que me mantenía a flote. Entonces suspiro con confusión, porque me gustaría que Sasuke estuviera acá conmigo también, sin importar lo que haya pasado. Quisiera volver a sentirme tan segura como cuando él sostuvo mi mano esa vez, o como me sentí aquel día en el templo, solamente con su compañía. No puedo entenderlo; no me gusta Sasuke, no como antes, al menos, y estar pensando en lo mucho que me gustaría que él estuviera conmigo ahora en vez de mis dos mejores amigos en todo el mundo, o incluso mi novio, me confunde todavía más.

Durante la última hora libre, después de la asamblea donde todo el curso decide ir a la ceremonia funeraria de la mamá de Sakura a presentar sus respetos a la familia, me quedo vagando por los pasillos del corredor del segundo piso, donde está el salón de Shika y Chōji, medio esperando a mis amigos, medio viendo si Sasuke está por ahí. Es tonto, lo sé, porque si yo fuera Sasuke sería la última persona a la que querría ver después de lo del parque, pero me digo a mí misma que solamente estoy esperando a mis amigos, y que no me importa el hecho de que él debe odiarme.

Bueno, quizás lo herí, pero esa no era mi intensión. Sé que no hice mal, porque si de algo estoy segura es de que no puedes forzar los sentimientos, pero tampoco me siento muy bien por haber herido a Sasuke. Quiero decir, pese a todo, él es un buen chico, y ha demostrado que puede ser un buen amigo. Con él he compartido mucho más en solo unos meses que con mis mejores amigos en toda una vida, y suena como una locura, pero no quisiera perderlo. No a él también.

Suspiro. Soy muy egoísta, lo sé, pero no puedo evitar sentirme así. Y en eso pienso cuando, por el rabillo del ojo, veo a alguien apoyándose contra la pared al lado de la ventana, junto a mí. Y cuan grande es mi sorpresa cuando levanto la mirada y veo justamente a Sasuke.

—¿Estás bien? —pregunta, sobresaltándome con el sonido de su voz profunda y grave. Entonces parpadeo y enderezo mi postura, girando la cabeza para encontrar sus ojos oscuros con los míos, rogando a todos los dioses del cielo que no se note lo incómoda que me siento cuando veo la preocupación real con la que me mira.

Casi como si de verdad le importara.

—Sí —respondo apenas puedo hablar otra vez, levantando los hombros y bajando la cabeza sin poder evitarlo, a estas alturas no sé si por mí o por él, pero es muy difícil sostenerle la mirada. Sin embargo, Sasuke parece muy tranquilo y casual mientras flexiona una rodilla y mete las manos en los bolsillos de sus pantalones. También desvía la mirada hacia la pared de enfrente, pero no veo nada que me diga que le molesta estar cerca de mí. ¿Acaso pude haberlo imaginado todo?

—¿Cómo está Sakura? —pregunta él, sin dejar de mirar la pared; y aunque esta vez su voz no me sobresalta, de alguna forma me hace sentir todavía más extraña que me hable como si nada, pero decido, una vez más, que hoy yo no importo.

—No lo sé —levanto los hombros, sin saber qué más puedo hacer —. Quiero decir, solo dijo un par de palabras anoche, y sé que intenta ser fuerte, pero...Era su madre. Nadie entiende lo que pasó —respondo, jugando con el dobladillo del suéter de Sai mientras veo de reojo cómo Sasuke suelta un pequeño gruñido, cruzando los brazos a la altura de su pecho.

—Supongo que nunca puedes conocer del todo a las personas —dice, encogiéndose de hombros.

—Supongo —respondo, abrazándome a mí misma sin darme cuenta. Entonces, se me escapa —¿Sabes? La señora Haruno se veía extraña últimamente.

—¿Extraña cómo? —dice Sasuke, alejándose de la pared y un poco de mí cuando un grupo de chicas se aparece por el pasillo, como si no quisiera que lo vieron conmigo. Tengo que decir que eso me molesta un poco, pero sé que no estoy en posición ni siquiera de sentir eso. Entonces espero a que se vayan para seguir hablando.

—No sé... Quizá solo era impresión mía —contesto, hundiendo la nariz otra vez en la lana de mi suéter, y me doy cuenta de que Sasuke frunce el ceño, pero no dice nada —Prefiero dejar de darle vueltas al asunto.

—Entiendo —responde él, girándose para quedar en frente de la ventana, con los ojos fijos en algún lugar del patio por varios segundos en los que no dice nada. Entonces quisiera hablar yo, decirle que lamento lo del parque, aunque no creo que hiciera nada malo, pero siento que es lo correcto. Sin embargo, no le digo nada. Mi cabeza sigue llena de dudas, y sé que ahora no es el momento.

—Mi abuela me dijo que tus padres apartaron el templo para la ceremonia —comenta él entonces, dando unos pasos lejos de la ventana en reversa —Supongo que te veré ahí.

—Sí —contesto. Sasuke me saluda moviendo la cabeza, pero se queda ahí unos segundos, como si quisiera decir algo, o esperara que yo lo haga, pero al final se va, y yo me quedo viéndolo, impotente, mientras se pierde en el pasillo.

—Sasuke —lo llamo, y él se da la vuelta otra vez, mirándome con curiosidad. Pero cuando quiero hablar, suena la campana y el corredor se llena de otros alumnos, y Sasuke desaparece entre ellos.

•°•°•°•

Cuando vuelvo a casa, no sé qué hacer cuando veo a Sakura, así que solamente la abrazo, y ella me abraza también, como el día que desperté en el hospital después del accidente. Es curioso como todo se repite.

Sakura ayer estaba histérica y en shock, pero hoy parece estar bien, aunque de a ratos parece ausente. Sé que la relación con su madre siempre fue complicada, pero no me esperaba verla tan compuesta solo unas horas después. Sin embargo, la conozco demasiado bien como para saber que es solo una fachada; ella intenta ser fuerte porque su padre está totalmente derrumbado. Así es su naturaleza, siempre tiene que cuidar a todos a su alrededor.

Para la tarde, los preparativos del velatorio están casi terminados; mamá nos dice que la señora Chiyo y sus nietos se encargaron de todo, pero de cualquier forma tenemos que pasar por la casa de Sakura por su ropa de luto y algunas cosas para la ceremonia. Yo me ofrezco a ir sola, ya que todos están muy ocupados, pero mi amiga insiste en ir conmigo; es su casa, después de todo, así que no puedo decirle que no. Papá pasa por nosotras unos minutos después, porque el señor Haruno sigue ocupado con los preparativos. Yo me quedo con Sakura en todo momento durante el viaje, pero, apenas llegamos a su casa, el recuerdo de la señora Haruno me paraliza, pero sobre todo la posibilidad de que, cuando se abra la puerta, volver a ver su cuerpo colgando del techo.

—¿Estás bien? —pregunta papá cuando se da cuenta de mi estado casi catatónico; yo lo miro mientras Sakura gira sus llaves para dejarnos entrar, suspirando con alivio cuando veo la sala vacía. Ni cadáveres ni remanentes a la vista.

—Sí —respondo, entrando detrás de mi amiga.

—Iré por algunas cosas para Kizashi —dice papá, separándose de nosotras al llegar al final de las escaleras, mientras yo sigo a Sakura hasta su cuarto, atenta a cualquier reacción que pueda tener, pero ella sigue tan tranquila como cuando salimos de casa.

—Nos mudaremos a la casa de la abuela un tiempo —me dice mientras va a su armario y saca una valija de viaje, empezando a guardar unas cosas adentro —Es demasiado difícil para papá estar aquí.

—Claro —respondo, no muy segura de qué otra cosa puedo decir mientras ella sigue guardando ropa y otras cosas —¿Quieres que te ayude?

—¿Podrías...? —suspira, dejando de doblar su uniforme de gimnasia, pareciendo tan cansada como si no hubiera dormido en una década; lo sé porque es como yo me veía hace solamente unos meses. Antes de que Sasuke entrara en mi vida —Tengo que buscar una fotografía para la ceremonia, ¿puedes ir a la habitación de mis padres a traer las cosas de mamá?

—¿Qué necesitas?

—Es un viejo baúl de madera. Debe estar en el armario, junto a todas sus cosas —me dice, con la voz un poco estremecida, la primera señal de dolor que le veo expresar, aunque parece forzarse a no mostrar nada más. Así es ella, siempre orgullosa, así que decido que lo mejor sería darle un poco de espacio para estar sola.

—No te preocupes. Yo lo traeré —le digo, apretando su hombro antes de salir de su cuarto y cerrar la puerta.

La casa de los Haruno está inusualmente lúgubre y triste, sobre todo la habitación de los padres de Sakura, con las cortinas cerradas y nada de luz. Papá ya debe estar abajo, o eso imagino cuando escucho su voz como un susurro, de seguro hablando por teléfono con mamá. Pero no me distraigo con eso. Encuentro el baúl de inmediato donde Sakura dijo que estaba; es como esos arcones donde los niños guardan sus juguetes, solo un poco más pequeño, así que puedo levantarlo perfectamente, aunque está algo pesado, y llevarlo al cuarto de Sakura.

—Ponlo aquí —me pide ella, haciéndome espacio en el medio de la alfombra para agacharse sobre el arcón y quitarle la tapa. Adentro, está lleno de fotos sueltas y otros recuerdos a los que solamente puedo darles una mirada rápida, porque Sakura empieza a revolver y a elegir algunas, apartándolas a un lado, casi sin mirarlas.

—¿Esta es tu mamá? —pregunto, sentándome junto a ella para tomar una foto escolar que esta por sobre las demás que dejó en una pila, donde una chica de pelo rubio y brillantes ojos verdes sonríe con su uniforme de secundaria —Era muy bonita.

Sakura estira el cuello para mirar la foto también, y parpadea como si le costara recordar, pero al final acaba sonriendo.

—Lo era —murmura, tomando la foto y quedándose viéndola —. Mamá siempre fue muy hermosa y popular. Supongo que por eso nunca me perdonó no ser tan linda y femenina como ella.

—No digas eso —arrugo el entrecejo. Nunca me gustó la forma en que Sakura se menosprecia a sí misma a veces, aunque intento ser suave al reprenderla —Eres estupenda tal y como eres, y tu madre te quería mucho.

—Lo sé —suspira mi amiga —Era una mujer difícil, pero era mi madre —murmura, revisando más fotos, y, como me parece que no es el momento de decir nada, solamente sigo mirando más fotos también, de Sakura bebé, de sus padres y otros familiares, hasta que vuelven a aparecer fotografías de la señora Haruno joven. Una en especial me llama la atención.

—¿Este es...? —digo en voz alta, haciendo que Sakura levante la cabeza de nuevo para mirar la foto, y entonces ríe en voz baja.

—Sí, es tu padre —me dice, caminando sobre sus rodillas para sentarse a mi lado —. Era muy guapo, ¿no?

—¿Qué le habrá pasado? —bromeo.

Ya había visto fotos antes, y mi papá era muy apuesto de joven, alto, delgado y muy atlético; su cabello corto era tan rubio como el mío, y sus ojos igual de brillantes que ahora, pero, en palabras de mi madre, había algo en su cara de niño bueno que lo hacía irresistible a cualquier chica. Y siento un inexplicable orgullo de ser hija de ese chico tan guapo que sonríe en la foto junto a la joven señora Sakura, los dos sentados sobre una banca con kimonos tradicionales, como si estuvieran en alguna clase de festival, compartiendo un helado.

—No sabía que mi papá y tu mamá eran tan amigos —admito cuando encuentro otra fotografía de ellos y otros chicos en la escuela. Sakura las mira también, sonriendo un poco más.

—¿Y quieres saber algo bizarro? —pregunta, agarrando la foto de nuestros padres con las dos manos para mirarla —Mi madre estaba enamorada de tu padre.

—¿En serio? —me río, sorprendida, pero no impresionada realmente. Papá era un chico muy guapo después de todo —Eso quiere decir que pudimos ser hermanas. ¿Te imaginas?

—Ugh. El rubio me quedaría fatal —Sakura hace un gesto de asco, y ahoga una carcajada, una verdadera a pesar de la tristeza en su mirada —¿Y quieres que todo se ponga más raro aún? —se burla mi amiga, rebuscando en el fondo del baúl hasta sacar un retrato enmarcado como los que nos dan en el primer día de clases. En él hay un grupo de jóvenes, todos con el uniforme de mi escuela. Son cinco chicas y dos chicos rubios, uno es mi padre, y el otro se parece mucho a alguien, pero no puedo sacar a quién. Entre las chicas reconozco a la señora Haruno joven, pero las otras cuatro son desconocidas; una es pelirroja y tiene el cabello largo hasta la cintura, mientras que las otras tres son morenas, y una de ella, las que está en el medio de la fotografía, entre la pelirroja y la señora Haruno, hace que un escalofrío me recorra la espalda.

—¿Hinata? —murmuro, entre anonadada y confundida. Sé que es imposible, pero la muchacha de la fotografía es idéntica a Hinata, de la cabeza a los pies, tanto que me quedo sin palabras mientras Sakura ríe.

—¡Claro que no! Es su madre —me dice, frunciendo el ceño —Son idénticas, ¿no crees?

—Lo son —admito, todavía sin palabras —Qué miedo —bromeo, aunque sí da un poco de pavor —¿Todos iban juntos a la escuela?

—¿No sabías que nuestros padres eran compañeros de salón y amigos de la mamá de Hina-chan?

—Sí lo sabía, pero nunca vi fotos. Y no sabía que Hinata era tan parecida a su madre —suspiro —Es tan extraño.

—Lo es —murmura Sakura, revisando más fotos —Si lo piensas, es lindo que nuestros padres hayan sido amigos, y ahora nosotras también lo somos —me sonríe, apartando más fotos de su madre a una pila más pequeña.

—No puedo imaginármelo de otra forma —le sonrío también, buscando más fotos del montón de dónde sacó las de nuestros padres y la madre de Hinata. Entonces encuentro otra del mismo grupo, sin uniformes, como si estuvieran en un paseo o algo así, pero lo que más me llama la atención es que mi padre joven está abrazando a una de las chicas morenas por la cintura, como abraza a mi madre cada vez que están cerca.

—¿Quién es ella?

Sakura mira la fotografía sobre mi hombro, frunciendo la nariz con duda.

—No lo sé. Mamá nunca la mencionó —murmura. La chica es bonita, y también me recuerda a alguien, pero tengo demasiadas cosas en la cabeza para recordar a quién —De seguro salía con tu papá. Por cómo la abraza —Sakura tuerce la boca, sin darle mucha importancia, igual que yo.

—Síp. Será mejor que mamá no vea esta foto —bromeo, y las dos reímos. Pasan algunos minutos más hasta que elige una de las fotos más recientes de su madre y, después de que se cambia, bajamos a buscar a papá para ir al templo.

•°•°•°•

Mis padres y yo prendemos inciensos en el altar para presentar nuestros respetos; el señor Haruno ya está ahí con los abuelos de Sakura, y nos sonríe con tristeza cuando dejamos nuestra ofrenda familiar. El resto de las personas no tardan mucho en llegar, y todas repiten el mismo procedimiento, dan tributos a la familia y dedican las oraciones pertinentes como se acostumbra en el budismo. Los chicos de la escuela también asisten, incluso Chōji, Shikamaru y otros chicos de su salón.

Sasuke también está aquí; lo veo cuando da sus respetos a los Haruno, y después se sienta al lado de Naruto cuando llega el sacerdote y da su bendición para que la ceremonia empiece. Después de cantar el sutra y de unas palabras de la familia, Sakura y su padre empiezan a repartir los obsequios según la tradición, y yo aprovecho el momento para buscar a Sasuke, pero se perdió de vista, aunque no creo que esté muy lejos, ya que estamos en su casa. Así que atravieso el templo hasta la residencia, pero a mitad de camino cambio de dirección hasta el lugar que él me mostró la última vez que estuve aquí. No sé por qué tengo la corazonada, pero algo me hace caminar al lago en lugar de ir hasta la casa.

La nieve y la escarcha en el camino hacen que me resbale un par de veces, pero me animo a seguir al ver las huellas de botas en el sendero, diciéndome que no puede ser otro que Sasuke. Así que me froto los brazos para darme un poco de calor y no paro hasta que escucho el débil sonido del agua congelada corriendo, y veo una silueta oscura sentada en un tronco caído, mirando las luces que vuelan hasta el cielo.

—Sasuke —lo llamo, y después de unos segundos él se da la vuelta, y aunque al principio me cuesta un poco distinguirlo, cuando mis ojos se acostumbran al brillo del agua y la luz de la luna, reconozco a Sasori en lugar de su hermano —Oh. Lo...siento —digo, como si la lengua de repente se me hubiera enredado —Estoy... Amm... Estaba buscando a Sasuke, y...

—Él no está aquí —responde Sasori, dándose la vuelta otra vez —No sé dónde puede estar —agrega, sin darse la vuelta esta vez, lo que interpreto como una clara señal para que me vaya.

—Claro —respondo para mí misma, teniendo que agarrarme de las ramas de un arbusto para no caerme cuando mi pie se resbala en una escarcha que cruje con un sonido infernal, tomándome tan desprevenida que se me escapa un grito mezcla de sorpresa y angustia.

—¡Ino! —me llevo otra sorpresa cuando escucho al hermano mayor de Sasuke gritar mi nombre con sobresalto, y me sorprendo mucho más cuando escucho sus pasos crujiendo en la nieve mientras se acerca a mí —¿Estás bien? —pregunta, ¿preocupado? Es difícil saberlo cuando apenas puedo ver su cara por las sombras de los árboles. Sin embargo, me fuerzo a no perder la calma, y lo dejo ayudarme a pararme derecha otra vez, con tanta mala suerte que una oleada de dolor me atraviesa desde mi pierna hasta la espina, haciéndome soltar otro quejido de dolor —Ven, será mejor que te sientes un momento.

Sasori suspira, y me ayuda a dar saltos hasta el tronco caído, y después a sentarme. Yo no digo nada porque estoy muy avergonzada para hacerlo, así que solamente lo dejo, tratando de no morir de vergüenza en el camino.

—Lo siento —consigo susurrar, atrapada por la pena —Tuve un accidente, y mi pierna todavía no se...

—Lo sé —dice él, dejándome sin palabras otra vez mientras lo veo buscar un tronco más pequeño para ayudarme a mantener mi pie un poco elevado —Sasuke me lo dijo —añade después de unos segundos, levantándose para sacar su celular.

—¿Lo hizo? —pregunto, sorprendida, pero él no me hace caso. Escribe algo en su celular y después suelta un bufido, recargándose contra un árbol mientras saca una caja de cigarrillos de su chaqueta y enciende uno, esperando a dar la primera pitada antes de acordarse de mi presencia —Avisé que estás aquí, así que no deben tardar en venir a buscarte —me dice, desviando la vista al lago mientras fuma una vez más. Yo susurro un tímido "gracias", y después, de nuevo, no sé qué decir, así que solamente me quedo viéndolo fumar en silencio, con la mirada perdida y el ceño fruncido. Creo que además está temblando, aunque eso es normal con este frío.

—¿Estás bien? —se me ocurre preguntar, y él me mira, no como aquel día afuera del hospital, sino como lo hizo en la librería, con una mezcla de molestia y aburrimiento. Entonces sopla el humo de tabaco de sus pulmones, y levanta los hombros.

—He estado mejor —gruñe, apretando su cigarrillo entre los labios para frotarse las manos. Después hay una pausa larga, como si el tiempo pasara en cámara lenta, mientras observo a Sasori fumar su cigarrillo y temblar. Me parece muy tonto que esté afuera con este frío y no lleve una bufanda. Mamá siempre dice que es importante protegerse la garganta ante todo, pero no hago ningún comentario, porque la voz de Sasori vuelve a sorprenderme —Escucha, sobre lo que pasó… —gruñe, sosteniendo su cigarro entre los dedos a un lado de su cadera. Yo parpadeo, sin entender de lo que está hablando hasta después de unos segundos. Llevo días sin pensar en la noche de año nuevo; bueno, de hecho, no volví a pensar en eso después de que Sasuke me besara.

—Está bien —respondo, levantando los hombros y evitando volver todo todavía más incómodo —. Fue un momento raro para todos.

—No tienes idea —lo escucho murmurar, antes de volver a fumar —Solo no quiero que pienses nada extraño.

—No lo hago.

—No era yo en esos momentos —interrumpe, y, sorprendentemente, tira su cigarrillo y se sienta en el tronco también. al lado mío —. Quiero decir, sí lo era, pero es...ligeramente complicado —gruñe. Sasori actúa muy extraño, pero decido no hacer ninguna pregunta cuando, al estar más cerca, puedo sentir el olor a sake mezclado con tabaco en su aliento.

—Entiendo... —No, no lo hago, pero, ¿qué más puedo decir?

—No, no tienes idea —dice él, sonriendo de lado. Creo que es la segunda vez que lo veo hacerlo, y desearía que hubiera más luz por aquí para poder apreciar mejor el espectáculo, aunque en realidad eso no importa mucho, porque cuando me mira, por un instante, lo vuelvo a sentir. Esa sensación de confort y tranquilidad de antes, la misma que sentía con Sai, exactamente la misma —¿Estás bien? —vuelve a preguntar entonces, y la sensación, tan de repente como apareció, se va. Entonces lo miro, y tengo la misma mentira de siempre en la punta de la lengua, lista para cuando sea necesario, pero, en vez de mentir, por primera vez en mucho tiempo, no siento la necesidad de hacerlo.

—No —respondo, mientras las lágrimas empiezan a picarme en los ojos.

Sasori no dice nada, pero, para mi sorpresa, se acerca a mí como aquel día en el hospital, me agarra por los hombros y me pega a su pecho.

—Está bien no estar bien. Pero saldrás adelante —me dice, con una voz que transmite mucha paz, apretando sus brazos alrededor mío —. Eres una mujer fuerte, Ino. Sé que saldrás adelante, y pronto todo esto no será más que un mal recuerdo —asegura, y entonces las lágrimas empiezan a correr como ríos, mientras mi corazón late en mis oídos.

Cientos de personas me han dicho lo mismo desde mi accidente, mis padres, mis doctores, enfermeras, terapeutas, mis amigos... y, aun así, ninguna de esas veces tuvo tanto significado como ahora.

De verdad quiero creerle, y, tal vez, lo hago.

Quizá sí soy fuerte, solo necesitaba que Sasori lo dijera para creerlo.

•°•°•°•

—¡Rin!

Cuando abro los ojos, la escena es exactamente la misma que mi sueño anterior, sobre la azotea mientras la lluvia cae con fuerza, rodeada de risas y rostros que apenas consigo distinguir en la confusión de este mundo surreal.

—¡Ven, se nos hace tarde! —repite la voz que llamaba a Rin, y en ese instante siento que alguien toma mi muñeca y tira de mí, haciendo que reaccione y enfoque la mirada en la chica que me sostiene, llevándome la sorpresa la vida cuando ella gira su paraguas y puedo ver con perfecta claridad sus ojos claros y cabello oscuro que se pega a su rostro.

—¿Hinata? —la voz me sale casi de forma espectral, como si no fuera mía, llena de confusión y sorpresa. Entonces trato de recuperar mi brazo, pero su agarre se vuelve mucho más fuerte.

—¡Oigan! ¡El timbre ya sonó! ¡Date prisa, Rin! —dice otra voz, y levanto la mirada, dándome cuenta de que aparte de Hinata hay otras tres personas con nosotras, pero las otras voltean tan rápido que no puedo verles las caras; excepto a la que acaba de gritar, que está parada en la entrada de la azotea, riendo mientras mueve su brazo para que nos demos prisa y entremos con ella, pero mis pies no se mueven, ninguna parte de mi cuerpo lo hace, excepto mi boca, que casi se cae al piso de la impresión.

—¿Señora Haruno? —pregunto al aire, momentos antes de que todo se ponga oscuro.