Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.

*Éste fic está inspirado en la novela "Break My Heart 1000 Times", de Daniel Walters. También está basado en la película del libro, que tiene el mismo nombre!

Notas de la autora:

Holis, cómo están?! Espero que sigan bien mis queridas. Yo estuve a full estas semanas. Estoy cursando mi último año de carrera, así que no tuve mucho tiempo de escribir, pero para aprovechar el finde largo quería terminar este capítulo 😁

Me hace muy feliz anunciar que estamos a nada del final de esta historia! Ni yo me lo creo xD La verdad, tuve una experiencia muy positiva publicando en FF. Solamente recibí apoyo y cariño de todas ustedes ❤ así que espero no decepcionarlas con el final Pero antes del capi, quisiera hacer algunas menciones:

Juvi, nena, sé que siempre cuento con tu review, pero, más importante, tu apoyo. Espero que te guste este capítulo!

InoLeon, inmensamente agradecida con el de arriba por tenerte como lectora!

Y a todas las demás personitas que me dejaron sus reviews a lo largo de estos capítulos, de verdad, muchas gracias desde lo profundo de mi cora ❤

¡Abrazos y much, mucha salud para todas en estos tiempos de pandemia!

Cariños,

Lady S.

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Capítulo Dieciséis

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Libres

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—Tranquila, estoy aquí —repite Sasuke por quinta o sexta vez antes de que mis brazos lo dejen ir, lo cual, descubro casi en seguida, es un error, ya que la habitación parece dar vueltas a mi alrededor apenas levanto mi cara de su pecho. Y entonces todo se vuelve tan real y aterrador otra vez que siento el miedo amenaza con sofocarme.

Estoy llorando de angustia y no entiendo bien por qué, solamente vuelvo a abrazarme a Sasuke con más fuerza, pero al cabo de unos segundos él vuelve a separarse, alarmado.

—Estás helada —me dice, corriendo a cerrar las ventanas, que de nuevo estaban abiertas —Tenemos que calentarte —dice, ayudándome a levantarme. Solamente entonces me doy cuenta de lo débil que me siento, y que mis temblores ya no son por miedo, sino porque de verdad estoy helada, tanto que apenas siento mis miembros.

Sasuke me lleva hasta el baño, donde en seguida enciende el agua caliente y me mete bajo la ducha con ropa y todo mientras yo apenas reacciono, dejándome hacer como una muñeca de trapo.

—Tienes que sacarte la ropa —dice él, sin titubeos en la voz, tapando la bañera para que el agua caliente empiece a acumularse y dándose la vuelta hacia la salida —Puedes hacerlo mientras voy por algo caliente. ¿Puedes?

Asiento, porque no me siento capaz de decir nada, y él tiene que darse la vuelta para poder verme y solo entonces sale del baño, cerrando la puerta tras de sí.

Mi cuerpo sigue temblando, pero de alguna forma consigo desvestirme y volver a meterme en la bañera de agua caliente con las rodillas en el pecho mientras el baño se llena de vapores. Casi me olvido del dolor en mi brazo o de no mojar la tablilla que lo mantiene quieto, pero no le presto atención cuando empiezo a sentir que, de a poco, la sangre vuelve a circular con normalidad en mis dedos, y el agua me tranquiliza un poco hasta que Sasuke entra solo un segundo para dejar una taza de té frente a mí, mirando hacia el lado opuesto en todo momento. Es un gesto lindo, y muy respetuoso que no esperaría de un chico de nuestra edad. Pero me recuerdo a mí misma que Sasuke no es como nadie que haya conocido antes, y por eso me agrada.

De verdad todo es tan surreal que en otras circunstancias sería cómico. Nunca me había imaginado desnuda frente a nadie más que no fuera Sai, y ahora estoy aquí, dentro del baño de la casa de Sasuke, tomando un baño mientras al otro lado de la puerta entreabierta él escucha atentamente cada detalle sobre mi sueño, manteniendo la mirada fuera del baño en todo momento, como todo un caballero.

—Creo que eso tendría mucho sentido —murmura después de escucharme, tomando una taza de café, o al menos eso creo por el olor que llega hasta mí a través de todo el vapor —Una muerte violenta engendra un espíritu violento —resuelve.

—Pude verla —digo entonces, haciendo círculos sobre el agua, que empieza a enfriarse un poco después de tanto tiempo —Nunca había visto su cara. Era muy bonita.

—¿Y pudiste ver a las personas que estaban con ella?

—No —respondo, pero, de repente, una imagen de esa terraza regresa a mi memoria. En el momento en que Rin se dio la vuelta, creí que, por un instante, pude ver a la chica que estaba bajo el paraguas con ella, pero no pienso demasiado en eso —Había otra chica —agrego —Después todo fue nieve y sombras aterradoras.

—Tal vez podamos hablar de esto luego —dice Sasuke entonces, y puedo escuchar que suspira mientras por su sombra veo que se levanta del suelo —¿Todavía tienes frío?

—Estoy mejor —respondo. Él hace un sonido con la garganta.

—Podremos pensar en qué hacer por la mañana. Creo que deberías intentar descansar un poco más.

—No creo que pueda —le digo, y de verdad lo creo.

Él chasquea la lengua.

—Debes tratar. Dormirás conmigo en la habitación de la abuela Chiyo. Quiero decir, dormirás en la cama y yo usaré un tatami. Solo para estar se-seguro de que Rin no regrese —dice, y es la primera vez en toda mi vida que lo escucho tartamudear. Eso me hace sonreír, porque es una de las cosas que creerías que no vivirías para ver; un unicornio y a Sasuke Uchiha titubear estaban en mi lista. Ya puedo tachar una. Casi tengo ganas de reír de verdad, pero descubro que estoy demasiado cansada, y el agua se está poniendo realmente fría.

—Voy a salir —anuncio, y por la abertura de la entrada veo a Sasuke estirar un brazo para agarrar el asa y cerrar la puerta y darme un poco más de privacidad. Entonces salgo del agua y me cubro con un albornoz que me prestó, haciendo malabares con la tablilla de mi brazo para ponerme una toalla sobre mi pelo húmedo antes de abrir la puerta, solo para ver que Sasuke sigue esperando del otro lado, apoyándose contra la pared con su taza vacía en la mano —Gracias por eso —le digo, mucho más calmada ahora.

—No es nada —responde, desviando la mirada, lo que me hace sentir incómoda de nuevo, ya que me recuerda que bajo el albornoz estoy desnuda, y que Sasuke lo sabe también —¿Te duele tu brazo?

—Estaré bien. Tengo más sueño que dolor, supongo.

—Prepararé la habitación para ti —anuncia entonces, todavía sin mirarme —Debí ofrecerlo antes. Te buscaré alguna de mis pijamas, y hablaremos de todo esto por la mañana —dice, dándome la espalda, de seguro para ir a buscar lo que dijo.

—Sasuke —hago que pare. Entonces me mira con duda, como esperando que termine lo que sea que tengo que decirle, pero la repentina valentía que me hizo detenerlo desaparece en ese instante —No es nada —le digo, desviando la mirada. Él asiente.

•°•°•°•

Está casi amaneciendo cuando me meto dentro de unas cinco mantas en la cama de la abuela de Sasuke, pero solo me puedo dormir cuando sale el sol; de alguna manera me siento más segura de esa forma.

No tengo idea de qué hora es cuando me levanto, y lo primero que hago es buscar a Sasuke en su tatami, pero no está.

Afuera, el clima parece haberse calmado, ya que los rayos del sol entran por la ventana, y hacen que la nieve del jardín resplandezca tanto que casi lastima la vista. Me siento horrible todavía, pero es la primera vez en mucho tiempo que me alegra volver a ver un día soleado.

Me levanto y me acomodo la ropa de Sasuke, que me queda un poco grande, pero al menos es bonita. Sus pantalones de dormir tienen dibujos de pequeños pandas; no sé si él los elegirá, pero parece que toda su ropa de cama es de animales tiernos. Quizá su abuela se los compra, ella parece ser del tipo que haría algo como eso solo para burlarse de sus nietos. Creo que me agrada mucho esa señora.

Empujo la puerta con cuidado y salgo a un pasillo que me cuesta reconocer al principio, pero de alguna forma me las ingenio para llegar hasta la sala, donde encuentro a Sasuke, sentado en el suelo junto a la mesita de centro, con sus lentes de lectura puestos, un libro en el regazo y al menos media docena de papiros antiguos abiertos alrededor, tan concentrado en marcar líneas del libro de su regazo con la mano izquierda, y tomar notas en una libreta con la derecha que no me escucha hasta que mis pasos hacen rechinar los escalones. Entonces levanta la mirada, poniendo sus ojos en mí directamente por un segundo.

—Buenos días —me dice, acomodándose los anteojos sobre el puente de la nariz antes de volver a bajar la cabeza y seguir con lo que sea que está haciendo —Preparé una jarra de café —murmura después, dejando de escribir para darle un sorbo a la taza humeante que está escondida bajo algunas revistas —No preparé el desayuno todavía, pero si quieres...

—Yo puedo hacerlo —le digo; él levanta los hombros mientras sigue leyendo, como diciendo que no le interesa.

Mi brazo se siente un poco mejor así que me permito estirarlo un poco y sacarlo de la tablilla; pongo agua a calentar para el ramen instantáneo, y le pregunto a Sasuke si quiere un poco o algo de fruta, pero él responde que no y sigue con lo suyo mientras quito unos cojines para sentarme tras él, viéndolo leer un pergamino que parece tan viejo como el mismo Japón.

—¿No tenías que ir a la escuela? —recuerdo entonces, aunque él no le da importancia.

—Es día festivo —responde en un suspiro, tomándome por sorpresa.

—¿Lo es?

—Lo digo cuatro o cinco veces al año, y nadie hace preguntas cuando vives en un templo —contesta Sasuke, sin dejar de leer. ¿Quién diría que alguien tan serio como Sasuke Uchiha decía mentiras para faltar a clases? Por dentro, me río de este nuevo descubrimiento, pero en seguida se me olvida, pues me da más curiosidad ver qué es lo que lo tiene tan ensimismado. Entonces estiro el cuello para tratar de ver un poco lo que está leyendo, aunque a esta distancia y sin gafas es bastante difícil.

—¿Qué estás haciendo? —pregunto entonces, resignada, tanto como Sasuke cuando me mira por el rabillo del ojo.

—Investigación —contesta, casi como con fastidio, como si estuviera interrumpiéndolo en lo que sea que está haciendo. Y como no le veo caso a seguir preguntando, me levanto para apagar la cocina y verter el agua en un tazón de ramen. Y cuando me siento a desayunar en la mesa de la cocina, desde donde puedo ver hacia la sala, me doy cuenta de todas las notas, papeles y amuletos que hay regados alrededor de Sasuke, además de las tazas vacías y latas de gaseosa desparramadas por la alfombra, como si alguien las hubiera tirado sin importar dónde quedaran.

—¿Cuánto tiempo llevas despierto? —le pregunto, algo preocupada. Sasuke se ve alerta y algo ansioso, como si hubiera consumido demasiada azúcar y cafeína, y es gracioso en cierta medida, pero también preocupante —¿Bebiste toda esa cafeína?

Sasuke no responde, aunque tampoco necesito que lo haga. En vez de eso, de la nada levanta la cabeza en mi dirección, frunciendo el ceño y apretando las cejas.

—Dijiste que leíste sobre los Onryō, ¿verdad? —dice de repente, haciendo que tenga que tragar mis fideos más rápido para contestar.

—También vi tus notas —le recuerdo, pero, por su expresión, es como si no me escuchara, así que hablo un poco más fuerte para llamar su atención —. ¿Por qué?

—La mayoría de las religiones en Japón creen que cada ser humano tiene un alma, o Tamashii —dice mientras se quita los anteojos para poder mirar en mi dirección, aunque no a mí directamente —La creencia es que, cuando un miembro de la familia muere, esa alma puede quedarse en la tierra para convertirse en un protector para los miembros restantes. Sin embargo, si esa persona tiene una muerte brutal y antinatural, el tamashi se convierte en un Onryō, y empieza a alimentarse del terror de sus víctimas, causando una terrible maldición sobre las personas o lugares que atormentan.

—Rin debe estar dándose un festín entonces —intento bromear, aunque tengo más miedo que humor después de escuchar eso. Sasuke no contesta de inmediato; en lugar de eso, busca en su libro más grande y viejo hasta dar con una página llena de ilustraciones antiguas y confusas, al menos para mí.

—Según el sintoísmo, en cambio, los espíritus se quedan en la tierra por tres razones: por un fuerte sentimiento de rencor, odio, o amor —enumera, contando con los dedos, mostrándose pensativo después por un segundo —Si Nohara Rin fue asesinada, entonces su espíritu debió haberse quedado en la tierra por rencor, aguardando a encontrar a alguien que le sirviera como medio para su venganza.

—Y, por alguna razón, me eligió a mí —suspiro, viendo que Sasuke frunce el ceño otra vez, sin decir nada por algunos segundos.

—Estuve pensando —suelta al fin, mirándome por un instante antes de volver a desviar la vista —Quizá no te eligió. Quizá se pegó a ti porque tiene un motivo, alguna razón para hacerlo.

—Pero nunca nos conocimos. No tiene razones para querer vengarse de mí —repito lo obvio, aunque Sasuke no se ve tan convencido como se veía ayer cuando discutimos de lo mismo.

—Quizá sí la tiene, pero no es contra ti —dice, todavía pensativo. Y, aunque al principio no entiendo de qué está hablando, de repente, un recuerdo que parecía lejano surge en mi mente.

—Ella era amiga de la señora Haruno —me acuerdo de ese detalle, y Sasuke levanta la cabeza de nuevo, mirándome por un momento —Igual que mi padre, y la madre de Hinata. Si no me equivoco, todos estaban en preparatoria en la misma época, ¿esa podría ser algún tipo de conexión?

Sasuke se queda callado por unos segundos, pensativo.

—¿Recuerdas lo que me dijiste hace unos días en la biblioteca? —pregunta de repente, haciendo que ahora yo frunza el ceño, sin entender de lo que habla, así que agrega —Dijiste que creías que las muertes de todas esas mujeres estaban conectadas.

—Y tú dijiste que todo era coincidencia, y tenías razón —respondo. Él levanta una ceja.

—¿Cómo estás tan segura? La señora Haruno se quitó la vida, ¿no es así? Dijiste que ella había actuado de forma inusual en sus últimos días. Y su muerte fue extraña; puede tener sentido que fuera obra de Rin.

—Tal vez sí, pero la mamá de Hinata no murió en circunstancias extrañas. Ella murió en su cama, por una falla cardíaca que tenía desde joven. No hubo nada de misterio en eso.

—¿Cómo lo sabes?

—Neji me lo dijo.

—Neji —repite Sasuke, dándose la vuelta un momento, sin preguntar nada más. Es extraño, pero parece molesto conmigo de repente, aunque no tiene sentido. ¿Acaso le molesta que hable de Neji? Ahora no es momento para esas cosas, decido, tratando de no sentirme todavía más incómoda.

—Hablamos a veces —no sé por qué digo eso, quizá intento que no le dé demasiada importancia, pero no creo que me sirva de mucho.

—Lo que hagas de tu tiempo no me importa —dice, moviendo algunos libros, pero sin parecer interesado en ninguno —¿Tu padre también era amigo de Nohara Rin? —pregunta entonces, sorprendiéndome por el cambio tan súbito de tema, tanto que parpadeo varias veces hasta que mi cerebro lo procesa.

—No lo sé...No lo creo —respondo en un murmullo, aunque no muy segura —Hace unos días le pregunté a mi padre por ella, pero él dijo que no la recordaba.

—Tal vez miente.

—¿Mi padre, mentir? Obviamente no lo conoces.

—Los padres también mienten —insiste Sasuke, frunciendo el ceño. Yo me quedo callada; es decir, mi primer impulso es decirle que mi papá no mentía, mucho menos a mí, su única hija, pero supongo que a estas alturas no soy tan ingenua.

—¿Por qué me mentiría? —intento razonar con él. Sasuke frunce el ceño un poco más, juntando los dedos frente a su mentón. Después de un rato suspira y baja sus manos, levantando la cejas con resignación.

—No soy un experto, pero suena a lo que un padre haría, sobre todo si tiene algo que esconder —dice, cerrando el libro que tiene delante con un sonido hueco —Pero, aunque haya mentido, supongo que no tenemos pruebas. No hay mucha información sobre la muerte de Rin en internet. Tampoco alguna imagen o lo que sea.

—Ahora que lo pienso, hay una fotografía. En casa de Sakura. Y todos están allí —pienso en voz alta —La señora Haruno, la mamá de Hinata, mi padre y otras personas.

—¿Rin estaba con ellos?

—No lo recuerdo —admito. La imagen de la cara de Rin todavía está fresca en mi memoria, pero no puedo recordar muy bien los rostros en esa foto —Pero puede que haya más fotos suyas entre las cosas de la señora Haruno.

Sasuke asiente, frunciendo el ceño nuevamente.

—Tal vez Sakura podría prestarnos las fotos, sin que tengamos que decirle que estás aquí.

—Sakura está en casa de su abuela. Su casa debe estar vacía —suspiro, recordando que los Haruno, hasta donde sé, no volvieron a la ciudad después del funeral. Y, aunque sé dónde ocultan la llave extra, decido que quizá no sea una buena idea arriesgarnos e irrumpir en la propiedad. Sasuke suspira y se quita los anteojos para mirarme, con las cejas fruncidas, como hace usualmente.

—Bien, estamos como al principio —gruñe, frustrado. Parece que no poder resolver este asunto de Rin de verdad le molesta, y entonces recuerdo lo que dijo anoche, sobre que yo le preocupaba. Y de repente siento que un calor incontrolable e incómodo me sube por las mejillas, así que tengo que decir algo, cualquier cosa, para intentar que la sensación se vaya.

Quizá podría haber un anuario o algo en la escuela, o algunas fotografías en otro lugar —digo, tratando de esconderme debajo del cuello del enorme pulóver de Sasuke —Quizá los padres de alguien podrían tener algunas tam-

—Creo que tengo una idea —dice él de repente, interrumpiéndome y levantándose para ir por su abrigo, sorprendiéndome por lo acelerado que se mueve.

—¿Qué cosa? ¿A dónde vas? —pregunto, sintiendo que me estoy perdiendo de algo importante. Sin embargo, de nuevo, Sasuke no me presta demasiada atención.

—Creo que sé dónde encontrar más fotografías, pero tengo que salir —responde, poniéndose sus botas para la nieve y su bufanda azul alrededor del cuello, sin darme tiempo de preguntar nada más —Recuerda no abrirle la puerta a nadie —dice, saliendo tan rápido por la puerta que no me quedo estática, sin entender muy bien lo que acaba de pasar mientras por la ventana lo veo sacar su bicicleta del garaje y empezar a bajar por la ladera hasta perderse de mi vista.

Y, sin saber qué más puedo hacer, suspiro y me siento en el lugar que Sasuke dejó vacío, mirando su desastre de libros, papeles, tazas y latas de gaseosa.

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Son casi las cuatro cuando apago el televisor y me acerco a la venta a ver el camino, esperando que Sasuke suba por él en cualquier momento, pero eso no pasa. ¿Por qué estará tardando tanto? Y, más importante, ¿a dónde se habrá ido? No sé si me preocupa más el hecho de que me haya dejado sola de nuevo después de lo de anoche, o que no tengo idea de dónde puede estar metido con este clima. Supongo que es una mezcla de ambos.

Y estoy empezando a contemplar la posibilidad de levantar el teléfono para llamarlo y asegurarme de que todo está bien (lo cual sería inútil ya que no sé su número de teléfono, pero ni siquiera pienso en eso), cuando, en ese instante, un golpe en el piso de arriba me sobresalta.

—¿Sasuke? —pregunto al aire, aunque sé que es imposible que sea él, porque en ningún momento lo vi regresar de la calle. Y aunque un miedo instantáneo me invade, intento no dejar que vuelva a paralizarme, y pellizco mi cara solamente para asegurarme de que no estoy en otro sueño, decidiéndome a subir las escaleras aunque sé que en una película de terror ese es exactamente lo que pasa antes de que algo salga terriblemente mal. Pero esto no es una película, me digo, tomando una escoba del pasillo mientras subo los escalones y escucho otro par de golpes, más rítmicos esta vez, uno tras de otro, que vienen de la habitación de Sasuke.

Aunque me congelo por unos segundos después de lo que pasó anoche, empujo la puerta y, con algo de alivio, veo que la ventana está abierta, y el viento tiró un par de discos al suelo, haciendo que la puerta del ropero de Sasuke se abra y cierre, provocando los golpes rítmicos. Y, a pesar de que la situación me recuerda al sueño que tuve anoche, suspiro y me pellizco una vez más solo para estar segura de que estoy despierta y cierro la ventana con seguro, alejándome en seguida, esperando a que algo malo pase como las otras veces, pero, para mi buena suerte, todo sigue tan calmado como antes. Entonces no puedo evitar suspirar otra vez, dándome la vuelta para volver a la puerta, cuando veo que hay otra persona en la habitación conmigo.

—¡Mierda! —grito, tirándome hacia atrás de forma instintiva cuando mis ojos se encuentran con la delgada figura de Hinata junto al escritorio de Sasuke, antes de recordar que ella había empezado a aparecerse en su casa desde hace un tiempo. Aunque, para ser honesta, se me había olvidado, pero aun así calmo mis latidos al acordarme —Diablos, me asustaste —protesto, como si ella pudiera escucharme, aunque sé que no es posible. Sin embargo, ella levanta la vista, como si me hubiera escuchado; abre la libreta que tiene en las manos y me sonríe, o bueno, no a mí, sino a alguien que debió estar ahí en el momento que su espíritu está reviviendo. Entonces la veo anotar algo alegremente en el mismo cuaderno que le regalé en su cumpleaños número 10, mientras una oleada de tristeza me invade de repente al recordarla.

Y en ese instante, quisiera poder decirle que hay tantas cosas que lamento. Lamento no haber sido una mejor amiga, lamento no haber podido ver lo mucho que sufría, y lamento no haber podido hacer nada para ayudarla. Quisiera poder tener la habilidad de comunicarme con ella, pienso, no solo de verla, como si fuera alguna clase de figurilla repitiendo una misma acción por toda la eternidad. Quisiera que esto fuera como en las películas donde las personas pueden comunicarse con los muertos, pero nada es como en el cine en la vida real, ni siquiera el amor lo es. Amar a las personas duele, de una forma que no muestran en las películas; de una forma que nadie que no haya perdido a un ser amado podría entender. Y eso me llena de tristeza, tanta que puedo sentir cómo mi corazón se encoge dentro de mi pecho. De hecho, de repente, hay muchas emociones dentro de mí, y puedo sentir cómo recorren mi cuerpo como una llamarada ardiente. Es tristeza, rabia, enojo, y también culpa. Siento mucha culpa, y no sé por qué. Me siento culpable, triste, vacía. Es casi como... casi como si mereciera estar muerta.

—Ey —de repente, siento que alguien aprieta mi hombro, y entonces, de la nada, todos esos sentimientos desaparecen tan súbitamente como aparecieron mientras me doy la vuelta hacia la puerta de nuevo, viendo a Sasuke parado ahí, mirándome con una expresión interrogante —¿Estás bien?

—Sí, yo... Sí —susurro, sin poder decir nada más. No estoy asustada, pero sí muy confundida, aunque decido no decir nada. Creo que todo este asunto de Rin de verdad me está afectando para mal.

Sasuke me mira y frunce el ceño, pero no pregunta nada.

—Ven —me dice en su lugar, señalando la salida con la cabeza —Tengo algo que mostrarte.

Lo sigo hasta la sala de nuevo, sintiéndome más como yo misma a cada paso; cuando estamos ahí me siento en el sofá y Sasuke busca adentro de su mochila, sacando un libro viejo y polvoriento que antes debió ser azul. Se toma su tiempo para abrirlo, y mientras pasa las páginas me doy cuenta de que es un anuario.

Segundos después, para mí absoluta sorpresa, lo abre en una página amarillenta donde salen fotografías de todos los cursos del último año. Y entre todas esas caras sonrientes, distingo casi en seguida la de mi padre, parado justo detrás de la mamá de Hinata y la señora Haruno, y, al lado suyo, de pie también, una sonriente Rin posa junto a ellos.

—¿De dónde sacaste eso? —me sobresalto de inmediato, dando un salto en mi asiento antes de quitarle el anuario para asegurarme de que mis ojos no mienten y, en efecto, es Rin quien está en esa imagen, junto a papá y las madres de Sakura y Hinata.

—De mi vieja casa —responde Sasuke, levantando los hombros —Hice las cuentas, y deduje que nuestros padres estuvieron en la escuela casi al mismo tiempo. Mi madre estaba en un curso inferior cuando tu padre estaba en el último año, creo —murmura —Entonces recordé que había visto estos anuarios entre sus cosas antes de que todo pasara, y como nadie ha habitado nuestra casa en años, todo estaba tal y como lo recordaba.

Asiento, pero la verdad es que no lo estoy escuchando, porque mi cerebro está funcionando tan rápido para procesar todo esto que lo que pasa a mi alrededor de repente es demasiado confuso.

Mi padre me mintió; sí conoció a Rin. No solo eso, ellos eran compañeros, eran amigos. Él conocía a Rin, y mintió descaradamente en mi cara cuando me pregunté por ella. ¿Pero por qué? ¿Acaso sería posible que él fuera…? Antes de poder terminar esa idea siento que se me revuelve el estómago, y siento ganas de vomitar, pero en vez de eso me quedo paralizada en mi lugar. Es como si algo en mi interior, de lo poco que se había salvado después del accidente, se hubiera hecho añicos en ese instante, dejándome solo piezas destruidas de lo que alguna vez fue mi vida.

Mi padre mintió, él conocía a Rin. ¿Por qué hizo eso? No tenía necesidad de mentir, a menos que él...Mi garganta se cierra ante la aterradora verdad que amenaza con volver todo mi mundo un lugar aterrador una vez más.

Mi padre...él es el chico de la historia.

Mi cerebro está a punto de explotar. No puedo con eso. No ahora.

—Necesito aire —consigo decir mientras me levanto e intento salir de la casa, pero Sasuke me agarra del brazo y no me deja ni siquiera acercarme a la puerta.

—Está helando. No puedes salir así.

—Déjame —intento soltarme, casi con rabia, pero él no me hace caso —¡Te dije que me dejes! —casi peleo contra él, pero Sasuke no me suelta.

—Estás alterada —dice, manteniéndose calmado, pero firmemente agarrado a mi brazo. Entonces, al fin puedo dejar salir toda mi rabia.

—¡CLARO QUE ESTOY ALTERADA! —le grito, porque de repente siento que no puedo respirar, y necesito salir de este lugar, por eso estoy peleando como una niña caprichosa para que me deje correr lo más lejos que pueda de todo esto —¡DÉJAME IR! ¡NO ME TOQUES!

Peleo, incluso con mi brazo lastimado, que duele cuando empujo a Sasuke, pero estoy tan sacada que no me interesa. Solo quiero herir a Sasuke, herirlo y liberarme, pero él sigue sin dejarme ir. Por el contrario, me sostiene más fuerte, y, en un momento de descuido, tira de mí y me sujeta contra su pecho, haciendo que cese con todos mis forcejeos, al principio demasiado sorprendida por sus acciones, pero después, demasiado asustada como para seguir peleando, pudiendo respirar al fin.

No sé por qué, pero los brazos de Sasuke parece tener siempre ese efecto tranquilizador en mis músculos, porque, aunque mi cabeza sigue siendo un caos, todo mi cuerpo se relaja cuando él me sostiene de esta forma. Así que hundo mi cara en su pecho y siento que las lágrimas amenazan, pero no estoy llorando. Estoy conmocionada, aturdida, molesta y triste, pero no lloro. No puedo hacerlo. Algo dentro de mí está entumecido, como después de la muerte de Sai, solo que esta vez el dolor es todavía más profundo cuando pienso en Rin y todo lo que le pasó antes de su muerte, y como, ahora lo entiendo, se relaciona conmigo.

Fue mi padre, me fuerzo a no ignorar esa voz que grita dentro de mi cerebro. Y, sin embargo, de alguna forma, una parte de mí todavía no puede creerlo, generando más conflictos dentro de mi mente. Mi padre es el hombre que me dio la vida, el que me crió. El que lloró en mi primer día de escuela, y cuando se me cayó mi primer diente; el que curó mis heridas, y se quedó junto a mi cama noche y día cuando después del accidente estuve como muerta en vida. Es imposible que ese hombre bueno y dulce pueda ser la misma persona que le hizo tanto daño a una chica como Rin, pero ni toda mi fuerza de voluntad puede hacer que consiga ignorar las evidencias. Entonces lo que quedaba de mí se quiebra una vez más, como mi voz.

—Fue mi padre —se me escapa en un suspiro, porque necesito decirlo en voz alta, aunque nada de esto todavía tiene sentido, al menos no en mi corazón —Él es el chico de la historia, el que jugó con ella y la traicionó.

—Eso fue hace mucho tiempo —Sasuke susurra contra mi cabello, apretando un poco más sus brazos alrededor mío —Era solo un adolescente, y los adolescentes hacen muchas cosas estúpidas sin pensar en las consecuencias.

—Lo sé, pero...es mi padre —suspiro; no tengo ganas de llorar, y, sin embargo, las lágrimas me siguen picando en los ojos. El sentimiento es extraño —No puedo…—susurro, usando las manos para empujarlo lentamente lejos de mí. Todavía lo necesito, eso es verdad, pero sé que no puedo retenerlo.

No parece natural tener que aceptar que una de las personas que más amas en el mundo pudo ser capaz de hacer algo tan horrible como lo que le hicieron a Rin, pero me repito que no puedo ignorar los hechos. Todos tenemos que enfrentar nuestros demonios tarde o temprano, y yo debo enfrentar estos, aunque no sean míos.

En ese instante, caigo en cuenta de algo.

—Ella no intenta vengarse de mí —digo, y Sasuke me mira a los ojos —Está tras mi padre. Todo el tiempo fue sobre él. Me usa como medio para su venganza —resuelvo.

Sasuke se queda callado, en su forma pensativa, o así le digo yo para mis adentros cada vez que hace ese gesto, con los labios apretados hacia un lado, y una ceja ligeramente más levantada que la otra, apenas unos milímetros. Resulta curioso lo familiares que pueden verse las cosas con él a veces, pero de nuevo bloqueo esos pensamientos que solamente me confunden, porque decido que ya tengo demasiadas cosas en mi cabeza como para seguir añadiendo más problemas.

Entonces suspiro, y de nuevo me pregunto qué es lo que hará que él quiera ayudarme en un momento como este, siendo que no me debe nada, además de lo mucho que lo lastimé al rechazar sus sentimientos de esa forma nada amable. ¿Por qué querría nadie ayudar a la hija de alguien capaz de hacer algo tan horrible en el pasado?

—Tal vez lo merezco —pienso en voz alta de repente, y Sasuke me mira de nuevo, levantando un poco más su ceja dubitativa —. Lo que sea que quiera hacer conmigo. Tal vez lo merezco. Tal vez no soy tan diferente a mi padre...

—¿Estás loca? —responde él, interrumpiéndome indignado, pero en seguida cambia el tono, e intenta esconder ese pequeño atisbo de emociones contradictorias en su cara. Se aclara la garganta y baja la cabeza un segundo, lo suficiente para volver a poner su expresión pensativa —Nohara Rin tuvo una muerte horrible, pero, al final, fue su decisión. Aunque tu padre le hubiera mentido y engañado, él no la empujó de la azotea —añade, y creo que es después de decirlo que la idea pasa por su mente, pero ya es demasiado tarde para retractarse, porque ahora es todo en lo que puedo pensar, y solo la posibilidad de que pueda ser verdad martillea mi cabeza como un taladro incesante que amenaza con romper la poca cordura que me queda.

Hace solo unos minutos mi padre pasó de ser un excelente hombre a un adolescente capaz de arruinar la vida de una jovencita inocente, y ahora, de la nada, puede que incluso sea la persona que le quitó la vida.

No, me digo. Me resisto a creerlo. Rin se suicidó, eso dice el periódico, eso dicen los rumores. Quizá la versión adolescente de mi padre pudo contribuir a que tomara la decisión, pero el solo hecho de que fuera él quién la empujara suena tan inverosímil que ni siquiera me permito contemplar esa posibilidad. Conozco a mi padre, y como Sasuke dijo, muchos hacemos o decimos cosas estúpidas en la adolescencia, herimos personas, e incluso podemos dejarles marcas imborrables, pero asesinar es otra cosa. Mi padre podrá ser muchas cosas, incluso cosas que desconozco, pero estoy segura de que no es un homicida, y que no lo fue en el pasado. Ese chico atractivo y de mirada dulce no pudo haberlo sido.

—¿Estás bien? —pregunta Sasuke, haciendo que me acuerde que está conmigo, y yo lo miro, pero las palabras no salen.

Realmente, es como algo que apenas empezamos a descubrir, y tengo mucho miedo de lo que pueda encontrar de ahora en adelante.

—No —respondo, con toda la sinceridad que puedo —Y no creo que vuelva a estarlo nunca.

Él asiente.

—Si de algo sirve, no creo que tu padre la haya empujado —me dice —Sé lo que viste en tu sueño, pero Rin es un espíritu vengativo, quizá lo que te mostró es como ella siente que sucedieron las cosas, pero no fue la realidad. Quizá culpa a tu padre por lo que pasó entre ellos, y es parte de su venganza mostrarte esas cosas.

—Quizá todo sea verdad —murmuro, sentándome de nuevo sobre el sofá, con las rodillas al pecho —Quizá él lo hizo, y Rin intenta hacerle pagar con mi vida. Eso sería lo justo, ¿no crees?

—No digas eso —me urge Sasuke, arrodillándose delante de mí con expresión seria —Lo que sea que tu padre haya hecho, sea cierto o no, nada de esto es tu culpa.

—Pero soy la hija de mi padre —le recuerdo, casi sintiendo la ironía de toda la situación, hablando con una voz que de repente me suena demasiado monótona como para ser la mía —Asesino o no, él rompió el corazón de esa chica, y yo rompí el tuyo —levanto los hombros, como si no tuviera importancia, como si nada la tuviera —. En realidad, no somos muy diferentes.

—Tú no… —Sasuke, en un movimiento repentino, se agacha en frente de mí y hace que lo mire a los ojos, pero sin poder volver a sostenerme la mirada, aunque lo intenta. Entonces suspira y vuelve a levantarse, dándome la espalda por un segundo —Yo no debí besarte —admite, sorprendiéndome con sus palabras —No era el momento, ni el lugar, pero estaba confundido, y siento todas estas cosas por ti… Las he sentido desde hace tanto tiempo que... —suspira, tan sorprendido como yo por lo que acaba de decirme —Ni siquiera puedo explicarlo —murmura en ese instante, como si acabara de cruzar una línea que de alguna manera acaba de liberar una parte que mantenía muy bien escondida, bajando la mirada —Solo sé que no quiero que nada malo te pase.

—Sasuke…—suspiro entonces, solo por dejar salir el aire que se juntó en mis pulmones en el momento que dejé de respirar al escucharle decir eso. Sin embargo, aunque quisiera, él no me deja añadir nada más.

—Mi familia no era buena —añade, sorprendiéndome otra vez —Mi padre…Todo el clan Uchiha tenía tratos con la mafia. Así se repartían el control de la ciudad, hasta que mi padre hizo algo que ofendió al líder Yakuza, y como castigo éste le ordenó que le entregara la vida de uno de sus hijos. Y, por supuesto, Itachi era un genio, su orgullo, así que me escogió a mí. Mi vida sí era prescindible —murmura con ironía, pero puedo sentir la tristeza en cada una de sus palabras. Sin embargo, todo es tan apabullante que apenas puedo reaccionar a lo que dice —Mi hermano mayor, Itachi, de alguna forma se enteró, por eso puso el veneno en la comida aquella noche —dice, haciendo que todo el asunto de Rin y mi padre pase a un segundo plano de repente —Lo hizo por mí, para protegerme. Por eso intenté quitarme la vida. No podía soportar la culpa de que todos estuvieran muertos por mi causa —murmura, cerrando los puños con fuerza a sus cotados —. Itachi exterminó a toda nuestra familia para salvarme la vida. ¿Cómo se suponía que podría vivir sabiendo eso?

—Oh, Sasuke —aunque no sé muy bien lo que hago, salto del sofá para abrazarlo como él lo hizo conmigo solo hace unos minutos, sin pensar en nada más que no sea poder quitar un poco de todo el dolor que pesa sobre sus hombros, como si nada más importara ahora. Y nos quedamos así por un buen rato, porque sé que ahora él me necesita tanto como yo lo he necesitado estos últimos días.

Él no dice nada ni yo tampoco, pero siento sus manos sujetándose tímidamente a mi cintura, como si necesitara hacerlo, pero todavía hubiera algo que le impide hacerlo por completo. Y quisiera saber qué hacer o decir para que se sienta mejor, pero no tengo idea, porque, ahora mismo, solo somos dos personas rotas que intentan desesperadamente lamerse sus heridas.

—¿Y dónde está tu hermano? —pregunto, no solo porque es una pregunta que tengo atravesada desde hace un tiempo, sino porque necesito decir algo para que las cosas no se pongan raras otra vez entre nosotros. Sasuke entonces me suelta para alejarse y suspira, pasándose una mano por la cara.

—También se envenenó —responde, como ausente —Dejó una carta, donde confesaba todo, incluso su suicidio —sonríe sin gracia —. Decidió que debía salvarme de cualquier Uchiha, incluso de él mismo —suspira, levantando los hombros y haciendo una pausa antes de decir —. Por eso, como tú, nunca pude dejar de preguntarme por qué yo, entre toda mi familia, merezco estar vivo, cuando podría ser tan malo como cualquiera de ellos...

—Tu no tienes la culpa de los errores de tus padres —le digo de inmediato, con una fuerza y convicción que no sé de dónde salen. Entonces él me mira a los ojos de nuevo, pero sin rehuir esta vez, sorprendiéndome al tomar mi mano como yo lo hice aquel día en el hospital, y apretándola con fuerza, como si quisiera recordarme que también está ahí para mí, y que no irá a ningún lado.

—Y tú tampoco —responde, y entonces me doy cuenta de por qué me está contando todo esto, porque me cuenta la historia completa al fin. Y entonces, las lágrimas por fin caen como borbotones, no por mí, sino por él, mientras doy otro salto para abrazarme a él de nuevo, sintiendo que esta vez, por primera vez, me responde de la misma forma, abrazándome tan fuerte como si necesitara que yo sea su refugio esta vez.

Y no sé cuánto tiempo pasa, pero ni Sasuke me suelta ni yo intento hacerlo, pero, de alguna manera, de un segundo para otro, todo es diferente. Aunque es el mismo Sasuke que ya abracé tantas veces antes, es la primera vez que lo siento de esta forma, como si al fin se hubiera sacado todo el peso que llevaba sobre los hombros, y pudiera ser libre. Como si hubiera logrado hacer las paces con su pasado. Es difícil explicarlo, pero de todas formas siento que es lo mismo que yo necesito. Entonces, sin soltarlo, y todavía entre lágrimas, siento que es lo mismo que yo necesito.

Solo quiero poder ser capaz de sanar también.

—Estoy tan cansada...—admito, entre suspiros entrecortados, como una niña sollozante —Solo quiero... —ahogo un gemido. Siento que yo también necesito dejar el pasado atrás, o nunca podré cerrar estas heridas que parecen estar en carne viva sobre mi piel —Tal vez haya hecho algo horrible, pero es mi padre, no puedo permitir que Rin lo lastime. Y tengo tanto miedo...

Aunque seguimos abrazados, puedo sentir que Sasuke asiente. Después volvemos a quedarnos callados por un buen rato, hasta que puedo dejar de llorar e hipar como una chiquilla, y dejo que los latidos de mi corazón se acompasen a los de Sasuke, como si los dos fuéramos uno. Y en ese instante, todo lo malo desaparece una vez más. Al menos hasta que Sasuke se separa de repente, con ese gesto pensativo tan característico suyo en la mirada.

—Quizá conozco una manera —me dice, frunciendo el ceño y hablando con más ánimo, orgulloso de sí mismo —Creo que conozco la forma de hacer que el espíritu de Rin deje el mundo de los vivos para siempre, incluso podemos hacerlo esta noche, y no tendremos que esperar a que la abuela Chiyo y Sasori regresen.

—¿De qué estás hablando? —pregunto, tratando de limpiarme la cara mientras lo sigo a una pequeña biblioteca que tienen detrás de la casa, donde lo veo revolver libros viejos y pergaminos lleno de polvo.

—Vi a Sasori hacer esto una vez hace unos años —explica, levantando polvo al remover las cosas —No es complicado. Es un ritual bastante simple.

—¿Ritual?

—Los sintoístas creen que existe un orden natural en todas las cosas —explica mientras sigue revolviendo entre los estantes —La vida, la muerte, y todo lo que hay en medio. Los espíritus pertenecen al mundo de los muertos, por eso existe un ritual para conceder descanso a las almas que se pierden en el camino, como las de Rin, y devolver las cosas a su cauce natural —anuncia, pareciendo encontrar lo que estaba buscando, ya que saca un libro tan viejo como el mismo Japón, le quita el polvo y sale de la habitación, empezando a leerlo mientras camina y yo todavía lo sigo de cerca —Solo debemos encontrar un lugar que haya significado algo para ella mientras estaba viva.

—¿La azotea de la escuela? —digo lo primero que pienso. Él asiente.

—Es lo que pensé —murmura, sorprendiéndome con lo rápido que parece haberse recuperado después de haber compartido un momento tan íntimo y profundo. Quiero decir, no me molesta, solo que mis piernas siguen temblando, cuando él parece haberlo superado todo en un segundo —No será difícil. No hay seguridad de noche, y sé dónde encontrar la llave de la puerta principal. Podemos entrar y salir sin que nadie lo sepa.

—¿Estás seguro? —Suspiro. Parece tan surreal que vaya a ser tan fácil después de que pude morir solo ayer. Y además sigo demasiado aturdida por tanta nueva información y emociones que hierven en mi interior. Pero también entiendo a Sasuke; yo igual quiero terminar con todo este asunto de inmediato, solo que no pudo recuperarme tan rápido como él, al parecer.

—Podemos salir en unas horas —dice Sasuke mientras mete el libro en su mochila, y se mueve por la casa buscando otras cosas como amuletos y eso. Y de nuevo admiro su forma tan práctica de superar los momentos difíciles.

En solo unas horas esto podría terminar para siempre.

No sé cómo sentirme con la idea, obviamente feliz, pero, aun así es algo confuso, no lo sé. Todo pasa demasiado rápido, y eso me asusta un poco, supongo, aunque entiendo que no hay tiempo que perder.

Aunque tengo un nudo en el estómago todavía, caliento otro tazón de fideos, y mientras Sasuke y yo nos sentamos a la mesa, me explica que cree saber la forma de hacer que Rin se detenga, diciendo algo sobre un ritual de exorcismo que no entiendo del todo bien. Es algo como enviarla al mundo de los muertos para que pueda encontrar su camino y así poder descansar en paz, desprendiéndose de todo el dolor que la ata al mundo de los vivos; dice que es algo que su hermano Sasori hizo muchas veces, así que debería funcionar, y, para mañana a esta hora, ella se habrá ido para siempre. Solo tenemos que esperar a que sea medianoche, porque, según Sasuke, es cuando la energía espiritual de la tierra está en su punto máximo.

—Oscurecerá pronto, así que deberíamos estar listos para hacerlo hoy mismo.

—¿Estás seguro?

—No, pero no perdemos nada por intentar —murmura, y, a pesar de todo, creo ver la sombra de una sonrisa en sus labios, que me hace querer sonreír también.

Entonces, sin darme cuenta, mi mano se desliza sobre la mesa y agarra la suya.

—Gracias. Por todo —le digo desde lo más profundo de mi corazón —A pesar de lo que pasó, ahora mismo siento que eres la única persona en la que puedo confiar —admito, con la misma sinceridad, pero cuando intento apretar su mano él quita la suya como si mis dedos lo quemaran, y casi salta de su silla.

—No es nada —responde él, empezando a juntar los tazones de la comida, evitando mirarme a la cara, como si nada de lo que pasó hace solo unas horas hubiera sucedido —Creo que iré a buscar las cosas que necesito —dice, dejándome sola y todavía más confundida que antes, porque hicimos un avance enorme esta tarde, y ahora, en menos de un segundo, es como si todo volviera para atrás. Eso duele por un instante, pero ahora mi preocupación está en otro lugar.

Todavía faltan algunas horas para la medianoche, así que busco la forma de entretenerme mientras tanto para no pensar en lo que podría pasar. Me aterra no solo lo que Rin pueda hacerme, sino más bien lo que pueda mostrarme esta vez, así que leo su historia una y otra vez hasta que Sasuke viene a buscarme, con su mochila al hombro y ya listo para irnos.

—Ya casi es hora —murmura, en voz baja —Deberías cambiarte y comer algo, saldremos en media hora.

—No tengo ropa —digo lo obvio, ya que todavía estoy vestida con su pijama de osos pandas. Sasuke entonces deja unos vaqueros y un suéter al lado mío, supongo que deben ser suyos.

—En la televisión dicen que no habrá tormentas, pero está helando afuera —dice, dejándome sola para que pueda cambiarme.

Salimos del templo media hora antes de la medianoche, y, aunque Sasuke lleva su bicicleta, caminamos casi todo el camino hasta la escuela. La noche está despejada, y la nieve todavía no tuvo tiempo de cristalizarse, así que no tenemos problemas en llegar.

Como lo dijo, podemos entrar sin problemas también; no hay alarmas ni vigilantes, así que podemos movernos sin dificultad hasta la azotea, aunque al principio me quedo parada frente a las escaleras, paralizada por un segundo cuando los recuerdos me atacan.

—Todo está bien —siento la mano de Sasuke tirando de la mía, haciéndome salir de mi ensimismamiento para seguirlo. No miro hacia arriba, tampoco hacia atrás, solamente miro nuestras manos hasta que llegamos a la puerta de la azotea. Por unos segundos, me aterra lo que voy a encontrar, pero no veo nada más que un enorme y oscuro espacio vacío cubierto por la nieve y el viento que silba en nuestros oídos. Entonces respiro el aire helado y aprieto la mano de Sasuke. Para mi buena suerte, él no me suelta esta vez, tal vez porque está tan asustado como yo por lo que estamos haciendo. Sin embargo, casi enseguida me doy cuenta de que no es temor lo que siente, sino sorpresa.

Desde la azotea de la escuela, a esta hora de la noche, pueden verse las luces del templo al otro lado de la ciudad, subiendo hacia el cielo. Son todas las almas que Sasuke me enseñó, solo que ahora parecen mucho más brillantes que la primera vez que lo vi, como millones de linternas elevándose a la nubes como en un festival. Es un espectáculo de verdad hermoso, tan sorprenderte que te deja sin aliento.

—Nunca los había visto tan tarde en la noche —dice Sasuke en ese momento, soltando mi mano para acercarse al final de la azotea, como hipnotizado por las luces; pero antes de que pueda apretar la barandilla entre sus manos para reclinarse me invade un miedo atroz, así que agarro su mano de nuevo, manteniéndolo lejos de la cornisa.

—No te acerques —casi le ruego. Él me mira, sorprendido, pero no discute.

Sasuke vuelve sobre sus pasos y se quita la mochila, sacando algunos amuletos, velas, una cuerda y un frasco de sal que empieza a acomodar alrededor de una pequeña manta que tira encima del suelo congelado, encendiendo una vela en cada punta. Después esparce la sal alrededor, formando un círculo.

—La sal y el Shimenawa te protegerá durante el ritual —explica, colocando la cuerda sobre el círculo de sal. Yo asiento, y entonces una ventisca helada me hace temblar y subir el cierre de mi parka hasta arriba para no congelarme —¿Tienes frío?

Antes de que pueda contestar, Sasuke se para y desenrolla la bufanda de su cuello, poniéndomela a mí sin esperar respuesta. Es un gesto lindo, otro más, pero no puedo agradecérselo, porque vuelve a darme la espalda en seguida para seguir armando lo que parece ser una especie de altar, dibujando dos círculos idénticos de sal, rodeados por una cuerda trenzada cada uno, con el espacio justo en medio para colocar lo que parece un tablero.

—Debes...Tienes que estar en el centro —me dice cuando termina, desenrollando un pergamino que deja sobre la nieve también. Yo le hago caso y con cuidado me siento de rodillas encima de la manta en medio del segundo círculo mientras él se sienta dentro del primero al mismo tiempo que otro viento helado haga que el fuego de las velas oscile a nuestro alrededor —No tardará mucho —explica, poniendo el pergamino lleno de hiraganas entre él y yo. En ese momento lo veo por primera vez, y no puedo creerlo.

—¿Vamos a jugar Kokkuri? ¿Es una broma?

Pregunto con sarcasmo. El Kokkuri, que en Occidente se conoce como Ouija, es un juego donde las adolescentes "invocan espíritus" del más allá para hacerles preguntas tontas sobre su futuro. Me sorprende que esta sea la idea de Sasuke, pero él se ve tan concentrado en lo que hace que realmente dudo que él lo tome a la ligera.

—Cállate —contesta, poniendo una moneda de oro sobre el tablero y bajando la cabeza mientras junta sus manos y dice algo que no escucho.

—¿Se supone que pongamos nuestros dedos o…?

—No salgas del círculo —me ordena —Y eso de poner los dedos es una idiotez de las adolescentes. El verdadero juego solo debe ser usado por alguien que tengo una conexión real con el otro lado para ser efectivo.

—¿Tú ya lo jugaste?

—No, pero vi a Sasori hacerlo miles de veces —responde, ceñudo —Se supone que tu y yo tenemos una especie de conexión con el lado espiritual también, así que, en teoría, esto debería ser más fácil —gruñe —¿Estás lista?

Quisiera responder que sí, al diablo, pero sigue sonando demasiado ridículo en mi cabeza. Quiero decir, Sakura y yo lo hemos jugado desde los 13, y casi siempre era yo quien movía la moneda; esto no es real, pero, de alguna manera extraña, parece serlo para él.

—¿Estás seguro de que funcionará?

—Eso espero. Necesito que te concentres. Piensa en la moneda —suspira Sasuke, lo que no me deja demasiado tranquila, pero decido confiar. Sasuke nunca haría algo que me dañara, me digo, así que afirmo con la cabeza, tan segura como puedo.

Entonces él suspira, pidiendo mi permiso con una gesto antes de tomar mis manos y acomodarlas en las esquinas del tablero, con las palmas hacia abajo, muy quietas en cada extremo. Entonces lo veo mojarse los labios, y, con voz firme, dice:

—Nos dirigimos a los espíritus del más allá, a cualquiera que tenga una conexión con la Tierra. Si estás aquí, por favor mueve esta moneda.

Contengo la respiración por unos segundos en los que nada pasa. Una brisa helada se eleva un poco, haciendo que los extremos su bufanda se eleve un poco, pero nada más.

Esto es estúpido, pienso entonces, pero cuando estoy a punto de decirle a Sasuke que tal vez funcionaría mejor si ponemos nuestros dedos en la moneda, antes de que pueda siquiera separar los labios, esta se mueve sola, tomándonos tan por sorpresa a ambos que en seguida soltamos nuestras manos.

—Dime que fuiste tú —suspiro, viendo como la moneda se mueve sola por el tablero. Quiero decir, Sasuke tiene las manos a la vista, pero todo podría ser un truco, o al menos eso quiere pensar la parte racional de mi cerebro mientras mis ojos incrédulos miran ese pequeño círculo dorado dibujando líneas invisibles sobre los hiraganas.

—No soy yo —responde Sasuke, como yo, siguiendo el movimiento del objeto con la mirada, que forma la oración: "estoy aquí" por sí sola. Entonces nos miramos, demasiado sorprendidos, supongo, para saber qué hacer ahora. Sin embargo, Sasuke puede salir de su trance primero.

—¿Eres Nohara Rin? —pregunta, indeciso por unos segundos. Después, hay unos segundos de espera antes de que la moneda vuelva a moverse por sí misma, marcando la respuesta "no". Sasuke y yo entonces nos miramos con confusión.

—¿Quién eres? —pregunto, y ahora la moneda se tambalea por unos segundos antes de moverse mucho más rápido con su respuesta:

"Corre"

Ni siquiera tengo tiempo de entender lo que está pasando cuando Sasuke levanta la cabeza y mira tras de mí, abriendo sus ojos negros con temor y sorpresa. Entonces, antes de que pueda preguntar nada, siento como alguien tira de mi bufanda, jalándome hacia atrás con violencia.

—¡Sasuke! —lo llamo antes de que la lana me estrangule, cortándome el aire de repente, lo que me impide seguir gritando.

—¡Déjala! —grita Sasuke, tirándose hacia adelante para agarrar mis brazos e impedir que lo que sea que está tirando de mi hacia atrás no me saque del círculo, pero su acción instintiva solo hace que la presión en mi garganta aumente, y casi puedo sentir que la tela me quema la piel y hace que sienta que mis ojos se saldrán de sus órbitas, y que de a poco empiezo a perder el sentido. Entonces, de alguna forma, Sasuke desenreda la bufanda y al fin puedo volver a respirar, cayendo hacia adelante sobre mis rodillas segundos antes de que la conciencia me abandonara por la falta de aire —. ¡Tú ya no perteneces a este mundo! ¡Regresa al lugar donde perteneces! —grita Sasuke, pegando uno de sus amuletos sobre el tablero, o al menos eso es lo que veo mientras sigo intentando que el aire vuelva a mis pulmones.

No puedo ver nada más que la oscuridad que nos rodea, pero, de alguna forma, siento su presencia. Entonces, otra ventisca helada estalla de repente, y cuando consigo mirar hacia atrás en el momento exacto en que el espíritu de Nohara Rin aparece con su piel grisácea y resquebrajada junto a la cornisa, sosteniendo la bufanda de Sasuke con una de sus manos, hasta que vuelve a caer por el precipicio y la arrastra consigo, perdiéndose en el aire de la noche.

Sasuke entonces, sin perder un segundo, agarra su soga y sale de su círculo para pegar uno de sus amuletos en la baranda y recitar un rezo que no comprendo hasta escuchar las palabras finales.

—Descansa por la eternidad —murmura, quedándose con la vista fija en el vacío por unos segundos, dándose la vuelta después para correr a ayudarme a ponerme de pie.

—Se terminó —digo como puedo en ese instante, aterrada, pero casi llorando. Entonces abrazo a Sasuke, y él me responde una vez más.

—Eso salió mejor de lo que esperaba —dice, y, todavía con lágrimas en los ojos, no puedo dejar de sonreírle cuando nos separamos de nuevo. Es ahí cuando él mira mi cuello, y parece encenderse una alarma en su cara —Tu garganta —señala, haciendo que lleve una mano hasta ahí, solo para darme cuenta de que la tela de la bufanda me produjo una quemadura por el roce, y que duele como el infierno al tacto —¿Te duele?

—Estaré bien —sonrío, porque eso es lo de menos ahora —Lamento lo de tu bufanda.

—Está bien —él hace un gesto —He tenido esa bufanda desde que puedo recordar, así que ya estaba algo vieja —dice, de mejor ánimo del que lo he visto en...bueno, nunca.

Entonces sonrío, feliz frente a la perspectiva de un nuevo comienzo, algo que no sentía desde el accidente. Como si todo este tiempo hubiera habido alguna clase de manto oscuro sobre mi vida, que ahora se fue para siempre, y creo que es igual para Sasuke Uchiha.

Creo que algo muy positivo pasó esta noche para ambos, no solo porque logramos expulsar el espíritu vengativo de Rin de nuestro mundo, sino porque, como con ella, Sasuke también ha exorcisado parte de su pasado, y ahora los dos, por fin, somos libres.