Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen.

*Éste fic está inspirado en la novela "Break My Heart 1000 Times", de Daniel Walters. También está basado en la película del libro, que tiene el mismo nombre.

Notas de la autora:

Holis, cómo están tanto tiempo?!

Creo que le debo una disculpa a todos los fickers a los que alguna vez critiqué por no actualizar seguido 😂 No tenía idea de lo difícil que era. Me llevó meses escribir este capítulo 😣 Estuve ocupada con el trabajo, porque ya hasta me rendí con la facultad, y tengo muchos problemas de concentración, así que escribir fue casi un parto. Pero, la buena noticias es que falta cada vez menos para el final ❤

Igual, quiero darle las gracias a todas las personas que dejaron sus reviews. Son como un mimo a mi lado de escritora, y me ayudan a ponerme las pilas para sentarme a escribir ❤❤❤

Ahora, sin más preámbulos, los dejo con el capítulo :D

¡Abrazos y mucha salud para todas en estos tiempos de pandemia!

Cariños,

Lady S.

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Capítulo Dieciocho

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Para siempre es mucho tiempo

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Levanto la vista al cielo cuando algo helado toca mi nariz. Está empezando a nevar otra vez, así que todos empiezan a meterse dentro del hospital, hasta que solamente quedo yo en los jardines.

No me molesta el frío. Me recuerda a esa noche en la terraza de la escuela, a Sasuke y a Rin, y eso me entristece un poco, aunque no lo suficiente para hacerme volver adentro.

—Está helando. Pescarás un resfriado —de repente, el cielo se oscurece cuando algo se atraviesa en mi rango de visión. Tardo unos segundos en mirar a mi costado para ver a Shion tapándome con su paraguas morada para protegerme de la nevada.

—Estoy bien —murmuro, moviendo la cabeza mientras empiezo a seguirla hasta adentro. En ese instante me doy cuenta de que Kabuto viene tras nosotras.

—Pareces triste. ¿Te fue mal en el examen? —pregunta Shion mientras entramos al hospital y nos paramos para que ella y Kabuto puedan dejar sus paraguas.

—No es tan difícil —añade este último mientras se saca algunos copos de nieve del pelo —Yo saqué el primer lugar a nivel nacional cuando lo hice.

—Porque lo que tienes de psicópata lo tienes de inteligente, cariño —se burla Shion. Él sonríe con sarcasmo y después los dos me miran, como esperando una respuesta.

—En realidad, todavía no tengo los resultados —respondo, pero no digo nada más.

Es difícil explicar lo que pasa por mi mente en estos días; quiero decir, el examen es el menor de mis males después de lo que Shikamaru me dijo sobre Hinata y el doctor Shimura. Llevo días dándole vueltas en mi cabeza, sin saber qué pensar, porque conozco al doctor Shimura casi desde que nací, pero Shika es mi amigo, mi mejor amigo, y él no mentiría con algo así, y si de verdad piensa que el doctor tuvo algo que ver en la muerte de Hinata es porque tiene fundamentos para hacerlo. Shikamaru no es de los que se guían por corazonadas o supersticiones, después de todo. Creo que eso es lo que me genera más conflicto. Como lo que descubrí de Rin y mi papá, de repente, una vez más, es como si no conociera en realidad a todas las personas a mi alrededor. Todos parecen tener secretos, cosas que nunca hubiera imaginado. Todos excepto Sasuke, supongo, pero intento no pensar mucho en él ahora.

—¡Ey, Tierra a Ino! —me sobresalto cuando Shion pasa una mano frente a mi cara para llamar mi atención otra vez, así que muevo la cabeza, pensando en una buena excusa que justifique el hecho de que parezco todavía más distraída que de costumbre después del día del examen. Y estoy pensando en eso cuando me doy cuenta de que tanto Shion como Kabuto están en este lugar desde antes que yo, viendo al doctor a diario, y compartiendo más tiempo con él que yo. Entonces, no sé por qué se me ocurre preguntar lo siguiente.

—¿Ustedes piensan que hay algo extraño con el doctor Shimura? —digo. Shion y Kabuto me miran, sorprendidos por la pregunta, creo.

—¿Extraño como raro, tenebroso o pervertido? —dice él, frunciendo el ceño.

—No sé… Solo…algo extraño —levanto los hombros, como sin darle mucha importancia —. ¿Creen que es un mal doctor?

—A mí me parece bastante agradable —reflexiona Shion mientras deja su paraguas junto a la entrada y sacude las mangas de su enorme suéter blanco —Me ha ayudado mucho desde que entré al hospital. Es un buen doctor. Mucho mejor que la doctora Senju, al menos.

—Dios, odio a esa mujer —Kabuto gruñe, pero no lo dejo salirse del tema.

—Una amiga mía lo conocía. Creo que era paciente suya.

—¿Y le hizo algo malo? ¿La tocó donde no debía?

Ignoro el tono burlón de Shion. Creo que no tengo motivos para decir mentiras.

—Ella se suicidó —le digo, y su cara cambia al instante, pareciendo un poco mortificada de repente.

—Oh. Lo lamento —murmura, algo avergonzada por un instante —¿Y qué tiene eso que ver con el doctor Shimura?

—No sé —admito, porque es la verdad.

—Crees que el doctor Shimura pudo estar involucrado en su muerte —dice Shion entonces, como si acaba de entenderlo todo en un segundo —¡Oh, Dios mío! ¡El doctor Shimura podría ser un asesino! —se escandaliza, levantando la voz por el corredor, poniéndome en alerta en seguida.

—¡Shh! ¡Yo no dije eso! —me justifico, tratando de que baje la voz antes de que alguien la escuche —¡Baja la voz!

—¿Por qué? —se burla mientras vamos hasta el comedor, cruzándonos con más y más personas en el camino —No puedes soltarnos tus sospechas así como así y pretender que no me sorprenda.

—No son sospechas —digo en seguida, controlando el tono de mi voz para que los demás no puedan escucharme —Quiero decir, solamente es una pregunta.

—Si no sospecharas, entonces no preguntarías —me hace ver Kabuto cuando llegamos a las puertas del comedor, justo a tiempo para el almuerzo. Él empuja la puerta para Shion y para mí, pero no entra detrás, sino que se queda en el umbral, frunciendo el ceño de repente —Ahora que lo pienso, ¿qué sabemos del buen doctor? —pregunta, y aunque parece algo bastante tonto de preguntar, me doy cuenta de que en realidad no sé nada más de lo que todo el mundo sabe, a pesar de que él y mi padre se conocen desde antes de que yo naciera.

—¿Por qué deberíamos saber algo? —pregunta Shion, poniendo los brazos en jarra —Es nuestro doctor, no nuestro amigo. Y mis padres dicen que es una eminencia en su trabajo.

—Los míos también. Demasiado bueno para ser verdad, ¿no crees? —Kabuto finalmente entra tras nosotras, siguiéndonos hasta una mesa vacía —Además, lo vemos todos los días desde que estamos en este lugar. Es el terapeuta de todos en la clínica, pero, ¿quién puede decir algo de su vida personal o su pasado? ¿Está casado? ¿Tiene hijos? ¿Algún escándalo oculto?

—Yo sé que tiene una hija —digo, recordando la fotografía de su consultorio antes de que la sacara de la pared; ese detalle me había parecido insignificante hasta este momento, y todavía sigue pareciéndome algo sin importancia, pero, sin embargo, relevante ahora —Aunque no sé si tiene una esposa.

—Pues no tiene un anillo —Shion frunce el ceño, como si estuviera pensando —Tal vez es viudo, ¿no? Tal vez mató a su esposa —se burla, haciéndome rodar los ojos y arrepentirme de haber mencionado eso.

—Es un hombre demasiado reservado, ¿no creen? —Kabuto apoya los codos sobre la mesa y entrelaza los dedos frente a su mentón —Pero no parece un asesino, lo que lo volvería más propenso a ser un asesino —añade, con una sonrisa burlona. Shion suelta una carcajada, y yo pongo los ojos en blanco otra vez. Ni siquiera sé por qué me molesto con estos dos.

—Esto es muy bueno —se ríe Shion, peinando su largo cabello rubio sobre su hombro derecho —Y yo que creí que sería aburrido estar encerrada en este lugar. Me gusta jugar a los detectives.

—No es un juego —hago una mueca. En ese instante llaman al número de nuestra mesa para pararnos a buscar el almuerzo y nuestras medicinas, así que nos levantamos.

—Oye, despacio Detective Conan —se burla Kabuto, tomando una charola para pararse detrás de mí en la fila —Mis padres conocen al doctor Shimura desde hace años. Mi padre fue con él a la universidad, ¿por qué crees que me enviaron aquí en lugar de la correccional? —dice mientras se sirve algo de fruta y arroz —Nunca le había prestado atención, pero ahora que lo mencionas, también creo que hay algo extraño con él.

—¿Algo extraño además de portarse como un corrupto al salvarte de ir a una cárcel común? —sonríe Shion, sirviéndose sopa. Kabuto la ignora y sigue llenando su charola de almuerzo.

—Él y mi padre no son particularmente amigos —sigue hablando conmigo —De hecho, podría decirse que apenas se toleraban la única vez que los vi a los dos en la misma habitación, y yo tampoco parecí agradarle mucho. Por eso no puedo imaginar cuál fue el favor que mi padre se cobró para que intercediera en el juzgado por mí —hace una pausa mientras nos acercamos a las enfermeras que nos dan nuestras píldoras del mediodía. Después volvemos a nuestra mesa.

—¿Crees que tu padre pudo haberlo chantajeado para que te ayude o algo así? —se me ocurre preguntar cuando volvemos a sentarnos. Kabuto pincha el melón de plato con un tenedor de plástico y sonríe.

—Si conozco bien a mi padre, entonces sí —me dice. Parece que de verdad me toma en serio de repente —Tal vez no ayude mucho, pero puedo averiguar con mis padres lo que saben de él, y si está escondiendo algún sucio secreto del pasado, entonces los descubriremos.

—¿Cómo harías que ellos te lo digan? —pregunta Shion, volviendo a entrar en la conversación.

—A mi madre le encanta beber, lo que pasa a cualquier hora del día. Y, más que nada, le encanta divulgar secretos de otras personas —comenta, metiéndose la fruta a la boca, ya sin decir nada mientras Shion cambia de tema, quejándose del sabor de la sopa de miso mientras yo abro mi botella de agua para tomar mi medicina, sintiéndome como entumecida casi de inmediato.

•°•°•°•

—¿Y cómo te has sentido estos días?

Como un zombi, respondo para mis adentros mientras enredo mis dedos sobre las rodillas, sin saber por qué me niego a mirar al doctor cuando respondo.

—Bien, supongo.

—¿Supones? —Me lleva un par de segundos, pero consigo levantar la mirada cuando siento los ojos del doctor encima de mí —¿Estás tomando sus medicinas? ¿Las pesadillas volvieron?

—Sí. Quiero decir, no me salto mis medicinas, y las pesadillas no volvieron —de hecho, ni siquiera puedo ver a los rems desde que retomé mi tratamiento. No sé si las medicinas tienen algo que ver, o es a causa de lo que pasó con Nohara Rin en la azotea, pero, en realidad, no es algo que me quite el sueño.

—¿Entonces? —Él insiste, después de todo, es su trabajo —¿Has vuelto a tener ataques de pánico o ansiedad?

—No, estoy bien —aclaro, sentándome poco más derecha y tratando de mantener la cabeza en alto para no hacerle creer que intento esconder algo, aunque no puedo evitar que mis ojos miren hacia el suelo —Es solo que…me siento algo confundida, es todo.

—¿Confundida? —el doctor parpadea y baja su libreta, dándome toda su atención, así que ahora tengo que inventar una mentira más o menos creíble para no escupirle en la cara lo que Shikamaru me dijo sobre él y que me ha estado molestando desde hace días.

—No volví a tener pesadillas, pero sí tuve un sueño muy extraño.

El doctor también se sienta derecho, mostrando un educado interés en lo que le estoy diciendo.

—¿Qué tipo de sueño?

—Soñé con una vieja amiga. Alguien a quien quise mucho.

—¿Quisiste? ¿Ya no es tu amiga?

—Ella murió —respondo, levantando la mirada para ver la cara del doctor —Hace unos meses. Fue terrible, en realidad. Se suicidó.

—¿Te refieres a la señorita Hyūga? —dice él, moviéndose un poco en su asiento, no como incómodo, sino como si estuviera acomodándose mejor. Eso no me dice mucho. Quiero decir, si tuviera que ver con su muerte, como insinuó Shikamaru, debería verse incómodo o reacio a hablar de ella, ¿no?

Suspiro.

—¿La recuerda?

—Por supuesto —responde el doctor, casi entre dientes, lo que sí es raro —. El director de tu escuela me llamó para brindar contención psiquiátrica a tus compañeros más afectados después de su muerte, ¿no te acuerdas?

—Sí —admito, sin saber cómo escapar de ese callejón sin salida, así que decido que no tengo más opción que ser directa —Pero no es de ahí que la conoce, ¿verdad?

—¿Disculpa? —el doctor parpadea, como si no se esperara esa pregunta, y entonces su postura se vuelve un poco más rígida, aunque no demasiado.

—A Hinata. Ella también fue su paciente —digo, como si necesitara que se lo recordara —. Mi amigo Shikamaru la acompañó varias veces a sus sesiones. Por eso le parecía conocido cuando lo vio en el hospital —le suelto, creo que hablando demasiado rápido, así que por un segundo tuve miedo de no haberme dado a entender, sobre todo porque el doctor Shimura me mira con una expresión sorprendida, casi estupefacta. Aunque la confusión en su mirada permanece solo por un instante, ya que casi en seguida se aclara la garganta y cruza una pierna sobre la otra.

—En efecto, fue mi paciente —dice con una tranquilidad que se siente casi como una cachetada en mi cara.

No sé qué tipo de reacción esperaba exactamente, pero, sin duda, no esta. Eso me paraliza por unos segundos en los que no sé qué decir o hacer.

—¿Por qué nunca me lo dijo? —digo débilmente, por más tonto que pueda sonar, por eso me arrepiento de inmediato, ya que es como si hubiera olvidado que estoy hablando con mi doctor, no con mis padres o mis amigos.

—Porque no era ni es asunto tuyo —contesta él, endureciendo su tono mientras arquea sus cejas delgadas y todavía oscuras a pesar de los años —Tu padre también es psiquiatra, Ino. Sabes bien que no podemos hablar de otros pacientes en las sesiones.

—De todas formas —no sé por qué sigo insistiendo, pero siento que las palabras me salen como vómito verbal —Hinata era mi amiga. Usted sabía cómo se sentía. Ella buscó su ayuda, ¿y nunca hizo nada para ayudarla? —casi lo acuso, pero el doctor Shimura solo mantiene la calma a pesar de que estoy casi levantando la voz, lo que solamente me enoja todavía más.

—Creo que estás tomándote atribuciones que no te...

—¿Y su madre? Usted la trató también. ¿Tampoco pudo ayudarla? —de verdad no tengo idea de dónde salió eso, pero al decirlo, para mi sorpresa, por primera vez veo una reacción real en la mirada del doctor, que baja la pierna que reposaba sobre la otra, y, aunque solamente dura lo mismo que un suspiro, abre los ojos como si acabara de golpearlo con mis palabras. Entonces, de repente la sensación de que este hombre me intimida se vuelve peor; sus ojos ya no son amables, tampoco la postura de su cuerpo, que ahora parece tan amenazante que me paraliza, aunque no haga nada más que mirarme fijamente durante un momento, en un silencio pensativo, casi como un animal a punto de saltar al cuello de su víctima. Pero no hace eso; en su lugar, se lleva una mano al puente de la nariz y se frota entre los ojos, quitándose los anteojos mientras suspira, como si intentara calmarse a sí mismo. Y después de lo que me parece una eternidad, vuelve a ponerse los lentes y me mira otra vez, recomponiendo su sonrisa comprensiva y a amable de siempre, aunque ahora me parece algo inesperadamente intimidante al mismo tiempo.

—Me preocupas, Ino —dice con voz suave, sorprendiéndome tanto que incluso doy un salto en mi lugar —¿Segura de que estás durmiendo bien? Pareces cansada y ansiosa. ¿De verdad estás tomando tus medicinas?

—Estoy tomando todas y cada una —respondo después de un rato, casi con miedo, después de todo, estoy delante del hombre que de una forma u otra controla mi vida en este momento.

El doctor Shimura, entonces, escribe algo en su libreta y después vuelve a sonreírme como si nada hubiera pasado.

—M alegra escuchar eso. No quisiéramos que ese comportamiento paranoico y errático volviera. No después de todo lo que pasó la última vez que dejaste de tomar tus medicamentos, ¿verdad? —pregunta, en un tono que casi me hace temblar y logra que baje la cabeza hasta mis pies, recuperando la cordura en ese instante, y maldiciéndome a mí misma por ser tan impulsiva.

—No —respondo, enredando mis dedos una vez más. El doctor Shimura suspira.

—Bien —contesta, y aunque no puedo ver su cara, sé que está sonriendo, no sé si con satisfacción o igual que lo hace siempre, solamente sé que, ahora mismo, solamente sé que desconozco al hombre que está frente a mí, casi como si no lo conociera en absoluto —Es todo por hoy, Ino. Te veré mañana. Espero que estés mejor para entonces —dice antes de que salga por la puerta, así que me tengo que quedar un segundo para escucharlo, aunque más bien me paralizo junto a la puerta, dándome cuenta de la enorme estupidez que acabo de hacer —Puedes retirarte —me dice entonces, y sus palabras son como un disparador que me obliga a moverme, yendo hasta mi habitación sin mirar atrás, preguntándome, una vez más, qué demonios acabo de hacer ahí adentro.

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En la noche apenas puedo dormir.

Los ojos furiosos del doctor Shimura no salen de mi mente en ningún momento, y casi es como si pudiera sentirlos en la oscuridad, viéndome de esa forma amenazante, como si quisiera lanzarse contra mí y arrancarme el pellejo. Pero, aunque estoy aterrada, al mismo tiempo siento que las piezas una vez más van tomando forma en mi mente.

El doctor Shimura apenas reaccionó cuando le pregunté sobre Hinata, pero su reacción fue completamente enfadada cuando mencioné a su madre. Pero, ¿por qué?

No recuerdo las palabras exactas de Neji, pero sí que me dijo que su tía estaba enferma del corazón, el doctor Shimura no pudo tener nada que ver con eso, y, sin embargo, solamente tuve una reacción de él cuando hablé sobre la señora Hyūga. ¿Acaso allí pasaba algo que todavía no entiendo? Ni siquiera puedo imaginar qué. Tal vez mi papá podría decirme, pero todavía no encuentro ni siquiera el momento para hablar sobre Rin y lo que le pasó, no podría preguntarle también sobre la mamá de Hinata y su muerte.

Quizá, si la señora Haruno estuviera viva podría preguntarle a ella, pero ahora tampoco es una opción. Si tan solo pudiera hablar con Sasuke, estoy segura de que él encontraría la forma, pero no atiende mis llamadas, y tampoco las devuelve, creo que ese es un mensaje más que claro para dejar de llamarle.

Me doy vuelta sobre la cama y me quedo con la mirada fija en la oscuridad de mi habitación por unos minutos, preguntándome si esta horrible sensación de que hay alguien más aquí conmigo es solamente una mala jugada de mi cerebro, o si realmente hay algo más aquí. Tal vez Sai. Desearía que fuera él, al menos poder sentirlo. O si no, cualquier persona, cualquier remanente, lo que sea que me ayude a no pensar en estas teorías extrañas que me volverán loca.

Me pregunto a dónde se han ido todas esas personas, los rems. Por qué ya no puedo verlos. Supongo que mis sentidos deben estarse apagando con todos los medicamentos que recibo en la clínica, o al menos esa parte que, según Sasori, era capaz de percibir las energías a mi alrededor. Me pregunto si será así por el resto de mi vida, o si en verdad no me estaba volviendo loca y todo era producto de mi mente desequilibrada, por eso las medicinas me mantienen cuerda ahora. Pero no. Estoy segura de que no pude imaginar todo por lo que pasé en estos últimos meses, mucho menos lo que pasó con Rin.

Quisiera creer que solo lo que vemos es real, pero estoy mucho más allá de eso ahora. Todavía tengo demasiadas preguntas que hacer, y muy pocas respuestas. Solo quisiera tener tiempo de hacerlas todas.

No sé bien en qué momento finalmente puedo quedarme dormida, pero cuando mi alarma suena en la mañana siento como si todo el peso de esas horas insomnes me golpeara como una mole que me cae encima apenas abro los ojos. Estoy tan cansada que apenas puedo levantarme de la cama, y los músculos de mi cuerpo se sienten tan resentidos que parecen acalambrarse a propósito con cada pequeño movimiento que hago al empezar a prepararme para el día. Pero de alguna forma consigo vestirme y peinarme de una forma más o menos decente para cuando la enfermera de las mañanas pasa a dejar las primeras pastillas del día.

—Buenos días, cariño —me saluda la enfermera Terumi cuando abre mi puerta, llevando consigo su carrito de medicinas —Yamanaka Ino...aquí estás —murmura, eligiendo entre las pastillas de su carrito las que tienen mi nombre y anotándolo en su libreta —Sabes el procedimiento —dice igual que todos los días, dándome una botella de agua junto a mis medicinas.

Yo asiento y extiendo la mano igual que todos los días, pero cuando pone las pastillas en mi palma, enseguida me doy cuenta de que algo no está bien.

—Estas no son mías —le digo en seguida, extendiendo mi mano de nuevo hasta ella. No soy una experta, pero sé cuál es mi dosis regular, y no es esta.

La enfermera Terumi me mira, y después lee mi receta en su libreta, frunciendo el ceño un momento.

—No, está bien —insiste, volviendo a empujar mi mano hacia mí.

—No es mi dosis regular —insisto, resistiéndome —. Pensé que dejaría la medicación, no que me aumentarían la dosis —digo —Desde hace días tomo solo la mitad. Esto duplica mi dosis —le hago ver. Ella parpadea; sé que sabe que tengo razón, así que vuelve a consultar su libreta médica. Después suspira y niega con la cabeza.

—El doctor Shimura la cambió. La nueva orden está aquí —dice, señalando la hoja de mi expediente —Sé una buena niña y toma tus medicinas. El doctor sabe lo que hace —responde, con una sonrisa amable que me cae como una piedra en el estómago. Entonces abre la botella para mí y en lugar de irse se queda parada al lado mío, esperando a que ingiera las pastillas. Nunca había hecho eso, ni ella ni nadie.

Acorralada, agarro la botella de agua y meto las pastillas en mi boca, usando el líquido para pasarlas con más facilidad. La enfermera Terumi hace su sonrisa más grande y me quita el agua.

—Abre la boca —pregunta, de la misma forma amable, tomándome por sorpresa de nuevo, y haciéndome sentir como si fuera una enferma peligrosa cuando revisa que, en efecto, haya tomado la medicación —¡Excelente, princesa! ¿Ves? No fue difícil —me dice, dándome una palmada en el cabello antes de volver a salir por la puerta para seguir con sus rondas.

Cuando estoy en el comedor a la hora del desayuno no veo a Shion, pero me siento junto a Kabuto y Kimimaro, contándoles lo que acaba de pasarme con mi receta.

—¿Te duplicó la dosis? Creo que alguien estuvo haciendo muchas preguntas, ¿no? —se burla Kabuto mientras mastica su fruta. Y aunque quisiera mandarlo al diablo, de repente me siento demasiado adormecida y cansada como para hacerlo; incluso cada movimiento que hago se siente extremadamente difícil, casi como si estuviera tratando de correr bajo el agua. Incluso mi mente se siente diferente, como si trabajara en cámara lenta, y percibiera todo a mi alrededor de la misma forma. Tan así que tengo que pasar el resto de la mañana en mi habitación, descansando hasta que suena la alarma del almuerzo y tengo que hacer un esfuerzo casi sobrehumano para volver a levantarme.

Mi dosis de la tarde es igual que la de mañana, y la enfermera Terumi también se queda conmigo hasta que me trago todas y cada una de las pastillas. Entonces mi mente se siente como en un estado suspendido, como si mis sentidos estuvieran en pausa. Durante mis terapias del día apenas si puedo participar, pero a nadie parece importarle. Y, aunque mi mente se siente como papilla, tengo el pensamiento de que esto es como algún tipo de advertencia, que, como Kabuto dijo, tal vez hice demasiadas preguntas, y mantenerme drogada la mayor parte del día es una especie de castigo.

Por la noche la rutina es la misma, aunque la enfermera es distinta, no se va hasta que no trago todas las pastillas del blíster. La única ventaja es, supongo, que esta noche puedo dormirme sin problemas y, otra vez, sin sueños.

Por la mañana, la rutina se repite, y de nuevo me siento como si todo mi cuerpo pesara el triple mientras el mundo a mi alrededor se mueve como si nadara en el océano. Sin embargo, me resisto a quedarme todo el día en mi habitación otra vez, así que deambulo por los pasillos mientras los demás están en sus talleres, ya que el doctor Shimura tuvo la gentileza de excusarme de todas las actividades hasta que me adapte a mi nueva medicación, así que no tengo nada que hacer hasta la hora del almuerzo, por eso me mantengo en movimiento, tratando de mantener mi mente activa y mi cuerpo en movimiento o me voy a convertir en un vegetal.

—¡Hola, Ino! —escucho que me llaman, pero me lleva unos segundos reaccionar y darme la vuelta, casi como fuera un zombi. Y lo odio. Odio sentir que mis sentidos se apagan a cada momento, y supongo que eso es evidente, porque la sonrisa de Shizune desaparece apenas me ve acercándome, siendo reemplazada por un gesto de absoluta preocupación —Oh, Dios mío, ¿te sientes bien? ¿Necesitas que llame a la doctora Senju? —pregunta, intentando levantarse para asistirme, pero de alguna forma consigo mover la cabeza para que no haga eso. Después de todo, no necesito más problemas ahora mismo.

—Estoy bien —le digo, con una sonrisa cansada. Me agrada Shizune. Ella sirve como enfermera en el hospital donde trabaja papá, y además cumple turno como asistente del doctor Shimura en su clínica algunas veces a la semana, así que es agradable detenerme a hablar con ella cuando está aquí. Shizune era una de las enfermeras más amables cuando estuve recuperándome después de mi accidente, y realmente la aprecio mucho, sin contar que me conoce desde que recuerdo, además, es muy dedicada a su trabajo y sus pacientes —Solo me estoy...adaptando a mi nueva medicación —digo, sintiendo como si tuviera una mordaza porque me cuesta horrores pronunciar correctamente. Shizune me mira con comprensión y sonríe.

—Te pondrás bien, ya lo verás —asegura, tomando mi mano con cariño —El doctor Shimura es uno de los mejores doctores del país —me dice, dedicándome otra sonrisa antes de tener que atender la pantalla de su computadora cuando sale un ligero pitido de esta —Oh, lo lamento. Hay mucho trabajo ahora que el doctor Shimura no está. Pero ayuda a pagar las cuentas —dice, soltando mi mano para teclear en su computadora. Y quisiera responder a su buen humor con una sonrisa, pero apenas puedo hacer una mueca. Entonces se me ocurre algo, aunque trato más de lo usual en hilar mis pensamientos y elaborar una respuesta aceptable, después de unos segundos me aclaro la garganta.

—Shizune-san... Tú trabajas con el doctor Shimura desde hace tiempo, ¿verdad?

—Desde que me gradué, ¿por qué?

Me muerdo la lengua, porque es increíblemente difícil decir todo lo que quiero decir en este momento, así que elijo las palabras adecuadas para poder decir al menos una parte.

—Es solo que...escuché algunos rumores.

—¿Rumores? —repite, sin dejar de trabajar ni prestar demasiada atención hasta ese punto —¿Qué rumores? ¿Sobre el doctor?

—Sí. Yo...oí que uno de sus pacientes se suicidó.

Shizune suspira.

—Ino, esta es una clínica psiquiátrica. Las personas que llegan aquí no lo hacen en su mejor estado. Tu padre es doctor, deberías saber que, lamentablemente, no siempre puedes salvar a todo el mundo —dice, y, aunque sé que tiene razón, de alguna forma siento que eso suena muy conveniente para el doctor —Sea lo que sea que hayas oído, te garantizo que es una mentira. El doctor Shimura es un gran profesional, muy dedicado a su trabajo, tanto que dicen que no dejó a sus pacientes ni siquiera después de lo que pasó con su hija —añade Shizune, y aunque todavía me siento como si mi cerebro actuara en cámara lenta, las alertas de mi mente se encienden al escuchar eso.

—¿Su...hija? ¿Qué le pasó? —consigo preguntar. Shizune deja de trabajar un momento y suspira, casi con tristeza.

—Oh, fue mucho antes de que tu nacieras —dice —Una verdadera tragedia para una chica tan joven, pero la vida a veces no es... —antes de que pueda seguir, el teléfono suena, y ella se gira para atenderlo, disculpándose con una seña —¿Sí? En seguida —responde, y cuelga, mirándome con una expresión totalmente diferente de repente, con una sonrisa todavía más radiante que la de hace unos momentos —Pero olvida eso. No es momento para hablar de cosas tristes. Tienes una visita esperándote en la sala —anuncia con emoción. Y mi corazón se acelera, también olvidándome del asunto del doctor y su hija.

Si es papá, estoy segura de que hará algo para que dejen de darme esta medicación al verme en este estado. Quiero decir, sé que él no puede involucrarse directamente en mi tratamiento por un conflicto de intereses, pero no creo que ningún padre quiera ver a su hija como un zombi sin hacer nada, sobre todo uno que sabe de psiquiatría. Tal vez podría hablar con el doctor Shimura. A papá lo escucharía, aunque fuera a regañadientes. Tal vez me saquen de este lugar. No me importa a dónde me lleven, solamente empiezo a tener la sensación de que no estoy segura en este hospital. Y no es paranoia, pero es un sentimiento que empieza a ahogarme de repente.

Pero no son mis padres los que me esperan. De hecho, no veo a nadie en la sala de visitas, al menos no al principio. Solamente lo veo cuando levanto la cabeza y lo encuentro parado al otro lado de la habitación, parado al lado de una ventana, con las manos en los bolsillos de sus jeans y los hombros tensos mientras observa fijamente los jardines del hospital.

—¿Sasuke? —digo en un suspiro, sin embargo, es como si él me hubiera escuchado porque en seguida se la vuelta y me mira. Entonces mi cerebro grita que corra hasta él y le dé un abrazo, pero mis pies se quedan quietos, porque apenas puedo moverme cuando todo el mundo sigue sumergido en una tortuosa lentitud. Además, algo en la postura de Sasuke de alguna forma me aconseja que no debería acercarme. Él se ve tenso, como si se hubiera parado junto a la ventana porque es el punto más distante de la puerta; y también me doy cuenta de que evade mirarme a la cara, al menos por unos segundos.

—Tu doctor llamó —me dice entonces, como si necesitara justificar su presencia en este lugar, y sin darse una idea de lo mucho que me alegra volver a escuchar su voz —Dijo que no estabas muy bien. Que ayudaría ver un rostro conocido —añade, pero no se mueve de la ventana, ni siquiera cuando entro en la habitación y me siento en una de las mesas; incluso creo que se mueve unos centímetros a su izquierda, no podría decirlo con seguridad —¿Estás bien? —pregunta entonces, con el mismo tono preocupado que Shizune usó, dándome al menos la esperanza de creer que se preocupa por mí, pero me recuerdo que no puedo ser tan ingenua.

—Sí, yo... —quisiera sonreír, pero hay tantos sentimientos entumecidos en mi interior que no puedo demostrar ninguno. Sasuke, sin embargo, parece tomarse eso como falta de interés o indiferencia de mi parte, ya que frunce el ceño, y parece molesto, por lo que intento decir algo lo más rápido posible —¿Cómo estás?

Él sonríe, burlón. No es una sonrisa agradable.

—¿De verdad te importa?

Bien, eso no lo esperaba, tampoco que doliera tanto, mucho menos que me anulara por completo. La sensación de que todos mis sentidos están adormecidos se siente peor que nunca.

—Sabes que me importa —murmuro, manteniendo la cabeza en alto tanto como puedo para poder mirarlo a los ojos, lo que creo que sirve para que tenga al menos un poco de compasión por mí, ya que se acerca por fin y agarra una silla, aunque sentándose lo más lejos que la mesa se lo permite.

—Te ves como la mierda —dice entonces, cruzando los brazos sobre la mesa, casi con molestia —Creí que me haría sentir mejor si te veías como te ves ahora, pero es incluso más molesto —me gruñe, bajando la mirada por un segundo, casi como si le hiciera daño verme.

—Sasuke... —murmuro después de unos segundos, sin entender bien si lo que acaba de decirme es halagador o increíblemente grosero; lo único de lo que me doy cuenta es de que estiro mi mano para tomar la suya, pero él la aparta cuando lo alcanzo, pegando la espalda al respaldo de su silla, como buscando todavía más distancia entre nosotros.

—Sé lo que se siente —dice entonces —Pasará pronto. Las drogas pueden mantenerte controlada, pero no cambiarán nada. Deberías dejarlas sin importar lo que diga tu doctor. No te están haciendo ningún favor.

Quisiera decirle que lo sé, pero guardo silencio. En realidad, no tenemos demasiada privacidad aquí, así que no sería conveniente estar de acuerdo con él. Por eso me quedo callada, lo que parece irritar todavía más a Sasuke, tal vez porque no tiene idea de lo feliz que me hace volver a verlo, ni de lo mucho que lo extrañé.

—Gracias por venir —le digo entonces, hablando despacio y lento —No te imaginas lo que signi-

—No vine porque quisiera —me dice, completamente a la defensiva, por lo que me doy cuenta de que cualquier cosa que le diga no tendrá importancia, porque está enojado conmigo, y no escuchará nada más fuera de lo que quiera escuchar —Solo vine para decirte que se acabó. No puedes seguir llamándome como si esperaras que corra hacia ti cada vez que crees que me necesitas. Se acabó —repite, y aunque me lleva varios segundos reaccionar, entiendo en seguida lo que me está diciendo.

Algo en mi estómago se retuerce cuando dice eso, pero, ¿tengo derecho a sentir algo? Sé que él está siendo tan cruel como puede, eligiendo sus palabras con cuidado para hacer el mayor daño posible, porque así es el Sasuke que todos conocen, el que él creó para protegerse del resto del mundo, pero no es el Sasuke que yo conocí. Y quisiera decírselo, pero me paraliza la posibilidad de poder hacerle todavía más daño. Después de todo, ¿no sería egoísta pretender que todo siguiera como si nada? Yo ya elegí, y no puedo cambiar mis sentimientos; Sasuke eligió también, y si lo que quiere es estar lejos de mí porque eso es lo mejor para él, entonces no voy a detenerlo.

—Entiendo —murmuro, y de verdad lo hago, pero eso no quita que no pueda evitar mantener la vista en la mesa de metal en vez de mirarlo a la cara; pero, aunque no lo estoy mirando, puedo sentir los ojos de Sasuke sobre mí cuando creía que ya había dicho todo lo que tenía para decirme. Y no lo entiendo. ¿Acaso esperaba que reaccionara de forma diferente? ¿Que le rogara que no se alejara o algo así? ¿Quiero hacerlo? Es demasiado complicado pensar en una respuesta, pero no tengo que hacerlo, porque Sasuke, en lugar de levantarse e irse después de decir lo que quería decirme, se vuelve a cercar sobre la mesa, haciendo chirriar su silla por el movimiento, lo que me hace volver a levantar la mirada hacia él.

—Voy a mudarme —dice de repente —A América —anuncia, y de nuevo puedo sentir sus ojos oscuros sobre mí, como si esperara ver mi reacción, una que nunca llega.

Todo parece tan surreal que no puedo procesarlo en mi estado actual. Al menos no con la rapidez con la que quisiera. La respiración se me corta, y la angustia me cierra la garganta, pero por dentro me mantengo imperturbable, no porque quiera, sino porque no puedo evitarlo. Quisiera poder decir algo, lo que sea, pero no sé si eso ayudaría en algo. No quiero que él se vaya al otro lado del mundo, por supuesto, pero tampoco puedo pedirle que no lo haga.

—¿Sientes algo por mí? —pregunta de repente, con un ligero tono de esperanza vagando en su voz, pero tan de sorpresa que no puedo evitar hacerme hacia atrás, como si estuviera evitándolo, lo que no ayuda en nada. Y cuando termino de entender lo que está preguntando, me sorprende que esta vez mi respuesta no sea un claro y rotundo no, pero tampoco es un sí explícito. Sin embargo, sé que ahora mismo él necesita solo un tipo de respuesta, una que lo libere de sus sentimientos por mí, para que no siga teniendo esperanzas sobre algo que tal vez nunca pase, así que me fuerzo a decir lo que él necesita escuchar. Sasuke merece encontrar a alguien que corresponda a sus sentimientos sin dudas, después de todo.

—No —digo, tratando de mantenerle la mirada tanto como puedo, lo que es increíblemente fácil gracias a las drogas.

Sasuke parece de verdad impactado por mi respuesta por unos segundos, pero al final solo sonríe sin gracia, levantándose de un salto. En ese instante creo que se irá, pero estoy demasiado ocupada sintiendo como mi corazón se desgarra al pensarlo. Sin embargo, en lugar de salir, él vuelve a su lugar junto a la ventana, quedándose callado por unos segundos que son insoportables, porque lo único que quiero ahora es que se vaya para poder lanzarme sobre la mesa y llorar, si los medicamentos en mi sistema me lo permiten. Pero él no se va. Parece estar eligiendo sus palabras con cuidado una vez más, y cuando se voltea para verme, destila todo su veneno de una sola vez.

—Puedo verlo. Pude verlo todo el tiempo —lo miro, sin entender de lo que habla, hasta que aclara: —A Sai —dice, volviendo a sentarse frente a mí, con una mirada cruel —Él te espera todas las mañanas en la entrada de la escuela y ni siquiera lo notas. Bueno, creo que te gustará saber que sigue tan atrapado en el tiempo como tú —añade, tirando de mi brazo para hacer que lo mire, o para no perderse nada de mi reacción. Es un gesto extremadamente cruel, tanto que consigue que las lágrimas al fin caigan.

Pero no lloro solo por su crueldad, ya que, en parte, hasta podría merecerlo; lloro porque sus palabras me cortan como un hierro ardiendo, porque por sobre todas las cosas, todavía lo quiero, como un amigo o de esta forma extraña que no puedo entender ahora, y acaba de decirme que durante meses traicionó mi confianza mintiéndome cruelmente.

La rabia entonces sube desde mi estómago y se aloja en mi pecho. De repente quiero hacerle daño, y apenas puedo aguantarme a pesar de que las medicinas hagan que mi cuerpo sea como una prisión para mi mente. Quiero dañar a Sasuke por engañarme, pero quiero hacerle más daño por haber traicionado mi cariño hacia él de esa forma.

En ese momento nuestros ojos vuelven a encontrarse, y aunque creo ver culpa y arrepentimiento en los suyos, Sasuke se mantiene orgulloso y no cede, como si, antes de irse, quisiera dejarme el recuerdo más desagradable posible de lo que fue nuestro tiempo juntos.

Entonces da las puñaladas finales.

—Eres solo otra chica estúpida —me gruñe, apretando mi brazo con más fuerza —Acéptalo. Él está muerto, y nunca va a volver, no importa cuánto llores sobre su cadáver frío y des-

No lo dejo terminar, porque mi mano parece cobrar vida propia, y mis dedos se estrellan contra su cara sin darle tiempo de terminar su oración. La bofetada resuena entre las paredes del cuarto de visitas y dentro de mi cerebro, que, por un segundo, no puede creer que lo haya hecho.

Sasuke se queda quieto, con la cabeza un poco inclinada hacia la izquierda por el golpe que le di, y los ojos abiertos como platos, como si tampoco pudiera creer lo que acabo de hacer, pero, al mismo tiempo, creo ver algo de alivio, como si hubiera querido que lo golpeara. Y, aunque me arrepiento en seguida de ese estúpido arrebato, no le pido perdón. Todavía estoy muy enojada como para hacerlo, y sus palabras, aunque ciertas, aún me lastiman como cuchillos en el corazón.

Él me suelta en ese momento, y el silencio que se forma en la habitación es tan pesado que hace daño mientras corre su silla y se levanta, ya sin mirarme. Entonces se da la vuelta y camina hasta la salida mientras yo, aunque quiero pararlo, me quedo en mi lugar, como paralizada y muda, mientras mi mano arde sin control. Sin embargo, sí levanto la mirada cuando me habla por última vez, ya sin rabia y rencor, dejándome ver, al menos por un instante, al verdadero Sasuke.

—Adiós, Yamanaka —dice mirándome a los ojos un momento, y dándose vuelta una última vez antes de irse para siempre.

•°•°•°•

Esa noche espero con ansiedad a que la enfermera pase con las medicinas, porque necesito entumecer mis sentidos más que nunca; necesito dejar de pensar en Sasuke y en todo lo que pasó esta tarde. Necesito dejar de sentir como si me hubieran arrancado una parte de mi alma.

El enfermero del turno nocturno, Chōjūrō, pasa a la misma hora de siempre; me da mis medicamentos y se asegura de que los ingiera sin problemas para poder seguir con sus rondas, y yo lo hago dócilmente antes de recostarme para cerrar los ojos y dormir, agotada y triste como no me he sentido desde hace mucho. Solo quiero olvidarme de todo lo que pasó en estos meses; necesito olvidarme de Sasuke, y del hecho de que no volveré a verlo, tal vez para siempre.

Para siempre es mucho tiempo, pienso entonces. Para siempre es mucho tiempo para no ver a alguien. Para siempre es mucho tiempo para muchas cosas.

De repente, abro los ojos, me levanto de un salto y, sin pensar en lo que hago, corro hasta el baño y me meto los dedos en la garganta hasta que vomito las pastillas que acabo de tomarme.

No sé por qué lo hago, pero mientras toso en el suelo de mi baño, junto a la ducha, tengo un pequeño momento de lucidez, así que tiro de la cadena y me deshago de las evidencias, recordando lo que Sasuke me dijo antes de que todo se fuera por un caño.

No necesito medicinas que adormezcan mis sentidos y me vuelvan insensible; no quiero dejar que la verdadera Ino se ahogue en drogas, hay nada de malo conmigo, excepto lo que el doctor Shimura dice que está mal.

Y sé que él esconde algo; algo que, sin duda, no quiere que yo sepa, pero que voy a descubrir.