Saludos, queridos lectores uwu.
Les traigo un nuevo capítulo de Apocalipsis, disculpen la demora de un mes, pero como estos capítulos también pasan a formato podcast, pues tardan un poco mas en ser publicados xd.
Espero que les guste, y recuerden que si quieren escuchar su versión audio-fic pueden hacerlo busca al "Aspirante a escritor" en Youtube y Spotify.
Enjoy :D
Capítulo 2: Multiverso.
La información sobre la primera grieta fue de bastante utilidad cuando apareció la segunda. Esta vez fue Arrecípolis donde se abrió una de colores anaranjados. Al enterarse, los ciudadanos, ayudados por el líder de gimnasio, evacuaron de inmediato de enorme ciudad antes de que el desastre se desatara. Aunque la gran mayoría de la gente logró huir, para Galano fue imposible rescatarlos a todos cuando una enorme cúpula de magma fundido cubrió la ciudad.
La cubierta de roca fundida se mantuvo por encima de la ciudad por algunos minutos, hasta que lentamente desapareció. El lecho marino quedó al desnudo al evaporarse toda el agua de los alrededores, el único líquido que quedo fue la roca fundida que comenzó a fluir.
Otra mujer salió de la grieta; su exuberante cabello rubio comenzó a ondear entre las ráfagas de calor mientras un pokémon legendario, en forma de pez, derretía la roca por la cual andaba. Sin un público al cual impresionar, la mujer tomó su arco y lanzó tres flechas al aire.
—Purifíquense en el fuego eterno.
Las tres flechas de fuego explotaron en lo alto de la estratosfera, creando una enorme nube de azufre que comenzó a cubrir todo Hoenn. Mientras el cielo se teñía de rojo, la mujer continuó caminando hasta la cueva ancestral.
Antes de llegar, un portal oscuro apareció justo detrás de la mujer, del cual salió un Banette que logró golpearla y dejarla en el suelo. Al levantarse, una fuerza psíquica la rodeó y la hizo estrellarse contra una roca. Aquel ataque había sido dirigido por un Gardevoir que pertenecía a un hombre delgado que portaba consigo una máscara de oxígeno.
—Mejor toma tu estúpida nube y vuelve por donde viniste —dijo el hombre, cruzándose de brazos—. Y llévate a Chi-Yu contigo.
El pokémon saltó de su charco de lava y atacó a Jaspis con un Lanzallamas, pero la Gothitelle de su equipo logró teletransportarlo a salvo, momento en el que otro de sus pokémon, Golurk, acertó un Roca Afilada contra el legendario.
La enemiga, de nombre Ratmos, no pareció inmutarse por el ataque de Jaspis. Luego de levantarse alzó su arco y disparó varias flechas contra él, flechas que fueron evitadas por quien, en su momento, ya había enfrentado peleas de ese estilo.
Jaspis no era un líder de gimnasio, o un alto mando. Simplemente era un ex-militar qué lograba usar a sus pokémon para pelear contra otros seres humanos. Lidiar con los ataques de Ratmos y Chi-Yu no era complicado teniendo a Gothitelle y Gardevoir teletransportandolo de un lado a otro, evadiendo cada golpe y devolviéndolos con fuerza.
Fue entre esas teleportaciones, que Jaspis reconoció por un instante el rostro de Ratmos.
—¡Y! —preguntó, asombrado— ¿Cómo demonios conseguiste el rostro de Y?
Ratmos no contestó, solo volvió al combate lanzando otra flecha contra Jaspis, para después intentar golpearlo con su arco. El hombre estaba bastante confundido al ver quien era la mujer contra la que combatía, pero el romper una estatua de carbón entre sus teletransportes le disolvió sus dudas.
—Volverás por donde viniste.
Volviendo a ser rodeada por la energía de Gardevoir y Gothitelle, Ratmos fue lanzada hacia la grieta, la cual fue sellada con rocas por parte de Golurk. Esta no era una estrategia nueva, Jaspis tenía pensando usarla contra la mujer de Kanto, Kugar, pero el repentino ataque en Hoenn le hizo cambiar los planes.
Con la grieta cerrada de manera temporal, solo debía encargarse de Chi-Yu. El pokémon era igual de fuerte y veloz que el Chien-Pao que había enfrentado Clamsy, pero los teletransportes de Gardevoir y Gothitelle le facilitaban la acción de debilitar al pokémon. Debía hacerlo rápido, pues Ratmos podía volverse en cualquier momento.
Un gran terremoto resonó en la región de Hoenn, acompañado de dos enormes resplandores verdes que salían de las profundidades del mar. Jaspis no pudo evitar sorprenderse al ver como la enorme nube escarlata daba pasó a enormes nubes negras que eran partidas por un inclemente sol. Las gotas de lluvia y los rayos de sol solo dieron pasó a lo inevitable.
Groudon y Kyogre habían despertado, pero no buscaban pelear entre ellos. Ambos hicieron acto de presencia en Arrecipolis para derrotar al pokémon invasor. Jaspis le pidió a su Gardevoir que lo llevaran a la cima del muro de la ciudad para ver como los colosales pokémon atacaban a Chi-Yu.
—Jamás creí vivir lo suficiente para verlos colaborar.
Ambos pokémon atacaron al legendario con sus ataques más fuertes. Sin embargo, aunque los ataques fueron efectivos, Chi-yu no se vio apenas afectado por los ataques.
—No, ni siquiera ellos pueden acabar con él —dijo con enojo.
Solo había una forma de acabar con eso, lanzar a Chi-yu a la grieta de donde había salido, tal vez con la ayuda de los pokémon legendarios Jaspis podría lanzarlo y salvar su región, era la única opción para evitar la tragedia de Kanto.
En medio del combate, una flecha ardiente rompió la roca que obstruía el portal y fue directo a la Cueva Ancestral. De la cueva emano un pulso rojo que dio vuelta al planeta entero. Kyogre y Groudon no parecieron inmutarse, pero algunos de los pokémon de Jaspis comenzaron a gritar de dolor.
No solo ellos, el cielo se llenó de los gritos de todos los pokémon voladores que comenzaron a precipitarse a las ciudades. Pero no caían al suelo, sino que comenzaron a atacar a todo ser humano que se encontrara cerca. Y no solo a ellos, los pokémon de alrededor de Arrecipolis comenzaron a atacar a Kyogre y Groudon, dejándolos a la merced de Chi-Yu.
Jaspis no tuvo tiempo de cuestionarse lo ocurrido, pues Gardevoir le lanzó una Bola Sombra.
—¿Qué demonios te…?
No hubo respuesta, pues Gothitelle lo envolvió en un aura psíquica y lo lanzó contra el piso de la ciudad. La muerte lo hubiese aguardado si no fuera por qué su Golurk lo rescató, seguido de su Banette que comenzó a combatir contra los pokémon psíquicos de su entrenador.
—¿Qué demonios fue lo que les hiciste? —preguntó frenético a Ratmos.
—La voluntad de Diark es que conozcan el potencial de la maldad, que cada creación de Arceus se levante contra el hombre y sus falsos dioses.
Esta vez la flecha dio en el brazo de Jaspis, el cual gritó de dolor mientras sus últimos dos pokémon, Mimikyu y Mr. Mire, salieron de sus pokeballs listos para atacarle.
—Soy yo, Jaspis, su entrenador, nos conocemos desde que era un niño, deben recordarme…
Mimikyu lo atacó con una Garra Umbria en la cara, dejándole una gran herida que le hizo gritar de dolor. Mr. Mire quiso atacarlo con Psiquico, pero Golurk pudo tomar a su entrenador y sacarlo de ahí usando Golpe Fantasma, accediendo a la dimensión fantasma.
Aunque Jaspis siguió quejándose por el dolor, la dimensión fantasma parecía ofrecer un camino seguro. Sin embargo, aquel pensamiento cambio cuando vio como un monton de pokémon fantasmas se acercaron a él con intenciones de pelear.
[…]
Clamsy despertó en una sala vacía. Estaba sentada y sus manos y pies estaban atacados con unas esposas de energía. Intentó levantarse, pero sintió un repentino jalón que le hizo volver a su silla, como si de un imán se tratara.
Recordó de inmediato lo último que había visto, como su madre había aparecido en medio de su viaje y la había arrestado. Comenzó a gritar y pedir que alguien viniera a ayudarle, pero la única que ingreso fue Blue, la cual ya se había recuperado del ataque previo.
—¿Madre? ¿Eres tú?
Blue no contestó, simplemente se sentó del otro lado de la habitación y puso en la mesa unas carpetas. Se quedó pensando por unos segundos hasta que decidió preguntarle algo.
—¿Cómo es que lograste viajar entre universos?
—Primero tú contéstame por qué eres igual a mi madre.
—Cariño, las preguntas las hago yo —dijo con tono sarcástico.
No, ella no podría ser su madre. Sin embargo, ese rostro, esa ropa y ese tono de voz era el mismo, era tal y como la recordaba el día que murió. El shock de volver a verla fue disminuyendo conforme entendía lo obvio. Suspiró y bajó la mirada.
—Olvidaba el concepto del multiverso. ¿Se supone que eres un policía espacial o algo así?
Blue no contesto, solo se cruzó de brazos y miró con decepción a Clamsy.
—Podemos durar el tiempo que tú quieras aquí, así que dime, ¿Cómo lograste viajar entre universos?
—Use un aparato teletransportador, o algo así era como lo llamaba, Lipsi.
Su tonó de voz cambió al recordar aquello, las imágenes del cadáver de su prometida comenzaron a pasar por su mente mientras Blue anotaba algunas cosas en su libreta.
—¿Así que mataste a la doctora Lipsi para viajar entre universos?
—¿Qué demonios dijiste? —Clamsy intentó levantarse con enojo, pero la silla la retuvo.
—Sabemos que la doctora fue asesinada, y tú estabas en la escena del crimen, así que tú eres la principal sospechosa. ¿Por qué lo hiciste?
—Si te atreves decir una palabra más, no habrá cadena que te libre de los golpes que te daré.
Como se atrevía a sugerir algo así, como rayos ella mataría al amor de su vida. Si no fuera por esa silla, Clamsy le hubiera roto la cara. Blue siguió con sus acusaciones hasta que alguien la llamó del otro lado de la habitación, saliendo de inmediato.
¿De qué se trataba todo esto? ¿Dónde demonios estaba? ¿Qué era lo que quería aquella versión de su madre que le miraba con tanto recelo? Entre la muerte de su novia, y su encarcelamiento, la mujer seguía cuestionándose si aquello era una pesadilla o el mundo real.
Las esposas y la silla que la mantenían cautiva se desvanecieron, dejándola caer al frío suelo. Luego de levantarse, Blue volvió a entrar, pero su rostro mostraba un poco de tristeza y arrepentimiento.
—Lamento mucho lo sucedido, Clamsy Jericó, ya sabemos que no fuiste tú quien la asesino, lo siento.
—Tienes la suerte que estuviera cautiva —dijo, enojada—. ¿Cómo lo averiguaron?
—Acompáñame.
Al salir de la habitación, ambas caminaron por un enorme pasillo que parecía infinito. Mientras avanzaban, Blue decidió contarle quienes eran. Agencia de Seguridad Multiversal, un cuerpo de elite dedicado a salvaguardar la integridad de los universos.
—¿Así qué son la policía del multiverso?
—Algo parecido, velamos por la seguridad de los universos, es por eso que detectamos de inmediato tu viaje, muy pocas entidades tienen permitidos los viajes multiversales —haciendo una pequeña pausa—. Lipsi era una de ellas.
Clamsy intentó recordar alguna mención, algún pensamiento o una pequeña anécdota por parte de Lipsi sobre aquella agencia, pero no había nada, ni un solo recuerdo de la agencia, algo raro para quien era un libro abierto sobre aquellos temas multiversales.
—Lipsi solo debía firmar algunos documentos, nunca formó parte de la agencia, pero nos ayudó mucho con algunas cosas —la mujer se detuvo un momento y miró a Clamsy—. Realmente lamento tu perdida, era la única amiga de tu novia y, bueno, hablaba mucho de ti.
Blue fue la primera persona de la agencia que entabló comunicación con Lipsi desde su primer viaje. Desde entonces se habían vuelto buenas amigas hasta los hechos acontecidos hace algunos días. Clamsy no pudo evitar preguntarle más acerca de las cosas que Lipsi decía sobre ella, tenía genuina curiosidad de cómo se expresaba.
—Hablar de nuestra relación con una extraña policía, que lindo —dijo con algo de amargura.
—Bueno, lo hacía desde el cariño, realmente te amaba —sonriendo ligeramente—. Nos pidió permiso para que ambas fueran juntas a un universo donde se estrenaban una película, como tardó tanto el hacer el viaje de inmediato aparecimos para ver el por qué la demora, y bueno, nos encontramos.
Esos boletos, esos malditos boletos. La chica revisó sus bolsillos y ahí seguían, manchados con la sangre seca de su novia. El sentimiento de arrepentimiento se hizo presente mientras los apretaba. ¿Por qué no le contestó aquellos mensajes? Quizás si le hubiese contestado, su hombro no tendría aquella enorme herida.
En su mente, Lipsi y ella hubiesen ido a ver aquella película, y al volver y ver el mundo arder, huirían a otro universo. Estarían juntas otra vez, viviendo en otra tierra en paz, amándose, besándose. Si tan solo hubiese vuelto, si tan solo hubiera abierto ese mensaje, Lipsi seguiría con vida. Era su culpa, Lipsi estaba muerta por su culpa.
—¿Saben quién la mató? —dijo, con tono decaído.
—Para tu fortuna, si, un aparato de regresión temporal nos lo mostró.
Regresión temporal, algo tan simple como repetir los acontecimientos de un evento dado fue lo que les proveyó de la información sobre la muerte de la doctora. Blue no deseaba decirle todo a Clamsy, sobre todo el ver de manera tan gráfica como había muerto.
Clamsy se exaltó y le gritó que le dejara ver, pero Blue simplemente se negó, no era sencillo hacerle hablar. Antes de que las cosas llegaran a los golpes, las esposas de energía volvieron a las muñecas de Clamsy, no podía olvidar que seguía estando como detenida por viajar sin autorización.
El resto del camino se quedó en silencio, solo buscando leer una mente completamente en blanco como la de Blue. Los agentes estaban equipados con chips anti-telepáticos, por lo que era imposible de leer sus mentes. Blue tuvo que decírselo cuando la nariz de Clamsy comenzó a sangrar de tanto intentarlo.
Del otro lado del pasillo se encontraron con una enorme oficina repleta de sofisticados aparatos electrónicos y cientos de agentes corriendo de un lado a otro. Una oficina llena de burócratas no sorprendió a Clamsy, lo que la sorprendió que la enorme ventana que daba hacia la nada. Pero no era una nada oscura, era un blanco perfecto que lo cubría todo. Aunque Clamsy quiso acercarse, Blue rápidamente la jalo del hombro.
—¿Dónde demonios estamos? —preguntó Clamsy.
—Eso no es de interés —dijo, llevándola con una mujer de pelo rubio—. Ruth, hazme un favor, procesa a la chica para devolverla a su universo.
—Hey, espera, no me puedes mandar de vuelta ahí.
—No tienes autorización para viajar entre universos, te devolveremos de donde viniste.
—¿Acaso no viste la destrucción de mi universo? Ustedes son policías, hagan algo, detengan a esas cosas que empezaron a aparecer…
—Agente Blue, acompáñeme.
Blue atendió de inmediato el llamado del su jefe, Lack-Two, mientras que Ruth terminaba de procesar a Clamsy. La campeona intentó patalear y gritar, pero dos guardias la obligaron a sentarse en una silla magnética mientras sus datos eran analizados.
En señal de protesta, Clamsy se quedó en completo silenció. Ruth le amenazó con las consecuencias por no acatar las órdenes de un agente, pero cualquier castigo no era comparado con lo que le aguardaba en su universo de origen. Se quedó en silencio hasta que el sonido de una alarma comenzó a sonar.
La oficina se iluminó de un rojo carmesí, los agentes comenzaron a movilizarse y de las enormes pantallas apareció la palabra "Infiltración". El sonido de las balas y el metal chocando con las paredes podía escucharse a lo lejos, por lo que Blue y los demás agentes fueron de inmediato.
—Vigílenla mientras detenemos la amenaza —instruyó Blue a Ruth.
Ruth aceptó y Blue se marchó, dejando a Clamsy con la suficiente seguridad para evitar un escape. Luego de maldecir en su mente, la chica se quedó sentada, intentado inútilmente de leer la mente de su captora.
El sonido de los disparos y el metal se volvían cada vez más nítidos, por lo que Ruth habló con los guardias para llevarse a Clamsy a otro lado. La campeona solo se quedó mirando la enorme puerta de donde provenía el sonido. Los gritos de dolor de los agentes le erizaron la piel y le hacían querer salir huyendo de ahí.
—Te sacaremos de aquí.
—¿A dónde me llevarán?
No hubo respuestas, pero las expresiones de miedo de los agentes le hicieron temer de inmediato. El intenso ruido cesó por unos instantes, siendo seguido por una pequeña explosión provocada por una lanza que destruyó la puerta e impacto en el medio de la oficina.
Clamsy cayó al suelo del miedo y se escondió debajo de un escritorio, mientras que los guardias comenzaron a dispararle al extraño enemigo de armadura plateada que había llegado. El sonido de la lanza cortando la carne y la sangre derramada le hizo ponerse en posición fetal y comenzar a llorar.
De un momento a otro el ambiente se sentía frío, como si pequeños copos de nieve cayeran en sus brazos, a pesar de no haber nada de hielo en la oficina. Los recuerdos de su anterior pelea le hicieron paralizarse, rogando por no ser encontrada por el espectro que logró incrustar su lanza en la cabeza de Ruth.
Los ojos muertos de Ruth la miraron directamente, mientras que el asesino tomaba su arma y arrojaba el escritorio donde se escondía. La chica escondió su cabeza y rezó con más fuerza, sin embargo, no recibió ningún daño.
Cuando lo escuchó alejarse, lentamente alzó la cabeza y pudo ver como se dirigía a una computadora. En ese momento se percató que aquella lanza fue la misma que mató a su novia. Estaba frente a su asesino, lo corroboró al entrar a su mente y que se le revelara como fue aquella muerte.
Aeglis, la centinela, fue lo que encontró en esa pequeña mente, pero no solo eso. La forma en que Lipsi fue asesinada le fue revelado en esa cabeza. Los gritos de ayuda y las lágrimas inundaron la psique de Clamsy, dándole una rabia lo suficientemente grande para levantarse y golpear a Aeglis con sus esposas.
—Maldita asesina.
El miedo se convirtió en enojo al revivir en los recuerdos de su enemiga la forma en que mató a Lipsi. Sus lágrimas, sus gritos, su sangre. Aquello le dio el valor suficiente para intentar noquearle en el piso. Sin embargo, la máscara de plata absorbió el mayor daño.
Ya recuperada, Aeglis intentó atravesar a Clamsy con su lanza. Aunque la chica lograba esquivar la mayoría de sus golpes fatales, la lanza logró dejarle algunos cortes en brazos y piernas, además de ser lanzada en múltiples ocasiones contra alguna computadora. A pesar del daño, la adrenalina le hacía levantarse de nuevo.
Aeglis, intentó atravesar su cráneo con su lanza, pero la ex-campeona logró esquivarla y arrebatársela, para intentar atacarla. Aquello fue inútil, la armadura proveía de una defensa casi perfecta, por lo que su enemiga no tuvo problema con recuperar su lanza.
Las esposas de Clamsy desaparecieron de repente, dándole la oportunidad de atacar el único punto débil de su enemigo, su cuello. Usando unas tijeras, la sangre de Aeglis comenzó a salir a borbotones mientras su arma caía al suelo. Clamsy no aguantó la rabia, se abalanzó contra ella y siguió perforando el cuello una y otra vez. No se detuvo ni cuando pudo escuchar gritos de ayuda que venían de su mente.
—¡Cállate! ¡No tienes derecho a suplicar! —gritó con furia— ¡Mereces morir!
El ataque cesó luego de unos minutos, la cabeza de Aeglis casi había sido arrancada y Clamsy cayó al suelo, exhausta. Respirando de manera profunda, miró sus manos manchadas de sangre y a su enemiga muerta al lado suyo.
Esa cosa se lo merecía, merecía haber terminado así luego de lo que le hizo a su amada. Lentamente se levantó y le dio una patada al cadáver. Aunque estuviera muerta, deseaba castigarla aún más. Sin embargo, antes que le quitara su armadura para apuñalarla con su propia lanza, Blue llegó.
—Eso no la detendrá.
Blue tenía un brazo repleto de sangre, producto de la lanza de Aeglis. Antes de que Clamsy preguntara a qué se refería, el cuello de Aeglis comenzó a regenerarse poco a poco. No, esto no podía ser, ¿acaso esa cosa tan siquiera era humana? ¿Era un demonio real?
Cuando los últimos ligamentos se unieron, y los pensamientos de Aeglis volvieron, Blue se acercó y le incrustó un parche metálico que envolvió el cuerpo de Aeglis, dejándola prisionera en una prisión de hielo puro, no podría escapar.
—Finalmente la tenemos —dijo, volteando a ver a una sorprendida Clamsy—. Gracias por tu ayuda.
Clamsy no respondió, necesitaba tiempo para procesar todo lo que había pasado. Y sobre todo, entender el último mensaje de Aeglis antes de congelarse. ¿Qué es un Difusor Universal?
[…]
"Los viajes entre universos son inherentemente peligrosos si no se toman las medidas adecuadas. En mis expediciones me he encontrado, al menos, con cuatro elementos potencialmente letales, por lo que el cartografiar los universos vecinos se debe volver vital para nuestra propia supervivencia".
Fue lo que Topaz leyó de uno de los libros que Lipsi había escrito en su laboratorio. Iluminado con el fuego de una fogata, buscaba alguna pista de que fue lo que apareció en Kanto y Hoenn, una explicación de cómo el mundo se había ido a la mierda en tan solo dos semanas.
—Si tan solo nos hubieras alertado de las amenazas —dijo con enojo, cerrando el libro.
En el camino de vuelta a la base, los Mamoswine que los transportaban se volvieron locos y les atacaron de repente. No solo ellos, los pokémon cercanos a la ruta 6 se abalanzaron contra su grupo de expedición sin previo aviso. Cuando intentaron defenderse con su equipo, estos también les atacaron. De no ser por algunos Magnemite que lo ayudaron a escapar, Topaz estaría muerto.
El hombre se refugió en una cueva, uno de los Magnemite que lo ayudó se quedó con él y le ayudó a calibrar un comunicador que sobrevivió al ataque para pedir ayuda, pero los días pasaban y nadie acudía a su rescate. Se vio obligado a refugiarse en una cueva, evitando el contacto con cualquier pokémon que se le acercara y deseara matarlo.
Buscó respuestas en los libros de Lipsi, pero no encontraba nada. Pura anécdotas rancias de viajes pensaba, mientras arrancaba algunas hojas y las usaba como fuego. En este punto el mayor descubrimiento de la humanidad no era más útil que un montón de madera.
Entre lo que pudo rescatar se encontraba un manual de cómo usar el teletransportador, cosa que sería de maravilla si no fuera por qué su "amiga" se lo llevó al escapar de ese universo.
—La maldita perra demostró su egoísmo hasta el final —dijo con odio, lanzando otro libro al fuego—. Espero que tú y Lipsi estén en el infierno.
La poca empatía que sentía por Clamsy la perdió cuando se fue. Ya no tenía nada más que perder y se largó, dejando a todos a merced de las calamidades que iban apareciendo de poco a poco en la tierra. Ahora el resto de la humanidad debía enfrentarse al apocalipsis en carne propia.
Sin embargo, de cierta forma entendía un poco a Clamsy. Luego de 3 días sin comer, el huir a otro universo mejor era algo que podría ser mejor que si situación actual. Pero no podía irse solo, aún había dos personas que debía proteger.
—Mamá, papá —dijo, tomando otro libro—. Por favor, manténganse a salvo.
No podía irse sin sus padres, no se permitiría morir hasta saber que ellos estaban a salvo. Era lo más importante para él, lo que juro proteger desde el primer momento que se volvió entrenador y miembro de la Elite Cuatro. En el día cero, Topaz les llamó de inmediato y ambos se encontraban bien, pero desde el segundo no sabía nada de ellos, y eso le angustiaba lo suficiente como para plantearse el escabullirse hacía el pueblo más cercano, aún con el riesgo latente a morir por un pokémon.
Mientras leía, recordó su infancia con sus padres, cómo su padre, Diamond, él contaba cuentos para dormir, y su madre Crystal le ayudaba a investigar para sus trabajos escolares. El solo pensar en que algo les pudiese pasar le hacía querer salir corriendo a buscarlos.
Afortunadamente, mientras continuaba recordando, el sonido de un helicóptero se hizo presente. El ejercito logró encontrar su posición gracias a su comunicador y a la marca de piedras que hizo en la nieve. De inmediato una cuerda fue lanzada y algunos soldados bajaron para ayudar a Topaz.
Algunos pokémon intentaron atacar al helicóptero, pero los soldados usaron un sonar de alta potencia que les desorientó lo suficiente para que Topaz, y las cosas, fueran recuperadas. Aunque su Magnemite se encontraba mareado, Topaz logró llevarse a su amigo al helicóptero. Los soldados no estaban contentos con la decisión, pero su superior les dijo que los pokémon artificiales no resultaban ser hostiles.
Lo primero que preguntó Topaz al llegar a una base especial en las Islas Sevii fue sobre sus padres. Para su fortuna, un general le llevó al lugar donde ellos se encontraban resguardados en la enorme base militar. Aunque necesitara atención médica, el ver a sus padres bien le hizo correr de alegría para poder abrazarlos.
—Mamá, papá, que bueno que están bien —dijo, abrazándolos con fuerza.
—Topaz, mi niño —dijo Crystal, sollozando—. Gracias a Arceus estás vivo.
—Rogábamos a Arceus por tu bien —dijo Diamond, con alegría.
Sus padres le explicaron que fueron evacuados del orfanato de Crystal cuando todo comenzó, un general había dado la orden para rescatarles juntos a los pocos niños que lograron sobrevivir a los ataques de su propio equipo. Sin embargo, defender el orfanato les dejo serias cicatrices en el rostro.
Tocar la enorme cicatriz en el rostro de su madre le hizo imaginar por un momento el horror qué fue enfrentarse a su propio Meganium para salvar a unos niños. Las lágrimas de enojo comenzaron a brotar de sus ojos al sentir la impotencia de no haberle ayudado, de no protegerla. Sin embargo, Crystal lo detuvo en seco.
—Está bien, estamos todos bien y eso es lo importante.
—Pero yo debería haberlos ayudado.
—No sabías que esto iba a pasar, tenías qué encargarte de tus propios asuntos, tu madre es muy fuerte para poder protegerse a sí misma y a los demás —agregó Diamond.
—Ustedes… ustedes… no merecen esto.
—Tranquilo, mi niño, hemos estado en situaciones peores, lo bueno es que ahora estamos juntos, y podemos combatir esto unidos.
—¿Combatir?
Crystal y Diamond no fueron enviados a esa base militar solo por ser padres de Topaz. El chico había olvidado que era hijo de Pokédex Holders experimentados, los cuales ya habían desafiado a la muerte en más de una ocasión, y no pensaban quedarse de brazos cruzados mientras el mundo se hacía trisas.
Topaz les pidió que no lo hicieran, no quería arriesgarlos. El pensar en lo que les podría ocurrir le revolvía el estómago. Sin embargo, Crystal le recordó que no necesitaban su permiso, ya habían ayudado al mundo antes y lo volverían a hacer, teniendo pokémon o no. Antes de poder reclamarles más, un dolor en el estómago le hizo abandonar la habitación, siendo llevado al área de enfermería con la ayuda de su padre.
Luego de llevarlo a la habitación, mientras las enfermeras lo curaban, el chico logró ver del otro lado de la sala a un hombre en una cama, el cual no pudo evitar sonreír levemente al verle llegar.
—Topaz, es bueno verte vivo —dijo Jaspis, alzando levemente su brazo lastimado
—¿Jas-jaspis?
[…]
La contención de Aeglis fue bastante rápida desde su captura. Encerrada en su prisión de polímero, la inmortal fue puesta en una cámara de vacío que, a priori, le impediría escapar de cualquier forma, a la espera de su traslado a una cárcel especial para criminales de esa índole. Era la primera vez que un intruso había penetrado sus defensas, por lo que de inmediato comenzó la investigación de cómo había logrado entrar.
Clamsy, Blue y los demás agentes que resultaron heridos fueron llevados a la cámara de sanación; un aparato capaz de regenerar cualquier herida en un solo par de segundos. Sin embargo, dicho artefacto era inútil cuando se estaba muerto. Los cadáveres de los agentes caídos fueron llevados a la morgue, donde serían incinerados.
Luego de estar curadas, Blue llevó a Clamsy a una sala especial. No era una sala de interrogatorios, era mucho más acogedora con un suave sofá y una elegante mesa. Luego de sentarse, Clamsy se quedó en silencio, su mente seguía procesando todo lo que había ocurrido.
Luego de unos segundos, Blue decidió hablar.
—Lamento que te hayas enterado de su muerte de esa forma —dijo, con pena.
—¿Por qué la mató? ¿Quién se supone que es?
—Aeglis, la centinela de Diark. Es una criminal que enfrentamos cada cierto tiempo.
—Ese maldito nombre —dijo con enojo—. ¿Quién es Diark? ¿Qué tiene en contra de nuestro universo? ¿Qué tenía contra a Lipsi?
—Diark es un dios—Blue tuvo que tomarse un momento para retomar la palabra—. Es un conquistador multiversal, conquista universos, eso es lo que hace con el tuyo. Aún no sabemos qué relación puede haber entre él y tu fallecida prometida.
Conquistador universal. ¿Así que los ataques a su tierra eran una guerra de conquista? De un multiverso infinito, ¿ellos corrieron la mala suerte de ser encontrados por esa cosa? Y sobre todo ¿No eran ellos una agencia de seguridad? ¿Por qué no defendían su universo y lo detenían?
—No es tan sencillo. Nosotros solo procuramos la prevalencia de los universos, una conquista no está penada.
—¿Qué clase de absurdo es esa? —reclamó con enojo—. Murieron miles de personas por las cosas que él envió, y morirán aún más y ustedes no harán nada.
—No es como si a ti también te importara, ¿no? Por eso huiste —dijo Lack-Two, entrando a la habitación.
Lack-Two hizo acto de presencia, dejando a Clamsy pensativa por un minuto. El hombre no pudo evitar mostrarle la ironía de sus palabras, y lo peor es que era cierto.
—Solo quería volver a verla, estar con ella.
—¿Y qué pensabas decirle? "Abandone nuestro planeta a su suerte solo para volver a verte". Ambos conocimos a la doctora Lipsi, y sabemos que no le agradaría saber que abandonaste a todos a su suerte.
—¿Qué más podía hacer yo? Solo soy una chica cualquiera. ¿Cómo podría enfrentarme a un dios? Casi muero contra una de esas cosas que envió, ¿Y aun así yo debía pararle?
—No es nuestro universo el que está en riesgo —respondió el jefe.
Esta versión de Lack-Two no solo era más sentimental, sus comentarios dolían mucho más. Sin embargo, el hombre no estaba ahí para atormentar a la perturbada campeona, su única labor era darle una opción a Clamsy.
—Ya que nos ayudaste, y que tu universo está en proceso de conquista, decidimos aceptarte como refugiada —el hombre le dio cinco documentos a Blue—. Hay cinco universos donde serás bien aceptada.
—¿Estará Clamsy ahí?
—No, son universos donde ni siquiera los pokémon existen —admitió Blue, mirando los documentos.
Pero, ella no quería ir a cualquier universo, ella quería volver a ver a su amada. Aunque en un principio buscó huir, la salida que se le presentó no le gustó, quería volver a verla. Sin embargo, Lack-Two fue enérgico al decirle que no podía cumplir tan necia petición.
No, no podía darse por vencida, no mientras Lipsi seguía allá fuera, si existía la posibilidad de volver a verla, de volver a besar sus labios y sentir su piel, entonces cualquier otra opción era inadmisible. Sin embargo, la agencia no estaba dispuesta a aceptar su capricho.
—Clamsy, tienes que entender que tu Lipsi ya murió, no podrás recuperarla.
—No, hay versiones infinitas de ella.
—¿Qué te hace pensar que alguna de esas versiona aún sentiría algo por ti? No son tu Lipsi. Ella se fue, debes aceptarlo.
No, no podía terminar así. Sus últimas palabras no podían ser un insulto. Necesitaba volver a verla, pero aquello no volvería a pasar, no con ellos al frente. Las lágrimas volvieron a salir mientras asimilaba la idea que no la podría volver a ver.
—Si sirve de consuelo, Lipsi te amaba más que nada. Y ella sabía que tú también la amabas.
—Y aun así mis últimas palabras fueron… —se detuvo al recordar aquello—. ¿Por qué me tenía que pasar esto a mí? Solo quería ser feliz, y ya no sé ni siquiera si podré volver a serlo.
—Las heridas sanarán, créeme, y en los universos que te acogerán podrás empezar de cero, una nueva vida —dijo Blue.
—¿Y si vuelve a aparecer Diark? Si es un conquistador, ¿por qué no conquistaría esos universos?
—Tenemos un tratado con él.
Al escuchar aquello, Clamsy volteó a ver a Lack-Two con incredulidad.
—¿Hacen tratos con esa cosa?
—No es la primera vez que tenemos problemas con Aeglis, Diark ofrece universos de refugiados en cada altercado, esos universos no pueden ser conquistados por él.
¿Acaso había escuchado bien? ¿Aquella agencia perdonaba la muerte de sus empleados solo por un universo de refugiados? Aunque esos universos no fueran propiedad de la agencia, el solo pensar en aquello le enfermaba. No tardó en llamarles cobardes por ello, una enorme mentira cimentada en ideales de protección.
—Si Diark ofrece otro universo a cambio de que dejen libre a Aeglis por la muerte de Lipsi, ¿ustedes lo harían?
Aunque Blue no respondió, Lack-Two dijo que sí. Las excusas sobre los miles de refugiados no le sirvieron de nada a Clamsy, sus deseos de justicia no serían saciados por ellos. ¿Acaso la muerte de Lipsi no les significaba nada? ¿Acaso cualquier muerte quedaría perdonada? Eran unos malditos miserables.
No merecían ser llamados protectores del multiverso, solo un puñado de pusilánimes que eran incapaz de detener a esa cosa. A un dios que podía quitar la vida de quien fuera y no recibiría un castigo por parte de ellos. Su justicia era un maldito chiste.
Quería golpearles, romper la taza de café de Blue en el cráneo de Lack-Two y lárguese a cualquier universo, cualquiera menos los que habían sido comprados con la sangre de esos inocentes.
—Espero que Aeglis logre robar ese Difusor Universal y los mande al demonio a todos y cada uno de ustedes.
Al decir ese nombre, Lack-Two y Blue se miraron de manera extrañada y preocupada.
—¿Cómo sabes que Aeglis quería el difusor universal?
—Leí su estúpida mente, ¿lo olvidas?
Blue y Lack-Two se quedaron en silencio por unos momentos, mirándose fijamente mientras Clamsy les gritaba por respuestas. Luego de unos segundos, Lack-Two salió rápido de su oficina. El ver los rostros preocupados de ambos le hizo sentarse de golpe en el sillón y lanzar una risa sarcástica.
—Ha, son tan inútiles que si se lo robaron, ojalá lo usen para matarlos a todos.
—¿Al menos sabes para qué funciona?
—No, pero seguramente Diark ya lo tiene.
—Para tu desgracia, ni siquiera nosotros lo tenemos.
Confundida, Clamsy le preguntó que era aquello. Luego de pensarlo un poco, Blue le explicó que el Difusor Universal era una caja capaz de desplazar un universo entero a la dimensión borrador.
—La dimensión borrador se encuentra fuera del multiverso, los universos dentro de ella no son accesibles de ninguna forma, y tampoco puede salir nada de ellos, están completamente bloqueados, por eso estamos dentro de ella.
—Espera, ¿existe algo fue de la realidad misma?
—Hay muchas cosas que tú no entiendes, Clamsy. Ahora dime ¿qué más leíste en la mente de Aeglis sobre el difusor?
No recordó mucho, solo que parecía buscar ese objeto en la computadora principal de la agencia. No tardó mucho tiempo en entender la importancia de un objeto así para un aspirante a líder supremo. Un universo fuera de su control seguramente le haría hacer una rabieta.
La localización del difusor era bien conocida por la agencia, sin embargo, miles de expediciones habían sido en vano. El Multi-hub, hogar de antiguos ángeles, fue visitado por todos, pero nunca se encontró nada, salvó un Mesprit merodeando la zona.
Tal vez el talento combinado de Blue y Clamsy lograría descifrar el misterio de aquella caja.
—¿Qué te hace pensar que tú y yo la encontraremos?
—Recuerdo que mi madre era buena encontrando cosas, y no esperó menos de ti —luego de reír ligeramente, miró a la agente con determinación—. Escucha, tengo mi estatus de refugiada, pero estoy dispuesta a perderlo con tal de que me dejes ir contigo. Si no lo encontramos, volveré a mi universo.
—¿Estás segura de jugarte tu propia vida?
—Ustedes lo dijeron, es mi universo, además, no tengo nada más que perder, ¿no?
Luego de un pequeño silencio, Blue aceptó la oferta. No podía negarse a cumplir la última petición del amor de una vieja amiga, además, sentía un poco de admiración al ver como Clamsy quería salvar su universo. Partirían en unos días, pues antes debía entrenarle un poco para los peligros que lograba asechar en antiguo hogar de los ángeles.
Luego de dejarle sola, Clamsy se levantó y miró al enorme vacío blanco de la dimensión borrador. Una sonrisa maliciosa salió de su cara mientras apretaba su puño.
—No te daré la satisfacción, ese universo no será tuyo, maldito bastardo.
[…]
Crystal y Diamond no fueron los únicos pokédex holders que se unieron a la causa. Aunque mermados a la mitad, el resto de héroes se unieron a la causa de salvaguardar a la gente. Sin embargo, la guerra contra los propios pokémon imposibilitaba la cooperación entre regiones; es difícil cooperar cuando ni siquiera puedes salvaguardar a tus ciudadanos.
Topaz no tardó demasiado en recuperarse y volver a la acción. Sin embargo, estaba vez no estaría solo. A pesar de sus quejas, sus padres se unieron al frente, colaborando en misiones de rescate en toda la región de Johto, mientras que él y su viejo amigo, Jaspis, se reunían con el mismo presidente de la región de Johto y el secretario de seguridad.
—Sin la fuerza de los pokémon, debemos reconsiderar las viejas tácticas de guerra —dijo el secretario.
—¿Tan rápido consideramos las armas nucleares? —preguntó Jaspis, arqueando la ceja— ¿Tan siquiera quedan armas operativas?
—Algunas en los almacenes de Ciudad Olivo, solo deberíamos recuperarlas.
Una decisión extrema para eliminar al enemigo de Hielo de Ciudad Azafrán. El gobierno había agotado las opciones cuando los pokémon legendarios de Kanto y Johto atacaron a Chien-Pao y su entrenadora. Los pokémon se enfrentaron duramente, pero perecieron de cuestión de días. Las aves y los perros legendarios murieron, y Ho-oh y Lugia fuera abatidos y capturados, de manera literal, encerrados en prisiones de hielo.
Bombardear una ciudad con armas nucleares era algo que no se había intentado desde hacía cientos de años, no había certeza de que sirviera. Y si lo hicieran, ¿valdría la pena irradiar Kanto? Solo ganarían tierra muerta y tóxica, pensaba Topaz.
—Y detendríamos el frío invernal de Kanto —respondió Jaspis—. Sin embargo, si Hoenn también hace lo mismo, estaríamos condenando ambas regiones, no sabemos el impacto de la radiación.
—Sí, pero detendríamos miles de muertes más.
—En caso de que funcionara —recalcó Topaz—. Debemos optar por otras opciones.
Ese era el problema, no había otras opciones. Las dos asesinas con los rostros de Whi-Two e Y acababan con cualquier ser humano que se acercara a sus terrenos, lograban derribar aviones de guerra sin mucho esfuerzo. Un ataque de armas nucleares no sonaba demasiado descabellado para el caso.
Mientras discutían, un mensaje llegó a las oficinas presidenciales. Se trataba de una transmisión desde Arrecipolis, el lugar de ataque de Ratmos. En la enorme pantalla se pudo apreciar como Ratmos parecía pelear contra una figura humanoide con un traje oscuro. Cuando la cámara se acercó, Topaz logró ver de quien se trataba.
—Es el señor X.
X, usando el traje que alguna vez le perteneció a Matière, logró llegar hasta Ratmos, momento en el cual la mujer comenzó a atacarle con sus flechas. El traje de expansión logró darle la velocidad necesaria para esquivar los ataques y acercarse lo suficiente para golpearle en el pecho. Para su fortuna, Chien-Yi estaba ocupado peleando contra Kyogre y Groudon como para ayudar a su entrenadora.
—¿Cómo demonios logró llegar tan cerca? —preguntó Topaz, sorprendido.
—Es el traje de expansión, se supone que no quedaba rastro de él —dijo el secretario—. O X lo mantuvo oculto, o Kalos entero lo tenía oculto.
—No, si Kalos lo tuviera ya lo estarían replicando. Espero que haya dejado planos de como replicarlo antes de morir.
La transmisión siguió, con X tomando a la fuerza el arco de Ratmos. Para su desgracia, el mundo entero no podía escuchar el discurso del holder.
—Y, ¿acaso no me reconoces? Soy yo.
Ratmos no se inmutó, solo intentó atacarle para recuperar su arco. X esquivó el ataque y volvió a someter a Ratmos. Al hacerlo, notó como sus ataques se volvían un poco más lentos.
—Vamos, tienes que recordarme —dijo rompiendo el arco—. Tienes que recuperar la conciencia, recuperar quien eres.
X la sujetó de las manos y finalmente pudo verla a los ojos. Y, su esposa, había muerto hace años, o eso pensó hasta que vio las noticias y la miró destruyéndolo todo. No hubiese ido a enfrentarse a ella si no fuera por qué el gobierno de Kalos le dio la autorización de hacerlo. Ellos lo vieron como carne de cañón para usar el traje, pero él sentía que podía razonar con ella.
—Por favor, Y, tienes que controlarte.
—Mi nombre es Ratmos, servidora de Diark, y estas en nuestro camino…
—No, no lo eres —reclamó con enojo—. Podrás ser otra versión de ella, pero estoy seguro de que también guardas sentimientos por una versión mía.
No hubo respuestas, pero X sintió como los brazos de Ratmos parecían volverse más débiles. Un golpe en la cabeza fue lo único que necesitó para tirarla al piso e inmovilizarla. Al verla más débil, el holder se quitó el casco del traje. El calor era insoportable, pero necesitaba verla a los ojos.
—Sé que lo recuerdas, sé que recuerdas a una versión de mí.
—Soy la jinete de Diark, su heraldo, y estas en nuestro camino.
—¡Eso es falso! Eres Yvonne, la misma chica que le gustaban los combates aéreos, salir con sus amigos, hacer nuevas amistades —dijo, soportando el calor que parecía quemarle las mejillas—. Debes luchar contra lo que sea que te controla, debes hacerlo.
—No, yo soy Ratmos, yo soy…
Ratmos se quedó en silencio por unos instantes, luego de eso la extraña runa en sus ojos comenzó a brillar con más fuerza, provocándole un gran dolor que le hizo sujetarse la cabeza y gritar. X intentó animarle, su piel quemada poco importaba si lograba hacer entrar en razón a aquella mujer que hace tiempo le juro amor eterno. Debía hacerlo, debía recuperar al control.
Luego de unos segundos, el dolor paró, Ratmos se quedó en silencio, se acercó lentamente y le miró directamente a los ojos.
—¿X?
—Sí, soy yo, por favor, detén esto.
Sus manos se acercaron a las mejillas rojas de X, a pesar de estar en un entorno casi volcánico, las manos de Y eran frías, muy frías. Tal vez lo había logrado, recuperó a Y. Sabía que ella se encontraba ahí.
Los dedos de Ratmos poco a poco se mancharon de sangre, sangre que brotaba de la flecha que había incrustado en la cabeza de X. El cadáver cayó al suelo mientras Ratmos recuperaba su arco, miraba al cielo y gritó.
—¡Mi voluntad y mi alma están con Diark! —mientras una lágrima salió de sus ojos.
Tres flechas salieron disparadas y estallaron en el cielo de Hoenn, cortando la transmisión. Poco después de la ejecución pública, los planos de la creación del traje de expansión llegaron a todos los gobiernos del mundo. La muerte de X no fue desaprovechada, había mostrado un punto. Tal vez, solo tal vez, había una esperanza para Kanto y Hoenn.
