Buenas, queridos lectores.
Lamento el terrible hiatus, ya saben como es la vida adulta, enfermedades, deudas, tramites burocraticos.
Pero aquí este el tercer capítulo, el siguiente será el ultimo capítulo de esta historia, que debería salir a mediados de junio.

Igual, recuerden que pueden escuchar la versión Podcast en Youtube o Spotify, buscando a "El Aspirante a Escritor".

Sin nada más, los dejó.
Enjoy :D


Apocalipsis

Capítulo 3: Ángeles.

¿Cómo se puede tener noción del tiempo cuando estás afuera de la tierra? Si a Clamsy le dijeran que habían pasado 3 semanas desde que llegó a la dimensión borrador, ella no podría argumentar lo contrario. Solo recordaba haber dormido cinco veces en todo el lapsus de su entrenamiento con Blue.

Ya había tenido clases de artes marciales en el pasado, pero lo que la agencia le enseñó fue algo muy diferente; un método intrusivo que consistía en un cable directo a su cerebro que le introdujo todos los conocimientos que necesitaba para poder pelear. En poco tiempo el cerebro de Clamsy tenía tanta información como el mejor artista marcial. El tiempo que le siguió fue dedicado a pulir su habilidad con experiencia, de nada servía saber lo teórico sin lo práctico. El entrenamiento con Blue fue duro. A diferencia de su madre, la agente era mucho más fuerte y no tenía ningún remordimiento por romperle un hueso o dos.

En ese tiempo, Clamsy pudo darse cuenta de que la agencia era mucho más grande de lo que creía. Tan solo el área de entrenamiento y la armería eran tan grandes como una ciudad entera. Fue esta última la que le interesó lo suficiente para escabullirse antes de su misión para ir al Multi-Hub.

—La mayor armería de la realidad vigilada por un anciano —dijo con superioridad luego de entrar cuando el anciano se encontraba distraído.

Había todo tipo de armamento; espadas, lanzas, arcos, pistolas, armaduras, guanteletes, toda clase de artefactos cuyas descripciones se encontraban en un extraño lenguaje de signos. Aunque Blue le aseguró que le daría un arma, conociendo a la agente seguramente le daría alguna pequeñez que no podría usar apropiadamente, así qué quería asegurar sus opciones al tomar algunas otras.

—Estas esferas las he visto —dijo, tomando un collar con esferas de metal—. Las usan para teletransportarse a otro universo. Debo admitir que tienen un buen diseño.

Luego de tomar una ballesta entre sus manos, unos pasos se escucharon detrás de ella. Intentó ocultarse, pero las armas que había tomado desaparecieron y un aura psíquica la rodeó, sacándola de su escondite.

—Las juventudes de ahora piensan que porque uno es viejo es fácil de evadir —dijo el vigilante de la armería, Carl.

—Hey, solo estaba dando una visita, quería ver sus juguetes.

Gracias a un guante de oro, el hombre pudo llevarse a Clamsy directamente hasta la entrada, donde le esperaba Blue cruzada de hombros. Al dejarle en el suelo, Clamsy no se disculpó, los genes de su madre seguían siendo fuertes aún en esa situación. La agente solo suspiró y le pidió a Carl que le entregase el arma pensada para ella.

De inmediato aparecieron dos espadas de obsidiana de aspecto antiguo. Aunque algunos rayos eran levemente emitidos por las espadas, Clamsy no evitó alzar una ceja.

—¿Espadas? Recuerdo que hablaste de seres que lanzan rayos láser, ¿no sería mejor tener algo a distancia en lugar de pelear contra ellos?

—Carl, enséñale cómo funcionan.

—Será un placer.

Carl lanzó las espadas hacía una pared. Luego de incrustarse en el muro, un chasquido les hizo volver de inmediato. Clamsy solo pudo bufar con enfado al ver que Blue le había ganado en su juego. Luego de tomar su arma y un utensilio para guardarlas en su espalda, ambas se dirigieron al área de embarque, donde irían al Multihub.

Mientras avanzaban, Blue recibió una llamada por su intercomunicador. Era Lack-Two, quien le informaba que luego de que se marcharan tendrían una audiencia con Diark, negociando la liberación de Aeglis. Aunque atendía las demandas de su jefe, una expresión de inconformidad salió de su rostro.

—¿Ocurre algo? —preguntó Clamsy.

—Nada, solo órdenes de rutina —admitió en un suspiro.

Otro crimen resuelto, otra vez que Diark se había salido con la suya. Si le preguntaban a ella, tampoco estaba a favor de perdonarle las penas a Aeglis, sin embargo había que ser pragmáticos cuando se trata de un megalómano aspirante a dios. Decirle la verdad a Clamsy en estos momentos no era nada recomendable.

Al llegar a la zona de portales, Blue se detuvo mientras que Clamsy se quedó esperando de brazos cruzados.

—¿Esperamos a alguien más?

—No, con nosotras solas será suficiente. Sin embargo, ¿estás segura de esto? No hay garantía de que encontremos algo.

—Ya te dije que no me importa, solo quiero corroborar su pésimo trabajo —admitió, con enojo—. Además, me llevasen a un nuevo universo sin Lipsi, o a mi universo nativo, ambos representarían el mismo infierno.

Luego de esa confirmación, Blue simplemente suspiró y la guio hacia un enorme portal negro, el cual las llevaría a ambas al corazón del multiverso. Ambas cruzaron con determinación el portal, momentos antes de que Lack-Two, junto a un montón de agentes, aparecieran con Aeglis apresada de brazos y piernas.

—¿Universo de Diark? —preguntó uno de los encargados del portal.

—Es correcto —admitió Lack-Two con seriedad—. Ya sabes qué hacer: nuestros signos vitales caen y nos sacas de inmediato.

Luego de aceptar su orden, el hombre encendió un enorme portal dorado en el cual Lack-Two y su pequeño ejército entró sin mayor demora.

[…]

El lugar de encuentro siempre era el palacio de Diark, un enorme recinto con piso de cuarzo que terminaba en un enorme trono de oro. Mientras el ejército de Lack-Two se desplegaba por la enorme habitación, Lack-Two se acercó al trono vacío.

—Diark, hemos venido.

—Señor Lack-Two, estábamos esperando su visita.

En lugar de Diark, la que habló fue Crystal. Una Crystal de ropas negras y runas en los ojos que se acercó a Lack-Two con gracia. El director arqueó la ceja con disgusto.

—Así que tu amo no es capaz de verme.

—Diark se encuentra conquistando un universo, me ha mandado a mí para empezar las negociaciones de los crímenes de Aeglis.

Lack-Two sabía que esto era una treta más. Diark tenía la suficiente omnisciencia para estar frente a él. Le irritaba, le irritaba saber que no se podía tomar esto en serio y que todo esto era un juego para él.

—Diark se disculpa por la muerte de los agentes, Aeglis tenía la misión de recopilar información sobre el difusor.

—¿Y por eso nos invadió directamente?

—Diark se vio forzado a eso luego de las constantes negativas a colaborar. Sin embargo, está dispuesto a revivir a quienes cayeron en combate.

—Claro, y confiar en que no los hará marionetas como… —Lack-Two hizo una pausa y miró a una holder en armadura— A ti.

Crystal no se inmutó, solo proyectó un holograma de una burbuja universal, a la vez que unas pequeñas coordenadas.

—Diark desea reparar el daño, por lo que le ofrece un universo de refugiados para la liberación de Aeglis.

La forma en la que Lack-Two se aseguraba de la fiabilidad de las palabras de Diark era gracias a un acuerdo firmado hace años con el emperador. Era un pacto de no agresión directa. Sin embargo, Lack-Two no estaba dispuesto a perdonar tan fácilmente aquella ofensa.

—Este ataque directo viola el pacto de no agresión, fueron demasiado lejos.

—Diark tiene pensando entregar un universo adicional.

Crystal entregó otro holograma, este mostraba un universo previamente conquistado por Diark. El dios se comprometía a liberar uno de sus universos conquistados, y no solo eso, toda la tecnología que él diseñó estaría disponible para que la agencia lo utilizara.

Lack-Two lo pensó por un minuto. Liberar un universo era algo que nunca se le había presentado, sin embargo, seguía habiendo el problema principal. Diark, el hombre que se hizo dios se volvía a salir con la suya, una vez más. Lo odiaba, odiaba no poder encerrarle, pero no tenía los medios para poder encarcelarlo. Solo podía negociar con el diablo.

—Solo si firma otro tratado para que Aeglis no ataque nuestras bases.

Crystal afirmó con su rostro. Lack-Two estaba consiente que los problemas con Diark seguirán estando, y que Aeglis seguiría acabando con agentes, pero al menos eso aseguraba que no atacaría bases, algo que no estaba en el contrato anterior. Luego de que Mortus firmaba a nombre de su señor. Aeglis fue liberada y llevada a otro lado.

Mientras sé los agentes se retiraban, Lack-Two no pudo evitar recordar las palabras de Clamsy y preguntó.

—¿Por qué Lipsi? ¿Qué rayos hizo ella?

—Diark pensaba que ella había descubierto algo del difusor, fue entonces que ideó el plan de usarla como señuelo para infiltrar a Aeglis en la dimensión borrador. Diark le recuerda que su intención jamás fue asesinar a sus colaboradores.

—¿Eso fue todo? Una carnada.

—Diark sabe que no puedes hacer una tarta sin romper algunos huevos. Además, ella era de los pocos que manejaba el viaje entre universos, hubiese entorpecido sus planes de conquista.

Si, la única que pudo haber evacuado o pedir ayuda a otros universos era una piedra en el zapato del emperador. Lack-Two suspiró y negó con la cabeza.

—¿Le afecta tanto su muerte?

—Me afecta que la vida sea un capricho para tu señor.

—Diark solo espero que esa niña tenga éxito. Si lo tiene, podrá hacerle un trato.

¿Clamsy? ¿Acaso se refería a Clamsy? Antes de poder preguntar, Crystal se alejó. Clamsy y Blue fueron a buscar el difusor, y si Diark estaba tan seguro de que tendrían éxito, eso significaba que lo lograrían.

Diark podía leer su mente, y no estaba dispuesto a mostrar demasiada premura, por lo que simplemente avanzó hasta su portal y se fue. Al llegar a la agencia, de inmediato se comunicó con Carl.

—Necesito que hagas el proyecto Infinium.

—Pero señor, apenas tengo para una sola trampa.

—Y será suficiente, hazlo —dijo, cortando la comunicación.

[…]

Del otro lado del Portal, Clamsy pudo ver el multiverso en todo su esplendor. Era como estar en el espacio exterior. Sin embargo, lo más característico eran las miles de burbujas a los alrededores, burbujas que contenían dentro de ellas pequeñas galaxias. Esos eran los todos los universos que existían. No solo había burbujas, en el horizonte podía apreciarse un mar infinito, un océano hecha de extrañas palabras y símbolos que inundaba el horizonte.

Agua madre, ese era el nombre del extraño líquido que se encontraba por todos lados, salvo el pesado de tierra sobre el que estaban paradas. Blue le explicó que no debía tocar esa agua, pues cualquier cosa que esa agua tocara, desaparecía y se devolvía a su estado elemental.

—¿Cómo es que la isla no se desintegra? —preguntó Clamsy confundida.

—Tierra madre, es básicamente la versión más estable del agua madre, se encuentra en islas como estas, cada ciertos "parsecs".

Lipsi desarrolló los viajes entre universos, pero jamás pudo llegar donde Clamsy se encontraba. Si ella lo hubiese hecho, se hubiese emocionado más que cuando logró viajar por primera vez. Era hermoso ver las pequeñas burbujas, pero la melancolía le recorrió la piel al pensar cómo su amada jamás podrá ver aquello. Le hubiese encantado investigar aquello.

Pensó en que hubiese sido lindo explorar ese lugar con ella, y no con una Blue con el rostro serio y mirando hacia su destino. Luego de suspirar un poco, la campeona continuó en silencio hasta que decidió romper el hielo.

—¿Jamás le contaste a Lipsi sobre este lugar?

—No lo vi necesario, ella solo quería viajar de un universo al otro.

—Le hubiese encantado verlo —dijo Clamsy con un tono decaído.

Con una extraña estructura visualizándose en el horizonte, Clamsy decidió hacerle un poco de plática a Blue para olvidar el tema de su fallecida prometida.

—¿Cómo es que se llega aquí de todas formas? ¿Por el ultraespacio?

—Es una opción, en realidad cuando montas a Lunala o Solgaleo para explorar Ultraumbrales lo que haces es viajar por el multiverso, sin embargo pocos de esos pokémon legendarios son capaces de estar mucho tiempo en este lugar.

La agencia tenía la capacidad de abrir portales no solo al cualquier universo que quisieran, sino también al mismo multiverso y al Multihub, usando en esencia el mismo poder de los pokémon legendarios.

Antes de hacer más preguntas, el Multihub finalmente fue visible. Una enorme torre, parcialmente destruida, se alzaba ante ellas. El camino hacia la torre se encontraba repleto de hierbas muertas y la poca luz que emanaban los universos apenas hacia visible el exterior.

Los ángeles habían construido el altar en un afán de huir de las órdenes de su dios, sin embargo, lentamente lo dejaron abandonado, a merced de los pocos ladrones que lograron llegar a ese lugar para robar hasta los cimientos de la torre. Sin embargo, a pesar de los robos, la estructura aún no colapsaba.

—Son seis pisos, se supone que en el último está el Difusor, pero ya lo hemos explorado por completo y no hemos encontrado nada.

—Dejar el premio gordo en el último piso sería muy obvio, ¿no te parece? Estos ángeles no serían muy listos si lo hicieran.

Blue sonrió ligeramente al recordar que ella dijo lo mismo cuando la enviaron por primera vez, sin embargo, estaba segura de que aquella búsqueda volvería a ser infructífera.

El primero piso no era muy diferente a una cocina tradicional, solo que completamente destruida y con un gran hueco donde antes había una pared. Clamsy buscó minuciosamente por todos los rincones, pero solo logró encontrar cerámica destruida, polvo y sangre seca en algunos muebles.

—Para ser ángeles, tenían una vida bastante humana.

—Si mal no recuerdo, había registros que la última ángel tenía una hija humana que cuidaba en este sitio.

—¿Los ángeles tienen hijos? Eso no me suena a la definición de ángel que tengo en la cabeza.

—Más que ángeles, eran humanos con poderes divinos, o algo así.

—Oye… para saber mejor donde puedan esconder el difusor deberíamos conocer más de sus hábitos. Cuéntame más de ellos, podríamos llegar a…

—¡Cuidado!

Dos figuras en forma de reptil atacaron a Clamsy por la espalda. La chica logró escapar de una, pero la otra logró encajarle las garras en el hombro. Blue tuvo que auxiliarle con su pistola para darle la oportunidad de alejarse un poco.

Las bestias de color carmesí rugieron y se abalanzaron contra ellas, por lo que Clamsy tuvo que hacer uso de sus espadas con su brazo sano. Aunque una no dio en el blanco, la otra logró incrustarse en la cabeza del reptil, matándole al instante. Blue se las arregló con la otra bestia, incapacitándole de ambas piernas.

Con la amenaza neutralizada, Blue se acercó a Clamsy y le hizo tomar una pastilla que le hizo regenerar su herida de inmediato. Cortesía del área médica.

—Así que a esto te referías con peligros: Grovyles asesinos.

—Hay más que eso, debemos tener cuidado.

Había todo tipo de peligros ahí, por lo que debían tener cuidado mientras avanzaba por los diferentes pisos. Con cautela, ambas subieron al segundo piso en el cual se encontraban varias habitaciones y dos figuras humanoides que investigaban el lugar en búsqueda de tesoros.

No tardaron demasiado en neutralizar las amenazas y continuar investigando. Mientas lo hacían, y sin bajar su guardia, Blue decidió contarle más sobre los ángeles a Clamsy.

—Provienen de un universo que hemos llamado "BH01". En ese lugar existieron humanos tan fuertes como pokémon legendarios, por lo que los pokémon se aliaron con los hijos de los titanes para derrocar a sus padres.

—¿Matar a tus padres para darle el poder a los pokémon? No suena un buen plan.

—Sus razones tenían. Eran cinco hermanos, pero los que lograron cruzar al multiverso que fueron tres; Crystal, el ángel de la creación, Gold, el ángel de la destrucción, y Yellow, el ángel de la vida.

—Wow, ¿me estás diciendo que los padres de mis amigos tienen versiones divinas?

—Infinitos universos, infinitas posibilidades.

Gold y Crystal fueron los responsables de crear el Multihub, habitaron en él hasta que un evento desconocido les hizo desaparecer, momento en el cual Yellow tomó posesión del lugar junto a su pequeña "hija".

—¿Acaso los ángeles no pueden reproducirse?

—Pueden, pero Yellow nunca pudo. No sabemos mucho de donde conoció a esa niña, solo sabemos que la crió hasta… que Diark la secuestró.

Diark, otra vez Diark. En la habitación se encontraba un pequeño collar cuya inscripción era "Spring". A menos que se refiriera a la estación, Spring era el nombre de la niña que secuestró Diark. Apretando con fuerza el medallón, Clamsy volteó a ver con enojo a Blue.

—Asesina millones de personas, secuestra universos, se mete con otros dioses y también secuestra menores, y ¿aun así ustedes son incapaces de hacer algo?

Blue no contestó, se limitó a girar su cabeza en silencio para subir al siguiente piso. Clamsy suspiró enojada, seguían siendo un grupo de inútiles a todos los niveles.

Los pisos siguientes se encontraban casi vacíos, solo algunos muebles rotos y pocos saqueadores a los que Clamsy y Blue pudieron neutralizar sin mayor dificultad. Con cada asalto la ex-campeona se volvía mejor peleadora con sus espadas.

Aunque ahora buscaban en silencio, Clamsy comenzó a analizar las historias de los ángeles, buscando alguna pista de donde podría estar aquel premio que tanto buscaban. No era su primer enigma, pero si era el más importante de toda su vida.

Ya en el penúltimo piso, una enorme pintura llamó la atención de Clamsy. Se trataba de los tres ángeles, sosteniendo una burbuja universal en un fondo blanco. Era bastante sorprendente que a estas alturas nadie se hubiese robado aquella pintura. Sin embargo, antes de poder tomarlo con su mano, Blue la detuvo.

—Si ves algo muy bueno sin ser saqueado, es por algo.

Al lanzar una roca, esta se desvaneció antes de golpear la pintura. Una extraña capa de gas invisible en constante movimiento rodeaba la pintura, manteniéndola fija e intocable para los demás.

—¿Por qué los ángeles tendrían algo así? ¿Será alguna pista?

—Es lo más seguro, pero hasta el momento no hemos logrado descifrar cuál sea —admitió Blue, cruzándose de brazos.

No había forma de dispersar el gas que rodeaba la pintura, este no era emitido de ningún lado, simplemente formaba un círculo perfecto alrededor de la pintura. Mientras Blue seguía investigando, Clamsy se quedó mirando un rato más.

La pista estaba ahí, pero no sabía cuál era en realidad. ¿Acaso había alguna forma de detener el gas? Si lo dispersara, ¿la caja estaría en la pintura? Intentó disipar el gas con diferentes formas de viento, pero nada le afectaba. Aquel arte era simplemente intocable.

Mientras observaba la pintura, pudo ver cómo un trozo de tela se movía entre unas rocas. Al acercarse y mover las rocas se encontró con una extraña capa café que parecía tener vida propia, moviéndose de un lado a otro como si intentase decirle algo.

—¿Acaso intentas hablarme? —preguntó, mientras pensaba que ya nada podría ser más raro.

Si esa cosa era inteligente, había una forma de averiguarlo. De niña, Clamsy aprendió que podía leer la mente, y esa misma tarde que descubrió su habilidad se dio cuenta que, aunque no podía entender la mente de los pokémon, si era capaz de percibir un extraño ruido de estática de sus cabezas. Esa misma estática pudo ser escuchada al intentar leer la mente de la extraña capa.

—Blue, no me lo vas a creer, esta capa…

Al voltear a hablar con Blue, finalmente pudo leer la mente de la agente. Pero, para su sorpresa, la única palabra que escuchaba era "mente". Asustada, Clamsy corrió hacia ella al sentir el peligro, pero estaba bien, mirándole con confusión.

—¿Apagaste tu chip que te hace inmune a mi lectura de mentes?

—Clamsy, ese chip no se puede apagar, ¿y qué hace esa capa levantada junto a ti?

Clamsy no respondió, solo giró su cabeza a donde provenía aquella lectura. Para su sorpresa, era el gas el que daba aquella lectura. Una capa mágica con vida propia era una cosa, pero que un simple gas tuviera conciencia era otro nivel.

Blue se quedó pensando por unos segundos hasta recordar un viejo informe de otro telépata. Se pueden encerrar pensamientos dentro de ciertos materiales, uno de ellos era el gas madre, gas que rodeaba la extraña pintura.

—Sí, un viejo amigo ya había dicho eso, pero de todas formas no sirve de mucho.

—Dijo "mente", ¿acaso se podrá mover el gas con la mente?

—Sé que puedes leer mentes, pero no puedes manipular objetos inanimados con ella, dudo que eso sirva.

—Tiene que tener alguna explicación —dijo, cruzándose de brazos—. Subamos al siguiente piso, seguro encontraremos otra pista.

—¿Y qué haremos con tu capa voladora?

—Bueno, supongo que podría ser útil —dijo Clamsy, girando—. ¿Quieres unirte a la búsqueda del difusor y salir de aquí, o esperar que algún ladrón te venda o algo peor?

—Nunca te dije que podías…

Fue muy tarde para objeciones cuando la capa se posó voluntariamente en los hombros de Clamsy, aceptando la oferta de la excampeona. Blue solo bufó con enojo y acompañó a Clamsy a la última sala: el techo.

Esta vez solo había un saqueador, uno muy diferente vestido con un esmoquin y husmeando en un extraño cofre. Aunque Blue y Clamsy se prepararon para pelear, al momento de mostrar su rostro, ambas se detuvieron.

—¡Señor Sun! —exclamó Clamsy, confundida.

—Oh, nadie me había dicho ese nombre en muchísimo tiempo.

—No, es un Sun diferente —admitió Blue—. ¿Qué haces aquí, Sunny?

Sunny se acercó a ambas e hizo una pequeña reverencia. Aunque Clamsy no sabía qué clase de Sun era este, Blue no dudó en apuntarle directamente, cosa que le hizo reír un poco.

—Oh, vamos señorita Blue, no le puede temer a un viejo amigo.

—Prófugo de la justicia querrás decir —dijo Blue de manera amenazante—. Dame una razón para no llamar a la agencia y capturarte.

—Porque podría escapar antes de que se abra el primer portal. Además, solo vengo a buscar algún buen artículo de conexión, no quiero problemas contigo y… tu amiga —de un salto Sunny se paró frente a Clamsy—. Señorita Clamsy, es un gusto, conocerla en persona. Me presento, soy Sun M. Sunny.

—¿Cómo sabes mi nombre? —preguntó Clamsy confundida.

—Me gusta conocer a mis potenciales clientes —una sonrisa extraña salió de su boca—. ¿Buscan algún artículo de colección? He encontrado algunos que les podrían interesar.

Blue y Sunny comenzaron a hablar mientras la cara de Clamsy comenzaba a descomponerse. No se acostumbraba ver rostros conocidos cada cierto tiempo, mucho menos el de su ex-suegro. Mientras la agente continuaba sus amenazas, Clamsy intentó leer la mente de Sun. Antes de poder escuchar algo, Sunny sonrió y le miró directamente.

—Oh, yo no te recomendaría hacer eso —su tono se volvió mucho más sombrío.

Clamsy no pudo evitar sorprenderse, no esperaba que Sunny le detectara tan rápido. De inmediato Blue le miró de manera recelosa.

—¡No leas su mente!

—¿Por qué no debería hacerlo?

—Porque descubrirías cosas que podrían enloquecerte, o tal vez servirte —Sun se acercó más a Clamsy—. Pero si quieres conocer más sobre mí y sobre Blue, hazlo.

Blue le advirtió que no lo hiciera, intentó dispararle directamente a Sunny, pero este logró teletransportarse antes de ser dañado. La curiosidad finalmente cedió y Clamsy entró en la mente de Sunny.

Los recuerdos de Sunny fueron lentamente abiertos. Un universo igual al suyo, con un Sunny que había conseguido su sueño de comprar la casa de su abuelo, una voz que comenzó a volverse más y más fuerte hasta opacar la mente de Clamsy.

Moon murió luego de un mal trato. Un terremoto partió la isla en dos. Un asteroide que no fue destruido. Un villano renacido. Héroes caídos. Sangre, mucha sangre. Una mujer salvadora. Un orden perdido. Una oportunidad. Abandono. Dolor, mucho dolor.

El dolor se podía sentir por dentro y por fuera, provocando que Clamsy se sujetara la cabeza y cayera al suelo, Blue le pidió que parara, pero no podía.

Una voz femenina seguía llamando. Un arma capaz de destruirlo todo. Una villana convertida en héroe. Niños muertos. Clamsy muerta. Una mujer llorando la muerte de su hija. Era Blue, Blue y Sunny escapaban de la destrucción.

—Tu… tu universo fue…

—¡Ya basta!

Enojada por la situación, Blue lanzó diferentes proyectiles en todas las direcciones, dándole finalmente a Sun con uno e inmovilizándole, dejando caer algunos objetos que había guardado.

El dolor fue desapareciendo y su mente se fue aclarando de poco en poco hasta ver cómo Blue lanzaba con fuerza a Sun al suelo. Al levantarse, pudo ver cómo uno de los ojos de Blue comenzaba a lagrimear.

—¿Tu hija murió?

—¡Eso no es de tu incumbencia! —gritó Blue, enojada— ¡Estamos perdiendo el tiempo, termina de analizar esto y larguémonos de aquí!

Clamsy no supo qué decir, solo se quedó en silencio y siguió buscando algún objeto que diese con la siguiente pista del rompecabezas. Sin embargo, su mente no dejaba de pensar en todo lo que vio, y en cómo Blue ocultaba su rostro y aprovechaba cualquier momento para patear a Sunny.

—Por eso te uniste a la agencia, ¿no?

No hubo respuesta.

—Tu universo fue destruido, deseabas ayudar a la gente, para que eso no volviera…

—No sigas —dijo Blue, deteniéndose de golpe—. Es más complicado de lo que crees.

—Así es, niña, que una dama destruya tu planeta tiene ciertas…

Antes de que Sunny siguiera hablando, la bota de Blue volvió a golpearle con fuerza. La agente no deseaba hablar de eso, no quería recordar aquel pasado.

—Mi madre solía ser muy reservada con sus problemas, pero…

—No actúes como si esto te importara —reclamó Blue con enojo.

—¿Disculpa?

—Sé muy bien que ni siquiera te interesa salvar a tu universo por el bien común, Clamsy, ya no creo en tus actos devotos. Deja de inmiscuirte en mi pasado.

Las lágrimas y el coraje de Blue causaron un pequeño vacío en Clamsy. La chica no supo cómo responder al ver el dolor en el rostro de Blue, un dolor que ya había visto anteriormente en la cara de su madre antes de que la perdiera. Tragando saliva, aceptó la petición de la agente y siguió buscando hasta que uno de los objetos que Sunny tenía en su bolsillo comenzó a agitarse.

La esfera de metal comenzó a moverse hasta romperse, liberando al pokémon legendario Mesprit.

—¿Fuiste tan miserable para intentar raptar a Mesprit? —preguntó Blue enojada.

—Negocios son negocios. Ahora vuelve a tu lugar pequeño…

Antes de terminar de hablar, Mesprit alzó a Sunny con su poder psíquico y lo arrojó contra una pared. El pokémon legendario no estaba muy contento con su encarcelamiento.

—Ya recuerdo, tú mencionaste que había uno por aquí.

—Fue cuidador de la hija del ángel de la vida, pero desde que fue raptada ha seguido en este lugar, esperándole. De todas formas, nunca nos ha ayudado.

Justo después de decir eso, Mesprit se alejó para volver a sobrevolar el techo de la torre. Blue tenía razón en algo, el pokémon no tenía alguna intención de ayudar a cualquier ser humano que llegara al Multihub, él solo deseaba volver a ver a su protegida.

Clamsy no tenía la capacidad de leer la mente de los pokémon, pero sí sentía el tipo de emociones que estos tenían en la cabeza. Venganza y odio fue lo que la mente de Mesprit emanaba. Era extraño que un pokémon legendario, en especial Mesprit, sintiera aquellas emociones tan negativas.

—¡Mesprit! —gritó Clamsy.

—Mesprit no nos ayudará, Clamsy.

Clamsy le ignoró y continuó llamando al pokémon legendario, sin éxito. Fue entonces que recordó una vieja anécdota.

—Estoy segura de que conociste a una versión de Diamond, ¿cierto?

Mesprit se detuvo, pero no miró a Clamsy.

—Diamond también es conocido mío, es el padre de un antiguo amigo —admitió con un tono decaído—. Diark también me arrebató a alguien que amo y está haciendo trizas mi universo, como seguramente lo hace con el tuyo. Sé que solo soy una simple humana, pero si nos ayudas, podremos fastidiar un poco a ese psicópata, que no se salga con la suya por una vez.

Aunque impresionada, Blue arqueó una ceja al escuchar cómo Clamsy intentaba llegar a un acuerdo con el pokémon. Como si realmente fuese a combatir a Diark y no a salvar su pellejo.

Mesprit decidió bajar y miró directamente a Clamsy.

—Sé que buscas hacerlos pagar, y estos ineptos no lo harán —apuntando a Blue—. Pero si me ayudas, podremos regresarle un poco del dolor que nos causó.

Mesprit se quedó pensando un poco más hasta finalmente asintió con la cabeza. Aunque Blue se encontraba muy molesta, el pensar que Mesprit les podía ayudar a conseguir el difusor le dio un poco de esperanza.

Para su sorpresa, Mesprit comenzó a bailar alrededor de Clamsy. La chica se extrañó bastante cuando del cuerpo de Mesprit comenzaron a saltar pequeñas chispas que se adhirieron a su cuerpo. Lentamente el cuerpo del legendario comenzaba a difuminarse mientras un aura salía del cuerpo de Clamsy y le hacía caer al suelo.

Cuando el proceso se completó, la cabeza de Clamsy comenzó a doler, su nariz sangró y su visión se nubló. Su mente comenzó a llenarse de todas las memorias de Mesprit, a la par que sentía como si alguien aplastara su cerebro. Blue intentó ayudarle, pero Clamsy solo gritaba y se sujetaba la cabeza con fuerza.

El dolor comenzó a desaparecer y su visión se fue recuperando de poco en poco. Cuando se levantó, sintió una voz que le hablaba.

—Cumplirás tu promesa.

—¿Qué dijiste? —preguntó Clamsy a Blue.

Blue quedó bastante confundida ante aquella pregunta. Fue entonces que Clamsy se dio cuenta que la voz venía de a dentro de ella. Incluso por un momento creyó que Mesprit le había causado esquizofrenia.

—Me he fusionado contigo para darte mis habilidades, de esta forma me aseguraré que tengas éxito en tu misión —dijo Mesprit dentro de su cabeza.

—Eres muy desconfiado —admitió Clamsy con una risa sarcástica—. Mesprit está dentro de mi cabeza.

—Oh, señorita Clamsy, créame que tener una voz dentro de su cabeza no es tan lindo como usted cree…

Alzando una mano, Clamsy logró levantar a Sunny y lanzarlo otra vez contra el piso. Algo que se sintió extrañamente satisfactorio para la entrenadora. Sin embargo, con el nuevo conocimiento del pokémon legendario, Clamsy sabía dónde encontrar el difusor.

—¿Acaso estás demente? —preguntó Blue preocupada.

—Tengo dos voces en mi cabeza, así que no lo descarto, pero confío en que este pokémon no se suicidará solo por capricho.

El escudo protector de la pintura era la clave, Mesprit así se lo reveló. Clamsy confiaba en su nuevo compañero, después de todo, sus mejoradas habilidades psíquicas le hicieron darse cuenta de que no había enloquecido.

Un desafió mental le esperaba dentro del escudo, por lo que decidió arriesgarse, a pesar de la preocupación de Blue. Sin perder demasiado el tiempo, Clamsy cruzó el escudo, desapareciendo.

[…]

Oscuridad fue lo que Clamsy encontró del otro lado. Un profundo y silencioso vacío que se extendía por la eternidad. Lo único que podía escuchar era sus propios pensamientos y las palabras de Mesprit.

—¿Dónde estamos?

—El desafío de los ángeles, no deberían tardar demasiado en…

Una pequeña luz apareció en el horizonte. Al acercarse, la luz se expandió lo suficiente para cegar temporalmente a Clamsy. Sin poder ver, la chica sintió cómo la temperatura comenzaba a disminuir a su alrededor y el suelo se cubría de nieve.

Al recuperar la visión, Clamsy se encontró en medio de la Ciudad Azafrán. Mientras terminaba de procesar cómo había llegado ahí, frente a ella aparecieron dos rostros familiares. Diamond y Crystal.

Clamsy intentó hablarles, pero estos no respondieron. Cuando la chica intentó acercarse más a ellos, estos se alejaron hasta que finalmente hablaron.

—Esto nunca te interesó —dijeron los dos al unísono.

Clamsy se quedó confundida hasta que el filo de una espada atravesó el pecho de Diamond. El hombre no gritó, solo cayó al suelo mientras que Crystal también era asesinada por aquella hoja. La chica se quedó en shock al ver quien les había eliminado.

Kugar, la chica que casi le había matado, la que mató a su equipo, la que empezó todo. Clamsy se quedó de piedra al ver esos mismos ojos otra vez. Le costaba respirar y mantener la concentración, a pesar de que Mesprit le decía que no era real, sino una ilusión. Verla otra vez solo hacía querer huir de ahí.

—¡Padres! —gritó alguien detrás de ella.

Al voltear pudo ver a Topaz, quien tenía una genuina cara de terror al ver la escena.

—¡Esto es tu culpa, maldita cobarde!

Topaz de inmediato corrió para enfrentar a Kugar. Clamsy intentó detenerlo, pero alguien le sujetó el brazo. Al voltear pudo ver su reflejo, una copia de ella, pero con el pelo más arreglado, su antigua capa de campeona y un pelo extremadamente rubio.

—Déjalo, no merece nuestra ayuda.

Topaz intentó atacar a Kugar, pero esta lo mandó de un golpe al suelo. Clamsy intentó correr para ayudarlo, pero su copia la tomó del cuello y la estrelló contra el suelo, para después lanzarla a un cristal de hielo.

—Él siempre fue alguien débil, merece ese destino y el de sus padres.

—N-no, él es mi amigo… —dijo con miedo.

—¿Cómo podría ser nuestro amigo alguien así? Sabemos que es solo una escoria —esbozó una retorcida sonrisa.

Mientras Topaz era molido a golpes por Kugar, Clamsy volvió a ser arrojada lejos por su copia. Mesprit le explicó que debería enfrentar a sus peores demonios en este mundo, pero jamás esperó que aquello fuera tan literal como enfrentarse a su versión malvada.

Pero no era malvada, las palabras de su copia eran cosas que ella había pensado en todos sus años.

—Esa excusa de entrenador jamás podrá llegar a nuestros estatus, ni siquiera merece nuestra misericordia.

Clamsy intentaba atacar a su copia, pero esta era inmune a todos los golpes y ataques psíquicos que le lanzara. Dañarle parecía imposible mientras su amigo estaba a punto de ser terminado.

—Nos dejaste —dijo Topaz escupiendo sangre—. Nos condenaste a la muerte.

—Porque ustedes se lo merecían —dijo la copia—. No son más que basura.

—¡Cállate!

Clamsy intentó dañar a su reflejo con sus espadas, pero esta no se vio afectada. Finalmente, Kugar dio la estocada final al perforar el abdomen de Topaz. Mientras la sangre comenzaba a emanar de su cuerpo, la copia de Clamsy la sujetó con fuerza.

—Obtuvo lo que merecía.

Ver la sangre de que alguna vez fue su mejor amigo le hizo entrar en suficiente cólera como para golpear a su versión en la cara, dañándole por primera vez. Pero en lugar de pelear, Clamsy se abalanzó contra Kugar y le lanzó sus dos espadas a la cara, haciéndola caer al suelo.

Sin perder tiempo, la chica sujetó a su amigo en hombros. A pesar de ser una ilusión, Clamsy podía sentir el calor que emanaba de la sangre de su amigo y sus quejidos.

—No, no, por favor no, yo no quería esto.

—Siempre lo quisiste —dijo Topaz escupiendo sangre.

—¡No, tú eres mi mejor amigo!

—¿Entonces por qué nos abandonaste?

—Yo… tenía miedo, no quería sufrir, por favor, por favor, perdóname, estoy aquí, puedo arreglarlo, puedo…

El cuerpo de Topaz se desvaneció junto al del Kugar. Sin embargo, la sangre no podía borrarse. Mientras lloraba, su copia se acercó a ella.

—Abandonarlo, sí, claro —dijo con tono pedante—. Él nos abandonó a nosotras, nos dejó sufrir y no tuvo ninguna consideración de nuestra situación. ¿Cómo podríamos ayudar? Solo somos simples humanas.

Esas palabras, las mismas palabras que ella dijo cuando habló con Blue. Entendió de inmediato la prueba que tenía enfrente. Esa copia representaba aquella faceta que tanto le recriminó Topaz. Esa pedantería, ese orgullo.

—No, te equivocas, yo no quiero que muera, tenía miedo, pero…

—Obtuvo lo que merecía, y lo sabes.

Con rabia, Clamsy derribó a su copia y comenzó a golpearle una y otra vez en la cara. Esta vez los golpes eran efectivos, el rostro de la copia parecía desquebrajarse como si fuera de cerámica hasta que finalmente se rompió.

Aquello provocó otra explosión luminosa que le volvió a cegar. Al recuperar la vista, pudo reconocer que había frente a ella.

Era el laboratorio de Lipsi, perfectamente ordenado y con una pared invisible que le impedía entrar. Lo único visible en aquella habitación era una cerradura, pero no había ninguna llave, solo otro fantasma de ella misma.

Su nueva copia tenía la capa desgarrada, su pelo despeinado y su piel blanca como la nieve. A diferencia de la otra copia, esta no deseaba pelear, solo se sentaba en posición fetal mientras miraba a otro lado, al vacío. Clamsy intentó llamar su atención, pero no funcionaba, su clon estaba en completo silencio.

Un ruido le devolvió la mirada a la habitación. Lipsi había entrado, pero su bata estaba desgarrada, su rostro se miraba preocupado y exaltado y parecía buscar algo con desesperación mientras una alarma se escuchaba de fondo.

—¡Lipsi! ¡Amor, soy yo!

Los gritos de Clamsy no afectaron a Lipsi, la cual revisaba papeles y movía muebles para bloquear su puerta.

—Nunca te importó lo que yo hacía, ¿verdad? Siempre estabas más interesada en tu propio bienestar que en el mío.

No hubo palabras, Clamsy se detuvo en seco al escuchar cómo la voz de su novia era mucho más triste de lo que alguna vez recordó. Su copia tampoco realizaba ningún movimiento, solamente sollozaba en silencio mientras hablaba con una voz muy débil.

—Es mi culpa.

El sonido de unas botas se escuchó de fondo acercándose cada vez más. Ese sonido lo reconoció al instante. Aeglis se acercaba a Lipsi para matarla. Clamsy golpeó con desesperación el muro invisible, pero este no cedía. Intentó abrir la cerradura a la fuerza con todo su poder psíquico, pero la puerta no cedía ni un centímetro.

—Siempre pensé que seríamos tú y yo contra el mundo, pero no fue así, me dejaste morir sola —dijo Lipsi mientras tomaba la base de una lámpara—. Mis logros nunca significaron nada para alguien tan egoísta como tú.

—¡No, claro que no era así, tú eras mi todo! —gritó Clamsy desde el otro lado.

—Fue nuestra culpa, nosotros la matamos —dijo la copia, mientras algo comenzaba a brillar frente a ella.

Clamsy pudo apreciar que la mano de su copia era una llave, la llave que abría la puerta donde estaba Lipsi. La chica intentó moverla, pero era demasiado pesada como para que se pudiese desplazar algunos metros.

—Debes convencerla de abrir el muro —dijo Mesprit.

—¿Cómo demonios lo haré? Ella no…

Su charla fue interrumpida cuando la lanza de Aeglis atravesó la puerta. No tenía mucho tiempo para hacerla entrar en razón.

—¡Por favor, abre la puerta, debemos salvarla!

—No, no podemos, la hemos matado —dijo de manera melancólica.

—Nunca te interesó preguntar sobre mi día, todo debía tratarse sobre ti, sobre tus logros, sobre tu sentir, no sobre el mío.

Los ruegos de Clamsy hacia su copia siguieron, pero estos no le hacían cambiar de opinión. Mesprit tuvo que decirle que aquellas copias reflejaban un factor de su personalidad que odiaba, algo lo cual sabía que debía cambiar, pero no estaba dispuesta a serlo.

Esta versión suya era la culpa, la culpa de haber dejado morir a su prometida. Estaba demasiado preocupada por su culpa como para poder ver que podría salvarla. Si deseaba su ayuda, debía mitigar su culpa.

¿Pero cómo? ¿Cómo erradicar una culpa qué aun sentía en ese momento? ¿Cómo convencerse asimismo de que no fue del todo su culpa? Debía encontrar la respuesta mientras los muebles eran lentamente destruidos por Aeglis.

—¡Por favor, ayúdame, Mesprit!

—Solo puedo decirte en qué consiste la prueba de los ángeles, si te digo como resolverla no conseguirás el Difusor.

—¡Te lo imploro, dímelo, no quiero volver a perderla, no sin…!

Fue entonces que recordó aquello que siempre quiso decirle desde el día que murió. Quería su perdón. Al decírselo a su copia, esta finalmente alzó la mirada.

—No, no serviría de nada. Fue mi culpa que ella muriera.

—¡Pero está ahí!

—No, yo la maté, no estuve con ella.

—Pero… —ignorando que Aeglis había entrado a la habitación, Clamsy cerró los ojos.

Si quería buscar el perdón de Lipsi, debía perdonarse a ella misma. Era el proceso más complicado: perdonarse. Perdonarse por no estar ahí con ella, perdonarse por no saber que ella estaría en peligro, perdonar el culparse de algo de lo que no sabía qué pasaría, de algo que no era su culpa.

Sí, era su culpa no haberle comprendido un poco más. Era su culpa el pelear constantemente en lugar de llegar a un punto medio y haber llegado a una solución mucho mejor. Pero debía perdonarse porque ella tampoco estaba en el mejor momento, ella también necesitaba un poco de cariño.

Estaba vulnerable por todo lo que había pasado en su vida. Verse en ese estado, en esa desesperación y culpa le hizo sentirse mal. La muerte de Lipsi le dolía, pero había algo que se estaba negando en aceptar. No era su culpa.

Al voltear a ver cómo Lipsi era finalmente asesinada por Aeglis, algo se volvió a romper dentro de ella. Aunque hubiese convencido a su copia de abrir la puerta y salvarle, nada cambiaría el hecho de que Lipsi seguiría muerta. Aunque le dolía por dentro, sabía que es lo que debía hacer.

—No fue tu culpa.

La copia finalmente le miró a los ojos.

—Nosotros la…

—Estamos dolidas, estábamos pasando por el peor momento en años —admitió Clamsy entre lágrimas—. Es difícil aceptarlo, lo sé, pero no podemos culparnos.

La copia miró el cuerpo de Lipsi y comenzó a llorar. Finalmente se levantó y se acercó a ella. Para Clamsy el acercarse al cadáver de su novia aún era complicado, pero sabía qué era lo que tenía que hacer. Debía mostrarse así misma lo que nunca nadie había mostrado. Compasión.

—Teníamos nuestros problemas, y nos aferramos a lo único que nos daba felicidad —Clamsy tocó el hombro de su copia y tragó saliva—. No es nuestra culpa.

—Pero, no estuvimos con ella, y ella…

—Ambas tuvimos nuestras fallas —Clamsy suspiró y se miró a sí misma—. Perdóname por no haberlo visto antes, por no tenerte piedad. No fue nuestra culpa.

Lentamente la ilusión se desvaneció, junto a toda la habitación. Clamsy se quedó en silencio, sujetándose los hombros mientras reflexionó sobre lo que había dicho. Nunca había contemplado aquella idea, que ella no era la culpable de que su prometida muriera.

—Me sentía vulnerable, solo quería estar con alguien que me hiciera feliz —dijo en sus pensamientos.

—¿Fueron las victorias lo que te hizo sentirte así? —preguntó Mesprit.

—Un cúmulo de cosas. La liga era estresante, mi propio ego me impedía ver más allá, y la muerte de mi madre aún era reciente. Lipsi era lo único que me hacía feliz, pero ella no estaba siempre ahí. No arreglamos las cosas.

Mesprit se quedó en silencio. A pesar de ahora ser parte de Clamsy, debía dejarla a ella reflexionar sobre todo lo que había ocurrido.

Su primera visión le hizo destruir su versión más odiosa, y la segunda le obligó a perdonarse a sí misma. Solo quedaba una prueba más. Una donde se miró en la playa de Isla Canela.

De inmediato buscó a su copia, pero no le encontró. Solo había una persona en todo el horizonte.

—Madre.

Blue volteó y una sonrisa cálida se formó en su rostro. Clamsy corrió sin dudarlo hasta abrazar a su madre, la cual le devolvió el abrazo y le dio un beso en la frente.

—¿Realmente eres tú? ¿Eres mamá?

—Sí, soy yo, Clam —dijo la mujer—. Has crecido mucho.

Las lágrimas de Clamsy comenzaron a brotar mientras sentía el calor que desprendía su madre. Se sentía muy real; los latidos de su corazón, su respiración, el tacto de su piel, todo era exactamente como ella lo recordaba. Clamsy se sintió como una niña una vez más.

Blue le pidió que se sentara un momento en la arena, como cuando Clamsy era una niña y se sentaban a ver el ocaso, juntas. El mar estaba en calma y la brisa marina meneaba con suavidad el cabello de ambas.

—¿Cómo te ha ido? ¿Has sido feliz?

Clamsy se quedó en silencio, no le gustaba admitir que no había alcanzado esa felicidad que su madre le dijo que buscara. Sin embargo, Blue movió ligeramente, mostrando unas cicatrices alrededor de su cuello.

—Parece que no te fue demasiado bien, ¿verdad?

—No, no mucho —Clamsy tragó saliva—. ¿Por qué nos dejaste mamá?

—Fue un poco más complicado de lo que crees. Tomaría mucho tiempo explicarlo.

—No pienso dejarte ir, tenemos tiempo.

Blue negó con la cabeza. En el horizonte pudieron verse abrir cuatro enormes grietas de diferentes colores; blanco, rojo, café y negro. Al verlas Clamsy intentó levantarse, pero su madre le detuvo.

—No tienes que preocuparte por mí, Clamsy.

El cielo, el mar y la tierra comenzaron a distorsionarse, pero un domo de energía mantenía a Clamsy y Blue alejadas de toda la distorsión. En medio del silencio, Blue volvió a hablar.

—¿Aprendiste algo en todo tu tiempo como campeona?

—Solo que el ego te hace la vida aburrida —admitió con un suspiro—. Madre, no alcancé la felicidad, lo intenté, pero…

—¿Intentaste ser feliz? ¿O intentaste huir del dolor?

Clamsy se quedó en silencio ante aquella interrogante. Luego de unos segundos, Blue volvió a preguntar.

—¿Por qué quieres salvar nuestro universo? ¿Buscas salvarlo por su bien, o quieres simplemente vengarte?

—¿Cuál sería la diferencia?

—Que podrías hacer más —con la misma sonrisa Blue le miró directamente—. Si te desconectas de la realidad, si te aíslas del dolor, ¿qué más le queda a los demás?

Clamsy no pudo evitar sorprenderse y enojarse un poco.

—¿Quieres que yo combata a Diark? Solo soy una humana, no soy una diosa.

—Y aun así has llegado más lejos que cualquiera, ¿no? Incluso te fusionaste con un pokémon.

—La agencia tiene un montón de recursos y ni siquiera ellos quieren hacer algo. ¿Por qué debería ser yo?

¿Por qué ella? ¿Por qué ella debía cargar con esa responsabilidad? Sí, había aceptado ayudar a Mesprit, pero de eso a ser la responsable de pelear directamente contra Diark era algo completamente diferente.

—Hay algunas cosas que no escogemos, pero que debemos hacer.

—¿Pero yo por qué? Solo soy una chica común y corriente. No puedo ser yo, no debo ser yo.

—Eso no es lo que yo te enseñé, ¿o sí? Eres valiente, sabes que debes ayudar cuando se te necesita, sin importar el costo, ¿no?

Un quinto portal se abrió, uno mucho más grande y del cual emanaron cientos de lamentos. Luego de un tiempo, una figura humanoide salió del portal.

—Debes hacerlo, Clam.

—¡No, no es mi responsabilidad! —gritó Clamsy—. ¿Por qué debo hacerme cargo de algo que nadie más quiere? ¿Por qué debo aceptar este destino? ¿Por qué no puedo tener una vida normal y pacifica?

—Porque nunca fue tu estilo mirar a otro lado —Blue se acercó a ella—. Sé que puedes hacerlo, amor, sé que quieres ayudar.

Los lamentos comenzaron a incrementar mientras la figura humanoide se acercaba. Mesprit le dijo que debía atacarla, pero Clamsy no quería hacerlo. No quería aceptar ese destino y dejar por última vez a su madre. La abrazó con fuerza para no despedirse de ella, pero Blue no decía nada.

Fue entonces que pudo sentir escuchar voces dentro de ella. Diferentes voces, diferentes personas, una sola idea. No deseaban hacer nada contra Diark, miles de quejas una detrás de la otra y negando hacer algo, que no les importaba la muerte de miles con tan de no hacer nada.

Clamsy no lo entendía hasta que escuchó su propia voz luego de escuchar la voz de Lack-Two al negarse a combatir a Diark. Lo entendió, si renegaba de su destino, si no aceptaba separarse de su madre, ella seguiría ser parte del problema. Aquello le hizo apretar el puño con odio. Odiaba sentir esa responsabilidad, y odiaba el aceptar que no podía ser igual de apática que los demás.

Fue en ese momento que Blue le volvió a dar otro abrazo y le susurró al odio.

—No nos hacemos de la vista gorda, somos mejores que eso —Blue sonrió y le dio un beso en la frente—. Te amo, siempre serás mi niña, y confió en ti.

Ese odio de no poder simplemente voltear la cabeza le hizo salir corriendo para atacar a la figura humanoide, aún con lágrimas en los ojos. Rompió el domo que los protegía y encajó sus espadas en la figura humanoide, provocando una enorme explosión.

[…]

Cinco minutos después de que Clamsy se fue, Sunny logró deshacerse de sus ataduras y huyó a otro universo. Blue no se percató de su escape al vigilar la pintura por donde Clamsy entró.

Luego de alertar a la agencia, Clamsy salió disparada del gas del agua madre. Blue le ayudó a levantarse mientras la chica se calmaba y asimilaba lo que había ocurrido.

—¿Qué ocurrió? —preguntó Blue algo asustada.

—Ma… Blue, eres tú —Clamsy suspiró—. Lo logré.

Blue estaba confundida. Le preguntó dónde estaba el difusor, pero no respondió. En su lugar, Clamsy se levantó y se acercó directamente al aire madre y metió su mano dentro de este.

El gas se agitó y comenzó a emitir ruidos de viento hasta que todo el gas se concentró en la mano de Clamsy, formando una esfera. Clamsy cerró los ojos hasta que el gas comenzó a tomar una forma sólida. El difusor universal fue creado.

Un artefacto en forma de esfera, con un gran cristal azul en su centro, un hueco por debajo y un botón. Blue no pudo evitar sorprenderse al ver aquello.

—¿Cómo fue que…?

—Los ángeles me lo mostraron —admitió con enojo—. No soy más que la única que debe lidiar con esto. Pero necesitamos cargarla con agua madre.

Ambas avanzaron hacia la costa. Usando sus poderes psíquicos, Clamsy hizo descender la esfera hasta el agua, haciendo que esta se llenara por completo. Al hacerlo emitió una gran luz que les cegó por un instante. Al alzarla de nuevo, la gema del difusor era de un color verde brillante.

—¿Te dijeron cómo funcionaba? —preguntó Blue.

—Debes cargarla con una energía capaz de modificar el tiempo y el espacio —admitió Clamsy.

Era increíble. El difusor universal, aquello que la agencia había buscado por tantos años finalmente estaba frente a ella. La clave para combatir a Diark.

Blue intentó avisar a la agencia, pero la capa de Clamsy la sujetó directamente.

—¿Qué rayos haces?

—Mi universo no puede esperar a que lo analicen —dijo Clamsy.

—¿Cómo pudiste saber que…?

No hubo respuestas, pues Clamsy solo le quitó algunos aparatos que necesitaría para salvar su universo. Blue solo pudo ver como ella usaba una esfera para teletransportarse a su universo, dejándole en el suelo.