Chapter IV

Nota: Estaba usando poción y hechizo como sinónimos, pero ya lo corregí porque no son lo mismo.

I

Hermione pasó mucho tiempo de sus vacaciones pensando en el hilo que ahora la unía con su profesor y llegó a la conclusión de que debía encontrar una forma de anular la poción. El profesor Snape la odiaba con ganas y no quería tener esa especie de vínculo con alguien capaz de mandarle una mirada asesina como la que él siempre tenía preparada para ella.

Pero bueno, que comparado con que Harry tenía que participar en el torneo de los tres magos, lo suyo era un insignificante problemita. Pensó varias veces en pedirle ayuda a algún profesor, pero le daba mucha pena tener que explicar la razón por la cuál era necesario remover el hechizo. Probablemente no les iba a parecer tan gracioso como a Ginny.

Lo que sí era gracioso era ver a Harry y a Ron desesperados por encontrar pareja para el baile de Navidad.

─Esto es una locura. A este paso vamos a ser los únicos sin pareja ─se quejaba Ron.

Hermione rió incluso antes de que el Profesor Snape lo golpeara en la cabeza.

─Hermione, tú eres una chica. Ven con alguno de nosotros ─le dijo Ron.

Obviamente estaba ofendida, pero resultaba muy gracioso que el Profesor Snape le hubiera vuelto a pegar en ese preciso instante. Después de todo, Ron la estaba invitando al baile justo frente a su alma gemela. Ah, la ironía de la situación. Se preguntó si el Profesor Snape iría al baile y si llevaría alguien. ¿Acaso sabía bailar? La verdad es que, si lo pensaba detalladamente, sabía muy pocas cosas sobre el maestro en pociones.

Irritada por la actitud de Ron, pero incluso aún más por su incapacidad para dejar de pensar la situación con su profesor, decidió disfrutar de lo lindo el baile de Navidad al lado de Viktor Krum. ¡Por Merlín que era guapo! Si su hilo estuviera conectado a él no le molestaría en lo absoluto. Al menos hasta que Krum pareció decidir que no quería dejar su lado y la seguía como perrito faldero a todas partes. Quizá tampoco estaría tan feliz después de todo.

Que ella fuera la persona que Víctor tenía que rescatar en la segunda prueba le daba algo de pena. Una cosa era ir al baile con él, pero que ya te considerara la persona más importante presente era otra. Si le hubieran pedido su opinión se hubiera negado, pero sencillamente se limitaron a informarle de su participación en esa prueba. No pudo evitar mandar una mirada al profesor que estaba escuchando todo desde la esquina del salón donde se habían reunido. Fue rápido, pero le pareció que él también la miró.

La tercera prueba estaba a la vuelta de la esquina y ella tenía que estar ahí para apoyar a Harry, por lo que no podía darse el lujo de distraerse con pequeñeces como su alma gemela así que se dedicó de lleno a deshacer el lazo.

Intentó varias veces prenderle fuego, cortarlo y hasta morderlo en un ataque de ira. Después de no conseguir nada entendió el por qué: el lazo era más como una manifestación de la unión que existía entre sus almas, pero no era algo tangible y por eso no se podía deshacer. "Pues lo hacemos tangible y resolvemos el problema" pensó orgullosa de sí misma al haber encontrado la aparente solución.

Hacer tangible algo que no lo era, resultó ser más difícil de lo que esperaba, pero consiguió hacer que el profesor de encantamientos le ayudara sin tener que contarle exactamente qué es lo que quería hacer. Pero le quedaba poco tiempo: mañana por la tarde sería la tercera prueba.

Por la noche cuando terminó sus experimentos estaba satisfecha. Aún no podía cortar, trozar o romper el hilo. Llevaba rato intentándolo, pero al menos podía sujetarlo, aunque esto no parecía afectar las propiedades iniciales de todo el hilo: seguía atravesando todo lo demás, excepto sus manos. Justo cuando había decidido que era tarde y tenía que dormir, el hilo tiró fuertemente de ella logrando que perdiera el equilibrio y cayera de la cama. Aturdida miró el hilo con miedo. "Quizá algunas partes son tangibles y alguien se ha tropezado con él".

Claro que, a la mañana siguiente cuando el profesor Snape la estaba esperando fuera de la sala común de Gryffindor, tuvo una idea de qué fue lo que la tiró de la cama la noche anterior. Jamás había visto una expresión de felicidad en la cara del profesor, pero después de ver la expresión de enojo que tenía en esos momentos, supo que en el día a día no estaba enojado; ahora sí y mucho. Tuvo un impulso suicida de correr cuando con terror observó cómo el mayor tomaba con su mano izquierda el hilo y le daba un tirón. Hermione no pudo hacer nada más que seguirlo a trompicones hacia las mazmorras.

"Pero tenías que hacerle caso a Ginny, ¿verdad?"

II

El nuevo año escolar pintaba para bien durante los primeros cinco minutos. Antes de que se anunciara que Hogwarts sería la sede del torneo de los tres suicidas. No necesitaba ser un vidente para saber que de alguna forma esto iba a terminar mal y nuevamente no se equivocó: Potter se las arregló para ser elegido el cuarto concursante.

Sabía perfectamente que el chico no había puesto su nombre en el cáliz, lo que no sabía era quién lo había hecho y por qué. Claramente alguien, además de él, fantaseaba con matar a Potter. La diferencia era que lo suyo se quedaba estrictamente en fantasías. Lilly no estaría muy orgullosa de él si supiera la cantidad de veces que había planeado lanzarle un maleficio a su hijo. Pero Severus Snape sabía cómo controlarse, así que hasta el momento se había contenido.

Había un sinfín de cosas mejores en las que podía emplear su tiempo, pero dada la situación, ahora tenía que asegurarse de que Potter saliera con vida del torneo. Al menos este año tenía el apoyo del ex-auror Alastor Moody así que las cosas quizás no saldrían tan mal.

La verdad es que durante la primera prueba ya le parecía que Potter estaba muerto, pero gracias a su heredada habilidad para volar había logrado pasar la prueba. Podría ser que en algo ayudara el apoyo que Granger le estaba dando. Había estado leyendo las idioteces que la tal Rita Skeeter andaba publicando por ahí: El noviazgo de Granger y Potter y como aparentemente ella lo había dejado por Victor Krum. Si algo tenía él qué decir sobre los amantes de la leona era que tenía un muy mal gusto. Todavía recordaba como la niña veía embobada al inútil de Gilderoy. Aunque en su defensa TODAS parecían embobadas con ese inútil.

Ahora estaba aburrido esperando el baile de navidad.

Severus se levantó de su asiento para dar la bienvenida a los maravillosos campeones del torneo de suicidas. Nunca había entendido esa necesidad de morir intentando lograr un renombre, era sencillamente una idiotez. Por algo no le sorprendía que Potter estuviera entre esos cuatro idiotas. Lo que sí le sorprendió fue que Granger entrara con ellos.

Independientemente del hilo que colgaba de su mano, era casi imposible ignorarla esa noche. No solo se había presentado al baile con el protegido de su excompañero mortífago, si no que aparte se veía relativamente bien. Su melena que normalmente caía descuidada había sido recogida en un elegante chongo y su cabello parecía menos rebelde. Su vestido además era bonito, un cambio interesante a su ropa descuidada de todos los días. No es que le interesara mucho, pero parecía saber bailar. Potter, por otro lado, tenía dos pies izquierdos.

Dado que nada interesante sucedía decidió retirarse a sus aposentos. En el camino se encontró con Granger gritando, algo que no era novedad, a Weasley y Potter. Era bastante sencillo imaginarse el tema en discusión: cualquier persona, con más de una neurona funcional, se daría cuenta de que Weasley estaba enamorado de la chica. Que él mismo no lo notara ya decía mucho de su inteligencia. Si fuera más expresivo quizá hubiera reído: seguramente al pelirojo no le haría gracia el hilo que lo unía con Granger. Ahora la niña estaba llorando. Por alguna razón esto le molestó; solo demostraba su falta de madurez emocional.

Después llegó la segunda prueba y tenía que admitir que no estaba precisamente maravillado de que Victor Krum considerara a Granger como su persona más importante. Sabía perfectamente que ninguno de los que entraran a la prueba estaban realmente en peligro, pero Krum era el protegido de Karkarov y no confiaba mucho en él, aunque eso lo convirtiera en un hipócrita ya que compartían el mismo pasado.

Sintió una mirada en el cuarto y por una fracción de segundo se encontró con los ojos cafés de la Gryffindor. Lo miraban con algo de preocupación, pero le desvió la mirada inmediatamente y se enfocó en escuchar a Dumbledore dar las instrucciones de cómo procederían a ponerles un hechizo de estasis mientras estaban en el lago y que en menos de lo que pensaban volverían a estar en tierra sanos y salvos. Cruzó sus manos detrás de sí mismo flexionó sus manos para evitar volver a verla ¿Por qué no le quitaba la mirada de encima?

Al final del día la segunda prueba terminó con Potter en segundo lugar gracias a su increíble suerte. En serio, ese niño tenía que tomar una poción de Felix Felicis todos los días para lograr salirse con la suya. Ahora solo tenía que esperar que esa suerte le sirviera para la tercera prueba.

III

Estaba sentado frente a su escritorio calificando la última tarea de los de quinto año cuando, sin previo aviso, sintió un tirón en su dedo meñique. Por un momento pensó que quizá fuera sencillamente un reflejo de su mano cansada de mantener la misma posición. Observó con disgusto la raya sobre el reporte de su alumno. De todas formas era un terrible reporte. Dejó su pluma y los pergaminos sobre la mesa. Mañana temprano retomaría la tediosa tarea pero hoy necesitaba descansar.

Hace mucho tiempo que dormir no le resultaba un problema, pero en estos momentos era todo un reto. Se dio cuenta de que el accidente anterior no había sido tal cosa. A cada rato podía sentir los tirones que el hilo ejercía sobre su mano. Harto de la situación, tomó furioso con su mano izquierda el hilo, cosa que jamás había sido capaz de hacer, y tiró del él. Triunfante al ver que los incesantes tirones se habían detenido, por fin pudo dormir.

A la mañana siguiente, su primera visita del día fue para Dumbledore.

─Necesito nuevamente los libros de pociones de almas ─declaró el profesor.

Albus Dumbledore le miraba intrigado. ─Por supuesto Severus, pero ¿podría saber para qué?

─Granger definitivamente hizo la poción de almas ─el tono de voz de Snape ahora sí denotaba lo realmente enojado que estaba en esos momentos.

─¿Te ha comentado algo al respecto? ─la verdad es que Albus no estaba sorprendido. Es más, ya sospechaba de eso.

─No hay necesidad. ─mientras decía esto su brazo derecho se movió involuntariamente hacia atrás de él varias veces, guiado por su dedo meñique─. En realidad, se las arregló para empeorarlo.

─Oh. ─eso sí sorprendía al Director. La manipulación del lazo de almas era algo de lo que no estaba enterado. ─Tendrás que hablar con ella Severus, no puedes ignorarlo más.

Severus Snape no era idiota. Era obvio que si seguía ignorando el asunto la maga se las apañaría para hacer más daño a la ya de por sí complicada situación. Así que decidió enfrentarla cuanto antes.

La cara de pánico de la Gryffindor cuando lo vio jalando el hilo, definitivamente era algo que no iba a olvidar fácilmente; aparte se lo tenía merecido por andar jugando con su alma.