Disclaimer: Naruto no me pertenece.
Aclaraciones: Universo Alternativo. Y raro. Podría decirse que se sitúa en la época antigua. Inicio de los ninjas o samurái. Pero siendo híbridos. Los Uchiha son lobos. Los Hyuga conejo. Los Uzumaki zorros.
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Capítulo 3
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Hinata no quería que el pasillo se terminara ni tampoco continuar caminando. Iba a morir, la devorarían en cuanto llegara al comedor. Es lo que el niño ayer le dijo. Los lobos mayores la vieron como comida, incluso mencionaron en voz alta cómo la cocinarían para darle la consistencia que a ellos les gustaba.
Miró por encima del hombro, la salida estaba demasiado lejos como para salir huyendo. Y en caso de lograrlo no sabría cómo responder a las preguntas de su madre cuando ésta le cuestionara por qué había regresado a sola. Quería pensar que fuera de la residencia Ko y Tomura aguardaban pero no deseaba que ellos se metieran en problemas.
Las relaciones entre clanes eran de suma importancia. A pesar de su corta edad ella ya sabía eso. Como futura heredera de su clan, la mujer que en el futuro guiaría a toda su familia por la senda correcta —tal como su progenitor y antecesores lo hicieron— y el yugo que mantendría a flote la generaciones venideras. No podía darse la vuelta y ocasionar una escena solo porque le temblaba todo el cuerpo a causa del miedo. Pero no podía evitarlo. No le gustaban los lobos.
Y aunque el contacto con la matriarca Uchiha no era violento, Hinata no estaba acostumbrada a tanta gente nueva en un mismo espacio, en especial depredadores. Su raza era la presa de la mayoría de los carnívoros dentro del valle. El pacto de armonía seguía latente, nadie podía devorar a miembros de otros clanes sin esperar un castigo pero los Uchiha eran fuertes, casi invencibles.
A su padre no le agradaban, como la mayoría de los carnívoros. La cercanía que mantenía con los demás clanes era nula. Solo podía mostrarse ante ellos en ceremonias a las cuales debía asistir por pura obligación.
Como la heredera era parte de sus inmensas obligaciones, así como su entrenamiento en su técnica secreta. E intuía que esta visita era parte de ello, aunque su padre no se vio igual de contento que su madre.
El temblor en el cuerpo de Hinata era obvio para Mikoto quien le veía con ternura. Pobrecilla, debía estar nerviosa. No le culpaba por reaccionar de ese modo, ella tampoco imaginó que a su hogar llegaría un herbívoro. Conocía a su gente, los Uchiha tenían un temperamento especial, sobre todo con gente externa. Era complicado que muchos aceptaran el comportamiento de su familia a la primera; se debía tener mucha paciencia para lidiar con Uchihas pero la intuición de Mikoto le decía que Hinata tenía aquella cualidad.
—Es lindo el kimono que estás usando, Hinata-san. Los colores te favorecen.
Ante el cumplido Hinata alzó un poco la vista hacia el rostro de la mujer. Tenía miedo pero no podía permitirse ser una grosera en una casa anfitriona, sería de pésimo gusto.
—G-Gracias —respondió bajito, esforzándose para que su voz fuera clara—. M-Mi madre lo escogió.
—Definitivamente tiene buen gusto.
—M-Madre es buena con todas las cosas.
—Puedo imaginarlo. Basta con verte para saber que le dedica todo su amor a todo aquello que le importa.
Hinata asintió, bajando la cabeza rápidamente para que la matriarca no notara que sus gentiles palabras la habían sonrojado. Mostrarse débil contra un depredador era una pésima idea.
Mikoto detuvo la caminata y observó la puerta en frente de ella, dándose tiempo para respirar hondo. Sabía lo que había al otro lado, unos hombres orgullosos y con el ego subido a los cielos. Eran crueles y no dudaba que pudieran hacer sentir mal a Hinata, a pesar de que ella lo evitaría a toda costa. Hinata era su responsabilidad mientras ésta les visitara. Quería hacer bien las cosas y no generar un conflicto en el valle.
No tenía preocupación alguna por Itachi, Obito ni Shisui, sabía que se comportarían bien y no harían nada para incomodar a Hinata. Pero con los demás era incierto. Aunque les haya indicado con anticipación la manera correcta de comportarse con la pequeña conejo en casa, no dudaba que esos tercos hicieran de las suyas. Incluso Madara. Podía ser el líder del clan, el lobo Alfa, pero solía comportarse infantilmente cuando el orgullo se le subía a la cabeza.
Y Sasuke. Ese niño era como una esponja y absorbía cada estupidez que su padre y tíos decían con respecto al prestigio del apellido Uchiha. Eran tan arisco y poco amigable con las especies que no fueran de su clan. Eso debía cambiar.
No quería que su hijo terminara solo. Necesitaba amigos, Itachi no estaría a su lado siempre, en algún momento su hijo mayor haría su vida. No podía ser siempre el hermano mayor de Sasuke ni su única compañía.
Por todos los dioses, el clan Uchiha no era perfecto. Podrían presumir cuán aguerridos eran en el campo de batalla, el cómo lograran sorprender el enemigo y salir victoriosos de cada encuentro en el que cualquiera hubiera perecido, pero ninguno de ellos era capaz de cultivar sus propios vegetales, dedicarse a la herbolaria y crear nuevas curas para los malestares, ser gentiles con los animes y criarlos con responsabilidad.
Durante la época de guerra que oscureció al valle la habilidad de los Uchiha fue necesaria para defender el territorio. Se les halagó durante años por su valentía y coraje. Los primeros al frente, sin retroceder. Pero ahora dichas destrezas eran obsoletas para los tiempos en que vivían.
El respeto de los demás clanes debía ser genuino, no a causa del miedo que se causaba. Y eso ninguno de los hombres al otro lado de la puerta lo entendían. Ni su esposa o Madara tenían prisa por corregir aquellas enseñanzas, sobre todo a los más jóvenes del clan.
Mikoto no se quedaría con los brazos cruzados. Intervendría. Era la matriarca del clan Uchiha y su voz tenía autoridad.
E iniciaría hoy.
—Escucha, Hinata-san.
Ella dejó de observar el piso perfectamente lustrado para elevar el rostro y observar las facciones bonitas de Mikoto quien, mirándola de cerca, le sonrió con dulzura. Casi como su madre.
—Sé que estás asustada —confesó y antes de que la pequeña entrara en pánico, Mikoto se encargó de aclarar—. Y es normal, no te culpo. Somos lobos y nunca hemos sido los buenos de los cuentos. Pero te puedo asegurar que, mientras estés bajo mi tutela, nada malo te pasará. Te doy mi palabra. Mis intenciones son buenas, eso puedo asegurártelo. Y aunque mi familia sea complicada, nunca te lastimarán.
Hinata y todo su clan tenían razones por las cuales desconfiar.
Siglos atrás sus familias se vieron envueltas en sangrientas batallas y más de una historia de rivalidad y odio. No era sencillo borrar aquel historial de desprecio. Pero lo que dijo era sincero y ella nunca le mentiría a una niña.
—Uhm —después de un silencio por parte de la menor, Hinata asintió finalmente a lo dicho por la Uchiha mayor, respirando con suavidad y encarando la puerta—. L-Le creo, Mikoto-san.
—Gracias, Hinata-san. Valoro mucho que me creas.
Ganarse la confianza de la niña era esencial para Mikoto. Los Hyuga eran expertos en conocer el alma de las personas. Según las leyendas, sus ojos puros fueron bendecidos por la Diosa Conejo quien les regaló tal obsequio con la finalidad de salvar a aquellos que vagaban en la mentira. En el mundo lleno de oscuridad que su esposo, el Dios Cuervo, creó.
Hitomi Hyuga decidió tener fe en su causa y perdonarle del atrevimiento de Sasuke. Si no fuera por la intervención de la Hyuga menor, Mikoto podía asegurar que su hijo y clan hubieran sufrido las consecuencias.
No iba a ser desagradecida con el acto de bondad de parte de Hitomi.
—De acuerdo, entremos.
Mikoto se encargó de presentarla con tanto entusiasmo que Hinata no supo a dónde mirar. El ambiente en la sala se sintió pesado, como miles de rocas ubicarse en un brusco movimiento en la espalda, sin tener la fortaleza de elevar el mentón y observar los dueños del duro mirar que podía presentir.
Se acercó más a la Uchiha mayor en un intento por escudarse, y aunque se sintió segura de que nada malo le sucedería estando cerca de la mujer, Hinata tembló cuando escuchó un golpe fuerte sobre el piso que sus propios pies percibieron.
El suspiro cansado de Mikoto no se hizo esperar.
—Izuna-kun —observó al Uchiha menor quien había golpeado el piso con su cola, un movimiento que detonaba su actual molesta. Del trío de hermanos Izuna era quien parecía haberse quedado en una rebeldía eterna. Solo Madara podía apaciguarlo—, golpear el piso de esa manera con tu cola dejará marca. Y no creo que estés dispuesto a remediarlo —la sonrisita de Mikoto hizo aparición—. Eres muy incompetente con las tareas del hogar.
—¡¿Qué dijiste, mujer…?!
—Izuna —la voz autoritativa de Fugaku sonó de inmediato. Podía tolerar casi todo menos que le gritaran a su mujer, especialmente en su presencia—. Recuerda que es a mi esposa y la matriarca Uchiha a la que le estás alzando la voz. Cuida tus modales —gruñó con un leve brillo carmesí en sus ojos que hizo al menor de los Uchiha bufar, más no replicó después.
Hinata apretó la tela del kimono de Mikoto, asustada. ¿Ese era la manera en que los lobos convivían? ¿Gritándose? En casa todos se hablaban con respeto, nadie replicaba ni gritaba. Todos sabían lo que se tenía que hacer. Tenían una hora en la que todos convivían. Los hombres entrenaban en el dojo, los más ancianos supervisaban a los jóvenes y entre todos se ayudaban a corregir los movimientos mal empleados de su técnica de lucha; no se ejercitaban con el fin de luchar, sino para mantener en equilibrio el cuerpo donde su alma residía. Era una enseñanza que venían repitiendo desde generaciones pasadas. Hasta su madre participaba, enseñándole todo lo que ella sabía y aquel conocimiento que su abuela y bisabuela le heredaron.
El silencio alrededor se hizo incómodo que Hinata vio a sus alrededores, creyendo que era seguro hacerlo solo para toparse con un par de abismos oscuros. Tragó ruidosamente al reconocer el rostro de a quien se encontró el día de ayer cuando intentaba decirle al niño lobo que quería regresar a casa y que no quería ser la comida de ese día. Por el largo del cabello dedujó que se trataría del líder del clan, además de su vestimenta. Tenía un parecido similar al de su propio padre, salvo que éste gustaba usar colores claros, guardando los oscuros para eventos ceremoniales. En cambio el lobo mayor los usaba con una comodidad envidiable, haciendo juego con el color de piel y aquel larguísimo cabello tono azabache.
Parecía ser que el color negro era el distintivo de los Uchiha.
—¡Pero qué linda!
No supo en qué momento se vio alzada de brazos. Aquello le trajo un dejavu y de inmediato se quedó tiesa. Su padre siempre le decía que podía usar los movimientos que empleaba en sus entrenamientos para librarse de un cazador pero era demasiado cobarde y pequeña para lograrlo. Observó con total absorto otra cara con facciones semejantes a las de todos los lobos, salvo que el hombre de apariencia joven quien la cargaba —como si fuera una muñeca— llevaba un parche en el ojo izquierdo y su sonrisa parecía ser genuina.
—Obito —gruñó Madara, viendo cómo aquel mocoso parecía quedar embobado con la apariencia de esa chiquilla—, bájala, eres demasiado bruto para tratar con cosas delicadas…
—Sí, Obito, no vayas a romperla y hacer que los Hyuga no declaren la guerra —ese fue Izuna.
—Es una niña, no un objeto.
—Si la hieres, asumirás toda la responsabilidad.
—No voy a lastimarla, ¿quién crees que soy, viejo?
—Un idiota, eso es lo que creo, ahora bájala…
—Pero es tan linda. Los conejos nunca dejan que esté cerca de ellos. Oh, y miren esas orejitas, son tan tiernas… ¿Eh…?
Hinata apretó los labios todo lo que podía, queriendo ser fuerte y que de sus ojos ninguna lágrima saliera pero tenía miedo. Pudo notar los colmillos, eran grandes y afilados, con facilidad podrían atravesar su piel. Estaba al alcance del hombre, en cualquier momento podría engullirla y ella no sabría cómo defenderse.
Llorar en frente de las personas no le gustaba porque siempre le llamaban débil y cobarde. Ya era suficiente ser catalogada como la comida de depredadores como para empeorar su situación.
—Grandioso, la hiciste llorar —acusó Izuna, completamente fastidiado. Lidiar con niños llorones le hastiaba hasta el cansancio.
Su método favorito para que dejaran de hacerlo era tomarles de las piernas o cola y alzarlos hasta que pararan, quejándose de que lastimaban a sus orejas de tanto escándalo. Quería emplear eso con la mocosa Hyuga pero no tenía el poder para hacerlo, su aniki le sermonaría hasta el cansancio si metía la pata.
Izuna no dejaba de culpar a Mikoto por querer cambiar sus pacíficas vidas a partir de ese momento.
—Ya, ya.
Afortunadamente Mikoto salvó la situación quitándole a Obito a la menor con sumo cuidado, bajándola en el piso, —arrodillándose a la altura de ésta y acomodando las ropas arrugadas que el agarre de Obito causó. Limpió gentilmente un par de lágrimas traviesas de las mejillas suaves de Hinata y le sonrió para calmar los miedos de la pequeña.
—Perdona a Obito-kun, Hinata-san, es demasiado entusiasta y toma decisiones sin pensar. Pero es un buen sujeto. Estoy segura que no quiso hacerte daño, seguramente se dejó llevar por lo linda que eres.
—Justo lo que dice tía Mikoto, no fue mi intención. ¡De verdad lo siento! —a Obito no le gustaba hacer llorar a las mujeres, era algo que le aterraba y le hacía sentir horrible. Con su apariencia de lobo ya era habitual que casi nadie se le acercara o que los humanos le temieran cuando paseaba por las aldeas cercanas al valle. Que una niña le tuviera miedo no era algo por lo cual sentirse orgulloso ni mucho menos presumir—. Por favor, perdona a este idiota —solicitó con las manos pidiendo misericordia.
Hinata se sintió presionada porque la culpable era ella por no ser más valiente ni diferenciar las intenciones aún de las personas. Debía perdonarlo o podría causar problemas. No era una buena idea de que alguien estuviera pidiéndole perdón a otra persona en su propia morada. Si no le absolvía de cualquier culpa, las relaciones entre sus clanes se estropearían y ella sería la causante de todo eso.
—N-No hay problema, f-fui yo la que… La que d-debe disculparse. P-Perdóneme, U-Uchiha-san —aun temblando y sin querer separarse de Mikoto, Hinata se enderezó para realizar una reverencia educada y formal, sin importarle bajar la cabeza.
El rostro de Obito se sonrojó completamente, sorprendido de que una menor tuviera mejores modales que él. Casi pegó la frente a la madera.
—¡Para nada! ¡El que debe disculparse soy yo…!
La puerta corrediza cerrarse con brusquedad hizo brincar a Hinata en su lugar. Mikoto observó el lugar que antes Madara ocupaba y no tuvo que indagar demasiado para adivinar que él fue quien salió con tanto ahínco. Ni qué decir de las muecas de su esposo y cuñado, la actitud de Obito les había desagradado por completo. Que un Uchiha bajara la cabeza ante alguien más era inaudito, algo bajo. Obito ya de por sí no era del todo querido por todo el clan debido a su comportamiento y habitual desapego hacia las tradiciones pero al ser familiar cercano a la línea de sangre del actual líder del clan nadie se atrevía a decirle nada o criticarle duramente, a excepción del propio cabecilla.
—Levanta la cabeza, no le debes disculpas a un herbívoro —Izuna escupió esas palabras con veneno, sintiendo un desazón en la garganta por ver en primera fila esa deshonrosa escena. Si el padre de Obito siguiera vivo, seguramente le hubiera dado la paliza de su vida. El cachorro estúpido fue afortunado que su hermano mayor no quisiera hacerse cargo de él en esos momentos—. Muestra un poco de respeto a tu clan, Obito.
—Sí, sí, el clan y dale con el clan —gruñó Obito como respuesta, sin importarle las palabras de Izuna. Incluso le devolvió la mirada con un hastío similar al del otro Uchiha—. ¿Cuándo será el día en que dejen de hablar sobre el clan? Aburren. Los días de peleas se acabaron, ¿hasta cuándo van a entender eso, eh? Su tonto orgullo se está empolvando y pudriendo, igual que sus traseros que no se mueven de aquí. No me extrañaría que los demás clanes nos vieran como unos completos inútiles…
—Obito, te recomendaría replantearte tus frases si quieres seguir siendo recibido en la Casa Principal —ahora fue Fugaku quien interceptó la tensión entre su hermano menor y su sobrino, mirándole duramente.
Obito bufó en silencio, optando por seguir el consejo, sobre todo por la mueca de Mikoto quien lucía cansada de esas discusiones.
—Hinata-san.
La voz suave la hizo dejar de enterrarse las cortas uñas en su piel a causa de los nervios. Volvió a toparse con otros ojos oscuros pero ésta vez eran amables, casi puros.
—Mi nombre es Itachi Uchiha —en medio de aquella caótica situación Itachi optó por desviar la atención de la pequeña.
Una discusión familiar no era una buena manera de recibir a una invitada, en especial a la que sería la compañera de juegos de Sasuke.
Si es que Hinata decidía volver.
—¿Te gustaría ver los peces que tenemos en nuestro estanque? Son bonitos. Estoy seguro que podrían gustarte.
Compartió una mirada cómplice con su progenitora quien asintió a sus intentos por alejar a Hinata de esa sala. Aflojó el agarre que tenía con la pequeña y le dio un empujón hacia Itachi quien le extendió la mano con paciencia, esperando que la menor la tomara.
Aun con miedo e insegura de aceptar o no la invitación, Hinata sintió que era la mejor opción para escapar de ahí y no seguir presenciando aquellas escenas que la hacían sentir nerviosa. Peleas de ese tipo eran demasiado intimas y como una invitada no era su deber estar presente, menos en discusiones para adultos.
—M-Me gustaría —respondió en un susurro pero Itachi la escuchó claramente.
No solo se llevó a Hinata, también a Shisui y a Sasuke. El último no quería irse pero Shisui lo tomó entre sus brazos, sabiendo que el menor no se quejaría ni haría un alboroto por el ambiente en la mesa. Sasuke se quedaba callado cuando Fugaku estaba involucrado, o cuando Itachi se lo pedía. Antes de retirarse por las puertas frontales que daban al jardín de la Casa Principal, Itachi hizo una reverencia y cerró.
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—Casi se matan allá adentro —soltó Shisui cuando estuvieron lejos, más adentrados en los espacios verdes alrededor de la casona—. Obito-nii a veces debe aprender a cerrar la boca.
—Requiere mucha valentía decir lo que se piensa, sobre todo delante de los tíos y padre —a comparación de Shisui, Itachi creí que su primo era de las personas más valientes.
Muchos comentaban sobre la carencia de habilidades de Obito y que no merecía ser parte del clan, pero él podía decir con seguridad que su primo mayor era alguien grandioso, mucho más valiente de lo que muchos pensaban. Poseía una fortaleza que pocos reconocían. Era injusto que fuera catalogado como un fracaso solamente porque no se desenvolvía como el resto de los hombres del clan.
—Valentía o no, ésta vez no se salvará de una paliza por parte de tío Izuna.
—Madre no dejará que eso pase.
—No enfrente de ella, pero en los entrenamientos quién sabe. Si de por sí tío Izuna ya lo hace sufrir mucho durante las recolecciones, no quiero imaginar qué plan malévolo se traiga entre manos.
—Quien me preocupa más es Madara-sama.
Madara salió de la sala antes de que todo explotara pero eso no salvaría a Obito de cualquier castigo que éste quisiera imponerle. Esperaba que su madre pudiera intervenir en favor de su primo mayor, era un gran chico, no merecía esos tratos por parte de quienes eran sus familiares.
—Sí, él también. Esperemos que no se pase. No quiero quedarme sin Obito-nii.
—No creo que Madara-sama llegue a esos extremos —esperaba que no.
—Con Madara no se sabe.
Inesperadamente su caminata se vio interrumpida cuando Shisui se detuvo. Itachi le observó sin entender.
—¿Shisui…?
—¿Desde cuándo no nos siguen esos dos?
—¿Eh?
Ambos giraron al mismo tiempo en cuanto Shisui vociferó aquello, percatándose que no había nadie detrás. Itachi recordó que después de sacar a Hinata de aquella sala se soltó de la mano de la menor para no hacerla sentir incómoda ni que Sasuke iniciara con una escena de celos. Lo último que necesitaba después de haber presenciado lo de su familia era que su hermanito la hiciera sentir mal a causa de la dirección de sus atenciones.
—Ay, ese mocoso de tu hermano es un dolor en el cu…
—Shisui —regañó Itachi por el lenguaje del primero—, debemos buscarlos.
—Hai, hai. Iré por la derecha, tú ve por la izquierda. No deben estar muy lejos.
—Conociendo a Sasuke… No estaría muy seguro de eso.
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Nunca tenía problemas para acaparar la atención de Itachi, a excepción de cuando se trataba de las tareas que como hijo mayor tenía; mismas que le causaban ver menos veces a su hermano, teniendo que esperarle en su habitación hasta altas horas de la noche, solo para despertar al día siguiente y notar que nuevamente Itachi se había marchado antes del alba, acompañado de Shisui.
Apenas podía compartirlo con Shisui, y eso era porque su primo era parte de la familia, tenía toda la seguridad que Itachi nunca se iría de su lado. Él era su hermanito, una de las personas más especiales de Itachi, tal como su madre le mencionaba cada vez que se quejaba cuando Itachi no podía pasar tiempo a su lado.
Era el único amigo que necesitaba. No le interesaba tener lazos con otras personas que no fueran parte de su clan. Era un Uchiha. Los Uchiha son felices únicamente con los suyos. Itachi y él vivirían siempre juntos, incluso irían de aventuras cuando él tuviera la edad adecuada. Sería a Itachi a quien le llevaría su primera presa, un trofeo que le haría ganarse no solo el reconocimiento tan anhelado de su padre durante el Rito de Iniciación, sino también le ayudaría a demostrarle a Itachi que ya era un hombre, que a partir de ese momento podría compartir todo lo que le decía a Shisui y que con él callaba.
Alguien confiable para su hermano mayor.
—Nunca seré amigo de mi comida —dijo fuerte y claro al rostro de esa niña quien no dejaba de temblar en cuanto la tumbó al suelo, posicionándose arriba de ella para que se diera cuenta del lugar que ocupaba en ese mundo.
—Mi nii-san es solo mío, no tuyo. Nii-san jamás sería amigo de un conejo cobarde como tú. Nunca serás más importante que yo para él. ¿Entiendes? —apretó los hombros de la menor, mirándola con fastidio y enojo de que siendo la primera vez que se veían Itachi ya hubiera tomado tanta confianza con ella como para invitarla a ver a los peces que había criado.
No era justo.
—L-Lo siento —ante esas circunstancias Hinata no tenía de otra que pedir perdón y esperar que el niño no le hiciera daño. No quería llegar lastimada a casa ni ocasionarle problemas a Mikoto.
O ser la cena de esa noche.
—N-No era mi intención…
—¡Cállate!
El grito de Sasuke la hizo querer coserse los labios. Responderle era una pésima idea, debía quedarse callada y esperar a que la furia desatada en los ojos del niño desapareciera.
—No perteneces aquí, nunca lo harás —Sasuke le repetiría todo eso hasta el cansancio, sin importarle que la garganta le doliera. Ese conejo debía entender que nunca serían amigos, por más que su madre quisiera que así fuera—. Tu lugar no es aquí, somos lobos y comemos conejos. Y tú eres un conejo. Solo sirves como comida, no como mi amiga —el ceño de Sasuke se frunció tan severamente que Hinata recordó el rostro lleno de enojo del Uchiha mayor en la sala. Eran tan parecidos.
Hinata sabía todo eso. Todo fue una mala idea. No podía estar cómoda con todo ese ambiente tan violento ni el temperamento tan corto de los Uchiha. Eran peligrosos. Incluso Sasuke podía hacerle daño. Las uñas de éste se encajaban con su piel aun con la tela sirviendo como escudo, seguramente dejaría algunas marcas y no sabría qué explicación le daría a sus padres cuando lo descubrieran. Aunque su intención nunca fue arrebatarle la atención del hermano mayor de Sasuke y las acusaciones de éste fueran injustas, Hinata no quería meter a nadie de los Uchiha en problemas.
Todos vivían bien en el valle, si ella por su debilidad quebraba aquella armonía, la vida pacífica de todos quedaría destruida.
—D-De verdad lo siento mucho, U-Uchiha-san… Y-Yo no volveré si así lo quiere… C-Convenceré a mis padres de que…
Ni siquiera la dejó terminar cuando la levantó con brusquedad. Pese a su tamaño, era notoria la fuerza que ya poseía. Hinata se quedó como estatua, siendo una muñeca de trapo llevada al antojo de los pasos furiosos de Sasuke quien lideraba el camino.
Hinata empezó a preocuparse cuando observó que la espesura de los árboles se volvía más pronunciada, pensando que hacía buen rato dejaron los jardines de la Casa Uchiha muy atrás. Intentó soltarse pero el agarre del pequeño Uchiha era tan fuerte que no tuvo otra opción que seguirle el paso.
No conocía ese lugar, y le dio miedo porque era desconocido, no conocía nada y no sabría con qué nuevos peligros se toparía. Seguramente se estaban metiendo en problemas y eso no era buena para ninguno de los dos.
—U-Uchiha-san —habló después de reunir un poco de coraje, evitando que las ramas le dieran en la cama o caer con los guijarros en el suelo que sus sandalias no podían evitar—, ¿a-a dónde vamos?
—Te llevaré a tu casa para que nunca regreses.
—P-Pero este no es el camino —el lugar no lucía para nada igual por donde Ko y Tomura la llevaron.
—Es un atajo que yo solo sé, así que cállate y no me hables —masculló Sasuke sin prestarle atención a las indicaciones de la niña—. Entre más rápido me deshaga de ti, mejor.
—P-Pero…
—¡Qué cierres la boca! ¿Es que no puedes hacer algo tan sencillo? —Sasuke no tenía paciencia con las niñas, eran tan estúpidos e irritantes. No entendía cómo es que su hermano la trató bien; no lo merecía—. Sí que eres tonta.
—L-Lo siento…
—Y molesta. Deja de disculparte por todo. En lugar de hacerme sentir bien, me haces enojar más.
—Lo… —la mirada que Sasuke le dio la hizo morderse la lengua para no decir nada y solo bajar su cabeza.
Hinata solo se enfocaría en seguir caminando.
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Estuvieron caminando por lo que Hinata deduciría fueron horas y no se veía su casa por ningún lado. Observó que Sasuke no paraba de caminar, como si estuviera seguro de su orientación pero ella dudaba de que así fuera. Pronto sería de noche y no era una buena idea de que ambos estuvieran afuera, sin la protección de sus padres, en especial en un lugar así.
—Uchiha-san —llamó la atención del niño—. C-Creo que estamos perdidos…
—No lo estamos —debatió Sasuke, ofendido de que esa niña pensara que él era tan tonto como para perderse—. Conozco este lugar como la palma de mi mano. Cuando nii-san no pasa tiempo conmigo, me gusta investigar este bosque. Me ayuda a practicar cuando sea el día de mi Rito de Iniciación.
—¿R-Rito de Iniciación?
—Sí, Rito de Iniciación. ¿Estás sorda o qué?
—L-Lo siento.
—Hmp, solo sigue caminando. Ya estamos cerca…
En cuanto Sasuke terminó aquella oración, él abruptamente se detuvo cuando percibió un aroma completamente distinto en el aire. No era de lobo ni de alguna otra especie que conociera. Miró hacia el suelo y notó con cierto terror que en sus pies traía algo consigo. Era semejante a un señuelo hecho de hojas, algo que las demás especies y clanes ponen en los límites de sus territorios. Estuvo tan enfocado en seguir caminando que no lo notó.
—Esta cosa no estaba aquí —masculló. Nadie era dueño de esas tierras. Y de haberlas proclamado, él lo sabría.
Hinata miró al niño sin saber qué decir. Parecía nervioso, era la primera vez que le veía así cuando actuaba tan seguro de sí mismo y con una expresión que incluso daba miedo. Por instinto supo que no era nada bueno que un lobo tuviera miedo porque generalmente aquello representaba que una especie más peligrosa rondaba.
—Rápido, hay que regresar por dónde vinimos.
—H-Hai —no replicó ni quiso saber nada. Si Sasuke decía que se debían ir, así lo haría.
Al momento de disponerse a seguir con las indicaciones del Uchiha, en el primer paso que Hinata dio, nuevamente fue tomada por sorpresa cuando algo la atrapó y la elevó en los aires, hasta lo más alto de los árboles donde el suelo se veía pequeño, junto con Sasuke que adoptaba el tamaño de una hormiga. Se aferró a lo que reconoció como una red de caza, viendo a todos lados y sintiendo miedo de ver lo alto en que se hallaba.
Una caída así podría matarla.
«Q-Quiero ir a casa… Q-Quiero a mi mamá…» pensó, asustada, con más lágrimas acumulándose en los ojos, insegura de si saldría de esa con vida. Nadie podía tener tanta suerte.
—Solo un típico conejo tonto como tú podría caer en una trampa así.
Sasuke sintió una enorme irritación cuando vio la figurilla de Hinata atrapada en lo más alto. Eso no podía estar sucediendo. Ahora tendría que ver la manera de escalar a los árboles y sacarla de ahí.
La idea de dejarla abandonada y regresar a casa era tentadora pero no quería que Itachi le regañara o su madre. Podía hacer el intento por mentir pero ellos dos siempre descubrían la verdad cuando le miraban directamente a los ojos. Aun no era del todo bueno para ocultar ciertas cosas.
—¡Deja de moverte o romperás la cuerda! —le gritó cuando visualizó que la red en la que estaba atrapada se movía—. Y no quiero tener que devolverte a la casa de tus padres hecha pedazos —dijo entre murmullos, yendo hacia el árbol más cercano para comenzar la travesía de subida.
Más Sasuke ni siquiera pudo seguir adelante cuando una figura lo atacó, tumbándolo en el piso y rodando. De inmediato se defendió, tratando de colocarse por encima del atacante pero ésta era habilidoso y fuerte. En medio del alboroto, así como los gruñidos amenazantes que soltaban ambos, Sasuke logró distinguir cabellos dorados y orejas naranjas, puntiagudas con una pisca de negra mancharlas. El aroma quiso resultarle familiar pero en su nariz no lograba relacionar un rostro contra ese aroma.
Cansado de esa disputa que no estaba llegando a ningún lado, Sasuke dio un puñetazo de frente, quitándose de encima a quien osó golpearlo.
—¡Mi nariz!
La voz gritona del atacante avisó a Sasuke del impacto de su movimiento, por lo cual se puso de pie, gruñendo y con los ojos teñirse de rojo, las orejas en lo alto y la cola esponjada, observando el bulto que se removía en el suelo.
—¿Quién eres tú? ¡Espero que sepas pelear bien porque tu nariz no será lo único que te rompa!
—¡¿A quién estás amenazando, intruso?!
Con las manos en la nariz fue cómo aquel niño de rubia cabellera le respondió. Sasuke se quedó sorprendido de ver unos ojos azules tan intensos como los de ese niño. Llevaba ropas desordenadas y su cola de zorro se movía al compás de sus emociones pues no dejaba de balancearse de un lado a otro, completamente arisca.
—¡Tú fuiste el que entró a los territorios de mi clan! —señaló acusadoramente y Sasuke frunció el ceño.
—Estos territorios no le pertenecen a nadie. No digas mentiras.
—¡¿Mentiras?! —como si tal frase lo hubiera ofendido la cría de zorro se puso de pie, no importándole que su nariz siguiera sangrando—. ¡Yo nunca miento! ¡¿Ves esto?! —en la mano tenía la señalización que Sasuke reconoció, haciéndole endurecer el rostro—. ¡Esto prueba que este es el territorio de mi familia! ¡Los Uzumaki!
—No me suena ese apellido —bufó Sasuke. Ya tenía suficiente con la conejo como para lidiar con ese parlanchín—. Si tu familia fuera así de importante, seguramente habría escuchado de tu clan.
—¡Tú, cretino hijo de…! —se veía que el rubio estaba dispuesto a atacar y Sasuke le daría pelea, pero otra presencia le hizo detener cualquiera de sus intenciones cuando escuchó un silbido en el aire.
Los ojos oscuros de Sasuke lograron distinguir una figura sentada en la rama próxima a la red donde Hinata estaba prisionera. Pero lo que realmente le hizo sentir un peso en la boca del estómago fue notar el brillo de unas afiladas garras acercarse amenazadoramente de la cuerda donde ella colgaba.
—Naruto, debes eliminar al intruso, no discutir con él —se escuchó una voz irritada. El susodicho bufó—. Ni dejarte golpear. Debilucho.
—¡No soy ningún debilucho! Lo que pasa es que… Es que… —el rubio no supo dar buenas excusas—. ¡Es que no tenía una buena posición de ataque! ¡Por eso me golpeó! —gritó de vuelta, luego miró al azabache quien casi le rompe su nariz. Cuando regresara a casa, mamá iba a regañarlo—. ¡Pero no se salva, te lo aseguro! —miró de vuelta hacia arriba—. Tú encárgate de la comida, yo me encargo del intruso.
—Te recuerdo que de entre los dos eres tú quien tiene la nariz rota, no yo —hizo saber Sasuke al rubio quien gruñó, limpiando la nariz y dejando un manchón rojizo—. Terminaré contigo rápido —levantó el brazo para señalar al de las alturas—. Y luego iré por tu compañero —los ojos de Sasuke volvieron a brillar de rojo—. Ese conejo es mío.
—Si está en nuestra trampa, es nuestro conejo —replicó el niño zorro, sacando las garras y mostrando los colmillos.
Hinata desvió la atención de la batalla allá abajo, ignorando el ruido de los gruñidos y los golpes, desviando la atención hacia la figura silenciosa que llegó hacia ella sin percatarse. No podía verle el rostro completamente debido a las frondosas ramas pero las garras cerca de lo que la mantenía segura de caer la pusieron nerviosa.
Un tajo limpio y se estrellaría contra el suelo, haciéndose añicos.
Miró al cielo, esperando que alguien acudiera a sus suplicas de auxilio, arrepintiéndose tanto de inmiscuirse con los Uchiha.
