Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Desaparición para expertos" de Holly Jackson, yo solo busco entretener y que más personas conozcan este libro.
Capítulo 2
Las palabras se unían como enredaderas por los huecos a medida que su mirada se desenfocaba, hasta que las frases terminaron siendo un borrón. Bella miraba la hoja, pero no estaba allí. Ahora siempre le ocurría lo mismo: aparecían unos enormes agujeros en su concentración en los que siempre terminaba cayendo.
Hubo una vez, no hace mucho, cuando escribir una disertación sobre el incremento de las tensiones durante la Guerra Fría le habría parecido apasionante. Le habría importado. Le habría importado de verdad. Así era ella antes, pero algo había debido de cambiar. Con suerte, sería solo una cuestión de tiempo que esos agujeros se llenasen de nuevo y las cosas volviesen a la normalidad.
El teléfono vibró sobre el escritorio con el nombre de Tori iluminando la pantalla.
—Buenas tardes, señorita S-B —dijo Tori cuando Bella descolgó—. ¿Estás preparada para manta y Netflix en el mundo del revés?
—Sí, TG un momento —dijo Bella llevándose el móvil y el ordenador a la cama y metiéndose bajo el edredón.
—¿Qué tal el juicio hoy? —preguntó Tori—. Daphne estuvo a punto de ir, para darle apoyo a Rose. Pero no podía soportar ver a Mike.
—Acabo de subir la última actualización. —Bella suspiró—. Me encabrona mucho que Edward y yo tengamos que ir con pies de plomo cuando lo grabamos, diciendo «supuestamente» y evitando cualquier desliz que se interponga en la «presunción de inocencia» cuando sabemos perfectamente que lo hizo él. Todo.
—Sí, es una putada. Pero tranquila, en una semana se habrá acabado. —Tori se acomodó entre sus mantas y sonó un ruido en el teléfono—. ¿A que no sabes lo que he descubierto hoy?
—¿Qué?
—Que eres un meme. Un meme de verdad, de esos que la gente cuelga en Reddit. Es una foto tuya con el detective Hawkins frente a los micrófonos en la que parece que estás poniendo los ojos en blanco mientras él habla.
—Es que estaba poniendo los ojos en blanco.
—La gente está escribiendo frases graciosísimas. Es como si fueras la nueva «novia celosa». Esta tiene escrito: «Yo» sobre ti, y «Hombres en internet explicándome mi propia broma» sobre Hawkins. —Tori soltó una carcajada—. Esta es la prueba de que lo has logrado: te has convertido en un meme. ¿Te ha vuelto a contactar algún otro patrocinador?
—Sí —dijo Bella—. Me han escrito varias empresas, pero no sé si estaría bien sacar beneficio de todo lo que ha pasado. No sé, tengo demasiadas cosas encima, sobre todo esta semana.
—Ya, es que menuda semana. —Tori tosió—. Por cierto…, mañana… ¿sería raro para Edward y sus padres que fuera Daphne al homenaje?
Bella se incorporó en la cama.
—No. Ya sabes lo que piensa Edward. Han hablado del tema.
—Ya, ya. Pero he pensado que, como mañana es un día para recordar a Billy y a Sid, ahora que sabemos lo que pasó de verdad, puede que no sea apropiado que nosotros…
—Lo último que quiere Edward es que se sientan culpables por lo que tu padre le hizo a Billy. Y sus padres opinan lo mismo. —Bella hizo una pausa—. Ellos han pasado por eso, saben mejor que nadie lo que es.
—Ya, pero…
—Tori, no pasa nada. Edward quiere que vayas. Y estoy bastante segura de que dijo que Billy habría querido que Daphne también asistiera. Era su mejor amiga.
—Vale, si lo tienes tan claro…
—Siempre lo tengo claro.
—Es verdad. Deberías plantearte dedicarte a las apuestas —dijo Tori.
—No puedo, mamá ya está demasiado preocupada por mi «personalidad adictiva».
—Al menos Daphne y yo, con nuestras personalidades traumatizadas, hemos contribuido a que parezcas normal.
—No lo suficiente, por lo visto —dijo Bella—. Si pudieran esforzarse un poco más, sería genial.
Esa era la forma que tenía Tori de superar los últimos seis meses, su nueva normalidad: esconderse detrás de frases ocurrentes que hacían que los demás se avergonzaran y se callaran. La mayoría de la gente no sabe cómo reaccionar cuando alguien bromea sobre cómo su padre asesinó a una persona y raptó a otra. Bella lo tenía muy claro: se agazapaba y se escondía tras frases ocurrentes también, para que Tori siempre tuviera a alguien a su lado. Esa era su forma de ayudar.
—Tomo nota. Aunque no sé si mi abuela podrá seguir soportándolo. Daphne ha tenido otra de sus grandes ideas. Por lo visto, quiere quemar todas las cosas de papá. Evidentemente, mis abuelos dijeron que no y llamaron inmediatamente a nuestra psicóloga.
—¿Quemar?
—Ya, ¿eh? —dijo Tori—. Seguramente terminaría invocando por accidente a algún demonio o algo así. Creo que no debería decirle nada a papá, sigue pensando que Daphne irá a verlo algún día.
Tori visitaba a su padre en la cárcel de Woodhill una vez cada quince días.
Decía que eso no significaba que lo hubiera perdonado, pero que, al fin y al cabo, seguía siendo su padre. Daphne no lo había vuelto a ver y afirmaba que no lo haría nunca.
—¿A qué hora es el homen…? Espera, que me está hablando mi abuelo. ¡¿Qué?! —gritó Tori apartando la voz del teléfono—. Sí, ya lo sé. Vale, ya voy.
Los abuelos de Cara —los padres de su madre— se habían mudado a su casa en noviembre para proporcionarle estabilidad hasta que terminara el instituto.
Pero abril ya casi había terminado y los exámenes y el final de curso estaban cada vez más cerca. Demasiado cerca. Cuando llegara el verano, pondrían a la venta la casa de los Greengrass y se volverían con las chicas a Great Abington. Al menos estarían cerca cuando Bella empezara la universidad en Cambridge. De todas formas, Little Kilton no sería lo mismo sin Tori, y Bella deseaba que el verano no llegara nunca.
—Vale. Buenas noches, abuelo.
—¿Qué quería?
—Nada, es que son las diez y media y es suuuuuupertarde y se ha pasado nuestra «hora de apagar la luz» y debería estar durmiendo desde hace horas y no charloteando con mis «novias». En plural. Como siga así, nunca me echaré novia, y menos varias. Además, ¿qué es eso de «la hora de apagar la luz»? Parece del siglo XVII. —Tori resopló.
—Bueno, en realidad la bombilla no se inventó hasta finales del siglo XIX…
—Dios, para, por favor. ¿Ya estás preparada?
—Casi —dijo Bella, moviendo el ratón—. Íbamos por el episodio cuatro, ¿verdad?
Esta tradición comenzó en diciembre, cuando Bella se dio cuenta de que Tori apenas dormía. No le sorprendió, la verdad. Tumbada en la cama en mitad de la noche es cuando aparecen los peores pensamientos. Y los de su amiga eran peores que los de la mayoría. Ojalá Bella pudiera hacer que dejara de prestarles atención, distraerla de alguna manera para que descansase. Cuando eran pequeñas, Tori siempre era la primera en dormirse en las fiestas de pijama y arruinaba el final de las películas de miedo con sus ronquidos. Por eso Bella intentaba recrear aquellas fiestas hablando con Tori por teléfono mientras hacían maratones de Netflix juntas. Y funcionaba. Mientras Bella estaba allí, despierta y escuchándola, Tori terminaba quedándose dormida, respirando suavemente en el teléfono.
Ahora lo hacían todas las noches. Empezaron con series con al menos un ligero «valor educacional», pero habían visto tantas que los estándares ya daban un poco igual. Al menos Stranger Things tenía un poco de precisión histórica.
—¿Lista? —dijo Tori.
—Lista.
Les había costado bastante conseguir reproducir los capítulos exactamente al mismo tiempo. El ordenador de Tori iba con un poco de retraso, así que ella pulsaba el botón de reproducir en «uno» y Bella en «ya».
—Tres —dijo Bella.
—Dos.
—Uno.
—Ya.
