Disclaimer: Nada de esto me pertenece, la saga crepúsculo es propiedad de Stephenie Meyer y la trama es del libro "Desaparición para expertos" de Holly Jackson, yo solo busco entretener y que más personas conozcan este libro.


Capítulo 4

Sábado

Bella intentaba luchar contra sus párpados. Le escocían los ojos, mucho, como si el sueño ya se hubiera apoderado de ella. Pero no… Tenía que levantarse y repasar un poco. En serio.

Estaba tumbada en el sofá rojo del salón, en «el sitio de Jake», por lo visto, como él no paraba de recordarle. Él estaba en la alfombra, jugando con unos Lego mientras sonaba Toy Story de fondo. Sus padres estarían todavía en el jardín. Su padre le había dicho muy entusiasmado por la mañana que iban a pintar el nuevo cobertizo. Aunque no había demasiadas cosas que no entusiasmaran a su padre. Pero lo único en lo que Bella podía pensar era en el tallo del girasol solitario plantado junto a la tumba del perro. Todavía no había florecido.

Bella miró su teléfono. Era las 17.11 y en la pantalla había un mensaje de Tori sin abrir y dos llamadas perdidas de Harry de hacía veinte minutos.

Seguramente se habría quedado dormida un rato. Deslizó el dedo para ver el mensaje de su amiga:

Tori:

Argh, llevo literalmente todo el día

vomitando y mi abuelo no para de chasquear

la lengua. NUNCA MÁS. Gracias por

venir a recogerme. Bss.

El anterior mensaje de Tori, si subía por la pantalla, era de anoche a las 00.04.

Tori:

Bee ond stas ss te sty bscendo me nkntro

ftl prfabor ayoda mu trifte.

Bella la llamó enseguida, susurrando desde la cama, pero Tori estaba tanborracha que no era capaz de pronunciar ni una sola frase entera. Bueno, nientera ni a medias, ni un cuarto de frase. Los llantos o el hipo la interrumpíanconstantemente. Le costó un buen rato entender dónde estaba: en una fiestadestroyer. Probablemente fue después del homenaje. Le costó aún más averiguaren qué casa era la fiesta: «C-Creo que-la de-Stephen-Thompson». Y dóndeestaba: «P-Por… Hi-Highmoor o p-por a-ahí».

Bella sabía que Sam y Leah estaban allí. Deberían de haber cuidado de Tori.

Pero, por supuesto, estarían demasiado preocupados el uno por el otro. Aunque no era eso lo que más inquietaba a Bella.

—¿Te has servido tú las bebidas? —preguntó—. No has aceptado copas de nadie, ¿verdad?

Así que Bella dio un salto de la cama y se subió al coche en dirección «Highmoor o por ahí» para ir a buscar a Tori y llevarla a casa. No se volvió a meter en la cama hasta pasada la una y media.

Y el día de hoy no había sido precisamente tranquilo, para compensar. Llevó a Jake a fútbol, se quedó en el campo para ver el partido; luego Edward vino a su casa a comer y grabar otra actualización del juicio de Mike Newton. Después, Bella editó y subió el miniepisodio, actualizó la página web y respondió varios correos electrónicos. Se sentó en el sofá un par de minutos, en «el sitio de Jake», solo para descansar un poco la vista. Pero esos dos minutos se convirtieron en veintidós.

Estiró el cuello y alcanzó el teléfono para escribir a Harry justo cuando llamaron a la puerta.

—Por el amor de Dios —dijo Bella levantándose. Se le había quedado una pierna dormida y se tropezó en el pasillo—. ¿Cuántos paquetes de Amazon son demasiados para una sola persona?

Su padre tenía una adicción importante a la entrega en un día.

Desenganchó la cadena —ponerla era una nueva regla en su casa— y abrió la puerta.

—¡Bella!

No era el repartidor de Amazon.

—Ah, hola, Harry —dijo abriendo del todo la puerta—. Justo estaba respondiéndote al mensaje. ¿Qué pasa?

Hasta entonces no se fijó en sus ojos: tenía la mirada ida y, al mismo tiempo, había algo urgente en ella. Había demasiado blanco por encima y por debajo del verde. Y, aunque Harry tenía la cara sonrosada de por sí y llena de pecas, estaba completamente rojo y el sudor le caía por la sien.

—¿Estás bien?

Harry respiró hondo.

—No. No lo estoy —se le quebró la voz.

—¿Qué ocurre? ¿Quieres entrar? —Bella se echó hacia atrás para dejarle paso.

—G-gracias —dijo Harry.

Bella cerró la puerta tras él. El chico tenía la camiseta pegada a la espalda, empapada y levantada.

—Ven. —Bella lo acompañó hasta la cocina y le hizo un gesto para que se sentara en uno de los taburetes, bajo el que estaban tiradas sus tenis—. ¿Quieres un poco de agua? —No esperó a que respondiera, llenó uno de los vasos que había en el escurridor y lo colocó delante de él con un ruido sordo que le hizo dar un respingo—. ¿Has venido corriendo?

—Sí. —Harry cogió el vaso con las dos manos y dio un sorbo largo, derramándose el agua por la barbilla—. Lo siento. Te he estado llamando, pero no contestabas y no sabía qué otra cosa hacer. Luego pensé que a lo mejor estabas en casa de Edward.

—No pasa nada, aquí me tienes —dijo Bella sentándose en el taburete frente a él. Todavía tenía los ojos raros y a Bella se le empezó a acelerar el corazón—. ¿Qué pasa? ¿De qué quieres hablar conmigo? —Se agarró al borde del taburete —. ¿Ha pasado algo?

—Sí —respondió Harry secándose la barbilla con la muñeca.

Separó los labios y se quedó abriendo y cerrando la boca, masticando el aire, como si estuviera ensayando las palabras antes de decirlas.

—Harry, ¿qué pasa?

—Mi hermano —dijo—. Ha… ha desaparecido.