Gente! Me han encantado sus comentarios y apuestas, pero se me olvidó decir algo que ahora veo importante: según mis borradores esto va a hacer un poco de «amor lento» (slow burn), así que nadie va a saltar a la cama de nadie tan pronto, sorry xD
Enjoy!
.
.
Hinata despertó y de inmediato se sentó asustada. No reconocía la habitación en la que estaba y sintió miedo de lo que habría podido pasar con ella mientras no estuvo en vigilia… ¿Aquél ANBU sí la había alcanzado? ¿Le había hecho lo que sólo a las mujeres casadas podían hacerles?
Sin embargo, aún estaba en su propia ropa y no sentía su cuerpo adolorido más que de la caminata que había hecho el día anterior. Incluso aún tenía sus zapatos puestos.
Así, con sus pies todavía doliendo y la boca seca, se levantó de la amplia cama y caminó hasta la más próxima ventana, abriéndola y asomándose lo suficiente para calcular la terrible caída que podría sufrir si osaba saltar por allí. Habían cerca hermosos árboles con flores amarillas y violetas propias de la primavera —aunque la estación ya estuviera próxima a su fin—, pero Hinata no detuvo sus pasos ni paró a deleitarse con la vista. Tampoco, por supuesto, pensó si podría salir de allí saltando hacia aquellos árboles. Decidió dirigirse entonces hacia la puerta de madera —nunca había visto una igual, diferente al material delgado de su propio hogar—, abriéndola despacio y saliendo a un largo pasillo con apresurados pies. Su pensamiento más lógico le insistía en salir de ese lugar sin ser vista por alguien más, por tanto intentó adivinar el camino hacia una salida procurando no encontrarse a nadie y en un último tramo giró al lado izquierdo. Dio unos pasos más y entonces escuchó un fuerte ruido.
Sin duda el sonido pertenecía a alguien que acababa de golpear con su puño alguna superficie sólida.
—Soy la mejor opción, no intentes decir lo contrario. No te llamé para esto —pronunció una voz particularmente molesta y que ella no reconocía—. Aún me sé de memoria cada uno de esos pasillos secretos.
—¿De cuándo tú y Naruto jugaban a las escondidas a los diez años? —preguntó otra voz incrédula y Hinata sintió su pecho doler ante la nueva voz que sí le parecía familiar y que ahora hacía mención del hijo del Emperador. Sin poder evitarlo se acercó a la puerta de donde provenían las voces y decidió seguir como una silenciosa espectadora—. Cuando sea el momento tu apoyo servirá mejor estando justo a mi lado y con mi padre para convencer a las personas del Consejo y en debilitar a ANBU y la Guardia Real, no en entrar a sus aposentos y sorprenderlo mientras duerme. Si es que alguna vez duerme.
Siguió un pesado silencio, tiempo suficiente en que la descoordinada cabeza de Hinata por fin pareció despejarse y por completo asegurar que uno de los que hablaban era Shikamaru, el primogénito de la noble familia Nara —una de las principales del Imperio—, de su misma edad y hacia quien su nana rogaba que Hinata se relacionara mejor, esperando a que el joven, con suficiente edad madura y una buena fortuna asegurada, propusiera a través del casamiento una unión entre ambas familias.
(Quizás así volviera a ganar más prestigio los Hyūga luego de la pérdida de su anterior patriarca y los límites con los que habían aprendido a convivir).
Y por supuesto las mejillas de Hinata enrojecieron, pero no se alejó cuando las voces volvieron a escucharse:
—Sé que si dejo que pongas un pie allí dentro no vas a volver a salir, serás un hombre muerto… —volvió a hablar Shikamaru, claramente ganando una batalla verbal con razonamientos que Hinata aún no entendía—. Sasuke, sé que no te gusta escuchar esto, pero tu real importancia ahora se reduce al apellido que llevas.
¿Sasuke? Ella había escuchado ese nombre, muchas veces antes, ¿no? Quizá no en los últimos años pero algo parecía iluminarse en su mente ante el nombre. Además, Shikamaru parecía ser muy cercano a este otro hombre; aún así, Hinata aún no entendía de qué podían estar hablando, sobre todo cuando la conversación no tenía un tono del todo positivo.
—De aquí a menos de un mes ya no será emperador de todas formas, no importa quién sea el responsable, Sasuke —esto fue susurrado por Shikamaru y Hinata sólo pudo captar la idea.
—Si realmente no importa, no debería tener impedimentos entonces para que sea mi responsabilidad.
Shikamaru suspiró fuertemente.
—No hagas de todo un problema, Sasuke. Pareciera que no has estado escuchándome… Sabes que sí las hay.
Hinata abrió los ojos en sorpresa y se dio cuenta por fin quién era la otra persona, la de voz irritada y quién debió realizar el golpe que había llamado su atención: era el único sobreviviente Uchiha aparte del propio señor Madara.
No había escuchado mucho de él, pero sabía que con Shikamaru ambos eran quizá las mentes jóvenes más prometedoras de todo el Imperio… Y ambos estaban hablando de algo que ella no podría haberse imaginado en sueños, ¿ir en contra del Emperador? Cuando habían dicho «sorprenderlo mientras duerme», ¿significaba sorprender al Emperador dormido? ¿Acaso estaba siendo testigo de una traición al Imperio? Aquello podría hacer que sus cabezas rodaran por el suelo… ¡Incluso la de ella!
Si bien el Emperador —de quien Hinata tenía recuerdos borrosos de haberlo visto— no se había convertido en el mejor hombre los últimos años (las dos criadas que trabajaban en su casa murmuraban a veces su creencia de que el hombre se encontraba bajo un hechizo y que sólo era esperar para que todo volviera a ser como antes), Hinata no aprobaba de ninguna forma lo que estaba escuchando.
—Además es mejor si nunca se llega a conocer quién perpetró el acto —prosiguió la voz del primogénito Nara.
—Definitivamente importa, Shikamaru.
Entonces justo cuando Hinata había decidido salir de allí lo más pronto y retomar su huida, dando pequeños pasos hacia atrás y segura de que su deber ahora era llegar a casa y contárselo a alguien, Sasuke pareció callar abruptamente sus siguientes palabras.
Entonces Hinata se dio cuenta que cualquier reacción era demasiado tarde porque la puerta frente a ella había sido abierta desde adentro y su visión se llenó con las miradas de Sasuke sujetando el picaporte y de Shikamaru unos metros más allá con un rostro bastante incongruente para la situación, sereno a pesar de la presencia de ella ahora.
Así —y aunque ninguno de los dos cargaba visiblemente un arma— Hinata no pudo evitar pensar que el peligro de la tarde y noche anteriores no se comparaba en nada a lo que ahora vivía con ambos hombres observándola.
—Vi tu sombra bajo la puerta —comentó el joven Uchiha con una dura expresión en su rostro, aún sosteniendo el picaporte de la pesada puerta—. Tsk, no eres muy habilidosa para escuchar conversaciones ajenas. En cualquier otro momento ya estarías muerta.
—Déjala en paz, Sasuke.
Sasuke entonces le regresó una mirada al otro que debió haber sido lo suficientemente desafiante para que Shikamaru rodara sus ojos en un gesto de derrota, acostumbrado a la volátil personalidad de su amigo.
—La conozco, no hará nada —aseguró Shikamaru devolviéndole la mirada—. Buscaré luego a mi padre y volveré en tres días. De resto, no hagas nada más. A la próxima, procura no llamarme aquí y trata de arreglar tus propios asuntos… De por sí, mi mañana ya había empezado de forma muy problemática para sumarle tener que haber venido hasta aquí —murmuró lo último Shikamaru, claramente hablando más para él mismo que los demás.
Hinata entonces sintió nuevamente la fría mirada de Sasuke sobre ella y sus pies parecieron congelarse en el suelo. Hinata no pudo quitar sus ojos del rostro del joven Uchiha. No lo había vuelto a ver desde que era pequeña y en ese entonces sus oscuros ojos no parecían ser las dagas que ahora eran. Habían densas ojeras bajo sus ojos y sus ropas estaban un tanto descuidadas, no en el sentido de haber dormido con ellas como era su propio caso, sino de usar el mismo atuendo una y otra vez por días.
No obstante…
No obstante no había forma de negar que su presencia era todo lo que también había escuchado de él: su nana lo describía como un joven muy atractivo, alto y de anchos hombros que resaltaba por donde pasara. De las chicas de su edad, Hinata les había escuchado hablar de él como si fuese una ensoñación. Enrojeció por casi concordar con aquellos pensamientos y luego sintió sus mejillas calentarse más al caer en cuenta que el establo al que había llegado y la habitación en la que había dormido eran propiedades Uchiha, y que él al menos tenía conocimiento de que ella había intentado refugiarse en secreto en su terreno. Su salvación fue sólo cuando Shikamaru pasó por un lado del otro y llegando hasta ella la agarró con fuerza del antebrazo y la obligó a caminar con él a lo largo del pasillo. Pudo respirar por fin cuando supo que el Uchiha la había perdido de vista cuando doblaron por una esquina y Hinata vio escaleras que llevaban a un primer piso.
Sólo hasta ese momento por fin reaccionó y en un precipitado movimiento intentó zafarse de Shikamaru.
—¡Hinata! —protestó él ante su acción, deteniendo sus pasos y la volvió a agarrar con mayor fuerza. Shikamaru dejó soltar un pesado suspiro y susurró un «problemático» antes de volver a dirigirse a ella—: Te soltaré si te calmas un momento —prometió él en lo que parecía ser un sosegado susurro.
Sin embargo, la mente de Hinata estaba fuera de calmarse en ese instante.
—U-ustedes quieren… —intentó decir ella con sus ojos pegados al piso y la sensación de lágrimas a punto de salir de su cuencas. Se sentía como una traición, había conocido a Shikamaru desde muy pequeña y lo había idealizado lejos de armas y de campos de batallas. Lejos de planear desde las sombras algo que podría atentar contra la vida de alguien más. Contra la vida del padre de Naruto.
—Entenderás eventualmente —confesó él y para Hinata fue escuchar la cosa más cruel que jamás había salido de aquellos labios hacia ella. Su garganta se cerró dolorosamente—. Sígueme, tienes que regresar a casa.
—Se… se lo diré a alguien —prometió ella con su voz cortada y Shikamaru por fin la soltó. Al verse libre lo primero que Hinata hizo fue limpiarse sus ojos con las palmas de sus manos y morder sus labios en frustración. Si hubiese nacido niño no estaría a punto de moquear sino, como seguramente Neji lo haría, dar un puño certero y caminar con seguridad hacia la salida, sin embargo lo que hizo ella ahora era seguir su camino detrás de Shikamaru hasta llegar a la amplia puerta del lugar, saliendo por fin de esa casa encontrando que ya le esperaba un carruaje que reconocía muy bien ser propiedad de su familia. Al lado había otro que debía pertenecer a Shikamaru.
Sintiéndose irremediablemente más segura y sin pensar las razones de porqué estaría ya un carruaje de su familia allí, Hinata se apresuró en llegar a éste y dejarse ayudar por el conductor para subir el alto escalón y entrar en la comodidad de su interior. Dentro y con los caballos empezando a moverse, se permitió sacar levemente su rostro y ver a un deslucido Shikamaru en las escaleras de aquella mansión y, levantando sus claros ojos a una ventana del segundo piso, observó los felinos ojos de Sasuke Uchiha fijamente sobre ella.
Hinata rápidamente desvió su mirada, sintiéndose atrapada por él e imposibilitada de sostenerle la vista.
Treinta y cinco minutos de viaje después Hinata por fin llegó a las puertas de lo que siempre había llamado hogar, un hermoso complejo de casas con estilo tradicional, tal y como habían sido las de sus antepasados, de paredes delgadas, marcos de madera, simétricos faroles colgando, puertas rojas que se abrían con facilidad e infinitos pisos de madera, pero gran sorpresa fue cuando terminó siendo llamada al despacho principal y en poco tiempo entendió a lo que realmente se había referido Shikamaru con «No hará nada» a Sasuke Uchiha, o porqué la habían dejado salir tan fácilmente de dónde había estado: el Viejo Hyūga, su abuelo, lo sabía. El actual patriarca de la familia, el mismo que había retomado el liderazgo, decrépito y con cada respiración marchitándose cada vez más, lo sabía; y ella no podría contarle ni a un alma o todos allí terminarían siendo decapitados. No podía siquiera susurrarlo porque desde hacía años que las paredes tenían ojos y oídos, gran problema del cual no podían protegerse, al fin y al cabo eran órdenes expresas del Palacio.
—No puedo seguir viendo a mi clan convertirse lentamente en polvo como mi amado hijo. Tampoco a lo que queda de Konoha —declaró su abuelo antes de pedirle que se retirara.
Hinata olvidándose enteramente que llevaba casi un día entero sin comer, se dirigió a su habitación y volvió a sentir por segunda vez esa mañana que había sido traicionada. Quiso quitarse el vestido, pero, sin su nana ni las otras únicas dos criadas de la familia a su vista y disposición, en ese momento pareció ser una tarea eterna y se echó al suelo por fin a llorar.
No obstante debía ser más fuerte que eso porque muy dentro de su cabeza sabía que en algo Sasuke Uchiha, Shikamaru y su abuelo tenían razón: ella misma había escuchado voces bajas de cómo su Emperador no era el mismo de antes y probablemente no cambiaría; para volver a su hogar habían sido treinta y cinco minutos de viaje y si bien todo parecía estar bien, su abuelo le había hablado de pobreza y amargas caras de campesinos y viudas infelices. De desgracia acumulándose en rincones olvidados de aquella tierra, desgracias acercándose cada vez más a la capital con los años.
Se durmió en el suelo pensando en el adolescente rubio del que decían sólo había quedado una cabeza sin ojos.
.
.
—Así que… ¿Es Sasuke Uchiha tu nuevo amo, Lady Chiyo? Si mi padre estuviera vivo, habría mandado a estrangularte.
—No dudo que lo hubiese mandado a pedir, princesa, sin embargo puedo asegurar que su orden no hubiese tenido éxito alguno, tal y como fue su último intento.
La figura encapuchada sonrió a pesar de que la vieja no podía verla; ¿así que eso era lo que había pasado?, la médica personal del anterior Señor de Suna no había muerto por un infarto ni había sido enterrada en un ataúd vacío sino que había huido fuera de los límites del desierto debido a un atentado contra su vida. Su padre sí que había tenido una peculiar forma para deshacerse de lo que había considerado como molestias, ¿no?
En fin, que no estuviera siendo atacada ahora mismo por la anciana mujer significaba que Chiyo había reconocido su voz; eso era bueno, al menos no se estaba quedando sorda.
La figura entonces por fin se quitó la capucha que hasta ahora había estado ocultando sus rubios cabellos. Decidió caminar con pasos lentos por la cocina a la que había ingresado a través de una angosta puerta trasera.
Chiyo sabía que la joven no sería vista por nadie, al menos no esa mañana y que ni siquiera se encontraría por error con el joven Uchiha: éste nunca bajaba a tales partes de la mansión y justo ahora estaba manteniendo lo que debía ser una importante conversación con el heredero Nara. Además con la orden de «no acercarse a Aoda» todos los demás empleados estaban tratando de no aparecerse tampoco por la inmediaciones del edificio principal por miedo a alguna reprimenda. Sabían que algo fuera de su conocimiento y poder estaba pasando; no obstante eran lo suficientemente leales —o temerosos— para no preguntar o meter sus narices.
—Temari, ¿cómo pudiste entrar aquí? —preguntó finalmente Chiyo.
—Supongo que gracias a un pequeño juego de seducción —respondió entonces la rubia—. El chico con el que está ahora tu amo me trajo; bueno, más bien yo insistí que podía llevarme cerca al palacio cuando escuché que alguien le informaba sobre presentarse a la casa Uchiha esta mañana, justo cuando el sol estaba saliendo; claro, no se supone que deba estar a estas hora en su coche, pero siempre puedo excusarme con que me perdí.
La rubia entonces tomó entre su mano una manzana roja y en la otra un bocado de los trozos de carne cocida que Chiyo había estado cortando.
—Le llamas chico, ¿pero te andas acostando con él? ¿Has encontrado por fin un hombre que te dome, princesa? —preguntó la anciana con un obvio tono de burla.
—¿Quién dijo que ando acostándome con alguien de Konoha? Además, el día en que «un hombre me dome» será porque he muerto a manos de uno —casi que espetó la mujer rubia y a Chiyo le tembló una esquina de su boca proclive a sonreír ante la actitud de la otra. Si bien Temari había crecido mucho más de lo que hubiese esperado que lo hiciera, seguía siendo tan impaciente y soberbia como cuando era una chiquilla.
Por su parte la rubia sin dejar de ver a la anciana admitía internamente la sorpresa que le generaba ésta. Chiyo seguía viéndose igual como la última vez que Temari a sus doce años la había visto en su país Suna. No había sido difícil dar específicamente con su paradero, sobre todo teniendo en cuenta que bajo las circunstancias que se estaban forjando en Konoha, habían personas dispuestas a intercambiar información con lo que ella también sabía gracias a su papel como embajadora y a sus temporales conexiones con el Palacio. Un peligroso juego, quizás, pero estaba convencida que los riesgos valdrían la pena en los siguientes años para Suna, décadas incluso.
Y ahora en medio de las paredes en las que se encontraba, Temari había venido sólo en razón a su particular caso, algo totalmente diferente al magnicidio que algunos cuantos importantes rebeldes de Konoha buscaban conseguir.
«Idiotas» pensó entonces para sí misma dándole un primer mordisco a la manzana. Por experiencia propia sabía lo terrible y difícil que algo como eso podía convertirse si realmente no se tenía trazado un perfecto plan de acción que incluyera la mayor cantidad de posibles aliados, incluida la fuerza militar, y de lo que Temari había conocido y escuchado de Madara Uchiha, su opinión se decantaba por que éste nunca cedería a ANBU ni a la Guardia Real a agentes externos del Palacio.
Aunque… bueno, si también se sacaba del panorama al mayor líder Uchiha y quedaba el más joven, Sasuke Uchiha, quizá sí habría una prometedora salida. Sabía que eso era a lo que se aferraba Shikamaru Nara, otro hombre idiota que seguramente pensaba que la había dejado en su carruaje refunfuñando, un idiota por mucho que sus neuronas trabajaban de manera constante y rápida.
Temari entonces se dio cuenta que por su culpa —por sus indagaciones mentales— había creado un silencio entre ella y Chiyo, gastando quizá tiempo que no debía perder. Había sido una princesa, pero eso no evitó que hablara aún con un bocado de fruta en su boca; sin irse por las ramas dijo entonces la razón por la que había venido allí:
—Voy a entrar al Bosque Negro —pronunció ella como si la sola mención de aquel lugar no hiciera llorar a doncellas o madres cargando a bebés.
Chiyo por supuesto no ahogó ningún gemido o lloriqueo de sorpresa o miedo, pero su reacción fue casi igual de dramática: el cuchillo que había estado sosteniendo y con el que había cortado la carne como labor del día antes de ser interrumpida, cayó al suelo en un estrepitoso sonido.
—¡¿Estás loca!? —siseó la anciana.
Temari sólo se encogió de hombros.
—Tengo que hacer lo que tengo que hacer —comentó tan terca como Chiyo recordaba que era—. Sólo quería decírtelo y, antes de que intentes regañarme más, todo está siendo ahora mismo ejecutado. Intentamos, por un largo año, entrar por la parte que da a Suna pero fue imposible. ¿Pero Konoha? Eso es más prometedor; al fin y al cabo alguien como Madara entró y salió, ¿cierto?
—Seis de sus hombres no salieron. ¿Por qué quieres hacer algo como eso? ¿Saben tus hermanos de esto?
Temari inevitablemente cambió su expresión a algo que se parecía a la amargura.
—No te preocupes por ellos —dijo ahora en casi un susurro, pero para evitar que la mente de Chiyo empezara a recrear escenarios, Temari rodeó la amplia mesa en donde varios alimentos estaban esparcidos y se dirigió directamente a abrazar a la anciana—. No he venido a pedir ayuda… O quizá sólo he venido por un amuleto de buena suerte, incluso aunque sólo sea un abrazo.
Chiyo supo —porque ella misma muy bien lo sabía— que esto era una muestra de cómo incluso la más difícil mujer podía mostrar un lado dulce a sus seres queridos y calló todo lo que quería decir.
Era una locura, pero si era lo que buscaba Temari hacer allí sólo podía significar que era por su propio bien y el de Suna. Tal y como no juzgaba los objetivos del joven Uchiha tampoco empezaría a hacerlo con los de la rubia abrazándola. A veces debía tenerle algo de fe a los jóvenes.
—Veo que estás contenta sirviéndole a tu nuevo amo, Lady Chiyo. Me alegra, debe ser un hombre extraordinariamente bueno a pesar de algunas cosas que dicen de él, ¿eh? Cuídalo entonces, justo como lo hiciste con nosotros.
Así, tan pronto Temari se esfumó de allí, Chiyo procuró afanarse en terminar el desayuno de Sasuke Uchiha.
A su edad, la anciana apenas podía preocuparse por una persona a la vez, y el joven probablemente no había cenado el día anterior y si Chiyo quería que probara bocado esa mañana, ella no tenía más opción que llevarle algún plato justo después de que acabara su encuentro con el heredero Nara porque quizá dicho encuentro lo dejaría de peor humor que los días anteriores, más aún teniendo en cuenta que lo más seguro era que esa jovencita Hyūga se fuera sin darle las gracias por lo que él había hecho. (No que fuera por completo culpa de ella, a veces su amo sólo tenía que suavizar sus ojos ante nuevos invitados, sobre todo si se veían tan gentiles como la jovencita Hyūga).
.
¿Queda algo claro que ese tal Bosque Negro tiene importancia?
