Advertencia: muerte de un personaje en este capítulo.
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No mucho tiempo después de la hipócrita ceremonia de su Emperador, la primera cosa que Neji —el primo de su obligada acompañante— dijo cuando los vio entrar por la puerta corrediza e ingresar al caluroso y reducido lugar de encuentro fue por qué él, Sasuke Uchiha, estaba con ella.
—No lo sé, pero ahora es problema tuyo —respondió con enfado Sasuke y alejándose del par Hyūga.
Hubo algunas cabezas que se movieron en dirección a ella, todas sobre una amplia mesa deteniendo lo que sea que estuvieran haciendo. La ahora silueta temblorosa de Hinata Hyūga, una mujer en medio de hombres, seguramente no era común en aquellos encuentros. Aún así retomaron de nuevo la conversación y acciones cuando Neji la encaminó hacia alguna esquina donde no fuese un problema.
Momentos antes Hinata llegó a creer, viendo la ancha espalda de Sasuke caminar frente a ella, que regresarían al caos del festival. Sin embargo esto era más lógico, regresarla a alguien de su familia, alguien que por supuesto debía estar ahí a pesar de que era obvio que nadie voluntariamente habría querido decirle hasta donde llegaba la participación de su clan, irrefutablemente obvio ahora con un miembro activo en reuniones clandestinas. Bien, ella ahora estaba allí, enterándose cada vez más sólo por circunstancias ajenas a ellas, tales como traer inadvertidamente su presencia a una reunión de la que a todas luces ella no estaba invitada.
Neji en completo silencio se quedó a su lado, atento aún a todo lo que pasaba frente a sus ojos. Algunos parecían estar eufóricos, unos un tanto más sombríos y otros como Sasuke estaban apretando tan fuerte su mandíbula que Hinata tocó su propio mentón de lo peculiar que eso le parecía.
Reconoció algunos rostros, o al menos algunos apellidos. Estaba el padre de Ino Yamanaka junto a otros dos de su progenie, lo reconocía muy bien porque tanto Ino como ella, muy pequeñas, habían compartido la misma tutora de hilado y música y por tanto Hinata tenía un mejor acercamiento con ese clan casi tan igual como tenía con el Nara. También estaba Kiba Inuzuka y otro hombre mayor de la familia de éste. Hinata conocía muy bien al joven, sorprendiéndose incluso de verlo allí; lo conocía desde antes que a la misma Ino o incluso antes de cuando conoció al hijo del Emperador; aún así el joven estaba activamente rehuyendo de su mirada, más concentrado en hacer de cuenta que ella no estaba ahí, casi como si fuera un objeto invisible, que en poner atención a los otros.
Y entre los que más hablaban estaba Kakashi Hatake. Del poco conocimiento que Hinata tenía y suponía del asunto, muy bien podría señalar que alguien como él no debería estar ahí si acaso sus ideas de lo que estaba ocurriendo eran correctas: los hombres allí reunidos estaban terminando de organizar los últimos detalles sobre aquel plan para darle fin a la vida del Emperador además de lo que seguiría después de ello, y Kakashi Hatake era quien estaba cometiendo el mayor acto de traición de todos. El hombre, anteriormente candidato para ser General pero ahora en un alto cargo como oficial civil, además de ser el único allí realmente viviendo dentro del Palacio era bien conocido por ser constantemente halagado e incluso exaltado como alguien magnífico y leal entre sus semejantes; con las suficientes herramientas y oportunidades podría aspirar a ser un digno líder. De niño el mismo Emperador lo había tenido bajo su tutela extraoficial y a una edad más madura se había comportado como un hermano mayor para el heredero al trono. Si sólo tuviese la misma sangre real por sus venas todos podrían fantasear con tenerlo en el máximo cargo.
Y es más, aquello podría haber sucedido si el Emperador mismo hubiese redactado, en un adecuado tiempo pasado, algún decreto real que así lo declarara. De todas formas, transformar una mentira en una verdad era una facultad que cualquier máximo dirigente tenía el lujo de poseer.
Sin embargo, a pesar de ese trasfondo, ahora el oficial Hatake estaba allí y era sin duda el traidor más clave que esta especie de clandestina oposición tenía.
Y cuando fue suficiente para Hinata lo que estaba escuchando —sobre mínimas muertes colaterales y que con el plan ejecutado sin desvíos serían los mismos magistrados y militares del Palacio los catalizadores del caos—, se estuvo a punto de pedirle a Neji ser llevada a su casa.
Fue entonces que Kiba por fin habló y ella de inmediato observó hacia su rostro.
—¿Dónde está Shikamaru? En serio, juro que si vuelve a querer revisar de nuevo el plan esta vez es hombre muerto.
El plan era que antes del siguiente alba existiría una brecha entre el Palacio y el exterior: un buen número de alcoholizados hombres, varios de ellos de capitales provincianas e incluso extranjeros, pedirían por su entrada allí. A pesar de los deplorables estados en los que estarían para esas horas, era de mal gusto ser merecedores de vivir en el Palacio o haber sido invitados y preferir quedarse afuera, así que por mucho que hubiesen disfrutado de un agraciado cuerpo femenino sobre un futón relleno de suaves plumas tendrían que hacer un esfuerzo para volver a la seguridad dentro de las puertas del palacio. Algunos oficiales, incluso ANBU, estarían ocupados tratando de llevar a los embriagados hombres dentro, si es que ellos mismos no estaban también alcoholizados y agotados.
Por tanto, concentrándose en distintos puntos, sólo habría la necesidad de forzar mínimamente algunas entradas para el ingreso de armas y de varios hombres más ajenos al Palacio.
Con suerte la primera fila de militares y guardias estarían en igual baja condición para darse cuenta de silenciosos hombres que los apuñalaran por detrás y el mapa mental que todos tenían grabado en su mente de tres despejadas rutas proveídas por Sasuke hacia posibles puntos donde se encontraría el Emperador durante dichas horas sería el último gran detalle por superar.
Lo importante era que hasta este punto no hubiese ningún desertor.
Ante la pregunta de Kiba, Kakashi Hatake giró hacia el joven Uchiha y con tal gesto hizo que todos los presentes hicieran lo mismo, incluida Hinata.
Sorpresa para ella fue cuando los oscuros ojos de él le regresaron la mirada, sosteniéndola con gran firmeza.
—¿Por qué no preguntarle a su prometida? —objetó él ante la mirada de todos sobre él—. ¿O quizá él ha preferido estar con su amante?
Hinata abrió desmesuradamente sus ojos.
—Cállate, Sasuke —interceptó Kiba fallidamente porque todos los ojos pasaron a posicionarse sobre ella. Aún así, Kiba quiso aliviar la situación—: Lo siento, Hime —dijo él, avergonzándose de inmediato al darse cuenta del familiar apelativo con el se refirió a ella.
Sasuke efímeramente observó al Inuzuka, pero pronto su atención fue atraída por alguien más.
—¿Te refieres, Sasuke, que está justo ahora con Temari no Sabaku? —preguntó Kakashi Hatake, arrugando su ceño como analizando algo y aunque la pregunta tenía dueño, pareciera que en realidad iba dirigida a Hinata gracias a las últimas palabras dichas por Sasuke.
Ella frunció su propia mirada. ¿Cómo se atrevía Sasuke? Él estuvo allí con ella, perfectamente sabía sobre el desconocido paradero de Shikamaru. ¿Por qué señalarla tan repentinamente? ¿Y de esa manera? No sólo a ella sino incluso a Lady Temari y a Shikamaru.
Shikamaru era un hombre de un clan respetable y lo último que Hinata quería era poner en tela de juicio eso. La preocupación que ella había sentido y su innegable curiosidad por el asunto no debería ser razón suficiente para ponerlo en problemas a él ni a nadie más.
—Sé tanto como usted —comentó ella procurando no alterar su voz, observando a Sasuke y obviando la última pregunta hecha por Kakashi Hatake. Aunque su voz era suave aún así sorprendió a más de uno, incluido a su propio acusador—. Shikamaru debe ser su amigo más cercano, por favor modere sus palabras al hablar de él.
«Y de mí», quedaba implícito.
Sasuke pareció quedarse quieto en su lugar, quizá sutilmente impresionado, y si abrió su boca para decir algo, fuese una disculpa u otra barbaridad, la silueta apresurada y sin aliento de Shikamaru ingresando al lugar dirigió toda la atención hacia él.
Por supuesto una escueta y desordenada canasta en sus manos era extraña de ver, más cuando en vez de arrojarla la ubicó en todo el centro de la mesa.
—Debemos cambiar inmediatamente de curso. Ya no nos favorece asesinar al Emperador. No hoy —anunció sin presentarse y apresurado, ajenos a que sus palabras pesaban inmensamente en el corazón de Hinata: hasta ese momento ella entendió el real peso de los sentimientos de discordia hacia Minato Namikaze. Hasta ahora nadie se había atrevido a pronunciar en voz alta el real y último objetivo de todos ahí: asesinar al máximo líder del Imperio.
Se hacía claro como el sol que haría por esos días que no era sólo un itinerario de dos jóvenes jugando a hacerse de todo un territorio.
Sasuke dio un paso adelante colérico hacia el recién llegado y Hinata sintió nervios al reconocer la fuerte tensión que de un segundo a otro surgió en aquel reducido espacio.
—¿«Ya no nos favorece»? —repitió el azabache las palabras del otro y ante su incredulidad habló cada vez más alto—: ¿Le ha prometido algo a tu clan? ¿Riquezas, protección? ¿Te ha prometido un futuro con el que apenas puedes soñar?
—No —interrumpió Shikamaru igual de tenso, prometiéndole con su mirada a Sasuke que no era una mala jugada o traición lo que acababa de decir—. Qué molesto eres. ¿Sabes? Tienes un serio problema en saltar a conclusiones pero asesinar al Emperador ya no es una opción, por ahora —prosiguió Shikamaru y al enfatizar lo último todos pudieron sentir cómo notoriamente Sasuke se calmaba, lo que hizo que todos los demás se calmaran… Kakashi no siguió sintiendo la imperiosa necesidad de seguir sujetando con firmeza la espada que colgaba de su cintura y de mantener sus ojos puestos en Sasuke, ni Neji de mantener una postura de alarma cuando había adelantado sus pasos y ahora estaba al lado de Shikamaru como medida de prevención.
Sin duda, a pesar de haber otras seis personas allí y de ser el portador de palabras tan contradictorias a los ánimos y planes que allí se confabulaban, Shikamaru al que más quería dirigirse era a Sasuke: de todos los presentes era quien más intenciones tenía de derrocar aquél mutilado Imperio y quizá el que sin pensarlo dos veces ahorcaría con sus propias manos al Emperador y a su tío apenas tuviese la oportunidad. Escuchar de la boca de Shikamaru no poder efectuarse nada por lo que habían trabajado le resultaba totalmente desagradable, sin embargo volvió a su lugar y hasta entonces Hinata aún en su esquina sintió que podía soltar el aire que no se había dado cuenta había estado reteniendo.
—¿Y cómo las cosas cambiarán con él vivo y en la seguridad de su corte? —preguntó Sasuke y todo par de ojos con la misma duda nunca dejaron de ver a Shikamaru—. ¿O estás diciendo que tenemos que entrar amablemente al Palacio y rogarle al Emperador que deje de gobernar? O mejor aún, ¿proponerle a mi tío que su labor siempre ha sido labrar la tierra?
—No he dicho tales cosas, Sasuke. Y sabes tanto como yo cuánto quiero que las cosas cambien.
Entonces soltando un largo suspiro y blindado por los años a las duras palabras de Sasuke, Shikamaru barrió con su mano todo documento y mapa que había sobre la superficie de la robusta mesa, cayendo éstos al duro suelo, y reemplazó todo ello por un pergamino que había rebuscado dentro de la canasta deshaciéndose también de ésta. Con rapidez lo abrió dejando que su contenido quedara en dirección a Kakashi Hatake.
Con el rostro lleno de seriedad Shikamaru calló a cualquiera que intentó reprenderlo por su abrupto acto y forzó a todos, incluyendo Hinata que no pudo contra su curiosidad, a acercarse a ver lo que había traído.
—Hay que pensar en otro plan —volvió a asegurar y segundos después Kakashi y los demás entendieron por qué.
—¡Ese maldito! —bramó Sasuke con furia, quizás hacia el Emperador, más probablemente hacia Madara Uchiha, pero con seguridad expresando lo que todos sus demás compañeros también pensaban en ese momento—. ¿Es esto cierto?
—Me lo ha entregado Temari. Esta copia estaba destinada al nuevo consejo de Suna y probablemente hay más en camino hacia otros lugares. Ha debido ser idea de tu tío —contestó Shikamaru más que seguro.
El pergamino estaba lleno de finos detalles en los que algún artista se había esmerado plasmar, además su mensaje estaba escrito en maravillosa caligrafía. Hinata extasiada de observar dicha belleza recordó uno igual cuando había sido anunciado el décimo cuarto cumpleaños de Naruto; ahora sin embargo, al ver el rostro de todos, este pergamino sin duda anunciaba más desgracias que sólo una jubilosa fecha.
El Emperador Namikaze, con su elegante firma plasmada al final, por fin anunciaba las más importante decisión sobre el futuro de su territorio, pero no se trataba de su intención por desposar por fin a una mujer y nombrarla Emperatriz, era algo más político, menos idealista: sólo el más fuerte de sus más cercanos servidores tendría el honor de reemplazarlo, y sólo lo podría lograr en un encuentro Fortis Pugna que él mismo, si las circunstancias lo ameritaban, celebrase en vida o se llevara a cabo inmediatamente en caso de que muriera. El ganador pasaría a oficiarse como el nuevo Padre de la patria, el perdedor sería desterrado o asesinado si permanecía en cualquier parte del Imperio. De los más fuertes entre aquellos que servían fielmente al gran líder estaban sin duda Madara Uchiha, su mano derecha, y Orochimaru, su entrometido médico y nigromante personal.
Todos allí, incluyendo a Hinata, sabían que la toma al poder por parte de cualquiera de esos dos correspondería a muertes y más injusticias, y por tanto Minato Namikaze no podía morir, no por ahora. Aún así seguía siendo claro a pesar de tales noticias que se debía hacer algo, un nuevo plan o retomar alguno anterior, y había que ponerlo en marcha lo más pronto posible: ya no serían sólo ellos quienes desearían que el Emperador muriese y eso ponía ahora más obstáculos que esperanzas por un buen futuro.
Lo primero, sin embargo, era suspender todo lo que se había planeado para el siguiente alba y hacerlo de la forma más cautelosa.
Shikamaru también les informó acerca de la convicción dentro del Palacio sobre traidores, de la búsqueda de ellos ahora no como una sospecha sino como algo real.
Sasuke fue el primero en salir de allí, su espalda siendo lo último que vio Hinata de él.
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La mejor manera para Sasuke de mantener a raya su frustración y de hacerse pasar como un notable habitante que sólo disfrutaba del final de la Gran Festividad Dorada, era en compañía de una mujer.
Después de lo que Shikamaru había revelado y con sus planes arruinados, Sasuke caminó como cualquier transeúnte hasta que sus pies lo llevaron a una casa de placer. Allí eligió a una singular belleza de larga melena negra de la que algunos mechones revelaban brillos azulados. Sólo aquello lo había puesto lo suficientemente estimulado para prontamente tocarla hasta estar seguro de poder entrar y salir de ella con facilidad, ubicándola boca abajo sobre la colchoneta de la privada habitación y dejando de lado el trago de licor especial que ella había intentado ofrecerle primero por las festividades.
Nunca se detuvo aunque notó el orgasmo de ella y su voz jadeante incrementando con cada embestida, incluso ahí siguió golpeándola más fuerte. La sensación de sus paredes contrayéndose alrededor de su miembro fue lo que lo envió fuera de su límite de autocontrol.
Quizá habría preferido que su cuerpo no fuera tan delgado, pero justo antes de acabar llevó sus manos bajo los rebosantes senos de ella y los apretó con ansias.
En general amaba esa parte de la figura femenina.
Su aliento entonces quedó atrapado en el oscuro pelo de la mujer, jadeó por primera vez y se estremeció mientras daba un último empuje contra ella llenando su cuerpo.
Acabado y separándose rápidamente de la prostituta pensó por largo tiempo si continuaba con una segunda ronda. Tomó del pequeño vaso que antes ella le había servido y luego recibió otros dos rebosando de líquido transparente mientras apreciaba su desnudo cuerpo respirando para calmarse, quizá imaginando que se parecía al de alguien más.
Podía tenerla esta vez encima de él, quizá pedirle que por esta vez no fuese tan ruidosa. Que lo hiciera como si fuera su primera vez con un hombre y soltara suaves y dulces gemidos en su oreja. Pero si así lo decidía, si seguía más allí, debía pagar por otro tiempo más, habiendo gastado ya bastante del suyo en alguien que no conocía y nunca podría interesarle.
Fue entonces cuando escuchó los primeros ruidos de la pólvora siendo explotada en el cielo que Sasuke prefirió tomar refugio en su casa. Tomaría más alcohol y dejaría que su derrotado y mareado cuerpo cayera inconsciente sobre su cama. La prostituta incluso había hecho un inofensivo chiste sobre sus ojeras y él mismo se había reído de ello.
Esto último debió ser todo un espectáculo cuando incluso una mujer experimentada como ella se sonrojó ante su risa e incluso intentó convencerlo de quedarse. Claro, también podía haberse debido por el dinero, adivinando gracias a sus rasgos su conexión con Madara Uchiha, o quizá porque de los visitantes que había tenido o tendría esa noche, Sasuke debía ser el más joven, probablemente el más atractivo, de nariz perfilada y ojos rasgados cuyo rostro se suavizaba al reírse y lo hacía ver como el muchacho sin preocupaciones que debía ser. Aún así Sasuke finalmente salió hacia el ruido de los juegos pirotécnicos y con una botella de alcohol en mano supuso que nadie lo incluiría en una próxima lista de traidores.
Aparte era familiar de Madara Uchiha, ¿cierto? ¿Quién en su sano juicio sospecharía de tan notable ciudadano?
Con una fortuna en sus bolsillos y dueño de un amplío territorio, ¿qué vida descontenta podría tener?
A punto de girar por una esquina se detuvo y giró su cuerpo para observar hacia una hilera de arbustos sembrados más allá de un bajo muro de piedras. Más allá de los arbustos había árboles, frondosos y altos que ya no se alcanzaban a ver en la oscuridad de la noche, y ranas y caminos destapados por las pisadas de animales y hombres. Y más allá estaba el límite hacia el Bosque Oscuro, todo un día entero de caminata hasta su primer suelo fangoso. Quizá menos al paso adulto de él.
Quizá a tres lunas sobre el lomo de un caballo se hallaba su tenebroso centro, tal y como había dicho su tío años atrás. Sobre Aoda seguramente lo haría en menos tiempo.
¿Y si se dirigía hacia allá? Dejar todo en este maldito Imperio y simplemente internarse en esa desconocida oscuridad? ¿Qué diferencia podría haber entre ambos maldecidos lugares?
Sasuke desestimó la idea cuando a sus oídos llegó el desgarrador grito de una mujer a pesar del ruidoso cielo y los explosivos haciendo figuras en él, y sus pies echaron a correr, la botella en sus manos quedó en el olvido y su corazón se aceleró como hace tanto no lo hacía.
Al llegar al lugar desde donde provenía el sonido por supuesto que encontró a Hinata Hyūga, vio su desfigurado rostro y escuchó con más claridad su inconsolable lloriqueo, ahogado en el ruido de la pólvora.
En su regazo estaba el cuerpo desplomado de Neji Hyūga.
Sasuke a poca distancia de ellos cayó de rodillas antes aquella imagen. Sintió como si acabara de esfumarse toda su capacidad de razonamiento y una nube reemplazara su cabeza.
Aquello tenía que ser irreal. Una burla de su mente por el sake bebido.
No obstante Hinata estaba allí, por fin dándose cuenta de su presencia y alzando sus característicos ojos hacia él.
Él le sostuvo esa mirada porque Sasuke sabía qué era tener el cuerpo inerte de alguien en sus brazos. Podía entenderlo perfectamente, reconocer cómo se sentía eso decenas de veces más.
Su cuerpo entonces decidió reaccionar o al menos su mente despejarse. Vigilado bajo la pálida mirada de ella, como preguntando por él, preguntando por su ayuda, Sasuke inmediatamente se sintió avergonzado de lo que momentos antes había hecho con el cuerpo de otra mujer, incluso aunque Hinata no pudiera tener la más mínima idea. Le dieron ganas de vomitar y pegar su cabeza al suelo para rogarle perdón.
Estaban en guerra, o al menos en el inicio de una silenciosa guerra que podía convertirse en sangrientas disputas, no obstante, ella no lo sabía del todo, o al menos si no fuese por el descuido de él tan sólo semanas antes, Hinata seguiría siendo una hermosa joven esperando ser cortejada por otro heredero más, quizá por uno de sus mismos primos. Incluso podría ser una ingenua enamoradiza del Emperador fantaseando con echarse a sus brazos, ser la razón por la que éste encontrara otro verdadero amor y tal cosa habría sido mejor que verla cada vez más manchándose de sangre.
Alguien como ella no debería estar ahí; era él quien por meses sabía de dicho conflicto, dispuesto incluso a ser a quien la sangre lo salpicara directamente; ella no debería estar viviendo nada de esto tan directamente.
Lo sabía, sabía que no podía bajar la guardia nunca ni buscar mitigar sus obligaciones. Cada vez que le daba la espalda a alguien cosas como éstas sucedían. Alguien tan hermoso como Hinata —la mujer más bella que él conocía— terminaba llorando o alguien más debía llorar la muerte de un ser querido.
Y fue cuando la mirada de Hinata empezó a regresar hacia su primo que Sasuke venció del todo su parálisis, reincorporándose y como si nunca hubiese tenido un momento de debilidad se encaminó hacia ellos.
Bajó a su altura y suavemente ubicando dos dedos bajo el mentón de ella la obligó a volver a verlo.
—¿Estás herida? —cuestionó mencionando cada sílaba lo más claro que podía, eliminando cualquier posible confusión o poco entendimiento a su pregunta.
Sasuke apreció que ella no repelara su contacto ni luchara por bajar su mirada de nuevo a Neji, sin duda alguna ahora un cuerpo demasiado frío.
Cuando Hinata expresó que no estaba herida volvió a hacerle otra pregunta, de nuevo lo más lúcido que podía hacérsela:
—¿Puedes caminar?
Quizá él mismo podía pedir ayuda, hacer que alguien más la subiera a un caballo o a un carruaje; o hacer que entre varias mujeres más la apoyaran hasta el camino a su casa. Sin embargo, Sasuke no deseaba confiar en nadie. La calle estaba vacía y las casas sin velas ni lámparas encendidas adentro que indicaran personas habitándolas. Probablemente todos seguían festejando, la mayoría sobre colinas y con sus cabezas elevadas embelesados con los últimos fuegos artificiales.
Y, teniendo en cuenta lo mencionado por Shikamaru, alguien podría estar viéndolos justo ahora desde algún alto techo.
Quizás el mismo que había sido enviado a realizar este asesinato.
Hinata asintió levemente a su pregunta.
Ella podía hacerlo. Haría cualquier cosa que no fuera sentir su corazón oprimido y agitado en su pecho. Sentía morirse, sólo el leve toque de Sasuke Uchiha en ella era lo que le afirmaba que en ese momento continuaba viva.
—Los llevaré a casa —prometió él, eventualmente quitándole a ella el cuerpo derrotado de Neji.
Hinata sólo pudo volver a seguir la ancha espalda de Sasuke Uchiha cargando ahora a su primo con la mayor solemnidad posible.
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No había una lista de posibles traidores o conspiradores aunque el Emperador mismo se la había pedido a su mano derecha. No obstante, cuando vio a Madara moverse de un lado a otro luego de que alguien bajo su mando se acercó a susurrarle a su oído, y cuando luego fijó sus azules ojos en tres altos funcionarios que subían sus copas mientras decían en voz baja «está hecho», no le tomó gran tiempo al Emperador desde su asiento y casi vacía sala conectar algunos puntos: había ocurrido un pequeño contragolpe a favor de la seguridad del Palacio. Una muerte, probablemente. Quizá más de una.
Luego pensó sobre el Fortis Pugna que había resuelto firmar. Una buena decisión, optó por concluir. No había una amada que reemplazara a quien había adorado, y tampoco había una mujer a quien tratara como una esposa y madre de un nuevo heredero.
Luego, casi que banalmente, pensó en la perfección de un joven rostro entre la multitud que lo había observado más temprano ese día en su acto ceremonial. Un bello rostro pegado a un estilizado cuello que había resaltado entre todos.
Sabía muy bien quién era, ahora siendo incluso más hermosa de lo que había sido la esposa de su anterior líder de la Guardia Real.
Hinata Hyūga, ¿no?
Fugazmente entonces pensó, antes de unirse reticente a la celebración y al alcohol, que era una lástima que ya no se aceptara la entrada del clan Hyūga al Palacio. Alguien con el porte de ella encajaba perfectamente con el oro y la madera de allí.
Además, Minato pensó, poco me aburriría de seguir viendo un rostro como el de ella.
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Fortis Pugna: en Latin, fuerte batalla. Qué creativa xD
Si llegaste hasta acá ¡gracias por leer! Llegaremos al momento en que alguien se bese, lo juro.
Creo que he omitido al personaje de Hanabi y no estoy segura si la verdad quiero incluirlo y quizá ya es muy tarde xD También odio apartar al personaje de Neji, pero necesitaba un definitivo momento de inflexión en la vida de Hinata y… hey, creo que ya entiendo un poco más a Kishimoto.
Por último, ofrezco disculpas de antemano porque no tengo ni el mas pequeño párrafo escrito del capítulo cinco (aunque de los siguientes capítulos sí). Me siento en problemas jajajaja, pero me enfocaré en hacer ese puente entre este reciente cap y el seis.
23 de abril: algunas pequeñas ediciones hechas.
