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A pesar de ser un apacible hombre que prefería ver pasar las nubes, la vida de Shikamaru Nara no era fácil. Era un activo miembro en una arriesgada oposición; era amigo de alguien como Sasuke, alguien con misteriosas culpabilidades y fervientes propósitos y quien era inconsciente del encandilamiento en el que poco a poco estaba cayendo respecto a Hinata —confirmado por Shikamaru como si fuera un testigo silencioso de ello la última vez en que los tres se habían reunido—; y ahora era un hombre adolorido que había sufrido de una agresión.

Con Hinata previamente se había acordado, luego de ella recibir una invitación a la Ceremonia de despedida a los embajadores y luego de Shikamaru haberlo confiado a su padre y a Kakashi, que su próxima reunión con ella sería dos días después de su asistencia al Palacio.

Así sería porque cualquier nuevo encuentro o contacto con Hinata debía tener desde ahora una propia logística; ya no más de inadvertidas visitas a la Mansión Uchiha ni cualquier otro encuentro que pudiese revelar que ella tenía más contactos de los que una tímida noble debería tener.

Quizá por eso, porque vería a Hinata hasta el día siguiente y a pesar de las mil cosas en las que aún podría haberse enfocado —tales como cerciorarse que la reunión con ella no tendría fallas—, Shikamaru había decidido hacer una estupidez esa mañana. La mañana después de la Ceremonia.

Había tomado el caballo de su padre, más veloz que el propio, y había salido de la capital sin decirle a nadie.

Todo por una mujer y porque se habían cumplido 40 días sin verla y el día anterior había sido el último de su estadía oficial.

Y al final su estupidez sólo le había hecho ganar un golpe en la cabeza, un desmayo, las burlas de dos mujeres de Suna, la seguridad de que Suna tenía algún desconocido objetivo del cual él no tenía idea por donde empezar a analizar, y un gran dolor de cabeza.

Había sido un gran error, lo reconocía, quizá simplemente guiado por su frágil y masculino ego herido.

Su supuesta genialidad debió quedarse en la seguridad de su casa, sopesando qué le preguntaría a Hinata sobre el Palacio. Incluso aunque superficialmente no hubiese ocurrido mayor cosa la noche anterior —incluso aunque Madara Uchiha hubiese perdido su curiosidad en Hinata—, Shikamaru podría discernir buena información de lo presenciado por su amiga. Cualquier cosa, en realidad; sólo bastaba hacer preguntas que eventualmente llevarían a conjeturas con las cuáles todos podrían trabajar; preguntarle a Hinata qué rostros había visto, cómo eran sus expresiones, qué tan ostentoso seguía siendo la vida dentro del Palacio o si hubo una disminución en sus tentempiés, cualquier posible pequeña crisis era algo a lo que prestarle atención.

Pero en vez de pensar en eso Shikamaru había interceptado el carruaje con el emblema de Suna, bajado del caballo y descubierto una falsa Temari dentro. Falsa aunque hubiese tenido la ropa y tono de piel de la embajadora de Suna y aunque había ocultado su boca y nariz detrás de un abanico; la mujer que él había encontrado dentro del carruaje no tenía el mismo tono verde de ojos que estaba seguro podría reconocer cualquier día a cualquier hora.

Y entonces, justo después, alguien lo había golpeado detrás de su cabeza.

Luego de eso había regresado derrotado a la propiedad de su clan, dejado el caballo en su establo y dirigido a la casa principal donde residía su padre.

Allí, pocas horas antes del sol ocultarse y sin encontrar a Shikaku, supo que el hombre debía estar reunido al menos con Kakashi y decidiendo enfocarse en su real labor en vez de descifrar misterios de molestas mujeres, Shikamaru por fin se dirigió al punto usual de encuentro.

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Ya quedaba muy poco para el sol ocultarse cuando Sasuke vio a Shikamaru ingresar por la puerta corrediza, sin embargo la extrañez de su tardanza y su aparente desaparición como había mencionado Shikaku, pasó a un segundo plano cuando, minutos después, también entró una joven que trabajaba dentro del Palacio.

Tenten era la hija del actual sastre principal de la Corte y por tanto vivía dentro de los altos muros con su progenitor. No obstante, no era posible contactarla tan fácilmente. La última túnica del Emperador, en seda y algodón bordados, había sido elaborada a lo largo de un año, un largo tiempo de trabajo manual en el que Tenten, aprendiz, había sido vigilada bajo la dirección de su padre para no cometer errores que pudiesen desbaratar toda una semana de esfuerzos.

Sasuke nunca había cruzado palabra con ella y tampoco le interesaba su cercanía con Shikamaru u otros opositores al Palacio más allá de los estrictamente estratégico; aún así, sabía muy bien que ella no debería estar ahí con ellos, que era un alto riesgo especialmente para ella.

—¿Tenten? ¿Qué estás haciendo aquí? Es un peligro para ti si te ven fuera de…

La joven, interrumpiendo las palabras del joven Nara, alzó su mano y atravesó su palma contra la mejilla de él.

Era injusto, desde luego, que la vida hiciera que la cabeza del joven Nara recibiera otro golpe el mismo día. No obstante Shikamaru no espetó palabra alguna, tampoco se quejó del abrupto comportamiento de la joven con él. En su mente y en la de los demás presentes sólo había preguntas y no hubo necesidad de hacerlas, Tenten inmediatamente habló.

—Hice todo por nada —su clamor era una muestra deplorable del dolor más afligido—. Debí haber huido con él cuando podíamos —siguió esta vez más suave.

Shikamaru la observó con inmensos ojos sorprendidos. Era verdad, caía en cuenta. De nuevo ese día podía señalar otro error que había cometido, la pérdida de un amigo.

Tenten se refería a Neji quien ahora sólo era un recuerdo porque no habían sido lo suficientemente precavidos. Neji, quien había sido un hombre demasiado honorable para siquiera pensar con descontento sobre la mujer de rango inferior a la que había amado; o de mantener un resentimiento hacia ella por las pocas veces que pudieron verse o la imposibilidad de haberla hecho su esposa; se amaron pero Neji sólo la había llevado a la cama tan contadas veces como el número de estaciones que había cada año que ambos poco habían saciado su imposible deseo de enlazar sus vidas en matrimonio: él había sido un noble en posición de heredar un maldito clan; por su parte, el padre de ella había nacido en la pobreza y no había nada más que decir, por mucho que ahora éste viviera en el Palacio y las manos de Tenten trabajarán en hermosas túnicas que nadie más de los presentes podría imaginar tener algún día.

Y aunque Shikamaru no conocía previamente sobre la revelación que Tenten acababa de admitir —que en algún punto su amigo y ella habían hablado de escapar—, sabía que habrían podido lograrlo.

Sin embargo, habían prevalecido los planes y deseos políticos. Y todas las decisiones de quienes estaban ahí reunidos —Tenten incluida— habían terminado por desbaratar cualquier posible felicidad de la pareja.

—Lo siento —Shikamaru dijo afligido.

—No lo digas —sobrepuso entonces Tenten, calmándose poco a poco y consciente de que ella misma había sido uno de los obstáculos de una alternativa vida lejos de la capital—. Sólo estoy furiosa de que… De que quieran usar a alguien más, a ella. Será llamada pronto al Palacio, lo sé, por mucho o poco que pueda pesar su clan ahora. Es la palabra del Emperador, susdeseos.

—Tenten —dijo entonces Shikamaru con seriedad, atrayendo su atención e interrumpiendo sus palabras—. Tengo que admitir que no entiendo lo que dices… ¿Qué quieres decir con los deseos del Emperador?

Sasuke se acercó a ellos, con mucho más que curiosidad picando sus entrañas.

—Se refiere al Emperador tomando interés en Hinata —Sasuke respondió viendo a Shikamaru. Éste había estado desaparecido por casi un día entero y era ignorante de lo que Sasuke ya sabía.

Shikamaru entonces barrió rápidamente con su mirada al estrecho lugar, buscando por la figura de su amiga aunque era evidente que Hinata no estaba; de otra forma, probablemente, habría soltado un grito ahogado ante la conversación que se desenvolvía sobre ella.

—¿Cómo lo sabes, Sasuke? ¿Alguien ha hablado con ella?

—No creo que ella misma entienda qué sucedió. Y no, no la hemos contactado; ha sido gracias a Madara que me he enterado, indirectamente por supuesto: llegó a la mansión durante la madrugada particularmente borracho y Chiyo lo atendió. Estaba por un lado contento porque por fin se ha oficializado el Fortis Pugna, pero al parecer también se han generado, sin querer, algunos desacuerdos entre él y «su Majestad».

Tanto Shikamaru como Tenten lo observaron con plena atención. Todo esto desde luego ya había sido compartido por Sasuke con los otros dos hombres presentes alrededor de la mesa central, ambos adultos con sus brazos entrecruzados esperando a que Shikamaru estuviese actualizado de los recientes detalles. Uno de los hombres era Kakashi, siempre presente; el otro era Shikaku, quizá lamentablemente decepcionado de la falta de atención que su hijo había demostrado ese día.

Shikamaru, sin embargo, decidió tomarse las cosas con calma. Ubicó su atención entonces en Tenten.

—Y él llamará por ella eventualmente, dices.

—¿Qué otra cosa procuraban esperar?

—¿En cuánto tiempo sucedería eso?

Tenten, no obstante, prefirió ignorar la pregunta.

—Ha sido plan de ustedes, ¿no es así? Usar una mujer para sus conveniencias, enviarla a seducirlo. Bueno, hicieron un buen trabajo con lo que sea que le enseñaron, lo sedujo.

—Te aseguro que así no fue —dijo entonces Sasuke, defendiendo quizá por primera vez el buen nombre de una mujer.

—Entonces lo que sea que ella hizo funcionó perfectamente —casi espetó la joven ubicando sus ojos en Sasuke—. El rostro de él… fue de deseo. Interés totalmente pasional por ella… Por Hinata Hyūga, ¿verdad? —Tenten volvió su mirada a Shikamaru—. Ahora que Neji no está aquí para evitar cualquier desgracia en su vida, ¿cierto? ¿La han mancillado entre ustedes dos? ¿Han jugado con ella convenciéndola sobre una cama como si eso fuese lealtad por el pueblo? Porque, créanme, no servirá de nada ¡tal y como siempre ha sido cualquiera de las decisiones anteriormente tomadas!

Shikamaru estuvo cerca de ser quien pidiera por su silencio y moderación, sin embargo fue Sasuke quien con su tosquedad se dirigió a ella.

—No digas una palabra más, mujer —advirtió él.

—¿Entonces tu reacción es porque ella es todo lo contrario? —continuó a la ofensiva—. Bueno, déjenme decirles algo: al Emperador no le interesan del todo las vírgenes; quizá se entretenga con ella una primera noche, una semana máximo, cuando decida que su belleza no es lo suficientemente entretenida. Y luego pasará a algún rincón del Palacio, seguirá siendo aún de él, del Emperador, pero relegada y encerrada ocupada en oficios hasta que pueda tomar un rol como segunda o tercera dama de la siguiente Emperatriz, cosa que nunca pasará; o que ya no sea tan joven y bella para estar dentro del Palacio, ni siquiera como una doncella de adorno—. Tenten se detuvo para darse un respiro, ahora consciente de cuánto había estado elevando su voz—. N-Neji… Oh, mi Neji no habría deseado eso para ella.

Así, mientras Sasuke estaba casi que audiblemente respirando, conteniéndose ahora sólo por la mención de Neji Hyūga, y mientras tanto Kakashi y Shikaku se compartían una mirada fugaz, debatiendo internamente si era necesaria una intervención de ellos, Shikamaru supo que había cometido otro error ese día: si bien antes había pensado que Hinata no estaba allí, ahora sus ojos estaban seguros de su presencia.

Quizá Hinata había estado allí desde justo después de Tenten entrar.

Ya sabía cómo llegar allí, lo debía recordar gracias a la anterior reunión que tuvieron ambos con Sasuke y quizá, impaciente o simplemente buscando por alguien que le dijera qué hacer ante el posible giro que tomaría su vida, Hinata había decidido ser quien se acercara a ellos.

Así, mientras Shikamaru se fijaba en las largas hebras oscuras justo en el marco de la entrada, donde la puerta corrediza dejaba un espacio abierto, él realmente se lamentó por no haber enfocado su atención en ella ese día.

—Hinata… —llamó el joven Nara y entonces todos observaron en dirección hacia donde él miraba.

En poco tiempo Hinata deslizó la puerta y entró.

—Oh, cariño, no quise realmente decir todo eso… —empezó por decir Tenten pero fue interrumpida por la misma ojiclara.

—Pero algunas cosas son completamente verdad. —Hinata hizo una pequeña reverencia a manera de saludo hacia la nueva mujer, hermosa en su opinión y quien había dicho el nombre de Neji como sólo alguien que lo hubiese adorado podría hacer—. Me complace conocerla, Tenten, soy… Hinata Hyūga; desde luego no sé mucho de la vida que mi primo prefirió guardarse, pero ahora estoy segura que los mejores momentos que compartió en vida debieron ser con usted—. Hinata después elevó sus hombros hasta erguirse sin mirar a nadie, especialmente a los aguados ojos de la otra mujer, de Tenten quien debió amar a su primo más que a nadie.

Sin embargo, segundos después, Hinata observó a Sasuke, reflejó sus ojos en los de él y fue consciente de la expresión en el rostro del joven como si él estuviera obligándose a mantener la distancia entre ambos, en controlar algo que ni siquiera él mismo entendía.

Hinata, por su parte, se sentía avergonzada, inmensamente, y ello la obligó a alejar de nuevo sus ojos. Silenciosamente sabían ahora que la «promesa» de Sasuke porque un hombre no la tocaría —fuese Madara o el mismo Emperador— ya era una clara mentira para ambos, una promesa imposible ahora de mantener por parte del joven heredero que debía ver como oportuno que la belleza de ella despertara tanto interés.

Hinata finalmente volvió a hablar diciendo algo que llenó de sorpresa el lugar.

—-Quiero hablar con ustedes dos, señor Hatake y señor Nara.

Ninguno de los presentes objetó su petición.

Además, en la cabeza de Hinata las palabras de Tenten retumbaban como la última chispa que necesitaba para unirse por completo a los opositores.

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Esa misma noche, más fría que las anteriores, se distinguía por su luna cada vez más luminosa. Dentro de dos noches sería una esplendorosa luna llena, una que traería, quizá, el momento más relevante para la vida de Sasuke Uchiha.

Por ahora él, impaciente, caminaba de un lado a otro en la sala de la casa principal, alarmando a Chiyo quien sólo esporádicamente venía a echarle una mirada como si de un preso y su vigilante se trataran. La mente de Sasuke sólo tenía espacio para rememorar la petición de Hinata apenas horas antes; de pensar si acaso debería haberse opuesto a que ella hablara con ambos hombres, o quizá al menos haber exigido que él estuviera presente.

Madara ya no estaba ahí en la mansión y probablemente no volvería dentro de otros varios meses más —si es que no ocurría un milagro antes y de alguna forma hallara su merecida desgracia; así que Sasuke podía seguir impacientándose todo lo que quisiera hasta que algún mensajero llegase o hasta que simplemente pasara en vela y el nuevo día llegara.

Entonces un pequeño y seco sonido se escuchó proveniente de algún lugar detrás de la casa, probablemente la cocina, alertando a Sasuke de una nueva y sigilosa visita.

En poco minutos la figura de Shikaku Nara apareció y éste no hizo ningún tipo de rodeos.

—Quiere casarse contigo —comentó el hombre luego de buscar por un asiento sobre el cual ubicarse. Le tomaría al menos unos minutos exponer exactamente a qué llevaban sus palabras, o en responder algunas cuestiones que probablemente Sasuke tendría.

No obstante, por ahora, el joven Uchiha lo observó con clara sorpresa y sin palabra alguna qué decir.

«¿Por qué?» habría sido una buena réplica, sin embargo la mente de Sasuke se quedó en un pequeño detalle. Había algo incoherente en lo dicho por el hombre. Una palabra errónea, desde luego: querer. Hinata no quería casarse con él. Quizá lo que el hombre tuvo que haber dicho era que ella debía hacerlo.

Aún así, pronto comprendió mejor las cosas. Hinata no era una mujerzuela y tampoco se había visto en ella actos poco honorables con otros hombres. Ni siquiera como Karin, la hija de un artesano que había trabajado para Madara, quien durante su temprana adolescencia se había atribuído el derecho a molestar a Sasuke lanzando sus brazos a él cada vez que había tenido oportunidad —procurando que nadie más estuviera observándoles, por supuesto.

No, no había un gramo de actitudes a las cuales señalar como inadecuadas en Hinata.

Hinata era una gema en lo que respectaba a las mujeres de la ciudad, pura y desinteresada, cumpliendo hasta ahora y de forma excesivamente bien su papel como hija de un noble. Incluso, Sasuke estaba seguro, el número de varones fuera de su familia con los que ella habría mantenido conversaciones regulares en toda su vida no debían superar los diez dedos de sus manos.

De ese modo, era entendible que Hinata quisiera continuar haciendo las cosas lo más correctamente posible guardadas las circunstancias, y entrar en unión matrimonial antes de perder la virginidad era lo correcto. Hinata tenía un propio sentido de la moralidad que Sasuke nunca había visto en nadie; la joven incluso había saludado con estima a una mujer que ese mismo día había hablado de ella a sus espaldas. Hinata también había sido quien había defendido el nombre de Shikamaru cuando Sasuke lo señaló con ofensas esa vez durante la Gran Festividad Dorada.

—Está bien —respondió Sasuke a un Shikaku que no había esperado esa respuesta tan pronto, o al menos sin preguntas que hacer antes—. Supongo que debe hacerse lo más pronto posible, y que nadie más se debe enterar.

—Se lo haré saber esta noche a alguien confiable del clero —aseguró Shikaku, aunque, para evitar líos, se explicó mejor—: Por un adecuado puñado de monedas y oro los casará a puerta cerrada, y seré yo quien ofrezca ese monto. Ninguno de ustedes, especialmente ella, tiene que dar más de lo que todo esto implica. Además con la suficiente amenaza quien los case no hablará sobre la ceremonia con nadie más, al menos por un tiempo… el necesario.

Sasuke concordó en silencio aunque quería refutar el ofrecimiento de él. Gastar la fortuna de su familia en sobornos —o incluso entregando un poco a la familias de quienes estuvieron a punto de entrar al Palacio a asesinar— nunca había sido un problema para él siempre y cuando lo ayudaran en el camino de lo que él consideraba cumplir lo correcto.

—¿Tienes alguna pregunta por hacer? —Por supuesto que habían, Shikaku sólo quería apresurar su estadía; aún podrían haber ANBU en guardia y aún tenía sobornos que hacer.

Sasuke, quien aún se había mantenido de pie, dio media vuelta y caminó hasta la amplia ventana en la que su padre también había mirado hacia el horizonte luego de sorpresivas noticias o difíciles decisiones. Su padre quien sí se había casado con el amor de su vida.

Sasuke volvió su mirada al hombre en la acomodada sala. No había necesidad de señalar cosas obvias como que la «ceremonia» en realidad sería un muy pequeño encuentro clandestino, probablemente sólo Hinata y él, el sacerdote y dos testigos; o que Sasuke al final iba a cumplir con los anteriores señalamientos de Tenten sobre Hinata haciendo un «"buen trabajo" con lo que sea que le enseñaron».

También era obvio que Hinata estaba aceptando que iba a tratar de mantener la atención del Emperador sin terminar como su aburrida concubina, quedando —como había señalado Tenten y como nadie podría refutar— relegada a algún apartado lugar del Palacio sin más contacto directo con el hombre aunque siguiera siendo de él porque incluso si nunca llegara a ser su amante en cama mantendría un estatus como concubina.

Contrario a los planes que tuvieron sobre Madara, haber llamado la atención del Emperador en términos pasionales significaba que ningún otro hombre más podría tenerla, a menos que el mismo Emperador lo concediera y ese era un escenario sobre el cual nadie podría tener control.

Sin embargo, sí había otras cuestiones que no eran tan obvias para Sasuke; extrañamente más importantes que la noción de tener a Hinata en su lecho. Por ejemplo, por mucho que Hinata quisiera hacer lo correcto, cuando fuese llamada al Palacio y estuviese en la cama del Emperador —o en donde él prefiriera tenerla—, estaría cometiendo adulterio, ¿no era así? Estaría con el Emperador a pesar de estar en parentesco divino y jurídico con Sasuke. Y además Shikaku acaba de decir que su casamiento sería secreto al menos por el tiempo necesario, significando eso que en algún punto, inadvertidamente, alguien más podría saberlo.

Era un osado plan.

—¿No representaría este casamiento un problema futuro para ella? —Sasuke volvió a ver hacia afuera, hacia la dirección en que sabía quedaba el complejo Hyūga.

¿No entraría en desgracia ella, quizá incluso ser desterrada del Imperio, por haber estado evidentemente con dos hombres y traicionado el acuerdo de fidelidad con uno de ellos? Hinata se casaría con él, pero eventualmente estaría en los mismos aposentos del Emperador satisfaciéndolo. ¿No quedaría manchado el buen nombre, o al menos lo que quedaba de riqueza y poder, del clan Hyūga?

—Si alguien fuera de nuestro control lo descubre… —prosiguió Shikaku entendiendo perfectamente la pregunta, respondiendo con lentitud pero seguro de sus palabras—, no caería deshonor sobre ella. Habría sido una orden directa del Emperador, las cuales por lo general deshabilitan acuerdos e incluso actos históricamente permitidos en beneficio de él, así que, por tanto, cualquier acusación de adulterio hacia la joven Hinata no sería legítima. Lo más probable que ocurra en caso que el Emperador sospeche que Hinata es mujer de otro hombre, es que se anule dicho matrimonio. Al menos públicamente lo hará para prevalecer la integridad de la imagen de su Corte y concubinato.

—Públicamente —detalló Sasuke entonces. No se descartaba entonces la posibilidad de Hinata por recibir escarmiento, de ser reprendida.

Shikaku no obstante no se detuvo en ello y Sasuke de todas formas no lo había dicho a modo de pregunta. El hombre Nara sólo prosiguió entonces a mencionar otros aspectos más como la fecha probable para realizar la boda —en dos noches máximo— y la mentira que habían configurado con la misma Hinata para decirle a algunos miembros de su clan, a la nana de ella y a las dos criadas que Hinata tenía en casa —quienes, desde luego, no la verían por el tiempo en que Hinata pasara a vivir a una de las casas secundarias del complejo Uchiha —y después de eso no la volverían a ver más si pasaba a vivir al Palacio—. La mentira también serviría si la atención del Emperador era lo suficiente alta para enterarse y preguntar por los ya existentes rumores de Sasuke y su pretensión de querer casarse con Hinata.

Con esos detalles finales, Shikaku Nara por fin se levantó para despedirse y proseguir con su otra importante misión para esa noche.

Sasuke quitando por fin la vista que ofrecía su ventana, hizo llamar a Chiyo, ella quien desde luego debió haber escuchado todo y debía estar pensando en alistar la mejor ropa que su amo tenía.

La anciana, no obstante, no pudo evitar la sorpresa en su rostro cuando su joven amo le preguntó qué regalo era apropiado para darle a una mujer por parte de su futuro esposo.

—Joyas, muchas y diversas —aseguró ella con una sonrisa. Después, conociendo también a Sasuke, agregó una mejor respuesta—: O el mejor caballo que éste posea. —Chiyo dio una suave expresión, distinta a las que usualmente llevaba, quizá adivinando bien que la muy escasa situación amorosa por la que era reconocido su joven amo en algún punto definitivamente había cambiado.

Al escuchar eso y sin que la mujer se diera cuenta, Sasuke casi que se permitió una sonrisa en sus labios. Desde esa vez en que Hinata había pisado sus establos e intentado así misma darse un refugio allí, Aoda había dejado de ser el mismo con él, cabeceando más de la cuenta, y Sasuke, casi como si tuviera el poder de comunicarse con él, sabía por qué: Aoda, que nunca había tolerado bien la cercanía de otras personas aparte que la de Sasuke, había decidido que le había gustado la corta compañía que tuvo con la joven mujer Hyūga, quizá incluso por sobre la de su amo.

—Creo que sabes más que yo qué hacer y qué preparar antes de que se cumplan dos días, anciana —comentó Sasuke poco después—, pero puedes empezar mañana, ya es muy de noche.

Chiyo, no obstante, le habló que estaba segura que querría a su futura esposa tanto como lo hacía con su joven amo.

Sasuke entonces quiso soltar una carcajada. Su futura esposa no tenía en mente quedarse con él, darle hijos y verlo morir de vejez. Hinata iba a dejarlo mucho antes de la siguiente luna nueva para ir a entretener al Emperador y vivir en su palacio lleno de oro. Quizá para entonces Hinata se olvidase de sus regalos de boda.

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El casamiento fue sencillo, dos días después como había prometido Shikaku Nara y duró menos de lo que Sasuke y Hinata habían esperado.

Ella ahora estaba respirando notoriamente; su pecho, aún envuelto en su sencillo pero perfecto vestido de dormir que Chiyo le había entregado, subía y bajaba sin poderlo controlar, y estaba abrumadoramente consciente de la mirada de Sasuke puesta en ella, ahí en medio de la habitación dispuesta para ambos.

Sasuke fue el primero en dar los pasos suficientes para acortar la distancia entre ellos.

Todo parecía irreal, aún así Sasuke relamió sus labios.


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Sí, siguiente por fin smut SasuHina!

Gran parte de este capítulo ya estaba escrito en el 2019! Y de aquí partió toda la trama actual (existe un borrador original, bastante diferente, pero del que luego contaré - quizá lo edite y lo suba).

(Tengo un irracional nerviosismo porque que mi resumen es un poco engañoso, si lo releen luego de este cap les sonará ambiguo. Creo).

—! Siglos antes existía la patria potestad sobre la mujer: básicamente un matrimonio no podía ser legal sin el consentimiento del padre (o abuelo, tío?) de la novia luego de recibir un dote. Decidí omitir todo ese rollo y por tanto el matrimonio entre Sasuke y Hinata es totalmente legal en este universo. Recuerden, nada de esto es históricamente preciso.