Advertencias: Descripción de escenas sexuales en la primera parte de este capítulo (+18).

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Quizá Hinata se estaba obligando a permanecer allí y quizá la consumación de su matrimonio no era como ella se lo había imaginado de niña, pero en términos tradicionales no se estaba cometiendo ninguna indecencia. Allí estaban e iba a suceder: casados siendo para nada él el príncipe con el que Hinata muy seguramente había soñado, y ella su esposa que recibiría con inmenso nerviosismo las caricias de Sasuke, de alguien que ya había estado con otras mujeres. Y en eso último era en lo que debía radicar que Hinata lo hubiese escogido a él, ¿verdad?

Sasuke era el hombre que más recientemente conocía, con quien no arruinaría nada tal y como hubiese sucedido si su unión hubiese sido con Shikamaru o Kiba; y, además, podía pensar en Sasuke como una figura lejana a lo casto y puro: Hinata necesitaba todo lo contrario a esas cosas, necesitaba un cuerpo varonil que la guiara a no desmayarse frente al Emperador.

Aún así, decidió Sasuke, no sería un acto parecido a las veces en que él había desfogado sus frustraciones, compartido sus éxitos y calmado sus ánimos con prostitutas o nobles que no le interesaban del todo. Antes esa misma noche, durante la ceremonia y cuando estuvieron casi que obligados a estar frente al otro, los aguados ojos que Sasuke vio en ella y que se alejaban a la completa felicidad, no era algo que quería volver a ver.

Sasuke entonces se quitó su pesado abrigo dejándolo caer al suelo y ante la acción Hinata respondió con un temblor.

No, no sería como con ninguna de las mujeres con las que había estado. Con Hinata, sin duda alguna, sentía atracción. Con sólo verla en la propiedad Uchiha y cerca a una limpia y amplia cama, Sasuke podía sentir la punción en su ingle, la materialización de su excitación por ella y la confirmación de que, justo ahora, no existía mujer más hermosa para él, y no importaba realmente que esto último fuese algo que siempre hubiese pensado desde el momento en que la encontró con Aoda, o surgía por un incontrolable sentimiento de posesividad y protección al saberla legalmente su esposa.

Sin desprenderse de más ropas, Sasuke consideró cómo acercarse a ella, y entonces entendió lo que debía hacer primero. Besarla, por supuesto, volver a acercarse a ella como ya lo habían hecho antes, sólo que ahora estarían más conscientes.

Así, cuatro pasos y Sasuke estaba frente a ella, inevitablemente admirando sus rasgos, llevando él con delicadeza sus manos a los antebrazos de ella, subiéndolos hasta pasarlos por sus hombros y sintiendo la respiración de ella acelerarse. Sasuke, no obstante, no detuvo sus manos ahí, las llevó hasta la extensión de ese esbelto cuello y luego, sus largos y firmes dedos, casi ásperos pero que con sutileza sabían acariciar, se ubicaron detrás de las orejas de ella y se enredaron en suaves hebras oscuras. Hinata soltó un sonoro suspiro y gracias a lo que sentía en su pecho, allí en el interior de sus costillas que parecían como alas revoloteando, tuvo que cerrar sus ojos.

—Sasuke… —era la primera palabra con que se había dirigido a él después de no haber hablado por lo que parecía una eternidad desde el momento en que el sacerdote los unió en matrimonio.

—Seré gentil —aseguró él acercándose más y besándola en ambos rincones de su boca con lentitud.

—G-gracias.

Entonces Sasuke ante ese susurro juntó sus labios finalmente y eso, un simple beso donde nadie los estaba viendo, lo llenó de deseo, de buscar por unirse más a ella, de querer que sus labios se abrieran para él tal y como deseaba que los pliegues de su intimidad pronto lo hiciera para él. Hinata intentó obedecer, procuró mover y abrir su boca como Sasuke le pedía, y como su propio cuerpo le susurraba que debía hacer.

Aún así, Hinata detuvo su unión cuando fue demasiado abrumante.

—Haremos más que eso, Hinata —habló en una baja voz Sasuke, incapaz de dirigirse a ella como «esposa mía» o «cariño» como otros hombres seguramente hacían en su primera vez con su mujer—. Seré gentil pero no podré hacerlo más despacio que esto.

Hinata, con un gran sonrojo en sus mejillas, asintió mientras observaba a su pecho; un buen cambio en opinión de Sasuke: ya no era el suelo hacia donde mantenía su mirada fija.

Luego de otro beso, quizá más exigente por parte de él, Hinata por fin sintió ser empujada hacia la cama, cayendo sobre el colchón.

Así, su esposo podía apreciar sus redondos pechos bajo la tela de su delgada ropa, y al aspecto claramente virginal de ella, roja y dulce como una manzana no tan lista para caer del árbol.

Y era de él. Su primera vez, sus siguientes jadeos.

—Ubícate mejor sobre la cama —dijo Sasuke entonces, su voz profunda y expresando su deseo por ella, quitándose su prenda superior y dejándose los pantalones por ahora.

—S-Sí. —Hinata aún más sonrojada sin poder evitarlo apartó sus perlados ojos de la piel de él.

Sasuke decidió que no le quitaría su prenda, la haría suya con esa pequeña barrera entre ellos por si así se sentía más cómoda; aunque, sin duda alguna, para la siguiente vez que lo hicieran la tendría completamente desnuda, por fin admirando esas curvas y suave piel, agarrando entre las puntas de sus dedos los duros pezones de ella, los mismos que se estaban marcando contra la tela de su única ropa.

Entonces, silenciosos, Sasuke la contempló por última vez así, allí sobre la suave superficie y con su inocencia a punto de ser destruida por él, su deseo aumentando como un mar furioso que la reclamaba a ella, aunque no fuera completamente suya, aunque nunca lo sería.

Por un lado, Hinata sería la concubina de otro, y por otro, Sasuke no se merecía estar en donde se encontraba ahora, lo sabía muy bien; pero antes de que pesados sentimientos se apoderaran de él y resurgieran culpas, gruñó mientras hundía primero una rodilla al lado de un muslo de ella y en un rápido movimiento se ubicaba sobre la cama, agarrando las dos rodillas de Hinata hasta apartarlas y darse permiso entre ellas.

Hinata emitió un jadeó de sorpresa que no fue aplacado a pesar de las leves caricias que Sasuke le hacía ahora a sus muslos.

No obstante, no había mucho tiempo que perder.

Sasuke aflojo sus pantalones dejando libre su dolorosa erección, bombeándola sólo un poco hasta que su hinchada punta roja apareciera, fuerte y dura en búsqueda de su propia satisfacción. Se inclinó sobre ella observándola a los ojos, esperando su grito de arrepentimiento, esperando que lo golpeara y lo hiciera caer del lecho de ambos; sin embargo nada de eso ocurriría, Hinata no iba a gritar e incluso asintió ante su silenciosa pregunta. Sasuke entonces llevó su miembro hasta tocar la intimidad de ella, y empujó hasta sentir el contacto de sus pliegues. Estaban húmedos, estaban esperando por él; y movió las caderas hacia adelante sin mayor fuerza pero con lentitud profunda. Hinata casi lloriqueó y se ahogó con saliva, teniendo que echar su cabeza hacia atrás.

Ella no pudo evitar que su cuerpo se apretara.

—Intenta empujar, intentar empujarme hacia afuera, hazlo.

Hazlo, por favor, o Sasuke iba a morir ahí mismo. La presión alrededor de él era casi inaguantable y ni siquiera había ingresado la mitad de él incluso aunque ella estuviera tan naturalmente mojada.

—Sasuke… n-no puedo… —Hinata sonó ahogada.

—Respira e intenta empujarme hacia afuera —repitió entonces él, increíblemente con mayor calma.

Esta vez, entonces, luego de otro pequeño empuje de Sasuke, él se deslizó hacia adentro cuando las paredes de Hinata empezaron a ceder a su duro grosor. Era exquisitamente estrecho allí y sin dudar más entró más en ella, poco a poco.

Instintivamente, Hinata respiró hondo y firme, era incómodo pero nada más, la dolorosa punción de antes estaba totalmente desvanecida ahora.

Sintió a Sasuke detenerse porque probablemente ya estaba completamente dentro y Hinata se atrevió a mirar hacia él con sus pálidos ojos llorosos.

—Estoy dentro tuyo, por completo. Te sientes muy bien —confirmó él haciéndola aún más enrojecer, si eso era posible; señalando, cómo era tan usual en él, desvergonzadamente a las cosas; pero así era perfecto, alguien que no suavizara sus palabras alrededor de ella. Hinata tenía que saber lo más que pudiera sobre lo que implicaba estar con un hombre—. ¿Duele?

Hinata, muda, solo negó con la cabeza y entonces Sasuke no vaciló en mecerse una y otra vez lento, acercando más su cuerpo al de ella y apoyándose en sus brazos, moviendo casi que con parsimonia sus caderas, como si estuviera tanteando las aguas y con la gentileza que le había prometido. Entonces Hinata empezó por fin a soltar gemidos, la clase de sonidos que sólo un sentimiento de lujuria podía hacer, sus caderas llenándose de placenteros calambres que nunca antes había sentido, obligándola a mecerse también con Sasuke, con su esposo, y ante el recordatorio una suerte de zumbidos terminaron por apoderarse de todo su cuerpo.

¡Sasuke! —pronunció cerrando sus ojos y ladeando su cabeza, sus expresión casi que distorsionada.

Y Sasuke lo comprendió, debía enderezarse un poco más, ya tenía suficiente información de ellos, ya había sentido las diferencias entre el cuerpo de Hinata y el suyo, y podía reconocer que tan perfecto se acoplaba ella a él. Sasuke entonces retrocedió sin retirarse, dejando su hinchada punta dentro de ella; luego embistió con nueva firmeza, más duro contra el placentero cuerpo a su disposición, sólo deteniéndose para cerciorarse que no había un explícito dolor en las facciones de ella. Le había prometido ser gentil y lo haría aunque el interior de ella se sintiera como el mejor lugar en el que pudiera estar y sus caderas gritaban por embestirla sin cesar una y otra y otra vez.

Podría sujetar cada cara interna de las rodillas de ella y abrir del todo las piernas de Hinata y salir y hundirse en ella con pecaminosa energía; no obstante, dejaría eso para otro día, por ahora le era suficiente con la suculenta visión bajo él, la de Hinata sudorosa y lagrimeando, gimiendo necesitada, tanto que Sasuke ya la estaba embistiendo con más ímpetu, atento a ella hasta que pudiera reconocer que estuviera cerca a su clímax, algo que sin duda ella no podría advertirle si nunca lo había experimentado antes.

Entonces Sasuke observó cómo ella abría sus ojos, mirando hacia el techo con una nublada expresión, y en cómo sus labios también se abrían en un insonoro gesto.

—Estás cerca… —le aseguró él, casi gruñendo y aunque Hinata no debía saber a lo que se refería—. No lo rechaces, sigue moviendo tus caderas.

—Sasuke… Sasuke…

El sólo hecho de escuchar su voz pareció inyectar tanta emoción en él que casi le fue imposible no descontrolarse y embestirla con salvaje fuerza. No obstante, Sasukes decidió retroceder un poco sin retirarse, ubicando con rapidez su miembro en un ángulo diferente, sólo con el propósito de retomar todo control y frotarse con más deliberación contra las paredes de ella, haciendo que ambos acumularan tanta tensión como les fuera posible.

Hinata jadeó constantemente, pequeños «¡Ah!» salían de su boca a la par de cada empuje que él le daba a su interior.

En lo que se sintió entonces como una eternidad, el nombre de Sasuke volvió a salir de aquellos dulces labios como si Hinata realmente lo adorara, susurrando de nuevo ese nombre mientras él le daba exactamente lo que necesitaba.

Así, con el nombre de él atrapado en sus labios Hinata entonces tuvo un orgasmo, el primero de su vida. Fue una explosión de contracciones que apretaban deliciosamente a Sasuke, llevándolo al delirio mientras continuaba empujando contra ella, buscando su propio orgasmo. Así, tocando las nubes, Hinata dio un último gemido y Sasuke, aunque hubiese querido enterrar su cabeza en el hueco del esculpido cuello de ella, salió de ella y manchó su propia mano con su semen, sonoramente jadeando mientras lo hacía.

Y entonces, antes de bajarse de la cama y dejarla libre, Sasuke hizo algo que no había hecho con ninguna de las mujeres con las que había estado: se inclinó lo suficiente para besar una mejilla de ella y luego a las pequeñas lágrimas reluciendo bajo sus tupidas pestañas.

Pensó, antes de desaparecer de su vista, que de todas formas Hinata era su esposa.

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Después de los caóticos últimos días, las maniobras necesarias para posibilitar un matrimonio clandestino y poner cabezas a funcionar para contactar con sigilo al Palacio por una segunda —aunque fuese mínima— reafirmación desde el Palacio sobre el interés del Emperador por la joven Hyūga, Shikaku Nara por fin tuvo un momento de descanso. Sólo un corto y merecido momento de tranquilidad y pereza.

Luego fue a hablar con su hijo, a quien extrañamente no tuvo que mandar a llamar. Se encontraba en la biblioteca de la casa principal.

—Sabes que eventualmente vas a casarte y lo harás con alguien de la capital, ¿cierto? No me importa realmente con quién, tienes mi permiso incluso si quieres cortejar a alguna joven sin apellido de clan que capte tu interés.

—¿Y me estás diciendo esto porque…?

—Bueno, aún retengo en mi memoria una acusación de Sasuke Uchiha hacia ti el día en que la señorita Hyūga nos visitó por primera vez en una de nuestras reuniones.

Shikamaru sólo chisteó con su lengua aunque perfectamente sabía a qué iba la acusación en la que era sometido por su padre.

—Sasuke a veces es un hombre muy impaciente —comentó Shikamaru alargando innecesariamente la conversación. No le gustaba ser el objeto de las calmadas reprimendas de su progenitor, incluso aunque la estuviera esperando desde la mañana de su impulsiva momentánea desaparición.

Pero Sasuke ahora estaba casado con Hinata y todo ello había implicado la exclusiva atención de Shikaku Nara… hasta ahora.

Ahora ambos miembros del clan Nara sólo tenían que volver a esperar por un llamado del Palacio, esta vez uno pidiendo por Hinata.

Todo en un surrealista y oportuno giro del cual Shikamaru nunca habría podido predecir su posibilidad.

—Impaciente… —pronunció entonces Shikaku—. Parece que a veces tú también lo eres. ¿Por qué robaste mi caballo?

—No lo robé, sabes. Está en su establo ahora mismo. Y únicamente soy impaciente cuando soy orillado a eso —Shikamaru regresó a su original ubicación el libro que había tomado y en el cual no encontró nada de lo que buscaba, ninguna mención hacia Suna que no fuera sobre su clima o reciente historia militar y política. Al parecer, ahora que los planes habían tomado un giro inesperado, tenía algo de tiempo libre para intentar resolver misterios de mujeres; o, más acertadamente, resolver acertijos—. Padre, ¿sabías que para llegar desde la frontera de Suna hasta la nuestra no siempre había sido necesario atravesar todo un mar?

Eso no estaba en ninguno de los libros que hasta ahora había ojeado.

Shikaku arrugó entonces su frente.

—No me digas que ese día fuiste a poner un pie en ese Bosque…

—No lo hice —interrumpió Shikamaru, luego bajó la mirada avergonzado—. Fui a ver a la mujer que hacía su regreso a Suna, sólo para encontrar que no estaba en el interior de su carruaje porque allí había otra mujer, ciertamente parecida a la embajadora de Suna pero distintivamente otra.

Shikamaru volvió a fijar sus ojos en su padre.

—¿Estás seguro de eso?

Shikamaru lo estaba completamente. Esa vez, cuando la puerta del carruaje se abrió, vio a tres jóvenes mujer dentro, pero aquella que llamó su inmediata atención, con un abanico de tela roja e intrínsecos detalles ocultando su mentón, labios y nariz, si bien poseía un cabello igual de rubio a la embajadora de Suna y sus facciones y tono de piel podían engañar a cuantas personas quisiera, tenía unos ojos verdes que no eran del color exacto que Temari poseía. No tenían las pequeñas motas azules que la hacían resaltar tan característicamente, ni su porte.

—No era Temari no Sabaku, o al menos no era la mujer que se presentó inicialmente como la embajadora y con quien intercambié información.

—¿Y pudiste hablar algo con la mujer dentro del carruaje?

—Pude hablar algo con las dos jóvenes de Suna que siempre estaban acompañando a Temari… Eso después de haber sido golpeado detrás de mi cabeza y desmayarme... —Shikamaru llevó una de su manos a rascarse detrás de su nuca, todo parecía ser innecesariamente complicado, incluso aunque al parecer tuviese la atención de su padre y sus preguntas que le ayudaran a esclarecer lo ocurrido— …pero sólo hicieron bromas, conmigo recostado en un árbol y tú caballo atado comiendo una zanahoria ofrecida por ellas. Lo último que me dijo una de ellas fue esa pregunta, justo después de pedirles por tercera vez sobre el paradero de la mujer que conocí; «Señor Nara, ¿sabía usted que para llegar desde mi hogar hasta la capital de Konoha no siempre había sido necesario atravesar todo un mar? Pero al parecer, a veces la ambición humana prevalece sobre el poder de un dios».

Shikaku no estaba tan contento por lo que estaba escuchando.

—Eso suena como una excelente enseñanza de vida para ti. ¿Alguien pudo verte?

Shikamaru sólo negó con la cabeza; la comitiva del Palacio ya no acompañaba a quien fuese la mujer rubia dentro del carruaje con el emblema de Suna. Esa mañana ya no había sido necesario, siendo el día de la Ceremonia en el Palacio el último oficial de la estadía de la delegación de Suna. Shikamaru había tenido tan presente eso para ese entonces que estuvo seguro que ningún molesto informador del Palacio lo hallaría en tan impertinente actuar.

—Si era otra mujer la que se estaba haciéndose pasar por la embajadora de Suna, probablemente por semanas, por algún tiempo desconocido, trae a la luz la posibilidad que paralelamente Suna planea algo, una invasión a la ciudad o, todo lo contrario, un poderoso acuerdo con el Emperador —prosiguió Shikaku, probablemente sólo materializando en voz alta lo que Shikamaru ya había estado sopesando.

Y sí que era cierto eso.

Cualquier novedad compartida por Temari habría seguido siendo útil; no obstante, ella no había vuelto a salir del Palacio desde la última vez que Shikamaru la tuvo frente a él, y ciertamente no hubiesen hecho mucho en 40 días aparte de más coquetos, eventuales caricias sobre la ropa y besos en la piel, aún así Shikamaru había ido tras de ella porque no se sintió particularmente feliz de haber sido dejado tan abruptamente de lado.

Pero luego de eso y ante su eventual derrota había tomado la decisión de que su actuar había sido una mala decisión, que buscar a Temari había sido un error, y tan pronto estuvo de nuevo encima del caballo tiempo después de que las dos mujeres ayudantes de la embajadora lo dejasen, Shikamaru había prometido enfocarse en su real labor.

Tal promesa fue innecesaria después porque Sasuke y Hinata estaban ahora unidos en sagrada unión y Shikamaru era tan inútil en esa eventualidad de sucesos que por dos días habían sido sólo él y su mente rumiando en información nueva, obligado a pensar en Temari y Suna y Konoha y en crípticas palabras que ni siquiera sabía cómo compartimentar dicha información en su cabeza.

—El lugar en donde me fue entregada la canasta era un hotel vacío, sus dueños fallecieron y no hay persona alguna que lo reclame, esto según Temari no Sabaku. También hizo mención del lugar como si fuese una especie de «descanso de la Comitiva del Palacio» —detalló Shikamaru a su padre.

—Un refugio.

—Lo suficientemente grande para resguardar a un pequeño ejército. ¿Crees que es posible?

—Improbable —respondió sin dudar Shikaku—, pero pudieron tomar la Festividad Dorada como una distracción, traer personal de Suna y hacerlos mezclar entre civiles y visitantes extranjeros. Al menos a un puñado de individuos.

—¿Puedes ordenar que le echen un vistazo a ese lugar?

—Lo haré —aseguró Shikaku—. Aún así, esto no puede ser nuestra mayor preocupación. Ciertamente es algo a lo que informar a Kakashi y darle algo de atención, pero te necesito aún concentrado en el Palacio; antes de Hinata ser llamada necesitamos planear cuanta posible vía de comunicación entre ella y nosotros podamos. Nada que pueda resultar en fallas.

—Lo sé…

—Y, Shikamaru, acerca de tu pregunta… —Shikaku arrugó el ceño, ese era un tema extraño que tratar; nadie en el Imperio actualmente hablaba del pasado o de que antes el Bosque Oscuro había sido un lugar con caminos y mejor vegetación, un territorio con parajes normales que separaba a Konoha de Suna—. Hay diversos cuentos, murmullos que aún persisten hasta nuestros días —prosiguió Shikaku ante el interés de su hijo—. Es cierto, décadas atrás no era necesario rodear el mar. Entre Suna y nosotros nos separa el Bosque Oscuro, antes toda una nación llamada País de los Ríos, Kawa no Kuni. Las ancianas cuentan cómo ahora es un bosque de fantasmas, donde éstos susurran míseros y perdidos sin saber que están muertos. Quien pone un pie allí escucha el llamado de sus hijos fallecidos, padres o el de un amor que no volvió de la guerra, pero mayor tormento que eso sería detener sus marchas, hacerles ver que nunca podrán salir de ese bosque.

El lugar ahora era temido, claro, todos rehuyendo de su existencia, lo sabía Shikamaru porque se lo habían recalcado de niño; lo sabía también porque ahí había perdido un amigo. Konoha percibía ese bosque como si ni siquiera dicho extenso pedazo de tierra estuviera allí; aún así, eran pocas las viables razones de Suna para tomar un interés por un territorio tan desolado.

Una de las mujeres de Suna había dicho que «la ambición humana prevalece sobre el poder de un dios», pero Shikamaru veía poco certero que alguien como Temari creyera en cuentos de fantasmas o tuviera un interés religioso en aquel bosque.

Aún así, Shikamaru decidió no elaborar más en voz alta lo que su padre acababa de decirle por temor a que si lo hacía, Shikaku volvería al punto inicial de toda esa conversación: regañarlo por su atípica impulsividad.

No obstante, eso justamente fue lo que hizo Shikaku: —¿Por qué fuiste detrás de esa mujer, hijo?

Shikamaru soltó un leve suspiro, afortunadamente en la voz del otro había ahora más curiosidad que un tono de decepción.

—Supongo que todos tienen un límite de paciencia, pero ella ya estaba un paso más adelante mío —finalizó él mientras agarraba otro libro de la biblioteca.

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La presencia de Orochimaru fue requerida ante el Emperador, una completa novedad para el Sanin ante la aparente falta de intermediación de Madara en tal llamada.

Orochimaru era el médico personal del Emperador y alguien altamente inteligente, pero sus capacidades estaban ahora bastante infravaloradas dentro de la Corte. Y siendo su máximo líder un hombre poco afectado por dolencias o enfermedades —sólo una revisión periódica bastaba—, Orochimaru podía hacer mucho más que sólo asegurar que ninguna de sus concubinas, amantes o prostitutas traídas por Madara estuviesen embarazadas, antes o después de estar en la imperial cama.

De todas formas nadie, supuestamente, engañaba al Emperador, incluso en asuntos como pretender extender su linaje sin autorización de él.

Sin embargo Orochimaru sabía mucho más, especialmente que su rivalidad con Madara —ahora oficial siendo ambos hombres los siguientes al trono— residía completamente en la favorabilidad del Emperador hacia su mano derecha; que ahora el médico fuese llamado directamente sin, al parecer, Madara siendo consciente de ello, era primero una eventualidad lo suficiente curiosa para generar en Orochimaru regocijo, y en segundo lugar una oportunidad a la cual decidió ponerle su completa atención.

—Mi Señor…

—Seré breve, sé que es tarde —interpuso el Emperador—. Hay una noble Hyūga que deseo te encargues de traer al Palacio; no hay necesidad de apurar su estadía, incluso prefiero que el menor número de personas se enteren de ella, sé que su presencia aquí podría levantar asperezas. Además, se me ha confirmado por parte de algunos de los de mi Corte que hubo un interés por parte del sobrino de Madara en ella, sólo quiero que confirmes que no hay una propuesta oficial antes de traerla aquí.

—Como ordenes, mi Señor —prometió Orochimaru con una reverencia.

—Es Hinata Hyūga —prosiguió el otro sorprendiendo levemente a Orochimaru—. Puedes retirarte ahora.

Orochimaru así lo hizo, una leve sonrisa en él porque seguramente por «asperezas» se refería a Madara Uchiha.

Quizá la relación entre éste y el Emperador no era tan fuerte como todo el mundo pensaba. Bueno, al menos Orochimaru por años ya sabía que nunca se había basado en completa honestidad…

Y qué curioso que la hija de Hiashi Hyūga iba a poner un pie en el Palacio, la hija de un erróneamente llamado traidor.


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Amé sus comentarios, muchas gracias.

Sé que esperaron por ese SasuHina así que les mando besos por haber continuado conmigo.

Y sí, esperen por más que sí hay. (Pff, yo creyendo que esto tendría 10 caps máximo, apenas vamos en la mitad).