¡Aquí me presento con otro capítulo!

Cada vez más cerca de este final de arco, y, por lo tanto, cada vez más cerca de formalizar todas las relaciones de una vez por todas. Ya estoy muy emocionado con la simple idea de escribirlo.

Me gustaría contestar una muy interesante review ahora:

Carlos118: En particular, entiendo a la perfección que esta es mi historia y puedo hacer lo que yo quiera, créeme que lo sé. Pero igual soy un fan de mantener toda la coherencia a su máximo nivel, por lo que no me gusta sentirme incomodo con mi propia escritura. Lo único que ustedes hicieron es que me diera cuenta de ello a tiempo y me planteara la idea de cambiar ciertas cosas antes de que ya no tengan arreglo. Por lo general, soy muy crítico con los Fanfictions que carecen de coherencia o cuentan con una trama poco solida que refleja cualquier porquería o simplemente es super plana, por eso es que no quiero ser hipócrita y quiero atarme a mis principios lo mejor posible. Es cierto que todo el mundo puedo equivocarse y eso es perfectamente comprensible, lo que no puedo aceptar es que no corrija dichos errores (que lo son para mi) cuando aún tengo la posibilidad de hacerlo. Espero haber aclarado este tema no solo para ti, sino para todos en general. Y se que esto no es un trabajo, es un simple Fanfic, pero cuando haces algo que realmente amas, siempre intentaras hacerlo lo mejor posible.

Sin nada más que agregar, es momento de comenzar.

¡Disfruta!

La cueva que siempre fue el hogar frio de una tal Reina Dragona permanecía en completo silencio, como era habitual en todos estos años. Lo único que se escuchaba en el lugar era el revoloteo de unas alas junto con unos pequeños gruñidos amenazantes. Esa bienvenida hostil era dirigida hacia los 5 seres inmortales que estaban en frente de la morada de la tercera entidad más poderosa del mundo.

"¿Por qué están aquí estos dragones?" Rossweisse se cuestionó con cierto recelo al ver a esos pequeños dragones que eran conocidos por ser familiares de algunos Demonios.

"No lo sé, pero nos están impidiendo el paso." Penemue desenfundó su katana, esbozando una mirada muy fría por lo que estaba a punto de decir. "Solo hay que acabar con ellos."

Justo cuando se iba a armar una batalla campal con los tres dragones y la Cadre, alguien completamente inesperado emergió entre la oscuridad de la cueva.

"Déjalos pasar, son amigos." Declaró Tannin en su forma humana con una expresión solemne.

Los tres dragones miraron a su superior y rápidamente asintieron. De esa manera, no tardaron en dejar paso a los nuevos invitados que estaban dispuestos a ayudar a su amiga dragona que no se encontraba bien.

"¿Tannin? ¿Qué haces aquí?" El que preguntó fue Azazel, mostrándose algo interesado ante la aparición repentina del hombre.

"Me enteré de todo. Lo primero que pensé es en la condición penosa en la que se encontraría Tiamat. Por eso mismo vine lo antes posible para atenderla." Respondió el dragón mientras permanecía cruzado de brazos, observando a cada uno de los recién llegados.

"¿Y como se encuentra?" Preguntó Odín con un tono preocupante en sus palabras.

"Ella estaba realmente mal cuando la encontré." Tannin no pudo evitar apretar sus manos ante lo que estaba diciendo. "No ha despertado durante estos días, pero su temperatura ya no es tan fría. Creo que no tardara mucho más en recobrar la conciencia." Concluyó el dragón, en cada una de sus palabras se podía notar como arrastraba angustia e impotencia detrás de ellas.

"Llévanos con ella." Penemue fue la primera en dar un paso hacia el frente, ganándose un asentimiento por parte de Tannin.

"Síganme, y ustedes continúen vigilando." Declaró el dragón, recibiendo un asentimiento por parte de los tres dragones.

"Oye…" Michael tomó el hombro tanto de Rossweisse como de Penemue, ganándose una mirada por parte de ambas mujeres. "Creo que no necesito explicárselos, pero…"

"No le diremos nada a Tiamat y Tannin." Rossweisse le interrumpió en un susurro, asegurándose que el dragón no la escuchara. "Sabemos a la perfección que, si ellos se enteran de la verdad, no dudarán en matar a todos sin importar lo que indica la Profecía."

Michael simplemente asintió ante las palabras escuchadas, dejando ir a ambas mujeres.

"Por cierto, ¿has encontrado algo de información acerca de la katana?" Azazel se posó al lado de Michael, recibiendo una negativa por parte del Ángel.

"La realidad es que no hay nada acerca de ella. Es un completo misterio." Respondió el Serafín, haciendo que el Cadre chasqueara la lengua.

"Antes de continuar, debo decirles que Vali fue el que me contó todo." Aclaró Tannin, guiando a todos dentro de la cueva. "Ahora él está ayudando a Tiamat, ya que quiere saber si es que ella supo que sucedió. Su grupo se encuentra en constante movimiento para encontrar alguna pista acerca de esa Facción terrorista que lo mató." El dragón continuó con su explicación, y todos pudieron comprender que Vali de alguna forma terminó conversando con los Demonios, y ellos le dijeron la mentira ya conocida por todos.

Cuando todos finalmente llegaron, pudieron ver como Tiamat se encontraba en un colchón cubierta de varias mantas. Su respiración era algo agitada, pero nada realmente preocupante, y su piel estaba más pálida de lo normal. A su lado se encontraba Vali, quien rápidamente se levantó al ver a los recién llegados.

"Ya me estaba preguntando porqué se tardaban tanto…" Comentó Vali, su tono era incluso más cortante que lo normal.

"Te agradecemos lo que hiciste por ella, pero antes me gustaría hablar un par de cosas contigo…" Penemue desvió su mirada a Tannin por un corto segundo, viendo como el dragón estaba muy preocupado por su última amiga dragón.

"Y en lo posible, sería preferible que fuera en privado."

CAPÍTULO 76: ¡MUERTE A LOS TRAIDORES!

"Gracias por querer ayudarnos con esto. Sabemos bien que puede ser algo peligroso, especialmente por el lugar donde se desarrollará la reunión." Comentó Penemue, quien estaba ingresando nuevamente en la cueva junto a Vali.

"Ni lo menciones, es lo mínimo que puedo hacer." Los ojos del albino se endurecieron un poco tras recordar la charla que habían tenido. "Además, no es que pueda quedarme con los brazos cruzados después de lo que me dijiste…"

"Procura mantener el secreto." La Cadre le recordó, recibiendo un asentimiento por parte de Vali.

Justo cuando el albino iba a confirmarlo con palabras, ambos miraron con bastante sorpresa como es que Tiamat se encontraba sentada al mismo tiempo que se tomaba la cabeza, siendo acompañada por todos los demás, en especial de Rossweisse, quien era la que la estaba apoyando para que se mantuviera en su posición.

"¡Tiamat!" Exclamó Penemue, su tono reflejaba el alivio y la preocupación que había detrás de su llamado cuando corrió hacia ella.

"¿Penemue…?" La dragona se puso lentamente de pie con la ayuda de Rossweisse. "Me alegro que estés bien." Ella comentó con una débil sonrisa, recibiendo el abrazo de su amiga con delicadeza.

Aunque ese momento entre ellas no duró mucho más tiempo, ya que Tiamat fijó su mirada en Vali. Los ojos de la dragona lucieron amenazantes cuando se separó de Penemue y caminó rápidamente hacia él, para luego jalarlo de su camisa.

"Ya me dijeron quienes fueron los que asesinaron a Issei." Tiamat escupió con veneno, haciendo que los pies de Vali dejaran de tocar el suelo cuando lo alzó con fuerza. "¿Tú no tendrás nada que ver con esa facción de imbéciles, verdad?" Su tono frio y sus ojos más vacíos y carentes de luz que nunca apaciguaron cada palabra que decía Rossweisse para intentar calmar a su mejor amiga.

"¿Cómo…dices…?" Los ojos de Vali se ensancharon peligrosamente tras escuchar lo que dijo la mujer.

Todo se puso más tenso cuando Vali también la tomó de su camisa y la jaló con fuerza, acercando su rostro más al de él.

"¿Acaso te olvidaste que Issei también es mi amigo?" Las palabras emergieron con tranquilidad de sus labios, aunque claramente se veía que él no estaba para nada relajado.

"¿Vamos a calmarnos, sí?" Rossweisse tenía sus dos manos alzadas para hacer énfasis en sus palabras, pero ninguno de los dos la escuchaba.

Finalmente, la dragona cerró sus ojos y dio un pequeño suspiro tras escuchar las palabras de Vali. En el fondo sabía que él tenía toda la razón y que ella había actuado como una idiota.

"Tienes razón, lo siento." La dragona reconoció su error y soltó a Vali, dejando un aire frio y bastante cortante entre todos los presentes.

"En estos momentos estamos todos nerviosos por lo que sucedió, pero debemos recordar que nadie en esta cueva es el enemigo." Las palabras de Tannin sirvieron para calmar el ambiente, logrando que todos se relajaran.

"Yo lo siento, solo…" Tiamat volvió a tomarse la cabeza cuando le comenzó a doler.

Eso no era lo único que le dolía, ya que sentía un enorme agujero en su abdomen. Como si alguien le hubiera robado lo más importante para ella. Y ahora, simplemente existía ese vacío tan doloroso que estaba haciendo el mayor esfuerzo para que llorara.

Esa oscuridad en su vacío se iluminó un poco al sentir como alguien la abrazó por la espalda.

"Lo sé, nosotras sentimos lo mismo…" Rossweisse comentó al borde del llanto.

Era una vista curiosa, ya que la dragona parecía ser quien estaba intentando reconfortar a la Valquiria, siendo que era completamente lo contrario.

"Oye, Michael." Azazel llamó al líder del cielo, ganándose una mirada por parte de este. "Puede que no me hayas podido ayudar con la katana, pero estoy seguro que podrás con esto." Aclaró el hombre, tomando a Michael por el hombro para arrastrarlo fuera de la cueva.

"¿De que quieres hablar?" Preguntó el Ángel con mucha curiosidad.

"De esto." Azazel materializó su Sacred Gear favorita ante la atenta mirada de Michael.

"¿Ese no es el fragmento de alma de Fafnir?" Consultó el hombre con bastante interés.

"La realidad es que necesito tu ayuda para que conviertas esta Sacred Gear en un arma completamente sagrada. Tengo pensado hacer varios cambios en ella, no me queda otra opción más que sacrificar esta hermosura si queremos que las cosas salgan bien." Aclaró Azazel, ganándose un asentimiento por parte de Michael.

"Lo entiendo, quieres convertirlo en un arma explosiva, incluso si eso significa que lo perderás para siempre." Aclaró el hombre, ganándose una sonrisa de Azazel.

"Veo que entiendes las cosas rápido. Quiero acoplarlo a mi brazo mecánico, y de paso me gustaría agregar varias mejoras y funciones antes de que destruyamos a esos hijos de puta." Concluyó el hombre, ensanchando un poco más su sonrisa, aunque su expresión lucía bastante oscura en esta ocasión.

"Muy bien, pero esto tomará un tiempo. Penemue está muy inestable, y creo que no es buena idea que la dejes sola." Aclaró el hombre con cierta preocupación, logrando que Azazel se cruzara de brazos con una mirada relajada.

"No te preocupes, Issei no es la única persona que le brindaba un gran apoyo emocional." Azazel desvió su mirada hacia la cueva, esbozando una muy pequeña sonrisa.

"Ella ha hecho muy buenas amigas también…"

Varias horas más tarde…

Todos en la cueva ya se habían marchado para poder dormir. Ahora que Tiamat ya estaba recuperada, no era necesario seguir estando allí. Aun así, sus dos mejores amigas se quedaron junto a ella durante toda la noche.

Todas fueron a obtener diversos alimentos para cenar. Toda la comida y las horas que transcurrieron juntas fueron bastante amargas, ya que ninguna se dirigí una sola palabra. Probablemente porque nadie se animaba a decir algo de lo ocurrido. Quizás no querían recordarlo, algo que era imposible. O quizás, solo se debía a ese inmenso dolor que sentían. Ese dolor que apenas les permitía comer sin vomitar.

La angustia se arremolinaba como una gran depresión dentro de sus vientres que se transformaba en un vórtice de llamas que se encargaba de consumirlas por dentro.

Por eso, sucedió lo que era inevitable…

En la silenciosa cena frente a la fogata, tanto Tiamat como Rossweisse voltearon sus rostros tras escuchar como unas gotas cayeron.

Penemue se encontraba comiendo una fruta con sus ojos totalmente apagados mientras las lagrimas no paraban de rodar por sus mejillas.

"Siento…siento que sería más fácil si yo también muriera…" Fueron las secas palabras de la mujer.

Eran realmente aterradoras, pero comprensibles.

Después de todo, cuando Issei murió, una gran parte de ella también se fue con él.

Aun así, eso no podía quedar de esta forma…

Penemue alzó su mirada sin mucho entusiasmo al sentir como Tiamat la abrazaba por un costado.

"Puedo entenderlas. Pero, eso no está bien…" Aclaró la dragona, para luego enfocar su mirada en Rossweisse, quien estaba haciendo lo mejor posible para aguantar el llanto. "Ven con nosotras." Ella le dijo con una dulce sonrisa, y la Valquiria no dudo en acercarse para abrazarse a Penemue.

Tiamat se puso frente a ambas, esbozando una sonrisa triste. Pero, era una sonrisa.

"Yo también siento que no puedo continuar, pero recuerden…" Tiamat obligó a que ambas estuvieran más cerca de ella cuando las atrajo con sus manos. "Issei había dicho lo mismo. Pero, también dijo que no podía rendirse. Dijo que él nunca se rendiría mientras tuviera personas a las que proteger y amar." Tiamat atrajo aún más a ambas, haciendo que las tres se encerraran en un lindo abrazo conjunto. "Es realmente doloroso. Duele tanto que puedo sentir como si estuvieran quitándome el corazón una y otra vez. Pero si él hubiera tenido unas últimas palabras para nosotras…" Tiamat hizo una pequeña pausa ganándose una mirada muy intrigada de ambas mujeres, quienes habían dejado de llorar.

"¿Saben cuáles hubieran sido?" La pregunta de la dragona hizo que ambas pensaran por varios segundos, pero al final no encontraron una respuesta clara.

Tiamat ensanchó un poco más su sonrisa, y las abrazó con más fuerza por lo que iba a decir:

"Permanezcan unidas para siempre."

Fueron unas palabras bastante simples y quizás sin un significado tan fuerte. Pero la realidad es que había un trasfondo tan masivo que conmovió a ambas mujeres, quienes solo pudieron ensanchar sus ojos en silencio.

"Mientras nos tengamos a nosotras, siempre podremos seguir adelante. Mientras continuemos juntas, ninguna de nosotras sufrirá en silencio. Mientras sigamos juntas, nosotras seremos felices. Porque no vamos a borrar el pasado, siempre lo recordaremos." Tiamat ensanchó aún más su sonrisa.

"Siempre recordaremos a Issei. Siempre recordaremos todos los momentos bellos que pasamos junto a él. Siempre recordaremos todos los momentos que nosotras fuimos felices estando juntas y con él. Siempre recordaremos todos esos momentos que nos aceleraron el corazón y que nos hicieron sentir tan especial. Y siempre, sobre todo, siempre recordaremos todos esos momentos no como una pesadilla, sino como el paraíso que una vez vivimos." Tiamat chocó frente con ambas mujeres, quienes no pudieron evitar reír mientras sollozaban tras recordar todos esos hermosos momentos que vivieron junto a Issei.

Todas esas imágenes que pasaron como flash en su mente hicieron que volvieran a reír y sonreír en este momento, incluso si dos de ellas se encontraban llorando completamente desconsoladas.

"¡Lo haremos así, porque es lo que Issei hubiera deseado para nosotras!"

Tiamat culminó su discurso, ensanchando aun más su sonrisa al ver que sus amigas lloraban sin parar, aunque por lo menos ahora parecían estar algo felices.

"Gracias…" Penemue pudo calmarse un poco para poder hablar, abrazando con más fuerza a sus mejores amigas.

Rossweisse tan solo asintió, aferrándose aun más al calor que le brindaban esas dos personas que eran casi tan importantes como Issei.

"Todo estará bien, todo estará bien…" Tiamat la reconfortó a ambas con un lindo tono.

Los minutos pasaron, y ambas mujeres fueron acobijadas por la dragona, quien se mostró como la más fuerte en todo momento.

O por lo menos, eso es lo que sus dos mejores amigas pensaron…

Porque después de ver que ellas se encontraban dormidas, la sonrisa de Tiamat desapareció de su rostro por completo. Ella quitó una lagrima que salía de los ojos de Rossweisse, para luego levantarse.

Su mirada se dirigió hacia el exterior de la cueva.

Ella no decía nada, solo miraba.

Finalmente, la dragona desapareció en un círculo mágico.

En la Residencia Hyoudou…

"Perfecto, entonces nos veremos ese día." El padre de Issei cortó la llamada, para luego enfocar la mirada en su esposa.

"¿Funcionó?" Preguntó la señora Hyoudou con mucha energía.

El hombre le entregó una sonrisa entre dientes, dejando en claro que todo había salido a la perfección. Pero por si con esa sonrisa no era suficiente, él lo confirmo con sus siguientes palabras:

"Aceptaron los papeles de adopción. Tendremos a la hija que siempre deseamos." Concluyó el hombre con una leve risita.

"¡Genial!" Exclamó la mujer con un pequeño salto de alegría. "¡Ya no puedo esperar…!"

Ella no pudo terminar su idea, ya que ambos cayeron inconscientes al suelo. La razón no tardó en presentarse cuando Tiamat apareció entre medio de los dos humanos. Su mirada era tan tétrica y sin emociones que le daría miedo a cualquiera.

"¿Ya están festejando y adoptando a una niña cuando se confirmo la muerte de su hijo hace tan pocos días? Me dan asco." La dragona los miró por varios segundos en silencio.

Era obvio que ella estaba meditando si debía matarlos o no. Después de todo, esas dos basuras eran la causa principal de que su difunto amado haya vivido una infancia de mierda. Aunque, para suerte de ambos, Issei aparentemente seguía protegiendo a semejantes basuras incluso después de la muerte. O por lo menos, eso fue lo que pensó Tiamat cuando dio un gran suspiro.

"Issei no estaría feliz con esto. Además, ni siquiera valen la pena…" La dragona se dio media vuelta y subió por las escaleras.

Ella dejó una carta en su habitación indicando que se marchaba, para luego tomar sus pertenencias. Justo cuando estaba a punto de marcharse, su mirada se desvió hacia la habitación de Issei, que se encontraba entreabierta. En un principio lo dudó, pero finalmente ella se decidió en entrar.

Tiamat abrió la puerta silenciosamente, y en lo primero que se enfocó su mirada al entrar, fue en la cama donde ella siempre dormía junto a Issei.

Algo que ya no podría hacer nunca más.

Ella colocó una mano sobre las sabanas, acariciándolas con cuidado. Su mirada se torció a una muy afligida tras pensar que ya no podría estar junto a él nunca más. Aún era algo imposible de digerir para ella.

Quizás fue por esa misma razón que quitó las sabanas y se rodeó con ellas, como si fueran una gran capa. Ella llevó su mirada al álbum de recuerdos que se encontraba bajo un pequeño peluche de dragón celeste, ese lindo regalo que Issei le había dado cuando ella cumplió años.

La dragona no lo dudó y tomó ambas pertenencias, para luego irse del lugar mediante un círculo mágico.

Unas horas más tarde…

Los ojos de Penemue y Rossweisse comenzaron a abrirse tras sentir como su cuerpo se estaba quejando. Era normal, ya que hacia mucho frio en aquella cueva, especialmente en estos días.

Ambas mujeres se miraron entre sí un tanto confundidas al ver que Tiamat no se encontraba con ellas. Por lo que no lo dudaron y se pusieron de pie para buscarla.

Para suerte de las dos, no tardaron en encontrarla, pero la vista de aquella dragona les hizo sentir realmente mal. Eso era porque en todo momento habían creído que ella era la más fuerte de las tres, pero en estos momentos se encontraba en la entrada de la cueva, rodeada por las mantas que tenían el olor de su amado mientras veía el álbum de fotos.

Tiamat se encontraba tan vulnerable que realmente asustaba.

Ella no se encontraba llorando ni mucho menos, pero su mirada estaba casi carente de cualquier tipo de emoción. Ni siquiera tenía tristeza u odio, como cualquiera hubiera pensado debido a sus antecedentes.

Ella simplemente se sentía destruida. Como si un gran martillo la hubiera golpeado con tanta fuerza que destrozó cada gramo de felicidad que había estado construyendo gracias a Issei durante todos estos meses.

Penemue y Rossweisse se colocaron a su lado y también se rodearon con las mantas de su amado. Las tres se acurrucaron todo lo posible mientras continuaban viendo las numerosas fotos de Issei que eran un recuerdo muy preciado para ellas.

"Estoy preocupada por Ophis. No la hemos visto desde todo lo que sucedió." Rossweisse rompió el silencio que se había creado.

"Yo también, pero creo que no deberíamos preocuparnos. Lo más probable es que esté haciendo lo mismo que nosotros y se encuentre buscando a sus asesinos." Declaró Tiamat, dando por zanjado el tema.

Las tres se quedaron así, sin hablar mucho más durante toda la noche. Eso duró por varias horas, hasta que finalmente pudieron conciliar el sueño.

Varios días más tarde…

"No hay una recompensa que llegue sin un sacrificio. Solo les pido que mantengan ignorantes a sus ganados."

Rías y Akeno iban caminando juntos en medio del Bosque Maldito, donde yacía una gran cantidad de estructuras que habían sido creadas como sede desde que Tannin se unió a la Alianza hace varios meses atrás.

"Ya casi es hora, los Ángeles Caídos más importantes deben estar al caer." Declaró la pelirroja, quien veía la enorme fuente que yacía en el centro de todas las construcciones.

"¿Estás nerviosa? Eso es raro viniendo por parte tuya, Rías." Comentó Akeno, observando con cierta picardía como la actitud de su ama estaba fuera de sí.

"Yo diría que estoy más inquieta que otra cosa. No estoy muy de acuerdo con los planes de mi hermano, especialmente porque me costó una gran cantidad de…" Rías se detuvo, dándose cuenta que quizás estaba hablando de más, sin importar el hecho de que en el lugar hubiera demasiado bullicio como para que la escucharan.

"Lo entiendo, Rías. Pero es lo que debemos hacer." Fue la simple respuesta de Akeno, quien se notaba algo resignada por alguna razón.

La caminata de ambas fue interrumpida cuando una mujer encapuchada pasó entre ambas, empujándolas en el proceso.

"¡Oye…!" La pelirroja se quejó, pero la mujer encubierta ni siquiera se detuvo para disculparse. Ella intentó seguirla con la mirada, pero la extraña desapareció entre toda la multitud de Caídos y Demonios del lugar.

Un poco lejos de esa posición, un hombre igual de misterioso que la anterior mujer vio como se presenciaban diversos destellos dentro de un galpón. El encapuchado observó por un segundo al edificio principal, para luego volver su mirada al depósito.

El sujeto encendió un cigarrillo, tomándose un momento para pensar en su próximo movimiento.

El hombre le dio una calada a su cigarro para luego acercarse al galpón, viendo por la pequeña apertura que había en la puerta.

"¡¿Por qué me hacen esto?!" Gasper gritó entre lagrimas cuando Koneko lo arrastró por el suelo, su cuerpo estaba completamente ensangrentado por todos los golpes que había recibido.

"No es nada personal, Gasper." Aclaró Kiba, materializando una espada. "Los Demonios fallidos como tú no tienen lugar en el nuevo mundo. Agradece a Rías y Sirzechs que fueron lo suficientemente benevolentes como para matarte y no convertirte en un esclavo." Concluyó el rubio.

"Espera, eso significa que…" Los ojos de Gasper se ensancharon con genuino horror tras hilar los cabos sueltos.

Kiba se detuvo por un corto segundo, ensanchando aun más su sonrisa. Una sonrisa que demostraba su verdadera naturaleza como Demonio, a diferencia de todas las demás que eran fingidas.

El encapuchado arrojó el cigarro a un lado y activó un botón que estaba en su brazo, haciendo que todo su cuerpo se volviera invisible.

"Así es, la causa de la muerte de tu tan querido amigo siempre ha sido nosotros." Aclaró Kiba con una sonrisa sanguinaria, preparado para atravesar el cuello del medio vampiro.

Pero justo antes de que pudiera hacerlo, Kiba salió volando mediante un ataque mágico que le dejó un gran agujero en el pecho que lo mató al instante. Los Demonios ni siquiera tuvieron tiempo de digerir todo lo sucedido, ya que un sujeto encapuchado apareció frente a Xenovia y la tomó del cuello. Justo en ese momento, una especie de metal emergió de la palma del sujeto que atravesó la garganta de la Demonio por completo, por lo que no tardó en arrojar la basura a un lado para continuar con su siguiente víctima.

El cuerpo agonizando de Xenovia cayó sobre Koneko, dándole el suficiente tiempo al hombre para colocarse frente a Asia, utilizando la misma vara de mental para rebanar su cuello en un corte tan profundo que una gran cantidad de sangre salió disparada por doquier.

Koneko hizo el cuerpo de Xenovia a un lado lo más rápido que pudo, pero ya era demasiado tarde para reaccionar. El encapuchado se dio media vuelta y extendió su mano a su dirección, haciendo que la vara de metal saliera disparada con energía sagrada. El disparo tomó tal velocidad que Koneko nunca supo que le sucedió, ya que gran parte de la vara se había incrustado en su frente.

El sujeto se puso lentamente de pie mientras su brazo mecanizado volvía a la normalidad.

"Se-señor…" Fue lo único que salieron de los labios de Gasper, quien apenas podía estar consciente a causa de las heridas que tenía.

El encapuchado no dijo una palabra, solo extendió su mano para crear un círculo mágico bajo los pies de Gasper, quien desapareció.

El hombre llevó una mano a su oreja, activando un pequeño circulo mágico que servía como un comunicador.

A lo lejos, la misma mujer que chocó con Rías hizo exactamente lo mismo que su aparente compañero. Nadie se daba cuenta como la mujer dejaba pequeños rastros de electricidad tras cada paso que daba.

"Probablemente varios de ustedes no se encuentran muy seguros sobre esta unión. Aprovechando que aun tenemos unos minutos antes de que lleguen los Cadres y demás Demonios Supremos, quiero que me escuchen todos aquellos que dudan de esto y quienes no tienen del todo claro porqué todo esto se llevó a cabo." Aclaró Ajuka, quien se encontraba en el edificio principal.

El Demonio se encontraba en una especie de balcón dentro de la gran sede, mientras observaba a todos aquellos que se encontraban en el piso inferior. En su mayoría eran Ángeles Caídos, aunque también se encontraban algunos Demonios.

Algunos Demonios se encontraban en el segundo piso, vigilando que todo saliera tal y como se esperaba. Al estar tan enfocados en el interior, nadie se percató como un extraño hombre se detuvo justo en frente de la sede, su mirada completamente enfocada en una ventana entreabierta.

Uno de los guardias fue emboscado por el hombre encapuchado, por lo que ni siquiera pudo gritar cuando su cuello fue dislocado de un solo movimiento.

"Lo que tenemos aquí, nos posicionara en el punto más alto de este mundo si lo utilizamos adecuadamente." Ajuka señalo una caja, y eso fue más que suficiente para el encapuchado.

Después de todo, ya sabía con exactitud donde se encontraba la Boosted Gear. Y obviamente, no esperó en comunicárselo a sus demás infiltrados. Aun así, el hombre se quedó en el lugar, aparentemente estaba esperando una señal para comenzar con el robo. Por lo que solo le quedaba escuchar el discurso de ese Demonio. Era cierto que no se podía ver su rostro, pero con tan solo presenciar sus labios, ya podías entender que las palabras de aquel hombre no le agradaban para nada.

"¿Por qué se tardan tanto, muchachos?" Rías abrió la puerta del depósito, viendo el lugar con ligera confusión.

"¿Se fueron sin decirte nada?' Akeno se preguntó con extrañeza, viendo que el lugar estaba completamente vacío.

"No, aun siento que mis piezas están aquí…" La pelirroja dirigió su mirada automáticamente hacia una caja bastante grande.

Akeno siguió su mirada, y ambas entendieron al instante que algo raro estaba pasando. Después de todo, había una gran mancha de sangre en el suelo, pero no había cuerpos. Lo único que se veía era una mano sobresaliendo de la caja. Una mano cubierta de sangre.

Las dos mujeres se acercaron lentamente, sus miradas cada vez se notaban más sorprendidas cuando se acercaban al contenedor que aparentemente debía contener solo el cuerpo de Gasper.

Ajenas a todo esto, la mujer encapuchada volvió a acelerar sus pasos de un segundo al otro, y esos pequeños rayos dejaron de verse. Ella se llevó ambas manos a la capucha, para luego detenerse.

Rías y Akeno llegaron a la caja, observando con completa estupefacción que se trataban de sus compañeros.

Y justo en ese momento, la mujer ajustó su capucha y esbozó una sonrisa bastante peculiar.

Rías y Akeno observaron en completo shock como la mitad del deposito era completamente destruido por un gran torbellino de rayos que se despertó como una explosión que destruyó el sitio y mató a muchos que se encontraban en el lugar.

"¡¿Pero qué…?!" Ajuka observó en completo shock como la mitad del edificio era completamente destruido y gran parte de su audiencia quedaba enterrado bajo los rayos y los escombros.

Ni siquiera tuvo tiempo para pensar acerca de lo ocurrido, ya que un ataque mágico se acercó a toda velocidad que lo golpeó de lleno. El encapuchado apareció al lado de la estela mágica, para luego moverse a una gran velocidad, asestando diversos golpes críticos a todos los Demonios que había en el lugar, dejando inconsciente a varios y matando a algunos.

El encapuchado se recompuso lentamente tras hacer que su último adversario atravesara una pared. Éste enfoco su mirada en la pequeña caja que antes sostenía Ajuka. Justo cuando se acercó para agarrarla, el Demonio emergió entre los escombros y le obligó a dar un gran salto hacia atrás para esquivarlo.

"¡Tú…!" Ajuka lo señalo con una gran furia. "¡¿Qué demonios estás haciendo?!" Exclamó con un tono bastante irritado.

"Solo hago mi trabajo." El encapuchado habló, y por la expresión de Ajuka, se veía que había reconocido ese tono bastante singular.

"¡¿Cómo te atreves a traicionarnos?!" Ajuka saltó para derribarlo, pero el encapuchado cubrió su golpe con una barrera mágica que se rompió casi al instante.

En esta ocasión, la batalla parecía más pareja, y el sujeto sabía que no podía perder el tiempo.

"No creo que alguien como ustedes deba hablar de traición." Respondió el encapuchado cuando alzó su brazo mecanizado.

Ajuka observó con cuidado como la mano del sujeto se ramificó de una manera extraña, revelando una gema dorada que se encontraba en el centro que brillaba con mucha intensidad.

"Me gustaría continuar hablando contigo, pero tengo prisa." Concluyó, y después de eso, todo su brazo y la gema comenzó a cristalizarse hasta que se rompió en mil pedazos.

Todos esos pequeños pedazos se dirigieron contra Ajuka a toda velocidad, obteniendo un brillo dorado bastante singular cuando llegaron a su posición.

El Demonio pensó en esquivar el ataque, pero se le hizo imposible al ver como todo ese pequeño polvillo dorado se extendió en todas direcciones.

En un principio pensó que no iba a ser tan doloroso, pero su idea cambió radicalmente cuando su brazo entró en contacto con ese extraño ataque.

"¡AAAAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!" Ajuka dio el grito de dolor más fuerte de su vida al sentir como cada gramo de su cuerpo era desintegrado al entrar en contacto con el polvillo dorado, que en realidad eran partículas mágicas sagradas extremadamente poderosas.

El encapuchado tomó la caja con su mano, mirándola detenidamente.

"El objetivo principal ya está completo…" Declaró el hombre con una media sonrisa cuando desmaterializó la caja.

El sujeto desvió su mirada hacia el sector completamente destruido, viendo diferentes cuerpos mutilados y otros en mejor estado que aún se encontraban con vida, aunque apenas podían moverse. Era curioso ver que pequeños rayos morados aparecían circunstancialmente incluso después de la explosión.

"Ahora, solo falta saldar un par de cuentas…"

Rías y Akeno se movían entre la destrucción con bastante asombro, observando todos los cadáveres y heridos del lugar. Desafortunadamente, no tuvieron mucho tiempo para pensar acerca de todo lo acontecido, y la razón se dirigía hacia ellas con forma de una ventisca de rayo.

Akeno detuvo el andar de Rías lo más rápido que pudo, haciendo que la pelirroja ensanchara sus ojos a más no poder cuando la fuerte onda electrizante chocó a su lado, desintegrando por completo a un pilar destruido que se encontraba detrás de ellas.

Las dos Demonios llevaron su mirada hacia el origen del ataque, viendo como una mujer encapuchada las estaba mirando. Lo único que se veía de su rostro ensombrecido era esa sonrisa de suficiencia y satisfacción que cubría sus facciones mientras jugaba con su katana, arrojándola y atrapándola.

"¡¿Quién eres?!" Rías le demandó dando un paso hacia el frente, pero no recibió respuesta.

Lo único que se le entregó fue una mueca burlona de la misteriosa mujer antes de que comenzara a correr.

Tras ver esto, ambas Demonios no lo dudaron ni un segundo y comenzaron a perseguirla entre todos los escombros y destrucción. Dicha destrucción lentamente comenzó a cambiar a una gran arbolada, debido a que se estaban adentrando en el bosque.

Rías le hizo un pequeño asentimiento a Akeno, que ella pareció comprender. Ambas mujeres materializaron un círculo mágico y crearon una gran ráfaga mágica combinada que fue disparada directo hacia la encapuchada. Al ver esto, ella simplemente extendió su katana y la cubrió de rayos, arrojando una gran onda de choque que colisionó con el otro ataque, haciendo que estos se cancelaran entre sí.

La persecución continuó con un par de ataques mágicos más que eran contrarrestados de una manera muy fácil por la encapuchada. El frondoso bosque les hacia dar diferentes saltos y esquivar obstáculos, hasta que el perseguimiento llegó a un punto muerto.

Ese punto muerto era Vali, quien se encontraba con su armadura detrás de un árbol. La encapuchada le dio un leve asentimiento cuando pasó, haciendo que el albino materializara su casco.

Los ojos de Rías se ensancharon a más no poder cuando Vali apareció detrás de un árbol, propinándole un fuerte golpe en el abdomen que creó una pequeña onda de choque. El golpe fue tan contundente que la pelirroja se vio obligada a vomitar una gran cantidad de sangre y rodar por el piso.

Ella intentó levantarse, pero ese intento se disipó en la nada misma cuando sintió como alguien pisaba una de sus manas. Rías alzó su mirada, observando como Vali se agachó frente a ella, desmaterializando su casco para entregarle una sonrisa burlona al mismo tiempo que se inclinaba de hombros.

Pero eso no terminó allí, ya que la mujer encapuchada olvidó por completo a Akeno y se fue disparada a Rías, dando un gran salto portando con su katana electrizada en ambas manos con el afán de convertirla en algo irreconocible. Akeno pudo ver las intenciones de aquella mujer a leguas, por lo que rápidamente saltó y empujó a su ama, recibiendo el cortante ataque para salvarla.

La tierra se agrietó y los rayos salieron disparados por doquier cuando la katana atravesó de par en par al corazón de la Demonio, haciendo que esta vomitara una gran cantidad de sangre.

Rías se levantó lentamente del suelo, viendo con horror como su último esclavo estaba agonizando en sus últimos segundos de vida. La encapuchada dio un paso al frente cuando desenterró su katana del cuerpo, por fin dejando que muera.

La pelirroja la observó con gran rabia y miedo mientras daba varios pasos hacia atrás, hasta que finalmente comenzó a huir.

"Oye…" Antes de que ella corriera tras su presa, Vali la detuvo con su mano. "Recuerda la profecía, no tienes que matarla." Aclaró el albino con seriedad, pero eso no pareció importarle mucho a su camarada.

Eso se demostró cuando la encapuchada se quitó la mano del hombro con desdén y comenzó a perseguir a su víctima, algo que sacó un largo suspiro por parte de Vali.

Rías continuaba corriendo, su miedo y terror estaban presentes en su rostro como nunca antes se había visto. Eso hizo que ella se tropezara y callera al suelo, pero en vez de ser algo contraproducente para su huida, podría decirse que la ayudó aún más. Eso fue claro cuando una gran cantidad de rayos pasaron por encima de su cabeza y cortaron por la mitad a una gran cantidad de árboles.

Pensando que la fortuna estaba de su lado, la pelirroja continuó corriendo sin mirar atrás, hasta que, por fin, su suerte pareció acabar. Su rostro se estampó con mucha fuerza contra una barrera mágica, quebrándose la nariz en el proceso. Ella se levantó lentamente, viendo como otro encapuchado se acercaba lentamente a ella con una sonrisa burlona. Lo que lo diferenciaba de su otro perseguidor es que a este le faltaba un brazo y era un hombre, su contextura física lo delataba.

El hombre se acercaba a paso lento mientras creaba un pequeño circulo mágico en su única mano, ante la mirada aterrada de Rías, quien apenas podía ponerse de pie. Pero justo cuando el desconocido iba a hacer algún movimiento, la encapuchada lo empujó y avanzó a pasos aceleradas hacia ella mientras cargaba una gran cantidad de magia en su katana.

Ella estaba a punto de arrojar su ataque, pero fue detenida por un gran bloque de hielo que golpeó su katana. Eso hizo que el ataque se desviara y terminara generando una gran explosión en el lugar que cubrió todo de polvo por varios segundos.

Vali y sus dos compañeros se pusieron en posición, viendo como otras cuatro personas se acercaban lentamente a ellos.

El polvo finalmente desapareció, revelando que se trataba de Sirzechs, Serafall, Rías y Sairaorg. Ambos grupos se miraron con odio y tensión, generando un silencio perforador entre ellos.

Ese silencio se rompió cuando la encapuchada hizo su primer movimiento. Un movimiento tan rápido que nadie pudo ver con claridad.

El destello de un relámpago atravesó entre todos y cada uno presenció con incredulidad como la encapuchada enterró la katana en el abdomen de Sairaorg, generando una gran onda de rayos que obligó a todo el mundo a retroceder. El Demonio cayó al suelo estrepitosamente, teniendo encima a la mujer que no se había separado de él. Lo único que pudo hacer fue entregarle un gruñido sangriento al ver la sonrisa cubierta de locura que poseía su enemiga. De un segundo a otro, la mujer quitó la katana de su abdomen y agitó el arma a una gran velocidad, haciendo que una enorme cantidad de sangre saliera disparada por doquier.

Serafall quiso entrometerse al verla distraída, pero Vali llegó justo a tiempo para evitar que eso sucediera. La Demonio utilizó sus alas para esquivar diversos ataques mágicos que el albino arrojaba con un solo dedo, destrozando todos los árboles los cuales impactaba. Al ver que la posibilidad de acercarse era prácticamente un suicidio, Serafall se escabulló entre los arboles y desapareció de la vista.

"Muy bien, es hora de divertirse." Pensó Vali en voz alta con una media sonrisa, pero esa expresión cambió al ver como la encapuchada se sentaba sobre el cadáver irreconocible que una vez perteneció a Sairaorg.

Ese simple vistazo hizo que el albino se hiciera una nota mental de nunca enfurecer a la mujer.

Vali se marchó del lugar en busca de Serafall, dejando a sus dos compañeros con los últimos adversarios que había en el lugar. De hecho, la batalla entre Sirzechs y el encapuchado ya había empezado hace relativamente poco, denotándose que ambos se encontraban a un nivel muy parejo. Eso era fácil de notar, ya que todos sus ataques mágicos se contrarrestaban entre sí, además de que poseían una velocidad muy similar.

Los ataques mágicos entre ambos contrincantes se vieron interrumpido cuando uno de ellos se acercó, intentando propinarle un fuerte golpe que fue contenido por el antebrazo de Sirzechs. Ese simple choque genero una gran onda de choque que agrietó bastante el suelo. Ambos hombres se miraron por varios segundos, hasta que una sonrisa apareció en el rostro del Demonio, quien le asestó un fuerte golpe en el abdomen gracias al hecho de que contaba con una ventaja bastante notoria, y ese era el hecho de tener dos brazos.

El encapuchado se arrastró por el suelo varios metros, pero se recompuso al instante, fijando su mirada en Sirzechs una vez más. El Demonio vio esto, sabiendo que lo estaba llamando para continuar con una batalla cuerpo a cuerpo, y él lo aceptó con gusto.

Mientras tanto, Rías observó como la encapuchada por fin se había levantado tras asesinar a su víctima más reciente, acercándose lentamente a su posición.

En otro lugar un tanto distanciado del campo de batalla principal, Serafall se encontraba sobre uno de los tantos arboles gigantes del bosque demoniaco, viendo como Vali la estaba buscando en el suelo a paso lento, aparentemente sin percatarse de su presencia.

La mujer simplemente sonrió, pensando que podría ignorar un enfrentamiento directo con el albino. Después de todo, sabía a la perfección que tenía todas las de perder bajo cualquier campo. Por esa razón, su miedo se hizo palpable cuando la figura de Vali desapareció tras cruzar un árbol.

Quizás fue por el miedo o por su propio instinto, pero gracias a cualquiera de ellos es que pudo esquivar el golpe de milagro. La secuencia de puñetazos y patadas esquivadas por parte de la Demonio se repitió de rama en rama, hasta que finalmente utilizó su magia de hielo para propinarle un gran ataque directo en la cara. Ella sabía a la perfección que había sido un golpe certero, por lo que no pudo evitar sorprenderse con horror al ver como el casco de Vali había desintegrado el ataque apenas cuando entró en contacto con él. Lo único que logró fue destrozar la mitad de su casco y hacerle una pequeña herida en su mejilla.

"¿Eso es lo mejor que tienes?" El albino se burló, girando su rostro una vez más para mirar a la mujer. "Entonces, creo que esto ni siquiera será algo divertido." Concluyó, reconstruyendo la parte destruida de su casco.

"¿Por qué…?"

"Ya sabes bien porqué lo hago." Vali interrumpió la pregunta de Serafall, entrando en posición de ataque, algo que no había hecho antes.

El joven se movió a una velocidad tan rápida que ni siquiera fue perceptible para la Demonio, haciendo que vomitara una gran cantidad de sangre cuando recibió un fuerte gancho al costado de su abdomen que la mandó a volar.

Una gran cantidad de arboles fueron destruidos por su cuerpo, hasta que finalmente pudo recomponerse en el aire cuando desplegó sus alas.

Desafortunadamente, ya era demasiado tarde para la Demonio.

Ella alzó su mirada, viendo con horror como Vali se encontraba frente a ella, teniendo una de sus manos inclinada hacia su posición con un gran orbe que desprendía una energía monstruosa.

Vali desmaterializó su casco, alzando ambas cejas por un segundo en gesto de burla hacia Serafall.

La encapuchada volteó su mirada tras ver como una gran ráfaga de energía blanca se disparaba no muy lejos de su posición. Ella desenterró la katana del abdomen de Rías, quien tan solo pudo toser sangre ante tal acto.

La pelirroja le gruño con enojo, recibiendo una sonrisa desaforada de aquella extraña mujer. Aunque ella hubiera deseado que terminara con esa sonrisa, ya que se vio obligada a toser sangre una vez más cuando el pie de su enemiga le aplastó el abdomen con gran fuerza, dejándole al borde de la inconciencia.

Pero, para desgracia de la mujer, su diversión no pudo durar más tiempo. Eso se vio reflejado por un gran ataque mágico que arrasó todo a su paso, llegando incluso a destrozar todos los arboles circundantes y dividir el terreno en dos mediante una enorme grieta.

Ese ataque iba dirigido hacia el combate entre Sirzechs y el encapuchado, por lo que se vieron obligados a saltar lejos para no ser pulverizados.

El polvo lentamente dio paso a una enorme figura, que hacia temblar todo por cada paso que daba.

"¡¿Quién se atreve a atacar mi territorio?!" Tannin lucía completamente furioso por todo lo acontecido, pero aun así decidió preguntar antes de exterminar a las plagas.

Al no recibir respuesta, su mirada se fijó automáticamente en la encapuchada quien se estaba acercando rápidamente hacia él con claras intenciones no amistosas. El Rey Dragón simplemente bufó en burla para luego darle un fuerte puñetazo a tan alta velocidad que era imposible de esquivar. La mujer escupió una gran cantidad de sangre por el impacto. Ella rodó por el piso varios metros hacia atrás, y su katana se incrustó en uno de los tantos arboles bastante alejados del campo de batalla.

Ella intentó levantarse una vez más, pero vio que le era imposible. El golpe no había sido tan contundente, pero definitivamente la sacudió como nunca antes.

"No preguntaré tres veces." Aclaró Tannin, acercándose lentamente a su posición.

Pero justo cuando estaba a punto de suceder una desgracia, un tono bastante singular se escuchó.

"¡DRAGÓN SHOT!"

Tannin casi se tropieza sobre sus propios pasos cuando un fuerte ataque mágico lo golpeó sobre su espalda. Pero estaba lejos de hacerle algún tipo de daño.

"¡DRAGÓN SHOT!"

El tono de Albión fue escuchado una vez más, y en esta ocasión se pudo presenciar como Vali hacia acto de presencia con la segunda evolución de su Balance Breaker.

Aun así, el ataque apenas pareció afectar a Tannin, quien se dio la media vuelta para observar al albino con los ojos bien abiertos, ya que no podía creer que lo estuviera atacando.

Vali apretó sus dientes con fuerza y unió ambas manos, creando un enorme tumulto de energía, algo que indudablemente le trajo memorias de su combate contra Issei.

"¡DIVIDE!"

"¡DIVIDE!"

"¡DIVIDE!"

"¡DIVIDE!"

"¡DIVIDE!"

"¡DIVIDE!"

"¡DRAGÓN SHOOOOT!"

Una enrome cantidad de energía mágica devoró por completo la figura del Rey Dragón, generando una enorme línea de destrucción a su paso que acabó con todo.

Unos segundos incomodos se presentaron en el campo de batalla mientras el polvo cubría por completo el lugar donde una vez estuvo Tannin. Ese silencio fue roto cuando un gran puño emergió entre la cortina de polvo, yendo directo hacia un aturdido Vali, que apenas pudo contener el golpe cuando cruzó sus brazos en X.

Un fuerte estallido se escuchó seguido a una gran onda de choque que mandó a todos lejos, en especial a Vali. El albino atravesó varios árboles hasta que finalmente chocó contra una roca.

Vali escupió bastante sangre, viendo como toda su armadura había sido destruida de un simple golpe.

"No importa cuantos Divide utilices…" El albino alzó su mirada, presenciando como la figura del Rey Dragón se acercaba lentamente. "No sé porque haces esto, pero debe ser obvio para ti que te falta mucho para derrotarme."

Tannin intentó entrar en razón con el albino, ya que en parte lo consideraba un aliado, pero al ver como Vali comenzó a susurrar palabras por lo bajo solo hizo que se enfureciera aún más.

"¿Acaso es que quieres morir?" El Rey Dragón se acercaba lento, pero peligrosamente hacia su objetivo.

Finalmente, un gran brillo decoró a Vali por completo, quien estaba utilizando la Juggernaut Drive para la sorpresa del dragón.

El hocico del enorme dragón plateado comenzó a cargar un gigantezco dragón shot, logrando que Tannin se burlara ante la vista.

"¿Acaso piensas que eso va a poder detenerme?" El dragón se burló cuando alzó una de sus manos, comenzando a generar un gran tumulto de energía.

Pero, para su sorpresa, justo cuando ambos arrojaron sus ataques, Vali desvió su cabeza hacia el suelo en el último segundo.

"¡DRAGÓN SHOT!"

Esa explosión de poder genero una gran avalancha de polvo y tierra tan fuerte que terminó por matar a todos los heridos y destrozar toda la sede por completo.

Como estaban mucho más lejos, la encapuchada no tuvo problemas para soportar la enorme onda destructiva, pero eso no significa que pudo mantenerse en su posición sin que saliera volando por las enormes ráfagas de viento y polvo.

La mujer se puso de pie lentamente, sintiendo como su cuerpo aún seguía bastante pesado a causa del golpe anterior. Ella alzó su mirada con cierta dificultad, y sus dientes se apretaron tras ver como una figura se aproximaba a ella.

De alguna forma, la encapuchada encontró suficientes fuerzas como para correr, hasta que finalmente llegó a donde estaba incrustada su katana, aunque ahora el árbol donde estaba se había convertido en un tronco destruido en medio de la nada misma.

Ella tomó la katana con ambas manos y volteó su mirada, viendo como Sirzechs se acercaba a pasos acelerados hacia su posición. La encapuchada alzó su katana con el afán de detener un golpe, que, curiosamente, nunca llegó.

"¡DRAGON SHOT!"

Los ojos de Sirzechs se ensancharon a más no poder tras lo escuchado, por lo que se dio media vuelta rápidamente y creo una gran barrera, generando una enorme colisión cuando el ataque mágico de color blanco impactó contra sus defensas.

"¡Uuuuuggg AAAAAHHHHHHHHHHHHHHHH!" El Demonio gritó con gran fuerza cuando su barrera se rompió justo al último segundo, recibiendo un daño prominente en gran parte de su cuerpo.

La encapuchada observó con asombro como Vali aparecía entre los escombros. El albino cayó de rodillas con grandes heridas en todo su cuerpo, pero aun así encontró la fuerza suficiente como para sonreírle. Una sonrisa que fue respondida por la encapuchada, quien respondió rápidamente para propinarle un gran corte en el abdomen de Sirzechs antes de que pudiera recuperarse de su aturdimiento.

Eso hizo que se tambaleara hacia atrás, pero se detuvo casi al instante cuando una mano se apoyó sobre su espalda. El Rey Demonio giró lentamente su mirada, viéndose que se trataba del otro encapuchado, quien le estaba entregando una sonrisa burlona. Ni siquiera tuvo tiempo de responder a dicha expresión, ya que su espalda explotó en una gran ráfaga mágica que lo hizo gritar y caer de rodillas hacia adelante.

En ese momento, el Demonio alzó su mirada con completa incredulidad al ver como la katana y la mujer brillaban frenéticamente a causa de la electricidad mortal que les rodeaban.

La encapuchada no lo dudó y agitó su katana violentamente hacia su objetivo, haciendo que una gran onda de rayos golpeara al Demonio, generando una pequeña explosión que cubrió el escenario de un color morado durante un segundo.

Lo primero que se pudo ver tras ese ataque fue a Sirzechs en el suelo, con los ojos completamente en blanco.

La encapuchada cayó sobre su rodilla y se quitó la capucha, revelando que se trataba de Penemue. Su respiración agitada se reguló un poco cuando alguien se posó frente a ella. Azazel se quitó la capucha para luego extenderle la mano, esbozándole una sonrisa en el proceso. Una sonrisa que Penemue compartió por un corto segundo cuando aceptó el gesto del hombre.

Vali se unió a ellos, observando como el atardecer estaba comenzando a golpear sobre el Infierno.

"Ya completamos nuestra media venganza, y también recuperamos la Boosted Gear." Aclaró Azazel con una sonrisa. "Espero que Rossweisse y Yasaka no hayan tenido problemas con los Ángeles Caídos."

"Con Rossweisse, Odín, Gondul y las Valquirias no deberían tener problemas para acabar con los Cadres. Y aunque los Yokai sean un numero mucho menos que los Ángeles Caídos, no creo que hayan tenido problemas en destruir Grigori con la gran habilidad de Yasaka y la ayuda de los compañeros de Vali." Declaró Penemue, ganándose una mirada cansada por parte de Vali.

"Después necesitaremos crear una buena escusa para Tannin. Creo que no sospecha de ustedes, pero yo estaré en problemas si no construyo una mentira lo suficientemente creíble." Agregó el albino, recibiendo la mirada de ambos Cadres.

"Gracias por ayudarnos, conociendo el riesgo que podrías correr." Azazel agradeció sinceramente al albino.

"Ayudarte con ese pequeño problema es lo mínimo que podemos hacer." La siguiente en hablar fue Penemue, quien compartió el sentimiento de su líder de facción.

"No se sientan tan agradecidos. Es algo que realmente quería hacer tras saber la verdad." Respondió Vali, esbozando una expresión más seria de lo normal.

"Créeme, todos compartimos ese sentimiento." Azazel asintió, para luego crear un circulo mágico a sus pies. "Será mejor que regresemos lo antes posible, a menos que queramos enfrentar a Tannin ahora."

"Si, tienes razón." Vali contestó con sinceridad. "Ocultar mi presencia cuando estoy tan débil no es muy complicado, pero estamos en una zona abierta." Concluyó, recibiendo un asentimiento por parte de Penemue.

"Vámonos ya."

Esas fueron las últimas palabras que se escuchó en el lugar.

Después de unos segundos, Rías apareció entre la destrucción del lugar bastante mal herida. Aun así, tuvo las suficientes fuerzas para tomar a su hermano inconsciente y marcharse del lugar.

¡FINAL DEL CAPÍTULO!

Si, fue un capítulo mucho más largo y raro de lo normal. En un principio tenía pensado hacer una pequeña batalla para que se vea como todos interrumpían los planes de los Demonios y Ángeles Caídos. La idea fue utilizar un solo plano para que la batalla no se alargara innecesariamente (además que saber más puntos de vistas hubieran arruinado muchas sorpresas que se vienen en el próximo capítulo). De una forma u otra, digamos que esa batalla de relleno se me alargó un poco más de la cuenta. De todas formas, creo que quedó bien. Fue lo suficientemente larga y al mismo tiempo concisa para explicar con detalles el desarrollo de un conflicto que terminó en cuestión de minutos.

De seguro este capítulo a generado varias preguntas, pero creo que todas son bastante fáciles de deducir. En cualquier caso, recuerda que siempre responderé cada pregunta que quieras plantearme, solo necesitas preguntar.

¡Espero que hayan disfrutado el capítulo!

Pero no se vayan aun, ya que queda una pequeña escena más que indicará lo que vendrá en el próximo capítulo.

"Esta era la última." Issei arrojó una botella, haciendo que el objeto descendiera a una gran velocidad.

¿El motivo?

Issei se encontraba subiendo una gran duna de arena que no parecía tener fin, pero ya estaba realmente cerca de llegar a la cima.

La caminata del castaño se vio interrumpida por una vista bastante peculiar, debido a que la briza del lugar hizo que la arena rojiza se moviera.

Lo raro era lo que se encontraba bajo esa arena.

Issei se agachó y posicionó una de sus manos sobre esa rareza. Ese simple movimiento hizo que su mirada se endureciera bastante.

"No encontraba huesos desde que salimos de la madriguera de aquel monstruo." El comentario de su portador hizo que Ddraig se pusiera serio.

"Eso significa que estamos cerca de esas bestias." Aclaró el dragón. "Lo más probable es que estén al otro lado de este montón de arena, incluso puede que hayan establecido su territorio justo frente a la puerta." Concluyó, y su socio no pudo hacer otra cosa más que estar de acuerdo.

Después de todo, la luz azul era mucho más visible y fuerte comparado a cuando comenzaron su viaje. Estaba casi tan seguro como Ddraig que la puerta se encontraba justo detrás de la enorme montaña de arena.

"¿Antes dijiste que estas bestias se asemejaban a las hormigas?" Preguntó el castaño, continuando su camino.

"Lo único que sé es que hay diferentes clases, cada una más poderosa que la otra. Entiendo que tienen una especie de Reina, y de ella es con la que debemos tener cuidado…" Declaró el dragón, haciendo una pequeña pausa.

Ddraig meditó sus propias palabras, recordando que el poder actual de Issei era algo que incluso podía superarlo a él en sus mejores días.

"Aunque para ser sincero, creo que no tendrás tantos problemas…"

Antes de irme, les hago un pequeño recuerdo que solo faltan dos capítulos para uno de los momentos más esperados de esta historia. Intentaré traer el próximo capítulo lo más rápido posible, ya que incluso yo estoy algo ansioso por esto.