Advertencias: Descripción de escenas sexuales (18).
Capítulo larguito principalmente SasuHina.
.
.
—¿N-no es… tu mejor caballo? —preguntó con incredulidad en sus ojos.
—Lo es —respondió Sasuke sin mirarla. No estaban, por supuesto, afuera en los establos; Hinata no podía poner un pie afuera. Estaban en la habitación que habían compartido anoche y Sasuke acaba de decirle que Aoda era ahora de ella. A pesar de la noticia Sasuke no se acercó a ella, optando por mantenerse cerca al marco de la puerta—. Insistes en hacer lo correcto en medio de los eventos más insólitos. Darle el mejor caballo a la novia al parecer es lo correcto.
Hinata no quiso refutar y también consideró que negarse a su regalo podría ser tomado como una ofensa.
Además, ¿era realmente correcto que estuvieran casados? ¿No querría él, luego de lograr sus objetivos más próximos, pasar su vida con una joven noble más apropiada? La había tenido bajo él pero había dejado la habitación cuando el acto terminó… ¿Debió haber sido ella quien le hubiese dicho anoche que se quedara? Aunque, ¿era eso algo que ella quería?
Quizá algunas cosas no debían ser habladas, no en un matrimonio destinado a un tiempo tan corto.
Y claro, si en el futuro él buscaba anular su unión con ella, Hinata dudaba de tener objeciones al respecto.
—Gracias —pronunció con suavidad, sincera por la cordialidad que representaba por parte de Sasuke darle Aoda. Sabía que en parte también se trataba de un acto de consideración y reparo de él por haber sido el hombre quien, aunque ella francamente lo había pedido, la había dejado impura. Pero no, esa no era la palabra; estaban casados… lo que hicieran de ahora en adelante no se saldría de las normas. Lo de anoche había sido una decisión de ambos—. Realmente lo aprecio.
—No es de importancia. Legalmente, incluso en las circunstancias en las que estamos, muchas cosas de mi propiedad, o que serán de mi propiedad, pasan ahora a ser también tuyas.
Hinata no comentó nada. Si el Emperador la aceptaba, si realmente se acordaba de ella y su deseo por tenerla, en unos días nada de eso tendría importancia.
Hinata se quedó mirando a sus manos entrelazadas en su regazo, aún en la cama como si se tratara de una enferma. Lo único que le dolía —o más bien la única sensación extraña que sentía— estaba en su entrepierna, aún una clara impresión de cuando él estuvo dentro y todos los movimientos que ambos hicieron.
Los mismos que Hinata tendría con el Emperador, si la hacía llamar.
—Chiyo vendrá pronto, sólo necesitas esperar —aseguró entonces Sasuke atrayendo su atención a él. Se refería a que la ayuda para alistarse para el nuevo día vendría, y quizá también las respuestas a cualquier pregunta que Hinata como mujer tuviese.
Sasuke entonces la observó aunque ella no lo hiciera, sólo le había dado otra suave respuesta en reconocimiento. El joven Uchiha sabía perfectamente lo que atravesaba más de una vez por la mente de Hinata, y un nudo en el estómago se formó en él ante el pensamiento de ella queriendo ir voluntariamente a satisfacer sexualmente a Minato Namikaze.
Entonces sin más, se despidió momentáneamente de ella, dejando la puerta entreabierta y viendo por fin de último los ojos de Hinata en su dirección.
Sasuke mismo regresaría tan pronto Chiyo hubiese acomodado y cambiado lo que tuviese que hacer, y dispusiera platos de desayuno para su nueva ama; no obstante todo eso sólo era otra cordialidad. Tan pronto Chiyo saliera Sasuke regresaría y haría a Hinata suya nuevamente.
Eso era algo tácito, hacerlo una segunda vez y luego una tercera y una cuarta y las que ella se dejara hacer.
Sasuke, varios metros lejos de la pequeña casa en donde Hinata debía mantener refugio, sintió la imperiosa necesidad de devolver sus pasos, de llevar de nuevo el cuerpo que había saboreado a lo increíble. Recordaba pegado a sus retinas el rostro lleno de placer de ella, recordaba los jadeos que había soltado y cómo se había retorcido por el millar de sensaciones que le había ofrecido, que habían sido gracias a él…
«Sólo unas horas más», se dijo impaciente.
.
La segunda vez que volvió a unirse a ella fue tan glorioso como la primera vez. No obstante esta vez, cabía resaltar, había sido más rápido, más directo por parte de él, sólo para comprobar que no había quedado un innecesario decoro entre ellos, que Sasuke ubicándose encima de ella y luego entrando no fuese tomado por Hinata con dificultad.
Desde luego no estaba vestida con ropas de días, Chiyo sólo le había traído otro más liviano vestido de tiras el cual Sasuke no hizo gesto de quitarle.
Aún así ella seguía con sus muy sonrojadas mejillas, tan rojas y mojadas de lágrimas transmitiendo sus reales emociones, imposibilitada de ocultar algo o mantenerse serena. El rojo y las lágrimas, no obstante, eran de legítimo placer; Sasuke fácilmente podía señalarlo así gracias al interior de ella tan húmedo y a los estremecimientos que su cuerpo nuevamente había experimentado.
Hinata era… una natural. Sentía y se entregaba a ello. Sasuke luego de terminar y manchar una tela con su semen, había buscado calmarla, a Hinata aún temblando a través de las réplicas de su último orgasmo y casi sofocada de ello.
—Respira, Hinata. Quiero hacerlo de nuevo.
Así, Sasuke esperó sólo lo necesario. Retirándose casi por completo luego buscó ubicarse en medio de ella nuevamente, alineando su erección con su entrada, y cuando Hinata volvió a respirar normal fue para sentir como él en poco tiempo la embistió sin hacer esos primeros vaivenes de las dos primeras veces. Quiso preguntarle si así lo hacían usualmente los hombres, si eso les gustaba, entrar en una mujer casi sin aviso. ¿Pensaría él que al Emperador le gustaría eso? La pregunta, sin embargo, parecía demasiado pecaminosa para hacer, indecente si se tomaba en cuenta lo que ellos eran ahora, un noble hombre y su esposa.
Hinata entonces se limitó a gemir, con más control ahora sin estar a punto de lloriquear y Sasuke pronto se conformó con un buen ritmo, centrándose él mismo en salir y empujarla.
Era fantástico, como si estuvieran hechos el uno para el otro. Al menos en amorosas labores en la cama.
Las tibias y húmedas paredes de Hinata se aferraban a él, pero ahora con mayor distensión que fuerza y los espasmos en el cuerpo de ella solo añadían más placer alrededor de su erección, envolviéndolo en un calor sofocante, exquisito. Entonces Sasuke en medio de sus embestidas notó que aún no la había besado y ese nuevo pensamiento le pareció ridículo, podía hacerlo, las veces que quisiera y cuantas veces, no sólo como un método para calmarla en su primera vez con un hombre.
Volvió entonces más lentos sus movimientos, tomó un amplio suspiro atrayendo inevitablemente la atención de Hinata quien lo observó a los ojos, y así la contempló una última vez, con esa última pieza de ropa entre ellos, con esa última pizca de inocencia finalmente a punto de ser arrebatada por el tormentoso deseo de él. Hinata era de él, ¿cierto? Era una Uchiha entre ayer y los pocos días que tendrían, y quería verla como la había soñado e imaginado antes, con sus claros ojos iluminados por deseo hacia él, a esos apetitosos labios llenos de su semen, verla dando brincos en su regazo sobre la suave y limpia superficie que él podía ofrecerle, abriéndose ante el cuerpo de sólo él. Ya no era la aburrida, tímida, virgen y discreta, no luego de ser el tan afortunado espectador de sus ahora gemidos.
Sasuke gruñó mientras soltaba una mano de su cadera y alzaba su brazo hasta envolver con sus dedos por detrás del esbelto cuello de Hinata. No imprimió fuerza en ellos, sólo eran un tortuoso gesto para ambos de silencioso sometimiento, suave pero irrefutable.
Se inclinó hacia ella con lentitud, eliminando los centímetros entre ellos. No obstante, Hinata movió su cabeza de lado a lado, sus ojos se llenaron inevitablemente de húmedad, peligrando en ella soltar lágrimas ante algo tan simple como su esposo a punto de besarla, su visión quedó borrosa y sólo captó la figura de Sasuke deteniéndose.
—Déjame besarte —dijo él ronco, prácticamente un comando a tan escasa distancia ahora de los labios tentadores y suaves bajo él, aunque en su bajo abdomen podía sentir sus propias ansias por hacerlo, por no recibir ese rechazo de ella.
Sasuke empujó entonces sus caderas más hacia adelante, fuerte pero con lentitud profunda, haciendo que ella abriera la boca y permitiéndose atrapar sus labios en los de él. Con maniobra Sasuke llevó ambas manos al vuelo de su vestido, queriendo simplemente romperlo pero optando por empezar a desvestirla en ese ritmo lento al que él mismo los había llevado y que Hinata estaba aceptando con mucha facilidad.
Cuando la tela llegó a la altura de sus senos, Sasuke empezó a besar la suave piel del lóbulo de la oreja de ella, luego bajó para hacerse lugar en el sudoroso cuello, rozando con suavidad sus labios allí sin separarse de ella, procediendo eventualmente a colocar besos por toda esa piel blanca.
—Sasuke, sí… —murmuró ella dándole más acceso al girar con suavidad su cabeza y alargar más la piel de su cuello y sin fijarse en cómo ella misma arqueaba su espalda hacia él permitiendo poco a poco ser desvestida sin mayor problema.
Sasuke se retiró un poco del interior de ella y enrolló con fuerza la tela en sus manos, algo que ya no iba a ser necesario, ya Hinata no tenía que sentir como si tuviera un escudo protector entre ellos. Así, llevando sus labios a pegarlos justo donde empezaba el nacimiento de su seno izquierdo, quedaba un último movimiento hacia arriba para sacar del todo el vestido, y con premura lo hizo, obligando a Hinata a levantar sus brazos para conseguirlo. Arrojó la suave tela y sin realmente enfocarse en ella, Sasuke sacó su lengua, aplanándola y arrastrándola por toda la suave piel hasta llegar a la endurecida areola, y allí mordisqueó casi tentando mientras que una de sus mano se deslizó hasta la entrepierna de ella, sacando del todo su erección. Extrañamente no se sentía en un afán por enterrarse en ella, de perseguir un instinto por empujarla y hacer crujir la cama; sentía que Hinata estaba apreciando el ritmo y las caricias que le estaba haciendo, y claramente así era cuando sintió una delicada mano ubicarse en su azabache cabeza y luego dedos bajar hasta su nuca.
Honestamente, él también sentía que necesitaba esto.
Era como una fantasía, como si pudiera confiar en ella aunque hacerlo significara pasar a ser vulnerable cuando algo como eso no podía permitírselo. Sasuke no era de confiar en nadie. Mantenía a todo el mundo a distancia y mantenía la boca cerrada sobre su vida privada, sobre con cuántas mujeres había estado y sobre cuántos errores había cometido. Sobre el Bosque Oscuro y sobre la tristeza con la que le era inevitable despertar cada día. Dejaba que los demás infirieran lo que quisieran mientras lo dejaran solo al final. Pero ahora sentía que si entraba en ella podría bastar sentirse rodeado de su suave interior y mantener su erección allí abrigada, nada más; o simplemente continuar con su labor de besarla y mordisquear con suavidad cada centímetro de la piel extendida bajo él.
Sin dejar de mantener su boca enfocada en el peso de Hinata, sintió orgullo al darse cuenta de que su íntima entrada estaba aún más empapada.
Besando el voluminoso seno miró hacia la cara enrojecida de ella.
—¿Cómo te sientes? —preguntó, una curiosidad que nunca le había hecho antes a una mujer.
No pareció que Hinata tuviese una clara respuesta a ello, o quizá no quería hacer o decir algo que los alejara del casi hechizo en el que estaban, sin embargo Sasuke repitió la pregunta. Quería saber, necesitaba saber.
—M-me siento bien. —Hinata dio una tenue sonrisa, estaba desnuda debajo del cuerpo de un hombre pero luego de razonar por un poco lo que le era preguntado, no había otra respuesta ahora en su cabeza. No estaba pensando en lo que había afuera de esa habitación, no estaba pensando en transformarse en la figura de mujer que podía servirle a una clandestina oposición ni en el posible día en que volviera a poner un pie en el Palacio—. Puedes… —empezó ella a decir pero tuvo que tragar saliva primero; se sentía avergonzada, insegura aún si una mujer podía realmente hacerle ese tipo de peticiones a su esposo aunque algunas previas palabras de la ama de llaves de la Mansión Uchiha le había insinuado que podrían hacerse—. Puedes seguir besando ahí.
—Maldición, Hinata… —se limitó él a responder pero sin explicarle cómo podía decir una palabra como esa ante lo que ella había dicho, no cuando llevó una de sus varoniles manos y agarró como si sus dedos fuera un garfio el otro seno que hasta entonces no había ni besado, lamido o mordisqueado, haciendo que su pezón fuera aún más resaltado al quedar en medio de dichos dedos. Llevó entonces su lengua a la dulce punta y después chupó.
Hinata casi gritó, su mente atiborrada la guió a llevar otra mano detrás de la nuca de Sasuke y presionarlo más hacia ella, su espalda se arqueó un poco hacia él, nunca dejando de sentir como era también acariciada con suavidad allí abajo en su entrepierna por otra mano de él, por sus dedos.
Los ojos de Hinata, vidriosos sin duda alguna —quién sabe si era algo inherente a ella o si eventualmente sus ojos dejarían de lagrimear ante el placer— mantuvieron el contacto visual con los oscuros de Sasuke.
Sasuke entonces atrapó su areola entre los dientes, nunca dejando de mirarla, y tiró de la rojiza piel con algo de fuerza, eso mientras sus dedos humedecidos ahora por juguetear con la entrada de ella se hundieron hasta el tope, tres deseosos dedos que se movieron con lenta experticia, acariciando las curvas que encontraba y prácticamente tratando de memorizarla. Volvió a hacer lo mismo con el pezón, agarrandose a él con sus dientes no sin antes rodearlo con su lengua como un gesto de alivio para volver a jalar con fuerza.
—¡Sí! —Hinata echó su cabeza hacia atrás y en algún momento tuvo que cerrar sus claros ojos.
A Sasuke no le gustó del todo que dejara de verlo, aún así al mismo tiempo le encantó verla delirar, sentirla retorcerse. Estaba destruyendo por completo su decoro, su prudencia hacia él, una a una apartando las capas que protegían algo.
Dio un último lamido a su seno y bajó sobre ella hasta besar bajo sus costillas y luego su estómago, sus dedos dentro nunca dejando de moverse, ahora entrando y saliendo de tal forma que Hinata abrió aún más sus piernas.
Un último beso a su piel y Sasuke se apartó quedando arrodillado, sacando sus dedos, haciendo ahogarse a Hinata ante la sorpresa de dejar de ser tocada tan abruptamente y dejando en el aire un clamor de volver a ella, sus pálidos ojos volviendo a conectarse con los oscuros y felinos de él hasta que él desvió su mirada un poco, haciendo un recorrido visual por su cuerpo.
Hinata desde luego quiso volver a agarrar su vestido, pero éste se encontraba lejos de su alcance y, además, se sentía como si estuviera clavada por los ojos de él, como si estuviera imposibilitada de moverse ante la intensidad que transmitían él en su expresión, sin piedad alguna.
—Estás tan húmeda —dijo Sasuke entonces aunque no tuviese ninguna parte de su cuerpo pegado a ella, y Hinata se dio cuenta de que estaba viendo directo a su femenina entrepierna.
Hizo el gesto de pegar sus muslos pero Sasuke fue más rápido, volviendo a llevar una mano allí e inclinándose sobre ella hasta unir ambas bocas de nuevo, sus labios abriéndose según Sasuke la guiaba y según el instinto le gritaba a ella que hiciera, llevando sus manos a aferrarse a él, aún con un poco de temerosa confianza pero permitiendo que sus lenguas se exploraran una a la otra, acariciándose con desconocido amor.
Sí, Sasuke la besó como si la adorara. Quizá lo hacía.
Volvió a entrar en ella con el más puro gozo.
.
Esta última vez Sasuke había enterrado su cabeza en el cuello de ella mientras se venía, casi que suspirando su nombre y saliendo justo en el último momento, manchando parte de ambos abdómenes.
Esta última vez Sasuke no se levantó de la cama.
Esta vez estuvieron así, él tomando refugio contra la curva del cuello de ella, por algunos minutos antes de que cualquiera de ellos se moviera. Con el tiempo, Sasuke giró y quedaron lado a lado mirando al techo tratando de normalizar sus respiraciones.
Sasuke, sin embargo, no iba a parar sus actividades ahí.
Hinata sabía ahora lo que era tener a un hombre entre sus piernas, por tanto no iba a lloriquear cuando otro hombre como el Emperador la hiciera suya en sus aposentos.
Aún así, que ya no fuese una virgen no significaba que aquel escenario que Tenten había señalado como posible no sucediera —Tenten, quien había arriesgado su vida en una impulsiva frustración pero quien podía reconocer con claridad algunas dinámicas dentro del Palacio—. Hinata, por tanto, tenía que fascinar al Emperador.
Sasuke sabía con qué podía hacerlo; qué atrevido acto Hinata podría procurar hacer en su primera vez con el hombre rubio. Atrevido pero no tan indecente como para ser tachada como una mujer con falta de dignidad, sólo… entretenido conocimiento.
Sasuke entonces se puso a la tarea.
.
Hinata, le había dicho Sasuke, debía concentrarse más en la presión que hacía sobre aquellos dedos y no en mover sus caderas como su cuerpo le gritaba que hiciera.
Estaba húmeda y sentía inmenso calor. La noche sobre ellos —su tercera noche— era cálida y el ruido de algunos insectos traspasaba las paredes de maderas que los refugiaba del exterior, protegidos de ser encontrados por algún ANBU o incluso por algún inadvertido empleado que servía al clan Uchiha.
—Aprieta más, luego afloja —Sasuke ordenó.
Tres de sus dedos estaban en el interior de ella, cerciorándose de que aprendiera a controlar sus músculos a un ritmo con la mayor constancia posible. Sus dedos, si bien se sentían exquisitos hasta ahora envueltos en las tibias paredes de ella, no serían la conclusión de esa «enseñanza».
La tendría encima de él pronto, maniobrando en sujetar las caderas de ella, ubicándola hasta arrastrarla a su regazo con el único propósito de que toda la longitud del miembro de Sasuke se hundiera en ella, quizá al inicio con brusquedad gracias a esa posición, ambos sintiendo el cosquillleo que generaban sus actos, pero eso no sería todo. Primero Sasuke adiestraría sus caderas, que dejaran de ser rígidas y aprendieran a mecerse con soltura, a moverse adelante y atrás y luego de arriba a abajo. Quizá, esa misma noche la haría que rebotase sobre él. No obstante, lo que Hinata sí debía conseguir hacer, lo que haría tan pronto estuviera en intimidad con Minato Namikaze, era subir sus caderas y luego deslizarse hasta más no poder, pero se detendría y apretaría su interior antes de absorberlo por completo, una, dos, tres veces a lo largo de la endurecida virilidad. Tendría que hacerlo con presteza, que no se sintiera como entorpecidos movimientos que limitaran el placer de un hombre por entrar y salir como quisiera, sino una deleitable sensación que lo sedujera, que incluso le hiciera cerrar los ojos y echar la cabeza hacia atrás para concentrarse sólo en su hinchado miembro.
—¿Está… bien así?
—Perfecto —respondió sin demora él.
Hinata quiso entonces un beso y al parecer su rostro debió expresar eso porque Sasuke se acercó lo suficiente para besarla.
Sus lenguas pronto se enredaron y así, con palabras arremolinándose en cada una de sus gargantas, Sasuke la guío hasta su regazo.
.
Ya debería haberse escuchado al menos un murmullo desde el Palacio respecto a Hinata, pero ella aún vivía en su complejo en el quinto día de su impulsiva unión matrimonial.
El presente día Sasuke había ido a hablar con Shikaku, bajo la pretensión de negociar medicina para caballos antes de que llegara el invierno —incluso aunque faltaran varios ciclos de luna antes de que cayeran los primeros copos de nieve.
El hombre, casi que con un apaciguado tono y cerciorándose que nadie los escuchara en sus propios establos, le intentó recordar a Sasuke el sacrificio que Hinata estaba haciendo, y al mismo tiempo la obligación de ella al no poder hacer nada al respecto si realmente Minato Namikaze la deseaba. Por supuesto, no era necesario recordarle dichas cosas a Sasuke, las tenía presente cada mañana y cada noche, en su mente nunca evaporándose el pensamiento de cuánto Hinata iba a mancharse por los pecados de otros.
Malhumorado le confirmó al hombre Nara que Hinata estaba lista, girando sobre sus talones y yéndose sin explayarse exactamente a qué se refería. Shikaku era bastante perspicaz, no necesitaba de más palabras ni de promesas de que Hinata no tendría problemas en mantener la atención que necesitaba.
Cuando Sasuke volvió a casa pensó que no podía pensar en nada más hasta que vio la silueta de ella, de su esposa.
—Eres hermosa —dijo mientras por primera vez la veía fuera de la habitación, por el pasillo amplio de aquella construcción en la que había vivido su padre Fugaku cuando era un muy joven con gran ilusión que cortejeaba a otra joven. Sasuke lo dijo por primera vez en voz alta, admitiendo como nunca antes sentirse atraído por ella, elogiándola en su simple pero bonita vestimenta del día.
—Quise tomar… algo de aire —respondió ella bajando su mirada al suelo—. La señora Chiyo dijo que estaría bien.
No debía ser la primera vez que salía de la habitación, claro; Chiyo debía maniobrar a los demás empleados y cualquier otra posible circunstancia que los expusiera, pero bajo su dirección Hinata no se había sentido del todo una prisionera. Ambas mujeres incluso esperaban el saludo de la otra cada día.
Sasuke asintió sin dejar que le molestara la falta de respuesta verbal ante sus previas palabras; Hinata sonrojada y rehuyendo ahora con timidez sus ojos a pesar de haber saltado encima de él las dos noches anteriores, era una muestra de lo abrumador que escucharle decir lo hermosa que era le hacía sentir.
Sasuke sonrió de medio lado, acercándose con parsimonia.
—Deja de ser tan cohibida —mencionó él, una mezcla de regaño y fascinación—. Estoy seguro que serás más elogiada dentro del Palacio, y envidiada y quizás odiada por lo encantadora que puedes ser, casi sin proponértelo.
Ahora muy cerca uno del otro, Sasuke la obligó a levantar su rostro, un dedo en su mentón hasta que sus bocas se unieron.
Hinata fue quien se apartó primero.
—Incluso aunque no espero ser odiada más, mi clan ha estado en desgracia por años, así que yo…
«…ya soy odiada por eso», le fue interrumpido por otro beso de él.
—En mejores circunstancias sería un hombre feliz ante la oportunidad de… —Sasuke se detuvo en sus palabras, decantándose por no complicar lo que posiblemente vendría—. Sería feliz teniendo a alguien como tú de esposa.
Hinata lo observó, quizá también con adoración.
«¿Esperarás por mi?» pensaron tanto ella como él.
¿Por qué era tan difícil pronunciar esa pregunta si la respuesta era obvia? Era un claro sí porque ya estaban casados. No había otro posible resultado en el caso de que el Emperador muriera, Madara dimitiera o si incluso el Palacio cayera en llamas.
Aún así, por muy obvia que fuera la respuesta, seguía siendo una cuestión difícil de decirle al otro. Una vez más, por la comodidad de ambos, Sasuke trató de ponerse la máscara de la indiferencia, la de neutralidad en lo que estaban haciendo como si no le disgustara el sólo imaginar a Hinata haciendo lo mismo que habían estado haciendo pero con el Emperador.
—Te necesito desnuda —mencionó, pero antes de que ella abriera más los ojos y se sonrojara más por escuchar algo como eso fuera de la habitación, Sasuke la obligó a que girara su cuerpo, pegara su pecho a la pared y así empezó a desbaratar con apuro las telas que la envolvían, entrando en ella tan pronto la tuvo totalmente desnuda en esa nueva posición, iluminados por el sol que atravesaba ventanas adornadas de figuras y resquicios de puertas cerradas.
Fue la primera vez que Sasuke deseó terminar dentro de ella. Si Hinata llegaba al Palacio con un hijo creciendo dentro, si tenía un hijo que naciera con las facciones del clan Uchiha, quizá su tío fuera acusado de algo, de traición por haber tocado a una mujer del Emperador; la favorita, como Sasuke estaba seguro que Hinata iba a convertirse.
Podría ser un plan perfecto, al menos para parciales intereses. Un bebé que nacería a inicios de la siguiente primavera, quizá un tiempo de espera que valdría la pena.
Sin embargo, no terminó dentro de ella. No si eso significaba hacerla llorar en el futuro.
.
.
Desde luego no fue Temari quien viajó el día después de la Ceremonia de despedida los tres días que tomaban llegar hasta el más cercano pueblo del sur del Imperio con salida al mar y luego, desde allí, realizar la agotadora ruta marítima hasta llegar al borde de Suna.
Tenía mejores cosas por hacer que regresar a su país, incluso aunque las tres primeras semanas que estuvo exclusivamente en el Palacio no fueron del todo productivas. En ese entonces se había sentido como si hubiese hecho un retroceso, obligándose a estar encerrada en aquellos altos muros como si hubiese viajado en el tiempo y volviera a ser una niña que tenía todo al alcance de su mano pero nada de voz, especialmente teniendo en cuenta que al haber sido la última etapa de su estadía en Konoha ya no había mucho por negociar ni había tenido que asistir a más reuniones para prometer armas a cambio de frutas, mucho menos asistido presentarse a fiestas —eso había sido en primavera.
Las dos siguientes semanas, no obstante, cuando dejó a alguien parecida a ella, con sus mismas ropas y su mismo color de piel y cabello para que la reemplazara, Temari hizo demasiado.
En el hotel vacío, mucho más allá del umbral de su entrada y atravesando las siluetas que los árboles hacían sobre el piso de madera o puertas corredizas, se prepararon junto a ella al menos una docena de personas que habían llegado desde Suna, algunas mujeres que no llevaban falda, vestidas igual a como lo haría un hombre para ejercer labores más físicas.
Trabajaron en mayoría en silencio y sólo hablaron para repasar cuantas veces necesitaron de los mapas que habían recolectado, de historias incluso, haciendo cálculos lo más aproximados posibles.
En el pasado sólo había bastado tres días en carruaje para pasar de un borde al otro, quizá el doble al lomo de un caballo, atravesando lo que ahora era un territorio desconocido; y con eso en mente su real objetivo y en lo que se había estado preparando a escondidas había sido realizar una expedición al Bosque Oscuro.
Konoha y el Emperador no querían saber nada de ese lugar, y si no fuera por eso Temari quizá estaría más interesada en la política del Imperio, en la revolución que quería alzarse, en lo que políticamente podía pasarle a Konoha; sin embargo, como había esperado antes de poner un pie allí como embajadora, nadie había querido escucharle sus relatos o siquiera tomar con seriedad sus preguntas, y aún así ella tenía que hacer lo que tenía que hacer al igual que aquellos que la acompañaban.
Así, Temari había dejado atrás a Konoha, no le importaba lo que políticamente le pasara. Los dirigentes iban y venían, al fin y al cabo. Todo lugar era proclive a que sus circunstancias cambiaran y nadie era inmortal y ningún lugar podría mantenerse igual siempre. Lo que realmente le interesaba a ella eran los recursos naturales de su tierra y saber sobre el paradero —o los restos— de su hermano Kankurō. Para eso tenía que descubrir lo que era exactamente ese lugar, ese bosque, que ahora se extendía cada vez más hacia la frontera de Suna, y con Konoha haciendo oídos sordos a sus anteriores peticiones. La oscuridad ya estaba llegando a ríos subterráneos importantes de su desierto, a lagos cuyos peces se axfisiaban antes de llegar a una edad madura. Con una transición de monarquía a democracia su pueblo no podía permitirse la destrucción de algo como eso ante un poder ajeno. Y su corazón no podía soportar más no saber la mínima señal de lo que había ocurrido con Kankurō: dos historias parecidas, alejada en el tiempo entre el rubio príncipe del Emperador Namikaze y el joven de Suna que había sido un príncipe también, quien un año atrás había intentado hacer lo mismo que ella intentaba hacer pero desde el lado de Suna, sólo su caballo regresando sin amo esa vez.
Había un peligro adentro, sin duda, algo más allá que la bestia que Madara aseguraba haber matado, y con eso en mente no habían empezado con apuro, no podían permitírselo en un lugar tan desconocido. Habían acampado y estudiado todo lo posible del lugar, llevado caballos para aligerar las cargas y abarcado lo que más pudiesen, pero fue cuando habían pasado ocho días completos que todos empezaron a entender que su expedición estaba yendo mal.
No hubo duda de ello cuando la primera persona desapareció y no volvió más.
Al parecer la luna llena en el cielo no fue lo suficiente brillante para marcar el camino de regreso.
.
.
Gracias por pasar y llegar hasta acá!
Nota: traté de averiguar lo más real lo de las distancias (carruaje vs caballo) pero es posible que todo esté mal lol.
Volvemos a la programación habitual de dos capítulos al mes.
