Advertencias: descripción de escenas sexuales (18).

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Tan diferente a sólo unos cuantos días atrás, ahora era fácil para Hinata agarrarse detrás de la nuca de su esposo y rodearlo con sus piernas mientras él arremetía lánguidamente contra ella, todo él empujando hacia arriba mientras Hinata, sudando y con ojos nublados en deleite, amaba estar en el regazo de él, ambos torsos rozándose con suavidad y sus bocas conectándose cuando el otro lo pedía.

Así, en esa posición, largos y sinuosos empujes contra ella rozaban algo en su intimidad que no podía describir, haciéndola sentir húmeda y dejando que sus gemidos se ahogaran en medio de sus conectados labios.

Momentos después, el cosquilleo aumentó en su vientre y entrepierna, subiendo esta vez como si su propio cuerpo quisiera prolongar las sensaciones, y en un cúmulo de ahogados sonidos Hinata llegó a la infinita explosión que siempre conseguía con Sasuke, aquel cálido resplandor extendiéndose por ella, intentando mantener la respiración sólo para alargar más los segundos en los que el delirio la envolvía.

El afán de los días anteriores ya no estaba, al menos no por esa mañana, irónicamente a pesar de ser el último día de esas atrevidas enseñanzas y lascivas instrucciones. También de las suaves frases, casi como secretos, que habían pronunciado desde que habían despertado, siempre incompletas especialmente por parte de él como si a mitad de las palabras se diera cuenta que no debían ser dichas.

«Cómo podría pedirte…»

«Yo… lo que sea que pudiese…»

«…bien, prométeme que estarás bien. Prométeme…»

Así, con cada una de esas incompletas frases que Sasuke decía contra la piel de ella, acariciando su mejilla o cuello, besándola y dejando marcas de calor mientras jadeaba suavemente aún dentro de ella, Hinata sintió que era amada.

Una ilusión o una realidad, lo cierto es que era la primera vez para ella.

Desde el día anterior Hinata misma sentía un nudo en su garganta cada vez más pesado y ardiente, su voz a veces saliendo como la de una mujer retratada en una historia de tragedia antigua, con un esposo que había salido hacia la guerra y a quien por años debía esperar mientras tejía. Un retrato de fidelidad conyugal con el que ahora Hinata sólo podía fantasear y el cual nunca había deseado ni esperado desde sus trece años, y sin embargo ahora era tan presente y palpable como las manos de Sasuke sosteniéndola mientras aún lo sentía dentro de ella.

En su actual estado aún mareada por lo que acaba de sentir, fue obligada por Sasuke a echar su cabeza hacia atrás y Hinata notó de inmediato el toque de la lengua de él contra el temblor de su garganta, de su cuerpo tratando de recuperar la respiración mientras escuchaba de él cortos jadeos, casi agonizantes. Aún así, Hinata apretó más sus manos detrás de la nuca de él cuando aquella boca empezó a bajar hasta el nacimiento de sus senos y reconocía los temblores en el cuerpo masculino de que en segundos llegaría a su propio paraíso.

Entonces escuchó a Sasuke respirar más fuerte y detener su boca en ese punto, aún moviéndose bajo ella, rozándola con más premura, agarrando con firmeza a través de una de sus manos extendidas detrás del final de las costillas de Hinata mientras llevaba la otra para procurar sacar su miembro justo cuando se apoderaba de él ese intoxicante placer, casi una agonía.

El rostro de Sasuke se enterró en la piel de ella mientras gruñía y luego soltaba un bajo ruido de pura dicha mientras gratos escalofríos trepaban por todo su cuerpo.

Se quedaron abrazados hasta que el torso de él dejó de sonar tan estrepitosamente y entonces, faltando horas para ambos dejar esa habitación para siempre, Hinata en un impulsivo acto tan poco usual en ella buscó por su virilidad.

Sasuke todavía estaba duro, sin embargo protestó levemente ante el efecto punzante que el toque repentino de ella hizo.

—Sasuke… —rogó Hinata haciendo lo posible por ser suave con él pero queriendo guiarlo de nuevo a ella, incluso aunque ya él le hubiese dicho que podría ser doloroso para ambos no esperar para volver a entrar en su cuerpo, que había un mínimo de tiempo para él antes de reanudar sus caricias.

Aún así él era joven y ella era preciosa con su cuerpo totalmente desnudo.

—Te necesito —aseguró Hinata moviendo casi imperceptiblemente sus caderas.

Sasuke volvió a respirar fuerte, casi que con un doloroso temblor el cual trató de disimular con una corta risa.

—Te gusta tenerme dentro, ¿uh?

Luego, sin real aviso, Sasuke hizo arquear más el pecho de ella al rodear con uno de sus brazos la esbelta espalda justo por la mitad, y chupó con ansias uno de sus endurecidos pezones. Eso la hizo dar un pequeño grito casi estrangulado, la sorpresa haciendo que dejara de intentar guiar su miembro de nuevo dentro de ella, y arqueó más la espalda hacia él, aferrándose ahora a sus anchos hombros, hundiendo sus uñas en él como una súplica.

Poco después Sasuke detuvo su tarea con la boca, dejando el pezón de un color rosa más oscuro y le dio una mirada al bonito rostro de princesa de su esposa.

Hinata al sentir su mirada se encontró a sí misma a punto de llorar.

—Perdona, esposo mío —susurró ella mientras deslizaba sus manos por los brazos de él, llevando su rostro a esconderlo en la curvatura del cuello contrario. No sabía que la impulsaba a decir ello más que el agobio que por ese instante terminó de apoderarse de ella.

—¿Por qué?

Porque dejaré de tenerte. Porque dejaré de ser tu esposa. Porque todos los tuyos están muertos. Porque todo esto puede ser una linda irrealidad. Porque quizá alguno de los dos muera y nunca sabré cómo puede lucir un niño con tus mismos ojos. Porque iré al Palacio. Porque quiero ir al Palacio. Porque seré mujer del Emperador.

Hinata sólo se atrevió a decirle lo último, lo que quizá resumía todo lo demás y lo que ambos sabían iba a pasar desde antes de haberse visto en un improvisado altar.

El verdadero propósito de todo lo que habían hecho.

—Porque seré mujer del Emperador.

Pronunciar eso era como si un dios acabara de dar un veredicto, haciendo que por fin algo de frialdad volviera a esa habitación; era la sensación pesada de vacío por un clan casi exterminado en su totalidad, y era la amargura y las dolorosas verdades que Hinata por fin entendía habían caído en el clan de ella.

Quizás ahora se sentía como un castigo, aún así Hinata realmente amaba a su clan, pensaba todos los días en Neji, ansiaba que el nombre de su padre dejara de ser murmurado con la palabra traición siempre acompañándolo, y anhelaba los tiempos en que se había sentido bendecida con cada festividad en la ciudad.

Era como si todas las respuestas a los pensamientos en su cabeza los encontraría en el Palacio al igual que cada pretensión que Sasuke necesitaba alcanzar.

Claro, Hinata no enterraría el borde filoso de algo en el cuello de alguien, pero ellos, la oposición, tenían razón cuando decían que cualquier posible aliado que viviera dentro de los muros del Palacio sería algo a favor de todos, y eso era lo que Hinata iba a hacer, lo que desde ya había logrado y que tantos otros habían querido e intentado fallidamente. Lo que alguien como Sasuke había esperado por largos años de rencor y tropiezos.

Quisiera o no, había sido llamada por el Palacio —la gran oportunidad que había que aprovechar— y volvería a ver al hombre de las hermosas túnicas y cabellos dorados.

El Emperador la estaba esperando y ella haría lo necesario para que él nunca se saciara, para que luego de cada encuentro con él no fuese encomendada a algún lejano rincón sino todo lo contrario.

Quizá sería envidiada por otros como Sasuke había dicho el día anterior. Quizá su presencia alborotaría la cotidianidad del Palacio porque Hinata haría sobre la misma cama de Minato Namikaze las mismas cosas que Sasuke, su esposo, le había enseñado a hacer.

Y ahora, inundada de calor y por un momento en lejanas reflexiones, Hinata sólo notó las lágrimas acumulándose ahora en sus propios ojos hasta cuando escuchó el chasquido de la lengua de Sasuke.

—No llores —casi ordenó él, su tono firme tan diferente a la suavidad con que hasta ahora había tratado el cuerpo de ella, y Hinata de inmediato apretó fuerte sus ojos, aún manteniéndose en el refugio que le proporcionaba el cuello de él.

—Estar aquí se siente como un sueño, y quizás allá se convierta en un infierno para mí.

—Lo sé. —En medio de leves vaivenes casi inexistentes, Sasuke agarró una de las manos de Hinata y la acercó a él hasta poder besarla en sus nudillos—. No obstante residirás en ese Palacio y estarás con él porque así es la ley real, y vas a deslumbrarlo y vivirás como ninguna noble mujer antes ha vivido ahí. Ya lo sabes, ¿no?

—¿Por cuánto tiempo? —Hinata se apartó de él, sus ojos claros se entrecerraron y observaron fijos a Sasuke como si acaso él tuviese respuesta alguna.

Años, quizá.

Tantos que Sasuke dejaría de esperarla.

—Hasta que las cosas funcionen a nuestro favor. —A pesar de la seriedad en sus palabras, Sasuke no soltó la mano de ella y en un firme agarre llevó ambas bajo el busto de ella, luego siguió por su estómago, por la blanca y tierna piel de ella, bajó más hasta cambiar la presión de su agarre y girar la palma de ella, haciendo que los dedos de Hinata por primera vez rozaran su húmedad y los aún sensibles pliegues que pronto lo acogerían a él.

Hinata sintió ahogarse, la sensación de tal acto algo totalmente extraño para ella, aún así definitivamente quería más toques y quería más movimiento en su entrepierna; quería todo lo que Sasuke pudiese hacerle antes de que la luna apareciera y ella tuviese que irse. Sus dedos que eran guiados por Sasuke querían apretar más, deshacer la rigidez que sentía por la posición en la que aún seguían, y la mano todavía aferrada al hombro de él apretó más ahí. Sasuke de nuevo se rió levemente por su obvio entusiasmo.

—Aún así… un libro y un relicario… —dijo él entonces tan natural que Hinata tuvo que parpadear para entender a qué se refería—. Ambas cosas quizá no sean suficientes para mí.

Claro, un libro y un relicario y quizá alguna cosa más, tal y como ambos habían leído de una carta en desconocida escritura y sin fecha o firma que había sido entregada por Chiyo y la cual era evidente Shikamaru les había hecho llegar, larga y detallada porque lamentablemente Sasuke no había asistido anoche a escuchar las instrucciones y propósitos que se esperaban de Hinata dentro del Palacio: primero estar en la cama del Emperador, luego traicionarlo en pequeñas dosis.

Aún así, viendo esa cara de princesa entrando poco a poco a la impaciencia y a la vez maravillada de sus propios dedos tocando su intimidad, tratando de enfocarse en él, en las últimas palabras dichas por él y moviendo ahora ella misma su cadera, Sasuke sabía que Hinata podría hacer más dentro del Palacio.

Los demás no la habían visto como él ahora, no sabían de su encanto, de cómo podía seducir casi que inadvertidamente. Ella, todavía húmeda y cálida, ansiosa por tenerlo con avidez, se veía hermosa haciéndolo y era una visión ante la cual cualquier otro hombre podría caer embelesado, justo como lo estaba Sasuke.

—Te diré algo —pronunció entonces Sasuke en un susurro, ya no guiando sus dedos y llevando ambas manos a la cintura de Hinata, agarrándola fuerte mientras los cambiaba de posición. Luego, a pesar de la tan íntima cercanía en la que se hallaban, sus siguientes palabras salieron como una grave acusación, como la más grande ofensa que él alguna vez había presenciado—: Lo vas hacer bien… Sé cómo lo miraste en un inicio, ¿recuerdas?

Hinata siseó por una no tan agradable sensación de hormigueo en una de sus piernas, pero Sasuke continuó sujetando y por fin presionó su miembro atravesando la húmedad de ella en un sólo movimiento, empujando hasta tener los largos cabellos contra la suavidad de la cama.

Allí, retrocedió un poco sin salirse del cálido interior, y agarró la parte interna de una de las rodillas de Hinata, observándola a los ojos mientras mantenía esa pierna abierta y elevada, seguidamente sumergiéndose más en ella, hundiéndose de lleno en el cuerpo de su esposa sólo para retroceder y volver a ella.

Hinata trató de concentrarse y al tomar una respiración, los intensos ojos de Sasuke se fijaron en el cuello de ella. Sólo bastaba un paso en falso para que esa piel conociera una daga o dejara de respirar.

No podían permitírselo.

—¿En… en un inicio? —dijo ella gimiendo entre sus palabras—. S-Sasuke, ¿a qué…?

—Al Emperador —dijo él, más gutural y sombrío. Qué tan apretada y perfecta se sentía, y qué ira imaginarla haciendo lo mismo con otro hombre—. Sé… sé cómo lo miraste esa vez, inicio del verano, idolatrando a quien no se lo merece.

Hinata arrugó su ceño pero no pronunció palabra alguna, y probablemente si lo hacía serían cosas incoherentes por los constantes empujes que ahora Sasuke le estaba dando, entrando y casi saliendo de ella sin parar, sin necesidad de hacerlo lento, no con lo húmeda que estaba, lo necesitada que había demostrado estaba por él.

Entonces una efímera imagen del hombre que quizá vería mañana o dentro de pocos días pasó por su mente, las palabras de Sasuke haciéndole sentir con agitación una culpa que por días había tratado de dejar fuera de su cabeza, y Hinata llevó un brazo a ocultar sus ojos, la vergüenza de pensar en otro mezclándose con el delicioso cosquilleo dentro de ella gracias al hombre que tenía encima.

A Sasuke podría desearlo para toda la vida, no obstante Hinata recordaba las mariposas que el hombre mayor con su sola belleza había generado en ella, tanto antes como después de escuchar sobre su actuar como líder; y no importaba cómo lo viera, quien estaba ahora con ella era su esposo —algo que ella misma había maquinado sin pensar en las consecuencias que su corazón ahora tenía— y el más breve pensamiento y efímero momento compartido con el Emperador la harían convertirse en una mujer infiel, aún más porque las mariposas, sin duda, iban a facilitar presentarse desnuda ante el otro hombre.

—Vuelve a mirarlo así… —continuó entonces Sasuke obligándola a quitar el brazo de su rostro, fijando su mirada en las empapadas pestañas ahora en una mezcla de sudor y lágrimas,luego bajando hasta los labios jadeantes de ella para seguidamente trazar un camino hasta aquellos generosos senos rebotando al ritmo de sus embestidas. Volvió a mirar a los nublados ojos de Hinata—. Vuelve a verlo como si quisieras un beso de él, justo en una posición como esta, y juro que va a amarte mientras Madara va a odiarte.

—¡Sas… Sasuke! ¡Por favor! —dijo ella no muy segura si su grito era una evidencia de su orgasmo acercándose, o si era una petición de mantener el mismo silencio de ayer, de no hablar de ningún plan, de no mencionar a ninguno de los hombres dentro del Palacio, eso a pesar de haber sido ella quien había pronunciado primero al Emperador.

—Maldición… —Sasuke gruñó y apretó los dientes, todos los pensamientos sobre el Palacio y su deseo por Hinata acumulándose en su mente hasta que pareciese estar sufriendo de una tortura, pero no podía parar, su corazón se estaba sacudiendo sin misericordia, se sentía salvaje, no podía detener lo que hacía. Reafirmó su agarre en la rodilla de Hinata, flexionando la articulación y llevándola de tal forma hasta pegar su muslo contra el pecho de ella.

Hinata volvió a gritar su nombre y de súbito el movimiento de su pelvis golpeteó contra la piel de ella sin aparente ritmo, errático, pero no dejó de moverse, no dejó de empujar en ella quedando casi que vertical encima del femenino cuerpo, pegada a ella, sus brazos ahora extendidos a cada lado y si no fuese por la fuerza de éstos Sasuke habría dejado caer todo su peso.

Era una locura y era demasiado, ésta vez buscando más por su propio desfogue, quizá tal y como lo haría aquel egoísta hombre en su Palacio, Sasuke ahora tomándola como si fuese sólo de él, como si fuese fácil imaginarse un mundo en el que Hinata sólo le sirviera a él, viviera ahí con él.

Pero Sasuke, a pesar de lo rudo y también de ser egoísta, de ahora querer tomar y tomar cuánto más pudiese antes de que la luna apareciera, sabía que Hinata también estaba siendo guiada por algo más que lujuria, y pronto ambos estallarían en su propio placer, el que él le daba a pesar de su hambriento impulso, de sus caóticas embestidas y de hacerla llorar, y el que ella le daba por la calidez de su cuerpo y lo indulgente que era con él.

Y así, justo en ese momento mientras Hinata llegaba en silencio a su orgasmo y él salía de ella, casi un lloriqueo brotando de sus labios cuando se estimuló así mismo una última vez y manchó la piel de ambos, Sasuke supo que era imposible para él no volver a verla.

No podía perderla y no podía esperar hasta algún siguiente cambio de clima en que por fin algo de fuego se apoderase del Palacio.

Finalmente el brazo que lo sostenía cedió y Sasuke buscó la forma de acurrucarse en el acogedor cuerpo bajo él.

No, no iba a dejar de verla.

Su cabeza entonces empezó a reordenar todos los pensamientos que tenía, rápidamente buscando las palabras necesarias que decir y lo que por parte de él podría hacer. Lo que antes de dejarla ir podría prometerle.

Era impensable ahora para Sasuke sólo esperar a futuras indicaciones de Shikamaru o Kakashi; además, la quería de vuelta lo más pronto posible, ahora no importándole que en realidad no la merecía.

—¿Sasuke? —llamó ella con suavidad, sus manos acariciando detrás de la cabeza de él.

Sasuke entonces subió su cabeza para encontrar que ella mantenía sus claros ojos cerrados.

—¿Vas a dejar que él sienta esto mismo…? —Sasuke susurró, drenado en casi toda su energía pero hallando la forma de agarrar con firmeza el mentón de su esposa hasta obligarla a que se centrara en él—. Te dejaré hacerlo si también le susurras a su oído, si le dices lo afortunada que eres por poder servirle y justo después preguntas si acaso no es una insolencia cómo Madara pasa su mirada por tu cuerpo cada vez que se ven en un pasillo, que notas cómo se queda mirando tu rostro como si quisiera pedirle a un artista que lo dibuje. La codicia no sólo puede sentirse hacia objetos de oro, y a los hombres les gusta atesorar lo que más brille frente a ellos.

La garganta de Hinata se contrajo como si algo ardiera en su interior, aún más cuando la palma de Sasuke bajó hacia su cuello, pero no dejó que se acumularan más lágrimas en ella. Quedaban sólo horas y no podía llegar al Palacio como si poner un pie allí le causara dolor físico en lugar de ser la bendición por la que seguramente su nana ya debía estar llorando de felicidad.

Pero ahora Sasuke le hablaba de cosas que ella no había escuchado de los demás, cosas que no habían pasado por su cabeza ni estaban en la carta traída por Chiyo.

—¿Susurrarle? ¿Quieres que realmente me comporte así? Acusar…

—Te aseguro que con una voz tan dulce como la tuya nadie podría sospechar. Con ese hombre, con ese deplorable soberano, sólo bastará que también le gimas en su oído.

Hinata quiso negarse, decirle que no sería capaz de maniobrar un desafío como ese. Podría confabular como estaba descrito en la carta, estaba segura de eso, una o dos veces cada tantos ciclos de luna, pequeños actos de traición que podrían valer mucho y que no levantarían sospechas tan fácilmente; pero hablar, susurrar, quizá mentir y persuadir eran cosas que otra clases de mujeres podrían hacer, no ella.

Seduciría al Emperador con su cuerpo y estaría atenta a bajos murmullos, a los momentos del día en que reuniones se llevaran a cabo, a cualquier cosa que pusiera en una situación difícil al apellido real y a su único miembro. Para eso utilizaría sus odios y sus ojos, sin embargo nunca había pensado en usar su voz.

Sasuke al parecer tenía otra idea. Otro requerimiento.

—Te dejaré ir porque estoy seguro que crearás discordias entre ellos, señalando cualquier incompetencia, señalando la avaricia de quien debe ser realmente tratado como un traidor. Te dejaré estar con él, con el Emperador, porque no puedo huir contigo y todo indica que así debe de hacerse, que resaltarás por encima de todo hasta que los ojos de ese hombre no puedan quitarse de ti. Ya lo ha hecho, ¿no es cierto? Así que también va a escucharte —respondió él, herido en su orgullo y en lo derrotado que se sentía ahora; aún así, aunque fuesen palabras que no deberían ser pronunciadas hacia una esposa, también eran a su manera una promesa; no habrían resentimientos por parte de él, era un acuerdo tácito de que podía estar con otro hombre.

—Lo haré. —Hinata asintió también con la cabeza y sus ojos volvieron a cerrarse porque quizá no eran del todo sinceros con lo que su boca respondía.

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Faltando una hora antes de que Chiyo viniera por ella y la ayudara a despojarse de su sudor, a disponer lo necesario para que se bañara, a ponerse ropa limpia, peinarla y darle de comer, Hinata sintió sonrojarse por las palabras que pronto saldrían de su boca.

Sasuke sintió su nerviosismo, ambos en un tranquilo abrazo.

—¿Qué pasa?

Hinata no respondió de inmediato, optando por deslizar su mano hasta agarrar con suavidad el miembro flácido de él.

—Quiero poner mi boca aquí —dijo ella eventualmente, casi con un ruego a pesar de no poder verlo a los ojos—. ¿Q-qué si… me pide también hacerlo?

Quizá era la última cosa por enseñarle, y cuando ella observó la coloración blanca y rojiza y las venas sobresalientes, a la mano de él halar hacia abajo piel hasta que la punta hinchada se asomara, Hinata sólo obedeció las órdenes de Sasuke quien ubicándose a un lado de la cama permitió que su esposa hiciera tan poco mencionado e indecoroso acto.

Así, cuando ella empezó lento, sus labios apenas abiertos para dejar pasar la punta de la erección de Sasuke, fue inevitable para él comparar su torpeza con la habilidad de las mujeres en burdeles que había visitado y demás cortesanas con mayor experiencia a quienes de una y otra forma había conocido; no obstante, la suave boca de Hinata en él así era tal maravillosa sensación que Sasuke juró que volvería a tenerla así.

Momentos después cuando Hinata pudo deslizar una y otra vez parte de su miembro entre la suavidad de su lengua y paladar, Sasuke amó también que por fin la lechosa evidencia de su placer entrara en ella, sin tener que advertirle nada porque los curiosos y brillantes ojos de Hinata conectaron con los de él y eso bastó como señal de que ella quería eso que tantas veces había manchado la mano de él y sus pieles.

También fue el momento, aunque fuese tan impertinente, de Sasuke decirle su promesa, una que sí iba a cumplir.

—Te visitaré —enunció Sasuke mientras con la yema de su dedo limpiaba una de las comisuras del hinchado labio de Hinata. La luna estaba haciendo poco a poco más oscuro todo, aún así ambos todavía podían ver los rasgos del otro, él viendo los sorpresivos ojos de ella y ella viendo la seguridad y la pequeña sonrisa que transmitía él—. A partir del siguiente ciclo lunar, cada vez que la luna esté completamente oculta o completamente brillante, iré por ti.

Hinata no pudo preguntar cómo ni implorar que no lo hiciera porque unos cortos golpes en la puerta llamaron la atención de ambos.

—Mi Señor —habló la voz de Chiyo.

Él, como si no fuesen necesarias más palabras y buscando sus ropas con las cuales finalizar su presencia ahí, volvió alejarse de ella como lo había hecho esa primera vez que estuvieron juntos, primero inclinándose lo suficiente para besar la mejilla y luego a las rebosantes pestañas de Hinata antes de dar varios pasos en silencio, creando distancia entre ellos y dándole la espalda.

Pronto su varonil figura estuvo en la puerta y al abrirla desapareció dando paso a la de la anciana que ayudaría al deplorable estado en que se encontraba Hinata, su nueva ama.

Luego en medio de la noche Hinata volvió al complejo de su clan y Sasuke volvió a pensar que no importaba cómo se desenvolviera su futuro ni los desaciertos del pasado, de todas formas Hinata era su esposa y lo seguiría siendo.

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Era la hora más brillante del día, la misma hora en que Hinata había visto al Emperador en la Gran Festividad Dorada a comienzos del verano con el sol en lo más alto del cielo.

En cada paso procuró no pensar en su esposo, aquél de quién tan pocos sabían que lo era.

Fue despedida con honores entre algunas mujeres de su clan y las que hasta entonces le habían servido, impedida de llevar a una de ellas como en realidad dictaba la costumbre, pero nadie reclamó el hecho de que una jovencita de un clan no pudiese llevar a una fémina acompañante que la asistiera, no cuando casi todas las que la ayudaron a subirse al carruaje y ofrecieron sus bendiciones estaban tomando todo el suceso como si Hinata estuviera yendo a casarse con el Emperador.

Y así, con el sol aún radiante, Hinata llegó a las altas puertas principales del Palacio que le fueron abiertas para su maravilla luego de que aquellos de la Corte que habían ido por ella mostraron cada uno un pedazo de pequeño mármol que los identificaba.

Hinata recordaba algo de lo que ahora veía a plena luz del sol, de las contadas veces cuando su padre la había llevado sin tener que mostrar ninguna identificación porque su rostro de líder de clan había sido reconocible por toda la ciudad, y de cuando apenas semanas atrás había sido invitada por una noche al Palacio. Recordaba el suelo empedrado, las amplias escaleras, las plantas aún verdes en casi cada rincón y las fuertes estructuras que se elevaban frente a ella con intrincados techos y fachadas hermosamente talladas. Observó también a personas uniformadas, a grupos de mujeres con un mismo color oscuro de atuendo y hombres en telas grises. A mujeres con otro tipo de vestimenta más colorida que sin duda alguna habían salido para ver su llegada.

Pero ese día no vio al Emperador, algo que Hinata no supo distinguir si aumentaba o no su ansiedad.

Antes de verlo debían ser examinados su salud y sus modales. Sus maneras debían concordar con lo mínimo que exigía la etiqueta del Palacio, por mucho que haya sido el Emperador quien la hubiese elegido, e incluso así, para la Corte, la presencia de Hinata representaba una completa novedad siendo las otras candidatas que habían recibido antes sometidas a pruebas y a enseñanzas previas, moldeadas acorde a las peticiones de Madara Uchiha. No obstante ahora quien supervisaba su llegada no era el líder Uchiha sino el Señor Orochimaru, y ante la aguda mirada del pálido hombre, Hinata tuvo su visto bueno y por fin llegó el día en que Minato Namikaze volvió a aparecer frente a ella.

Fue en medio de una pequeña ceremonia, tan íntima en apariencia que Hinata se ruborizó porque no tenía otra finalidad más que sellar su destino con el poderoso hombre.

Y así, tan pronto la ceremonia empezó con Hinata y el Emperador ubicados a cada extremo de una mesa baja de material lacado, ella concentró todos sus sentidos en lo que estaba a punto de suceder, a la espera de las legalidades y de cualquier murmullo que la pusiera en una desfavorable luz. Afortunadamente Madara Uchiha no llevó su presencia ahí y eventualmente fueron puestas frente a ella y al Emperador delicadas copas que fueron llenadas de amargo té que ambos bebieron.

Sólo una vez Hinata se atrevió a observar al hombre frente a ella, sus facciones tan atractivas como la primera vez en que ya de adulta lo había visto, ahora envuelto en una oscura túnica que hacía resaltar aún más el dorado de su cabello.

Fue una ceremonia muy corta y precisa, y se sentía demasiado surrealista cuando el Emperador y ella se levantaron de su puesto, Hinata haciendo una reverencia y reafirmando —como todos le habían dicho que hiciera— lo afortunada que se sentía por compartir el mismo suelo que él.

Así, recitando aún más cosas, Hinata tuvo que silenciar sus palabras cuando el brazo del Emperador se extendió en dirección hacia ella solicitando sin duda alguna su mano. Hinata, incapaz de rechazarlo, dejó que fueran guiados lejos del pequeño recinto en que su llegada se había oficializado y empezaron a caminar por largos pasillos.

Todo se hallaba en silencio pero sucedería muy pronto. Hoy u otro día antes de que la luna cambiara totalmente de forma.

Como fuese, apretando el agarre de la mano del Emperador, Hinata ya estaba dentro del Palacio y era ahora una mujer que conocía lo que se debía saber de los hombres; había mayor confianza en sí misma en comparación a días anteriores, y ahí dentro de esa jaula de oro Hinata estaba dispuesta a estar en la cama de su Majestad.

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En serio intenté que esto tuviese más MinaHina pero escribo "Sasuke" y me derramo en prosa jajajaja. Y perdón si hay algunas ideas que se repiten de capítulos anteriores, sólo quiero dejar en claro las circunstancias que rodean que Hinata se convierta en concubina.

16/07/2023: Editados todos los 11 capítulos hasta ahora.