REY DE LOS DEMONIOS

¡Hola! Aquí está un nuevo cap.

- Lin Lu Lo Li: jaja ganas no le faltaron :D A medida que avanza la historia iremos descubriendo el verdadero poder de Kagome y la relación que tienen las historias con todo esto. ¡Gracias por leer!

Bueno, tal vez el próximo cap. esté listo para el sábado, trataré de subirlo antes si es que el tiempo es favorable. :3

Y ya sin más ¡Disfruten de esta nueva actualización!

Atte. XideVill


Disclaimer: Los personajes de esta historia son de Rumiko Takahashi.


CAPÍTULO 10.

KAGOME

Podía sentir la forma en cómo las palmas mis manos hormigueaban, la forma en cómo mi sangre hervía. Miré al hombre frente a mí y lo único que sentí fue rechazo.

– Eres un maldito…

– Hum ¿Interrumpo?

Miré al hombre parado en la puerta y cerré los ojos tratando de contener las inmensas ganas de lanzarme y matar al hombre frente a mí. En cambio, a Inuyasha no pareció afectarle en lo absoluto la presencia de su hermano.

– No, puedes pasar – dice con demasiada calma – ¿Qué es lo quieres?

– Vine a saber cómo está la Princesa.

– Está bien…

– No, no lo estoy – refuté – Solo quisiera salir de esta cama.

Sesshomaru dio unos pasos hacia nosotros e Inuyasha se levantó para estar a la altura de su hermano.

– Entiendo – dijo lanzando una mirada al menor de los Taisho – ¿Y qué hará después?

– Me iré.

– ¿No se siente a gusto con las atenciones que le ofrece el Rey?

– No es eso, al contrario, estoy muy agradecida con su Majestad el Rey, pero no quiero ser una molestia.

Mentí. Lo que en realidad quería era no tener que depender de nadie, ahora más que nunca sabía que no tenía que confiar en cualquiera. Y sumándole los constantes desplantes y desaires que obtenía por parte de Inuyasha.

– Para nada usted, es una molestia – respondió severo – Si alguien le hizo creer eso le pido perdón.

– ¡Oh, no! No lo haga por favor Majestad. No tiene por qué disculparse conmigo.

– Lo considero necesario – afirmó – Ahora, si me permite, tengo algunos asuntos que atender con Inuyasha.

Asentí. Ambos salieron de la habitación y nuevamente me quedé en silencio. ¿Hasta cuándo tenía que soportar aquello? Y más aún, teniendo el recuerdo de mi madre presente cada vez que cerraba los ojos.

"Las noches serán difíciles de hoy en adelante" Pensé, ya que sus palabras, dichas en aquel sueño, no me soltarían por un largo tiempo. Y solo una pregunta me rondaba ¿Quién era yo en realidad?


INUYASHA

– Es una sacerdotisa.

Aquella frase vagó por todo el salón. Miré a mi hermano y su mirada imperturbable me molestó.

– Pero eso tú ya lo sabías ¿O no? – continuó.

Desvié la mirada y fingí indiferencia.

– No esperaras que crea esas tonterías.

– ¡Inuyasha!

– Es solo una simple mujer.

– ¡No me trates como a un estúpido! Sé lo que pasó en aquella aldea, sé lo que ella hizo para salvar tu vida.

– ¿Y eso qué?

Se pasó una mano sobre la cabeza conteniendo la ansiedad que crecía dentro de él.

– ¿Acaso no eres consciente de la gravedad del asunto? Esa mujer tiene el mismo don de aquella otra.

– ¿En serio me estás hablando de la mujer de los cuentos? Esta es la vida real Sesshomaru, no existe tal don.

– Ah, pero sí los demonios – atacó – Tú eres la certeza de lo que digo es verdad.

– ¡Ya es suficiente!

Ambos miramos a nuestro padre, quien irrumpió por la puerta del gran salón. Caminó a paso decidido y se detuvo a un par de pasos de nosotros. Nos miró y señaló.

– Sesshomaru ¿Qué tan cierto es lo que acabas de decir de Kagome?

– Lo sé de primera fuente padre, pero si no le es suficiente, puede preguntárselo a Inuyasha.

Entonces me miró. Se tomó unos segundos antes de hablar.

– Inuyasha.

No hizo falta más, supe que estaba perdido.

– ¿Qué pasará con ella? – solté de inmediato.

– Primero quiero asegurarme qué tanto sabe Kagome. Luego pensaré en algo.

– No es peligrosa padre.

– Lo sé – soltó con una sonrisa disimulada – Si lo fuera, no hubiera arriesgado su vida con tal de salvarte.

Asentí en respuesta.

– Pero si es como en las historias…

– No – interrumpí a mi hermano.

– Si lo fuera – continuó ignorándome – Ella podría romper tu maldición.

– Eso es cierto – dijo mi padre y aquellas palabras hicieron eco en mi cabeza.

– Padre no…

– Trátala, gánate su confianza.

Me quedé en silencio, sintiendo como una carga eléctrica subía por mi espalda hasta hacer estragos en todo mi cuerpo.

– Si eso es cierto, podría convertirse en tu esposa después de todo.

– No lo haré. Ella es inocente en todo este asunto, mi maldición es solo mía, no la de ella.

– Harás lo que te digo Inuyasha y no pienso aceptar quejas.

Dicho aquello se marchó, dejándome con la palabra en la boca y con un sentimiento de rabia creciendo en mi interior.

– ¿Por qué te molesta tanto? Después de todo, he visto cómo la tratas ¿Por qué te importa su vida ahora?

Me giré para mirarlo.

– Le hice una promesa a su madre y no pienso intercambiar su vida por la mía.


KAGOME

Ya habían pasado un par de semanas, estaba casi recuperada y por fin podía salir a tomar un poco de sol a los jardines del palacio. Aunque para ser sincera aún me sentía un poco mareada.

– Princesa.

Giré la cabeza y sonreí en cuanto vi a Sango.

– ¿No crees que es una mañana hermosa Sango?

Asintió mientras tomaba asiento junto a mí.

– Ya lo creo.

Respiré hondamente antes de volver a mirarla.

– ¿De dónde vienes?

– No hay mucho que hacer por aquí así que fui a la cocina y me encontré con su Majestad el Príncipe Inuyasha.

Inmediatamente volví mi mirada al frente.

– ¿Así? – dije distraía.

– Sí, lo vi hablando con una de las muchachas del servicio. Se veía contento.

– ¿Contento? – dije incrédula – No lo creo, últimamente me ha estado evitando y las pocas veces que nos cruzamos su cara siempre era la misma.

– ¿Cuál? – dijo curiosa.

– La de un perro viejo y gruñón.

– ¿Qué extraño? Yo vi todo lo contrario cuando hablaba con aquella muchacha.

Negué, decidí quitarle importancia. Después de todo lo que haga o deje de hacer ese hombre era lo de menos. A estas alturas había aprendido a lidiar con su hostilidad.

– ¿Sabes quién era esa muchacha?

Mi maldita curiosidad fue más fuerte que mi propia voluntad y me odié por eso.

– No lo sé Princesa, pero tenía un cierto parecido con usted.

– ¿Conmigo?

– Sí, incluso por un momento creí que se trataba de usted, pero luego de verla detenidamente supe que no era así.

– Ah…

Miré mis manos en puño y las liberé.

– Sango, ¿Sabes dónde está mi arco?

– ¿Qué hará?

– De pronto me entraron ganas de practicar un poco.

– Pero su herida aún no…

– Estoy perfecta Sango – Le regalé una sonrisa – Puedes traerlo por favor.

La vi asentir no tan convencida pero aun así hizo lo que le dije.

La primera flecha no dio en el blanco y aquello no hizo más que frustrarme.

– Maldición… – escupí por lo bajo.

Mantenerme erguida aún me resultaba doloroso, pero no permití que aquello fuera un impedimento. Apunté, contuve la respiración y luego solté.

Esta vez la flecha dio en el objetivo.

Repetí la acción un par de veces más hasta tener por lo menos tres flechas atravesando la primera.

– ¿A quién quieres matar?

Di un pequeño salto por la impresión de escuchar aquella voz.

"A ti" Quise decir, pero me contuve, en su lugar preferí ignorarlo y seguir con mi actividad.

– Veo que ya estás recuperada – dijo cada vez más cerca – Pero no deberías de arriesgarte, la herida aún se puede abrir.

– ¿Y desde cuándo le importo a su Majestad? – solté arisca.

Pude escuchar como soltaba un suspiro antes de ponerse frente a mí y bloquear mi vista perfecta del objetivo.

– ¿Cómo estás Kagome?

No deberían de haberme afectado aquellas palabras, pero lo hicieron. Traté de disimularlo, pero no supe si lo logré.

– ¿Qué es lo que quieres? – dije entonces.

– Saber cómo estás.

– Estoy bien y si eso es todo, puedes seguir con lo que estabas haciendo antes de venir aquí y arruinarme el día.

Lo vi sonreír. Sango tenía razón, hoy se veía contento, pero ¿Por qué? Di un paso hacia atrás, dispuesta a dejarlo, pero me tomó del brazo arruinando mis planes.

– ¿Qué…?

– ¿Sabes lo que me he estado preguntando constantemente desde lo ocurrido en aquella aldea? – Negué – Es sobre la historia que contaste.

– ¿La de Midoriko?

Asintió con calma.

– Y es que yo también me sé una historia, pero no es igual a la tuya. Se trata de un Rey, uno muy antiguo según me contaron cuando era niño. La verdad es que no he dejado de pensar en eso.

– ¿Cuál es tu historia? – Lo animé a continuar. Tratando de llevar la fiesta en paz.

– Ese Rey era el ser más poderoso, nunca se supo cómo un simple hombre se llegó a convertir en alguien así, se decía que tenía el poder de domar hasta a la bestia más salvaje, todos le temían, era conocido como Inu no Daiyōkai.

Entonces lo miré sorprendida y él lo comprendió de inmediato.

– Sí, es el Gran Perro Blanco, el emblema de Lothar. Desde niños nos han contado su historia, la de una traición y venganza. Se enamoró profundamente de una mujer humana, aunque últimamente me he replanteado aquello, ¿Qué tan humana era? Se enamoró de ella tras haberlo salvado de una muerte inminente, cuentan que esa mujer tenía un don. Fruto de aquello, se dice que gestaba el resultado de aquel amor – Respiró hondo y continuó – Un día ella lo buscó porque necesitaba de su ayuda y él se la dio.

– ¿Ayuda para qué? – dije interesada.

– Para su gente, estaban sufriendo un ataque y entonces él intervino, no le pidió nada a cambio por el amor que le tenía. Y cuando todo terminó y vieron el gran poder que tenía aquel Rey, le tendieron una trampa.

– Pero dijiste que era el ser más poderoso.

– Así es, por eso me cuestiono constantemente y solo llego a una conclusión.

– ¿Cuál?

– No eran simples humanos, tenían algún poder espiritual capaz de debilitar al Rey. Se dice que fue una lucha sangrienta, lo estudiaron todos los días, lo torturaron y cuando se dieron cuenta de que aquella mujer gestaba a su decencia hicieron lo mismo con ella. Pero aquello fue su error, el Rey no iba a permitir que le hicieran daño a la mujer que él amaba, ni mucho menos a su hijo. Entonces sacó fuerzas de donde no tenía y se liberó, aquello desató el caos, los iba a matar a todos, pero ella se interpuso, suplicó por ellos, por sus vidas, a pesar de todo lo que le hicieron, a pesar del dolor, a pesar de la traición, ella los eligió a ellos, sobre todo. Fue un momento de debilidad, pero fue suficiente para desencadenar el final de aquella historia.

– ¿Qué pasó? – dije ansiosa.

– Fue una flecha, atravesó el vientre de la mujer. El Rey la vio morir, a ella y a su hijo, en solo un parpadeo, en solo un segundo. Producto de la rabia y el dolor los maldijo a todos, a ellos y a su descendencia. Si en vida él no pudo ser feliz, menos lo serían ellos. El poder era todo lo que la gente busca sin importarles el costo o las vidas que se llevaban a cambio.

– Puedo entender eso último. Pero no entiendo por qué me lo cuentas.

Quitó su mano de mi brazo y sentí cómo poco a poco aquella calidez, antes desconocida, iba desapareciendo lentamente en aquella zona.

– No soy muy fanático de los cuestos. Pero he estado averiguando.

– ¿Qué cosa?

Midoriko – soltó y yo me quedé helada – Ese era el nombre de aquella mujer.

Continuará...