No puedo creer que antes no podía escribir tantos caps y ahora no suelto el slow burn.
Bang Bang
por Syb
Capítulo IX: Nuef
Mimi contuvo la respiración cuando vio que el señor Izumi le había escrito a su hijo. Le tomó unos segundos entender de lo que estaba ocurriendo, pero, cuando lo hizo, instintivamente miró por sobre su hombro para verificar que Michael no estaba cerca. Era tarde, así que solo se encontró con oscuridad y penumbra, una situación que normalmente le habría dado miedo, pero ahora era tan insignificante al compararlo con la puerta que se estaba abriendo ante ella. Koushiro estaba ahí, bueno; no realmente, pero había cierta intimidad, como si todavía se enviaran mensajes de texto. Sin embargo, Koushiro ahora estaba escribiéndole a Benjamin, sin saber que realmente era ella la que había encendido la consola y se había conectado, inmediatamente después de despedirse de su hijo. Sintió que su respiración se le escapaba de los pulmones y, nerviosa, le escribió lo primero que se le ocurrió.
"No soy Benjamin, soy su madre. No puedo dormir, decidí matar a unos gringos mientras me entra el sueño" Escribió como pudo con el teclado de mierda en la pantalla y el control en las manos y mandó sin pensar, sonaba a excusa, pero no lo era. No quería que el pelirrojo decidiera desconectarse, pero tenía sentido si todavía no quería hablar con ella. Entendía que no había querido hablar mucho con ella en la fiesta donde los Ichijouji; también entendía su enojo en el partido de fútbol, cuando Mina lo envió a hablar con ella por Ben y Michael y ella no encontró nada mejor que disculparse por lo de la escuela, como si hablara de algo tan normal como el clima. Sin embargo, en el centro comercial, ella sintió que volvía a la secundaria, queriendo acercarse y él intentando mantener la compostura y cordialidad. Parecía incómodo, sí, pero no tanto como esperaría.
Apretó los puños y quiso gritar de frustración consigo misma, pero no quería que Michael bajara y le preguntara si estaba todo bien, porque no lo estaba. Ella ya había decidido que fantasear con Koushiro no la llevaba a absolutamente nada, ya que él seguía siendo el mismo y ella ya se habría aburrido de todas sus obsesiones hace años. Mina era una santa al poder soportar su amor a las pantallas, pensaba Mimi sin entender de que ella misma estaba frente a una a altas horas de la noche por decisión propia. ¿Por qué sentía la necesidad de que el señor Izumi sintiera lo mismo que ella? Ella ya había tenido su oportunidad con él y lo había dejado.
Mimi suspiró, debía recordar que Koushiro y ella no funcionaron en el instituto y no funcionarían ahora, diez años después.
"Entiendo" Escribió él y la señora Barton casi chilló de la emoción, y tuvo que cubrir su boca con una mano para no despertar a nadie dentro de la casa. No entendía qué era lo que les sucedía a sus entrañas cada vez que Koushiro se preocupaba por Benjamin, pero si seguía haciéndolo sería su perdición. Era como si un ser primitivo estaba habitando bajo su piel que, cuando lo vio frente a la pantalla en esa tienda de videojuegos mientras Benji lo animaba a seguir destrozando a sus enemigos, Mimi quiso ir y abrazarlo por detrás para luego besarle el cuello, y jugar así hasta que él ya no pudiese seguir concentrado en la pantalla.
"¿Quieres jugar?" Apareció en la pantalla y ella tuvo que parpadear para asegurarse de que ese mensaje era real y no parte de su fantasía con el padre de Osen.
"Claro, quisiera aprender para jugar con Ben" Escribió ella con la increíble velocidad de un caracol muerto. Sintió ansiedad al enviar por fin su respuesta, porque no era rápida para escribir de esa forma, ni tampoco quería que Koushiro le dijera novata como el resto del servidor, y tan rápido como vio el mensaje publicado en la pantalla, Koushiro escribió: "Conecta los audífonos y el micrófono".
Mimi ya tenía los audífonos sobre sus orejas, no sabía por qué, pero jugar así se le había hecho natural luego de ver a su hijo jugar así, aunque no estuviese hablando con nadie. La señora Barton escribió OK y en la pantalla apareció al instante una invitación que aceptó con el corazón en la garganta.
—¿Mimi? —oyó su voz en los audífonos y sintió que estaba a su lado, pero no había nadie. Él solo era un personaje en una pantalla.
—Sí, aquí estoy —le dijo entre susurros. Lo escuchó reír levemente, como si estuviera cubriéndose la boca al igual que ella y quiso que realmente estuviera a su lado para verle la expresión en su rostro—. Creo que debo darte las gracias por el juego, a Ben le gusta reírse de mí porque no dejo de morir.
—No pensé que terminarías jugándolo.
—Claro que tenía que jugarlo, requiere permiso paternal —le dijo ella de manera sarcástica y el sonido amortiguado de su risa volvió a endulzar sus oídos. Su corazón dio un vuelco y casi pudo visualizarlo en su habitación en casa de sus padres adoptivos, usando el uniforme del instituto mientras tecleaba algo en su computador, y ella lo hacía reír de la misma forma a su lado. En ese tiempo sí le gustaba ese chico pelirrojo, pero no era lo suficiente madura y todavía estaba cegada por el tipo de amor que sus padres se profesaban el uno al otro.
—Acepta mi invitación —le dijo Koushiro al tiempo que aparecía una ventana en la pantalla—, entraremos a un campo de entrenamiento. Te enseñaré lo básico.
Ella aceptó y un conteo apareció en rojo. Treinta segundos.
—Benji lo agradecerá.
Cuando despertó, volvió a encontrarse en el sofá de la sala. Lo primero que la asaltó fue la confusión, como si hubiese despertado otra vez de una siesta y tuviese que preocuparse de la cena; pero todo eso ya había ocurrido el día de ayer y en ese momento claridad del día se ocultaba detrás de las cortinas. Luego, al ver la consola y la pantalla frente a ella, recordó lo que había hecho la noche anterior. Koushiro resonó en su mente y frunció la boca para no sonreír. Él le había enseñado cosas simples, como con qué botones podía saltar, correr o cambiar de arma y apuntar, y se había tomado el tiempo necesario para que Mimi pudiera mover su personaje con coherencia. No habían hablado de nada que no tuviera que ver con el juego, aunque ella moría por preguntarle de todo. Todo, era una palabra muy fuerte para lo que sentía, porque no sabía qué significaba realmente. ¿Qué era lo que realmente quería saber? Casi le daba miedo preguntar, porque no quería saber si seguía enamorado de Mina como cuando se casaron, o si alguna vez fantaseaba con ella.
Revisó su reloj de pulsera y casi gritó. Faltaban quince minutos para que Benjamin entrara a clases y la casa parecía seguir dormida.
—¡Benjamin! —llamó la mujer desde el sofá, dispuesta a correr escaleras arriba para ir a sacar a su hijo de la cama, pero una pequeña figura apareció desde la cocina y la miró curioso desde ahí.
—¿Sí, mamá? —respondió el chico con una tostada en la boca.
—¿Estás listo?
—Casi —dijo el chico—, parecías cansada, planeaba irme en metro.
—No digas tonterías —resolvió la madre con una sonrisa culposa en los labios, sintiéndose como la peor—. Espérame afuera, salgo enseguida.
Mimi corrió escaleras arriba, se alistó tan rápido como pudo y salió para encontrar a su hijo en el jardín. Pensó en honrar los deseos de su amiga y texteó a Miyako mientras su hijo se abrochaba el cinturón. "Claro, si quieres nos vemos en media hora, debo dejar a Benji a la escuela y quedo libre." Necesitaba despejar su mente y alejarse de la casa donde también vivía Michael, pero no sabía podría alguna vez confesarle a Miyako lo que había sucedido con Koushiro, la mujer siempre que hablaban del tema de Izumi, la instaba a olvidarlo que realmente nunca fue y que mirara al futuro con una sonrisa. Además, solo habían ido al cine como chaperones en la cita fallida de sus hijos y jugado un poco a la consola para que ella pudiera ser mejor madre para Benjamin. Nada serio.
Miyako sonrió cuando vio el mensaje de su amiga llegar. Había esperado toda la tarde y toda la noche por una respuesta, pero Mimi no había contestado, como muchas veces lo hacía. En esos momentos, la esposa de Ken recordaba las veces que su amiga querida se quejaba de lo poco atento que era Koushiro en la adolescencia, cuando él se tardaba en contestar a sus mensajes de texto. ¡Ella podía ser infinitamente peor que el pelirrojo con sus tarjetas SIM defectuosas! Sin embargo, Miyako normalmente podía esperar con paciencia, pero lo que se le había escapado a la pequeña Osen a pocos segundos de recogerla de la escuela, la llenó de curiosidad. ¿Qué hacían Mimi, Koushiro y los hijos de ambos en el cine un día de escuela? Lo peor fue cuando Mina fue por Osen y no Koushiro para preguntarle. Quiso llamar a Taichi para preguntarle si Koushiro le había dicho algo al respecto, pero ya era tarde y esperó y esperó hasta que Ken no pudo evitar preguntar por la mueca de confusión que la acompañó hasta la cama.
—¿Qué sucede? —le preguntó al fin su esposo acostado a su lado, cuando sus pensamientos parecían ser bastantes ruidosos como para que Ken hiciera caso omiso. La mujer siempre había sido extravagante con todas sus emociones, algo que amaba su esposo, pero cuando las retenía en su interior, algo malo ocurría.
—Creo que Mimi y Koushiro volvieron, pero no estoy segura. Necesito confirmarlo.
Y lo confirmaría ahora mismo o dentro de media hora, porque veía a su amigo pelirrojo frente a la escuela junto a su hija, solo debió buscar con la mirada al grupo de madres que lo amaban en secreto por sus cualidades de padre casi soltero y dio con él. Se despidió de sus hijos mayores y fue caminando hasta Koushiro con su bebé en brazos.
—¡Koushiro! —llamó ella, fue entonces que notó que ninguno de los pelirrojos tenía su bicicleta, ¿qué había ocurrido? Sabía que ella había cargado la bicicleta de Osen en su automóvil familiar y que Mina se la había llevado cuando fue por su hija. Su mente atormentada pensó que quizás él ya no vivía en casa de Mina a causa de la aventura que tenía con Mimi—. ¿Cómo estás?
El hombre la miró como si no esperara verla ahí parada y sus ojeras saltaron a la vista, estaba terriblemente cansado.
—Buenos días, Miyako —respondió el padre de Osen como si todavía estuviese despertando—. Estoy cansado, ayer fui con Taichi y Catherine a celebrar que le aprobaron un proyecto. Dejé la bicicleta en el trabajo porque fui directamente al bar, pero creo que fue mejor, pude dormir un poco más —le explicó él como si todavía estuviesen en el instituto, cuando ella lo tapaba en preguntas y él tenía que adelantarse para evitar marearse—. ¿Cómo estás tú?
Tenía sentido, se dijo Miyako, pero no explicaba bien esa salida al cine con su novia de la secundaria.
—Bien, veré a Mimi ahora. Tomaremos un café —dijo ella como si quisiera que él pescara el anzuelo, pero nada en su expresión fue interesante. Él normalmente se incomodaba al escuchar el nombre de la mujer que le rompió el corazón hace diez años atrás.
A su lado, Osen Izumi sonrió al escuchar ese nombre.
—¿La señora Barton?
—Sí, cariño —respondió Miyako—. La misma con la que fueron al cine, ¿no te parece divertida?
Osen asintió, pero no pudo decir nada más porque la campana escolar gritó, llamándola para que la escuela la engullera, para la tranquilidad de Koushiro. Se despidió de su hija, evitando la mirada inquisidora de su amiga hasta que su hija desapareció en la puerta principal. Luego, no pudo escapar de la intensidad de Miyako.
—No está pasando nada. De hecho, fue idea de Mina —le explicó a la mujer—, como a Osen le gustaba Benjamin, Mina pensó que sería una buena idea que ambos se vieran y le dijo a Mimi y ella decidió ir al cine. Osen fue la que me pidió ir.
Eso debió bastarle a la esposa de Ken, pero cuando vio que Mimi Barton llegó con las mismas ojeras al café, supo que Koushiro había dejado demasiados detalles importantes fuera de su relato. La señora Ichijouji entrecerró los ojos, sin poder creer lo que podía o no estar ocurriendo entre la mujer y Koushiro. No era que estuviera indignada con ese supuesto amorío, no; la verdad era que Miyako tenía miedo de que se tratada de una peste que estaba transmitiéndose demasiado rápido entre sus amistades. Primero había sido Taichi y la madre de Taiki los que se habían separado al encontrarse él con la francesa; ¿y ahora Koushiro y Mimi? Ella no hablaba con Sora lo suficiente como para preguntarle de su matrimonio con Yamato, pero a veces tenía la impresión de que ellos ya no eran tan felices como lo eran en la secundaria. No quería su matrimonio con Ken Ichijouji se fuese a quebrar.
—Mimi, dime la verdad —le dijo Miyako cuando la mujer llegó y se pidió un café, sus ojeras lo necesitaban un arreglo urgente—. ¿Están Yamato y Sora por separarse?
Mimi supo que su amiga ya estaba enterada de su salida al cine con Koushiro y ahora estaba teniendo un colapso mental, pensando que Ken se separaría de ella al encontrarse un amor de infancia. Sin embargo, Ken no tenía a nadie como Catherine en su vida, solo a Daisuke y eso no parecía ser convincente. Al menos, no ahora.
—Miyako —empezó su amiga—, no ocurre nada entre Koushiro y yo. Sí, tuvimos una historia en la secundaria y, sí, siempre me sentiré mal por cómo manejé la situación, pero él no está interesado en mí. Él está feliz con Mina.
—¿Estás tú feliz con Michael?
Mimi se quedó callada y Miyako casi rompió a llorar.
—Sé que fueron al cine, Osen me lo dijo.
—Sí, fuimos al cine…, pero no pasó nada. Es solo que…, Benjamin ama a Koushiro. De hecho, él me dijo que desearía que él fuese su padre y no Michael.
Fue el turno de Mimi de llorar y Miyako tuvo que aguantarse las lágrimas o su bebé despertaría y serían los tres los que llorarían amargamente en el café. La señora Ichijouji ahora se sentía horriblemente culpable de sentir curiosidad por la salida al cine de Mimi con el papá de Osen.
—Koushiro le compró a Benji un videojuego en una tienda y le prometió jugar con él para enseñarle, ¿quién hace eso? Sé que Michael no. Además, se tomó el tiempo anoche de enseñarme un poco para yo poder jugar con Benji —explicó Mimi, sacando millones servilletas del dispensador para secarse las lágrimas lo mejor que pudo—. ¿Ken es así?
Miyako se encogió de hombros, no quería contestar, pero tenía la impresión de que Mimi ya sabía la respuesta y ahora solo estaba lastimándose a sí misma.
—Claro que sí…, al llegar del trabajo, se da el tiempo de hacer las tareas con Kurumi y Zetaro mientras lava los platos y carga el bebé para que yo pueda bañarme.
Mimi intentó tragarse el nudo en la garganta que se le formó de pronto, pero nada surtía efecto, solo soltar la verdad que trataba de ignorar desde hace tiempo. Años, quizás; cuando Michael había dejado de ser atento con ella y Benjamin, cuando este era un bebé.
—Michael ni siquiera deja los platos sucios en el lavavajillas.
—¡Oh no!
