Hay fatiga de material por escribir tanto un fanfic, quizás necesite un descanso de siete años.
Bang Bang
por Syb
Capítulo X: Dix
Mimi se subió a su automóvil, se ajustó el cinturón de seguridad y prendió el motor; fue ese momento en que decidió encender la radio para poner una canción con la que pudiera manejar mejor su ansiedad y, cuando la encontró, le subió al volumen al máximo. Cantando con la radio, emprendió su camino a casa con el corazón en la garganta. Michael, decía en su mente, tienes que cambiar o me iré. No, tendría que ser menos directa y abrirse el camino con un discurso políticamente correcto para entregar el mensaje de modo que no le desgarrara el corazón a su esposo. No me merezco esto, volvió a decirse mentalmente, necesito que dejes los platos en el lavavajillas, no soy tu madre. Michael, volvía a empezar, a veces siento que no quieres estar aquí, ni conmigo ni con Benjamin, ¿qué necesitas?
Se detuvo frente a la casa, lo más lejos que pudo de su propiedad, no quiso estacionar mejor el automóvil porque seguramente no haría nada y le diría a Michael que saldría con Miyako otra vez, solo para escapar de él y su infelicidad. Apagó el motor y con él también se detuvo la música de la radio, y ahora solo escuchaba su respiración agitada y todo su discurso se le había olvidado. Estaba aterrada, no quería que Michael entrara en otro círculo vicioso luego de que le rompiera el corazón.
Cuando entró a su casa, vio la consola todavía instalada a la gran pantalla, pero había un partido de fútbol americano en ella, además de que las cortinas estaban abiertas. Mimi sabía que, si lo veía en calzoncillos bebiendo cerveza a vista y paciencia de los vecinos, perdería la cabeza y empezaría a gritar, pero no lo vio cerca. En vez de eso, caminó hacia la cocina y vio que una infinidad de platos sucios de desayuno estaban dispersos en el mesón. Recordó a Miyako diciendo que no era posible que Michael no hiciera nada y se tuvo que aguantar las ganas de gritar. Ella ni siquiera había desayunado ahí y tenía que limpiarlo todo.
—¡Mimi! —la llamó la voz de su madre y Mimi se sintió confundida, no esperaba verlos en, al menos, unos meses más, cuando su padre por fin jubilara—. Deja ahí, tu padre lo hará luego —dijo con una sonrisa y la tomó de sus hombros para llevarla a la sala—. Llegamos esta mañana del aeropuerto. De hecho, los vimos salir esta mañana desde el taxi, si tan solo hubiésemos llegado unos minutos antes, los habríamos sorprendido.
—¿Dónde está papá?
—Está con Michael —le dijo como si no tuviese importancia—. Estaba un poco molesto porque tu esposo tardó un poco en atender la puerta y, cuando lo hizo, Michael apareció como si recién hubiese despertado. ¡Yo le digo que no sea tan duro con él! Seguro hace mucho por Benji, como el amo de casa que es. Vi que instalaron una consola nueva en la sala, ¿juegan con Benji? How cute.
—No, mamá, yo soy la que juega con Benji —respondió exasperada—. ¡Y la que lo lleva a la escuela, trabaja y carga el estúpido lavavajillas!
—Oh, Darling —dijo su madre con una mano en el pecho—. ¿Está todo bien?
Keisuke Tachikawa intentaba gustar de Michael Barton, pero el hombre se lo hacía un poco difícil. No se veía muy comprometido con su hija como antaño. Su esposa Satoe trataba de convencerlo de que no era tan malo, diciéndole que todo estaba bien con su hija y su nieto, que debía saber que cada familia tenía sus propias rutinas y que para ellos debía funcionar. Incluso si, al parecer, Mimi fuese la que dejara en la escuela a su hijo todas las mañanas. Sabía que el trabajo de su hija era esporádico y que recientemente había terminado una temporada de su programa, y que seguro no tenía problemas de llevar a su nieto cada mañana, pero Michael no hacía nada hace años y nadie podía convencerlo de lo contrario.
—¿Y cómo va el trabajo? —le preguntó Michael luego de un silencio incómodo, ambos estaban en el patio trasero compartiendo una taza de café. Keisuke intentaba ignorar el hecho de que su yerno en primera instancia le había ofrecido una lata de cerveza en vez de una taza café, y que él mismo tuvo que recordarle que no eran más que las diez de la mañana y que prefería un café para despertar de su largo viaje en avión.
Las prioridades de su yerno estaban hace tiempo fuera de lugar, pero él trataba de no entrometerse con el matrimonio de su hija.
—Este año jubilo —le dijo, pero no quiso argumentar más. Sabía que Michael prefería hablar con Satoe por su carácter más comprensivo y cálido, y francamente Keisuke prefería lo mismo.
Keisuke sonrió cuando vio a su hija salir de la casa y fue a abrazarla. Le quiso decir que pestañara si necesitaba ayuda, pero prefirió callar porque su esposa Satoe salió inmediatamente después. Mimi se veía un poco molesta y ese sentimiento contagió a su padre al instante, debían estar solos para preguntarle si estaba bien.
—Debo irme —anunció Michael con una sonrisa, como si por fin pudiese escapar de aquella situación incómoda y Keisuke sonrió con él—. Mi entrenadora personal llegará pronto.
—¡Que te vaya bien! —gritó Satoe con el entusiasmo que faltaba hace tiempo en la residencia Barton—. Mimi, con tu padre queremos ir por Benjamin esta tarde. ¿Podríamos hacerlo? Queremos ver a nuestro nieto y consentirlo un poco.
—Claro que sí —respondió su hija y solo Keisuke notó lo abrumada que estaba.
Keisuke no sabía que, al llevarse a Benjamin con ellos, le darían la oportunidad perfecta de tener aquella conversación con Michael que tanto su hija temía.
Koushiro salió de la oficina temprano para buscar a Osen a la escuela. Había estado de reunión en reunión, pero no había abierto la boca en ningún momento. No había podido dejar de pensar en el juego que había comprado junto a Benjamin Barton y que, de alguna forma que no esperaba, había sido el medio con el que podría hablar libremente con la madre de este. Se había sentido nuevamente como el chico del instituto que recientemente se le había declarado a la chica más linda de su clase y ella había aceptado ser su novia, por lo que había intentado luchar contra sí mismo y mantener la relación lo más distante posible. Enseñarle movimientos en un juego era bastante benigno, reírse con ella no lo era tanto. Conocía lo suficiente a Mimi como para entender que ella estaba coqueteando con él, pero esa era ella, parte de su personalidad consistía en coquetear en todo momento; y Koushiro era el que tendía a confundirse. También entendía que había distintos tipos de infidelidad y que la emocional era una de las peores. Si seguía acompañando a Mimi al cine y le seguía enseñando a jugar un videojuego con la finalidad de que ella pudiese hacerlo con su hijo, no podría evitar enamorarse otra vez de la chica del instituto. Más aún, no podía hacerlo si Mina todavía era su esposa, porque ella se había casado con él sin pensarlo, sin ponerle excusas ni condiciones, y que toda la relación se había dado de manera orgánica. Koushiro debía ser feliz con ella, pero no parecía serlo, ni ella con él.
Constantemente pensaba en Taichi y más de una vez quiso llamarlo para preguntarle si lo que sentía era normal o si ya no había remedio, pero el miedo a que Mina se enterara era mayor y terminaba no haciendo nada. Bueno, no nada, porque estaba seguro de que no podría evitar conectarse esa noche al juego, solo para ver si Mimi decidía hacer lo mismo. Estaba perdido.
—¿Vamos a comprar un helado? —le preguntó a su hija apenas entraron al automóvil que empezaba a empolvarse en el garaje hasta esa mañana. A Osen se le iluminó el rostro y su padre asintió. Si él se sentía miserable, ella no debía percibir el más mínimo indicio de su molestia.
Llegaron al centro comercial y Osen guio el camino, extasiada, queriendo ir al mismo lugar donde la señora Barton le había comprado el helado que la había hecho vomitar, algo que Koushiro no entendía muy bien habiendo sido una experiencia con un final un tanto desagradable.
Al llegar la chica a la tienda de helados, fue directo a vitrina donde se exhibían todos los sabores que podía elegir y un chico, que ya tenía un cono de helado en su poder en su poder, se le quedó mirando. Koushiro sintió que su pesadilla aún no terminaba.
—¿Osen?
—¿Benjamin? ¿Qué haces aquí? —Tanto como la hija y el padre esperaban ver a la madre de Ben, para solo encontrarse con un hombre alto y una mujer extravagante.
—Vine con mis abuelos —dijo él mientras probaba su helado—. ¿Y tú?
—Vine con mi papá —respondió la niña y apuntó a Koushiro con una mano.
Los abuelos de Benjamin, se dijo Koushiro y quiso retroceder, él había cenado con la pareja cuando él todavía estaba en el instituto y todavía era el novio de la hija de estos. Satoe y Keisuke Tachikawa, el pelirrojo no sabía lo que la mujer pensaba de él, muchas veces pensó que no lo quería mucho, pero lo que sí sabía era que el padre de Mimi sentía algo opuesto a su esposa…, y era intenso.
—¿Izumi? —dijo Keisuke con una sonrisa amplia—. ¡Qué sorpresa! ¿Lo ves, cariño? Nunca pensé que vería otra vez al ex novio de nuestra hija. Te ves bien, ¿has estado ejercitando? —Como Koushiro estaba tan pasmado como para contestar, el hombre se le acercó y lo abrazó como si fueran viejos amigos, y luego lo tomó de los hombros para alejarlo un poco y poder mirarlo mejor—. ¿Te ha ido bien? Claro que sí, siempre has sido un genio. ¿Ya eres CEO de tu propia empresa? Claro que sí, lo leí en un diario electrónico. Nunca te perdí el rastro.
—Sí…
Tanto Benjamin como Osen se miraron un tanto asqueados. Osen porque, en otro universo, ella habría sido la hermana de su ex amor platónico; y Benjamin por la reacción tan impropia de su abuelo con el señor Izumi. Normalmente su abuela era la que lo avergonzaba con su personalidad exagerada y romántica, y su abuelo era el que mantenía la calma e iba por ella para evitar que las situaciones escalaran innecesariamente. Sin embargo, su abuelo Keisuke estaba dejándolo en vergüenza con el señor Izumi, lo cual era lo peor de su corta vida. En sus fantasías, su madre se divorciaba y Koushiro Izumi se casaba con ella, pero con el abuelo Keisuke diciendo disparates lo asustaría. Y luego cayó en cuenta del discurso de su abuelo, ¿era el señor Izumi el ex novio de su madre? No pudo evitar sonreír, pero cuando miró a Osen, ella parecía que estaba a punto de vomitar y la cara de asco se debía a algo que él tenía en su cara.
Keisuke se le acercó nuevamente a Koushiro para abrazarlo, pero esta vez se le acercó a su oído y le susurró algo que no lo dejaría dormir en las próximas semanas.
—Si quieres volver con mi hija, tienes mi bendición. —Keisuke lo miró serio cuando se separó del señor Izumi y luego fue a la vitrina a ver a la chiquilla que era idéntica al pelirrojo con una sonrisa amplia—. ¿Cómo te llamas, pequeña?
—Osen Izumi —le dijo al abuelo de Benjamin mientras miraba a su padre con incomodidad.
—¡Se llama Osen! —gritó Keisuke a su esposa Satoe con una sonrisa.
—¿Qué le pasa al abuelo? —le preguntó el nieto a la abuela.
—No lo sé —respondió Satoe con las cejas fruncidas, ¿o acaso sí lo sabía?
Su esposo siempre había favorecido a Izumi cuando su hija estaba en la secundaria, pero cuando Michael llegó de visita, Izumi inmediatamente desapareció. Algo que le pareció normal a Satoe, ella misma había salido con un par de chicos en la escuela hasta que encontró a su amado esposo y se casaron a los pocos meses de haberse conocido. Ella jamás se preocupó de pensar ni un segundo en sus exnovios, y él, bueno, él jamás había tenido una novia como para hacerlo. Con respecto al exnovio de su hija, el asunto era completamente distinto. Keisuke nunca quiso preguntarle algo en relación con Izumi a su hija, pero Satoe sabía que, cada cierto tiempo, cuando mercurio retrogradaba específicamente, su esposo buscaba al chico en el buscador de internet. Era evidente que Keisuke estaba teniendo una relación parasocial con Izumi y él no estaba manejándolo bien.
En la mente de Keisuke Tachikawa, Koushiro Izumi sería el esposo perfecto para su hija, todo lo que Michael no estaba siendo.
—Cariño —llamó Satoe a su esposo, a lo que Benjamin la secundó—. ¿No crees que debemos irnos a casa? Creo que quiero hacer la cena para la familia.
—Sí, por supuesto —dijo el hombre, todavía demasiado cerca de Koushiro Izumi—. ¿No deberíamos invitar a Izumi?
Koushiro negó con la cabeza y Satoe acató.
—Está con su hija en el centro comercial —replicó su esposa con infinita paciencia—, recuerda cuando salías con Mimi cuando era pequeña y se te acercaba un colega.
Keisuke aclaró la garganta y se despidió.
Mimi subió a la habitación matrimonial apenas sus padres fueron a recoger a Benjamin a la escuela. Necesitaba sacar todo lo que tenía dentro del pecho, pudriéndose hace años, y aprovechar al máximo el tiempo que sus padres le proporcionarían, porque tenía mucho que decir y, luego, bastantes pedazos del corazón de Michael que recoger. Solo esperaba no acarrear la culpa una segunda vez, porque un hombre fallaba en hacerla feliz. Su boca se secó al estar frente a la puerta, sentía que estaba a pocos instantes del desastre, pero ya no podía seguir pretendiendo que todo seguía bien con su esposo. Si seguía así, terminaría resintiendo al padre de su hijo y no era lo óptimo. Miyako le había dado una larga lista de contras en la infancia cuando los padres no se divorciaban a tiempo.
Cuando entró, notó el intenso olor a shampoo y perfume masculino.
—Hola… —le dijo apenas él salió del cuarto de baño, se había atado el cabello húmedo y afeitado, algo que le sorprendió un poco, un poco más que la ducha antes de un entrenamiento.
—Hola, Mimi —le respondió él con una tranquilidad que no era propia de él—. ¿Por qué no llegaste a dormir anoche?
—Me quedé dormida en el sofá —le explicó con un poco de culpa—. Es ese estúpido juego, no quiero que Benji piense que soy una novata.
Fue en ese instante en que se sintió culpable, ya que evitó mencionar que Koushiro había estado explicándole lo básico del juego, luego de que Benjamin fallara miserablemente con palabras bastante más complicadas. Su corazón dio un vuelco, quizás debía dejar jugar con fuego y dejar de intentar escapar de Michael con Koushiro.
—Nunca pensé que viviría para verte transformada en una gamer.
—Sí, yo tampoco —respondió con una sonrisa.
Michael sonrió de vuelta y la abrazó para besarle la frente.
—¿Querías decirme algo?
—Solo quería que recordaras dejar todo en el lavavajillas luego de comer.
Michael asintió con los hombros encogidos, no había habido el drama que esperaba. Quizás su padre le había dicho algo esa mañana, cuando compartieron ese incómodo momento en el patio trasero. Mimi se había dado cuenta que su padre resentía a Michael desde que la había dejado embarazada en la secundaria, y aunque ese bebé no hubiese llegado a término y que Benjamin ahora fuese su adoración, no era algo que Keisuke Tachikawa pudiese olvidar ni perdonar. Su madre le había dicho que eventualmente pasaría, pero con Michael en plena crisis, el resentimiento volvió a aparecer con fuerza.
Mina estaba por llegar y Mimi decidió que no quería topársela ni estar cerca de la mujer. No si había estado hablando con su esposo a través de un videojuego violento y gráfico, ya que no podría con la vergüenza.
—Tomaré una ducha —le avisó a Michael cuando él iba de salida y él solo se despidió.
Cuando cerró la puerta del baño, sintió que pudo respirar. Todo volvería a la normalidad, se dijo con una sonrisa que iluminó el espejo empañado con el vapor de la ducha. Michael volvería a ser ese atlético hombre tan seguro de sí mismo que cruzaría el océano pacífico para estar con ella, ese que había ignorado convenientemente aquellos párrafos en sus e-mails en los que le comentaba que había empezado a salir con alguien. Ese que ni siquiera había preguntado por ese exnovio, porque para él, él ya era parte del pasado y no valía la pena pensar en él; y Mimi había preferido no decirle que era Koushiro, su compañero de clase.
—Mírame, jamás se fijaría en mí, mi amor —le había dicho Michael todavía con la faja abrazándole el abdomen hace un tiempo atrás.
Salió del baño con el corazón en la garganta, bajó las escaleras y con sigilo fue hacia la cocina. No había platos sucios en la mesa porque seguramente su padre se había encargado de limpiar todo, quizás para darle una lección a su esposo de cómo se debía comportar un verdadero hombre para su hija. Sin embargo, cuando se acercó a la ventana y vio que Michael besaba a la esposa de Koushiro en los labios, aunque ella se resistiera como si estuviera nerviosa de que la descubrieran, supo que su padre iría a perder la cabeza.
Koushiro se conectó esa noche a la consola, pero Mimi no lo hizo.
Michael ya es odiable
