Capítulo 5: LA OPOSICIÓN

"Los grandes espíritus siempre

han encontrado una violenta oposición

de parte de mentes mediocres".

- ALBERT EINSTEIN.

Las luces de cámaras, murmullos inentendibles, ruidos del trazo de plumas mágicas tomando nota y la infinidad de ojos puestos sobre ella, en la sala de conferencias del Ministerio, transportaron a Hermione de regreso a los días posteriores a la derrota de Lord Voldemort, donde ella y sus amigos fueron tratados como héroes y condecorados con infinidad de honores y promesas de un futuro glorioso.

Las diversas trabas que colocaron a Ron en sus postulaciones a la academia de Aurores y los reiterados rechazos que había recibido Harry ante cualquier intento de ascenso, daban cuenta de que las promesas fueron vacías. Ronald optó por acompañar a su hermano en la tienda de bromas, y Harry se mantenía en un estado de aprendizaje eterno, a la espera de una oportunidad de hacerse con un equipo propio. Hermione, por su parte, aunque hizo carrera en el Ministerio, tampoco había tenido alguna oportunidad para cambiar el mundo, como esperaba que su fama le permitiera. Hasta ahora.

Viendo a la multitud de periodistas y representantes del Ministerio reunidos para oír su anuncio, sintió que un nudo se atravesaba en su garganta. Mientras firmaban las autorizaciones de lo que sería un Tribunal de Apelaciones, una instancia por encima del Todopoderoso Wizengamot, Kingsley le advirtió que aquella iniciativa podía terminar catapultando su carrera o bien quedar en su expediente como un fracaso rotundo. Hermione aceptó el reto, y el único apoyo que pidió a cambio fue contar con Harry en su equipo, solicitud con la que el Ministro había estado de acuerdo.

- ¿Y por qué cambiar el Wizengamot?- preguntó uno de los periodistas, dando cuenta de que no habían entendido nada de lo expuesto por Kingsley Shacklebolt minutos antes.

- No estamos reemplazando el Wizengamot. Lo que buscamos es dar un respiro a sus honorables miembros, dado que son tantas las causas que se encuentran a la espera de una revisión.- respondió Hermione, aparentando más calma y paciencia de la que tenía- Con esto, esperamos liberarlos de las causas que sean contra el propio Ministerio o apelaciones a las condenas ya resueltas por ellos.

- ¿No dejará esto con menos poder al Wizengamot?- el periodista que lanzó la pregunta, parecía realmente ingenuo al hacerla, pero por el modo en que se hizo el silencio tras ella, con los miembros del Ministerio expectantes, Hermione supo que estaban al tanto de la pérdida de poder que esto significaría para muchos.

- ¿Poder?- sonrió, aparentando no estar al tanto de las implicancias- las personas que forman parte del Wizengamot son voluntarios, funcionarios intachables del Ministerio, y grandes personalidades de nuestro Mundo. Estoy segura de que no hacen esto por poder.- Esperaba que la ironía en sus palabras fuese entendida por quienes debían entenderla, y por el modo en que el entrevistador sonrió, podía asegurar que el Profeta se encargaría de transmitirlo a los demás.

- ¿Usted participará de los juicios, Defensora Granger?…- Rita Skeeter, con su peinado impecable, sus anteojos caros, y una sonrisa burlona en el rostro, consiguió molestarla como siempre. Hasta donde Hermione sabía, la mujer no estaba trabajando para ningún periódico o revista, y se preguntó si estaría buscando sacar otro libro tan lleno de mentiras como en último. Si pensaba hacer de ella la protagonista, ya podía imaginar el título.

-No. No soy Defensora.- expuso cortante.- Mi rol acá no es participar de la defensa o acusación de nadie, sino implementar el tribunal y controlar que se apegue a las normas.

- ¿Y quién financiará esto?- surgió otra pregunta- ¿No acaba de decir el Ministro, que tendrán que hacer recortes fiscales para mantener la continuidad de Azkaban?

- El dinero no saldrá de las arcas fiscales, por lo que pueden estar tranquilos. Todo ha sido producto de donaciones de personas que están interesadas en mejorar nuestro sistema de justicia.

Más que interesados… Aunque no necesariamente por altruismo.

- ¿Y ya tienen en vista el primer caso?

- Por supuesto.- Hermione inspiró hondo - Hay una denuncia interpuesta contra Azkaban, por su responsabilidad en la muerte de Theodore Nott.

Hermione fue consciente de cómo magos y brujas aguantaron la respiración por un momento, solo para al instante siguiente explotar, en una ráfaga de preguntas, gritos y exclamaciones, que algunos intentaban controlar llamando al orden.

Fue en medio del caos que los ojos de Cormac McLaggen encontraron sus ojos. Estaba al final de la sala, con los brazos cruzados frente a su pecho, moviendo la cabeza de lado a lado mientras la miraba ceñudo. Y Hermione le sonrió.

¿Crees que esto arruine mis posibilidades de tener novio, Cormac?, quería preguntar. Ya sabía su respuesta.

-HP-

Harry acomodaba sus anteojos sobre el puente de su nariz, con los ojos bajos, y Hestia se encogía de hombros nerviosa, mientras Hermione caminaba de un lado a otro de su oficina, dejando escapar su frustración.

- ¿Cómo es posible que solo les importe el dinero? ¿Cómo no ven en esto la posibilidad de hacer un bien por el mundo, en lugar de… ¡AH! Debí considerar la avaricia de la naturaleza humana antes de hacer el presupuesto…

- No es tacañería Hermione…- susurró Harry.- Todos sabemos que el Ministerio no paga precisamente sueldos atractivos.

- Y las personas normales tenemos hijos y cuentas que pagar…- agregó Hestia- Por lo que no puedes esperar que a todos los mueva la nobleza de una causa.

Harry asintió ante el comentario de la mujer y Hermione se guardó de decir nada más, porque era cierto. Había cometido el error de presupuestar los gastos, en base a los sueldos de funcionarios del Ministerio. Pero ningún Defensor estaba dispuesto a hacerlo por ese sueldo, y desde que hicieran el anuncio de un Tribunal de Apelaciones hacía una semana, las solicitudes de revisión de casos se habían disparado, así como las denuncias por irregularidades de distinto tipo, lo que los tenía, sin personal y con trabajo acumulado antes de siquiera comenzar.

- En el intertanto,- siguió Hestia- y dado que debemos partir con algo, les cuento que tenemos la sala de interrogatorios reservada por las tardes, y me he tomado la libertad de citar algunos ex convictos, dispuestos a declarar. Por protocolo, solo se necesita la presencia de un funcionario y un auror, y hasta donde sé, ese es el personal con que contamos- sonrió, entregando a Hermione una lista de nombres, antes de colocarse el impermeable para ir a casa.

- Pensé que habías dicho que Hestia era un monumento a la ineficiencia burocrática…- murmuró Harry, cuando la rubia había dejado la sala.

- Lo era… Pero desde que estamos con lo de Azkaban, sufrió una transformación que aún no me explico del todo.- sonrió Hermione, con cara de incredulidad.

- Todos funcionamos mejor cuando encontramos sentido a lo que hacemos, ¿no?- Hermione no podía estar más de acuerdo con su amigo.- Respecto a lo otro, podríamos pedir apoyo a Ron con un nuevo cálculo, en base a lo que se paga habitualmente por estos cargos. Es él quien lleva las cuentas del negocio de bromas, por lo que se maneja con los números…

- ¿Y luego?

- Tal vez yo pueda colocar lo que falta, de todos modos sigo teniendo suficiente dinero en Gringotts para…

- No, Harry… Ya renunciaste al dinero que te dejó Sirius al traspasarlo a Teddy, y al ritmo que vas donando lo que te dejaron tus padres a distintas causas, pronto acabarás tan necesitado de un sueldo como el resto de nosotros.

- ¿Y entonces?

- No quedará más que ir con Malfoy y explicarle que pude haber hecho mal los cálculos…

- Dudo que tenga problemas en traspasar más dinero, Hermione. Tú viste los montos que cedió a los guardias cuando…

- No es eso… Se que el dinero no es problema, pero me molesta admitir ante él que pude haberme equivocado.

Hermione aún recordaba la burla en el rostro de Malfoy al decirle que ese monto no sería suficiente, y que le hacía gracia que la "bruja más brillante de una generación", como la había llamado con sarcasmo, no fuera capaz de "sumar dos y dos". También recordaba bien la arrogancia con que ella había respondido que el cálculo estaba bien hecho y que con suerte no tendrían que volver a verse las caras en mucho tiempo. Por eso, admitir su error dolía mucho más.

- ¿Por qué el nombre de Malfoy está tachado?- preguntó Harry, revisando la lista de testigos que les había entregado Hestia.

- Hestia considera que sería el testigo ideal…

- ¡Y lo es! Es nuestro principal testigo.- dijo Harry con incredulidad, mientras Hermione negaba con la cabeza.

- Le dije a Hestia que lo olvidara… Malfoy dijo que colaboraría con lo que fuera, excepto con eso… No está dispuesto a declarar.

- Pero Nott ya no está en Azkaban. ¿Cuál es su miedo ahora?

- No lo sé, Harry… No lo sé.

Hermione pensaba que no había modo de explicar la negativa del rubio ahora que no existía riesgo para Theodore Nott. Pero por la expresión de espanto que había asomado a su rostro, antes de que recurriera a la Oclumancia y ella no pudiera adivinar nada más en sus facciones, debían ser razones poderosas, que la habían tenido cada vez con más frecuencia pensando en él. Malfoy era un enigma para ella, y tal vez, precisamente por eso, cada vez con más frecuencia, sentía la necesidad irracional de saber más sobre el rubio.

-HP-

- ¿Estás segura de que esto es necesario?- preguntó Ron, por enésima vez, y Hermione entornó los ojos.

Aunque entendía que el pelirrojo no estuviera del todo de acuerdo con el panorama de encontrarse con Draco Malfoy, esperaba que comprendiera, del mismo modo que Ginny y Harry, su empeño en demostrar al rubio que todos ellos estaban colocando de su parte para hacer que el plan funcionara. Que no era el único llamado a hacer sacrificios en esto. O esa fue la razón que dió a ellos para que se reunieran esa tarde en su piso.

Si Hermione hubiera sido sincera, habría admitido que, tras enviar una lechuza a Malfoy, pidiendo reunirse con ella en su hogar, para revisar un asunto importante, y que este respondiera con una escueta nota, indicando fecha y horario, la sensación de pánico que la embargó ante las posibles formas en que terminaría aquella reunión, con él burlándose por el mal cálculo del dinero inicial, o bien recriminando a ella un mal uso de este, aunque solo fuera para hacerla sentir culpable, le hizo convencerse de que necesitaba el apoyo de los demás.

Si me encuentra acompañada por ellos, la pensará dos veces antes de burlarse, pensó.

Y aunque algo de remordimiento sentía al pensar en el mal rato que esto costaría a Ron, agradecía mentalmente tenerlos a su lado, sobre todo cuando unos golpes en la puerta anunciaban la llegada de Malfoy.

De lo primero que Hermione se percató al recibirlo, fue de cómo el color gris de su suéter de cuello alto, hacía resaltar sus ojos, destacando en ellos algunas coloraciones más oscuras que no había notado antes. Su cabello, aunque claramente arreglado, lucía menos aplastado que de costumbre, dejando espacio a unos mechones platinados que surcaban su frente. Llevaba unos pantalones negros, claramente hechos a medida, y unos zapatos que gritaban exclusividad. Sobre su antebrazo izquierdo, sostenía su abrigo.

Pero dejando de lado la notoria elegancia y lo cara que debía ser su ropa, fue la expresión de su rostro lo siguiente que llamó la atención de Hermione. Su mirada transmitía algo de curiosidad, y sus labios exponían una media sonrisa, que, contrario a lo que esperaba, no parecía predispuesta a burlarse de ella.

- ¿Me dejarás pasar?- preguntó el rubio de pronto, ampliando su sonrisa, y Hermione asintió confundida mientras abría la puerta y le pedía que ingresara. El rubio no alcanzó a dar dos pasos al interior del apartamento, cuando se detuvo de golpe, y toda evidencia de su tranquilidad previa, desapareció.

- Malfoy.- oyó hablar a Ronald, a pocos pasos de ellos. Y aunque Hermione no veía más que la espalda del rubio, supo que la no respuesta al saludo, era confirmación suficiente de su molestia.

- ¿Te comió la lengua la serpiente?- interrumpió Ginny, y aunque había una cierta cordialidad en su tono, el comentario no parecía haber hecho mayor gracia a nadie.

- Bienvenido, Malfoy.- Harry, siempre cordial, intentó amenizar las cosas, mientras Hermione recorría la distancia que los separaba de ellos. El rubio ni aún giró a mirarla, absorto como estaba en la contemplación de los tres invitados sentados a la mesa, cada uno con un tazón de té entre las manos.

- Diría que es un placer volver a verte,- siguió el pelirrojo- pero sabrías que miento.

- La falta de placer es mutua.- contestó frío.

- ¿Quieres un té?- preguntó Hermione, intentando distraerlos de su mutuo desafecto, pero una negación con la cabeza, fue toda su respuesta, antes de que fuera el rubio quien cambiara el tema, girándose a ella.

- ¿Puedo conocer el motivo de la invitación?

Hermione inspiró hondo, y llevó un mechón de cabello detrás de la oreja.

- Verás… Queríamos mostrarte que todos estamos poniendo de nuestra parte para que esto resulte, pero…

- Pero falta dinero.- la interrumpió Ginny, exponiendo una sonrisa intencionalmente fingida.- ¿Qué? No me mires así, Hermione. Malfoy claramente no quiere perder su tiempo en una infinidad de explicaciones que se resumen en eso.- y se giró a Malfoy, mientras Harry, a su lado, se rascaba la cabeza incómodo- Los defensores resultaron ser más ambiciosos de lo que Hermione presupuestó, y ahora el Ministerio necesita mejorar los sueldos que ofrece, pero como el Ministerio no tiene dinero, Hermione necesita tu ayuda.

Los ojos del rubio observaban a Ginny con atención, apenas pestañeando, y sus iris más oscuras que antes. Estaba usando Oclumancia.

- ¿Cuánto?- dijo al fin, en una voz grave que dejaba traslucir molestia.

- Quiero que sepas que no es por nosotros. De hecho, yo puedo dejar de cobrar salario mientras terminemos esto, con tal de que no creas que me estoy aprovechando de algún modo. Y Harry tampoco está cobrando por el apoyo que da con la investigación.

Un bufido con mofa escapó por los labios de Malfoy, que, de algún modo inexplicable para ella, parecía haber encendido la ira en Ron.

- Vamos, Malfoy… ¡Dilo!.- expuso el pelirrojo, y los ojos del rubio se entrecerraron.

- Agradecería me iluminaras respecto a qué es exactamente lo que debería decir.- su voz era fría, distante. A la defensiva.

- Sé que quieres decirlo, Malfoy. ¿O de verdad no haras ningun comentario respecto a que soy un Weasley y que como tal necesito el puto dinero?- Hermione abrió la boca ante la incredulidad, mientras Ronald seguía con su aclaración- Para tu información no lo necesito.

- ¿En verdad esperabas que hiciera un comentario como ese?- la incredulidad era clara en la expresión del rubio- ¿Cuántos años tienes, doce? Ya superalo, Weasley.

Una risa disimulada de Ginny atrajo la atención de todos a la pelirroja, quien estaba con los ojos fijos en el tazón frente a ella, pero claramente divertida ante la situación. Malfoy la observó por unos segundos con expresión ilegible, mientras Hermione buscaba el modo de desviar la conversación a lo importante, pero fue interrumpida nuevamente por Ron.

- ¡Huron!- el rubio pestañeó un par de veces como si no se creyera el nuevo insulto.

- Idiota…- susurró, girándose sobre sus pies, al parecer dispuesto a irse.

- ¡Ya paren!- intervino ella.

- Maldito hurón volador.- aunque no fue más que un susurro, el comentario del pelirrojo había sido claramente audible para todos, provocando que Malfoy se detuviera donde estaba.

Hermione miró con incredulidad a Ron, que parecía repentinamente interesado en sus uñas, aparentando que nada había sido dicho. ¿Realmente había recurrido a un insulto tan ridículo? Ginny y Harry a su lado no ayudaban con sus sonrisas contenidas, mientras el rubio observaba a Ron con una expresión que de incredulidad, se tornó en desprecio y luego en algo que parecía casi una sonrisa. Casi.

- Acabo de ganarle cien galeones a Blaise. Teníamos la apuesta de si el insulto era "hurón volador" o "hurón saltarín"- su cabeza estaba echada hacia atrás, los ojos fijos en el pelirrojo, y la sonrisa torcida.- Yo aposté por el menos ingenioso.

Ronald se puso de pie, con la ira pintada en su rostro y los puños apretados a cada lado, tan bruscamente, que amenazó con dar vuelta el tazón de té frente a él, y Ginny sujetó el suyo por instinto.

- No hay caso contigo, ¿verdad? ¿No puedes simplemente responder como gente normal, sin sarcasmos?

- ¿Quieres que deje de lado mi sarcasmo?

- ¿Te gustaría que yo lo usara contigo?

- No podrías.- sonrió el rubio, esta vez claramente girado a enfrentar a Ron- El sarcasmo requiere una cierta competencia intelectual.

- ¡Intelectual mi trasero!- Ron seguía con los puños apretados, e inflaba las mejillas, claramente conteniendo un nuevo insulto, cuando se giró a ella.- Sabes, Hermione, de verdad lo intento. Sé que lo necesitas para lo que sea que estás haciendo, y de verdad que hago mi mejor esfuerzo, pero él sigue siendo el mismo imbécil malcriado de siempre.

- Ron…

- Y tú, Malfoy…- Siguió- Puedo entender que lo llevas en la sangre, pero no tienes porqué poner tanto esfuerzo en parecerte a tu padre, ¿sabes?. Ni siquiera intentas hacer lo correcto.

- ¿No lo intento?- La expresión del rubio se tensó de golpe. La molestia clara en su mirada.- ¿No lo intento?. Qué fácil para tí decirlo, ¿no, Weasley?. Debe ser agradable sentir orgullo de tu padre, cuando nadie puede reclamarle más que su pobreza, porque sigue siendo un hombre "bueno". Tampoco imagino que fuera un problema para ti hacer lo "correcto" cuando tú y los tuyos tenían el mismo concepto de lo que eso significaba.- Ron pestañeó confundido, mientras Ginny y Harry alzaron los ojos hacia él, expectantes. Hermione no sabía cómo actuar- Tú no tuviste a toda tu puta familia viéndote como un fracaso, como una mancha a tu maldito apellido, por no ser capaz de matar a alguien, ni te viste obligado a hacer cosas que no querías, para evitar que te reventaran a Cruciatus. No sabes lo que es amar a tu padre y odiarlo al mismo tiempo por toda la mierda a la que te condenó con sus malas decisiones, y tener que contener las ganas de defenderlo cuando los demás hablan mal de él.- Malfoy torció sus labios en una expresión de pura rabia.- ¿Y sabes qué? Me odio por eso, porque estar aquí, rodeado de ustedes, sin partirte la cara cuando aludes a él de esa forma, es una puta traición a mi padre. Así que el sarcasmo y el pelo se quedan, Weasley. Si es lo único que heredé de él que puedo lucir con algo distinto a la vergüenza, se quedan.

- Y los ojos…- dijo Ginny, haciendo que todos giraran a ella.

Draco pestañeó un par de veces, con una expresión de rabia mezclada con incredulidad, que Hermione no sabía cómo abordar, antes de coger su capa con un movimiento de varita y caminar hacia la puerta.

- Malfoy…

- Granger,- dijo, clavando los ojos en ella.- No es necesario que me traigas a presenciar cuánto esfuerzo están colocando en esto.- había un claro desprecio en sus palabras- Y dado que el dinero es lo único que necesitas de mi, bastará con una lechuza a Zabini indicando el monto.- y sin decir más, salió por la puerta dando un portazo.

Por unos instantes, nadie dijo nada, y Hermione se limitó a morder sus labios sin saber muy bien qué hacer.

- ¿Los ojos?- sonó la pregunta de Ron de pronto. Parecía no querer comprender la naturaleza del comentario de su hermana, que seguía bebiendo de su taza de té, con la mirada fija en la mesa.

- Son unos ojos muy bonitos.- respondió la pelirroja, encogiéndose de hombros, ante la expresión perpleja de su novio.

-HP-

- No tuve nada que ver con la muerte de Nott- fueron las primeras palabras de Neil Laughalot, uno de los pocos nombres en la lista de ex convictos de Azkaban, que en opinión de Hermione podrían entregar información.- Salí mucho antes de que él siquiera llegara ahí.

Hermione se limitó a asentir, observando al hombre, mientras una pluma mágica tomaba notas a su lado. Harry los contemplaba como silente espectador, sentado junto a la puerta de la sala de interrogatorios.

De la lista entregada por Hestia, el hermano menor del antiguo capitán de quidditch de Hogwarts, había parecido una buena opción para comenzar en busca de declaraciones. A sus cuarenta años, era por todos descrito como un hombre amable, de buenas relaciones familiares, que había cometido el error de importar mantícoras ilegales, por desconocimiento más que por falta, lo que le había ganado un año en Azkaban, ingresando solo un mes después que Malfoy. El no tener relación con los demás mortífagos, le hacía un testigo ideal.

- Señor Laughalot, estamos muy conscientes de ello.- comenzó Hermione.- Si lo hemos hecho venir aquí, es porque quienes sí han compartido Azkaban con Theodore Nott, no están muy dispuestos a hablar. Puede que algunos incluso, aunque quisieran, no podrían hacerlo, por temor.- los ojos del hombre se contrajeron, aunque levemente. Suficiente para que Hermione supiera que era el testigo adecuado- Por eso estamos buscando información con aquellas personas que ya pasaron por lo que sea que Theodore Nott tuvo que pasar ahí dentro, como para entender qué pudo haberlo llevado a morir tan misteriosamente.

- ¿No murió de Viruela de Dragón, entonces?- sonrió Laughalot con cierta mofa en su tono, y Hermione recordó que en Hogwarts, el hombre había estado en Slytherin.

- Pensamos que es improbable que así fuera.- expuso Hermione, y vio como los ojos del hombre viajaban de ella a Harry.

Hermione tenía los dedos de sus manos entrecruzados sobre la mesa, mientras observaba al hombre hundirse en su silla, con una expresión difícil de interpretar.

- El Auror Potter está aquí como testigo de lo que sea declarado, pero al igual que yo, no tiene permitido divulgar nada de lo que usted nos diga, sin su consentimiento.

Laughalot asintió.

- ¿Y qué es lo que quieren saber, exactamente?

- ¿Hay motivos para sospechar que algunos prisioneros en Azkaban están siendo maltratados por los guardias?

- ¿Qué tan confidencial será esto?

- A menos que usted nos permita llamarlo a declarar en algún momento, se mantendrá confidencial.

El hombre se tomó aún unos segundos antes de volver a hablar, visiblemente incómodo.

- No a todos. A quienes no éramos mortífagos, nos dejaban relativamente en paz.

- ¿Y a los Mortífagos?

- Al principio, lo esperable, supongo. Porquerías en la comida, empujones en los pasillos, o castigos más prolongados que al resto. Pasaron unos meses, antes de que empezaran a correr rumores de torturas y hechizos de parte de los guardias. Algunos de los mortífagos parecían francamente aterrados ante ellos. Hubo pocos que se atrevieron a enfrentarlos, y no les fue muy bien.

- ¿En qué sentido?

- ¿Le suena Lucinda Farley?- Hermione negó con la cabeza- Madre de una chica algo mayor que usted. Debió topársela en Hogwarts. Trabajaba en el Ministerio cuando quien usted sabe tomó control de él, y entiendo que aceptó la marca poco después. Tenía sus ideas, claro… pero no era una mala persona.- El hombre torció el labio con una expresión que daba cuenta de que conocía bien a la mujer y que le dolía lo que fuera que había ocurrido- No se sabe cómo consiguió hacer llegar una denuncia contra los guardias por maltrato. Poco después fue trasladada a San Mungo tras caer mágicamente por una escalera y nunca volvió. Cuando salí, quise saber de ella y me enteré que sigue en la cuarta planta del Hospital.

- ¿La cuarta planta?- El mismo piso que los padres de Neville.

- Una caída por escalera no trastorna mentalmente a nadie, Señorita Granger. Pero hay un par de hechizos que sí lo hacen. De todos modos, nunca se cursó la denuncia que ella hizo. Ni ninguna otra. Así que dejaron de hacerlas.

- ¿Sabe de algún otro caso?

- Cuando me enteré de la súbita muerte del chico Nott, asumí que debió correr una suerte similar, pero no tengo cómo probarlo. Me pareció extraño descubrir que no era mortífago. Tal vez ya no se limitan a ese grupo en particular.

- ¿Supo de golpes u otro tipo de castigos físicos que se utilizaran en Azkaban?

- Nada que dejara marca, hasta donde sé.

Hermione se reclinó en el asiento, contrariada.

- ¿Y Draco Malfoy?- el hombre curvó los labios en una mueca difícil de interpretar- Vi unas fotos de él en que…

- Cualquier foto que haya visto es nada para lo que debió ser eso… Su caso no era lo habitual.- El hombre suspiró.- Debo decir que yo no sentía especial aprecio por los Malfoy. Lucius Malfoy fue un hombre arrogante, incapaz de ayudar a nadie si no recibía algo a cambio. Cuando conocí al chico en Azkaban, la verdad no me pareció que fuera muy distinto de su padre. Miraba a todos como si fuéramos escoria y evitaba compartir con nadie. Eso no le ganó muchos amigos, y ya tenía a todos los seguidores del señor oscuro esperando su turno para cobrarse con él por lo que hizo su madre. Estaban convencidos de que fue ella la culpable de que el elegido sobreviviera.- sus ojos viajaron a Harry, que se removió incómodo en su asiento.

- ¿Los guardias no paraban los golpes?

El hombre dejó escapar una risa burlona.

- ¿Pararlos? Era su entretención, Señorita Granger. Sólo cuando estaban a punto de matarlo hacían algo. Y no voy a decir que la actitud del chico le ganara mucha buena voluntad ahí dentro, pero al final, era solo un chiquillo asustado, no mucho mayor que mi propio hijo, y, bueno… muchos dudábamos que fuera a sobrevivir los dos años, así que hasta yo respiré más aliviado cuando adelantaron su salida.

- Según los reportes, luego de un tiempo dejaron de golpearlo…

- Corría el rumor de que había llegado a un trato con los guardias. Era algo habitual entre los más adinerados. Pero con eso solo se libraba de los golpes de otros prisioneros… Los guardias no dejaron de molestarlo nunca. Nada tan visible para ir a la enfermería quizá, pero las duchas heladas y los encierros prolongados no te mandan a la enfermería. No era inhabitual que no apareciera un par de días en el comedor. Y usted debe saber que hay muchos hechizos dolorosos que no dejan huella, pero, no significa que no existan.

- ¿Y qué guardias fueron?

- ¿En el caso del chico Malfoy? Sólo puedo darle un nombre: Amos Dogwood.

- ¿Es el único que participó de los maltratos?- el hombre negó con la cabeza- Creí que usted había dicho que…

- Es el único que se negó a participar. Por eso no duró mucho como guardia en Azkaban.

-HP-

De todas las razones que Hermione pudiera concebir para que Kingsley Shacklebolt la llamara a su oficina, casi al terminar la jornada, ninguna explicaba la presencia de Tiberius McLaggen, y mucho menos la de Cormac, junto a él.

- Adelante, Hermione.- murmuró el Ministro, con una expresión que no dejaba traslucir gran cosa, pero ella lo conocía suficiente para saber, por el modo en que tensaba su mandíbula, que algo iba mal.- Recuerdas a Tiberius, ¿verdad?

Hermione recordaba bien al Jefe del Departamento de Cooperación Mágica Internacional. Habían cruzado caminos un par de veces en el Ministerio, y aunque en todas el hombre había sido encantador, ella siempre sintió que su cordialidad exagerada ocultaba un profundo desprecio.

- Por supuesto.

- Un placer tener entre nosotros a nuestra heroína. - el cambio de inflexión en la última palabra de Tiberius, no pasó desapercibido para Hermione, y al parecer tampoco para su sobrino, que dejó escapar una risita a su lado.

- Cormac.- le saludó ella.

- Hermione.

Por la pedantería pintada en el rostro de Cormac McLaggen, Hermione confirmó que la razón por la cual la habían llamado no eran buenas noticias, y apretó los labios.

- Te he hecho venir, Hermione, porque Tiberius ha levantado su preocupación respecto al origen de los fondos que se utilizarán para el Tribunal de Apelaciones.- por el modo en que Kingsley torció el labio al hablar, ella supo que esto significaba un problema sobre el cual él no tenía poder.

- No sé si en la escuela de Derecho Mágico le explicaron, señorita Granger que…

- No estudié Derecho Mágico.- explicó con los dientes apretados.- No soy Defensora. Aunque no por eso no conozco la Ley.

- Bien… entonces estará en conocimiento de que las donaciones que reciba el Ministerio, para cualquier proyecto, deben pasar por la aprobación de la Confederación Internacional de Magos.

- Sólo en los proyectos que tienen impacto internacional, Señor McLaggen. Este no es el caso.

- Se equivoca. Un cambio en la estructura de nuestro sistema de justicia, si es un tema de resorte internacional. Así lo decidió el Consejo esta mañana.

Hermione sabía, por la preocupación en el rostro de Kingsley, que ella debía haber palidecido. Por mucho que Hermione hubiera revisado la Ley, una definición del Consejo escapaba a cualquier normativa. Era un acuerdo. Pero la Norma si le daba poder a ese acuerdo.

Malditos parásitos boicoteadores…

- Y del análisis que pudimos hacer de aquellas "donaciones", tenemos la sospecha fundada de que proviene de seguidores de quien usted sabe.

- Voldemort.- El hombre abrió los ojos muy grandes, claramente molesto ante su atrevimiento- Un miembro del Ministerio que se siente con poder para desbaratar una buena iniciativa, no debería temer al nombre de un criminal muerto hace años.- Aunque Hermione tenía la mirada fija en el hombre, pudo notar la sonrisa en los labios de Kingsley y, para su sorpresa, también en Cormac, mientras el hombre frente a ella apretaba la mandíbula.- Y como nada de lo que yo pueda decir o hacer va a cambiar la opinión del honorable Consejo, ¿qué haremos con las donaciones? ¿Devolverlas?

- Por supuesto que no.- Hermione apretó los dientes ante la respuesta del hombre. Por supuesto que no- Pueden ser utilizados en alguna otra iniciativa, que no sea precisamente destinada a liberar a otros ex mortífagos.

- No son sólo ex mortífagos los que están en Azkaban, señor McLaggen, pero con el miedo que muestra ante un simple nombre, puedo entender su preocupación ante la idea de dejar escapar alguno de ellos.

Hermione esperaba que en cualquier momento Kingsley le llamara la atención, pero no lo hizo, lo que sólo intensificó la expresión de odio apenas disimulada de Tiberius.

- Si me disculpan, iré a informar a mi equipo de estas… novedades.

Hermione puso especial cuidado en no cerrar la puerta de golpe, para no dar a traslucir su frustración, pero se arrepintió de no hacerlo cuando advirtió que Cormac la había seguido por ella.

- Granger- la llamó a su espalda, y ella apuró el paso, pero al instante siguiente lo tenía a su lado.

Malditas sean sus piernas largas.

- Hermione…- esta vez utilizó su nombre, mientras caminaba junto a ella hasta el elevador.- Quiero que sepas que fue muy valiente lo que hiciste.- ella no pudo evitar girar a mirarlo. ¿Valiente?- Yo no me atrevo ni a contradecirlo jamás, y tu… bueno… siempre has sido una chica especial.

¿Una "chica" especial? Imbécil machista.

El elevador se abrió al fin ante ellos, y para frustración de Hermione, venía vacío, por lo que tendría un nuevo viaje acompañada de Cormac… solos los dos.

Son solo tres pisos, Hermione… , se tranquilizó mentalmente.

- Quiero que sepas, que no tuve nada que ver en esa decisión.- siguió, muy cerca de ella… mucho más de lo necesario, mientras las puertas del elevador se cerraban.- Pero si recuerdas, te advertí que algo así podía pasar si tomabas la defensa de mortífagos.- Hermione se guardó de decir nada. Contestarle, solo daba pie a mantener una conversación que ella no quería tener.- Y puede que esto incluso sea bueno para tu carrera… Ahora podrás dedicarte otra vez al tema de los elfos domésticos, y, si te portas bien, yo podría ayudarte con eso…

- ¿Si me porto bien?- Hermione esperaba que su mirada transmitiera su rabia, pero si lo logró o no, no hubo ningún efecto visible en las facciones de McLaggen, cuyos ojos verdes recorrían su rostro, con una expresión que en otros tiempos podría haberle parecido incluso encantadora. Pero en ese momento, le resultaba aborrecible.

- Ya sabes… si fueras más amable conmigo…- su mano viajó hasta el rostro de ella, a retirar un mechón de cabello de su frente, y Hermione se percató de lo cerca que estaba. Al instante siguiente, la punta de su varita presionaba contra el cuello de Cormac, y los ojos de este se abrieron al notarlo, pero ni aún así dejó de reír.

- Te lo dije una vez, McLaggen, y esta es la última vez que te lo advierto. Me vuelves a tocar y tu rostro dejará de ser tan bonito. ¿Me entiendes?

Las puertas del ascensor se abrieron en ese minuto, y tras empujarlo contra la pared, Hermione salió disparada por el pasillo.

- Me encanta esa fiera que llevas dentro, Granger…- oyó decir a Cormac a su espalda, pero la puerta del ascensor se cerró antes de que pudiera hechizarlo.

De no ser porque Hestia seguía en la oficina al momento de ingresar a ella, probablemente Hermione habría cedido a las lágrimas que se agolpaban a sus ojos, presa de la rabia que toda aquella situación le provocaba.

- ¿Pasó algo?- preguntó la rubia, con una serie de carpetas dispuestas sobre la mesa y sus ojos cansados de lo que parecía una larga tarde de lectura.

- Es tarde Hestia, ¿no deberías estar en casa?

- Los chicos están en un taller de drama. No saldrán hasta dentro de una hora más, así que decidí aprovechar en revisar las declaraciones de hoy, por si encontramos nuevos nombres. Ya hice unas llamadas para ubicar a Amos Dogwood.

- ¿Dogwood?

- Ya sabes… El guardia que mencionó Laughalot… Puede ser una buena alternativa para…. ¿ocurre algo?- Hestia bajó el marco de sus anteojos, como si al mirarla sin el cristal de ellos interponiéndose entre ambas, pudiera analizarla mejor.

- El Consejo considera que las donaciones conque se financia nuestro proyecto, tienen un origen cuestionable… Me acaban de informar de algún modo, que no podemos utilizar ese dinero en esto.

Hestia pestañeó un par de veces, analizando el significado de las palabras, y sus ojos se abrieron muy grandes, justo antes de cubrirse el rostro con ambas manos, dejarse caer en su silla y echarse a llorar, ante los atónitos ojos de Hermione.

- Hestia…- intentó calmarla.- esto no significa que nos vayan a despedir, es solo…

- No… no es un despido, es peor.

- ¿Peor?

- ¿Sabes cuántos años llevo trabajando como asistente sin que nunca hiciera nada que tuviera sentido para mí? ¿Algo de lo cual sentirme orgullosa? ¡Diez años, Hermione, diez años archivando carpetas y organizando agendas para proyectos de colaboración internacional que nunca generaban ningún avance! Y cuando me trasladaron acá, me dejaron entrever que era un castigo por mi poca dedicación, y durante varios meses, lo fue… ¡Liberación de los elfos domésticos, por Merlín! ¡Como si las pobres criaturas quisieran enfrentar un destino tan horrible! Y recién ahora que apareció esto, que finalmente podíamos hacer algo bueno por magos y brujas que lo están pasando realmente mal, algo que de verdad me inspira, algo de lo que puedo hablar a mis hijos con orgullo, ¡y claro que no podía durar! ¡Era lógico que iban a poner trabas! No sé cómo me dejé ilusionar de que al fin podría hacer algo que realmente generara un cambio en el mundo, ¿sabes? Algo que no se sentía como un trabajo detestable, sino como un cambio del que yo formaba parte. ¡Al fin me sentía parte de algo, Hermione!

Y volvió a esconder el rostro entre las manos para llorar, sin que Hermione supiera muy bien qué hacer o decir, mientras asimilaba sus palabras.

La mandaron conmigo como un castigo…

Recién ahora comprendía el cambio en la actitud de Hestia durante el último tiempo. Su dedicación al caso y la actitud colaborativa. "Algo que realmente generara un cambio en el mundo", había dicho, y Hermione no podía estar más de acuerdo.

No era solo la oportunidad de Hestia de hacer algo que la inspirara. Lo que estaban intentando detener desde el Consejo, era el cambio… el cambio que amenazaba su poder, el cambio que ella también quería ver en el mundo.

- Hestia…- le dijo, colocando su mano sobre el hombro de la mujer, que había sacado una caja de pañuelos para limpiar sus lágrimas, y Hermione se hincó frente a ella, porque de algún modo curioso descubrió que ambas compartían un deseo común, ambas querían hacer algo bueno por el mundo.- Vamos a solucionar esto.- la mujer acomodó los anteojos, inspeccionando su rostro.- Porque tienes razón. Esto vale la pena. Si no valiera la pena, no habría personas intentando quitárnoslo.- Hestia asintió- Vamos a solucionar esto porque no queremos seguir acumulando carpetas. - la sonrisa que escapó de los labios de la rubia, la hizo sonreír también a ella.- Y vamos a solucionar esto, porque es nuestra oportunidad de hacer algún bien por el mundo… Y no dejaremos que nadie nos quite eso.

Y para mayor sorpresa de Hermione, el abrazo con que Hestia la envolvió ante sus palabras, no le resultó incómodo en absoluto, y realmente lo necesitaba. Porque pese a la promesa que acababa de hacer a la rubia, lo cierto es que no tenía la menor idea de cómo solucionar aquello. Pero buscaría la forma.

-HP-

De lo primero que Hermione se percató cuando llegó a Grimmauld Place, fue de la renovación del papel mural, el cambio en cortinas, muebles y alfombras, y la ausencia de gritos por parte del cuadro de Walpurga Black.

Para su sorpresa, en el lugar donde el retrato había pasado los últimos decenios, imposible de ser retirado, había ahora un espejo que embellecía el espacio.

Y al poco avanzar, se topó con que el sofá frente a la chimenea había sido removido, y en su lugar había ahora una gran mesa cubierta de distintas piezas de relojes desarmados, que Theodore Nott, con una camisa verde que se apretaba perfectamente a su delgado cuerpo, parecía empeñado en ensamblar.

- ¿Qué pasó con el cuadro?- preguntó Hermione, antes de cualquier aviso de su llegada. Nott alzó la cabeza tan rápido, que uno de sus rizos castaños rebotó contra su frente.

- ¿La vieja Walpurga? Draco la convenció de que la molestarían menos estando en su viejo cuarto, así que la bruja le dijo cómo contrarrestar el hechizo que la tenía pegada a la pared. La verdad es que nos tenía los nervios de punta, especialmente a Blaise.

- ¿Malfoy la convenció de revelarle el contrahechizo?

- Draco puede ser encantador cuando quiere, ¿sabes? Y que él mismo sea un Black, ciertamente ayudó a ablandar el corazón de la anciana- Nott tomó asiento sobre un banquillo dispuesto junto a la mesa, mirando fijamente a una de las piezas entre sus dedos.

- Y ¿donde lo dejó?

- En el cuarto que pertenecía a la mujer. El elfo lo ayudó a llevarlo hasta allá.

- ¿El elfo?

- Kreacher… Ya sabes, el elfo que enviaron a espiarnos.- Hermione sintió sus mejillas sonrojarse, pero se cuidó de decir nada.- Al parecer tiene especial cariño por Narcissa, así que ahora besa el piso por donde Draco camina. Le dice "el pequeño Malfoy"- Theodore sonrió de lado a lado, asintiendo con la cabeza, dando cuenta de las múltiples burlas que eso debió haber provocado hacia el rubio, por parte de él- También nos ayudó con la decoración. Su única condición fue que respetáramos el tono verde, que al parecer era el favorito de un tal Regulus. Comprenderás que, como ex Slytherins, no tuvimos problemas con eso.

- Y toda esta decoración… sin el permiso de Harry.

- No creo que le molesten las mejoras… No pensamos cobrarle por ellas tampoco. Además, soy yo el que pasará aquí escondido los próximos meses, lo mínimo que es que esté a gusto, ¿no? Y tengo ciertos estándares que me impiden vivir en una pocilga.

- Me imagino, Nott.- Hermione comprendió que no tenía sentido seguir el hilo de esa discusión.- ¿Puedo saber en qué estás trabajando ahora?

- En un prototipo de giratiempo.

- ¿Un giratiempo?- Nott asintió como si no tuviera importancia- ¿Un giratiempo?

- Ya dije que sí… No entiendo a qué viene repetir la pregunta.

- Tú comprendes que estamos intentando limpiar tu nombre y decir que lo del giratiempo en tu bóveda fue un invento de los aurores, ¿verdad?- Nott la miró con expresión curiosa- ¿Sabes lo que pensarán si se enteran que eres capaz de fabricar un giratiempo?

- ¿Que soy un genio?- sonrió arrogante.

- ¡No! No pensarán que eres un genio, Nott, pensarán que eres culpable, que siempre lo fuiste, y eso te convierte en un prófugo, que si llega a dar señales de vida en algún momento, tendrá que volver a cumplir condena en Azkaban. ¿De verdad te parece una buena idea ponerte a trabajar en un prototipo de giratiempo?

- Considerando que estoy oficialmente muerto, y que mis únicos visitantes trabajan en mi defensa, es poco probable que alguien se entere de esto.- sonrió- Además, lo creas o no, estoy trabajando en esto precisamente porque puede darnos ventaja en mi caso.

- ¿Cómo?

- Mi defensor dijo que mientras presentaban las pruebas, no lo dejaron tener acceso al giratiempo que encontraron en mi bóveda cuando él pidió revisarlo. Enviaron un certificado que para nosotros no decía gran cosa, y nadie quiso dar apoyo en revisarlo. De pronto desaparecieron todos los expertos en giratiempos de las listas del ministerio.

- Y tú quieres construir uno para…

- Para entender cómo funciona… Si cabe la posibilidad de que el supuesto giratiempo encontrado en mi bóveda, no era realmente un giratiempo, quiero estar preparado para desbaratar esa mentira cuando llegue el momento.

- Si llega el momento.

- La suerte solo favorece a los espíritus preparados, Granger…- Hermione pestañeó un par de veces. ¿Había citado a Pasteur?

- Esa es una frase de…

- Algún médico muggle… lo se. ¿Qué? ¿Por ser sangre pura no puedo leer libros muggles? ¡Qué prejuiciosa, Granger! No lo esperaba de ti.- Hermione sabía que buscaba molestarla, por lo que decidió apretar los labios y guardarse el comentario.- Espera a que veas la colección de libros que maneja Draco y terminarás de convencerte que tus convicciones respecto a los Sagrados Veintiocho pueden estar algo erradas.

Sagrados Veintiocho, las familias británicas que eran realmente sangre puras según Cantankerus Nott. Malfoy era el último descendiente de dos de ellas, del mismo modo que Nott lo era de la suya.

- Hablando de Malfoy…

- ¿Realmente quieres hablar de él?- el joven alzó ambas cejas, con un claro desprecio en su rostro. Una expresión muy distinta a su jocosidad habitual, y Hermione recordó que en verdad sabía muy poco de Theodore Nott, aunque presentía una volatilidad impredecible en él, que no quería provocar.

- Necesito hablar con él.

- Está fuera de Londres en estos momentos.- Nott retomó su interés en los aparatos sobre la mesa, mientras le hablaba en forma despectiva.- Zabini lo necesitaba para cerrar un trato en Marsella. Y no sé si tiene programado regresar pronto.

- Realmente necesito hablar con él, Nott. Es importante.

- Si es por el tema del dinero solo tienes que enviar el monto a Zabini. Él se encarga de eso. Después de todo, parece ser para lo único que somos buenos, ¿no?- si bien lo había dicho en un tono más bajo que los comentarios previos, y sin dejar de revisar las piezas entre sus dedos, Hermione supo que había una cierta intención escondida en sus palabras.

- ¿De qué estás hablando?

Nott dejó las piezas sobre la mesa, y giró a ella sus ojos, con una seriedad inusitada, antes de responder.

- ¿Se te ha ocurrido pensar que tal vez, solo tal vez, Draco pudiera querer apoyarte en esto con algo más que dinero?

- Es precisamente por eso que necesito hablar con él… puede que necesitemos algo más que dinero.

- Llevarlo a una casa repleta de gryffindors agresivos y dejarle claro que solo quieres sus galeones, no fue una buena forma de demostrarlo.- Hermione pestañeó confundida ante la acusación.

- ¿Te lo contó?

- ¿Tú qué crees que hacemos cuando viene acá? ¿Mirarnos las caras?- bufó.- Si Draco fuera una chica, claramente podríamos entretenernos en algo más, pero… ¡Diablos!- entrecerró los ojos, como si recién se percatara de algo importante.- Eso me pasa por no haber previsto que necesitaría una amiga mujer…Granger. ¿Aún no es tarde para que seamos amigos?

- No suelo acostarme con mis amigos.

- ¿No es eso lo que hiciste con Weasley?- Hermione abrió los ojos muy grandes, sin saber qué responder, ante la actitud burlona de Nott.- ¡No! De todos modos no resultaría. Por mucho que estuvieras con Weasley, por el modo en que te sonrojas cada vez que tocamos el tema, estoy seguro que mucha experiencia no tienes, y yo necesito a alguien con experiencia. Basta con un inexperto en la relación y estoy condenado a ocupar ese lugar.

- Nott. De verdad lamento que estés encerrado sin posibilidades de una compañía femenina que cumpla tus estándares, pero realmente necesito hablar con Malfoy.

El muchacho entrecerró los ojos en actitud pensativa.

- ¿Y qué gano yo con eso?

Ahora entiendo por qué estaba en Slytherin…

- Te conseguiré compañía, para que no te aburras tanto.- Nott reaccionó con un bufido incrédulo.

- No creo que sea llegar y traer a alguien, considerando que estoy muerto.

- De eso me encargo yo…- curiosamente, el muchacho pareció dudar ante la seguridad de ella.

- ¿Posibilidades de que tenga el cabello pelirrojo?

- Creo que puedo comprometer eso.- La sonrisa de lado a lado en el rostro de Nott dejó claro que estaba sopesando el ofrecimiento.

- Está bien... Si me explicas de qué se trata, intentaré hacer que Draco te ayude.

Y Hermione sonrió.

-Fin del Capítulo 5-