Capítulo 6: MARCUS FLINT
"Ningún hombre es lo suficientemente rico,
como para comprar su pasado de vuelta".
- Oscar Wilde.
Marcus Flint no había cambiado mucho desde sus tiempos como Capitán del Equipo de Slytherin. Seguía siendo alto, con más musculos y rasgos más toscos, pero los mismos dientes grandes, y el pelo negro y grueso desordenado, que le hacían lucir hosco y desprolijo. Hermione debió reprimir una sonrisa al recordar que Harry pensaba que el chico podría tener sangre de troll.
De lo que había alcanzado a ver en el expediente que Hestia le entregara la noche previa, Flint debió cumplir los dos años en Azkaban, no por alguna atrocidad en las acciones cometidas- aparte de tener la marca en su antebrazo, su participación como mortífago había sido escasa- sino porque nadie intercedió por su liberación anticipada.
Sentado frente a ella, en la sala de interrogatorios, con Harry a unos cuantos metros, no pudo evitar preguntarse en los motivos que tendría alguien como Marcus Flint para unirse a Voldemort, truncando lo que parecía ser un futuro prometedor.
- ¿Qué es exactamente lo que quieren saber?- preguntó a los pocos segundos de tomar asiento.
- Esclarecer las circunstancias de la muerte de Theodore Nott,- lo tranquilizó Hermione- pues nos parece poco probable que la causa fuera viruela de dragón.
- Yo no estuve al mismo tiempo que Nott. Pero imagino que razones para pasarla mal ahí no debieron faltarle, considerando lo extraño que era.- La esquina de su labio se elevó, y desvió la vista dejando caer sus párpados, en una muestra clara de desprecio.- En Hogwarts lo dejaban en paz solo porque Malfoy estaba convencido de que raro o no, era un sangre pura, y, bueno… esos idiotas daban mucha importancia a esas cosas.
- ¿Tú no eras uno de ellos?
- Ser sangre pura a mí solo me ha traído problemas, porque con mi apellido formando parte de los sagrados veintiocho, la presión que te colocaban para que te unueras al puto club, era mayor.
- ¿Qué club?
- El de mortífagos, Granger. La razón por la que pasé dos años en Azkaban.- Flint pestañeó y torció el labio, observándola como si fuera boba- Yo sabía que sería una mala idea. Desde el momento en que el jodido tatuaje se estampó en mi brazo, yo supe que nada bueno saldría de eso.
- ¿Sufriste maltratos en Azkaban, como para sospechar que Nott también pudiera sufrirlos?
- No sé si existen muchos paralelos entre Nott y yo. Entiendo que el rarito fue lo suficientemente inteligente para no tomar la marca. Ni siquiera volvió a Hogwarts el último año, y si cayó en Azkaban fue por otros motivos.
- Y en el caso tuyo, siendo un mortífago, ¿cómo te trataron?
- Con mucha delicadeza, Granger…-alzó una ceja con sarcasmo- ¿Cómo diablos crees que trataban a los que teníamos la marca? Cualquier castigo siempre era peor para nosotros. Cuidaban de no dejar evidencia, pero el daño lo hacían igual… Y eso era independiente de si pagabas o no.- pestañeó un par de veces, como si pensara que había hablado demasiado- Ya sabes de las extorsiones, ¿no?- Hermione asintió, ganándose una sonrisa por parte de Flint-. Como decía… pagaras o no, te molestaban igual. Pero cuando tenían que obligarte a pagar recurrían a otros métodos.
- ¿Cómo cuáles?
Flint alzó su mano derecha hasta que quedó ante el rostro de Hermione, con los dedos extendidos, evidenciando la ausencia del meñique.
- Cuando caí en Azkaban, mi padre anuló mi acceso a Gringotts, por lo que yo no podía pagar el dinero que exigían sin la autorización expresa de ellos.- Flint bajó su mano hasta que quedó sobre la mesa y la observó con tristeza.- Mi padre se tardó demasiado en ceder, y le enviaron mi dedo como incentivo.
Hermione dirigió su mirada hacia Harry, que, en su posición junto a la puerta, parecía tan atónito como ella ante el relato de Flint.
- En tu expediente indicaban que fue un accidente con…
- Con una puerta. Lo sé.- Flint retiró su mano de la mesa y se dejó caer sobre el respaldo de su silla.- Siempre colocaban alguna historia creíble para la enfermería, pero siendo testigo directo de cómo lo arrancaron, puedo asegurarte que no fue una puerta.
- Es… Horrible.- Hermione no sabía qué más decir. Entre más conocía de lo que ocurría en Azkaban, más se asombraba de que pudieran mantenerlo oculto.
- Lo es…- murmuró Flint con cierta resignación en su rostro.- Pero pudo ser peor. Nunca agradecí tanto como entonces el ser feo, pues a los guapos los amenazaban con cosas bastante más terribles que cortarles un dedo.- sus labios se curvaron, pero la sonrisa no alcanzó el resto de su rostro- Ser apuesto y tener un padre poco dispuesto a pagar, habría sido una pésima combinación. Ralph Lacework podría darte más detalles de cómo eran esas amenazas, pues vivía aterrado con la idea. O Malfoy.
- ¿Malfoy?
- Sí. Malfoy. Puede que no sea santo de mi devoción y entiendo que tampoco el tuyo, pero hay que admitir que tiene lo suyo en apariencia. Por suerte para él, también tenía el dinero para pagar, o la habría pasado realmente mal.
- ¿Qué habría ocurrido si no pagaba?
- ¿De verdad necesitas que lo diga?- Flint volvió a mirarla como si fuera boba, y Hermione sintió a Harry removerse incómodo en su asiento.- ¡Vamos Granger! Un chico guapo, apenas adulto, con exceso de dinero en Gringotts para pagar los chantajes… ¿Con qué crees tú que lo amenazaban, bruja más brillante de nuestra era?
Hermione se mordió los labios para evitar responder.
-HP-
El segundo interrogatorio de esa tarde no había aportado nada nuevo a lo que ya sabían, pero había dejado a Hermione con necesidad de cafeína, lo que la tenía nuevamente en la fila de la cafetería, que avanzaba con mayor lentitud que nunca. Para empeorar su humor, Cormac McLaggen apareció a su lado, con una socarrona sonrisa en su rostro.
- ¿Qué quieres, Cormac?- preguntó, sin ocultar su molestia.
- No sé bien cómo lo hiciste, Granger, pero te juro que tienes mi admiración.- Hermione se giró a mirarlo sin comprender.- Shacklebolt te estaba buscando hace unas horas, para informarte. Supongo que es una forma de guardar las apariencias, ¿no?. Pero a mí no me engañan. Yo tengo claro que esto no surgió del dadivoso corazón de los franceses. Algo hiciste para lograrlo, y lo creas o no, me alegra que lo hicieras.
- ¿De qué estás hablando?
- No tienes que fingir conmigo… Solo quiero que sepas que, aunque no estoy de acuerdo con esta cruzada tuya, admiro la pasión que colocas en las cosas que te importan.
- Cormac, realmente no tengo idea de qué…- pero entonces sus ojos se posaron en la primera plana del periódico en la mampara, cuyo titular destacaba la noticia del apoyo del Ministerio Francés a la renovación del sistema de justicia británico.
- ¡Vamos! Que los franceses darán el dinero para tu pequeño proyecto. No te hagas la que no sabes. No soy un idiota.
Malfoy está en Marsella, había dicho Nott, y Hermione comprendió que aquello no podía ser casualidad.
-HP-
Hermione colocó el periódico sobre el escritorio de Harry, justo frente a sus ojos, y vio cómo el muchacho posicionaba sus anteojos para terminar de leer y luego alzaba la mirada hacia ella sonriendo.
- ¿Podemos avanzar con las contrataciones, entonces?- murmuró Harry, en un volumen de voz que parecía casi un susurro, y aún así, varias cabezas desde los otros puestos de la espaciosa oficina, se alzaron hacia ellos.
Harry nunca había sido particularmente querido por los integrantes del Departamento de Aurores. Muchos resentían su fama, y otros temían algún tipo de ambición oculta por parte del niño que vivió, que amenazaba con robarles el puesto. Pero desde que comprometiera su apoyo en la investigación de la muerte de Theodore Nott, el ambiente en su oficina se había tornado en algo prácticamente insoportable. Por lo mismo, Hermione hizo un gesto a su amigo, para que la acompañara fuera, antes de responder.
Ni aún así las miradas de los otros dejaron de seguirlos hasta desaparecer por la puerta.
- Hestia llamó a Dean Thomas, para iniciar las contrataciones.- comenzó Hermione.- Dean acaba de terminar la Escuela de Derecho Mágico, y nos ofreció su apoyo con los contactos e incluso participación. Sería buena idea tenerlo de nuestro lado, considerando su historia.
- Dos hijos de muggles defendiendo mortífagos. Da para un artículo de Sketter.- sonrió Harry, aunque a Hermione no le hizo mucha gracia, por lo que cambió el tema-¿Y el dinero que se comprometió, será suficiente?
- Esa es la mejor parte.- sonrió Hermione.- Kingsley me indica que contamos con dos veces el presupuesto inicial.
- ¿Malfoy?- preguntó Harry, pero su pregunta sonaba más como una confirmación.- ¡Diablos! Aún siento que le debemos una disculpa.
- Lo sé, Harry.- Hermione mordió su labio, sintiéndose presa de la culpa- Lo sé.
-HP-
Hermione depositó la jaula en el piso, tras aparecer en Grimmauld Place. Le costaba acostumbrarse a la ausencia del cuadro de Walpurga y sus gritos, pero debía admitir que agradecía el cambio, mientras caminaba al interior de la cocina.
Lo primero que vio al ingresar, fue el rubio cabello de Malfoy, aunque él no pareció percatarse de su llegada. Estaba con la mirada fija en una serie de frascos cristalinos, mientras utilizaba su varita para mover uno sobre otro, mezclando sus contenidos.
- ¿Qué estás pre…?- tan bruscamente se movió la varita de Malfoy, al sobresaltarse con su voz, que el frasco que se encontraba suspendido en el aire fue a dar contra la mesa, y su contenido se dispersó, con una buena parte impregnando la negra camisa del rubio, quien la retiró de su cuerpo como si de lava se tratara, tan rápidamente, que un par de botones fueron a dar al piso. Y cuando la oscura tela, ya lejos de su cuerpo comenzó a quemarse, Hermione comprendió el motivo de su acción.
- Esencia de hígado de Dragón…- masculló Malfoy, entre dientes, mientras hacía desaparecer con su varita lo que quedaba de su camisa en el suelo.- Altamente inflamable en contacto con la tela.- sus ojos se giraron a ella.- Me debes un buen par de galeones, Granger.
Hermione no supo si se refería a la camisa, a la esencia de hígado de dragón, o al dinero que había debido ceder a los franceses, y aunque separó los labios para decir algo ingenioso, todo pensamiento desapareció de su cabeza al percatarse de que el rubio estaba con el torso desnudo ante ella, y que solo los separaba un mesón.
Ella no era ajena al cuerpo masculino. Había pasado meses junto a dos jóvenes, y el poco espacio y el apremio la tuvo expuesta a bastante más piel de la que exponía Malfoy, pero de algún modo esto se sentía distinto. Lo primero que llamó su atención fueron las pálidas líneas que surcaban su pecho y abdomen, apenas visibles en el fondo blanco que era su piel, y Hermione supo que eran un vestigio del sectumsempra de Harry. Lo segundo llamativo, era el tatuaje en su cuello, una serie de símbolos que ella recordaba haber visto por primera vez en Sirius Black, tanto tiempo atrás. Era el número de Azkaban, y comprendió por qué siempre usaba camisas y chalecos de cuello alto en presencia de los demás.
Habría querido mirarlo a los ojos y preguntar tantas cosas, pero su vista se desvió, sin ella quererlo hasta su antebrazo, donde la horrible imagen de la calabera y la serpiente, manchaban su piel. Aunque lucía distinta, con dos largas quemaduras sobrepuestas a la calavera formando una T sobre ella.
- ¿No te han dicho que es de mala educación mirar así?
Hermione ni aún se molestó en responder, pues una duda se posó en sus labios.
- ¿Lo hiciste tu?
Malfoy la miró con expresión confusa antes de llevar sus ojos al tatuaje y comprender que Hermione se refería a las quemaduras añadidas.
- No…- respondió, volviendo a mirarla- Puedo estar algo jodido pero aun no concibo la idea de infringir daño en mi mismo.- Sonrió de lado, inclinando su cuerpo sobre la mesa, para extender su antebrazo frente a ella, e instintivamente, Hermione se inclinó también, apoyando su cuerpo en sus propios antebrazos. Sus rostros quedaron tan cerca, que Hermione no podía ver u oír nada más que al chico frente a ella, que con un dedo índice, recorría las líneas quemadas que cruzaban la calavera, hasta completar la letra.- Es la marca de los traidores…- susurró- Cortesía de mis antiguos compañeros de bando.
Al alzar los ojos, Hermione se percató de su intensa mirada clavada en ella, y del modo en que sus dientes mordían el lado derecho de su labio inferior, lo que la hizo bajar la vista de regreso a la cicatriz, para evitar que los colores subieran a su rostro ante la visión de ese gesto.
- ¿Azkaban?- Volvió a mirarlo, y el rubio asintió.- Los guardias debieron detenerlo o reportarlo al menos… Ni siquiera estaba en tu expediente.
Media sonrisa triste apareció en los labios del rubio, mientras sus ojos la observaban intensos.
Un chico guapo, apenas adulto, con exceso de dinero en Gringotts…, había dicho Flint.
- ¿Qué otra cosa no está en los archivos?- Malfoy sostuvo su mirada por largos segundos, sin responder, reincorporándose lentamente, hasta quedar de pie, con las manos apoyadas en los bordes de la mesa y los ojos entrecerrados, analizandola.- Hoy entrevistamos a Marcus Flint.- siguió Hermione, a fin de explicar la pregunta.- ¿Sabías que perdió un dedo en Azkaban?
- No éramos precisamente amigos ahí dentro, Granger, pero todos supimos lo del dedo de Flint. Lloraba como niña porque no podría volver a jugar Quidditch.- la expresión de Hermione debió transparentar su cuestionamiento, pues Malfoy intentó explicar.- Necesitas todos los dedos de la mano para agarrar la escoba, o pierdes estabilidad.
- ¿Y sabías cómo perdió ese dedo?
- A mano de los guardias, que vieron en ello el modo de obligar a su padre a pagar…- a Hermione le sorprendió la tranquilidad con que lo decía, como si fuera algo tan obvio perder el dedo por no ceder a una extorsión.- Si no te enterabas por él, ellos te lo hacían saber de todos modos, como una especie de propaganda que nos incentivara a soltar el dinero.
- Es monstruoso.- Malfoy dejó escapar una risa burlona, como si su asombro le resultara ridículo, y Hermione sintió sus mejillas sonrojarse.- Debemos detenerlos.
- Entendía que eso es lo que tú y tus amigos están haciendo,- recalcó la última frase con clara molestia- O me habría ahorrado un buen par de llamadas y viajes a París, para conseguirte un puto finansista.
Hermione mordió sus labios mientras pensaba en sus siguientes palabras. Sabía que debía disculparse por lo que había ocurrido en su apartamento, pero su curiosidad fue más fuerte.
- ¿Cómo lograste el apoyo de…?
- Francia es la tierra de origen de mi familia.- la interrumpió- Nunca hemos dejado de tener tierras y contactos ahí.
- Me imagino que debió ser más que una pequeña fortuna lo que debiste ceder para que quisieran apoyar esto.
La sonrisa torcida que se puso en los labios de Malfoy, logró descolocar a Hermione. Algo había de triste en ella.
- Los favores se devuelven con favores, Granger. No con dinero.- sus ojos seguían intensos sobre ella.
- ¿Y cuál es el favor en este caso?
- Por suerte para ti, nada que te afecte.- y sus dientes atraparon su labio inferior, para ir liberándolo lentamente, en aquel modo delicioso que revolvía algo al interior de Hermione.- Pero no creas que fue fácil convencerlos.- una expresión socarrona se posó en su rostro, al tiempo que cruzaba los brazos sobre su pecho y apoyaba la cadera en la mesa tras él.- Es una suerte, que puedo ser muy persuasivo, cuando quiero.
- No lo dudo…- Por el modo en que el rubio alzó una ceja, parecía no haber esperado esa respuesta.- Eres géminis. Los géminis suelen ser buenos convenciendo a otros. Hacen excelentes políticos. El problema con ellos es que nunca sabes con cual de sus dos caras te vas a topar.
- ¿Y cuáles son las cualidades de las virgos? Aparte de lo virginal, claro.- sus ojos grises parecían recorrerla de pies a cabeza, mientras sus labios se torcían sugestivamente, esperando su reacción. Pero Hermione no pensaba darle el placer de verla sonrojarse.
- Es uno de los pocos signos que soporta a los géminis.- sabía que Malfoy querría decir algo más, por lo que desvió el tema todo lo rápido que pudo, sacando el Galeón mágico de su bolsillo y dejándolo sobre la mesa, desde dónde el rubio lo tomó. Por unos segundos, no hizo más que girar el galeón entre sus dedos, con una expresión de reconocimiento en su rostro. Probablemente lo recordaba de quinto año- Necesitamos una forma de comunicarnos…- Sus ojos grises se giraron a ella.- Cuando quieras que venga aquí, puedes…
- Sé bien cómo funciona…- expuso seco, mientras se guardaba el galeón en el bolsillo.
- Bien. - ella no pudo evitar llevar un mechón de cabello detrás de su oreja, y humedecer su labio inferior con la lengua, para tomar valor antes de hablar.- Quería además pedir disculpas por lo que ocurrió con Ron y los otros.
- No hay necesidad de eso.- la rabia reflejada en su rostro contradecía sus palabras.
- Si. Si la hay. Yo solo quería hacerte ver que estamos tomandonos esto muy en serio.- los ojos de Malfoy se estrecharon, pero la rabia seguía ahí.- No quería que pensaras que te estoy utilizando para financiar un proyecto personal.
- No tengo dudas de que tus motivos son desinteresados.- su rostro pareció relajarse.- Eres Hermione Granger. Defensora de los elfos y de las criaturas desamparadas del mundo… incluidos el cara rajada y la comadreja.
- No es necesario el insulto.
- Curioso, porque nadie lo detuvo a él mientras me insultaba…
- Y te pido perdón por ello.- una risa burlona escapó de los labios del rubio.- Todos podemos comportarnos como idiotas a veces, Malfoy.
- Si. Todos podemos ser idiotas a veces. Pero Weasley parece haber hecho de ello una profesión.- sus ojos quedaron fijos en ella, como si esperara que defendiera a Ron. Hermione se mordió los labios para soltar el tema.- De haber sabido que el motivo de la invitación era ver a tus amigos trabajando duro, no habría ido.
- ¿Y por qué fuiste entonces?
- Porque ridículamente pensé que podía aportar con algo más que galeones…- Hermione debió retener la respiración, no tanto ante el reclamo en sus palabras, como ante la sinceridad plasmada en su rostro.- No es un proyecto tuyo, Granger. Puede ser tu plan, pero es la libertad de Theodore la que está en juego, así que, aunque no lo creas, me gustaría ser de ayuda.
Hermione mojó sus labios con la lengua, notando con cierta sorpresa como los ojos de Malfoy viajaban a su boca, y pestañeó un par de veces antes de hacer su sugerencia.
- Podrías testificar…
- Excepto con eso.- sus ojos, grises e inexpresivos, dejaban adivinar los muros de la oclumancia que había tras ellos.
Hermione habría querido preguntar qué lo retenía ahora. Estando Nott a salvo, ella no veía un motivo para hacerlo, pero sus pensamientos se distrajeron cuando sus ojos se quedaron mirando a Malfoy más tiempo de lo necesario, percatándose de que seguía sin camisa, con los brazos apoyados sobre la mesa detrás de su espalda, la cabeza ligeramente inclinada hacia el lado, y su torso expuesto hacia ella. La idea de recorrer con sus dedos las pálidas cicatrices de su pecho, cruzó por su cabeza sin ella quererlo, y apretó sus manos en un puño, a fin de contener sus pensamientos.
- ¿Te gusta lo que ves, Granger?
- Tu apariencia nunca fue el problema, Malfoy.- Las palabras dejaron sus labios incluso antes de pensarlas, y en un modo tan sincero y espontáneo, que la sorprendieron. ¿Realmente le había parecido guapo desde antes?
Por el modo en que él amplió su sonrisa, y cruzó sus brazos sobre su pecho con suficiencia, la declaración le divertía, sin sorprenderlo.
Maldito engreído.
Hermione buscó desesperadamente con qué cambiar el tema de la conversación, pero era difícil pensar en nada, cuando la sangre bombeaba tan fuerte en sus oídos, por lo que agradeció la llegada de Theodore Nott a la cocina.
- ¿Interrumpo algo?- fue la pregunta del chico, con sus oscuros ojos viajando entre Malfoy y ella, como si presintiera la naturaleza del incómodo momento.
Hermione colocó un mechón de cabello detrás de su oreja, antes de dirigirse a él.
- Te he traído compañía.- dijo, caminando hasta la jaula que había dejado junto a la puerta, para ubicarla sobre la mesa. Theodore la observaba con una ceja alzada.
- Algo me dice que no es la novia pelirroja que pedí… ¿Qué diablos es eso?
- Un gato…- masculló Hermione, tomando a Crookshanks por los brazos, y exponiendolo a Nott.
- Eso no es un gato…- la risa poco disimulada de Malfoy, le llegó a los oídos, pero Hermione evitó girarse a mirarlo.
- ¿Claro que sí! Y no uno cualquiera… Crookshanks es mitad kneazle. ¿Verdad que sí, Crooks?- y abrazó a su gato, que la observaba con sus ojos impávidos.
- Granger, mi solicitud fue una novia pelirroja, pensando en que te podría resultar fácil traer a la chica Weasley, no un puto gato monstruoso.
- No. La solicitud a la que yo accedí, fue conseguirte compañía, y que tuviera el cabello pelirrojo.
Nott parecía dispuesto a decir algo más, pero tras analizar su respuesta, su expresión pasó de la molestia a la sorpresa.
- Ingeniosa…- admitió, al parecer sorprendido, y Hermione no supo si debía tomar eso como un cumplido.- Lamentablemente, soy alérgico a los gatos.
- No lo eres.- aclaró Malfoy, mortalmente entretenido con la situación, mientras Hermione extendía a Crookshanks hacia Nott, y este se alejaba de ella.
- Te aseguro, Draco, que tú no conoces todo mi historial médico.
- No necesito conocerlo. El gato de Millicent tenía toda la sala común de Slytherin cubierta con sus pelos, y jamás tuviste un problema con eso. Así que alérgico a los gatos no eres.
- ¡Pero este es mitad kneazle! Lo que sea que eso signifique…- alegó Nott, colocando sus manos frente a él, con las palmas en dirección a la mascota que Hermione enarbolaba, en un gesto de rechazo.
- Y como nunca te has expuesto a algo así, no puedes ser alérgico.- Agregó Hermione.- ¡Vamos, Nott!, Crooks necesita compañía tanto como tú. En casa apenas me ve, pues paso todo el día en el Ministerio. Y parece que le gustas…
Theodore Nott expuso las mil razones por las cuales no quería tener ahí a Crookshanks, mientras el gato mitad kneazle se lamía el pelaje sobre la mesa, indiferente a la discusión de la que era objeto. Pero Hermione ya no oía realmente al muchacho. La expresión jovial en el rostro de Malfoy ante el espectáculo de su amigo, había capturado nuevamente su mirada y sus pensamientos, al punto que ella se sorprendió a sí misma admitiendo que Draco Malfoy no solo era guapo, sino que tenía una linda sonrisa.
Su rostro y su sonrisa no son lo único lindo que tiene…, le recordó una vocecita interior que Hermione comenzaba a odiar.
- Fin del Capítulo 6-
