Capítulo 9: LA MARCA
"Para conocer a una persona, hay que verla
y observarla atentamente durante mucho tiempo,
so pena de dejarte llevar por los prejuicios y cometer
errores que después no se reparan fácilmente".
-CRIMEN Y CASTIGO, Fiódor Dostoyevski
Harry escupió prácticamente la totalidad de la cerveza sobre el mesón frente a él, cuando Hermione terminó de explicarle su panorama para el fin de semana, haciendo que algunas personas dispuestas cerca de ellos, en el largo mesón del local, le lanzaran una reprobatoria mirada.
- ¿Quieres que rellene tu vaso?- preguntó el bartender, apuntando a su copón de cerveza, mientras Harry acercaba las servilletas para limpiar el líquido que había salpicado a todos lados.
- No será necesario.
Hermione sonreía a su lado, agradeciendo mentalmente que Ron no pudiera reunirse con ellos esa tarde de copas, pues su reacción podría haber sido peor que la de Harry.
- ¿Irá a tu casa?- retomó la conversación Harry.- ¿Con tus padres?
- Bueno… puede que yo omitiera el hecho de que son mis padres. Todo lo que sabe es que conocerá un par de muggles.
- ¿Y cuál es el sentido de llevarlo con tus padres?- Harry se ajustó las gafas sobre su nariz, dejando ver su confusión.
- Ellos quieren conocerlo. Al parecer he estado mencionando a Malfoy un par de veces en nuestras conversaciones, y sienten curiosidad. Solo quiero que lo tengan en frente y que entiendan, que no es más que otro amigo.
- ¿Amigo? ¿Segura que Malfoy sólo quiere ser tu amigo?- Hermione sintió las mejillas colorearse ante la pregunta, pero no tanto por las palabras, como por la expresión en el rostro de Harry.
- No seas ridículo, Harry. ¡Es Malfoy!
- Con todo respeto, Hermione,- Harry apretó los anteojos sobre su nariz, y clavó en ella sus ojos verdes.- no es a mí al que le tienen que recordar eso. Eres tú quien está invitando a cenar con tus padres, a tu bully del colegio.
- ¿No te parece una buena oportunidad para ayudarlo en su proceso de dejar los prejuicios de lado?
- Ayer me quedó claro que no le quedan muchos prejuicios de ese tipo.- torció el labio, y dio un nuevo sorbo a lo que quedaba de su cerveza.- Nadie que mire a una hija de muggles de esa forma, tiene muchas aprensiones al respecto.
- ¿De qué hablas?
- Estoy seguro que no había nada que Malfoy quisiera más ayer, que hacerme desaparecer de esa oficina, para coquetear tranquilo.
- ¿Coquetear?- Hermione abrió los ojos muy grandes. De Hestia podía entender los comentarios ridículos respecto a atracciones inexistentes, pero de Harry no.- ¿Oyes lo que dices?
- Cada vez que yo hacía una pregunta, era como si quisiera estrangularme. Pero bastaba que tú hablaras para que fuera todo sonrisitas.- hizo una exagerada sonrisa con sus dientes, para ejemplificar, en dirección a Hermione.
- Eso tiene más que ver con el modo agresivo en que lo interrogabas, que…
- Y las correcciones estúpidas que pedía, solo para quedarse más tiempo mirándote. Hestia y yo estábamos realmente incómodos.
- No creo que algo así hubiera incomodado a Hestia, Harry.
- Apenas y leía nada del papel, de tanto que te miraba. ¿De verdad no te diste cuenta?
- Creo que estás malinterpretando todo.
- Lo dudo.
- Malfoy y yo hemos estado hablando en las últimas semanas durante mis visitas a Grimmauld Place - Una ceja cuestionadora se alzó en el rostro de su amigo- Y puede que por eso se sintiera más cómodo conmigo que contigo.
- ¿Por qué estás visitando Grimmauld Place?
- Por la investigación.
El té que aceptaste no tuvo mucho que ver con eso, le reclamó algo en su cabeza, ni la conversación después de ese té.
El recuerdo de las horas compartidas con Malfoy, incluso luego de que Nott se retirara, discutiendo temas que jamás pensó conversar con el rubio, la hizo sonrojar, y bebió de su cerveza para ocultarlo. Había disfrutado tanto de aquello, que aceptó un segundo, y hasta un tercer té, hablando, rebatiendo e incluso dándole la razón sobre la inutilidad de los vehículos en el mundo mágico, o viéndolo maravillarse ante la existencia de la internet muggle. Malfoy había reconocido incluso la genialidad en algunos de sus inventos.
Solo cuando el reloj de abuelo dió las doce, Hermione cayó en cuenta del tiempo transcurrido en su compañía.
- Hermione.- Le llamó Harry a su lado, trayendo sus pensamientos de regreso al presente.
- ¿Si?- volvió a beber de su cerveza, ante la suspicaz mirada de su amigo.
- Te decía que tenemos algunas pistas sobre Badger, nuestro guardia perdido. Por lo que puede que pronto demos con él.
- Eso es una buena noticia. Tal vez entre él y lo que nos pueda decir Amos Dogwood, ahora que Malfoy va a declarar, podamos tener más claridad de todo esto.
- Lo que a mí me gustaría es que Malfoy nos pudiera dar más claridad.
Hermione apoyó la cabeza sobre su mano, con el codo en la mesa.
- Oculta algo, ¿verdad?- preguntó a Harry, sin necesitar realmente una confirmación.- Mientras declaraba, me recordaba un poco a…
- Snape.- Completó el moreno, y Hermione asintió.- Cuando no te estaba sonriendo a tí, a mí también me lo recordaba.- agregó- Aunque no debería extrañarme siquiera. Malfoy es un oclumante desde que iniciamos sexto año. ¡Entrenado por Bellatrix Lestrange, ni más ni menos!
- Lo sé. Estaba en su expediente.
- Considerando que su madre fue capaz de mentirle a Voldemort en su cara, prácticamente lo lleva en su sangre.
- ¿Qué crees que está ocultando?
- No lo sé, Hermione.- De pronto, los labios de Harry se curvaron en una sonrisa.- Pero ahora que tú y él son "amigos", existen más posibilidades de que te lo confiese.
Ella entornó los ojos y pidió una nueva ronda de cerveza, a fin de cambiar el tema de conversación.
-HP-
Hermione pudo ver el pánico reflejarse en el rostro de Malfoy, cuando le explicó que los amigos muggles con quienes pasarían la tarde, eran ni más ni menos que sus padres.
Quedaron en reunirse en el punto de aparición, a unas cuantas cuadras de su casa y comenzaron a caminar desde ahí, entre las frías calles de finales de febrero. La conversación había sido amena, hasta que ella aclaró quienes los estaban esperando.
- ¿Tus padres?- Malfoy había repetido la pregunta ya dos veces, detenido en medio de la vereda. Su cabello rubio se fusionaba con los colores del invierno, contrastando con el negro del cuello de su abrigo. La expresión de su rostro pasó del pánico a la incredulidad, y luego a la aprensión.
- Te aseguro que no muerden.- expuso ella, haciendo un gesto con la cabeza para que la siguiera el resto del camino. Luego de unos instantes de lo que parecía un terrible debate interior, Malfoy apretó su labio inferior con los dientes, inspiró profundo, y retomó sus pasos. Su labio lucía más rojo que antes.- Lamento no haber aclarado que eran ellos. No pensé que fuera importante.
- ¿Es en serio?- En su rostro estaba clara una duda que iba más allá de lo que Hermione podía atribuir al simple hecho de conocer a sus padres. Claramente no era porque fueran muggles. Y considerando que Harry, y la mayoría de los hermanos Weasley, ya habían sido invitados a su hogar previamente, sin pánico ni aprensiones de por medio, solo le quedaba pensar que el rubio temiera alguna recriminación por parte de los Granger, dado su comportamiento con ella en el pasado, y consideró que debía aclararlo.
- Ellos no saben que tú y yo no nos llevábamos en Hogwarts.
- ¿Que no nos llevábamos? Y yo aquí pensando que eramos mejores amigos.- resopló. Miraba hacia delante y negaba con la cabeza, pero sin dejar de caminar.- ¿No les contaste tampoco de lo amorosa que fue mi tía contigo?- La ironía estaba expresa en sus gestos y en su voz, pero Hermione decidió ignorarlo.
- Antes de iniciar séptimo año,- comenzó, pues le parecía correcto advertirlo.- borré sus memorias y les di nuevas identidades, a fin de protegerlos.- Sintió la mirada de él sobre ella, aunque ninguno de los dos se detuvo.- No fue hasta que todo acabó que logramos traer sus recuerdos de vuelta, pero aún no me perdonan del todo.- le dió un espacio de tiempo a la espera de sus preguntas, pero Malfoy seguía observándola en silencio.- Luego de eso insisten en mantener algún tipo de contacto con otros magos. Supongo que pretenden evitar así que vuelva a excluirlos de mi vida si se presenta otro mago oscuro.- sonrió, girando a mirarlo, para advertir una expresión curiosa en el rostro de Malfoy.- Harry, Ron, y Ginny han venido más de una vez. Incluso los padres de Ron- el rubio resopló ante el nombre, y volvió a mirar hacia delante.- Supongo que como les he dicho que estamos trabajando juntos, decidieron que era buena idea establecer lazos contigo.
- ¿Qué saben de mí?
- Que me estás ayudando con un nuevo proyecto en el Ministerio, y que nos conocíamos de Hogwarts.- un semáforo en rojo los hizo detenerse frente a una calle, por lo que en un acto reflejo ella extendió su brazo contra el pecho de él para detenerlo. Sabía, de las veces que había caminado junto a Ron, que la gente mágica no entendía del todo las señalizaciones muggles, ni sus consecuencias cuando no se obedecían.
Pero los ojos de él se quedaron detenidos en la enguantada mano sobre su pecho por un largo instante, antes de que un auto pasara a toda velocidad cerca de ellos, y entendiera el por qué de la parada.
La expresión que se dibujó en su rostro era la de un niño que descubría de dónde venían los bebés. Y Hermione se percató, con cierta molestia, que las chicas que se habían detenido junto a ellos a la espera de la luz verde, lo habían encontrado igual de encantador, si el modo en que lo miraban de reojo y sonreían era indicador de algo.
Sintió el deseo de tomar su mano, y avanzar con él apenas diera la luz verde, pero se contuvo, y solo unos metros más allá, luego de cruzar la calle, las dos jovenes risueñas los adelantaron y se perdieron en una esquina, no sin antes girarse a mirarlo descaradamente y sonreírse entre ellas.
- Es aquí.- dijo cuando finalmente llegaron ante la reja del antejardín. Malfoy se detuvo con ella y dirigió una mirada contemplativa al lugar.
Seguro que también lo encuentra pequeño, pensó, aunque Hermione estaba segura que el hogar de sus padres, bien podía considerarse grande para estándares muggles.
- Antes de entrar, hay dos advertencias que debo hacerte.- Malfoy dirigió su mirada a ella. Sus ojos grises la observaban atentos, y por un momento, solo por un breve instante, parecieron descender a mirar su boca. Hermione pestañeó y mojó sus labios por reflejo.- La primera, es que tendremos que llamarnos por nuestros nombres, o tendrás a mis padres haciendo mil preguntas incómodas.
- No hay forma de que pueda pronunciar tu nombre.- Dijo, con una expresión graciosa.- Es un trabalenguas.
- Lo escogió mi madre. Se sentirá herida si le dices algo así, de modo que te recomiendo ir ensayando.
- ¿No tienes un apodo?
- Ron me llamaba "Mione".
- Prefiero el trabalenguas.- el modo en que su expresión se endureció ante la mención del pelirrojo le hizo gracia.
- Bien. Lo segundo, es que en esta casa no se habla de la guerra, ni de Voldemort,- el rubio apretó la vista ante el nombre- ni de pureza de sangre.- Hermione tomó aire.- Ni de Azkaban.
Por un lapso que se extendió por varios latidos de su corazón, el rubio la observó en silencio, inexpresivo, antes de asentir, en el mismo instante en que el click del portón anunciaba su apertura, y la voz de su madre le llegaba a través del citófono.
- Hermione, ya los vimos por las cámaras…- expuso la voz del aparato, atrayendo la atención de Malfoy.- Pasen pronto o se van a congelar parados ahí.
-HP-
De todos los escenarios que Hermione había imaginado, respecto a cómo podía salir esa cena, que Malfoy resultara ser un huésped encantador, nunca estuvo en su cabeza. El rubio no solo demostró lo que ya había advertido antes respecto a su facilidad para hablar, sino que logró además persuadir a su madre, sin que Hermione entendiera cómo, de que el nombre escogido por ella para su única hija, tenía tal dificultad fonética para él, que prefería no estropear la "delicada belleza del nombre", y seguir llamándola como siempre: "Granger".
Hermione, sin tiempo para inventar ninguna excusa frente a sus padres, no tuvo más que seguir llamándolo "Draco", lo que parecía causar un maligno deleite en el rubio.
Una hora completa había pasado con su padre, explorando maravillado las infinitas posibilidades que ofrecían los ordenadores para compartir y almacenar información, y terminaron comparando, quien sabía cómo, las ventajas y desventajas de una reparación mágica de dientes, versus el aprendizaje de hábitos que evitan las caries. El muy mentiroso hasta parecía sincero al admitir que estaba de acuerdo con limitar el consumo de caramelos entre magos y brujas pequeños, cuando Hermione bien sabía que él no se había limitado nunca en el consumo de grageas de todos los sabores.
Al terminar la cena, entre más sonrisas de las que ella habría esperado, su padre explicó a Draco que el lavado de platos estaba a cargo de los hombres.
- Una tarea impuesta por mi maravillosa Rose sobre mi persona, para demostrar al mundo que somos una familia moderna.
Malfoy alzó una mirada extrañada en dirección a Hermione, como si pensara que se trataba de una broma, y que en algún momento aparecerían los elfos domésticos destinados a recoger la mesa, pero ella le dedicó una amable sonrisa y se decidió a disfrutar el momento.
- Solo me tomó veinte años conseguir ese nivel de modernidad.- expuso su madre en dirección al rubio, quien, aun poco convencido, se alzaba de la mesa y colocaba un plato sobre otro, emulando a Henry Granger.
De haber tenido una cámara a la mano, Hermione habría grabado aquello para la posteridad. El día en que Draco Malfoy lavó los platos. La sonrisa que se dibujó en sus labios, debía ser perversa.
- Es muy guapo.- le susurró su madre, mientras ambas disponían de chocolates sin azúcar sobre la mesa, para acompañar el café, y observaban a los hombres acomodar los platos detrás de la isla de la cocina.
Hermione sonrió, mordiéndose los labios. Podía no existir nada entre ella y Malfoy, pero su madre no lo sabía, por lo que no era un pecado transparentar con ella que estaba de acuerdo en lo que acababa de ser dicho. Draco Malfoy era jodidamente guapo.
- Y a tu padre parece agradarle mucho.- agregó Rose, guiñandole un ojo a su hija. Y era cierto.
Durante la cena, su padre había sido más conversador con Malfoy, de lo que había sido jamás con Ron. Con el pelirrojo, su padre era cordial, pero al poco hablar, siempre terminaba buscando algún periódico, o encendiendo el televisor en busca de algún partido. "No tenemos temas en común", solía decir. Y Hermione se preguntaba ahora, cómo era posible que pareciera entretenido con Draco Malfoy, con quien difícilmente tenía más tema de conversación que con Ron. O tal vez si. Si era sincera, Hermione debía admitir que el rubio respondía con astucia, cuestionaba de vuelta y argumentaba con más interés e ingenio del que Ron nunca tuvo, y su padre apreciaba el ingenio.
Parecía no ser un problema de no tener temas comunes, sino la falta de tema lo que había mantenido a su padre tan apático en sus conversaciones previas con sus amigos.
Y ahora, desde su ubicación en la mesa, Hermione podía ver cómo, unos metros más allá, su padre le presentaba al invitado el lavaplatos y le explicaba cómo funcionaba la esponja, con particular emoción, al parecer divertido con la curiosidad pintada en el rostro del rubio.
Hasta que el rostro de Malfoy cambió. Henry Granger no pareció darse cuenta, pero Hermione pudo notarlo en el instante mismo en que ocurrió, aunque entre el sonido del agua corriendo, la conversación de su madre a su lado, y el ruido de platos, no lograba entender lo que su padre estaba diciendo, pero sí tomar clara cuenta del modo en que el rubio se tensaba, entrecerraba los ojos, y rigidizaba la mandíbula.
Su madre hizo algún nuevo comentario a su lado, pero Hermione no la oyó, pues caminaba hasta el espacio detrás de la isla de la cocina. No había alcanzado a llegar ahí, cuando Malfoy terminaba de dar disculpas a su padre y comenzaba a caminar en dirección a la salida.
- ¿Ocurre algo, Draco?- preguntó ella, sin entender. Sus ojos grises se clavaron en ella, inexpresivos. Estaba usando oclumancia.
- Debo irme.- fue todo lo que dijo en tono arrastrado y frío, como si volviera de pronto a meses atrás, a la voz que usaba con ella el primer día en que volvieron a verse.
El cuestionamiento reflejado en el rostro de Hermione debió tocar alguna fibra, pues los ojos de Malfoy se entrecerraron levemente y agachó la mirada, pero sin dejar de tomar su abrigo de la percha de la entrada, asentir levemente en dirección a su madre, y salir por la puerta.
- ¿Qué ocurrió?- preguntó la mujer, con una mezcla entre preocupación y extrañeza.
- No dije nada malo, ¡lo juro! Nada de la guerra. - Alegó su padre, con la incredulidad plasmada en su rostro.- Solo le sugerí que se arremangara la camisa si quería ayudarme con…
- ¡No!- exclamó Hermione, y clavó sus ojos en las mangas ya dobladas de su propio padre, que exponía sus antebrazos.
- Te juro, Rose, que ni siquiera comenté que se nota que no ha lavado un plato en su vida.- expuso a su esposa, como si hubiera sido algo de lo que estaba advertido por ella, y luego se giró a Hermione- Si mucho iba a decirle que…
Pero Hermione no terminó de escucharlo, mientras tomaba su propia chaqueta de la percha y salía por la puerta, en busca de Malfoy.
Sabía que el rubio no podía haber usado magia en una zona de muggles, por lo que debía estar cerca. Al poco andar, lo distinguió con la espalda apoyada en el muro de una casa y la mirada perdida en la calle a unos pasos de él.
- ¡Draco!- lo llamó al llegar a su lado, usando su nombre, como lo había hecho desde que pisaran la casa de sus padres.
- Creo que eso no dejó una buena impresión.- murmuró él, con la respiración agitada, y el pánico palpable en su voz.
- Sólo están algo confundidos por cómo reaccionaste.- explicó.- Papá no tenía cómo saber que no querías mostrar tu marca.- Los ojos de él se giraron a ella, y Hermione pudo confirmar que había estado en lo correcto.- Es solo un tatuaje, Draco.
- ¿Saben ellos lo que representa mi "tatuaje"?- pronunció la última palabra con sarcasmo. Hermione negó con la cabeza.- ¿No saben entonces que quienes llevábamos ese tatuaje, perseguimos a personas como tú, y matábamos muggles como ellos?
- No. No lo saben. Pero saben que yo también tengo una marca.- sus ojos grises giraron a ella- Que muchos llevamos marcas de esa guerra.
- ¿Saben que yo estuve ahí mientras te torturaban?- Hermione se mordió el labio nerviosa y volvió a negar con la cabeza- ¿Crees que tu padre habría sido tan amable, si le explico que fue mi dulce tía quien marcó el brazo de su hija, mientras yo veía?
- No lo saben, Draco.- Volver a llamarlo "Malfoy" en ese momento, parecía cruel.
- Y eso solo lo hace peor.- El rubio apoyó la parte posterior de su cabeza contra el muro, cubriendo su rostro con las manos.- No debí venir.
- Draco…
- Si ellos supieran a quien sentaban en su mesa…- no la miraba a ella, sino a algún punto entremedio de ambos, mientras negaba con la cabeza.- Si supieran que yo…
- ¡Draco!- Hermione se debió inclinar sobre la punta de los pies, y coger el pálido rostro entre sus manos con fuerza para obligarlo a mirarla, aunque la diferencia de altura seguía haciéndolo difícil.- ¡Es a mí a quien tendría que importarle eso, no a ellos! Y si yo soy capaz de dejar de lado todo el horrible pasado de nuestras marcas, y pese a ese pasado, querer…- tomó aire para seguir hablando.- Querer…
Estar contigo…
Que me mires como miras a Astoria…
Que confíes en mí…
Comparar nuestras marcas y reírnos de ellas…
Tomarte de la mano cuando otras chicas te miran…
Besarte…
De todas las frases que explotaban en su cabeza, ninguna parecía capaz de dejar su boca.
No había más iluminación que una farola a pocos metros de ellos, pero sus ojos grises habían atrapado esa luz, sólo para emitirla de regreso al contemplarla a ella, que tenía las manos aún asidas a su rostro. El frío de la noche contrastaba con la calidez de sus alientos entremezclados y un aroma a cedro, bergamota y a algo limpio, intoxicaba sus sentidos, cuando una mano de él se enredó por detrás de su nuca, y con la otra atrapó su mejilla.
Sus ojos eran una mezcla de sorpresa, expectación, y algo que Hermione no se atrevía a distinguir en ellos, mirándola fijamente, en tanto ella sentía su corazón latir a mil por hora, queriendo escapar de su pecho.
Tenía clara cuenta de que no había completado su frase, y que él no parecía interesado en que lo hiciera, aguardando silencioso por otro tipo de respuesta que poco tenía que ver con las palabras. Y cuando el pulgar de Draco acarició su labio inferior, enviando temblores a través de su cuerpo, que no eran producto del frío, Hermione pensó en la promesa que se había hecho a sí misma al terminar con Ron, de que el próximo primer beso que tuviera sería un beso ideal, con chocolates y flores, en una tetería en Diagon Alley, y también en la necesidad de hacerlo en privado, y ojalá junto a una chimenea, y no expuesta a un aire que bordeaba el punto de congelación.
Pero ninguno de esos motivos pareció importarle cuando el pulgar de él presionó sobre su labio inferior, y Hermione Granger hizo algo que en cualquier otro momento habría agolpado la sangre en sus mejillas, pero que ahí, frente a Draco Malfoy y con el corazón latiendo a mil por hora, le pareció de lo más normal: envolvió el pulgar de él con sus labios y succionó con fuerza.
Lo cierto es que no tenía idea de qué era lo que había intentado exponer con eso, ni qué quería conseguir, o si eso había resultado sexy o repulsivo, pero cuando Draco retiró el pulgar de su boca y sus ojos se tornaron más negros que grises, Hermione supo que él había entendido el mensaje.
¿Qué mensaje? No estaba segura.
El rubio pestañeó una vez, y luego otra, antes de que el agarre que tenía sobre su nuca se intensificara, obligandola a inclinar la cabeza hacia atrás. Y él acercó su propia cabeza hasta equiparar la altura de sus labios, y rozó los de ella con su aliento, y cerró sus ojos, justo antes de que su labio contactara el de ella en una caricia tentativa, casi imperceptible, que dejó a Hermione con deseos de más, e incapaz de moverse, mientras los labios de él escapaban de su alcance.
Pero entonces vio como los ojos de Draco volvían a abrirse, con el gris de sus íris devorado por un círculo negro, que nada tenía que ver con oclumancia, y una sonrisa alcanzaba parte de su rostro, anunciando lo que ocurriría luego. Ni aún así, Hermione estaba preparada para el modo con que los dedos de él apretaron su cabello, o la fuerza del impacto de sus labios contra los suyos, apoderandose de su boca, de su aliento, de su espacio, de su calor, de su cuerpo, de todo lo que formaba parte de ella, cuando el beso se produjo, con una intensidad que ella no creía posible.
Sentía haber caído de golpe en un mar de sensaciones, que amenazaban con ahogarla, pero en un modo delicioso.
Cuando su cerebro volvió a dar señales de vida, en lugar de darle mil razones para terminar con aquello, de lo primero que se percató fue de como la nariz de él se amoldaba perfectamente sin ser un obstáculo. En su beso con Krum y en todos los intercambios posteriores con Ron, la nariz siempre acababa siendo una molestia en su camino, un distractor del que no sabía bien cómo librarse para poder respirar mejor y no parecer que estaba en una sesión de respiración boca a boca, con todo y sus pausas.
Lo segundo, fue la sorpresa de una lengua al interior de su boca, sin dientes molestos, sin presiones inadecuadas. Como si se hubiese deslizado entre sus labios y estos hubieran consentido al instante siguiente en dejarla ingresar. Y esa lengua cálida acariciaba todo a su paso, incluída su propia lengua, en un modo sensual y excitante, que la hizo a ella colocar sus brazos por detrás del cuello de él, para intensificar el beso.
En medio de todo, él la hizo girar con él y retroceder unos pasos, hasta que su espalda contactó el muro tras ellos.
Una llamarada nacida en su vientre la recorría de pies a cabeza, obligándola a olvidarse del frío, de la noche, de la exposición, del ruido de autos que llegaba a la distancia o de sus padres esperando en casa por una explicación.
Y Draco seguía explorando, buscando y acariciando con su lengua, y sus manos dejaron su cabello y una fue a parar a su rostro y otra a su espalda, presionando su cuerpo al de él, de un modo que parecía imposible, para conseguir más proximidad. Y sus propios labios comenzaron a moverse en un modo frenético que quería emular en algo esa sensualidad.
Hermione exploró con sus dedos la cabeza que él inclinaba hacia ella, notando lo sedoso que se sentía su pelo, mientras su lengua buscaba el modo de introducirse en la boca de él, sin parecer invasiva, sin poner un alto a la magia de aquella danza de lenguas que habían iniciado y que le parecía a Hermione lo más erótico que había experimentado nunca.
Y su boca sabía a menta, y ella sintió que quería más de ese sabor en su propia boca, y bajó sus brazos hasta su pecho, y luego por detrás de su espalda, y apretó su cuerpo contra el pecho de él, haciéndole emitir un sonido que nunca le había oído antes, y succionó suavemente su labio inferior y luego lo mordió.
La exclamación de dolor de Draco fue ahogada por las paredes de su boca, pero al instante siguiente, las manos de él estaban a ambos lados del rostro de ella y su frente contactando con la suya, mientras sus bocas se separaban, con los labios rojos y un sabor metálico inundándolo todo.
Hermione tomó aire de golpe y abrió los ojos muy grandes, mientras lo miraba, percatándose de que la sonrisa que debía invadir sus labios, alcanzaba sus ojos. Era una expresión distinta a cualquiera que le hubiera visto antes, y le gustó.
Si Draco se había separado de ella buscando una pausa o simplemente para terminar el beso, Hermione nunca llegó a saberlo, pues dejandose guiar más por impulso que por otra razón, enredó sus dedos en el cuello de su abrigo, y sus labios se encontraron nuevamente, lavando el sabor a sangre de su boca, respirando de su aliento, buscando algo en él como si se jugara la vida en ello, aunque no sabía bien qué buscaba realmente.
Y lo apretó contra su cuerpo, y él respondió apretándola con brusquedad contra la pared tras de ellos, y ni aún así Hermione sintió que debía parar el beso. Por el contrario, comenzó a tirar de su pelo, y consintió sin problemas, cuando una de las manos de Draco le apretó el trasero, y ella exclamó algún susurro que fue a morir en la boca de él, antes de sentir sus dedos descender por detrás de su muslo y alzar este, hasta posicionarla de algún modo obsceno y erótico, con la pierna de ella por detrás de su cadera y los pies sin topar el piso.
Y la boca de Draco se adueñó de su labio inferior, y succionó con tanta fuerza, que Hermione pensó por un momento que la estaba mordiendo de vuelta, pero no alcanzó a hacer o decir nada, cuando sintió una exclamación muy cerca de ellos, y el beso se detuvo de golpe.
- ¡Por Dios Santo! ¡Consigan un cuarto!- tras su inesperada interrupción, la molesta vecina se perdió calle abajo, arrastrada por el perro que llevaba atado a la correa y moviendo insistentemente la cabeza, para dar cuenta de su reprobación.
Hermione esperaba de todo corazón que la mujer no la reconociera de algún lado. Que no supiera que era ella, Hermione Granger, la hija de los dentistas, la que estaba siendo devorada a besos contra una pared, en mitad de la vía pública.
Malfoy se inclinó nuevamente a buscar sus labios, pero esta vez sin soltar el agarre que tenía sobre el rostro de ella, reteniendola ahí, para evitar que profundizara el beso. Fue un tierno contacto de labios, un tibio masaje, y luego volvieron a juntar frente con frente, mientras retomaban el ritmo de sus respiraciones.
-Creo que debo irme…- murmuró él, con la voz ronca, en un susurro.
A Hermione se le ocurrían muchos lugares donde podrían irse. Curiosamente todos ellos incluían una cama, partiendo por su antigua habitación en casa de sus padres… A solo unos metros de distancia. Pero obligó a su mente a guardar silencio, mientras él se separaba de ella.
- Dejame ir por el auto- dijo al fin- y te llevaré a…
- No es necesario. Tengo un traslador para el regreso.
- Bien.
Nada de camas, entonces…, dijo una voz en su cabeza, con profunda decepción.
- ¿Me disculparás con tus padres? .- Draco había entrelazado sus manos a las suyas, en un gesto tan íntimo y sencillo, que Hermione no pudo despegar sus ojos de ahí, mientras asentía.
Hermione habría querido un nuevo beso, pero cuando sus manos se separaron y se percató de la intensa mirada de Draco sobre ella, de cómo intentaba controlar su respiración, y de la forma en que sus ojos casi suplicaban su apoyo en detener aquello, comprendió que él estaba haciendo un gran esfuerzo por no besarla, probablemente con sus propios temores, que también incluían una cama, y decidió que debía ser una buena chica y no insistir.
- ¿Nos vemos mañana?- él asintió y sonrió una última vez antes de retroceder lejos de ella, e introducir la mano en el bolsillo de la chaqueta para activar el traslador.
Lo último que vio Hermione, fueron sus ojos grises sonriendo, antes de desaparecer, dejándola sola en la calle desierta, que volvía a estar más fría que nunca.
-HP-
Las luces de la cocina y el comedor ya estaban apagadas, cuando Hermione regresó a la casa. Debió adentrarse varios metros, para encontrar a su padre, aún despierto, leyendo de una pila de documentos que bien podrían ser trabajos de sus alumnos.
Durante su estancia en Australia, su madre se había adecuado con mayor facilidad que él a su nueva vida, encontrando rápidamente pacientes para su consulta y pasando los días en lo que más amaba. Su padre, en cambio, se había sentido abrumado por aquella nueva vida inventada que ella les había impuesto.
Para cuando recuperaron sus memorias, con todo lo que eso implicó, Henry Granger no se sintió capaz de retomar las consultas y encontró algo de paz en dar clases. En su opinión, ser docente se podía hacer desde cualquier parte del mundo, lo que facilitaría las cosas si a su hija se le ocurría participar de otra guerra.
- ¿Todo bien?- preguntó tranquilo, dejando a Hermione espacio para hablar, o no, según quisiera. Siempre le daba la opción.
- Draco envía sus disculpas.- El hombre asintió, sin decir nada más. Esperando, aguadando por alguna explicación que le permitiera entender. Y Hermione sintió que se lo debía, por lo que caminó hasta él, apoyó su cadera en el reposabrazos del sillón y subió la manga de su suéter hasta el codo, exponiendo ante su padre la cicatriz de su antebrazo.
- ¿Recuerdas esto?- Una sombra gris se posó sobre los ojos del hombre, que había aceptado a medias la explicación que les diera Hermione tanto tiempo atrás, respecto a la bruja loca que había tatuado en su antebrazo esas palabras sin sentido.
Su padre asintió finalmente ante su pregunta.
- Draco también tiene una marca en su antebrazo. Hoy sintió terror de que ustedes la vieran.
- ¿También fue torturado?
- Si… aunque no del mismo modo, y no es así como obtuvo la marca.
Su padre dejó los papeles sobre la mesa, apoyó la espalda contra el sillón y colocó ambos brazos sobre las piernas, claramente invitándole a seguir. Deseoso de escuchar y de poder entender un poco de ese mundo del que ella intentaba constantemente aislarlos. De su mundo.
Y Hermione sintió que se lo debía de algún modo, por lo que siguió más allá de lo que ella misma habría querido decir.
- Los seguidores de Voldemort eran marcados con una calavera en el antebrazo. El símbolo de los mortífagos.
Los ojos de su padre se empequeñecieron al comprender.
- No era un poco joven para…
- Draco viene de una familia importante en el mundo mágico, no solo por su dinero, sino por lo que representa su apellido.- hizo una pausa para tomar aire.- Los Malfoy simbolizan, por así decirlo, el concepto de "pureza de sangre"- en un gesto casi imperceptible, los ojos del hombre se abrieron, dejando ver que había hecho la relación entre lo que oía y la palabra que llevaba ella en su antebrazo. Aunque Hermione nunca les había dicho lo que significaba ser una "sangre sucia", de algún modo, su padre debía adivinar que ella y Draco representaban polos opuestos de la misma guerra- Tener al Heredero de los Malfoy como Mortífago era para Voldemort tanto un acto de venganza, como un mensaje para los demás. Era un símbolo de poder. Por eso, lo obligaron a tomar la marca siendo aún un niño.
Hermione hizo una pausa, esperando algún comentario, pero su padre seguía expectante, como si fuese esta la oportunidad que tenía para entender muchas cosas del mundo de su hija, y no la quisiera desaprovechar.
- Ser mortífago implica hacer cosas horribles,- siguió al fin, mordiendo su labio inferior.- y aunque él no hizo nada que pueda ser considerado imperdonable, igualmente se arrepiente de llevar una marca que lo identifica como un monstruo.
- Entiendo.- dijo su padre al fin, trayendo de regreso el aire a los pulmones de Hermione, pues conocía a su padre lo suficiente para adivinar la sinceridad en su expresión.
- No habrá problemas en que vuelva a venir, ¿verdad?- Hermione sabía que su pregunta había sonado a petición, pero su padre reaccionó como ella esperaba, con una sonrisa amable, mientras estiraba su brazo, indicando que tomara asiento a su lado. Hermione se acurrucó ahí, con la cabeza sobre el hombro de su padre, mientras el brazo de este envolvía sus propios hombros, y se sentía transportada a un tiempo en que aquel cobijo la hacía sentir segura e invencible.
- Confío en tu criterio, Hermione. Siempre has sido una chica mucho más madura de lo que debieras ser, y con buen juicio. Si tú piensas que merece tu confianza, debe ser así.
- Parece agradarte.
- Cualquier chico que pueda mantener una conversación interesante me agrada, y pienso que Draco incluso podría competir contigo a la hora de discutir con argumentos, lo cual me hace sentido. Mucho más que Ron.
- ¡Papá!- exclamó Hermione, no queriendo participar de lo que consideraba una traición a su amigo.
- Solo digo que si no hablabas de comida o de pelotas voladoras con él, no había mucho de qué hablar. Nunca entendí por qué estaban juntos él y tú, y no veía mucho futuro a eso, Hermione. Para personas como tú, la relación debe presentar al menos algún grado de desafío intelectual.
- ¿Y crees que Draco es un desafío intelectual para mí?
- Lo es para mí… y yo he sido capaz de debatir contigo desde que eras niña, así que pienso que podría resultar.- Hermione sonrió, recordando por qué era tan fácil hablar con su padre siempre.- Y respecto a su marca, dile que al menos a mí me tiene sin cuidado, y dudo que tu madre le de importancia.
- ¿En verdad?
- Si una marca asegurara que una persona es malvada, el mundo sería un lugar más sencillo, porque podríamos reconocerlos con facilidad.- Su padre respiró hondo- Pero lo cierto es, que la mayoría de los monstruos caminan entre nosotros, Hermione. Y no llevan marcas.
- Fin del Capítulo 9-
Nota de la autora: Capítulo dedicado a mi padre…
El hombro en el que yo extraño acurrucarme.
