Capítulo 10: AMOS DOGWOOD

"El que mata o tortura sólo conoce una sombra en su victoria:

no puede sentirse inocente.

Necesita, pues, crear la culpabilidad en la víctima".

- ALBERT CAMUS

Tener el mejor beso de tu vida- un endemoniado beso que te vuela los sentidos-, apretada contra un muro en una calle muggle, en pleno invierno, y pensar coherentemente, era imposible. A esa conclusión había llegado Hermione Granger, cuando se percató de que habían quedado en verse "mañana", sin indicar en qué momento, ni en qué lugar, y sin tener tampoco una agenda que contemplara reuniones entre ella y Draco.

Draco…

Había dejado de ser "Malfoy", simple y sencillamente porque no puedes besarte así con alguien y seguir llamándolo por su apellido.

Él te sigue llamando Granger, susurró la horrible vocecita, pero Hermione decidió no hacerle caso.

Pensó en utilizar el Galeón encantado para enviar un mensaje con sugerencias, pero no quería parecer ansiosa. Por ahora todo lo que había entre ambos era un beso y una promesa de "vernos mañana", sin aclaraciones que implicaran la intención de tener a una bruja posesiva persiguiendolo.

Hasta donde Hermione sabía, un hombre como Draco debía tener mujeres dispuestas en forma constante- si el beso daba cuenta de algo, era de la experiencia acumulada por el rubio- por lo que el significado que él diera a esa interacción de lenguas y brazos y piernas y fluidos y, todo lo demás, no era necesariamente la misma que parecía tener para ella.

Porque para tí no es solo un beso, aclaró la vocecita indeseable.

Desde que abriera los ojos esa mañana, una serie de reminiscencias del día previo la hicieron pensar, una y otra vez, en los posibles escenarios para ella después de aquel episodio inesperado, algunos- los más atrevidos- finalizaban con un vestido blanco y dos hijos. Pero las posibilidades no apuntaban precisamente a un final de cuentos.

Era endiabladamente guapo- ahora que no la llamaba por nombres hirientes, ni se burlaba de ella en clases, le era más fácil admitirlo- y por el modo en que sacaba partido a sus gestos y miradas, y a ese embrujante labio que mordía constantemente, Draco estaba claramente consciente de ello, y acostumbrado a seducir.

Ser una más de las mujeres conquistadas y luego desechadas- que era una de los horribles escenarios que habían pasado por su cabeza- podría no solo herir su orgullo de heroína, sino que también afectar su juicio y deseos de apoyar la implementación de un mejor sistema de justicia.

Bien recordaba Hermione cómo los celos la hicieron lanzar una bandada de pájaros contra Ron, tras verlo besarse con Lavander, por lo que tenía claro que no reaccionaría bien si se hacía ilusiones con el rubio, y éste terminaba defraudándola, lo cual era altamente probable.

Es mejor no hacerse ilusiones, y así no dolerá tanto.

Pero era difícil no pensar en él, mientras esperaba el café en la fila de la cafetería, donde ni las miradas de desprecio de la chica pudieron quitarle la sonrisa de la cara. Y sabía, por el modo en que Hestia le dirigía miradas a través de los lentes de marcos rojos que llevaba ese día, que ella también lo había notado.

Afortunadamente, la presencia de Harry y Dean en la oficina, había impedido a la rubia hacer ninguna pregunta con la cual saciar su curiosidad.

- Hermione…-le llamó la atención Harry, que al parecer llevaba un rato esperando que respondiera a algo, por el modo en que él y Dean tenían su mirada expectante puesta en ella.

- ¿Si, Harry?

- ¿Leíste las declaraciones de Viola Buttercup? Acaba de ser ratificada por el Wizengamot como defensora de los funcionarios de Azkaban.

- ¡Oh!- No supo qué más decir, considerando que no había leído nada esa mañana. Harry pareció adivinar la razón, pues la miró con suspicacia y algo similar al disgusto, antes de volver a hablar.

- Según ella, todo esto es una farsa financiada por los Sagrados Veintiocho.

- Ya sabes,-agregó Dean- el conjunto de familias sangre pura de donde vienen casi todos los motífagos. Es como decir que estamos defendiendo mortífagos.

- Sabíamos que podía usar eso en nuestra contra.- expuso Hermione, dando un sorbo a su café ya frío, y haciendo arcadas ante el sabor amargo que había tomado ahora que sus recuerdos del beso había sido reemplazados por situaciones menos felices.- Así como sabemos que su principal arma, será desacreditar a nuestros testigos, ya sea por ser mortífafos o por lo que pueda decir de ellos.

- Es bueno entonces que Amos Dogwood no tenga mucho por lo cual ser desacreditado- expuso Hestia, colocando una carpeta sobre el escritorio de Hermione.- Acaba de confirmar una nueva cita, para que tomen su declaración esta tarde.

Acto seguido, la rubia se colocó el sobretodo y anunció que debía realizar un trámite, no sin antes repasar el color de sus labios y acomodar su cabello.

Hermione pensó que le encantaría saber dónde iba Hestia, cada vez que salía, como para requerir acicalarse tanto.

-HP-

La primera conclusión a la que Hermione llegó, fue que Amos Dogwood no tenía la apariencia de un guardia de Azkaban. Esbelto, con ojos negros profundos, sienes carnosas, frente alta y cabello cobrizo impecablemente peinado, había tomado asiento frente a ellos dando muestra de una amabilidad y buen trato que la tuvieron pensando que era en verdad un joven encantador. No debía ser mucho mayor que ella misma.

Amos había vivido toda su vida lejos de Inglaterra, recibiendo su educación en el Colegio Ilvermorny de Magia y Hechicería, sin poner pie en Londres hasta finalizar la guerra, a causa de su compromiso de matrimonio con una medimaga transferida a San Mungo.

En efecto, no había en su expediente nada reprochable o puntos débiles de los que Viola Buttercup pudiera aprovecharse para invalidar su declaración.

La mayor parte del interrogatorio avanzó sin contratiempos, refiriendo cómo había ingresado a Azkaban ante el primer llamado que se hiciera para implementar un sistema libre de Dementores, no solo porque necesitaba el trabajo - mientras conseguía alguna ocupación más acorde a sus estudios de especialista en calibración de trasladores-, sino porque quería ser parte de un cambio que permitiría dejar en el pasado a esas monstruosas criaturas.

La decepción era evidente en su voz, cuando relataba que se había topado con un sistema que carecía de los controles necesarios para evitar abusos contra los prisioneros. El joven era claramente un idealista.

- ¿Cuándo comenzaron los abusos?- preguntó Hermione, sentada junto a Dean. Harry seguía en su silla, al lado de la puerta.

- ¿Por parte de los guardias?- preguntó con su acento rótico, esperando el asentimiento de ella para responder.- A los pocos meses, pues al principio todo funcionaba con normalidad. Éramos diez guardias en total. Seis para el sector de hombres y cuatro para el de mujeres, porque eran menos prisioneras. Cada sector tenía además un Jefe de guardia.

- ¿Emet Hemlock?-preguntó Dean, y el joven confirmó.

- Nos capacitaron a todos en hechizos para contener a los prisioneros y nos repartieron protocolos de seguridad. Y salvo las peleas entre prisioneros no hubo mayores disturbios esos primeros meses.

- ¿Y qué cambio?

- Malfoy.- la respuesta vino acompañada de una mueca triste.- El juicio de Draco Malfoy demoró más que el de los otros, por lo que fue el último mortífago en llegar. Y recibimos instrucción de tener especial cuidado con él, ante el riesgo de que los otros prisioneros quisieran cobrarse por lo que hizo su madre.

Dogwood colocó ambas manos sobre la mesa, con los dedos entrelazados, tomando una pausa antes de seguir.

- Era prácticamente un menor de edad cuando llegó. Ni siquiera había terminado Hogwarts.- explicó, con la reprobación clara en su rostro.- Algunos de los guardias no movieron un dedo por él cuando las golpizas de los otros mortífagos comenzaron. De hecho parecía divertirles. Pero Molle, Rubris y yo, realmente queríamos cumplir el protocolo y protegerlo. Aunque él lo hacía difícil.

- ¿Dificil?

- Los provocaba. No solo a los otros mortífagos. También a nosotros.- torció el labio y agachó la cabeza.- Siempre con sus muecas y sus sarcasmos. Era como si quisiera que lo golpearan. Al cabo de un tiempo, incluso Rubris y Molle dejaron de hacer nada por él.

Hermione contempló al hombre frente a ella, apreciando el conflicto claro en su rostro. Recordaba como Draco mencionara que si bien Dogwood no participó, nunca hizo nada por detener a nadie.

- ¿Y las extorsiones?- preguntó Dean.- ¿Cuándo comenzaron?

- Entiendo que partieron desde el inicio, pero en el sector de mujeres.- expuso con tranquilidad.- A nosotros nos llegó el rumor de que pedían dinero a cambio de evitar castigos, pero los otros guardias temían que si los aurores se enteraban, pudieran haber consecuencias. Eso los retuvo hasta que llegaron los aurores.

- ¿Y no hubo consecuencias?

- ¿Consecuencias? Los aurores entregaron el listado de mortífagos a los que se podía solicitar "colaboración". Así lo llamaban.- negó con la cabeza con una expresión de disgusto.- Pedían a cambio que parte del dinero fuera a sus cuentas. Lo consideraban una suerte de "justicia" por el daño que habían hecho los seguidores del Mago Oscuro durante la guerra. Después de eso, las torturas se intensificaron, y solo se libraban aquellos mortífagos que pagaban.- El hombre cerró los ojos con fuerza, con el labio torcido hacia abajo y su frente cubierta de arrugas horizontales. Parecía atormentado por un profundo arrepentimiento.- Sé que puede parecer cobarde ahora el no haber hecho una denuncia en ese entonces,- dijo, abriendo los ojos.- pero había visto lo que ocurría a quienes intentaban denunciar. Y estando los aurores implicados en esto, ¿qué opción tenía?

- ¿Quiénes eran los aurores?

- No puedo decirlo.

- Dijiste que sabías quién…- saltó Harry, pero Dogwood negó con la cabeza.

- Y es cierto. Sé quienes son. Pero no puedo decirlo.- apretó los labios con tristeza.

- ¿Un juramento inquebrantable?- planteó Hermione. El hombre no asintió, pero tampoco hizo nada por negarlo.

- Cuando todos los demás comenzaron a participar de las extorsiones y yo seguí negándome, fui visto como un traidor. No me quedó más que renunciar.- Se inclinó hacia delante de la mesa, con los puños apretados.- A los pocos días, un auror fue a mi casa a tomar medidas para que guardara silencio.

- ¿Quién recibía el dinero?- interrumpió Dean. Hermione supuso que para corroborar las otras versiones, pero Dogwood negó con la cabeza.

- Nunca lo supe. Como me negaba a participar de las "colaboraciones", no me compartieron esa información.

- Señor Dogwood,- interrumpió Hermione de pronto.- ¿Por qué insistió en que Draco Malfoy testificara antes de darnos su declaración?

- No puedo decirlo.

- ¿Aunque detuvieramos la transcripción?- tres pares de ojos se posaron sobre ella ante su propuesta.

- Involucra a alguien más que no quiere participar de esto. Ya tuvo suficiente.

Hermione dirigió su varita a la pluma mágica que rasgaba las páginas cerca de ellos, haciendo que se detuviera.

- Esta parte quedará entre nosotros, y no será utilizada para exponer a nadie.- aseguró Hermione. El hombre pasó su mirada de ella a Dean, y luego a Harry, que aunque reticentes, asintieron.

Dogwood se mojó los labios antes de aceptar.

- Días antes de que Malfoy dejara Azkaban, llamaron a San Mungo pidiendo un medimago para uno de los prisioneros.- El hombre se tomó unos segundos antes de seguir, como si dudara de hacerlo, pero finalmente tragó saliva y continuó.- Mi prometida estaba ese día de turno, y se ofreció para ir. Nunca le dieron el nombre del paciente, pero luego de meses plagando las portadas de El Profeta con lo de su juicio, Draco Malfoy no es un rostro desconocido para nadie.- aclaro.- Katy encontró evidencias de distintos tipos de torturas. Entre ellas el uso de una imperdonable.

- La Maldición Cruciatus- Hermione no necesitaba la confirmación de Dogwood para saberlo.

- Los signos en él, daban cuenta de que la habían repetido tantas veces, que ella no se explicaba que no hubiese perdido la cabeza en el proceso. Sólo después leyó en su expediente que el chico era Oclumante, y eso debió evitar que terminara en el cuarto piso de San Mungo.- Hermione y los demás contenían el aliento mientras el hombre hablaba. Malfoy había mencionado torturas, pero ella nunca imaginó una escena así.- El uso de una imperdonable se debe denunciar, y Katy lo hizo, pero cuando interrogaron a Malfoy, él negó todo. Los registros habían desaparecido mágicamente de su ficha, por lo que sancionaron a Katy, acusándola de hacer una denuncia falsa contra funcionarios de Azkaban.- Dogwood fijó sus ojos en ella.- Por eso pedí que él declarara también, aunque por la sorpresa que veo en sus caras, supongo que se guardó ese episodio.

Y contemplando los oscuros ojos del hombre, que transparentaba una sincera molestia, Hermione se mordió la mejilla por dentro de la boca y no dijo nada más.

-HP-

- La última suma depositada es la más grande.- expuso Harry, mientras repasaban la declaración de Amos Dogwood.- La tortura pudo ser porque se negó a pagar. Con eso lo hicieron ceder.

- No.- declaró Hestia, desde su puesto a pocos metros de ellos.- El registro de San Mungo, tiene solo una llamada desde la enfermería de Azkaban, esas últimas dos semanas. Y fue dos días después de que Blaise Zabini hiciera la transferencia. No tiene sentido que lo torturaran para obligarlo a pagar un dinero que ya estaba transferido.

- ¿Y si pagó para que lo dejaran volver a casa?- preguntó Dean.

- La orden del cambio de su condena fue emitida dos semanas antes de que se la comunicaran. Era una decisión tomada antes de que se hiciera ningún traspaso de dinero.- aclaró la rubia, generando que Dean se girara a mirarla con curiosidad- Está todo en los registros.- aclaró ella.- Es cosa de poner atención a las fechas.

- O sea que…- expuso Harry, sin terminar la frase, pero con los ojos fijos en Hermione.

- Hay algo que no nos está diciendo.- admitió Hermione, en el preciso momento que el galeón comenzó a arder en su bolsillo.

-HP-

Al llegar a Grimmauld Place, lo que menos esperaba encontrarse Hermione, era a Blaise Zabini, sentado frente al televisor apagado, acariciando a Crookshanks. Su antigua mascota parecía contenta en su regazo.

Gato traidor.

- ¿Y los demás?- preguntó Hermione, haciendo que los castaños ojos del moreno se giraran a ella, con una languidez exagerada, que buscaba dejar claro su desprecio.

- Buenas tardes para tí también, Granger.- sonrió mordaz, alzando una ceja.- Tal vez tú puedas explicarme qué gracia ven los muggles en tener un aparato tan horrible ocupando espacio en su casa.- con un movimiento de su cabeza señaló al televisor.

Hermione analizó los pros y contras de responder a Zabini, y decidió que siendo el mejor amigo del hombre al que había besado la noche previa, era mejor llevar la fiesta en paz. Pero antes de decir nada, Theodore llegó a su lado.

- ¡Justo la bruja con la que tenemos que hablar!- exclamó el muchacho. Sus rizos no habían crecido mucho desde la última vez que lo vió, pero por el modo que le cubría parcialmente los ojos, seguía necesitando un corte.

- No hay nada que hablar con Granger, Theo.- murmuró Zabini, malhumorado.

- ¡Granger!- Nott se colocó frente a ella, inclinando la parte superior del cuerpo, como si buscara dejar sus ojos a su altura.- ¿Cuáles son tus intenciones con Draco?

- ¿Qué?

- Puede que Draco no tenga un padre que pida explicaciones, Granger, pero como uno de sus mejores amigos, me siento con la responsabilidad de saber exactamente cuales son tus intenciones con él.

- No veo por qué tendría que…

- ¡Porque lo invitaste a cortejarte!

- ¡¿Qué?!

- Te dije que Granger no tenía idea de lo que estaba haciendo.- expuso Blaise, son sus ojos fijos en ella y expresión desafectada.- Sus padres son muggles. No tuvo quien la educara en las tradiciones de nuestro mundo.

Theodore Nott la miraba con expresión poco convencida, mientras Hermione maldecía mentalmente a Draco por lo que fuera que había compartido con ellos.

- A decir verdad,- intervino- no tengo idea de qué están hablando, y tampoco creo que me interese. Pero agradecería si me dijeran donde puedo encontrar a Draco, pues me pidió nos reunieramos aquí y no lo veo con ustedes.

- ¿Así que Draco?- Una ceja pareció alzarse por debajo de los rizos de Nott, y una expresión cautelosa se posó en el rostro de Zabini. Hermione sintió los colores invadir su rostro y el ronroneo de Crookshanks era lo único que se oía en el silencio que se produjo tras ello, por lo que el ruido de aparición anunciando a Draco fue evidente para todos.

- Lamento llegar tarde, pero…- comenzó el rubio, siendo interrumpido por Hermione, quien lo tomó por el brazo.

- Tenemos que irnos.- dijo, clavando sus ojos en él, mientras las miradas atónitas de Zabini y Nott, seguían la escena, el primero con escepticismo y el otro con sorpresa.- ¿Aparición conjunta?- propuso, cogida de su brazo, y Draco asintió, aunque claramente confundido.

Las exclamaciones que siguieron a ello de parte de los antiguos Slytherins, parecían un murmullo lejano, cuando llegaron al punto de aparición, pero fue inmediatamente aplacado por el ruido de murmullos, conversaciones, puertas abriendo y cerrando, y gente caminando de un lado a otro, en medio del epicentro comercial del Londres mágico.

Si algo había querido preguntar Draco respecto a las caras de sus amigos, esto quedó olvidado cuando tomó cuenta del lugar donde estaban y una expresión confusa se posó en su rostro.

- Hay una cafetería aquí cerca, que tiene el mejor chocolate caliente del mundo. Mil veces mejor del que encuentras en Hogsmade.- explicó ella, mojando su labio inferior y mirándolo con expresión intensa, a la espera de que Draco comprendiera su disposición a retomar el beso. Pero los ojos del rubio se movían de un lado a otro, con evidente preocupación.

No quiere que nos vean juntos.

Hermione soltó su brazo y retrocedió dos pasos al instante, mordiéndose el labio, lo que pareció llamar la atención de Draco.

- No soy bueno con los lugares concurridos.- explicó. Sus ojos no dejaban de mirar de un lado a otro y respiraba más rápido.

Hermione recordó de pronto que había mucho de Draco Malfoy que ella no sabía, que tal vez nadie sabía realmente. ¿Sería aquella aversión a lugares públicos alguna consecuencia de lo que sea que vivió en Azkaban?

Su mano fue a buscar la de él, enredando sus fríos dedos con los suyos y apretó con fuerza, haciendo que la mirada de él se posara ahí, en sus dedos entrelazados, y apretó de vuelta.

El que nos vean juntos no parece ser el problema.

- El lugar queda muy cerca, y no suele tener mucho público.- Hermione no tenía cómo saber si fue por el contacto de sus manos, o por sus palabras, pero parecía más tranquilo cuando comenzó a caminar con ella.

No necesitó avanzar una cuadra para percatarse de las miradas que se alzaban en dirección a ellos.

No. No nos miran a nosotros. Lo miran a él.

Las expresiones en los rostros de magos y brujas que parecían reconocerlo, no eran precisamente amables, sino todo lo contrario. Algunos lo observaban con miedo, otros con asombro. Incluso algunos dejaban transparentar su repudio.

"Draco Malfoy no es un rostro desconocido para nadie", había dicho Dogwood.

Hermione apretó su mano a mitad de camino y giró a mirarlo, pero su expresión no dejaba translucir gran cosa, mientras caminaba, con la cabeza erguida y los ojos oscuros. Está usando Oclumancia. Hermione cada vez podía reconocer mejor cuando lo hacía, y lo hacía mucho.

Al atravesar la puerta que daba al salón de té, el timbre que anunciaba a los recién llegados sonó de fondo, y Hermione intentó respirar más aliviada, aunque no hubo un cambio notorio en la expresión de Draco.

Era un espacio amplio de colores pastel y mesitas victorianas apenas ocupadas por un par de parejas y algunos niños. Hermione lo había descubierto hacía unos meses y el recuerdo había llegado a ella esa tarde mientras pensaba en un espacio para chocolate caliente, manos entrelazadas y nuevos besos.

- Vine aquí hace un tiempo, junto a Ginny,- comenzó ella, intentando distraerlo.- y te puedo asegurar que es el mejor chocolate caliente que los galeones puedan pagar.- La comisura del labio de Draco se alzó, pero la sonrisa no alcanzó sus ojos.- Ya puedes dejar de ocluir.

- ¿Ocluir?

- Sé que estás usando oclumancia. La usas mucho.

- La oclumancia… tiene sus ventajas.- sonrió triste.

"El chico era Oclumante, y eso debió evitar que terminara en el cuarto piso de San Mungo", las palabras de Dogwood le llegaron como un eco lejano. Había muchas preguntas que Hermione habría querido hacer respecto al interrogatorio de esa tarde, pero iba a arruinar lo que sea que fuera esa primera salida juntos.

- Cuando llegue el chocolate caliente dejarás de usarla lo quieras o no.- expuso Hermione con actitud altanera- No habrá modo de que puedas ocultar tus emociones al probar el primer sorbo.- El rubio sonrió levemente ante el comentario, pero no parecía confiar en sus palabras.- Si es que nos atienden algún día…- murmuró girando la cabeza en busca de la mesera, para encontrarla a pocos metros, murmurando algo a un hombre tras el mesón. Ambos tenían los ojos fijos en ellos.

- Creo que no habrá chocolate caliente.- masculló el rubio. Su expresión daba cuenta de que aquello no lo sorprendía, mientras Hermione se percataba, con cierto espanto, del modo en que las parejas de algunas mesas tenían sus ojos puestos en ellos, con expresión molesta. Una mujer apretaba a su hija contra su pecho, como si la protegiera con ello de algún peligro cercano.

- Señorita…- murmuró el hombre que antes estaba tras el mostrador, ahora junto a la mesa, sin que Hermione supiera en qué momento había caminado hasta ellos.

- No es necesario que diga nada,- interrumpió Draco, colocándose de pie- ya nos vamos.

- No. No nos vamos.- expuso ella, girando su mirada al hombre.- Dudo mucho que este local quiera recibir una denuncia por discriminación, así que no me dirá que tenemos que irnos, ¿verdad?

- Granger…

- No es discriminación, Señorita.- expuso el hombre, que parecía rogar con su mirada.- Pero debo pedirle, por el bien del local, que se retiren.- Hermione no lo podía creer.- La presencia de su compañero está molestando a los demás clientes.

- Eso sigue siendo…- podía sentir la rabia creciendo dentro de ella, cuando Draco se puso de pie.

- Ella lo entiende.- fue todo lo que dijo, con una inclinación de su cabeza ante el hombre, antes de caminar en dirección a la puerta y salir por ella, dejando a Hermione con las palabras en la boca y confundida.

- De verdad lo siento, señorita.- repitió el hombre, y Hermione se mordió los labios, antes de dirigirle una mirada con todo el desprecio, y salir tras de Draco, que la esperaba a pocos pasos de la tienda.

- ¿Por qué saliste así? ¡No pueden hacer eso, Draco! ¡Es injusto que…!

- El mundo está lleno de injusticias, Granger.

- ¿Y crees que no lo sé? ¡Soy hija de muggles, por si no lo recuerdas! Por supuesto que sé que el mundo es injusto. Pero no por eso podemos dejar que siga siéndolo.

Por un instante, Draco estrechó la mirada, para luego bajar los ojos e inspirar. Con las manos en los bolsillos y apoyando el cuerpo sobre una pierna, lucía particularmente relajado, algo que Hermione no comprendía luego de lo que acababa de ocurrir.

- Acepto eso.- dijo al fin, mirando hacia algún punto perdido, lejos de ella- Pero ¿podríamos dejar la pelea por la justicia universal para otro día y no arruinar esta tarde?.- cuando sus ojos volvieron a posarse en ella, Hermione pudo adivinar un tono similar a una súplica, por lo que decidió guardarse sus deseos de justicia, y cambiar el tema. Se lo hizo saber entornando los ojos, y comenzando a caminar de regreso al punto de aparición.

Él le siguió el paso, con las manos en los bolsillos, pero a su lado. Seguían apareciendo miradas dirigidas a ellos de cuando en cuando.

- ¿Dónde comes habitualmente?- preguntó Hermione al fin.

- En mi piso. Comida preparada por los elfos.- sonrió.- O en algún restaurante ridículamente caro, donde no les importe mi historial, mientras no pregunte precios.

Hermione inspiró hondo. El día anterior había sido mucho más fácil iniciar el beso. Ahora parecía una tarea imposible, en cuya ejecución, llevaban mucho tiempo perdido.

- ¿Aceptarías ir a mi casa?- dijo Hermione al fin, aparentando tranquilidad, mientras alcanzaban el punto de aparición.

Draco entrecerró los ojos, como si evaluara la propuesta, pero al girar hacia ella, su mirada se detuvo en sus labios.

- Lo cierto Granger,- comenzó a hablar, con voz ronca- es que no tengo hambre en este momento.

Hermione se acercó a él, eliminando el espacio que los separaba, para tomar su mano, y alzó su mirada hasta sus ojos grises.

- Me alegra que lo digas, porque,- se mordió el labio antes de seguir.- no estoy diciendo que vayamos a comer, precisamente. Soy pésima cocinando.- los colores subieron a su rostro en el momento en que la atrevida invitación dejó su boca, y la expresión incrédula y risueña en el rostro de Malfoy, solo aumentó su vergüenza.

Aún así, la otra mano de Draco buscó la suya, mientras mojaba sus labios con la lengua y la sensación nauseosa que la embargaba cada vez que se aparecía, se apoderara del estómago de Hermione, justo antes de sentir los labios de Draco sobre los suyos.

-HP-

Hermione no sabía bien cómo habían avanzado desde el punto de aparición, hasta la puerta de su apartamento, en aquel desorden de miembros entrelazados, besos y golpes contra el muro, que apenas la dejaban caminar, pero una vez del otro lado de la puerta de su piso, su espalda quedó apoyada contra el muro y los labios de Draco devoraban su boca en un modo demandante y erótico, que la tenían apretando las piernas una contra otra, por miedo a que la humedad que venía formándose ahí terminara de asomar a través de su jeans.

Pero cuando Draco despegó los labios de su boca, para explorar su cuello, y succionó en un punto especialmente sensible bajo su oreja, el tema de la humedad dejó de preocuparla, pues el gemido que escapó de su garganta puso en evidencia lo que estaba generando en ella, derrumbando cualquier pretención de decoro.

El abrigo quedó tirado en el piso, y los fríos dedos de él se introdujeron por el borde inferior de su suéter, alzándolo hasta su pecho, y luego separándose de ella solo lo necesario para terminar de sacar la ofensiva prenda por encima de su cabeza.

Hermione aún tenía los ojos cerrados cuando sintió su frente contactar la de ella y quedarse ahí un instante.

- Todo el día he querido hacer eso…- susurró Draco sobre su boca. Hermione apenas alcanzó a notar su expresión sonriente, antes de que volviera a unir sus labios, y luego descendiera por su mandíbula, lamiendo y besando su cuello, y luego más abajo, hasta retirar el encaje color damasco que cubría sus pechos con sus dedos, y succionar su pezón derecho, haciendo que la espalda de Hermione se arqueara en un modo primitivo y un nuevo gemido escapara por sus labios.

Los dedos de ella se enredaron en su rubio cabello, revolviendo y tirando de él, mientras su cálida boca prestaba atención al punto más sensible de su pecho.

Y sintió las manos de él dejar su cuerpo por un momento para deshacerse de su camisa, pero sin despegar su boca de ella, succionando luego su otro pezón, antes de subir nuevamente por su pecho hasta su boca.

La sensación de piel con piel, cuando él volvió a besarla, era intoxicante, con sus pezones rozando contra la piel de su pecho, su boca devorando su boca, y sus dedos buscando el broche tras su espalda para retirar de ahí la molesta prenda, y luego seguir descendiendo con sus manos, rozando bruscamente la piel de su cintura, sus caderas, y luego posicionarse en su trasero, donde presionaron con fuerza, antes de bajar hasta sus muslos y alzarlos, haciendo que sus piernas lo envolvieran, y sus pies dejaran de tocar el piso.

Una ráfaga de calor envolvió a Hermione al percatarse de algo duro presionando con fuerza por delante de su jeans, allí donde sus caderas contactaban, y su lengua se introdujo con más fuerza en la boca de él.

Y de pronto, su espalda se despegó del muro. Estaba agarrada de su cuello por los brazos y de sus caderas por las piernas, mientras él avanzaba, sin dejar de besarla, hasta el sillón más cercano, donde se hincó, aún sosteniéndola, antes de posicionarla con una delicadeza inesperada en el asiento, y se separó de su boca.

Por un momento, su mirada gris, ahora oscura por la excitación, exploraba sus ojos con insistencia, mientras Hermione contemplaba extasiada la visión que era el hombre frente a ella, con su cabello desordenado cayendo en mechones rubios sobre su frente, las venas azules que se distinguían sobre sus párpados entrecerrados, el trazo de su nariz, sus mejillas rosadas y sus labios entreabiertos, rojos, por la sangre acumulada.

Había tantas preguntas que quería hacerle para aclarar sus dudas respecto a aquel año vivido al interior de Azkaban, pero todas y cada una de ellas acabarían con lo que sea que estaban viviendo en ese momento, por lo que resolvió guardar silencio.

Hermione respiró profundo, levantando su mano hasta la boca de él, donde la yema de sus dedos rozaron la tibia piel de sus labios, como tantas veces había querido hacerlo, ganándose una sonrisa por parte de él. Al instante siguiente, los dedos de Draco envolvían su muñeca, para maniobrar mejor sus dedos, y ubicó el pulgar de ella por delante de su boca y lo lamió lentamente, con su rosada lengua expuesta a ella por detrás del dígito que cubría de humedad, en un gesto obsceno y sugerente que hizo a Hermione tragar saliva, y a él sonreír mordiendo parte de su labio, ante su reacción.

Y volvió a besarla, mientras sus dedos desabrochaba el botón y cierres del Jeans de ella, con una facilidad que hizo a Hermione pensar en cuántas veces debía haber hecho eso antes, pero no tuvo tiempo de darle muchas vueltas al pensamiento, cuando los dedos de él se introdujeron por el borde de su pantalón y tiraron de él para bajarlo, primero por sus caderas, obligándola a despegarse del asiento para que la prenda descendiera, y luego por sus piernas, separándose de su boca para contemplarla mientras terminaba su tarea de desvestirla.

Hermione no podía dejar de mirarlo, con el corazón latiendo a mil por hora, y sus ojos fijos en sus pupilas coronadas de gris, con sus labios curvados, como un niño malo a punto de cometer una travesura, mientras descendía hasta depositar un beso en la piel de su rodilla, y luego la cara interna de su muslo derecho, sin dejar de mirarla, sembrando tibias caricias con sus labios en su camino, mientras sus manos acariciaban sus muslos, ejerciendo la presión necesaria para mantenerlos separados.

Lo último que Hermione vió de él antes de arquear la espalda y dejarse caer de lado sobre el sofá, fue su rubia y despeinada cabeza asomando en aquel punto donde se unían sus piernas, mientras su boca la besaba por encima del calzón.

Y entonces sus fríos dedos retiraron la tela de aquella última prenda hacia un lado, y lo siguiente que sintió Hermione fue el calor de su lengua introduciéndose en ella, y un gemido que le costó reconocer como propio dejó su boca, justo en el momento en que cuatro ansiosos golpes tocaron a la puerta.

- ¡Hermione!- se oyó la voz de Ginny llamarla.- ¡Ya estamos aquí!- Y Hermione alzó su cabeza horrorizada, para ver a Draco hacer seña con su propia cabeza, aún entre sus piernas, de que no respondiera al llamado.- ¡Hermiiiioooone!- cantó la voz de Ginny.- Sabemos que estás ahí. Abre rápido, que hace mucho frío aquí afuera para esperar a que Harry llegue.

Hermione llevó ambas manos a su rostro al recordar lo que eso significaba, y se reincorporó sobre el sofá, tomando el rostro de Draco entre sus manos.

- Harry tiene copia de las llaves.- le susurró.

- ¡Diablos!- fue todo lo que dijo él, cerrando los ojos, y poniendo empeño en controlar su respiración, y probablemente otras cosas que no sería conveniente que notaran.

- ¡Ya voy, Ginny!- gritó hacia la puerta.- Olvidé que habíamos quedado para hoy.- Se encogió de hombros hacia Draco, quien había comenzado a reír silenciosamente, mientras atraía las sus prendas desde el suelo hasta ellos, con un movimiento de su varita.- Cuando se haga una idea de lo que acaba de pasar, me matará.

- ¡No puedo creer que olvidaras que nos citaste!- seguía Ginny.- Me estoy congelando. ¡Luna también!

- Puedo usar un encantamiento desilusionador.- susurró Draco, abotonando la camisa sobre su pecho.

Hermione lo observó con los ojos muy grandes. Por un lado, no quería ocultar a sus amigos lo que comenzaba a ocurrir con Draco. Pero por otro, sabía que Ginny no dejaría de sacarle en cara el encontrarla en una situación tan comprometedora, en lugar de estarlos esperando como habían quedado, para preparar la fiesta de cumpleaños de Ron. Solo por evitar eso, terminó por asentir, aunque no sin antes tomar el rostro de él entre sus manos y besarlo con fuerza, a lo que él respondió con igual intensidad.

Un nuevo golpe de Ginny sobre la puerta los obligó a separarse, y Hermione apreció como mojaba su labio, en ese gesto endemoniadamente sexy en que lo hacía, antes de recoger su abrigo, y apuntar con la varita a su propio cuerpo, para adquirir el color de la pared detrás de él.

Ella respiró hondo antes de abrir la puerta, recibiendo a Ginny y Luna, con una sonrisa.

- ¡Ya era hora!- exclamó Ginny, ingresando directo a la cocina, a encender el calentador de agua y revisando los estantes en busca del té. Luna la siguió con su expresión soñadora, mientras Hermione sostenía la manilla de la puerta para permitir la salida de Draco, y solo cuando ya no podía sentirlo en el aire junto a ella, cerró la puerta.- ¿Alguien más quiere un té?- preguntó Ginny, colocando una bolsita en su tazón.

Hermione negó con la cabeza, esgrimiendo una maquiavélica sonrisa cuando vio a Ginny tomar asiento en el sofá donde Draco y ella acababan de estar, y preguntó si ya tenían algo pensado para la fiesta sorpresa de Ron.

- Fin del capitulo-

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