ADVERTENCIA: ALUSIÓN A VIOLENCIA. CONTENIDO SEXUAL EXPLÍCITO.
Capítulo 12: VIOLA BUTTERCUP
"Hacia donde miremos, encontraremos que los verdaderos obstáculos para la paz son la voluntad y los sentimientos de los hombres, las convicciones humanas, los prejuicios y las opiniones. Si queremos librarnos de las guerras, tendremos que librarnos de todas sus causas psicológicas".
ALDOUS HUXLEY
Los cinco ancianos sentados en la mesa de los jueces, oyeron con atención los argumentos presentados por Blaise Zabini, para sustentar su denuncia por la muerte de Theodore Nott. Dean orientó las preguntas acorde a lo ensayado los días previos, y durante los diez minutos que duró el interrogatorio, Hermione pensó que habían hecho un buen trabajo.
Pero entonces, Viola Buttercup tomó la palabra, atacando los motivos de Zabini, con un discurso tan bien elaborado, que Hermione temió que el moreno no supiera cómo responder, y los cinco hombres que debían mostrar imparcialidad, en su calidad de jueces, dejaron claro que se estaban deleitando con el festín que la mujer hacía de aquel mortífago que se había librado de Azkaban.
Buttercup era llamativamente alta y delgada. Llevaba su cabello castaño, teñido por las primeras canas, en una melena lisa en corte recto a la altura de los hombros. Sus ojos, de un verde intenso como los de Harry, dejaban traslucir una inteligencia de la que parecía consciente, y la amplia frente, los labios rectos y los pómulos marcados, daban a su rostro un aire de rectitud y voluntad inquebrantables. Hermione concluyó que era alguien que convenía tener del mismo lado, y no en contra.
- ¿A qué se dedica "MyR Asociados", señor Zabini?- preguntó la mujer de pronto.
- Es un negocio de inversiones,- puntualizó el moreno con molestia- que nada tiene que ver con esto.
- ¿Qué tipo de inversiones?
Zabini observó a Dean Thomas, como si buscara su apoyo para que se frenaran las preguntas, pero Dean no tenía un motivo real para hacer objeciones, más allá de la incomodidad del interrogado.
- Propiedades, principalmente.- respondió, visiblemente irritado.
- Y también "rescatan" negocios de la quiebra, ¿verdad?- Zabini asintió.- Y luego, pasan a ser dueños de esas propiedades y esos negocios, ¿no?
- No le estamos robando nada a nadie. Los ayudamos a evitar la pérdida y pasamos a ser propietarios de una parte de la propiedad o el negocio como retribución. Si no fuera por nosotros, la mayoría de los dueños habrían perdido todo.
- ¿Nosotros?
- Los socios.
- ¿Qué significa la "M" de MyR, Señor Zabini?
- Moreno.
- ¿Perdón?
- Moreno. En "MyR" la M es por "Moreno". Una broma entre socios.
- ¿Quién es su socio?- Zabini apretó los labios y le dirigió una mirada de odio a la mujer, antes de responder con rabia.
- Draco Malfoy.
- Mortífago y ex convicto, ¿no?
- No entiendo a qué va con esto.
- Se acusa a funcionarios del Ministerio por la muerte de Theodore Nott, y quien hace la denuncia es amigo y socio, precisamente de un ex convicto de Azkaban, que hasta donde sabemos, tiene múltiples razones para odiar a los guardias.
- No entiendo qué tiene que ver que…
- La pregunta es, señor Zabini, si está haciendo esto porque realmente tiene dudas respecto a la muerte de Theodore Nott, o como una forma de vengarse de alguna afrenta personal de su socio contra los guardias.
- ¿Usted realmente cree que Theo murió por la viruela de Dragón? ¿Cómo diablos se contagió estando ahí dentro?
- ¿Ahora es experto epidemiólogo?
- Sólo digo que…
- No más preguntas, señor Zabini.
Hermione vio al moreno apretar los labios y mostrar más rabia de la que nunca había apreciado en su expresión, que de por sí era hosca y de pocos amigos. Cuando al fin se le permitió dejar el estrado en dirección a su asiento, sus pisadas hacían eco en el gran salón, dando cuenta de su molestia.
Por un momento, ella habría querido sentarse junto a él para calmarlo- más por su relación con Draco que porque le agradara Zabini.- pero sabía que aquello podía terminar en algún titular en el profeta al día siguiente, cuestionando sus motivos para modificar el sistema de justicia del mundo mágico.
La siguiente testigo de la Defensa, fue una mujer que hacía de enfermera durante los últimos seis meses en Azkaban y que durante el interrogatorio de Buttercup, negaba tozudamente, cualquier tipo de maltrato.
Era morena, de mediana edad, robusta y baja, con ojos almendrados que carecían de cualquier vestigio de amabilidad, lo que quedaba manifiesto en la aspereza de sus respuestas, especialmente cuando Dean tomó la palabra.
- ¿Estas fotografías, no dan muestra de maltrato para usted?- preguntó el moreno, ya cansado de oírla negarlos una y otra vez.
- Dan cuenta de golpes, pero no de la causa de esos golpes.- respondió la testigo, con los ojos entrecerrados y los labios formando una mueca de desprecio ante la fotografía que enarbolaba Dean.- Las caídas por escaleras o magulladuras entre los mismos prisioneros, son frecuentes en Azkaban. Eso no significa que seamos los funcionarios los causantes de esos golpes o que busquemos el modo de matarlos.
- ¿Y qué explicación habría para estas cicatrices en las muñecas del difunto Theodore Nott?- siguió Dean, mostrando otra fotografía. Hermione se llevó una mano a la frente pensando que debió advertir a su amigo, que el origen de aquellas cicatrices en Nott no tenía mucho que ver con Azkaban.
- No son infrecuentes las heridas por el roce de las esposas.- dijo la mujer, con desinterés.
- Existen nueve reportes de lesiones en muñecas, que requirieron atención en los últimos tres años.- siguió Dean, despertando la atención de Hermione.- ¿No es llamativo que todos ellos, no solo fueron mortífagos, sino que tenían las fortunas más abultadas?
Nueve reportes.
Hermione atrajo hacia sí la carpeta con las copias de evidencia que Hestia le había entregado, y comenzó a buscar las fotografías. Eran muchas las imágenes que daban cuenta de golpes y heridas en las distintas carpetas, unas más llamativas que otras, pero no se había percatado de que las mismas lesiones se repitieran, hasta que llegó al conjunto de nueve fotos que Dean había separado. Eran tomas cercanas de muñecas, con el nombre de cada prisionero en el extremo inferior. Selwyn, Flint, Fawley, Lestrange, Rowle… Malfoy.
"Heridas por roce", dijo la mujer, y Dean había pasado a la siguiente pregunta. Pero Hermione sabía que esas no eran lesiones provocadas por el simple roce de las ataduras mágicas, sino las marcas que habían generado cicatrices en los pacientes del cuarto piso de San Mungo.
"Los mantenían sostenidos por las esposas, mientras los torturaban", le había explicado uno de los sanadores, cuando, tras la guerra, se ofreció a prestar ayuda en San Mungo, "el peso de sus propios cuerpos hacía que el metal les desgarrara la piel".
Eran marcas de tortura.
Hermione tomó el bolígrafo y escribió con apuro, en el reverso de una fotografía, para extender la nota a Dean Thomas, apenas tuvo su atención. El moreno parecía estar pronto a lanzar su próxima pregunta cuando se acercó a ella, alargando el brazo por encima de los asientos que los separaban para tomar la imagen y Hermione vio como los ojos del moreno pasaban por las letras, y la comprensión se dibujaba en su rostro.
- Señorita Cornfoot,- comenzó Dean, caminando de regreso al estrado, mientras colocaba las fotografías mágicamente suspendidas en el aire, de modo que la mujer pudiera verlas.- ¿Nos puede describir el tipo de heridas que ve en esas imágenes?
- Heridas por roce, como dije antes.- bufó.
- ¿Es habitual que el roce desgarre la piel hasta el hueso, de modo que requiera reparación con pociones, señorita Cornfoot?
El rostro de la mujer demudó su expresión de desprecio ante la pregunta, por una de clara confusión, y pasó a ajustar sus anteojos y examinar las imágenes con más detención de la que había dado a las de Nott.
- ¿Es el roce suficiente para generar esas lesiones, señorita Cornfoot, o se requiere otro tipo de presión, como la que genera el peso de un prisionero al ser colgado de las muñecas?.
- No soy perito en lesiones.- Expuso la mujer, pero había una clara inseguridad en su voz.
- Es cierto, pero con su experiencia, debe saber el tipo de pacientes que tenían esas marcas después de la guerra. ¿No es verdad, señorita Cornfoot?- la mujer se retiró los lentes de los ojos, lentamente, bajando la cabeza y centrando la mirada en algún punto inexistente. Parecía confundida.
- Debe saber que yo nunca atendí en Azkaban a ninguno con heridas como esas.- dijo la mujer de pronto.- A Theodore Nott solo me tocó asistirlo un par de veces, principalmente para calmarlo, y si ve las imágenes de sus lesiones, verá que son distintas a las de estas fotografías… Yo no había visto lesiones como estas en ellos. No realmente.
Dean pareció confundido, pero Hermione comprendió lo que la mujer quería decir. Solo llevaba seis meses en Azkaban, suficiente para haber compartido con Nott, pero las demás imágenes eran de lesiones previas a su llegada. Con un juicio en curso en contra de los guardias, no era de extrañar que estos hubiesen detenido las torturas.
- ¿Y nos podría decir dónde ha visto ese tipo de lesiones, señorita Cornfoot?- siguió Dean.
La mujer apretó los labios con fuerza antes de asentir.
- En las víctimas de mortífagos.- dijo al fin, en un hilo de voz, casi con vergüenza.- Era habitual que los dejaran suspendidos de las muñecas mientras los torturaban.
Dean se tomó unos minutos para ir tomando las fotografías suspendidas, una a una, mientras se acercaba a la mujer.
- ¿Sigue creyendo que no existieron torturas en Azkaban?- le preguntó al fin, notando como la enfermera se contraía en su asiento.
- Yo… No lo sé.
- No más preguntas- Dijo Dean al fin, girándose en dirección a Hermione para sonreírle, y ella le devolvió la sonrisa, ante aquella pequeña victoria.
Pero mientras los jueces daban indicaciones a la mujer para que se retirara, Hermione sintió una mirada clavarse intensamente en ella, obligándola a girarse, hasta encontrar los verdes ojos de Viola Buttercup.
De algún modo, la mujer parecía transmitirle que estaba al tanto de que había sido ella quien entregó la información clave para las preguntas, y al cabo de unos segundos en que Hermione hizo su mejor esfuerzo por sostenerle la mirada, Buttercup inclinó levemente la cabeza en su dirección, con el gesto inconfundible de quien acepta un reto.
Uno que Hermione no estaba segura de haber lanzado.
-HP-
Hermione logró alcanzar a Blaise Zabini en su camino a la salida, y aunque el moreno no parecía muy interesado en hablar con ella, no hizo ningún gesto molesto mientras la tuvo a su lado, esperando el ascensor.
- Lo hiciste bien, Zabini.
El moreno le respondió con una sonrisa torcida, mientras subía al elevador, con ella a su lado.
- No le dirás a Draco que Buttercup se refirió a él de esa forma, ¿verdad?- Zabini resopló, apretando el botón para bajar, e ignorando su pregunta. Hermione agradeció que no hubiera nadie más junto a ellos.- Para los demás parece difícil ver más allá de su marca o de su pasado, pero…
- Para la mayor parte del mundo mágico, Draco es escoria, Granger.- sus oscuros ojos giraron a ella.- ¿Crees que él no lo sabe?.- Hermione le sostuvo la mirada, sorprendida ante la crudeza de sus palabras.- También sabe que otros pocos lo ven como una puta inversión a largo plazo.
- ¿A largo plazo?
- En cinco o diez años más, la victimización de esos idiotas dejará de ser moda, pero él seguirá siendo inmensamente rico. ¿O me dirás que no habías pensado en ello, Granger?- le sonrió de lado, con el desprecio claro en su mirada.
- ¿De verdad crees que yo lo veo como una inversión?- Le reprochó con la rabia naciendo en ella, ante su insinuación.- ¿Que estoy con él por su dinero?.- Si bien la naturaleza de su relación con Draco no había sido oficializada por ninguno, Hermione sabía que Zabini estaba al tanto de ella.
El moreno la observó de pies a cabeza, sin ocultar su desprecio, antes de responder.
- Imagino que en tu caso debe haber alguna noble y estúpida razón de por medio. Pero eso no te impidió utilizarlo para conseguir el dinero de Francia, ¿verdad? ¿Te importa siquiera lo que tuvo que comprometer a cambio?
Los favores no se pagan con dinero…
- ¿A qué se comprometió?
- ¿No te lo ha dicho?- Parecía sorprendido, pero desvió rápidamente su mirada al frente, cuando las puertas del elevador comenzaron a abrirse.- Ya te enterarás.- Sonrió, y avanzó fuera del aparato, no sin girar su cabeza por encima de su hombro hacia ella, para añadir unas palabras finales.- Ahora no le va a quedar más que decírtelo.
Y Hermione se quedó de pie en el elevador, observando la figura de Blaise Zabini desaparecer por el pasillo, a medida que se cerraban las puertas. Por más que lo intentaba, no sabía cómo interpretar sus palabras.
-HP-
Era la segunda vez que Hermione hacía su aparición vestida de gala, en busca de Draco Malfoy, pero esta vez, con ropa mucho más cómoda que el vestido azul de Astoria Greengrass, y en un cuerpo que le pertenecía.
- Hermione Granger.- dijo al hombre de la entrada, que buscó su nombre en la lista con cierta sorpresa al encontrarlo.
- La acompañante de Lord Malfoy.
La feminista dentro de ella resopló. Su participación en la guerra debía haberle ganado que su nombre por sí solo le valiera ser algo más que la acompañante de otra persona, pero se mordió los labios para no arruinar la velada, pese a que la mirada de pies a cabeza que el hombre le lanzó terminó por incomodarla.
- ¿Algún problema?- le preguntó, dejando transparentar su molestia.
- Ninguno, señorita Granger.- E hizo un gesto para darle acceso al lugar.
Por segunda vez, Hermione dejó su capa en la entrada y se detuvo ante el gran espejo, sin dejar de notar que la imagen que este le devolvía distaba mucho de la esplendorosa rubia a la que había suplantado meses atrás. Sus piernas eran mucho más cortas, sus caderas más anchas, y su cabello, si bien iba tomado en una trenza sobre su hombro, mostraba mucho menos arreglo que el de la rubia. Y aún así, sentía que el negro vestido de escote pronunciado y mangas largas, se apegaba maravillosamente a su cuerpo, cubriéndola hasta los pies, pero dejando en claro a todos que tenía una linda figura. No despampanante, pero suficientemente aceptable, en su opinión.
Bajó las escaleras buscándolo, y nuevamente lo encontró en un rincón, con una copa de líquido espumante en su mano, y alejado de todos los demás.
Para ellos es escoria, Granger.
Las palabras de Zabini resonaban en su cabeza.
Para el resto, una inversión a largo plazo.
- ¿Hermione Granger?- le llamó una voz conocida a su espalda, antes de que lograra llegar junto a Draco, quien parecía no haberla visto aún.
- ¿Arabella?
Arabella Sprout había compartido con ella un corto tiempo, durante su pasantía por el Departamento de Cooperación Mágica Internacional. Era una mujer baja, con busto y vientre prominentes, que esa noche parecía querer ocultar con un vestido que apretaba demasiado. Su rostro, de mejillas sonrosadas y frente pequeña, siempre habían resultado una incógnita a Hermione, pues daban un aspecto de mujer amable, pero tenía fama de ser todo lo contrario.
- ¡Qué sorpresa verte por aquí!- exclamó la mujer, con su sonrisa fingida. Hermione sabía que Arabella siempre vio en ella una amenaza para su ascenso a jefa de departamento, pensando que su participación en la guerra, y su simpatía con Shacklebolt le ganaría el ascenso, pese a su inexperiencia.- Supongo que es mi oportunidad de felicitarte, ahora que te estás haciendo doblemente famosa con tus ideas de renovación del sistema de justicia. Aunque debo decir que no estaba al tanto de que te recibieras de la Escuela de Derecho Mágico.
- No soy Defensora, Arabella.
- ¡Oh!- exclamó pestañeando mucho con sus pestañas falsas.- ¿Y entonces?
- Mi rol no es defender a nadie, sino velar porque se respeten los derechos fundamentales.- dijo entre dientes, buscando con la vista a Draco, que había desaparecido de un momento a otro.
- Entiendo, querida. Por cierto, ¿a qué se debe tu presencia aquí?.- sus delgadas cejas se alzaron, con curiosidad, pero también con cierto desprecio.- ¿Te pidieron entregar un discurso en nombre de los hijos de muggles, o quizá…?
- Estoy acompañando a un amigo.
- ¿A Potter?- una extraña expectación inundó su rostro. De las pocas ocasiones en que intercambiaron palabras, Hermione recordaba que la mujer tenía una extraña fijación en su relación con el Elegido, como si quisiera desentrañar un romance oculto.
- No. A Draco Malfoy.
La mujer la observó con el desconcierto pintado en su rostro.
- ¿Es una broma?
- No me siento particularmente graciosa esta noche.- la mujer pestañeó un par de veces.
- Querida, déjame que te de un consejo.- La esencia dulzona del perfume de Arabella, le llegó a las narices, cuando la mujer se acercó a ella aparentando complicidad, y colgándose de su brazo.- Puedo entender el interés de una chica joven como tú en alguien como Draco Malfoy. ¡El chico es guapísimo!- sonrió con picardía- Pero nadie olvidará nunca su paso por Azkaban, ¿entiendes? Tampoco olvidarán el motivo por el que estuvo ahí.- Hermione frunció el ceño y separó los labios, buscando las palabras para decirle a la bruja que se guardara sus consejos, sin sonar ofensiva, pero la mujer la interrumpió antes de decir nada.- Te lo digo como una persona con más experiencia que tú en estas cosas. Si quieres tener un buen puesto en el Ministerio de Magia, no te conviene ser vista con personas como él.
Hermione se tomó una pausa para fingir una sonrisa amable.
- Esta es la segunda vez que recibo ese consejo, Arabella.- dijo, desenredando su brazo del agarre de la mujer, que asentía condescendiente.- Y la segunda que pienso desoírlo.- La sonrisa se borró de los labios de la mujer, que la observaba ahora con cierto desconcierto.- Un placer volver a verte, Arabella, pero debo buscar a Draco.
Hermione caminó lejos de ella, tan rápido como pudo, con los labios apretados por la rabia, mientras sus ojos buscaban al rubio. Pero fue él quien la encontró, haciéndola saltar sobre sus pies al sentir su nombre muy cerca de su oído, lo que la hizo girarse para encontrar sus ojos.
- Comenzaba a temer que te habías arrepentido.- le sonrió, pero manteniendo una distancia que a ella le parecía extraña, especialmente considerando que sus últimos encuentros solían iniciar con toqueteos y besos apasionados.
- ¿No habrá un beso de bienvenida?- preguntó. Draco se mordió su labio inferior, y contempló su boca, con el deseo claro en su rostro, pero no hizo ningún ademán de inclinarse hacia ella.
- Hay cámaras en cada esquina.- le advirtió.
- ¿Y?
No quiere que lo vean contigo…, susurró la voz de sus inseguridades en su cabeza, pero ella sabía que no era eso.
- ¿Estás segura que quieres esto?- preguntó Draco, y Hermione alzó una ceja, dejando clara su incomprensión. Él humedeció su labio inferior antes de hablar.- ¿Estás segura de que quieres que te vean conmigo? Te puedo asegurar que será portada.- Hermione pestañeó confundida. ¿De verdad le estaba preguntando eso?- "La heroína y el mortífago"- sonrió, con la tristeza clara en su expresión.
- "Ex"- dijo, haciendo que sus ojos grises se clavaran en su expresión, expectante.- "Ex" mortífago.- repitió ella, y se apoyó en la punta de sus pies, hasta que sus manos alcanzaron su rostro.- Y si vamos a ser portada, que sea un espectáculo que valga la pena.
El Flash de las cámaras comenzó incluso antes de que sus labios contactaran los de él.
-HP-
Se habían retirado poco después de iniciar el beso, entre miradas sorprendidas y murmullos de personas que explicaban a otras quién era ella. Él no necesitaba presentación.
Hermione había sido quien tomara su mano para llevarlo al punto de aparición, y ni aún se molestó en recuperar su capa, cuando volvió a besarlo y le pidió que la llevara a casa. Ambos sabían que aquella "casa" era el dormitorio de él, donde ya con cierta habitualidad compartían tardes y noches, e incluso amaneceres, de toqueteos, besos y exploraciones que eran toda una novedad para ella.
Y esa noche no fue la excepción.
Ya saciada y agotada, en los momentos compartidos después del sexo, a los que comenzaba a habituarse, contempló a Draco recordando las palabras de Zabini, y luego las de Arabella, y se preguntaba cómo habían terminado una guerra que surgía de los prejuicios, solo para iniciar otros. Como si la historia debiera repetirse una y otra vez.
- Mis padres quieren invitarte a casa nuevamente.- dijo de pronto, porque necesitaba cambiar el rumbo que tomaban sus pensamientos.
Seguían recostados de lado y frente a frente en la cama, con Draco abrazado a la almohada, y su respiración impactando sobre el rostro de ella. Tenía el rubio cabello desordenado y algunos mechones pegados a su frente. Sus párpados cerrados, las cejas delineadas y los labios entreabiertos en un modo que generaban lujuriosos pensamientos en ella. Imágenes que la hacían ruborizarse sin poder evitarlo.
Tres orgasmos seguidos, Hermione. Tres. Se dijo, pensando que el rubio tenía bien ganado su descanso, y desistió de llevar su mano por debajo de las sábanas, para despertar cierta parte de la anatomía del hombre que tenía enfrente.
- ¿Te parece que es este el mejor momento para hablar de tus padres?- murmuró Draco de pronto, sin abrir los ojos.
- ¿Por qué no?
- Porque me resulta morboso traerlos a conversación justo después de hacer que su hija gritara como una banshee.- Apretó los ojos y se cubrió el rostro con el antebrazo para defenderse del golpe que le dió Hermione.- Lo siento, lo siento…- sonrió en un modo travieso que resultaba tierno a la vez que excitante- Pero si mezclamos las cosas me será difícil no pensar en los sonidos que haces, la próxima vez que esté con ellos.- Volvió a sonreír mordiéndose el labio, y abriendo un ojo con cautela, como si quisiera evaluar el riesgo de un segundo golpe. Hermione se limitó a arrugar la frente y torcer el labio.
Tres, Hermione… Tres.
Y mientras rememoraba el modo en que se sentían sus manos recorriéndola, la facilidad con que su lengua encontraba el punto exacto, o el modo en que sus labios sabían cómo aplicar la presión justa, la constante pregunta de las últimas semanas volvió a atacarla. ¿Dónde había aprendido a tocar a una mujer de ese modo?
- ¿Quién fue tu primera vez?- la pregunta dejó sus labios antes de que pudiera retenerla, pero el modo en que los labios del rubio se curvaron en una sonrisa, la alentaron a esperar una respuesta.
- No es de caballeros hablar de eso.- dijo él, aún sonriendo.
- Tú sabes quién fue mi primera vez.
Draco arrugó su frente como por reflejo.
- Créeme que preferiría no saberlo.
- ¿Pansy Parkinson?- siguió ella, y una negativa de su rubia cabeza fue su respuesta.- ¿Daphne Greengrass?- había oído decir a Ginny que la rubia fue su novia durante el séptimo año en Hogwarts.
- No.- murmuró, sin mucha expresión en el rostro.
- ¿Astoria?
- Absolutamente no.- arrugó la cara y se removió contra la almohada- Astoria es una niña.
- ¿Alguna maestra en Hogwarts?- bromeó Hermione, sonriendo ante la idea de Pomona Sprout seduciendo a un adolescente Draco Malfoy, pero el modo en que Draco abrió los ojos de golpe, contrayendo su mandíbula, la hizo alejar el pensamiento. La tensión estaba clara en su rostro, mientras examinaba sus ojos, como si quisiera descubrir en ellos algún motivo oculto en su pregunta.
Una Maestra.
Sin decir palabra, Draco se incorporó, sentándose en el borde de la cama. En la penumbra de la noche, su blanca espalda daba la impresión de una estatua de mármol.
- ¿Dije algo malo?- preguntó Hermione, y él giró a mirarla, por encima de su hombro. Si bien sus ojos no transmitían gran cosa, una sonrisa forzada decoraba su boca cuando negó con la cabeza.
- Iré a…- se interrumpió, al parecer sin encontrar una excusa adecuada.- Debo ir a…
Hermione intentó incorporarse sobre la cama junto a él, pero al llevar la sábana con ella para cubrirse, esta no cedía. Sabía que si no colocaba sus manos en él para detenerlo, Draco se iría, y tendría una nueva interrogante sin respuesta, un nuevo momento incómodo, que sumar a los otros, por lo que dejó la sábana de lado y se sentó junto a él, al borde del colchón, desnuda y expuesta, con sus pies contactando la alfombra.
Aunque su primera intención había sido detenerlo para hablar, fue al notar la intensa mirada de él sobre ella, detenido en su empeño de buscar excusas, lo que movió sus acciones a partir de entonces, instándola a apoyar su mano en su rodilla, mientras se posicionaba frente a él, hundiendo sus propias rodilla en la alfombra. Pudo notar como los pulmones de Draco se expandieron de golpe, como si sostuviera la respiración por reflejo, y una indescriptible satisfacción la embargó cuando comprendió que de un momento a otro desapareció todo rastro de tristeza en su rostro. Solo había en él expectación y deseo.
Hermione podía adivinar que él quería esto tanto como ella, por lo que apoyó sus manos en las rodillas de él para posicionarse mejor, mientras con sus ojos recorría sus ojos grises, sus labios entreabiertos, con una expresión que denotaba vulnerabilidad y encanto al mismo tiempo. Y extendió su mano a acariciar la mandíbula de él, bajando por su pálido pecho, rozando las cicatrices, y luego su abdomen, y más abajo, hasta que sus dedos envolvieron la parte más sensible de su cuerpo, y el aire escapó de golpe de la boca de Draco. Hermione descendió con su cabeza, ahí donde estaban sus ojos.
Primero fue un toque tentativo con su lengua, experimentando sobre aquella piel de una suavidad que no encontraba en ninguna otra parte de su cuerpo, y se detuvo a apreciar la consistencia viscosa y el sabor ácido de fondo afrutado, de la delgada película que lo cubría, con cierta sorpresa que la hizo detenerse un instante.
- No tienes que…- alcanzó a murmurar él, con una voz más grave de lo habitual, como un susurro ronco y entrecortado, pero se detuvo al instante en que la boca de ella envolvió la cabeza, ayudándose de su lengua.
Hermione no sabía realmente qué estaba haciendo. Su anterior experiencia en esa área, se había limitado a un montón de risas, sensaciones incómodas, y a Ron diciéndole que estaba bien si no sabía cómo hacerlo, lo que acababa molestándola.
Pero por el modo en que Draco respondía cada vez que su boca avanzaba y retrocedía, solo para envolver más de él en cada movimiento, supo que algo debía estar haciendo bien.
Sintió las manos de él colarse por su cabello en algún momento, y ella comenzó a jugar con sus propias manos ahí donde su boca no llegaba, y eso también debió ser bien recibido, por el modo en que el vientre de él se contrajo.
Un sonido delicioso y excitante escapó por la boca de Draco y ella continuó succionando, lentamente, apreciando cómo algo en su interior pulsaba con fuerza, mientras su mano persistía en sus movimientos, ascendiendo y descendiendo rítmicamente, al mismo tiempo que su boca. Y se detuvo a succionar con suavidad, sin dejar de mover su mano, y luego acariciarlo con su lengua, tomando un respiro para mirar su rostro, de ojos cerrados y respiración entrecortada, y Hermione se preguntó si él se sentiría tan poderoso como ella se sentía en ese momento, al tenerla a ella con los ojos cerrados y disfrutando.
Y fue esa sensación de dominio sobre él la que la instó a ir más allá de las caricias con sus manos y su boca. Relajando su garganta, inclinó su cabeza y bajó tan lejos como pudo, haciendo escapar un quejido ahogado por los labios de Draco, y lo sintió tensarse en un modo delicioso y excitante.
Y Hermione repitió su acción una y otra vez, hasta que sintió que los dedos de él tensarse en sus cabellos, guiando el ritmo de su cabeza, y sintió sus rodillas temblar cuando volvió a avanzar con su boca, y algo pulsar y contraerse, haciendo presión contra su lengua, a medida que un sabor más intenso que el de antes inundaba su boca.
Y sintió sus largos dedos apretar con fuerza sus cabellos un instante y luego soltar, al tiempo que su miembro se ablandaba, lentamente, en su boca.
- Fin el Capítulo 12-
Infinitas gracias a aquellos de ustedes que se toman el tiempo de dejar un comentario. Son valiosísimos para mejorar la historia.
