ADVERTENCIA: CONTENIDO SEXUAL EXPLÍCITO AL INICIO Y FINAL DE LA HISTORIA. CAPÍTULO LARGO, PERO MUY IMPORTANTE PARA EL RESTO DE LA HISTORIA.
Capítulo 13: CRIMEN Y CASTIGO
"¿Dios está dispuesto a prevenir la maldad y además puede hacerlo? Si es así, ¿por qué hay maldad en el mundo?".- EPICURO DE SAMOS
Hermione se despertó en unas sábanas demasiado suaves para ser las suyas, pero a las cuales comenzaba a acostumbrarse, mientras reminiscencias de la noche previa iban cobrando forma en su mente, e hicieron colorear su rostro en un modo furioso, que la obligó a atraer la almohada más cercana y ocultar la cabeza bajo ella.
Igual que lo hiciste anoche, le recordó la voz de la vergüenza. Pero incluso esa voz no sonaba del todo horrorizada. Aunque debería.
La imagen de Draco cogiéndola por detrás, con sus pezones rozando las sábanas deliciosamente en cada embestida, y toda la bendita intimidad de su trasero expuesta a él, en un modo desvergonzado, iba tomando fuerza en su mente. Pero lo que la hizo retorcerse sobre la cama y apretar la almohada, fue el recuerdo de aquella sensación extraña e inesperada que la embargó, cuando un dedo de él presionó contra la sensible zona que se ubicaba solo centímetros arriba de su entrada más convencional.
Recordaba bien cómo su cuerpo se había inmovilizado ante la sorpresa, y como él detuvo el movimiento, sin retirar la presión, aguardando por su permiso. Una parte de ella gritaba por detener aquello, por indignarse, por decir mil cosas que le dejaran claro a Draco Malfoy, que había límites que ella no iba a cruzar. Pero otra parte de ella, la primitiva, intoxicada de curiosidad, atrajo la almohada que tenía enfrente, la colocó sobre su cabeza, como si eso le evitara el bochorno, y pujó con su trasero hacia atrás, apenas levemente, a modo de invitación.
No había forma de que pudiera ver el rostro de Draco, pero escuchó su risa, justo antes de que retomara las movimientos con su dedo, dibujando círculos, presionando, introduciéndose levemente, humedeciendo, quién sabía cómo, y penetrando lenta y deliciosamente, sin que la otra parte de él dejara de moverse dentro de ella, rozando, invadiendo, marcando, colmando. Despertando en ella algo primitivo y perverso, que le gustó.
Oh, sí que te gustó.
Los dedos de sus pies se curvaron ante el recuerdo, en el preciso momento en que un suave golpeteo contra la puerta, anunciaba la llegada de la elfa.
Algo dijo la criatura sobre el desayuno esperando por ella, y Hermione se encontró respondiendo con una voz ronca, entrecortada, y las mejillas rojas. Si Dardey notó en ella o no algo extraño, no tenía cómo saberlo, pero se retiró con su amabilidad habitual, tras recordarle que la ducha estaba preparada, y que el "amo" Draco, la esperaría en la biblioteca.
Hermione se mordió la lengua ante la palabra "amo". En las tres ocasiones previas en que, durante sus visitas al lugar, había intentado convencer a la elfa de dejar de lado aquel título, solo había ganado por parte de ella una sonrisa amable, pero ningún cambio de conducta. Y esa mañana, la defensora de la libertad de los elfos que había en ella, no se sentía precisamente un estandarte de rectitud, como para instigar a otros a rechazar la sumisión.
Anoche te gustó la sumisión…
Se duchó en silencio, llevando agua a sus mejillas para aplacar el calor que surgía en ellas ante el recuerdo, intentando concentrarse en la tibieza de la lluvia que descendía por su cuerpo y arrastraba consigo los vestigios de una mezcla de fluidos que se sentía resbalosa entre sus piernas.
No era justo comparar, sabía bien que no, pero de las pocas ocasiones en que había permitido a Ron acabar dentro de ella, siempre le invadía la necesidad de quitarse aquello cuanto antes. En más de una oportunidad, se había metido a la ducha inmediatamente después de terminar, solo para retirar cualquier rastro, usando como excusa el no querer ensuciar las sábanas.
Con Draco, en cambio…
No solo no le molestaba. De algún modo humillante y perverso, disfrutaba ser marcada de esa forma- un tormento constante para la feminista dentro de ella-, tanto como disfrutaba sentir su propio sabor, en la boca de él. Y por el modo en que él devoraba cada parte de ella, fluidos mezclados o no, sabía que el sentimiento era mutuo, y eso la excitaba.
Mientras se vestía, agradeciendo que Draco la sugerencia de dejar siempre una provisión de su propia ropa en manos de la elfa, las ventanas descorridas daban una perfecta vista de la amplitud del terreno, más allá de la cancha de Quidditch, y se detuvo a contemplarlo, mientras pensaba en el flash de las cámaras de la noche previa y teorizaba posibles titulares para esas fotografías. ¿Imprimirían en ellas algún dejo de romanticismo, aludiendo a un romance inesperado de polos opuestos, o se dejarían encantar por el morbo? Seguramente irían por aquel título que vendiera más ejemplares, y Hermione solo esperaba que la historia pasara de moda pronto, y que los dejaran en paz.
Sin encontrar un cepillo capaz de lidiar con su cabello, lo amasó con las manos, para darle alguna forma a su melena húmeda, y dejó la habitación, esperando encontrar el camino a la biblioteca.
Hermione nunca había tenido un recorrido formal por el lugar,- pese a sus múltiples visitas nocturnas con salidas apresuradas por la mañana- y aunque sabía, por lo que le había oído a Draco, que no alcanzaba las proporciones de la Mansión Malfoy, adivinaba ya que no debía ser menos impresionante que su hogar ancestral.
No es de extrañar que todos los espacios le parezcan estrechos…
El terreno y la casa habían sido comprados por Narcissa para que su hijo pudiera terminar su condena en reclusión domiciliaria, con espacio suficiente para volar, y lejos de la Mansión. "Los recuerdos hacían imposible para mí el volver ahí", había dicho al tocar el tema, y ella se preguntaba si el episodio en la sala de dibujos que la involucraba a ella y sus amigos, sería uno de esos recuerdos.
Le confesó también que Narcissa permanecía en la Mansión, recluida y alejada de cualquier visita o evento, aunque Hermione no lograba entender del todo el motivo, por lo que Blaise Zabini había sido su acompañante fijo en aquel lugar, manteniendo incluso un cuarto propio que aún frecuentaba de cuando en cuando. Sabía también que otro cuarto tenía algunas pertenencias de Nott, pero Draco nunca habló del motivo.
Al llegar a la biblioteca, el rubio reposaba en su cómoda silla al final de la amplia habitación, tapizada de libros. Junto a él, una mesa, donde una tetera, tostadas, huevos y algunos dulces que no lograba reconocer, esperaban por ella. Había una segunda silla, y detrás de la mesa, un amplio ventanal de bordes blancos, que dejaba ver a la distancia las copas de los árboles de un bosque.
Draco sostenía en una de sus manos un tazón de café, y en la otra, un ejemplar de "El Profeta".
Hermione inspiró hondo, recordando el flash de las cámaras de la noche previa, y la ansiedad volvió a hacer presa de ella, mientras caminaba hacia él.
Pero, al advertir su llegada, Draco dobló el periódico, haciéndolo desaparecer mágicamente, como si ocultándolo, las consecuencias de ese beso dejaran de existir. Una sonrisa se dibujó en el rostro del rubio, cuando se inclinó a servirle una humeante taza de té.
Llevaban menos de un mes de estar juntos, y el rubio ya había aprendido que por la mañana prefería el té antes que el café, y sabía incluso cómo le gustaba. Intenso y sin azúcar al despertar; y suave, con gotas de limón por la noche. Él, en cambio, prefería el café en toda ocasión.
- ¿Alguna novedad en El Profeta?- preguntó Hermione expectante. Draco le mantuvo la mirada unos segundos, torciendo el labio, antes de colocarse de pie y extender a ella la taza.
- Sólo lo esperable.- Hermione habría querido preguntar algo más respecto al titular que habían utilizado, o si la fotografía los representaba bien, pero el rubio siguió en su empeño de evitar el tema, caminando hasta la ventana para perder su mirada en la contemplación del paisaje.
Nada bueno en el titular entonces, pensó, y por lo mismo decidió no insistir. Ya habría tiempo de arruinar su día leyendo lo que fuera que habían escrito. En ese momento, al verlo de pie ante el gran ventanal, llevando el tazón de café a sus labios con una mano, la otra oculta en su bolsillo, y los ojos fijos en algún punto lejano, Hermione inspiró profundamente, y tomó su propia taza, para caminar hasta él, lentamente, y mirar donde él miraba. Quería que él supiera que podía compartir con ella incluso sus silencios.
Por un largo instante se maravilló del verde cetrino de las copas de los árboles, que terminaban de sobrevivir el invierno, sin que aún se dieran atisbos de la tibieza de una primavera que tardaba en llegar. Una primavera que ella esperaba trajera consigo mejores tiempos, con un Theodore Nott libre, un Draco menos triste, y la posibilidad de disfrutar tranquilos de lo que sea que había entre ambos.
No fue hasta que sintió su intensa mirada sobre ella que se giró hacia él, encontrándolo a sólo centímetros de su rostro. Apenas alcanzó a deleitarse con el gris cristalino de sus ojos, antes que Draco descendiera a sus labios para rozarlos con los suyos, y profundizara el beso del modo que él lo hacía, con las manos a cada lado de su rostro, invadiendo su espacio, devorando su boca, compartiendo su aliento.
Sus ojos grises inspeccionaron su mirada por largos segundos antes de separarse de ella, con una sonrisa asomando a sus labios, haciendo a Hermione preguntarse si era por satisfacción ante lo que generaba con mirarla, o por el simple hecho de que era ella quien estaba frente a él.
¡Pregúntale!, exclamaba todo en su interior, pero el temor a la respuesta la paralizaba, por lo que se mantuvo estática, contemplándolo, con las palabras atoradas en su garganta, hasta que él la guió de la mano hasta la mesa, y retiró la silla para invitarla a tomar asiento, como un perfecto caballero. Aunque en la cama…
Los colores volvieron a su rostro, por lo que Hermione se apresuró en ubicarse sobre la silla, y buscar algún distractor al curso que tomaban sus pensamientos. Y lo encontró en un ejemplar de "Crimen y Castigo", dispuesto sobre la mesa.
- ¿Lees a Dostoievski?- preguntó, alzando el libro. Draco tomó asiento frente a ella, al tiempo que una expresión extraña se posicionaba en su rostro. Parecía excitado ante su pregunta.
- ¿Lo conoces?
- Es un autor muggle- dijo, pasando las páginas entre sus dedos, y recordando su infancia. Los libros siempre habían tenido en ella el efecto de transportarla a otros tiempos. Pero en el caso de ese libro en particular, los recuerdos no eran del todo buenos, por lo que lo cerró de golpe y lo devolvió a la mesa, frunciendo el ceño.- Lo extraño es que tú lo conozcas.- murmuró, llevando el té hasta sus labios.
- ¡Qué prejuiciosa, Granger!- sonrió, apretando la mirada, y reclinándose en su asiento, sin dejar de observarla. Era como si quisiera adivinar sus pensamientos o hacerse alguna idea de su carácter. Hermione no estaba segura.
- Es una lectura obligatoria en la mayoría de las escuelas muggles.- expuso.- ¿Cómo llegó a tus manos? .- Draco humedeció sus labios antes de responder.
- Es el libro que regalan a todos los que vamos a dar a Azkaban.- No había vergüenza en sus palabras, pero sonaba triste.- Parte de algún programa de integración de la cultura muggle, según dijeron, aunque los demás prisioneros lo consideraban una nueva forma de tortura.
- ¿Te parecía una tortura?
- He aprendido a valorar la buena literatura, independiente del origen.- mordió su labio inferior, sin dejar de mirarla.- ¿Y tú? ¿Qué opinas de él?
Hermione sorbió de su taza, indagando su rostro, que la observaba expectante.
- Lo cierto es,- comenzó ella- que el remordimiento dostoievskiano, y el cómo plantea que la salvación se alcanza sólo a través del sufrimiento, no son ideas con las que yo comulgue.- Draco inclinó su cabeza de lado, en un gesto que reflejaba su curiosidad.
Hermione tomó una tostada y la untó con mermelada antes de morderla. El sonido que hacía el crujiente pan entre sus dientes generó eco en la amplia habitación, en un modo ridículo.
- Es cierto.- siguió Draco.- Pero, el libro ofrece al menos una forma de expiación.
- ¿Y a quién le sirve que el protagonista termine congelándose en Siberia?- dejó escapar ella, junto a algunas húmedas migas de pan que salieron de su boca, enrojeciendo sus mejillas. Draco sonrió ante el espectáculo, pero no dijo nada, y ella terminó de tragar antes de seguir hablando.- Eso no resucitó nunca a nadie- expuso.- Y de paso, arrastra a una pobre chica con él.
- ¿Piensas que un criminal no merece un castigo?- Draco se reclinó contra el respaldo, tazón en mano, con la mirada atenta en ella. Hermione terminó de tragar el último mordisco de la primera tostada, algo incómoda con la pregunta, al notar que no estaban hablando necesariamente del personaje.
- No he dicho eso.- Tomó un sorbo de su té para darse tiempo de pensar.- Pero convengamos en que el protagonista no es un asesino típico. Congelarse en una cárcel en Siberia podría ser una sanción adecuada y esperable para un asesino común, alguien que fuera un peligro para la sociedad. Pero en el caso de Raskolnikov, que desde el principio muestra más bondad que muchos, y que bien podría ayudar de otras formas, pienso que debió tener otro tipo de castigo. Uno que le permitiera compensar el daño de algún modo.
Hermione sintió las mejillas enrojecer, recordando la conmoción que había generado en la escuela muggle, cuando expuso los mismos argumentos a su maestra de literatura, y acabaron llamando a sus padres.
"¿Crees que estoy loca por pensar así?", preguntó la Hermione de once años a Henry Granger, mientras éste conducía el auto de regreso a casa.
"Lo cierto, cariño, es que estoy orgulloso de ti.", había expuesto el hombre, tras detenerse en un semáforo, "Puedo estar de acuerdo o no con lo que planteas, pero si tu maestra estaba tan segura de que ese era el único final moralmente adecuado para Raskolnikov, debió haberte convencido con buenos argumentos. Si nos hizo llamar a nosotros para convencerte, es porque no los tenía". Una tibia sensación había inundado el corazón de Hermione ante sus palabras. Y aún recordaba cómo su padre se había girado a ella, con una sonrisa transparente, para agregar la frase que marcaría gran parte de su vida. "Nunca dejes de cuestionarlo todo y pensar diferente, Hermione, pues solo quienes hacen las cosas diferentes, pueden mejorar el mundo".
- ¿Y cuál sería ese castigo?- preguntó Draco de pronto, regresándola al presente.
Hermione humedeció sus labios antes de responder.
- ¿Has leído "Los Miserables"?- El rubio estrechó los ojos con curiosidad, mientras negaba con la cabeza.- El protagonista también es un criminal, pero su redención no la encontró en una cárcel, que solo consiguió embrutecerlo, sino en una segunda oportunidad, que le permitió hacer algo bueno por el mundo.
Por un largo instante, ninguno de los dos dijo nada, pero Hermione sabía que sus palabras habían generado una serie de cuestionamientos en el rubio, y se distrajo a sí misma con una segunda tostada, a fin de no interrumpirlo.
- Granger,- le llamó de pronto- ¿Qué opinas de Edmond Dantés?
El Conde de Montecristo, recordó Hermione. Un personaje que, tras ser encarcelado injustamente, regresa con otra identidad y dedica años a trazar una cruel y exitosa venganza.
- Que desperdició su vida y dinero, en lugar de hacer algo que valiera la pena.
Draco resopló ante su respuesta, sin que ella entendiera del todo esa reacción. Pero antes de poder preguntar o decir nada, la elfa apareció en la biblioteca, trayendo consigo una carta con el sello del Ministerio en ella, y Hermione comprendió que las preguntas tendrían que esperar, por el modo abrupto en que sus ojos grises viajaron al sello, y la rapidez con que el reconocimiento se pintó en su expresión, incluso antes de leer su contenido.
- ¿Qué ocurre?- preguntó Hermione, cuando la Elfa había dejado la habitación, y él caminaba hacia la ventana nuevamente, con sus ojos recorriendo la breve nota y su sonrisa torciéndose en una expresión de ira contenida.
- Me invitan amablemente a una inspección de varita.- dijo, mientras devolvía la nota tranquilamente al sobre.
- ¿Por qué?
- Quieren asegurarse de que no he vuelto a utilizar la maldición Imperius.
Hermione iba a preguntar algo más, pero las palabras quedaron atragantadas en su garganta, cuando Draco hizo aparecer el periódico, y lo extendió a ella.
La fotografía de la portada representaba un buen ángulo del beso que habían compartido la noche previa, pero antes de que ella pudiera celebrar lo bien que le quedaba ese peinado, terminó de leer el titular, y la comprensión hizo que una intensa rabia se apoderara de ella: "¿Heroína enamorada o víctima de una imperdonable?".
- Al parecer, una de tus colegas planteó que parecías poseída.
- Arabella Sprout. ¡Bruja maldita!- exclamó Hermione, al leer en el periódico que "una funcionaria del Ministerio", había expuesto su preocupación.
El resto del texto eran teorías respecto al uso de Amortentia o de alguna imperdonable "con la que Lord Malfoy tiene reconocida experiencia". Y terminaban con un cuestionamiento a su salud mental. "Cabe preguntarse si, descartado el efecto de pociones y hechizos, no serán los horrores vividos en la guerra los que han trastornado el juicio de nuestra heroína".
Hermione no tuvo ni aún que leer el final del artículo para reconocer a la autora.
Rita Skeeter.
-HP-
Los ojos de Draco recorrían la sala de espera, ocultando bien la ansiedad que Hermione sabía estaba ahí. Una puerta más allá, cuatro representantes del Departamento de Aurores, inspeccionaban su varita. Harry se había ofrecido a presenciar el análisis como voluntario, dada la insistencia de Hermione, a fin de evitar que los prejuicios, o más correctamente, una mentira, terminara por dar un informe desfavorable.
Si bien los aurores habían cuestionado su presencia, fue una instrucción directa de Kingsley, la que permitió a Harry ingresar.
- Te ofrecería café,- interrumpió Hermione, sentada en una de las sillas de la sala de espera junto a él.- pero la única cafetería disponible, sirve algo intomable.- Draco se limitó a sonreír, aparentando comprensión, aunque claramente sus pensamientos estaban puestos en lo que ocurría tras las puertas frente a él.
A sus espaldas, le llegaba el ruido del pasillo, donde magos y brujas atravesaban los distintos departamentos del Ministerio, con papeles y encargos. Uno que otro se giraba hacia ellos al notar el rubio cabello de Draco, adivinando de quién se trataba, pero con la distancia, apenas podían oír murmullos inentendibles, de lo que fuera que decían.
- No tienes por qué esperar conmigo, Granger.- dijo Draco, con una expresión desafectada.- No es la primera vez que he sido llamado a una inspección de varita. Sé como funciona.
- Pero es la primera vez que es por mi culpa.
Draco resopló, al tiempo que una sonrisa triste asomaba a su rostro.
- Lamento decirte que el mundo no gira en torno a tí. Fui yo quien usó una imperdonable sobre Rosmerta.
- Eras menor de edad cuando lo hiciste.
- Eso no lo hace menos terrible.
Draco la observaba con una expresión difícil de interpretar, que duró un largo instante, hasta que entrelazó sus dedos con los de ella, y luego llevó su mano hasta contactar su mejilla y cerró los ojos, disfrutando el tibio toque. Si algo había aprendido Hermione en aquel tiempo, era que al rubio le gustaba el contacto físico. Disfrutaba cuando ella masajeaba su cabeza en los instantes después del sexo, o cuando acariciaba su rostro. Como ahora.
- Al menos algo bueno saldrá de esto.- dijo él de pronto, abriendo sus ojos grises.
- ¿Qué cosa?
- La cara que colocará la comadreja cuando se entere de que estás conmigo.- su sonrisa se torció de un modo casi cruel, dando cuenta de que realmente disfrutaba la idea. Y ella se debatió entre reclamarle por su amigo, o celebrar que tan abiertamente reconociera que había algo entre ellos. Finalmente, se limitó a entornar sus ojos.- ¿Tú crees que ya lo sabe?
- No voy a responder a eso.
Draco parecía dispuesto a decir algo más, pero en ese momento se abrieron las puertas frente a ellos, dejando salir a Harry, que tras cruzar el umbral, las cerró tras de si.
Hermione se puso de pié, expectante, mientras Draco presionó su espalda contra el respaldo, con las piernas estiradas por delante de él, cruzadas en los tobillos, las manos sobre el reposabrazo y la cabeza caída hacia el lado izquierdo, en actitud relajada, aunque ella sabía que estaba aparentando.
- Están formalizando las firmas del informe.- explicó Harry, primero a Hermione, para luego girar su rostro a Draco.- Pero no encontraron ningún hechizo inadecuado.
- Parece sorprenderte, Potter- sonrió Draco.
- Más que sorpresa, es alivio, Malfoy.- La expresión de Harry era severa- No esperaba una imperdonable, ciertamente, pero deberás disculpar mis temores de que apareciera algo igualmente macabro en esa inspección.
- Harry…- intentó intervenir Hermione.
- ¿No crees que tenía mis razones para temer que así fuera?- siguió su amigo, con sus ojos verdes clavados en Draco.- Hermione cree que has cambiado, pero por más que miro, yo no dejo de ver en ti al mismo chico cruel que rompió mi nariz cuando estaba inmovilizado en un vagón.
- Curioso.- expuso el rubio, con una inexplicable calma- No veo ninguna cicatriz o marca en tu nariz. ¿Quieres que te muestre las que me dejó tu hechizo la vez que intentaste matarme?.
Hermione separó los labios para detenerlos, pero sin saber bien qué decir. Draco recogió sus piernas pero sin pararse, inclinándose hacia delante en la silla, con una sonrisa en sus labios, enfrentándolo.
- Fue un accidente.- Expuso el moreno, con la vergüenza asomando en su rostro, solo para ser reemplazada rápidamente por la rabia.- Pero lo cierto es que tú…- Los nudillos de Harry se tornaron blancos de tanto apretar su varita, pero mordió sus labios para evitar el comentario.
- Sí, Potter…- murmuró el rubio, tras unos segundos, sin dejar de mirar sus ojos, con una actitud inexpresiva.
- ¿Si, qué?
- Me lo merecía.- Hermione giró sus ojos hasta él, para advertir una expresión triste colarse en ellos. Harry retrocedió un paso y lo miró con sorpresa.
- ¿Quieres convencerme de que has cambiado?
- No he cambiado- se apresuró a responder el rubio, inclinando su rostro hacia el lado.- No realmente. En el fondo, sigo siendo el mismo chico cobarde y cruel.- pestañeó lentamente, ante la atónita mirada de ellos.- Pero he aprendido a pedir disculpas.
Hermione lo observaba sin encontrar palabras, mientras Harry rascaba su nuca, incómodo, y aún tardó unos segundos antes de decir nada.
- Si Hermione está contigo,- comenzó, ajustando sus lentes sobre el puente de su nariz.- supongo que debes ser una mejor persona que antes, Malfoy.
- Creeme, Potter, que no está conmigo porque sea una mejor persona,- una sonrisa torcida asomó a sus labios- sino por otras cualidades mías, con las que sí soy muy bueno. - Y se giró a ella, con una obscena insinuación en su rostro, mientras asentía socarronamente.
Hermione sintió los colores subir a sus mejillas, sin saber qué responder, notando como Harry bajaba la vista, incómodo ante las declaraciones. Tan absorta estaba ella en sus pensamientos, que no se percató de la figura que caminaba lentamente hacia ellos, a espaldas de Draco, hasta que lo tuvo cerca.
- Señorita Granger…
En los labios de Hermione se fue dibujando una tímida sonrisa, al reconocer el grasiento cabello del guardia hijo de muggles, que tanta fascinación había mostrado por ella unos meses antes, hasta que notó como en el rostro de Draco, su expresión sonriente se demudó de golpe al oírlo.
"Hemlock cumplía un rol distinto", había dicho, dejando claro que el hombre no había participado de las agresiones. Y sin embargo, su expresión no transmitía indiferencia, sino algo ilegible.
Tensa, pero ilegible.
- Señor Hemlock.- Le saludó Hermione, intentando parecer cordial, pero sin poder dejar de observar de reojo al rubio, lo que hizo que los ojos del hombre girarán también a él, y avanzara los dos pasos restantes para quedar frente a ella, prácticamente al lado de Draco, quien seguía inmóvil en su posición, aún sentado y con la mirada perdida en algún punto frente a él.
- Auror Potter,- dijo el hombre, inclinando su cabeza hacia Harry, para luego retornar sus ojos a Draco, y colocar una mano sobre su hombro, que hizo pestañear al rubio.- Lord Malfoy… - El rostro de Draco se giró lentamente hacia él, que lo miraba desde su posición de pie. Ella pensó que si el rubio se erguía en toda su estatura, sería Hemlock quien debería mirarlo hacia arriba, por ser mucho más bajo, pero Draco se mantuvo pegado al asiento.- Es bueno volver a verlo. Seguro me recuerda.
- ¿Debería?
- ¡Auch!- exclamó el hombre, llevando una de sus manos a su pecho y alzando una ceja, en un exagerado gesto de incredulidad.- Perdón mi arrogancia al pensar que había dejado una mejor impresión en usted, Lord Malfoy.- Si el desprecio que transparentaban sus palabras, al referirse a Draco con el título, se debía a la humillación de que era objeto por parte del rubio, o si era por algo más, no estaba claro, pero Hemlock se limitó a retirar su mano del hombro de él y girarse a ella.- Oí la noticia de que ahora es Defensora, señorita Granger.- sonrió, con la admiración pintada en su rostro, al punto que Hermione casi sintió vergüenza al tener que contradecirlo.- No sabe lo feliz que estoy de saberlo.
- No soy defensora, señor Hemlock.
- Emet… - indicó el hombre, sonriendo y alzando las cejas, esperanzado hacia ella.- Por favor, usted puede llamarme por mi nombre.
Hermione sintió la expresión incrédula de Harry, que la examinaba de cerca, pero evitó girarse a él. Quería aprovechar ese instante para resolver una duda largamente guardada.
- Emet…- comenzó, conteniendo su expresión para no dejar traslucir su ansiedad ante la respuesta- ¿Recuerdas el día en que fuimos en busca de Theodore Nott?
- Por supuesto que lo recuerdo, Señorita.- sonrió.- Fue el día en que tuve el placer de conocer a mi heroína.- los ojos del hombre dejaban traslucir su emoción.
- ¿Quién te envió a hablar con nosotros?
- ¡Oh!- el hombre retrocedió un paso, como si la pregunta lo sorprendiera, y lanzó una mirada a Harry, luego a Draco, que seguía con su expresión de piedra, y finalmente de regreso a ella.- Lo siento, señorita. Tengo la instrucción de mis superiores de no hablar nada de lo relacionado a esa tarde con ninguna persona. Con lo del juicio…- se detuvo, inclinando la cabeza ceremoniosamente hacia el lado, y extendiendo las palmas de sus manos hacia ella en señal de disculpa. - Usted debe comprender que yo no puedo decir nada.
- Lo entiendo, Emet.- por algún motivo, en ese momento a Hermione le costó hacer que sus labios formaran una sonrisa.
- Si me disculpan, debo regresar a mis labores.- el hombre inclinó la cabeza hacia ella y luego hacia Harry. Al girarse a Draco, su mano volvió a viajar ceremoniosamente hasta el hombro de él, en un gesto absolutamente innecesario, para apretarlo con fuerza, y pareció sorprenderse cuando el rubio giró su rostro hasta encontrar sus ojos y le sonrió. Pero era una sonrisa que daba miedo, y Hemlock debió notarlo, pues su mandíbula pareció tensarse y retiró su mano como por reflejo del hombro de él, antes de volver a sonreír a Hermione y retirarse, lenta y ceremoniosamente.
- Me recuerda a alguien.- susurró Hermione, cuando el hombre había desaparecido por el pasillo.- pero no sabría decir si…
- Pettigrew.- escupió Harry como con asco, y ella estuvo de acuerdo. Al girarse a él, le sorprendió ver sus verdes ojos estaban fijos en Draco, que seguía pegado a la silla, con expresión ilegible. Parecía haber olvidado incluso respirar.
- Malfoy, ¿estás bien?- preguntó Harry hacia el rubio, que al oír su apellido pareció regresar de donde sea que sus pensamientos lo tuvieran atrapado.
Antes de que ella pudiera decir o hacer nada, la puerta tras ellos se abrió, y uno de los aurores hizo entrega de la varita al rubio, relatándole los resultados del análisis con brusquedad, en tanto indicaba que una copia del informe sería dejada en su expediente.
Draco ni aún se molestó en asentir cuando tomó su varita de vuelta, y comenzó a caminar hacia la mampara que daba al pasillo.
- ¡Draco!- le llamó ella, y el rubio se detuvo, aunque solo para girarse a ella por encima del hombro.
- Debo irme.- expuso, en un susurro, antes de seguir su camino.
El Auror junto a ellos hizo un comentario respecto a la actitud del rubio, antes de alejarse, disimulando poco una mirada reprobatoria hacia Hermione.
- Parece que los Dementores siguen en Azkaban.- susurró Harry a su lado, y ella se limitó a asentir.
El modo en que la presencia de Hemlock parecía haber succionado toda felicidad del rubio, no tenía nada que envidiar a esas criaturas.
- ¿Sabes que Kingsley tendrá que sacarte del caso, verdad?- expuso su amigo de pronto, y ella asintió, comprendiendo al instante el motivo de su comentario.
Aún no había hablado con Hestia ni con Dean, pero el Ministro le había informado esa mañana, que Harry quedaría a cargo de la iniciativa y todo lo referente a las apelaciones, y que le sugería retomar su trabajo previo con las criaturas mágicas.
Shacklebolt había tenido la amabilidad de indicarle que el anuncio oficial se haría al día siguiente, a fin de evitar cuestionamientos a su intervención en el juicio, ahora que su relación con un ex convicto era pública. Hermione pensó que los ojos del hombre habían transmitido la misma profunda preocupación que transmitían los de Harry en ese minuto.
- Sé que Dean y tú sabrán conducir esto.- masculló, volviendo a mirarlo.- Yo seguiré apoyando en lo que pueda, y no me pueden negar asistir a los tribunales, de modo que…
- Hermione. ¿Estás segura que vale la pena? Esta era tu oportunidad, y ahora…
- No era una "oportunidad", Harry. Era simplemente algo que había que hacer. Era lo correcto. Y seguirá siendo lo correcto conmigo o sin mí.
Harry movió la cabeza asintiendo, pero con poca convicción.
- Sólo recuerda que Malfoy no ha cambiado tanto como tú quieres creer. Sigue siendo un egoísta. - ella torció el labio escéptica, pero se guardó de contradecirlo.- Intenta no sacrificarte por él, porque él no lo hará por ti.
- Dice el hombre que habló a su favor en su juicio.
- Le di el beneficio de la duda.- explicó, encogiéndose de hombros, pero sin dejar de mostrar preocupación.- No creo que quisiera formar parte de todo eso realmente. Y de lo que dijo Narcissa, puedo entender que no tenía muchas opciones, pero eso no lo hace mejor persona. Todo lo que te pido es que no permitas que te haga daño.
- Sé cuidarme por mí misma, Harry.
- Lo sé. Pero también sé que siempre estás dispuesta a cuidar de otros, incluso a costa tuya. Es lo que hiciste por Ron y por mí.- sonrió triste.- Y es lo que ahora estás haciendo por él.
Un nuevo silencio compartido se dio entre ambos, mientras Hermione pensaba que Harry podía tener razón. Podía ser que Draco Malfoy siguiera siendo un egoísta en muchos sentidos, aunque eso no cambiaba lo que ella comenzaba a sentir por él.
¿Qué es exactamente lo que sientes por él?, resonó la voz en su cabeza, y Hermione mordió sus labios, sin atreverse a responder.
-HP-
Tras el pánico inicial, Hestia tomó la noticia mejor de lo que Hermione esperaba, luego que ella le garantizara que su rol no cambiaría. La rubia seguiría apoyando a Harry y Dean en la investigación. Solo ella debía excluirse de hacerlo.
Porque solo tú te estás acostando con él, le recordó la voz de sus tormentos, pero Hermione no tenía deseos de oírla. No cuando, por más que miraba el galeón entre sus dedos, Draco seguía sin responder respecto a dónde había ido.
¿Estaría con Nott?, se preguntaba, mientras navegaba en la sala de archivos, en busca de las carpetas con la última información sobre avances con el tráfico ilegal de criaturas mágicas. De algún modo, intentaba convencerse, aunque con poco entusiasmo, de la necesidad de retomar su trabajo con aquellas seres desprotegidos. Era su oportunidad de impedir que sus avances con los elfos domésticos fueran a quedar en nada.
- Supe que ya no está a cargo de su propia iniciativa.- la voz llegó a sus espaldas, e incluso antes de girarse, Hermione supo de quién se trataba, aunque eso no la sorprendió menos.
- Señora Buttercup.- intentó sonreír cordial. No era de extrañar que la defensora tuviera la misma necesidad de ella de buscar antecedentes en la sala de archivos, pero le sorprendió que la mujer le dirigiera la palabra.
- Debo decir que es una lástima.- sus ojos verdes parecían indagar en sus ojos, como si esperara descubrir algo en ellos. Por un instante, Hermione se sintió trasportada a las clases de pociones, bajo la atenta mirada de Snape.
- El anuncio oficial se hará mañana, pero así es.- llevó un mechón de cabello detrás de la oreja, intentando disimular su ansiedad ante aquel encuentro inesperado.- Lo que no significa que yo no siga interesada en cómo avance todo.
- No esperaba menos.- la mujer inclinó su rostro de lado, sin mucho cambio en su expresión.- Todos estamos al tanto de su interés en esto.- Hermione apretó los labios, comprendiendo bien que se refería a Draco.- Lo que no termino de entender son sus motivos. ¿Es por culpa?- la pregunta la tomó por sorpresa.
- ¿Culpa?.
- Todos saben que una declaración suya en el juicio lo pudo haber librado de Azkaban.- Hermione entrecerró los ojos, sin comprender de dónde había sacado la bruja una idea así.- El único motivo que puedo entender para que una persona como usted caiga por alguien que representa todo aquello contra lo cual usted luchó, es la culpa.
- No sé de qué me está hablando, señora Buttercup, pero le aseguro que nada tiene que ver con la culpa.- Hermione alzó el rostro, desafiante, transmitiendo intencionalmente su molestia. La mujer se limitó a observarla, mientras una sonrisa iba tomando forma en su rostro.
- Ya veo.- dijo al fin, y acomodó unas carpetas sobre su cadera izquierda.- Envíe mis cariños a su mortífago, señorita Granger.- susurró.- Dígale que si por mí fuera, él nunca habría dejado Azkaban.
Hermione habría querido responder de algún modo brillante que permitiera cerrar la boca a la mujer que caminaba lejos de ella, dándole la espalda, pero el galeón en su bolsillo comenzó a arder en ese preciso instante, con la respuesta de Draco.
-HP-
La amplia oficina estaba sumida en la penumbra, cuando la secretaria le abrió la puerta, indicando que Lord Malfoy esperaba por ella, y Hermione no pudo evitar recordar la primera vez que había atravesado ese mismo umbral para encontrarse con Blaise Zabini. Fue también la primera vez que vió al rubio, después de que la guerra acabara.
- ¿Estás bien?- fue lo primero que escapó de sus labios, mientras avanzaba hacia el escritorio donde Draco la esperaba.
Era un sillón amplio y móvil, recubierto de piel. El mismo que había ocupado Zabini tanto tiempo atrás. El rubio terminó de firmar un documento, antes de devolver la pluma al tintero y alzar el rostro hacia ella, dejando que su espalda se hundiera en el respaldo del sillón. Sus ojos la recorrieron con la mirada, lenta y sugestivamente, mientras una sonrisa se torcía en su rostro.
- Contigo en esa falda, Granger, ¿cómo podría estar mal?- Su voz grave, era lenta y calculada.
Está fingiendo. Por primera vez desde que estaban juntos, Hermione sintió que podía reconocer en sus gestos, y en el timbre tenso de su voz, que estaba usando alguna de sus máscaras.
- No lo sé.- siguió avanzando hacia él.- Supongo que por el modo en que recurriste a la oclumancia, para luego salir corriendo, me dio a pensar que algo malo había pasado.
- ¿Oclumancia?- Draco dejó caer la cabeza de lado, contemplándola, mientras Hermione se detenía entre el escritorio y sus rodillas.- ¿Qué te hace pensar que estaba usando Oclumancia?
- Tienes un rostro muy expresivo cuando estás feliz.- expuso ella con sinceridad, notando como él se mordía el labio.- Haces muchos gestos con tus cejas, tu boca, tus ojos.
Gestos que he aprendido a descifrar…
- Y te gustan, ¿no?- la miró insinuante, mientras sus dedos rozaron la piel de la rodilla de ella, justo por debajo del borde de su falda.
- Sí.- confesó, mordiendo su labio inferior para que el dolor impidiera a su rostro traslucir lo que ese roce generaba en ella.- Por eso puedo reconocer cuando recurres a la oclumancia.
- No muchos pueden decir eso.- sus largos y fríos dedos se deslizaron por detrás de su rodilla, y acariciaron ahí, lanzando cosquillas que hicieron a Hermione apretar los ojos para contener su reacción. Claramente, quería distraerla.
- ¿Por qué recurres a la oclumancia?
- Por costumbre.- respondió, con sus dedos avanzando hacia arriba, por la cara posterior de su muslo.
- ¿Costumbre?- preguntó confundida, y los dedos de Draco se detuvieron en su avance. Lentamente, retiró su mano de su pierna y hundió su espalda en el respaldo, enfrentando sus ojos. Pero no había molestia en su rostro.
- Había una vez un chico idiota, al que le dieron una misión…- comenzó, con su voz lenta y monótona.- Pero su misión era un secreto.- mordió su labio haciendo una pausa, como si esperase a que ella lo detuviera. Y aguardó aún unos segundos antes de seguir.- Para guardar ese secreto, la tía del chico idiota le enseñó a construir muros en su mente, que impidieran a otros leer sus pensamientos. Y resultó que el chico idiota tenía talento para crear muros.- sonrió.- Se entretuvo construyendo ahí laberintos y castillos para resguardarse, aunque no tanto para mantener oculta su misión, como por miedo a que descubrieran que en realidad, no quería cumplirla.
Hermione respiró profundamente, comprendiendo de pronto lo que estaba siendo transparentado con ese relato. Una verdad que ella conocía a medias, una teoría que Harry mismo había defendido, pero que recién ahora, tenía su confirmación.
- El chico idiota descubrió pronto que los muros no solo resguardaban su mente de legeremantes,- siguió Draco- sino también de otros tipos de agresiones. Así que se acostumbró a levantar los muros cada vez que tiene miedo.- mordió su labio.- Y, como es un cobarde, suele tener miedo todo el tiempo.
- ¿Y por qué sentiste miedo hoy?
- Su voz.- la respuesta fue tan espontánea, que él mismo pareció sorprendido de dejarla escapar.
- ¿Hemlock participó de los maltratos?
- Él no era un guardia habitual…- apretó los labios antes de seguir, pero sin despegar sus ojos de ella.- Era una especie de jefe de guardias ahí dentro.
- Parecía recordarte bien.- Draco pestañeó, pero no dijo nada.- ¿Participó de los maltratos?- insistió.
- Granger…
- Lo hizo, ¿verdad? Necesito que confíes en mí, Draco- Hermione sabía que no le estaba diciendo todo.- Porque yo confío en tí…- Hermione respiró hondo mientras lo contemplaba, de pie frente a él, pensando en que era cierto. Confiaba en él en un modo en que jamás se habría imaginado confiar.- ¿Lo hizo?
Y Draco asintió, aunque por el modo en que su mandíbula se tensó al hacerlo, Hermione supo que esa noche no obtendría más confesiones de él. Por lo que no debía insistir.
Pero cuando Draco hizo ademán de colocarse de pie, seguramente para escapar lejos de sus preguntas, ella no quiso dejarlo ir así. Ni insistir, ni dejarlo ir. Por eso colocó ambas manos en sus hombros, reteniéndolo en su asiento, y luego retrocedió lo suficiente, para que él pudiera contemplarla desde su posición en la silla.
Y Hermione inspiró profundamente, sin dejar de mirarlo, cuando sus propias manos viajaron por sus caderas y sus muslos, por debajo de su falda, a tomar los bordes de sus pantaletas y tirar de ellas, con toda la lentitud que pudo, sin despegar sus ojos de él, moviendo su cuerpo solo lo necesario para llevar la prenda hasta sus rodilla y luego dejarla caer.
Advirtió como los ojos de Draco se oscurecían ante su acción, aunque no por Oclumancia, sino por la dilatación de sus pupilas, que junto al cambio en el ritmo de su respiración y la sangre que comenzaba a enrojecer sus labios y mejillas, daban cuenta de su excitación.
Fue esa mezcla de nerviosismo, inquietud y deseo, la que se reflejaba en el rostro de Draco cuando éste se inclinó sobre el asiento para extender sus manos a la rodilla de ella y ascendió lentamente con sus dedos por la cara interna de sus muslos, enviando un temblor que recorría cada músculo del cuerpo de Hermione, que mordió su labio inferior y entrecerró sus ojos, intentando contenerlo.
Pero cuando él hizo ademán de ponerse de pie, en busca de ella, Hermione lo detuvo, colocando ambas manos sobre sus hombros y obligándolo a regresar a su asiento otra vez, suavemente, con escasa resistencia de su parte. Una expresión curiosa se posó en su bello rostro, mientras Hermione cogía el borde de su estrecha falda y la deslizaba hasta sus caderas, antes de avanzar hacia él, flectar su rodilla derecha y pasar su pierna sobre las piernas de él, sentándose a horcajadas sobre su pelvis. Draco hundió su espalda contra el respaldo, inspirando profundamente, con sus manos apretando los reposabrazos de la silla.
Hermione deshizo el moño que sostenía su cabello, dejando libre su amplia melena, que debía lucir indomable, y luego se inclinó a desabotonar la camisa de él, botón por botón, tomándose su tiempo, hasta que sus dedos contactaron su ombligo, y más abajo. Las manos de él aún no la tocaban, cuando ella llevó sus dedos a su cinturón y se inclinó a juntar sus labios con los suyos, y liberar la hebilla con sus dedos.
Fue cuando sus manos buscaron por debajo de la tela, que los dedos de él se posaron a cada lado de su cintura. Unos rubios mechones surcaban su rostro, de ojos cerrados y labios apretados. Hermione enrolló sus dedos sobre aquella parte de él que había cobrado vida por debajo de ella, y lo apretó suavemente, notando su dureza y su calor, mientras lo posicionaba por debajo de su zona más húmeda.
- Granger…- su nombre sonó como algo similar a un quejido, a un murmullo ahogado, casi doloroso, cuando él abrió sus ojos y la contempló, presa de la sorpresa y la excitación. Y cuando comenzó a descender sobre él, guiandolo dentro de ella, controlando el avance de su penetración, y el movimiento de su cadera, Hermione se sintió fascinada y poderosa.- Granger…- repitió él, como si quisiera advertirla de lo expuestos que estaban, de la posibilidad de que Zabini abriera la puerta, o de alguna otra cosa que ya no tenía sentido advertir, abriendo sus ojos y sus labios, intentando formar palabras que no salían por ellos, pero ella lo silenció con su boca, y sus brazos se entrelazaron por detrás de su cuello, y descendió un poco más, ganando un sonido gutural de su parte, que murió en su propia boca, mientras las manos de él descendían a sus caderas y apretaban ahí, posicionándola sobre él e intensificándolo todo.
Y ella siguió ascendiendo y descendiendo a su propio ritmo, acomodándose, disfrutando, amortiguando la incomodidad con la placentera sensación de dominar los movimientos.
Y cuando ya no podía descender más, cuando su cuerpo había hecho desaparecer una parte de él dentro de ella, besó sus labios en un modo demandante, mientras movía sus caderas sobre él, y sonrió dentro de su boca cuando las manos de él sobre sus caderas comenzaron a guiarla también, y juntos encontraron un ritmo conjunto, que sacaba jadeos, exclamaciones y murmullos difíciles de interpretar, que se mezclaban, e inundaban el aire, en un modo obsceno y fascinante que aumentaba su excitación.
En medio de todo, Draco llevó su mano al inicio de su escote y de algún modo que implicó perder botones de su blusa, la calidez de su boca fue a dar sobre una zona muy sensible en sus senos, haciéndola extender la espalda hasta chocar con el escritorio tras ella, pero las manos de él se posicionaron ahí y la atrajeron de regreso, uniendo nuevamente sus labios, y luego sus manos viajaron a sus caderas, donde sus dedos se hundieron en la piel de ella y Hermione alcanzó a pensar por un escaso instante que eso dejaría marcas, pero no lo detuvo.
Porque el golpe placer, intensificado por el constante temor a ser descubiertos, generaba una explosiva sensación que nacía en su vientre y subía por su torso y bajaba por sus piernas, contorsionando todo a su paso, en una serie de contracciones deliciosas, y él apoyaba su cabeza en el hueco de su hombro y sonidos primitivos, eran ahogados en su cuello, y una serie de quejidos que ella reconocía como propios, escapaban por su boca, antes de que todo acabara, de que sus músculos se relajaran y algo se liberara en su cerebro enviando oleadas de placer a cada parte de su cuerpo, por lo que pareció una eternidad contenida. Una deliciosa muestra de lo que debía ser el cielo.
Hermione sentía que sus párpados pesaban al separar su cabeza del hombro de él y girar a mirarlo, quedando inmediatamente hipnotizada por el rubio cabello que caía sobre su rostro, y pasó sus dedos por él, despejando su frente y contemplando su mirada relajada y feliz. Y siguieron compartiendo tiernos besos, caricias propias del cansancio de sus cuerpos, mientras el tiempo pasaba, y ella rogaba porque Blaise Zabini no regresara hasta muchas horas más.
- Fin del Capítulo 13-
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